Obra de Dios o chapuza del demonio/Evolución de una conciencia cristiana

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OPUS DEI O CHAPUZA DEL DIABLO

CAPÍTULO I. EVOLUCIÓN DE UNA CONCIENCIA CRISTIANA


Nací 32 años después que mi tío José María, el 20 de enero de 1934, en Zaragoza y en el seno de una familia católica. Recibí el bautismo de manos de otro de mis tíos sacerdotes, el canónigo arcediano Carlos Albás Blanc, a quien debo mi nombre y del que me siento orgulloso.

El primer recuerdo corresponde al período de residencia en la población pirenaica de Jaca, donde también inicié a los cinco años los estudios. Recibí en la iglesia del colegio de los Hermanos Corazonistas la primera comunión de manos de don José María Bueno Monreal, y desde siempre fui educado por mi madre en la piedad cristiana, introduciéndome en el rosario, la confesión y la misa de los domingos como mínimo. También solíamos acudir a las novenas los primeros viernes de cada mes al Sagrado Corazón de Jesús para así alcanzar la promesa de "ningún alma morirá en pecado mortal si ha confesado y comulgado los nueve primeros viernes de mes seguidos". Y la acompañaba a la iglesia del Carmen para confesarme con los frailes capuchinos y a la catedral como devota de santa Orosia.

Si mi madre me trae a la memoria la práctica de la piedad cristiana, mi padre es la imagen del profesional que cumple con exceso su trabajo, que cuando alcanzó la dirección del Banco de Aragón no cejó hasta situarlo en el puesto de cabeza. En aquellos tiempos, y todavía hoy, solía ocurrir siempre lo mismo: las madres se hacían cargo del hogar y la educación de los hijos y los padres de resolver la situación económica. Pero mi madre, a pesar de la ayuda del servicio, tenía una buena faena con los seis hermanos.

A los quince años nos trasladamos a Zaragoza para que mi hermano Pascual consiguiera una titulación universitaria y los demás pudiéramos tener la misma oportunidad cuando llegara el momento. En la academia donde proseguí mis estudios conocí a Fernando Pérez Aísa, profesor de religión, compañero de mi tío José María en el seminario y buen amigo de mis otros dos tíos sacerdotes, Carlos y Vicente. Fernando Pérez Aísa me habló en algunas ocasiones de mi tío. Nada especial, tan sólo que era bastante presumido y que no comprendía la renuncia al apellido Albás.

La principal preocupación de mi madre durante estos años siguió siendo una vida de piedad, y sus grandes motivos de alegría llegaban cuando al levantarme temprano acudía a misa de capuchinos o de infantes del Pilar.

Mis primeros ejercicios espirituales tuvieron como escenario la hospedería del Pilar, dirigidos por el jesuita Fernández Lerga. Fue precisamente en esa ocasión cuando recibí la noticia del fallecimiento de mi tío Carlos, difundida por la radio. Pedí permiso para acudir al entierro, pero el padre Fernández Lerga estimó más apropiado que rezase y ofreciéramos la misa del día siguiente por el eterno descanso de su alma.

Al llegar a Zaragoza me convertía en socio del Stadium Casablanca, un club deportivo que había fundado el sacerdote mosén Francisco Izquierdo Molins, perteneciente a Acción Católica. Mi relación con la Acción Católica también se extendió a la parroquia de San Gil.

Como tantos otros cristianos, aunque he mantenido la fe, he tenido durante mi vida momentos de mayor o menor piedad.

Fui simpatizante del Opus Dei durante cuarenta años y, dicho sea de paso, gran admirador de mi tío, hacia el que he sentido siempre un cariño especial. La primera noticia que me llegó de su existencia coincide con la estancia en Jaca. Un día, al subir a casa, mi padre nos anunció: "Mirad qué librito me han regalado. Lo ha escrito mi primo José María, hijo de tía Lola, la hermana pequeña de mi padre. Cuando me llegó el turno de tenerlo entre las manos, le di un vistazo y me fui a jugar. Corría el año 1948 y aquélla era la primen edición de Camino.

Cuatro años después, durante el primer curso de Derecho en la Universidad de Zaragoza, el compañero de clase José María Arias Azpiazu -numerario del Opus Dei, ordenado sacerdote, hoy casado y con dos hijos- me invitó a la residencia Miraflores, la primen perteneciente a la Obra en la capital aragonesa. En un principio, sólo acudía los sábados por la tarde a los retiros espirituales; al poco también se me podía encontrar en el cine los domingos, más tarde estudiando allí todos los días y, finalmente, incluso escuchando misa durante todas las mañanas. Casi sin darme cuenta, vi pasar las horas en la residencia, incluidas las tertulias de café, salvo para comer y cenar.

La residencia era por entonces un centro de estudios integrado casi en su totalidad por miembros del Opus Dei. Conocí y traté a José Orlandis Rovira, catedrático de historia del derecho y sacerdote, José Manuel Casas Torres, catedrático de geografía, Rodolfo Urbistondo, ingeniero de caminos y director de la residencia, Vicente García Chus, químico y el sacerdote que oficiaría mi boda, Ángel García Dorronsoro, licenciado en derecho y sacerdote que llegada a ser famoso por su programa televisivo "Tiempo para creer", Joaquín Valdés Escudero, otro licenciado en derecho y sacerdote, como Miguel Ximénez Embún o José Javier Zaragüeta, el médico sacerdote José Luis Sauras, ahora párroco de Torreciudad... Unos prosiguen en la Obra y otros acabaron por salirse.

Pero también alterné con algunos de los futuros supernumerarios de peso, como los notarios José Limón Pazos y José Antonio Villarino, el abogado y después director general de la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja José Joaquín Sancho Dronda, el abogado Juan Antonio Cremades -que sería gerente del Polo de Desarrollo y consejero delegado de Eléctricas Reunidas de Zaragoza-, el que acabaría como presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza, Pedro Baringo, etcétera.

Paralelamente, se iniciaba en la Sección de Mujeres mi hermana Pili. Pero así como yo dejé paulatinamente de frecuentar el Opus Dei, ella escribió la Carta al Padre y dio el paso definitivo de entrada. De todas formas, mantuve muy buenas relaciones con todos ellos y las amigas de mi hermana, la hija del ministro de Hacienda, María Dolores Navarro Rubio, o la del coronel de artillería, María Josefa Jaén, entre otras.

Pili empezó su peregrinar por el extranjero, Londres, Dublín y Roma, donde conocería al fundador y a mis tíos Santiago y Carmen, que vivían con él. Su siguiente estancia sería Barcelona, donde se encontraba nuestro hermano Pascual y a quien convencería para ingresar en la Obra. Años más tarde se presentaría en Zaragoza, coincidiendo con la visita que realizó mi tío José María a mis padres.

A partir de esa ocasión, Santiago, el hermano de José María, empezó a frecuentar nuestra casa en las comidas con motivo de su cercana boda con una zaragozana y tuve la oportunidad de conocerlo. En una ocasión le acompañé durante el paseo, y al encontrarnos con Carmencita Albás le dije: "Mira, es tu prima. ¿La llamo?" Pero me contestó: "No, es hija de tío Florencio y no le debo nada, sólo el nombre, y no me gusta." Las relaciones con los Albás nunca fueron buenas. Sin embargo, me extrañó sobre todo su coletilla final: "Aprovechaos de la influencia de mi hermano José María." No le respondí. La verdad, me parecía incorrecto prosperar económicamente utilizando a la Iglesia.

Como ejemplo de esas tensas relaciones entre los dos apellidos, Escrivá y Albás, puede resultar sintomática la petición de mano del tío Santiago. Su hermano José María se trasladó a Zaragoza y recibió también a mis padres. Pero cuando mi hermana Pili le comentó la posibilidad de avisar a otros familiares, su respuesta fue tajante: "He dicho que no estoy para nadie." Esta expresión, dicha de mal humor y con mal genio, condensa el rencor que siempre tuvo con los familiares de mi padre. No le importó el hecho de que uno de los primos hermanos que no quiso ver fuese el hermano gemelo de mi padre que habla asistido con su mujer a su primera misa en la basílica del Pilar.

De hecho, en la boda sólo estuvimos presentes mis padres, mi hermano Pascual y yo. En el aperitivo tuvimos la oportunidad de conocer a Luis Valls Taberner, encargado de las finanzas del Opus Dei. Sin embargo, ahí se acabó todo. No fuimos invitados al banquete.

En 1962, mi hermana Pili me presentaba a la supernumeraria que acabaría dos años después convirtiéndose en mi mujer. Con motivo de la boda, mi padre dirigió una carta a mi tío José María expresando su deseo de que fuera él quien nos casara. Al poco tiempo nos llegó su contestación escrita:

Roma, 17 de septiembre de 1964.

Muy querido Pascual:

Recibí tu carta, que me ha dado mucha alegría, y te pongo estas líneas para felicitarte muy cordialmente por la boda de tu hijo.

Con esta carta mía recibirás una especial bendición del Santo Padre, para que la lea el sacerdote que asiste la ceremonia. Con la preciadísima del Papa Paulo VI, va también la mía, y la seguridad de que encomiendo los nuevos esposos a Dios Nuestro Señor y a Nuestra Madre Santísima, para que formen un hogar cristiano y feliz.

Una cariñosa bendición para ti, para Concha y para vuestros hijos.

JOSEMARÍA

(El sacerdote que los case puede leer el telegrama desde el altar, porque el Santo Padre envía también su Bendición a todos los que asisten a la ceremonia.)

Creo que ésta es la única carta que dirigió a un familiar suyo de la rama Albás-Blanc, si exceptuamos las dos que envió a José María Blanc para pedirle que no ejerciese su mejor derecho al título de marqués de Peralta.

Mi mujer, ya lo he dicho, era supernumeraria. La circunstancia añadida de que su hermana Isabel formase parte también de la Obra como numeraria terminó influyendo decisivamente en mi relación con el Opus. En la Obra, es costumbre y norma que los supernumerarios se agrupen en grupos no muy numerosos de ocho o diez y que traten de ayudarse en la captación de los maridos que no pertenecen o de las mujeres. Para ello se organizan cenas en las casas y así se hacen nuevas amistades con el solo objeto de conseguir nuevos miembros o por lo menos acercarlos por amistad y conseguir su colaboración económica. Este fue el motivo por el que perdí mis antiguos amigos y que fueron sustituidos por matrimonios pertenecientes al Opus Dei. El cerco cada día se va haciendo mayor e inician sacerdotes de la Obra a comer en tu casa. El cónyuge perteneciente se encarga de invitar. Cuando mi tío José María se acercaba a España nos trasladábamos a las capitales que visitaba. Y siempre nos recibió en privado, pero durante unos breves minutos.

Al poco de fallecer el Fundador estimé conveniente remitir una carta de pésame a Alvaro del Portillo, quien rápidamente se hizo eco de ella.

Roma, 4 de septiembre de 1975.

Muy querido Carlos:

Al regresar a Roma encuentro tu afectuosa carta y, con una inmensa pena en el alma, junto con la seguridad de saber que nuestro Fundador está gozando de Dios, te pongo unas líneas para agradecer tus oraciones por nuestro Padre y santo pariente tuyo.

Sigue rezando por él, ya que así deseaba que hiciéramos, y no dejes de encomendarte a su intercesión: te conseguirá gracias abundantes como está haciendo ya a miles de personas en todo el mundo para ayudar a vivir esa vida de buen cristiano que deseas. Con el grandísimo cariño que te tenía ¡que te tiene! el Padre, verás cómo se vuelca contigo y con todos los suyos. Te abraza fuertemente.

ALVARO DEL PORTILLO

Siempre mantuve buenas relaciones con los socios del Opus Dei que conocí; han estado en casa en repetidas ocasiones, y la educación y estudios de mis hijos mayores pasaron por los colegios de fomento con dirección espiritual de sacerdotes de la Obra. Participé en la junta directiva del colegio de Montearagón de Zaragoza, colaboré en la creación de empresas del Opus Dei mediante la aportación de fondos y facilité entrevistas para que amigos míos también lo hicieran, igual para residencias como para la Universidad de Navarra.

Al lanzarse la revista "La Actualidad Española", durante la época de la residencia Miraflores, nos enviaban a recorrer las casas de familiares y amigos para lograr suscripciones. Una vez casado, consiguieron que me suscribiese a una cuota de 10.000 pesetas al mes en la iglesia de Santa Cruz, que como es lógico pertenece al Opus Dei. Mi participación también alcanza a la puesta en marcha de la formación profesional en el colegio Montearagón mediante aportaciones de 100.000 pesetas y los "santos sablazos" a los amigos personales. La operación, que estuvo dirigida por el supernumerario y delegado de Hacienda en Zaragoza, Carlos Palacios, fue un éxito. Mi mujer también me solicitó colaboración, proporcionando entrevistas con amigos y clientes de mi trabajo y así poder ejercitar con eficacia el "santo sablazo".

En 1983 tuve la desafortunada idea de editar una revista en Aragón, de contenido variado y con el objetivo de potenciar lo regional. Informábamos de nuestra historia, de economía, hechos sociales renombrables, deportes, etc. Y destacamos distintas noticias acerca del Opus Dei, sus miembros o reportajes de Torreciudad. Pero a fines de 1984, las dificultades de sostenimiento pusieron en peligro su continuidad. El comportamiento de algunos integrantes destacados del Opus Dei fue determinante. El director general de la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, José Joaquín Sancho Dronda, o el propio Luis Valls Taberner denegaron finalmente la ayuda prometida desde un principio. El cuatro de enero de 1985 llegaba a mis manos la siguiente carta de Sancho Dronda:

Querido Carlos.

Perdona mi retraso en contestar a tu carta, pero realmente llevo unos días de bastante agobio de trabajo con temas urgentes, o como ahora se dice, puntuales, que me han hecho desviar mi atención hacia ellos. Realmente creo que estáis haciendo una buena revista, y que vais mejorando su contenido. Veo, después de la conversación que he tenido con María Rosario de Parada, y luego más tarde con José Enrique, y algunas otras personas de la Caja, bastante difícil una participación nuestra en el capital de vuestra Sociedad Editora porque, aunque se trate de una re vista muy aragonesa, y con indudable repercusión en nuestra tierra, desde hace tiempo el Consejo de Administración, por indicación de las autoridades monetarias, no participa en empresas periodísticas, a pesar de que, como puedes comprender, en muchas ocasiones se nos ha invitado para hacerlo. En algunas ocasiones es posible apoyar económicamente alguna publicación, pero no participar en la misma.

En este sentido pues, sí que cabe estudiar algunas ayudas que puedan ir, o por la vía del crédito o por la vía de los anuncios. Esos cuatro millones de los que hablas en tu carta es algo que podemos estudiar, y es algo que me gustaría pudiéramos conceder, pero para hacerlo hay que analizar la viabilidad de la operación, es decir, no sólo sus garantías, sino la posibilidad de recuperación de la cantidad prestada. Espero que este estudio sea positivo y nos permita, por tanto, prestar esa ayuda que nos solicitáis.

No he querido demorar más tiempo esta contestación, que ya se ha retrasado algunos días, porque yo mañana salgo de nuevo para el extranjero y voy a estar fuera como unos diez días. En mi ausencia, y para el estudio de la operación en cuestión, ponte en contacto con don Juan Alfaro, al que yo dejo encargado que te atienda.

Un cordial abrazo,

JOSÉ JOAQUÍN SANCHO DRONDA

Las posibilidades de este director general de la Caja para conceder los créditos aplicando su criterio personal son de sobra conocidas. Durante la publicación de la revista, sólo coincidiendo con la visita de Juan Pablo II, se insertó publicidad a cargo de la Caja, una fotografía de Su Santidad que ocupaba las páginas centrales. Y por añadir aún más, resulta bien fácil comprobar las ayudas económicas que destinó a otras revistas de la Obra de difusión nacional ("Mundo Cristiano", "Telva", "Actualidad Económica"...) a pesar de tratarse de una entidad bancaria de ámbito regional.

Yo mismo fui objeto de esos tejemanejes. Por ejemplo, con el supernumerario que Sancho Dronda mencionaba en su carta, Juan Alfaro, amigo mío y con quien había compartido retiros y muchas horas en la iglesia de Santa Cruz, concertamos una cita con uno de los propietarios de una de las más importantes empresas de alimentación en España. Sabían perfectamente de los contactos profesionales y la amistad que me unían a él, y por supuesto no los desaprovecharon. Pero llegado el momento de solicitar ese crédito imprescindible para la supervivencia de la revista "Mirador", el mismo Juan Alfaro prestó tanta atención corno la que se requiere para quedarse dormido en el transcurso de nuestra conversación.

Estos comportamientos contribuyeron a arruinarme económicamente y, dicho sea de paso, se enarbolaron en la campaña de injurias y descréditos que se ha orquestado contra mí y en la que han tenido un papel destacado mis hermanos que forman parte de la Obra.

Con el paso del tiempo, y ante la imposibilidad de encontrar un trabajo -en el único que se me ofreció, una compañía de publicidad, las comisiones sustanciosas iban a parar directamente al bolsillo de un supernumerario del Opus Dei-, abrirnos un pequeño bar en Jaca.

La tensión con el Opus Dei fue "in crescendo" paulatinamente, y la defensa de José María Ruiz-Mateos en el caso Rumasa, con una carta abierta dirigida a Luis Valls Taberner recriminando sus declaraciones, significó la puntilla. A partir de ese momento, la casi totalidad de los miembros del Opus Dei se distanciaron y criticaron mi actitud. Pero fue durante las elecciones al Parlamento Europeo, al prestar mi colaboración a Ruiz-Mateos, cuando el enfrentamiento se produjo abiertamente y algún socio del Opus me llamó loco por el compromiso. Como ejemplo del estado anímico que atravesaba entonces, no quiero dejar pasar la oportunidad de transcribir la carta que publiqué en el diario "Heraldo de Aragón" en enero de 1986:

SOÑANDO

Señor director:
Le ruego inserte esta carta abierta a don Luis Valls Taberner, presidente del Consejo de Administración del Banco Popular.

Mi querido amigo:

Como la mayoría de los españoles, sigo con gran interés el caso Rumasa y hoy, al leer tus declaraciones en "Heraldo de Aragón" creía que estaba soñando. ¿Cómo es posible que el presidente del Banco Popular, uno de los "siete grandes", pueda declarar que "todo es teatro" cuando a los españoles nos ha costado, hasta el momento, miles de millones de pesetas?

Tu descalificación de José María Ruiz-Mateos, afirmando de él que "es como un niño", no sólo me ha causado sorpresa, sino estupor. Por lo menos podías haber agregado el calificativo de "prodigio", que es lo mínimo que merece una persona capaz de crear y dirigir unas 600 empresas, cerca de 60.000 puestos de trabajo, pagando íntegramente los salarios correspondientes hasta el último día antes de la extradición.

Respecto a los supuestos delitos que se le imputan y la constitucionalidad o no de la expropiación, es la justicia la que deberá pronunciarse en su día.

Espero que si, en un futuro, consideras oportuno realizar nuevas declaraciones sobre el caso Rumasa o José María Ruiz-Mateos, estén de acuerdo con la seriedad que caracteriza el cargo que desempeñas en el Banco Popular.

Un fuerte abrazo.

Estas y otras circunstancias repercutieron directamente en mis relaciones familiares, y en 1988 mi mujer, aconsejada por personas del Opus Dei -según sus propias manifestaciones-, decide separarse, marcharse con su madre y arrastrar consigo a sus hijos. Me había vuelto a quedar arruinado.

A pesar de este cúmulo de contrariedades, seguí creyendo en el Opus Dei y su doctrina. De espíritu, no había roto con la institución. En mayo de 1988 aún escribí en el semanario de Jaca, "El Pirineo Aragonés", un artículo bajo el título de "El sensacionalismo y la mentira, únicas armas para los incompetentes profesionales del periodismo":

Llevo más de veinte años dedicado a la publicidad como director propietario de una agencia que, entre otras campañas, realizó la de Conguitos y Reinas Butano. Creo que por mis conocimientos estoy autorizado a tratar el tema publicitario.

Hoy, cada día más en la publicidad, se utiliza el sensacionalismo para captar la atención de una marca o un servicio. Esta forma de proceder no es ajena a los medios de comunicación, que tienen que competir en el mercado intentando vender el mayor número de ejemplares con el objeto de subir el precio de los anuncios y ganar así más dinero.

Todos conocemos revistas de gran difusión que para vender más no les importa poner un "culo" o unas "tetas" en la portada, pero que actúan con honradez, ya que el que las compra conoce de antemano su contenido.

Yo he comprado la revista "Tiempo" por la portada "Opus Dei, el verdadero poder en España". He leído la carta al director de José Oneto y el artículo de Luis Reyes, que sensacionalmente titula: "Los poderes ocultos al descubierto", "La infraestructura en España" y "Cómo capta el Opus Dei a sus adeptos". Y todavía no sé si REÍRME o LLORAR.

REÍRME, por la falta de originalidad y lo trasnochado del tema que tratan, al no aportar nada nuevo a las numerosas campañas injuriosas que a lo largo del tiempo se desencadenan contra el "OPUS DEI". La única novedad que veo es la forma en que han realizado la portada, ya que la utilización del nombre "OPUS DEI" es muy frecuente para aumentar las ventas de cualquier medio de comunicación, pero que aprendan de aquellos que venden más que ellos sin utilizar el sensacionalismo fácil.

Yo invito a esos pseudo profesionales del periodismo a investigar, analizar e informar a la opinión pública de temas de verdadera actualidad que preocupan a la mayoría de los ESPAÑOLES.

Les voy a dar algunas pistas: a) inseguridad ciudadana, b) terrorismo, c) paro, d) gasto público, e) nuevos propietarios de las empresas expropiadas a don José María Ruiz-Mateos y costo que hemos pagado los españoles por la reprivatización de las mismas, f) pacto de las entidades de crédito y los políticos con motivo de la deuda pendiente con los países subdesarrollados y consecuencias desastrosas para la economía española y su conexión con el caso Rumasa, etcétera.

LLORAR, porque en el fondo no son más que ingenuos. ¿Cómo es posible que publiquen la instancia que el fundador del Opus Dei dirige en el año 1941 al obispo de Madrid-Alcalá en la que solicita la probación canónica correspondiente y en la que consta el beneplácito del reverendísimo señor obispo de la diócesis? Sólo les falta publicar la concesión por el papa Juan Pablo II de la Prelatura al Opus Dei en todo el mundo.

Si la Iglesia católica apoya y bendice esta OBRA DE DIOS, OPUS DEI, ¿cómo se puede entender que estos sensacionalismos puedan enjuiciarla en injuriarla?

El Opus Dei es universal, pertenecen a él miembros de los cinco contenientes, u aunque su fundador es español, de Barbastro (Huesca), la mayoría de sus socios no son españoles, son de todas la razas, oficios y profesiones.

También he leído el artículo de Covadonga O'shea, "Historia de una manipulación", publicado en ABC; estoy de acuerdo con ella, pero quiero destacar que coincido plenamente en que el periodista tiene que ser un buen profesional, o sea, honrado, y que busque la verdad, y añadirla, que sepa lo que escribe.

Al releer hoy esta carta acepto que las argumentaciones que esgrimía en aquellos días pecan del mismo infantilismo que adolecen los mismos miembros del Opus Dei en sus continuas justificaciones. Y presento, por ello, las debidas excusas a todos los periodistas.

Pero volvamos un año atrás. En 1987 empecé a mantener una cierta relación por correspondencia con José María Ruíz-Mateos. Con la transcripción de las cartas que vienen a continuación sólo aspiro a ilustrar la posición mantenida por entonces y como testimonio directo de la situación en aquellos días:

Zaragoza, 24 de noviembre de 1987.

Querido y admirado José María:

Aunque no te conozco personalmente, he seguido las injustas vicisitudes por las que has tenido que pasar y admiro tus cualidades humanas, tu excepcional preparación profesional y tu buen hacer.

No sé si tu hijo Zoilo te comentó la conversación telefónica que mantuvimos con motivo de las declaraciones de Luis Valls y de la carta abierta que le escribí en "Heraldo de Aragón", recriminándole su comportamiento.

Adjunto te envío fotocopia del escrito presentado a la Delegación del Ministerio de Trabajo de Huesca, por si puede ser de tu interés y, por tanto, te autorizo a utilizarla.

Me alegraría muchísimo que todo se arreglase; te lo mereces.
Recibe un fuerte abrazo,
CARLOS ALBAS

Madrid, 4 de diciembre de 1987.

Mi querido Carlos:
He recibido tu amable carta del día 24 de noviembre pasado.

Te quedo extremadamente agradecido por tu mensaje de amistad y apoyo que valoro infinito y que me anima a seguir luchando contra la injusticia.

Lamento sinceramente las circunstancias por las que atraviesas pues por propia experiencia sé lo difícil y complicado que resulta salir adelante. He leído la referencia que haces a Rumasa en el pliego de descargos que has presentado ante la Delegación del Ministerio de Trabajo de Huesca y también el artículo que en su día escribiste en el "Heraldo de Aragón". Te felicito por tu valentía y tu gran corazón.

Espero que tu tema se solucione y deseándote todo lo mejor y con sincero afecto, te envía un entrañable abrazo tu amigo
JOSÉ MARÍA RUIZ-MATEOS

Nuevamente, durante su convalecencia tras las operaciones sufridas en Madrid y con el objetivo de aconsejarle publicitariamente sobre los puntos que debía tener en cuenta en las siguientes elecciones generales a las que concurría, me dirigía por carta:

Zaragoza, 3 de septiembre de 1989.

Mi querido amigo José María:

Me alegro mucho de tu recuperación y ya veo que continúas con el entusiasmo de siempre. Si me lo permites me gustaría hacerte unos pequeños comentarios sobre las declaraciones efectuadas por los distintos representantes de los partidos políticos; estos comentarios los hago desde mi ángulo profesional publicitario.

Primero: todos en sus declaraciones cometen el mismo error, "criticar al presidente del Gobierno por haber adelantado las elecciones". Es un hecho consumado y tiene derecho a hacerlo. El decir que lo hace en beneficio de su partido, es decir, que es más inteligente que ellos. Al contrario, lo único que consigue es elevar la imagen de Felipe González, ya que en este juego político de los partidos convencionales vale todo. Es suficiente con recordar que durante la última campaña electoral, los insultos y mentiras, como en todas, sólo sirven para aumentar el número de abstenciones y su desprestigio.

Segundo: el control que el Gobierno tiene de la mayoría de los medios de comunicación, y sobre todo de Televisión Española, hace mucho más peligroso efectuar estas declaraciones, al ser más fácil su manipulación.

Tercero: con esta forma de proceder se sigue dando la impresión que sólo el Partido Socialista puede conseguir la mayoría absoluta, le hace partir como ganador y a toda la oposición como perdedora y con escasas posibilidades. La moral de victoria es siempre necesaria si se desea conseguir el éxito, pero estas estrategias en sus campañas publicitarias los llevan con seguridad al fracaso.

Una de las premisas fundamentales en toda campaña publicitaria es que el mensaje, o mensajes que se difundan, jamás recuerden a la competencia. En el caso contrario, se les está haciendo publicidad gratuita. La motivación o motivaciones en las que se basa una campaña publicitaria tienen que ser completamente distintas de las de la competencia y deben resaltar aquellas cualidades que se sepan más apreciadas por el consumidor. Esta regla publicitaria es también válida para las campañas políticas, y por tanto nuestro mensaje no ha de recordar a ningún partido convencional. Debe ser distinto y encajar en lo que hoy espera el electorado español. Hay que estudiar lo que el elector quiere, y sobre todo lo que piensa esa gran mayoría de no votantes.

Por mi trabajo profesional, esta semana iré a Madrid. Me encantará conocerte y cambiar impresiones sobre el proyecto que te comuniqué en mi carta anterior.

Hasta muy pronto, recibe un fuerte abrazo de tu buen amigo
CARLOS ALBAS

Desde el Parlamento Europeo, con sede en Estrasburgo, me contestó en los siguientes términos en una breve misiva de su puño y letra:

Estrasburgo, 12-9-1989.

Mi querido Carlos:
Muchas gracias por tu cariñosa carta del 3 del actual.
Tomo nota de todos tus comentarios y sugerencias.
Mientras te saludo personalmente, te abraza tu buen amigo
JOSÉ MARÍA Ruiz-Mateos

Efectivamente, llegué a conocer a Ruiz-Mateos personalmente e hicimos buenas migas, fructificando en mi militancia en su Agrupación electoral. Pero inexplicablemente, después de su viaje a Roma en las navidades de ese año sentí un cambio en el trato, por lo que supuse que había hecho las paces con el Opus Dei. Es bien patente que a partir de ese momento renunciaría a sus ataques a la institución y a algunos de sus miembros.

Volviendo la cara hacia el pasado más cercano, tras un año de profunda meditación y de largas conversaciones con miembros del Opus Dei, entre ellos Antonio Rico Gambarte -uno de los primeros numerarios de Zaragoza, amigo de mi padre, presidente del grupo empresarial Rico y Echevarría y consejero de distintas empresas aragonesas- y algunos sacerdotes como Antonio del Val o Vicente García Chus, la profunda crisis interna abierta en mí me empujó definitivamente a escribir a don Alvaro del Portillo:

Zaragoza, 25 de agosto de 1989.

Mi querido don Alvaro.
Con un gran pesar y después de un año de profunda meditación, he decidido escribirle y contarle las vicisitudes que me han ocurrido últimamente, así como el comportamiento para mí incomprensible de algunas personas que tienen un mismo denominador común: "su pertenencia al Opus Dei". La forma de comportarse estas personas conmigo, me están haciendo perder la paz interior e incluso la fe y antes de que esto ocurra he decidido pedir su orientación y consejo.

Estas vicisitudes se inician con mi ruina económica que se ocasiona con motivo del lanzamiento de la revista "Mirador". En un principio, todas ellas están satisfechas con el contenido de la revista y colaboran de una forma directa. En la revista se han recogido: la primera misa solemne de un sacerdote de la Obra, reportaje sobre Torreciudad, reportaje de S.S. Juan Pablo II con motivo de su visita a Zaragoza con textos de don José Orlandis, reportaje de la asociación cultural CUELLAR, comienzo del curso del colegio mayor Miraflores... Estas personas también colabora en otros campos, como el estudio realizado por mi hermano Pascual sobre la viabilidad de la revista, en el que pone de manifiesto las posibilidades de continuidad de la misma, argumentando que prácticamente se está financiando con publicidad. Mi hermano Luis me ayuda en la creación de la Junta de Fundadores, para conseguir aportaciones económicas y de trabajo (a dicha Junta perteneció desde el principio Antonio Rico). Mi hermano Pascual aconseja a mi hermana Pili que me preste dinero y firme diversos avales. También se solicita a José Joaquín Sancho Dronda un crédito de 5.000.000 de pesetas y se le aporta el estudio realizado, relación de mis bienes y un aval de 90.000.000 de pesetas de un gran amigo, Alberto de Sola, ya fallecido y del que tengo la seguridad de que estará gozando de Dios en el cielo.

Incomprensiblemente y sin justificación fundamentada después de haberse comprometido, y dejando transcurrir varios meses, José Joaquín Sancho Dronda deniega el crédito y con ello me obliga a malvender mis bienes, chalet, coche, muebles, cuadros e incluso las joyas de mi mujer, llevándome a la ruina más absoluta.

Es a partir de este momento cuando mi hermano Pascual inicia una campaña de descrédito e injurias en la que manifiesta que "soy un alcohólico y que necesito internarme en un centro psiquiátrico". Estas manifestaciones las continúa realizando, aun después de leer los informes del Departamento de Psiquiatría del Clínico de la Universidad de Navarra, adonde me obligó a ir. En los informes consta mi excelente estado de salud y que no necesito ningún tratamiento. Estas manifestaciones las realiza incluso delante de mis hijos, hermanos y otras personas. A pesar de ello mi vida familiar con Charo y mis hijos está dentro de cierta normalidad, aunque es cierto que los dos años en el paro y la imposibilidad de encontrar trabajo hacen empeorar mi carácter y tomo más copas de las normales.

Posteriormente, comuniqué a mis amigos y familiares la apertura de una cuenta corriente, en la que podían ingresar las cantidades que pudieran para ayudarnos a establecer un pequeño negocio en el que pudiéramos trabajar y nos permitiera vivir. En un principio parcía ir bien, nos trasladamos a Jaca y abrimos un pequeño bar. Es entonces cuando surgen otros problemas, en este caso con la familia de Charo, en la que su hermana Isabel, numeraria, aportó su grano de discordia. Estos problemas y los anteriores repercutieron en nuestras relaciones, y Charo fue perdiendo su credibilidad en mí, discutía todas mis decisiones y tenía menos ganas de colaborar con su trabajo en el bar. Al enfrentarse conmigo se iba atrayendo a sus hijas, dándoles la razón cuando yo las reñía, bien porque salían todas las noches y volvían a las 5 de la madrugada, bien porque se levantaban tarde y no ayudaban lo necesario. Nuestro hogar, que había sido siempre feliz, fue convirtiéndose en un campo de batalla; como así no se podía seguir, le aconsejé a Cha-ro que fuese a un abogado para que le dijera cuáles eran sus derechos y obligaciones y le sugerí una abogada amiga nuestra, supernumeraria, esperando que le aconsejase de forma distinta a como lo hizo. Le aconsejó la separación "por causas profundamente sopesadas". Hoy sigo sin entender el comportamiento de Charo, que, según ella, "ha sido aconsejada por personas del Opus Dei". Continuamente vienen a mi memoria las palabras del sacerdote don Vicente García Chus: "En la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza." He vuelto a leer la carta en la que decía que "recibiría una especial bendición del Santo Padre para que la lea el sacerdote que asiste a la ceremonia. Con la preciosísima del Papa Paulo VI va también la mía, y la seguridad que encomiendo los nuevos esposos a Dios Nuestro Señor y a Nuestra Madre Santísima, para que formen un hogar cristiano y feliz".

En el mes de junio del pasado año estuve unos días en Tres Caminos y subía con frecuencia a Torreciudad a rezar y pedirle a la Virgen que me ayudase. Coincidí con su visita y sentí muchísimo que no me pudiese recibir, a pesar de los esfuerzos que hice por conseguirlo, para abrazarle y pedir su bendición; al parecer no le comunicaron mis deseos.

En el mes de septiembre mi familia se fue a Zaragoza, me quedé solo atendiendo el bar hasta el mes de febrero, que lo pude traspasar gracias a la comprensión y el cariño de mi hermana Pili, que fue la única que venía a Jaca a ayudarme, dejándome dinero para levantar los embargos y así poder traspasar; posteriormente me acogió en su casa y me sigue ayudando. Hoy, dando gracias a Dios, mi futuro es más esperanzador, tengo trabajo en una de las mejores agencias de publicidad de España, y todo ello se lo debo a Pili, que se ha portado conmigo con verdadera caridad cristiana.

Como mi hermano Pascual continúa con sus manifestaciones y Charo sigue alejando a mis hijos, o por lo menos nada hace para acercarlos (en todo el año sólo he visto a mis hijos mayores de cinco a seis veces y casi siempre he sido yo el que ha intentado el acercamiento). Por otra parte, personas del Opus Dei que antes eran cariñosísimas, ahora han cambiado totalmente de actitud y para mí, sin un motivo justificado que yo conozca, por lo que consideré oportuno entrevistarme con Antonio Rico y contarle lo sucedido. Después de dos largas conversaciones no me aclaraba nada ni me daba una solución convincente. Le dije que le escribiría a usted para contárselo, contestándome que usted me diría lo mismo; despidiéndose diciéndome que pediría por mí al Espíritu Santo para que me iluminase. Seguí sin entender.

Como cada vez me resulta más difícil entender estos comportamientos (a pesar de los esfuerzos que hago por entenderlos) he llegado a la conclusión de que sólo pueden ser represalias a mi colaboración que desde hace más de cuatro años vengo realizando en defensa de José María Ruiz-Mateos, al que admiro cada día más y al que seguiré ayudando incondicionalmente, hasta que alguien me demuestre fehacientemente y por razones fundadas que no debo hacerlo. En la campaña de descrédito e injurias que se ha montado para intentar justificar la "EXPOLIACIÓN" de Rumasa y en la que han participado políticos, banqueros, abogados, magistrados, periodistas.., de los que algunos de ellos pertenecen al Opus Dei, como Valls y Termes, entre otros -allá ellos con su conciencia-, pero esto no justifica el que yo, en uso de mi libertad, apoye según mi criterio a quien crea conveníente. Y por ello no puede existir motivo de represalia, ya que creo seguir la doctrina que mi tío Josemaría se cansó de repetir: "Todos los cristianos somos libérrimos para defender las opciones que la Iglesia deja a la libre disputa de los hombres." Entiendo que José María Ruiz-Mateos tiene perfecto derecho a defenderse y explicar por qué confió en determinadas personas que posteriormente le traicionaron. Jamás he leído u oído a José María Ruiz-Mateos hablar mal del Opus Dei, siempre ha dicho cosas estupendas de la Obra y lo mismo de su Fundador, siempre ha dicho que le tiene un gran cariño y que le reza todos los días. Y me viene ahora a la memoria la predicación de mi tío Josemaría en la iglesia de San Carlos en Zaragoza al día siguiente de conocerlo en casa de mis padres cuando le regaló a mi madre el rosario con el que él rezaba todos los días: "Cada uno de vosotros es responsable personal de lo que hace. Los que estáis enseñando, adoctrinando cosas del cielo y de la tierra con vuestros libros, con vuestros medios, con vuestra formación profesional, vosotros responderéis: libérrimos, libérrimos. Yo no tengo nada que ver con ello, ni el instituto tampoco. Sólo responderéis ante mí de vuestra vida espiritual; allí, sí me hago responsable. Y yo me pregunto: ¿qué mayor responsabilidad de los miembros del Opus Dei en su vida espiritual que el cumplimiento del primer mandamiento de la Ley de Dios: "Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo"? Y creo firmemente que no se ama al prójimo cuando se le injuria, desacredita, engaña, miente o insulta. ¿Y no es esto lo que han hecho algunos miembros del Opus Dei con José María Ruiz-Mateos y conmigo? Vale de presumir de buenos católicos y luego no dar testimonio con sus vidas.

También creo firmemente en el Sacramento del Matrimonio, y en el cumplimiento que como católicos tenemos de las obligaciones que nos comprometimos al contraerlo. Acabo de leer la alocución del Papa a los jóvenes en el monte del Gozo, en Santiago de Compostela, a los que preguntaba: ¿estáis dispuestos como jóvenes cristianos a vivir y defender el amor a través del matrimonio indisoluble, a proteger la estabilidad de la familia que favorece la educación equilibrada de los hijos, al amparo del amor materno y paterno que se complementan mutuamente? Yo pienso que la separación es el primer paso para el divorcio.

En mi último viaje a Madrid me confesé en la iglesia de San Miguel con un sacerdote de la Obra, le conté en confesión y mucho más ampliamente todo lo que estoy relatando, me acusé de mis pecados y antes de darme la absolución, me aconsejó que le escribiese y que le contase todo lo que creyese conveniente; y así lo hago e incluso me dijo que presentase todas las querellas que fuesen oportunas, por las injurias contra mí vertidas. Pero don Álvaro, se trata de mis propios hermanos y creo que es mas conveniente lavar los tropos sucios en casa.

Y para terminar una sola petición: que me ayude. Gracias por su comprensión, le pido perdón por el dolor que sé va a causarle mi carta.

Le pide su bendición y le abraza con todo cariño

CARLOS ALBÁS MÍNGUEZ

No soy de los que esconden la cabeza en las alas, como el avestruz. Todos los miembros del Opus Dei en Zaragoza conocían mi actitud con respecto a Ruiz-Mateos, ya que a muchos de ellos les llegó la siguiente carta:

Zaragoza, 1 de junio de 1989.

Mi querido amigo y compañero:
Me dirijo a ti con motivo de las elecciones al Parlamento Europeo, y adjunto te remito el programa electoral de la Agrupación de Electores de José María Ruiz-Mateos.

La persecución de que ha sido objeto José María Ruiz-Mateos como responsable de Rumasa, su "expropiación" (sobre todo la forma realizada), la reprivatización de las empresas expropiadas, y como colofón, la petición de pena de 200 30 años y la prisión incondicional decretada con un motivo tan pueril como la bofetada al señor Boyer, es lo que ha motivado a aportar mi granito de arena a esta campaña.

Acciones como éstas sólo sirven para desprestigiar a la Justicia en España y considero que todos los juristas tenemos la obligación de salir en defensa del prestigio de la misma.

Es cierto que alguna de las últimas acusaciones y declaraciones de José María Ruiz-Mateos pueden parecer impropias de la seriedad que durante toda su vida de empresario ha demostrado con su comportamiento; pero habrá que analizar si era la única salida que se le ha dejado para mantener la atención de la opinión pública, a través de los medios de comunicación, y no caer en el olvido durante los más de seis años de tiempo transcurrido desde la "expropiación".

Agradecido por tu atención, pidiéndote disculpas por usar de tu valioso tiempo, recibe un fuerte abrazo de tu compañero, que pide tu voto para José María Ruiz-Mateos al Parlamento Europeo.

Don Alvaro del Portillo había enmudecido. No llegaba contestación alguna a mi carta, y un mes más tarde volví a dirigirle el siguiente escrito:

Zaragoza, 2 de octubre de 1989.

Mi querido don Álvaro:
Desde hace más de un mes estoy esperando sus noticias con motivo de la carta que le escribí el 25 de agosto pasado, y como las circunstancias no han cambiado, vuelvo a pedirle su orientación y consejo.

Don Álvaro, como usted me indicó sigo encomendándome a mi tío Josemaría para que me ayude en estos momentos tan difíciles. Usted sabe el cariño que me tenía -que me tiene- y estoy seguro que se volcará conmigo y con todos los míos. De hecho, ya lo está haciendo con mi trabajo profesional; estoy en el grupo de publicidad más importante de España y uno de los más importantes del mundo.

Si por alguna circunstancia mi carta anterior no ha llegado a su poder, le envío fotocopia de la misma. Con el cariño de siempre y pidiéndole su bendición, le abraza siempre suyo

CARLOS ALBAS MÍNGUEZ

Con anterioridad a estas cartas, coincidí con Alvaro en Torreciudad, y aunque hice todo lo posible por entrevistarme, no lo conseguí y sólo pude asistir a una de esas reuniones que organizan de más de cien personas. Cuando íbamos a entrar en la reunión, el numerario que me acompañaba empezó "a mentalizarme" y refiriéndose a Alvaro del Portillo, me dijo: "Alvaro es un santo." A lo que le contesté: "Si no te importa esperar un poco, puesto que mi tío José María está todavía en camino."

A pesar de la campaña de injurias y descalificaciones que los miembros del Opus Dei lanzaron contra mí -y como puede comprobarse continúan intensificando incluyendo las calumnias, la última el delito de chantaje-, en mayo de 1988 había empezado a trabajar para el grupo publicitario McCann, que en España lo forman cuatro grandes empresas: McCann-Erikson, Clarín, Marketing Director McCann y Universal Media. Estas empresas llevan la publicidad a nivel mundial de Coca-Cola, Nestlé, General Motors, Martini, Camel, Frigo, Pedro Domecq, etc. El trabajo que desarrollaba y mi retribución económica eran altamente satisfactorios. El presidente de McCann en España, Alfredo García Valdés, que me había contratado para las actividades de Nuevos Negocios, siempre se declaró contento con mi labor. Al menos hasta febrero de 1989.

Durante los seis primeros meses mi labor la realicé en Zaragoza visitando a responsables de las inversiones en publicidad de las empresas con cantidades anuales superiores a cincuenta millones de pesetas, que era el mínimo que estaba autorizado a llevar en el Grupo McCann. En una entrevista con IberCaja propuse la realización de unas Jornadas de Marketing y Comunicación, que fueron bien acogídas y consistían en dar a conocer la importancia de la incorporación de las nuevas técnicas de marketing y comunicación en las empresas de Aragón.

En mi entrevista con el presidente de Balay, me comunicó que se acababan de asociar con la firma alemana Bosch-Siemens y que, por lo tanto, desconocían el plan de marketing que llevarían en el futuro. El presidente me aconsejó que visitara Safel en Pamplona, ya que era ésa la empresa mayoritaria del grupo. Al mismo tiempo me pidió que visitase a su primo, Alejandro Lanos, entonces decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra.

Y así lo hice. En esta primera entrevista, al conocer la importancia del grupo McCann, me fueron presentando distintos proyectos en estudio, ya que nuestra empresa podía financiarlos a través de sus clientes mediante la sponsorización. Al mismo tiempo, comentamos la conveniencia de trasladar las Jornadas de Marketing y Comunicación que pensábamos realizar en Zaragoza a la Universidad de Navarra, por considerar que pudieran ser más ventajosas al pertenecer el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE) a la institución. Me rogaron que invitase en nombre del rector Alfonso Nieto a visitar la Universidad y mantener un encuentro de trabajo. Informé de todo ello a Alfredo García Valdés, que por razones de agenda no acudió hasta febrero.

Pero el presidente, a su vuelta de Pamplona, empezó poco a poco a distanciarse, a poner pegas a mi trabajo y a sacarle los "peros", hasta manifestarme que no podría seguir trabajando con ellos en las mismas condiciones.

El cambio, lógicamente, me causó extrañeza. Pero ya sólo pude pensar que la persecución se había desatado contra mi persona. Estando en Pamplona en octubre de 1988, poco tiempo después de mi segunda carta a Alvaro del Portillo, había recibido una llamada de Javier Arnal, director de la Obra en Aragón, para transmitirme un mensaje de Roma. Me trasladé a Zaragoza y su única respuesta fue que don Alvaro no podía hacer nada por mí. No lo entendí. Yo sólo había pedido consejo y orientación.

Abierta definitivamente la brecha, comencé a manejar la literatura crítica con el Opus Dei y su fundador, mi tío José María. La necesidad de contrastar mi experiencia con la reflejada en los libros sirvió de acicate para entrevistarme con sus autores. En mi primera entrevista con Alberto Moncada me aconsejó llamase a Miguel Fisac y Antonio Pérez Tenesa, ya que podían ayudarme a entender la verdad de lo que es el Opus Dei. Seguí su consejo y mantuve distintas entrevistas y día a día fui cambiando de forma de pensar con respecto a mi tío José María y a su Obra.

También a partir de aquellos momentos inicié mi peregrinar por las parroquias e iglesias de Madrid, conversando con sus sacerdotes diocesanos, pertenecientes a órdenes y congregaciones religiosas muy dispares. Pero en medio del camino, durante esos años, se había cruzado la beatificación de mi tío. Expliqué a esos sacerdotes mi postura y todos, sin excepción, me aconsejaron sobre la obligación moral de comparecer ante la Causa de Santificación.

Acepté el reto, y una vez asumida la decisión llamé al juez instructor de la causa, Rafael Pérez, al que le comuniqué mis expresos deseos de aportar mi visión y testimonio. "A buenas horas mangas verdes." Con esta frase puede resumirse a la perfección la respuesta de Rafael Pérez.

Estamos en pleno año 1991. Había acatado esa obligación moral y creí que debía agotar todas las vías a mi alcance. Mi estado de ánimo y la evolución de esa conciencia cristiana empezaban a tomar nueva forma, vislumbraba lentamente los futuros derroteros de mi fe. Aquellos primeros meses del año en Madrid fueron fundamentales. No quiero dejar pasar, por tanto, la oportunidad de exponer con el testimonio de mi puño y letra esos días, la supuración del sufrimiento y cómo la ruptura de aquella falla que se había abierto en mi interior se fue cerrando hasta ver la luz. Eran escritos con el único destino del desahogo.

Madrid, 19 de marzo de 1991.

CONDENADO A LA SOLEDAD

Desconozco cuáles han sido las acusaciones que en su día se formularon ni los hechos en que se basaron, ni los testimonios que han sido presentados. Lo que sí sé es que nadie ha llevado mi defensa, que nadie ha escuchado mis alegaciones, y no por haberlas efectuado, sino "porque no hay mayor sordo que el que no quiere oír". Y eso que las he reiterado ante muy diversos juzgadores, pero ha sido inútil. La sentencia ya estaba dictada, e incluso antes de hacer alegación alguna. "He sido condenado a la soledad."Y esto, para ellos, es muy fácil. Para ellos, yo estoy muerto. Y los muertos, ni hablan, ni alegan, ni apelan. Los muertos sólo son muertos y la muerte es soledad.

Madrid, 1 de mayo de 1991.

PARA TODA LA ETERNIDAD

Fui condenado a la soledad, pero quiero saber la duración de la condena. Barrunto que ya lo sé, para toda la eternidad. Ellos me condenaron en nombre de Dios, ya que la Obra, según ellos, es Obra de Dios, ellos son de la Obra. Ya he perdido la esperanza de amnistía, clemencia o perdón. Ellos creen firmemente que nunca se equivocan, que están siempre en posesión de la verdad, y creen que su verdad es la de su Dios. Allá ellos; yo me quedo con mi Dios, que es Comprensión, Caridad y Amor.

Madrid, 19 de mayo de 1991.

Y LOS MUERTOS RESUCITARAN

"Fui condenado a la soledad" y "para toda la eternidad". Pero hoy, Domingo de Pentecostés, he sentido en mí el Espíritu Santo y sé que yo no estaba muerto: he resucitado y con mi nueva vida tengo que seguir la lucha.
Ya sé que esta lucha va a ser dura.
También asumo que las injurias, las calumnias y descalificaciones van a ser el "CAMINO" que me espera. Pero no me importa.
He recuperado la fe y sé que "la Verdad me hará libre".

El 31 de mayo de 1991 comparecí ante el Arzobispado de Madrid para manifestar mi inquietud por declarar, adjuntando en esta ocasión fotocopias de diversas cartas y documentos. El sacerdote que me atendió, el padre Usía, acusó el recibo de mi comparecencia y de los documentos entregados, anunciándome que a los tres días tendría una respuesta. Iba a mandar los documentos a Roma y me informaría de la decisión que adoptara la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos.

Mientras me mantenía a la espera, me encontré casualmente con un sacerdote conocido del Opus Dei. Le expuse lo que llevaba entre manos y pedí consejo. No supo dar con una solución clara, pero me sorprendió al interrogarme sobre la opinión que podía tener formada el tío Santiago, el hermano menor de José María Escrivá. No obstante, y aun considerando que no pertenece a la Obra, me presenté al día siguiente en su despacho. A lo largo de dos horas de entrevistas le fui mostrando la documentación que había aportado en el Arzobispado, pero sin obtener comentario alguno. Sólo cuando me acompañaba al ascensor me espetó:

-¡Ay, los aragoneses! Gigantes y cabezudos.
No pude contenerme:
-Gigante, claro está, por tu hermano José María, y cabezudo lo dirás por mí, ¿no?
-Así es.
-¿Y tú? -le inquirí.
-De Logroño.
-Pero de Logroño, coño, si fue un accidente. Tu padre, al arruinarse, tuvo que salir de Barbastro y trabajar como dependiente. Pero en seguida marchaste a Zaragoza, luego a Madrid y después a Roma. Ahora, si no te sientes de la región, devuelve el título de marqués de Peralta, que sólo es aragonés.
Y me despedí con un simple "abrazos a Yoya, a tus hijos y hasta siempre".

A los tres días, tal y como me había señalado el padre Usía, telefoneé al Arzobispado. Aún no se habían recibido noticias de Roma. Sin embargo, me preguntó extrañamente acerca de las personas que podían conocer los documentos de mi comparecencia. El cardenal Suquía se había enterado y le había recriminado por ello. Yo sólo pude decirle que había cumplido con su obligación, que únicamente el hermano del fundador había tenido acceso a ellos y solicité una entrevista con el cardenal. "Es mejor dejar las cosas tal y como estaban", ésas fueron sus últimas palabras.

Paralelamente, el enviado de Alvaro del Portillo, Javier Arnal, se puso en contacto conmigo para comunicarme que debía entregarme una misiva del Padre. Como no tenía intención de acercarme por Zaragoza, Javier Arnal se acercó ex profeso a Madrid. Quedamos en el hotel Cuzco. Y cuál no sería mi sorpresa cuando al abrirla descubrí que la carta no venía de Alvaro del Portillo. Me la enviaba un tal Fernando Valenciano Polack, ingeniero de caminos y numerario.

Roma, 7 de mayo de 1991.

Estimado Carlos:
Como sabrás, el pasado 6 de enero, Mons. Álvaro del Portillo fue ordenado obispo por Su Santidad Juan Pablo II. La ceremonia fue muy emocionante y, como recuerdo, se hicieron unos recordatorios: el Padre me ha rogado que te envíe estas imágenes, sabiendo la alegría que te dará tenerlas.

Encargo a Javier que te entregue personalmente estas líneas, que llevan una especialísima bendición del Padre para ti y para toda tu querida familia; y te ruego que, siguiendo una tradición de familia, no dejes de rezar ante la Virgen del Pilar, por la Obra. Me he permitido tutearte porque al ser sobrino de nuestro Fundador, te considero de la familia, y no podía hacer otra cosa, sabiendo que tu queridísimo tío Josemaría os recordaba siempre con tanto cariño y que ahora, desde el Cielo, intercede eficazmente por cada uno de vosotros. Me atrevería a decir que lo hace especialmente por ti, por tu mujer y por vuestros hijos.

En espera que podamos conocernos, y darte un abrazo, te saluda

FERNANDO VALENCIANO

Medité sobre su contenido y consideré oportuno dirigir a Alvaro del Portillo una respuesta clara, que acompañé con fotocopias de mis escritos personales:

Madrid, 5 de junio de 1991.

Álvaro:
La carta que me ha entregado tu enviado Javier Arnal, firmada por Fernando Polack, ingeniero de caminos, fechada en Roma a 7 de mayo pasado, me ha dejado perplejo tras su primera lectura. Pero después de meditarla muy seriamente he llegado a la conclusión de que me estáis tomando el pelo.

Lo que te respondo es muy serio: yo siempre he actuado de buena fe y de todo corazón y observo con desazón y estupor que no sois capaces de comprender la hidalguía de un comportamiento que, como el mío, lo ofrezco siempre sin dobleces, ante los que están arriba y los que están abajo.

Vuestra prepotencia "heredada" hace imposible que lleguéis a daros cuenta del dolor y sufrimiento de muchas personas. Yo he optado dejaros por imposible. De ahora en adelante, actuaré en conciencia, como considere más conveniente. Trataré con todas mis luces y con todos los medios y aliados de que dispongo de contrarrestar el daño que tanto mi tío Josemaría como vosotros, sus hijos, habéis hecho y continuáis haciendo a muchas personas inocentes y confiadas, que sólo se dejan guiar e influir por las apariencias.

Sólo le pido a Dios que os ilumine para que se produzca en vosotros el milagro necesario para que podamos todos pensar que la Obra de Dios es vuestra Obra. Yo ya no me lo creo. No obstante, seguiré rogando por todos vosotros directamente a Dios Todopoderoso, sin implorar la intercesión de nadie y mucho menos la de mi tío José María Escrivá Albás.

Con la máxima comprensión para todos vosotros, recibe un cariñoso saludo.

Entretanto, seguía esperando una respuesta que ya no llegaría a mi comparecencia ante el Arzobispado. Como me había marcado, debía agotar todas las vías. Estaba decidido a hacer llegar a Su Santidad Juan Pablo II mi parecer, mi punto de vista, mi experiencia, aunque en una ocasión, al comentarle a un numerario del Opus Dei mi pretensión respondió arrogante: "¿Y tú quién eres para escribir a Su Santidad?" Sólo pude contestar: "¿Y vosotros quiénes sois para dirigiros a Dios todos los días y llamarlo de tú?"

Zaragoza, 12 de junio de 1991.

Santidad:
Me dirijo a Vuestra Santidad por ser sobrino de monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás, a quien recientemente declaró Venerable por la heroicidad de sus virtudes.

Por este motivo paso a manifestar mi identificación: Carlos Albás Mínguez, de 57 años, católico, abogado, separado, padre de cuatro hijos y con domicilio en Zaragoza, calle Isaac Peral, núm. 1, 5.

Inicialmente quiero dejar constancia de mi extrañeza al no ser llamado como testigo, e incluso de oficio, por el parentesco y la convivencia que he tenido con mi tío Josemaría.

Recuerdo que tendría yo 13 o 14 años cuando por primera vez tuve noticia de la existencia de mi tío Josemaría. Vivía en Jaca y un día mi padre subió diciéndonos: "Mirad qué librito me han regalado. Lo ha escrito mi primo José María Escrivá Albás, el hijo de tía Lola, ha hermana pequeña de mi padre." Cuando me llegó el turno recuerdo que le di un vistazo. Era la primera edición, pero no pasé del quinto punto; me fui a jugar con mis amigos. Corría el año 1948. Veinte después de la fundación del Opus Dei. Pos teriormente, cuando estudiaba primer curso de derecho en la Universidad de Zaragoza, mi compañero José María Arias Aspiazu, numerario del Opus Dei, al que posteriormente ordenaron sacerdote (hoy está casado y tiene dos hijos), fue quien me invitó a ir a la residencia Miraflores. Al principio iba sólo los sábados por la tarde a los retiros espirituales, después al cine los domingos, luego a estudiar todos los días en una sala perfectamente acondicionada donde me ocurrió la siguiente anécdota: estaba estudiando y entró el entonces cardenal Roncalli, que estaba hospedado en la residencia, ya que era muy simpatizante de la Obra y amigo personal de mi tío Josemaría. Preguntaba a todos los que estábamos allí estudiando sobre nuestras carreras y nuestros nombres, y al decirle yo que me llamaba Carlos Albás me preguntó si era pariente del Padre. Le contesté que sí, que él era primo hermano de mi padre. A lo que me dijo: "Tienes que estudiar mucho y ser muy bueno, tu tío es un gran santo." Como es lógico, me quedé impresionado. Seguí con más intensidad frecuentando .la residencia, iba incluso todos los días a misa al punto de la mañana y casi sin darme cuenta estaba todo el día metido en la residencia.

Coincidió que en aquella época ha residencia Miraflores era centro de estudios del Opus Dei, por lo que más del ochenta por ciento de los residentes eran numerarios. (...)

Casi al mismo tiempo comenzó a ir a la Sección Femenina del Opus Dei mi hermana Pili, y así como yo fui poco a poco dejando de acudir, ella escribió la "Carta al Padre" e ingresó en la institución. Cuando lo comunicó en casa mi padre le dio una bofetada, la única que le dio en su vida. No obstante le compró el ajuar que era costumbre que llevase, aun cuando tuvo que pedir un crédito en el Banco de Aragón donde trabajaba de director.

Mi hermana Pili en principio se fue a Pamplona y posteriormente a Bilbao, Londres, Dublín y Roma. Cuando escribía siempre pedía a mis padres que fueran a los cursos de retiro y al ropero. Mi padre, por complacerla, fue algunas veces, y me pedía que le acompañase. Fui varias veces con él, pero al ver que la mayoría de los que se presentaban lo hacían por rodear a José Joaquín Sancho Dronda, inicialmente director general del Banco de Aragón y posteriormente director general de la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, dejó de ir mi padre, pues no parecía serio.

Unos años más tarde surgieron en el seno de toda la familia Albás fuertes discusiones por el cambio de nombre de mi tío, José María Escrivá Albás, por el de Josemaría Escrivá de Balaguer, que como es lógico, molestó a todos sus parientes. Nosotros siempre defendimos la versión del cambio de apellido por satisfacer a mi hermana Pili, que continuaba de numeraria y llegamos incluso a tener enfrentamientos con el resto de nuestra familia, hermanos, primos y sobrinos de mi padre.

Cuando logró el título de marqués de Peralta ya fue un verdadero escándalo que nadie entendió, aun cuando exteriormente defendíamos la versión que nos habían dado los miembros de la Obra. Mi tío José María jamás nos dio la menor explicación de por qué había sacado el título de marqués de Peralta, ni tampoco el de barón de San Felipe para su hermano Santiago. A pesar de ello, jamás le hicimos pregunta alguna, como tampoco sabíamos a qué rama de la familia pertenecían, si a Escrivá Corzán o a los Albás Blanc.

Mi hermana Pili fue trasladada de Roma a Barcelona y convenció a mi hermano Pascual, que estuvo varios años trabajando en la delegación de mi empresa en Barcelona, ya que quería irse a Sudamérica a hacer fortuna -para que no se marchase le envié dinero y la estructura jurídica necesaria para montar la delegación- para ingresar en el Opus Dei a través del Centro Cultural Brafa, de Barcelona.

En el mes de octubre de 1960, con motivo de nombrar "doctor honoris causa" de la Universidad de Zaragoza a mi tío, le conocí personalmente; el día 21, en el paraninfo de la Facultad de Medicina, en donde estuve presente en el acto de investidura, no tuve ninguna oportunidad de acercarme a él, sólo pude verle de lejos. Fue en la jornada siguiente cuando vino a casa de mis padres, tras infinidad de llamadas telefónicas. Finalmente nos comunicaron que el Padre vendría a vernos, y después de preparar por parte de mi hermana Pili todo aquello que pudiera gustarle, estuvimos esperándole mi hermano Pascual y yo en el portal durante más de una hora siguiendo indicaciones de mi hermana Pili. Al final llegó en compañía de Álvaro del Portillo, y por indicación de mi hermana le llamé "Padre", cuando a todos mis tíos los llamaba de tú y "tío", aun siendo sacerdotes y hermanos de mi abuelo. Lo hice por complacer a mi hermana. Pero lo que más me extrañó fue que no me indicase lo contrario. Subí en el ascensor con él y Álvaro del Portillo; mi hermano Pascual, que ya era de la Obra, se marchó por la escalera para avisar a mis padres, al objeto de que salieran a esperarlo en el descansillo. Subiendo en el ascensor me hizo una pregunta: "¿Qué tal estáis?", a lo que respondí que algo preocupados. En tres años habíamos operado dos veces a mi madre, quitándole los dos pechos y pensando que podría tratarse de cáncer. Pero él me cortó secamente: "Cállate, no digas tonterías." Yo ya no me atreví a volver a dirigirle la palabra.

Al salir del ascensor se fundió en un abrazo con mi padre, saludó a mi madre y mis hermanos, y entrando en el comedor-estar, al ver un sillón más grande que los demás, dijo: "Este sillón seguro que lo tenéis reservado para mí." Y se sentó. Estuvo un rato hablando con mi padre y volviéndose a mi madre le dijo: "Concha, yo nada tengo y por tanto nada te puedo dar, pero toma el rosario con el que rezo todos los días." Metiéndose la mano en el bolsillo de la sotana con mucho énfasis, se lo entregó mientras que mis hermanos Pili y Pascual, de la Obra, comentaban: "Que se lo da, que se lo da..."

Mi madre quiso saber si daría la comunión en la misa que celebraría al día siguiente en la iglesia de San Carlos, contrariándola en su deseo: "Cómo voy a dar la comunión, tardaría mucho tiempo."

A los pocos minutos, Álvaro le dijo: "Padre, nos espera el arzobispo Morcillo." Mi tío se levantó y advirtió: "Sí, vámonos, porque Morcillo estará frito."

Se despidió en la puerta diciendo: "Rezad mucho por mí, que soy un pobre pecador que ama locamente a Jesucristo."

Al día siguiente, mi madre fue temprano al Pilar con intención de comulgar, ya que en la misa que posteriormente celebraría mi tío José María no daría la comunión, pero resbaló y se rompió la cadera. Mi tío ni fue a verla, y que yo sepa tampoco se interesó por ella. Ya no volví a verlo hasta después de mi matrimonio, y sí sé que contestó a mi padre una carta con motivo de mi boda, en la que decía: "Junto a la bendición preciosísima del Papa Paulo VI va también la mía, y la seguridad de que encomiendo los nuevos esposos a Dios Nuestro Señor y a Nuestra Madre Santísima, para que formen un hogar cristiano y feliz. El sacerdote que los case puede leer el telegrama desde el altar porque el Santo Padre envía también su Bendición a los que asisten a la ceremonia."

Mi mujer, Charo Vives, era y es supernumeraria; su hermana Isabel, numeraria, y tengo que reconocer que yo conocía la situación, ya que fue mi hermana Pili quien me las presentó.

En el año 1966 mi hermana Pili perdió su vocación y decidió salirse del Opus Dei; los motivos sólo ella debe exponerlos y creo que como sobrina también debe ser llamada a testificar en la Causa de Canonización, actualmente en examen para la Causa de los Santos. La salida de la Obra de mi hermana fue una situación embarazosa para mí; mi hermano Pascual continuaba en ella y hacía lo posible para que mis padres no la recibiesen en casa; y por su parte, mi ex mujer, supernumeraria, y su hermana, numeraria, me presionaban para que no la ayudase. No obstante, libremente tomé la decisión de ayudarla. Hoy sigo creyendo que en conciencia obré bien, al igual que mis padres al acogerla. Mi tío José María jamás hizo comentario alguno a mis padres sobre estos hechos.

A pesar de ello, cuando vino mi tío Josemaría a Pamplona, a la Universidad de Navarra, nos trasladamos a verle mis padres, mi ex mujer y mi hermana Conchita, que ya era de la Obra. En Pamplona estaba mi cuñada Isabel y decía que no nos recibiría; yo no lo entendía; llamé por teléfono, pregunté por Álvaro del Portillo, le comenté que estábamos en Pamplona con mis padres ex profeso para ver a mi tío José María, y es de justicia señalar que en el mismo instante me comunicó que nos presentásemos cuando quisiéramos; que no faltaba más, que seguro que nos recibiría. Y así fue; estuvimos con él no más de cinco minutos y nos volvimos a Zaragoza. Del contenido de la conversación no recuerdo nada, posiblemente no tuve tiempo para enterarme.

La siguiente ocasión fue ya en Barcelona. Marchamos con mi suegra y mi hermano Luis y su mujer; mi cuñada Isabel, numeraria, consiguió que nos recibiera. En dicha entrevista, al no estar mis padres, yo era el mayor de la familia y también quien más veces había estado con él. Después de una gran espera, Isabel, a gritos por los pasillos, decía: "Los parientes del Padre que pasen a esta sala, que los va a recibir. " Pasamos con mucha más gente, y cuando llegó el turno de presentarle a mi suegra respondió de forma airada y levantando la voz: "Aquí no hay suegras." Como es lógico, yo no volví a abrir la boca; se dirigió a mi hermano Luis, supernumerario de la Obra, y a su mujer, les dio la bendición y nos fuimos.

La última vez que vi a mi tío José María fue en Barbastro, un mes antes de su muerte, con motivo de nombrarle "hijo predilecto de Barbastro". Con mi ex mujer y mis tres hijos le esperábamos en la antesala del salón de actos del Ayuntamiento. Cuando subió le pregunté si se acordaba de mí; me dijo que sí, me dio un abrazo, un beso a Charo y a mis hijos, les hizo la señal de la cruz en la frente y ya no volví a hablar más con él. Sí que estuve presente en el acto oficial con Álvaro del Portillo y con Javier, su secretario particular. A los 30 días exactamente nos en teramos de que había fallecido en Roma.

Referente a la actuación de nuestro tío José María con el resto de los familiares Albás me abstengo de manifestarme ya que ellos están en condiciones de testificar con más autenticidad. Lo que sí quiero declarar es que presiento que mi tío José María no perdonó a la familia Albás la ruina económica de su padre, o bien consideró que los Albás no los ayudaron posteriormente lo suficiente.

También he tenido conocimiento de que algunos de los primeros miembros del Opus Dei, que posteriormente se han salido, no han sido llamados a testificar en esta causa, aun cuando vivieron muy intensamente la Fundación de la Obra.

Santidad: creo que con lo redactado es suficiente para tratar de profundizar con mayor precisión en el análisis de la vida y milagros de mi tío José María; y en paz conmigo mismo, pues así me lo han aconsejado muy diversos sacerdotes, seglares y de distintas órdenes y congregaciones.

En la creencia de cumplir con un doloroso deber de conciencia y con el convencimiento de que en cualquier caso siempre se hará la justa voluntad de Dios.

Humildemente y postrado ante Su Santidad pide su bendición este hijo fidelísimo que quiere vivir y morir en Paz de Dios,
CARLOS ALBÁS MÍNGUEZ

Consideré oportuno, también, recurrir a los medios de comunicación. Mis declaraciones en el diario "El País" coincidieron con las del eminentísimo cardenal Tarancón, quien manifestaba su sorpresa por la rapidez inusitada del proceso de mi tío José María. Al poco, en la revista "Tiempo", anuncié mi intención de crear una fundación para ayudar económicamente a los miembros de la Obra que al cabo de los años salen desorientados, sin recursos económicos y después de un intenso sufrimiento. Siguiendo la costumbre de la Obra, volvieron a tergiversar las declaraciones relacionándolas con mi situación económica.

Hasta entonces, aunque la relación había llegado a un punto de deterioro absoluto tras las acusaciones vertidas por mi hermano Luis, siempre se había mantenido en un plano más o menos privado. Sin embargo, en julio de 1991 me encontré con la sorpresa de leer reproducida en los diarios "El País" y "El Periódico de Aragón" una misma carta de respuesta a mis manifestaciones recogidas en entrevistas concedidas a esos medios de comunicación:

ACLARACIONES SOBRE ESCRIVÁ DE BALAGUER

El pasado día 18 de julio de 1991 aparecían en su diario unas declaraciones de mi hermano Carlos Albás sobre el fundador del Opus Dei que son contrarias a la verdad y no reflejan el afecto y cariño que mis padres sentían por monseñor Escrivá de Balaguer.

La situación que está atravesando mi hermano, que él mismo relata públicamente, así como la compresión y el cariño que le tengo, me llevaron a no rectificarle inicialmente; sin embargo, al reiterar sus opiniones y afirmaciones me veo en la obligación de escribir estas líneas para restituir la verdad y la buna fama dañadas por las declaraciones que hace.

Mis padres y hermanos vimos al fundador del Opus Dei en algunas ocasiones. Una de ellas con motivo de la visita que hizo al domicilio de mis padres. Otras veces, con motivo de actos públicos, en que recibió a la familia privadamente.

Mi padre y monseñor Escrivá tuvieron la relación propia de primos hermanos que se trataron en la infancia y se separaron muy pronto, viviendo luego en ciudades distintas. Sé del afecto y respeto de mis padres hacia el fundador del Opus Dei, que nos transmitieron y acogimos todos los hermanos.

Recuerdo también las visitas que hicieron a mi padre de la vicepostulación del Opus Dei, para solicitar información de la familia de lo vivido en la niñez. Antes de su fallecimiento, ocurrido en 1979, mi padre entregó a dicha vicepostulación el testimonio, lleno de veneración y cariño, de sus recuerdos personales de monseñor Escrivá de Balaguer.

Lamento mucho verme obligado a escribir esta carta, pero me ha parecido necesaria para evitar el daño a la verdad y la confusión que podrían producir declaraciones como las que su diario ha publicado.

Luis ALBAS (Zaragoza)

Para mí ya fue suficiente esa incitación que sobrepasó los límites mínimos del respeto debido entre hermanos y respondía del modo que estimé conveniente en el mes de agosto:

RÉPLICA A LUIS ALBAS

Con verdadera sorpresa he leído las cartas que se han publicado en los periódicos El País y El Periódico de Aragón.

El que me insultes y me llames mentiroso sabes que no me preocupa, sobre todo conociendo tu pertenencia al Opus Dei como supernumerario; te perdono ya que no puedes hacer otra cosa que cumplir con la obediencia que exige dicha institución. Como bien sabes fui el primero de la familia en conocerla, antes incluso de que nuestra hermana Pili se saliese después de estar quince años en la Obra y conseguir que nuestro hermano Pascual escribiese la carta al "Padre" e ingresase como agregado en Barcelona. Como todos estos datos ya los he relatado a Su Santidad el Papa Juan Pablo II con fecha 12 de junio -en su momento te di la carta a leer-, creo que no es necesario volver sobre ello.

Referente a la actuación de nuestro tío José María con el resto de los familiares Albás, me abstengo de manifestarme ya que ellos están en condiciones de testificar con más autenticidad. Lo que sí quiero manifestar nuevamente es que presiento que nuestro tío José María no perdonó a la familia Albás la ruina económica de su padre o bien que consideró que los Albás no los ayudaron posteriormente lo suficiente. También presiento que la mayor relación que tuvo nuestro tío José María con nuestros padres respecto a la que tuvo con sus tíos, Carlos y Vicente, sacerdotes, y Florencio, farmacéutico, así como sus relaciones con otros primos hermanos Albás, Camo y Lafuente, fue debida en primer lugar a la pertenencia al Opus Dei de nuestros hermanos Pili y Pascual y a la simpatía que todos siempre demostramos. Por otra parte, al casarse su hermano Santiago no les debió de parecer bien la no asistencia de ningún familiar a la boda, ya que como bien sabes sólo asistimos nuestros pdres, tu hermano Pascual y yo, eso sí, sólo a la ceremonia, no siendo invitados como todos los demás al banquete de bodas.

Respecto a mis problemas económicos sufridos en los últimos años, tú mejor que nadie sabes las causas y si me obligas las tendré que sacar a la luz pública.

Ha caído en mis manos un libro editado por la Conferencia Episcopal Española en 1990 con el título "La verdad os hará libres".

CARLOS ALBAS (Zaragoza)

A través de los medios de comunicación recibí la noticia del decreto de S.S. Juan Pablo II. Suponía el fin del proceso de beatificación y la atribución a mi tío de la intercesión en un milagro. Ya sólo faltaba fijar la fecha. Por mi parte, seguía esperando alguna respuesta a mi comparecencia en el Arzobispado o a la carta dirigida al Papa, pero a mis manos sólo llegó:

Vaticano, 7 de agosto de 1991.

N. 287.989

La Secretaría de Estado presenta atentos saludos y tiene a bien comunicar que el escrito enviado, con fecha del pasado día 12 de junio, ha llegado regularmente a su destino.
SECRETARÍA DE ESTADO

Ateniéndome únicamente a mi compromiso, proseguí mi batalla particular y remití a los 73 obispos, arzobispos y cardenales españoles la siguiente carta acompañada de los documentos que podían apoyar mis tesis:

Excelentísimo monseñor:

Me dirijo a V. E. con motivo de la beatificación de mi tío José María Escrivá de Balaguer y Albás, fijada por S. S. el Papa Juan Pablo II para el I7 de mayo de 1992.

Por considerar que pueden ser de interés para V. E. adjunto las fotocopias de mis comparecencias en el Arzobispado de Madrid, las cartas enviadas a S. S. el Papa y al eminentísimo cardenal de la Secretaría de Estado, así como de la comunicación que recibí de dicha Secretaría y fotocopia de otras cartas y documentos relacionados con el contenido de mi relato.

El 22 de julio pasado mantuve una larga entrevista con el Excmo. y Rvdmo. arzobispo, quien después de escucharme y de leer detenidamente los documentos que le entregué me dijo que sentía no poder ayudarme, pues conocía poco el Opus Dei, no puso objeción a nada de lo que estaba haciendo y me regaló el libro editado por la Conferencia Episcopal Española de 1990 "La verdad os hará libres".

Quien ha conocido a mi tío José María sabrá de su teatralidad, que él mismo reconoció en diversas ocasiones y que quedan reflejadas en las biografías escritas por miembros del Opus Dei. Por ejemplo la escrita por el alemán Peter Berglar, numerario, médico y escritor de renombre internacional, "Opus Dei. Vida y obra del Fundador Josemaría Escrivá de Balaguer", en la que en las páginas 91 y siguientes recoge textualmente las palabras que el Fundador dijo durante su viaje a Iberoamérica en 1974, donde volvió a hablar de los motivos por los que "actuó así" en aquellos tiempos.

Tengo que manifestar que en todas las ocasiones que he estado con mi tío y en las películas que de él he visto siempre me ha parecido que "estaba actuando", "en escena". Recuerdo que cuando llegó a casa el abrazo en silencio de varios minutos con mi padre nos sobrecogió. La forma como regaló a mi madre el rosario que llevaba, el énfasis que puso al entregarlo, consiguiendo que mis hermanos Pili y Pascual, que pertenecían al Opus Dei, manifestaran en voz alta, con júbilo y extrañeza, "que se lo da, que se lo da". Para mis hermanos era ya la reliquia de un gran santo, para mí, el regalo de un rosario. Recuerdo la misa que celebró en la catedral de Pamplona, en la que a los dos lados del altar se habían puesto varios mineros con uniforme y con casco (era la época en que tildaban de elitista al Opus Dei); y para finalizar, la última vez que estuve con él en Barbastro, un mes antes de su muerte -yo no sabía que en los años finales no veía casi-, cuando le pregunté si se acordaba de mí me contestó afirmativamente, aunque luego me extrañó que no preguntase por mis padres.

Por otra parte, en dos ocasiones, una de ellas hace más de cuarenta años, dos eminentísimos cardenales me comunicaron ya en vida de mi tío que era un gran santo; la primera -ya la relaté a Su Santidad el Papa- fue con el eminentísimo cardenal Giusseppe Roncalli, posteriormente elegido Papa Juan XXIII. Y la que paso a relatar me ocurrió en 1968, con el eminentísimo cardenal don José María Bueno Monreal, amigo de mi padre y quien me administró el Sacramento de la Confirmación en la diócesis de Jaca. Estando en la Feria Iberoamericana de Sevilla, anunciaron la visita del cardenal Bueno Mon real, y al ser presentado vi que no se daba cuenta de mi apellido y le dije: "Su eminencia fue el primer cura que me dio una bofetada." Sorprendido y sonriente me preguntó: "¿Cómo te llamas?" Al contestarle que Carlos Albás, me volvió a preguntar: "¿No serás hijo de Pascual Albás?" Le dije que sí, me dio un fuerte abrazo y me preguntó por mis padres y hermanos, pero también agregó que era muy amigo de mi tío José María Escrivá, un gran santo.

Hay que darse cuenta de los esfuerzos que tanto mi tío Josemaría como sus hijos han realizado a lo largo de los años ante las autoridades eclesiásticas, no sólo para conseguir las aprobaciones que el Opus Dei ha logrado, sino también para hacer ver a mi tío que ya en vida era un gran santo.

También yo durante muchos años creí en mi tío Josemaría, en su obra y en su doctrina, a pesar del comportamiento que tuvo con la familia Albás-Blanc, a la que no perdonó su actuación con motivo de la ruina económica de sus padres, o bien el que posteriormente no los ayudase lo suficiente. Aun en el caso de que tuviese razón, tenía que haber perdonado.

Trece años después de la muerte de mi tío Josemaría, me arruiné económicamente -debe de ser de familia, pues mis abuelos se arruinaron también pocos meses después que los padres del Fundador-. Es entonces, al ver el comportamiento para mí incomprensible de los miembros del Opus Dei, lo que me llevó a escribir al actual prelado, don Álvaro del Portillo. En noviembre del mismo año me entrevisté con un enviado de Álvaro del Portillo, Javier Arnal, quien me comunicó que venía de Roma y que don Álvaro le había dicho que no podía hacer nada. No comprendí. Yo sólo le pedía orientación y consejo y que intercediese ante mi hermano Pascual, agregado del Opus Dei, para que dejase de injuriarme, y ante mi ex mujer, supernumeraria, para que pidiese a mis hijos mayores que se comportasen y cumpliesen con el cuarto Mandamiento.

Es a partir de ese momento cuando empecé a no entender al Opus Dei y a leer libros críticos con la Obra y con mi tío José María, como "Vida y milagros del fundador del Opus Dei", "Anexo a una historia", de María Angustias Moreno, ex numeraria del Opus Dei; "Historia oral del Opus Dei"; o la ponencia que presentó en la Universidad Complutense en 1980 con el título de "Sectas católicas: el Opus Dei", Alberto Moncada, ex numerario. Igualmente mantuve conversaciones no solamente con las personas citadas, sino también con otros periodistas que habían escrito sobre el Opus Dei, como Santiago Aroca, de la revista "Tiempo" y Luis Algorri, del diario "El Independiente".

También me entrevisté con numerosos ex miembros de la Obra, entre ellos Miguel Fisac, arquitecto, uno de los primeros del Opus Dei y que en 1937 pasó con mi tío Josemaría los Pirineos huyendo de la zona roja. Con Antonio Pérez Tenesa, sacerdote y consiliario del Opus Dei en España, cuya entrevista en su despacho me causó un profundo dolor. Le conté las vicisitudes que me estaban ocurriendo y la actuación que estaban teniendo todos los miembros del Opus Dei, a los que había acudido para que me aconsejasen. También le manifesté mi incomprensión por la actuación de don Álvaro del Portillo, en principio por no recibirme en Torreciudad y segundo al no con testar a mis cartas. Me escuchó en silencio y cuando terminé me dijo una sola frase que me dejó helado: "Para ellos tú ya estás muerto."

Y al ver mi perplejidad me explicó: "No es nada nuevo. Aquel que se sabe del Opus Dei, o sin pertenecer ha tenido mucho contacto, ha convivido con ellos, ha colaborado y en un momento, por la causa que sea, no está de acuerdo con algo, que lo expone y no rectifica, no hace lo que ellos quieren, y ya no digo si critican a la Obra, al Fundador o a cualquiera de sus miembros más destacados, para ellos ha muerto, ya no existe, no se vuelve a hablar de él o de ella. Y lo justifican porque dicen que es mejor que esté muerto que en caminos equívocos, y, claro está, todos los caminos están equivocados menos el suyo. Siempre están en posesión de la verdad." Entonces exclamé: "Pero eso es monstruoso, no puede haber mayor soberbia." Me contó que él había colaborado muy de cerca con el Padre Escrivá durante muchos años y que su gran pecado era la soberbia. Me habló de los títulos de marqués de Peralta y de barón de San Felipe, las continuas alusiones que hacía a que era descendiente de san José de Calasanz, y también que al no poder obtener el título para la boda de su hermano Santiago, le hizo caballero del Santo Sepulcro para poder casarlo con un uniforme distinto al de la mayoría; me dijo que el Opus Dei era una obra clasista, medieval, una Obra para ricos e intelectuales; me contó las diferencias entre los numerarios y los agregados, la separación que los obligaba a tener, a mantener distancia entre ellos, lo déspota que había sido y sobre todo su orgullo, su falta de humildad. Me comentó que con frecuencia solía decir: "Fijaos, durante vuestra vida conoceréis varios Papas, pero fundadores del Opus Dei sólo uno." (Al escucharle se agolpaban mis recuerdos de las pocas ocasiones que estuve con él y salía a flote todo aquello que hasta entonces me había pasado como hechos insignificantes.) En ningún momento defendió la Obra, aunque reconoció que tenía algunas cosas buenas. Afirmó que sin duda alguna canonizarían al Fundador: "La Iglesia católica canoniza siempre a todos los fundadores y fundadoras, por pequeños que sean, y el Opus Dei les interesa mucho, tanto económica como culturalmente, y sobre todo por el poder que tienen."

Durante varios meses no quise ya hablar con nadie más que hubiese pertenecido al Opus Dei; esta entrevista para mí fue un mazazo; pasé mucho tiempo pensando y meditando, y el 19 de marzo de 1991, día del Padre y festividad de San José, escribí "Condenado a la soledad". Posteriormente comencé a contar lo relatado a sacerdotes de parroquias, seglares y en iglesias de distintas órdenes y congregaciones religiosas, y sin excepción me decían que tenía la obligación moral de comparecer en el proceso de beatificación de mi tío Josemaría y prestar mi declaración. El día 1 de mayo, que empieza el mes de la Virgen María, escribí "Para toda la eternidad", y el 19 de mayo, Domingo de Pentecostés, escribí "Y los muertos resucitarán..."

El 27 de mayo me entrevisté con Javier Arnal, enviado de don Álvaro del Portillo, quien me había llamado para entregarme personalmente una carta del Padre; vino de propio desde Zaragoza a Madrid, me dio la carta, la abrí en su presencia y resultó que no era de don Alvaro, sino de un tal Fernando Valenciano Polack, ingeniero de caminos, fechada en Roma; me quedé sorprendidísimo pero no hizo comentario alguno. La leí varias veces, la medité y es entonces cuando escribí a don Alvaro.

Con anterioridad, el 31 de mayo de 1991, había comparecido en el Arzobispado de Madrid y al llamar, a los seis días, como me indicó el sacerdote que me atendió, nuevamente fui sorprendido cuando me pregutó que quién había leído el escrito en el que se hacía constar mi comparecencia, ya que el eminentísimo cardenal Su quía se había enterado y le había preguntado. Le contesté que solamente lo había enseñado a mi tío Santiago Escrivá de Balaguer, hermano del Fundador, a quien le conté todo lo que estaba ocurriendo.

Por todos estos motivos y al no recibir contestación de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, decidí escribir a Su Santidad. Al leer el 7 de julio en los medios de comunicación el decreto promulgado por el que se aprobaba un milagro atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, decidí recurrir a la prensa, a la radio y a lo que hiciera falta.

Como católico siento gran responsabilidad a la hora de tomar decisiones, como las que estoy adoptando. Hay quien ha llegado a decir que con mi actuación estaba haciendo un flaco servicio a la Iglesia católica. Pero también es cierto que muchas o iras personas católicas y con rectitud de intención me animan, porque mucho más daño puedo hacer si no actúo como lo estoy haciendo.

En la creencia de cumplir con un doloroso deber de conciencia y con el convencimiento de que en cualquier caso siempre se hará la voluntad de Dios.

Humildemente pido a V. E. sus oraciones para que el Espíritu Santo nos ilumine y podamos vivir y morir en Paz de Dios.

Pide su bendición y le saluda atentamente,

CARLOS ALBÁS MÍNGUEZ

Entre las respuestas que fui recibiendo paulatinamente he seleccionado las más sugerentes, por la relevancia del cargo o simplemente atendiendo a la posición que adoptan, de cierto compromiso y muestra de fraternidad, o una posición de distanciamiento y desconocimiento, la nota general. Empecemos por el cardenal arzobispo de Madrid-Alcalá y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ángel Suquía.

Madrid, 21 de diciembre de 1991.

Querido Carlos:
Aunque sea con retraso, debido a mi larga estancia en Roma, con motivo del Sínodo de Obispos sobre Europa, y después de la visita, ad limina, no quiero dejar de enviar estas líneas contestando a su carta. Le agradezco de veras su confianza al escribirme, así como toda la información que ha tenido a bien enviarme.

Reciba mi saludo cordial, junto a mis oraciones, al tiempo que yo también me encomiendo a las suyas. En estas fechas, no quiero dejar tampoco de desearles de todo corazón, a usted y a los suyos, una Feliz Navidad y Año 1992. Quienes hemos conocido la alegría inmensa del Nacimiento de Cristo sabemos que en El está, justamente, la fuente de la felicidad y el gozo verdaderos. Reciba mi saludo cordial.
Con sincero afecto,
ÁNGEL, cardenal SUQUÍA

En un tono semejante, quizá más distante, se expresó el obispo auxiliar y vicario general de Madrid.

Madrid, 29 de noviembre de 1991.

Muy señor mío:
Acuso recibo, por la presente, de la suya de fecha 18 c/tes y del material adjunto en relación con el Venerable José María Escrivá de Balaguer.

Poco puedo aportar al respecto, ya que en nada he intervenido en este proceso de Beatificación. La Iglesia tiene señaladas sus normas, como usted bien sabe, a fin de que, en tema de tanta importancia, se haga intérprete mediante sus decisiones, de los designios del Señor

Aprovecho la oportunidad para expresarle mis mejores sentimientos de estima.
Luis GUTIÉRREZ

Esas distancias marcadas ante la aportación de mi testimonio, sin embargo, encontraron un cobijo y un eco en el obispo de San Sebastián.

San Sebastián, a 30 de noviembre de 1991.

Muy Sr. mío:
Recibí hace unos días su carta y, con ella, el material que la acompañaba, relativo a la anunciada beatificación de Dn. José M. Escrivá, señalada para el próximo día 17 de mayo de 1992.

Es éste un tema de importancia y, para algunos sectores de la Iglesia, de no ocultada preocupación. Le agradezco, por ello, la atención que ha tenido conmigo al enviarme una documentación proveniente de quien tan próximamente le trató.

No es fácil prever el futuro ni hacer valoraciones que escapan a nuestra inmediata responsabilidad. Por encima de todo ello creemos en la presencia del Espíritu que conduce a su iglesia a fin de que pueda cumplir su misión de anunciar el auténtico Evangelio de Jesucristo.
Un afectuoso saludo.

JOSÉ MARÍA SETIÉN, obispo

Pero no fue el único. Con igual alegría tuve en mis manos la "rectitud" que atribuyó a mi actitud el obispo de Canarias, Ramón Echarren.

26-IX-91.

Querido Carlos:
Muchísimas gracias por su carta que he leído con todo detenimiento. Me ha impresionado mucho. Mañana mismo (hoy no tengo tiempo puesto que ayer llegué de Roma, de la visita ad limina, y de Madrid, de la Asamblea de la Conferencia Episcopal) leeré despacio todo su escrito.

En todo caso, no dudo en absoluto de su rectitud de intención y de su amor a la Iglesia.

Cuente con mi oración. Yo también quería mucho a Mn. José María Bueno Monreal. A su José María Escrivá no le conocí: tal vez por ello nunca he tenido un juicio formado sobre su persona.

Reciba, con mi bendición, un saludo lleno de afecto.
RAMÓN

El 12 de octubre del mismo año insistí ante el cardenal de la Secretaría de Estado del Vaticano invitándole a tomar en consideración mi testimonio y el de aquellas personas que quedaron al margen del Proceso y podían arrojar luz sobre la Obra y su fundador.

Eminentísimo cardenal:
Quiero agradecer el acuse de recibo que la Secretaría de Estado me ha enviado con motivo de la carta que con fecha del 12 de junio de 1991 envié a Su Santidad el Papa Juan Pablo II y en el que se me comunicaba que había llegado regularmente a su destino.

Quiero manifestar mi extrañeza al enterarme por los medios de comunicación que Su Santidad ya había fijado la fecha del 17 de mayo de 1992 para la beatificación de mi tío JOSEMARIA ESCRIVÁ DE BALAGUER Y ALBAS.

Como católico siento no haber recibido noticias de mi comparecencia en el Arzobispado de Madrid el 31 de mayo de 1991, en la que hacía constar mi deseo de aportar mi declaración en ha Causa de Canonización en examen por la Congregación para has Causas de los Santos (Protocolo 1339), aportando para su estudio fotocopias de diversos documentos y cartas, con objeto de ver si esa Congregación consideraba oportuno acceder a mis deseos.

Debo recordar el artículo 18 de las normas dictadas por ha Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, que han de ser observadas por los obispos que intervienen en el proceso: "Artículo 18: Indúzcanse en primer lugar como testigos los consanguíneos y afines del Siervo de Dios y otros que con el mismo hayan tenido familiaridad o trato."

En ha carta que dirigí a Su Santidad el Papa Juan Pablo II hacía constar mi extrañeza al no haber sido llamado incluso de oficio, por el parentesco y la convivencia que he tenido con mi tío JOSEMAR!A.

Al mismo tiempo le manifestaba a Su Santidad que había tenido conocimiento de que algunos de los primeros miembros del Opus Dei, que acabaron abandonándolo, no han sido llamados a testificar en esta Causa, aun cuando vivieron muy intensamente su fundación.

Suplicando humildemente sean tenidas en consideración todas mis manifestaciones y al objeto de que el citado Proceso no pueda viciarse, quedo a ha espera de recibir la adecuada contestación a estas exposiciones.
Pidiendo su bendición, be saluda atentamente.

CARLOS ALBAS

A los pocos meses tuve mi último contacto con un miembro de la Obra perteneciente a su cúpula. Nuevamente el enviado de Alvaro del Portillo, Javier Arnal, volvía a aparecer en escena. Se personó en Madrid y me invitó a comer, preguntándome por las pretensiones que me movían a actuar como lo estaba haciendo. En primer lugar, sacó a relucir la notoriedad. El sabía perfectamente que no era ése mi objetivo. En reiteradas ocasiones le había manifestado mi intención de entrevistarme con Alvaro del Portillo para clarificar las actuaciones de los miembros del Opus Dei con sus discrepantes y hacerle ver que las persecuciones que llevaba a cabo con determinadas personas no se distinguían precisamente por su ética cristiana. Sacó a relucir el dinero. Pero volvía a contrariarle. Yo no tenía ningún interés en explotar económicamente mi situación, y mucho menos de esa forma. Creo que ya habla demostrado suficientemente de qué era capaz cuando acabé arruinado. E insistí, ante las injurias que se habían levantado contra mí, en que el dinero recibido de la revista "Tiempo" se destinaría a los ex miembros del Opus Dei que a su salida se encontraban desorientados y sin recursos. No para mí. Y le hice constar que ese dinero había sido destinado a financiar todas las actuaciones que iba teniendo.

No volví a tener noticias de integrantes del Opus Dei. Aunque en una entrevista que mantuve con la ex numeraria María del Carmen Tapia -secretaria de mi tío José Maria- me aseguró que había llegado a sus oídos que mis declaraciones acerca de la beatificación estaban alimentadas por el móvil del dinero, pero que ellos se habían negado al chantaje.

Perplejo, decidí aceptar ya cualquier entrevista y desistir inicialmente de la creación de esa fundación. El 21 de noviembre de 1991, Ediciones Palabra, S. A. publicó el libro "Itinerario del Proceso de Canonización de José María Escrivá de Balaguer", presentado por el sacerdote de la Obra Jesús Urteaga y al que respondí debidamente por alusiones directas en la carta publicada por la revista "Tiempo":

Señor director:
Ruego publique esta carta al objeto de clarificar el proceso de Canonización de mi tío JOSEMARIA ESCRIVA DE BALAGUER Y ALBAS, Fundador del Opus Dei.

El libro publicado por Ediciones Palabra, S. A. el 21 de noviembre de 1991 sobre el itinerario del Proceso de Canonización, presentado por el sacerdote del Opus Dei Jesús Urteaga, en su página 29 manifiesta textualmente: "Como simple curiosidad se puede añadir que ha habido incluso quien, casi un año después de la promulgación del Decreto sobre Heroicidad de Virtudes, ha empezado una verdadera campaña de prensa, lamentando no haber sido interrogado como testigo. Con la gran resonancia que ha tenido el proceso de monseñor Escrivá, parece increíble que alguien haya permanecido al margen de todo y se presente ahora para testificar, cuando la Causa ha llegado prácticamente a su fin. En cualquier caso, también las objeciones de los rezagados no hacen sino repetir clichés y lugares comunes ya desmentidos en sede procesal."

Muy querido padre Urteaga: El "rezagado" ha explicado reiteradamente los motivos por los que no solicitó comparecer con anterioridad y que nuevamente vuelvo a relatar; el "rezagado" tenía en su "familia humana" varios miembros que pertenecían y pertenecen al Opus Dei, pero ya no a su familia "familia humana".

Desde mi comparecencia en el Arzobispado de Madrid el 31 de mayo de 1991 y posteriormente en las cartas que dirigí a Su Santidad el Papa Juan Pablo II, al eminentísimo cardenal de la Secretaría de Estado del Vaticano y a 73 cardenales, arzobispos y obispos españoles expliqué y adjunté diversas fotocopias de cartas y documentos que justificaban por sí solas la necesidad de declarar.

Pero completamente al margen de mi criterio personal, el que creo que está debidamente fundado y fundamentado, está la obligatoriedad que tienen que cumplir las autoridades eclesiásticas con todos y cada uno de los requisitos necesarios y que están establecidos en la actual Legislación sobre las Causas de los Santos, recogida por la Constitución Apostólica "Divinus perfectionis Magíster", del 23-1 -1983, y en las "Normae servandae in inquisitionibus ab episcopis faciendis in causis sanctorum", de la Congregación para las Causas de los Santos, del 7-2-1983, y en el Código de Derecho Canónico (Cans. 1 400-1 500 y 1 501-1 655).

El artículo 18 de dichas normas traducido literalmente dice: "Indúzcanse en primer lugar como testigos los consanguíneos y afines del Siervo de Dios y otros que con el mismo hayan tenido familiaridad o trato." O bien traducido del latín menos lite ralmente, pero de más fácil comprensión, dice: "Han de ser llamados como testigos, ante todo, los consanguíneos y afines del Siervo de Dios y aquellos que tuvieron amistad e intimidad con él."

Es bien patente y a todas luces vistas el incumplimiento de este artículo por la Postulación de la Causa e incluso por el juez instructor, no sólo al no citarme a mí como testigo, sino al no citar también a otros familiares con el mismo parentesco que el mío e incluso mayor. Tampoco ha citado a personas que tuvieron con mi tío Josemaría amistad e intimidad. Todo ello queda relatado en las cartas antes mencionadas.

De mis intentos de diálogo desde hace varios años con el sucesor de mi tío Josemaría, el actual prelado del Opus Dei, monseñor Álvaro del Portillo, será mejor que él te informe.

Son muchas ya las cartas que he recibido de ilustrísimos y reverendísimos obispos, así como las de un eminentísimo cardenal agradeciéndome el relato y la documentación que adjunté y enviándome su Bendición Apostólica.

Es criterio, según ya se ha manifestado, que el citado Proceso pudiera estar viciado y, por tanto, fuese necesaria la reiniciación del mismo.

Padre Urteaga, a pesar de todo, como ya le indiqué a Álvaro del Portillo, seguiré rezando por todos vosotros a Dios Todopoderoso.
Con el cariño de siempre te abraza

CARLOS ALBÁS

Tras la aparición de los últimos titulares en las prensas española e italiana sobre la polémica Causa de Santificación y las filtraciones de los documentos, he guardado los ánimos suficientes para volver a dirigirme por carta a Alvaro del Portillo, prelado del Opus Dei:

Madrid, 20 de abril de 1992.

Álvaro:
Con verdadera preocupación voy siguiendo la campaña orquestada por el Opus Dei contra todos los católicos que de buena fe y en uso de su legítimo derecho a disentir manifiestan su desacuerdo, no sólo por la "inusitada rapidez" del proceso de santificación de mi tío José María Escrivá de Balaguer, como declaraba el Emmo. cardenal Tarancón, sino también por el incumplimiento de los artículos que recogen las normas dictadas para estos procesos. El del Fundador del Opus Dei, como se ha manifestado reiteradamente, está viciado en raíz y se impone al menos la sensatez de volver a iniciarlo.

Quienes hemos manifestado nuestras críticas sobre el Fundador, sobre su Obra y sobre el Proceso de Santificación, como tú bien sabes, hemos intentado seguir los cauces adecuados y aprobados por la Santa Sede. Ante la imposibilidad de ser escuchados por el Tribunal, nos hemos visto obligados a recurrir a los medios de comunicación. Bien conoces mi comparecencia en el Arzobispado de Madrid, posterior a las cartas que en su día te escribí, y las distintas conversaciones con tu enviado Javier Arnal, sobre las que supongo te habrá informado. Conoces también la carta que en su día dirigí a S. S. Juan Pablo II, las cartas y los documentos de la Sgda. Congregación para las Causas de los Santos y a los 73 cardenales, arzobispos y obispos españoles.

De forma similar a la mía lo han intentado también numerosos católicos que durante años pertenecieron al Opus Dei y que tuvieron trato e intimidad con mi tío José María. No sólo no se les permitió declarar sino que se han encontrado con la campaña de injurias y descalificaciones a las que me referí anteriormente. Estoy hablando, por ejemplo, de Miguel Fisac, María del Carmen Tapia, María Angustias Moreno y Alberto Moncada, por no referirme detalladamente a cuantos debieron ser llamados a declarar de oficio, como Antonio Pérez, que fue secretario general del Opus Dei y consiliario en España.

Consideramos un deber cristiano seguir intentando ser escuchados en uso de nuestra libertad y en defensa de la verdad, como le gustaba repetir a mi tío José María Escrivá de Bulaguer: "Sin libertad no se puede amar a Dios." Este nuestro comportamiento en ningún momento supone un ataque a la Iglesia católica, ni a Su Santidad el Papa, como tú manifiestas en la entrevista al diario italiano "Stampa", recogida en "El País" el pasado domingo 19, sino todo lo contrario.

Veo con profundo dolor que continuáis creando confusión y faltando a la verdad con esas "medias verdades" y "prepotencias" heredadas. Con esta forma de proceder lo único que conseguís es crear un clima de confusión dentro de la Iglesia católica. La mayoría de los fieles (unos 800 millones) no saben ni siquiera qué es eso del Opus Dei (unos 75.000). La diferencia numérica es notable, aunque -eso sí- os otorga un gran poder e influencia económica y cultural, de la que no siempre usáis con la sencillez y servicio evangélico que serían de esperar. Esa gran mayoría del Pueblo de Dios que sólo entiende de ejemplo se escandaliza ante los ataques, descalificaciones, injurias y calumnías que continuamente alimentáis para desacreditar testimonios desfavorables para vosotros y que sólo persiguen hacer luz y buscar la verdad como recomendaba el Episcopado español en SU mensaje de 1990: "La verdad os hará libres."

Como te comuniqué anteriormente, seguiré rezando por ti y por todos los miembros del Opus Dei para que cumpláis el primer precepto del Decálogo de la Ley de Dios, que transcribo literalmente por silo hubieseis olvidado: "Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo." Sabes muy bien que no se ama al prójimo cuando se descalifica, injuria o calumnia. ¿No es eso lo que estáis haciendo con todos los católicos que somos críticos con el Proceso de Santificación del Fundador del Opus Dei? Con la comprensión y el cariño de siempre para ti y todos tus hijos espirituales, recibe un fuerte abrazo.

CARLOS ALBÁS

Recientemente, de forma fortuita, me encontré con Javier Arnal, enviado o "missus" de Alvaro del Portillo y director de la Delegación de la Obra en Aragón. Después de saludarle, le recriminé irónicamente las manifestaciones públicas sobre mis posibles dobles intenciones -enriquecimiento personal o chantaje a la institución-. Según la versión de los hechos que me había puesto en circulación, el fracaso de ese chantaje me habría forzado a lanzar una mentira tras otra.

En respuesta, le aseguré que no hay dinero suficiente entre todo el Opus Dei y cada uno de sus miembros para comprar la voluntad de Carlos Albás; y que por otro lado su actuación no era precisamente un alarde de inteligencia, al corroborar las sospechas que ya había hecho llegar a los obispos, arzobispos, cardenales españoles y a la misma Santa Sede.

Durante este breve encuentro le pregunté abiertamente si los miembros del Opus Dei creen en Dios. Mi opinión es negativa. Sus provocaciones, ataques directos y la forma delictiva de algunos de sus procedimientos entran en desacuerdo con la doctrina. ¿Nos os dais cuenta de que os jugáis la salvación de vuestra alma?", le lancé. Para agregar: "Javier, de nada sirve vuestro apretado plan de vida espiritual, vuestras misas, rosarios o retiros si no conduce finalmente al cumplimiento de los mandatos de Dios."

No quiso o no supo aportar una respuesta, únicamente refería que yo no sabía escuchar y que estaba equivocado. Le puse como ejemplo las declaraciones realizadas por Alvaro del Portillo y Javier Echevarría en el proceso de Santificación. "Imagino que os habrán sentado romo un tiro las filtraciones de estas declaraciones. " Tampoco hubo respuesta y le dio un viro distinto a la conversación. Quería saber de qué trataba mi libro y el momento de su puhlicacion, a la VeZ que me pedía una rectificación y sacaba a relucir a mi padre, que había dado su parecer positivo a la beatilicación. Le conteste que en el caso de que mi padre aun estuviera con vida, conociendo lo que yo ahora conozco, hubiese armado un escándalo mucho mayor, a pesar de los tres hijos que aun pertenecen a la Obra. Volvió a insistir en un nuevo encuentro para charlar sobre el asunto, pero le advertí, siempre sin negarme a una nueva conversación, que no adelantaríamos nada.

No resulta aceptable insistir en que las personas deben asumir la responsabilidad de sus actos si actúan bajo el peso de una conciencia deformada. En lo que me toca por propia experiencia resulta bastan te claro: Escrivá de Balaguer tiene dos personal idades distintas: una para sus hijos y otra para el resto de las personas que le conocieron. En consecuencia, sigue siendo completamente necesario buscar la verdad.


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