Meditación sobre el proselitismo en la víspera de San José

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VÍSPERA DE SAN JOSÉ 18 de marzo


La Costumbre de la Lista de San José

ESTAMOS ya en la víspera de San José, Patrono de la Obra y de todos sus apostolados, a quien encomendamos de modo especial el proselitismo. Siguiendo una antigua tradición de familia, pondremos bajo su patrocinio a aquellas personas que dan mayores esperanzas de vocación a la Obra.

La Costumbre de la Lista de San José empezó antes de la guerra española de 1936. Nació con una gran naturalidad, como todas nuestras Normas y Costumbres: con la naturalidad con que el agua mana de una fuente. Necesitábamos vocaciones, y nada más lógico que acudir a la intercesión de Nuestro Padre y Señor San José. El era el cabeza de familia en el hogar de Nazaret; por eso es natural que le pidamos que aumente la nuestra, que seamos muchos, cada día más, en el Opus Dei: una familia numerosa.

Al principio, también yo ponía nombres, como todos; pero dejé de hacerlo cuando no era razonable que lo hiciera. Ahora me uno a las listas que hacen en todos los Centros de todas las Regiones. [De nuestro Padre. Tertulia, 19-III-1969]...

Desde ahora nos preparamos para encomendar especialmente a San José la vocación de esos amigos, examinando si respondemos con hechos a unas preguntas que hacía nuestro Padre bastantes años atrás: ¿tenéis ganas, muchas, de pegar esa locura divina?¿Estáis encomendando especialmente tres o cuatronombres? Más no. Ofreced mortificaciones, rezad,cumplid el deber, venciéndoos en cosas pequeñas. [De nuestro Padre. Noticias X-62, p. 43]

Al poner los nombres de esas personas en la Lista de San José, expresamos nuestro deseo firme de rezar por su vocación, de animarles con nuestro ejemplo y con nuestra palabra, de procurar meterles en esta red divina que nos ha confiado el Señor. Serán las mejores —por su corazón, por su cabeza, por sus virtudes humanas— entre las personas que tratamos, las que encomendaremos especialmente a San José durante este año: almas generosas, capaces de recibir la llamada a la Obra y de corresponder.

Cuando hagamos la Lista de San José, pediremos esta gracia a Jesucristo por intercesión del Santo Patriarca y de la Virgen Santísima; invocaremos a los Santos Arcángeles y a los Apóstoles, Patronos nuestros, y a los Angeles Custodios, para que intercedan y protejan esas futuras vocaciones. Y hasta la fiesta de San José del año próximo, elevaremos nuestro corazón en el quehacer de cada jornada, para encomendar al Señor aquellos cuyos nombres hemos escrito en este día. Y el fruto será generoso, porque vendrán muchas vocaciones a la Obra, hombres y mujeres que lucharán por Cristo y por su Iglesia, calladamente, con espíritu de servicio.

Yo os pido, hijos míos —recomendaba nuestro Fundador—, que mañana, en vuestra oración, hagáisun examen muy íntimo, que se refiera solamente aver lo que habéis hecho hasta ahora para traer almasal Opus Dei. [De nuestro Padre. Noticias XII-60, pp 14-15] ¿Cuántas vocaciones han venido portu trabajo? No podemos tener tranquilidad. Hemosde traer a la Obra gente que tenga más talento quenosotros, más prestigio que el nuestro; que sean máseficaces [De nuestro Padre, Noticias IX-63, p. 24.]. ¿NO OS da pena contemplar a esa juventud, que bulle en medio del mundo, buscando inútilmente un ideal? —Gritadles: ¡locos!, dejad esas cosas pequeñas, que achican el corazón... y muchas veces lo envilecen..., dejad eso y venid con nosotros tras el Amor!. [De nuestro Padre, Instrucción, l-IV-1934, n. 5]

La vocación a la Obra es una gracia que el Señor quiere conceder a muchos

La gracia de la vocación al Opus Dei no está reservada a unos pocos privilegiados. Por el contrario, ha escrito nuestro Padre en una de sus Cartas, tengo certeza de que la llamada —la llamada específica de que vengo hablando en esta Carta— es para muchos (...) y, por lo tanto, se necesitan toda clase de instrumentos. [De nuestro Padre, Carta 9-1-1932 n.12]. El Señor está dispuesto a dar a las almas tales gracias, que serán muchos los que, en el fondo del corazón, sentirán el compelle intrare: porque el Señor quiere ut impleatur domus sua, que se llene de hijos suyos el Opus Dei. [De nuestro Padre, Instrucción, 31-V.1936, n. 103]

Nuestro corazón se enciende en afán de almas, al considerar ese deseo divino. Y, con la urgencia de conseguir muchas vocaciones para servir más y mejor a la Iglesia, acudimos a San José —ite ad Ioseph!— encomendándole unos nombres concretos, manifestándole las necesidades de esta familia sobrenatural que está bajo su patrocinio y poniendo, con la seguridad que nos da su intercesión poderosa, gran generosidad en nuestra labor proselitista. No podemos empequeñecer el poder de Dios, que desea llamar muchas almas a la Obra. Y la disminuiríamos si nuestro proselitismo no tuviera metas altas, si recortásemos el afán que ha de llenar nuestro corazón. Deben salir muchas vocaciones, y, si no salen, será por nuestra culpa, porque no hacemos las cosas como están mandadas; porque no las hacemos con alegría y de una manera orgánica, de una manera constante, de una manera santificada (...). ¡Estos son los medios que hemos de poner siempre: una vida de oración, una vida de sacrificio, un cumplimiento del deber en el trabajo profesional y social! .[De nuestro Padre, Meditación, 26-111963]

Quizá pueda ocurrir, sobre todo en los comienzos de una labor, que las vocaciones tarden en llegar. En esos momentos, parece como si el Señor no oyera nuestro clamor, como si se hiciera sordo a nuestras llamadas. A veces parece que nuestro trabajo apostólico es vano. No os preocupéis. Seguid trabajando con la misma ilusión, con la misma vibración, con el mismo afán. Cuando la siembra es de santidad, nunca se pierde. El Señor —que ve más lejos que nosotros— quiere que le sigamos pidiendo por esas almas, que pongamos en El toda nuestra confianza. Estad seguros de que, entonces, nos prepara una cosecha abundante . [De nuestro Padre. Crónica, 1969, p.83]

La fecundidad de los frutos depende en gran parte de nuestra fidelidad personal, de nuestra oración y del sacrificio que ofrezcamos a Dios: de nuestra constancia. El oro bueno está en las entrañas de la tierra, no en la palma de la mano. Y en esa aparente oscuridad es donde se puede preparar la gran mina de oro de las vocaciones santas. La labor de proselitismo depende de ese fervor, de esa alegría, de ese trabajo tuyo, oscuro y vulgar, ordinario. [De nuestro Padre.Noticias X-57, p. 15]

Tenemos obligación de hacer proselitismo

SEÑOR nuestro Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: la mies es mucha, pero los obreros son pocos; haz que nosotros, inflamados por tu amor y movidos por el afán de tu divina gloria, alcancemos humildemente del Señor de la mies que envíe obreros a su mies. [Ordre et prevendas vocationes. Oral] El texto de la oración con que encomendamos al Señor esas personas de la Lista de San José, es una llamada urgente a redoblar nuestro espíritu proselitista. El día que un hijo mío me diga que no hace proselitismo, que no se preocupa, que no reza, que no vibra, que no actúa —exclamaba nuestro Fundador—, yo le diré lo que se lee en el Santo Evangelio, cuando fue Jesús a resucitar a Lázaro, y los amigos de Lázaro decían: 'iam foetet (Joann. XI, 39), hiede. Este hijo mío, que no quisiera hacer proselitismo, estaría muerto y podrido. Y a los muertos yo no los quiero. ¿Está claro? Luego a multiplicarse por diez, por cien, por mil. Hay muchos sitios donde nos esperan. [De nuestro Padre. Noticias XI-62, pp. 36-37]

Esta llamarada divina que es la Obra se tiene que extender por todo el mundo; y aunque estamos trabajando gentes de cincuenta y tres países —decía nuestro Padre en 1962—, nos llaman de los cuatro puntos cardinales. Tenemos que mandar gente madura, formada, y es preciso que pasen los años para formarse. Por eso ¿comprendéis la necesidad de vocaciones? ¿Podéis pensar en un ascua encendida que no queme a su alrededor? Así nosotros: el que no quema, está apagado. [De nuestro Padre. Noticias X-62, pp. 40-42]

El Señor está dispuesto a conceder su gracia a raudales, deseoso de adueñarse de los corazones de quienes pasan a nuestro lado en el camino de la vida. Espera sólo que seamos el instrumento adecuado, que pongamos a su servicio todos los talentos que El nos ha dado. Los miembros de la Prelatura se disponen personalmente para el proselitismo, como se lee en el Catecismo de la Obra, con una preparación sobrenatural, que les mueva a encomendar toda la labor al Divino Maestro, a la Virgen Reina de los Apóstoles, a los Angeles Custodios [Catecismo, 5ª ed. n.335]. Y también con una preparación humana, que les haga vivir y conducirse con aspecto cordial, simpático, alentador, y les lleve a no emplear nunca una dureza amarga, rencorosa, malhumorada, pesimista. [Ibid]

Con esta disposición sobrenatural y humana, buscaremos con audacia, entre nuestros amigos y compañeros de profesión, a aquellas almas que reúnan las condiciones requeridas para recibir la llamada. Y, llenos de confianza en Dios, no dejaremos que nuestra vibración se entibie por las circunstancias del ambiente, por las dificultades o los respetos humanos. Hay que abrirse en abanico..., insistía nuestro Padre. Abrirse como una mano, y que cada dedo tenga prendido un grupo de almas, de las fáciles y de las difíciles... y ¡arrastrar! Que cada uno no sea uno, que sea diez. Y no estar aconejados ahí, en un rincón. [De nuestro Padre. Crónica VI-64 p.12]

Tenemos obligación de hacer proselitismo; tenemos el derecho y el deber de plantear la crisis vocacional —con el permiso de los Directores— a todas las almas que den esperanza de una posible llamada al Opus Dei. Hijos, debéis sentir gran preocupación de que vengan muchos hermanos nuevos. En las familias cristianas se desea que Dios mande hijos, porque una familia joven, sin criaturas, es una familia sin luz, una familia que se extingue. Y nosotros somos una familia joven. [De nuestro Padre]

Terminamos nuestra oración acudiendo de nuevo a San José y a Santa María, considerando unas palabras de nuestro Padre que tenemos grabadas en el corazón: quien hace proselitismo consigue vocaciones; quien hace poco proselitismo, consigue pocas vocaciones; quien hace mucho proselitismo, consigue muchas vocaciones. Si no hay vocaciones, falta amor de Dios. [De nuestro Padre, Crónica III-66, p. 11]

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