Obras de misericordia del Opus Dei

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Por Simplicio, 9.07.2014


El Prelado del Opus Dei en su carta de julio de 2014 se refiere a la próxima beatificación de su predecesor, Álvaro del Portillo, y detalla algunos aspectos de su vida y de sus escritos, subrayando que todo cristiano necesita practicar las obras de misericordia.

Me ha llamado la atención la frase "Bien os consta que siempre nuestro Padre impulsó, en todo el mundo, innumerables iniciativas en favor de los indigentes, y don Álvaro siguió ese mismo camino", porque mi percepción personal durante los dieciocho años en que fui numerario difiere de esto...

Podría estar más o menos de acuerdo en cuanto a lo que se predicaba de palabra, pues no faltan escritos tanto de San Josemaría como de don Álvaro que proclamen la necesidad de practicar las obras de misericordia con los necesitados y más desfavorecidos.

Pero en la práctica -la famosa praxis- la realidad era muy distinta. La Obra no da; la Obra no trabaja con necesitados e indigentes más que en contadas excepciones y con fuertes condicionamientos. El hecho de que algunas obras corporativas, educativas o médicas, atiendan a personas con pocos recursos constituye una singular excepción; además casi nunca están abiertas a todo el mundo y para poder participar de ellas se requiere pasar algunos criterios de selección previa.

No obstante, insisto en que se trata de una impresión mía, subjetiva, basada solo en los hechos que yo viví, y que tal vez no pueda ser objeto de generalización, por lo que invito a otros a que nos comuniquen sus experiencias.

Más adelante sigue diciendo el Prelado "En una de sus cartas pastorales, comentando la parábola del buen samaritano, don Álvaro descubría matices nuevos sobre el modo de unir la justicia y la caridad, tan característico de los cristianos que caminan y se santifican en medio del mundo. … Llega entonces el momento de comportarse como el mesonero de la parábola, que se encargó de cuidar a aquel hombre maltrecho, acogiéndolo en la casa. Meditando esa conducta, don Álvaro comentaba: «Todos podéis actuar como él, en el ejercicio de vuestro trabajo, porque cualquier tarea profesional ofrece de un modo más o menos directo la ocasión de ayudar a las personas necesitadas»" (El subrayado es mío).

Si la primera fase me ha llamado la atención, ésta segunda me ha dejado fuertemente sorprendido. No tengo tiempo para hacer una crítica minuciosa y sosegada, así que seré breve y contenido:

Nuestro Señor Jesucristo nos invita a comportarnos como el buen samaritano "ve y procede de la misma manera" (Lc. X, 37).

Sin embargo don Álvaro propone que nos comportemos como el mesonero de la parábola.

Veo diferencias importantes porque según el Evangelio el samaritano "se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: «Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver»" (Lc. X, 34-35).

El samaritano es el que se acerca, lo cura, lo transporta y lo aloja en el mesón pagando todos los gastos de su bolsillo ycomprometiéndose a pagar todo lo que falte, sin poner límites. El samaritano se excede.

El mesonero simplemente cumple con su "trabajo profesional", que no es poco, pero trata al necesitado como a sus demás "clientes". Ciertamente presta un servicio al prójimo, pero cobra sus honorarios, a los que tiene derecho legítimo; no parece que le dé un trato especial en atención a su estado de necesidad. Nos quedamos sin saber qué habría pasado si el herido no hubiera tenido dinero.

En mi opinión el mesonero vive la Justicia, pero el samaritano vive la Caridad y la Misericordia.

No conocí -o no lo recuerdo- esta carta pastoral de don Álvaro, pero en mis tiempos de numerario "ortodoxo", de haberme encontrado en la posición del mesonero, tal vez no se me habría ocurrido imitar al samaritano y no cobrar nada por mis servicios, dada la situación de extrema necesidad del asaltado. Y de habérseme ocurrido, tal vez los directores me hubieran "hecho ver" que debía trabajar profesionalmente, como enseñaba don Álvaro, y que ello implicaba cobrar mis honorarios; otra cosa sería contraria a "nuestro espíritu".

También resulta curiosa la reticencia de don Álvaro que se conforma con "de un modo más o menos directo… ayudar a las personas necesitadas". Parece que le cueste admitir una ayuda totalmente directa, generosa y entregada, a los necesitados.





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