Numerari@s: nadie cuidará de nosotr@s en la Obra

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Por Vallelaencina, 26.09.2011


Hace ya un tiempo, cuando me pidieron trasladarme por motivos apostólicos a otro centro y empezar una nueva etapa como directora de esa labor, pasé por el confesionario a despedirme del sacerdote del centro. Tenía su edad y predicamento entre nosotras, gozaba de gran aprecio por su exquisito trato. Su último consejo me llegó al alma, lo tengo bien grabado y aún lo vivo como puedo: “cuídate, porque en el Opus Dei no lo hará nadie por ti”...

Su profecía se cumple al pié de la letra. Por motivos de trabajo (y de salud) dejé de ser directora. Jamás le preocupó a la delegación mi salud. En los despachos con ellas cuando aparecían por el centro, aparentemente, lo único que les interesaba eran los “números” de la labor apostólica. Entre nosotras solíamos decir que el nombre “numerarias” lo eligió el Fundador porque debíamos estar todo el día contando números (de actividades apostólicas, de asistentes a las actividades, de iniciativas, de dinero).

Al leer estas palabras del Cardenal Ratzinguer, recuerdo con tristeza lo mal que lo hacíamos entonces y lo mal que lo hacemos ahora en la Prelatura. "La parábola del grano de mostaza dice que quien anuncia el Evangelio debe ser humilde, no debe pretender obtener resultados inmediatos, ni cualitativos ni cuantitativos, porque la ley de los grandes números no es la ley de la Iglesia".

Siguen interesándonos sólo y exclusivamente los grandes resultados inmediatos (llenar los círculos, los retiros mensuales, los cursos de retiro, las charlas de cooperadoras, las conferencias, etc. etc.) y los grandes números. Las convivencias de consejos locales de inicio de curso están marcadas por la ley de los grandes números, que no es la ley de la Iglesia. El valor que se le da a “las listas” en el Opus Dei alcanza niveles que rozan la neurosis. Hay directoras neuróticas de las listas. Sus mentes deben ser una gran cuadrícula. Un motivo más para pensar que vivimos al margen de las leyes de la Iglesia.

En mi etapa de directora pensaba –como pienso ahora- que había por parte de las directoras inmediatas unas relaciones bastante frías con nosotras, con una despreocupación absoluta por las personas. ¡Cuántas peticiones de consejo por escrito sobre el modo de tratar a personas numerarias enfermas quedaron sin contestar! ¡Cuántos escritos enviados a la delegación fueron a parar directamente al cesto de la basura! ¡Cuántas preocupaciones y problemas sobre los que pedíamos auxilio se resolvían dejando pasar el tiempo sin recibir respuesta!

Por aquel entonces, y lo pensamos ahora, quienes dirigíamos nuestro pequeño centro y nuestra pequeña labor llegamos a la conclusión de que decir las cosas a las directoras superioras no servia absolutamente para nada porque ni oían ni respondían.

Veíamos a nuestro alrededor –seguimos viendo- cómo la salud física y mental de las personas se debilitaba poco a poco por una entrega agotadora. Tengo el convencimiento –también por mi profesión- que muchas enfermedades –y me siento responsable y culpable de ello- podríamos haberlas evitado. Incluso podríamos haber evitado muertes tempranas, aunque la vida y la muerte sea un asunto divino. Me vienen al recuerdo personas jóvenes que murieron de cáncer y que habían estado años sin pasar por un especialista. Podríamos haber evitado tragedias si hubiéramos estado más pendientes de las personas que de la organización y la gestión. Podríamos haber evitado tragedias humanas si la delegación nos hubiera echado un cable.

El trabajo en las labores puede llegar a ser extenuante y agotador. Lo importante para una buena numeraria del Opus Dei es rendir, hacer cosas, estar en continua actividad, o dar apariencia de que se hace. Así hay tantas que han perdido la verdadera libertad, que su vida no tiene horizontes, que confunden la verdadera entrega con el activismo, que no tienen ideales, que ven su vida como un continuo fracaso.

El consejo de aquel sacerdote sigue siendo actual: las que tenéis salud, cuidaros, porque nadie en el Opus Dei lo hará por vosotras. Os pedirán cuentas muchas veces, pero rara vez se preocuparán verdaderamente de vosotras.

Las directoras, ¡cuánta responsabilidad tenéis! No sé qué pensaréis al llegar con toda solemnidad a un centro de numerarias y encontraros a personas que no han alcanzado la madurez y ya deshechas. Razonaréis sobrenaturalmente que es la voluntad de Dios. Yo, desgraciadamente, no he llegado todavía a esos niveles de visión sobrenatural, ando todavía bastante con los pies en el suelo y mientras Dios quiera me guío por el estudio y el sentido común. La razón me dice que algo muy profundo ha fallado.

Cuando nadie se hace cargo de ti ni de tus necesidades razonables, os aseguro que se echa de menos a tu madre. ¿Dónde ha estado la madre guapa la Obra?

Tenemos la sensación muchas veces –es un sentir generalizado- de que para ser directora has de tener una personalidad de ejecutiva despiadada y sin sentimientos (las que los tienen deben esconderlos y llorar en la soledad de su habituación, y suelen durar muy poco el cargo), capaces de dar trabajo a las demás sin importarles sus circunstancias, sus cualidades, sus capacidades, su situación física, psíquica.

La vida actual de l@s numerari@s del Opus Dei, entre sus muchas rarezas y paradojas, cuenta también con que es deshumanizante. Os lo dice una que sabe más por vieja que por...

¿Así la quiso Dios? ¿Así la “vio” nuestro Padre el 2 de octubre?




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