Los votos como arma psicológica para la perseverancia

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Por Haenobarbo, 14 de mayo de 2008


Debo confesar, que luego de escribir la nota Sobre contratos y vínculos, que Agustina publicó el lunes en la web, me quede triste… me invadió una sensación extraña que ha estado rondándome por dentro desde el domingo a la tarde. Le daba vueltas y vueltas a una idea: ¿por qué el fundador le exigió a sus hijos desde el comienzo la emisión de las fórmulas de la oblación y la fidelidad? ¿por qué, si quería cristianos corrientes, los obligó, nos obligó, a segregarnos de la gente que transita por la calle, mediante la emisión de esas fórmulas que constituyen verdaderos votos? ¿No decía que confiaba en la palabra de sus hijos más que en la de cien notarios juntos? ¿Era realmente necesario vincularlos mediante una profesión a todas luces religiosa? ¿Por qué no se podía santificar el mundo, simplemente con la palabra de querer hacerlo? ¿Es que yo no puedo ser luz para los demás – farol encendido – simplemente porque me da la gana?...

Pensé que quizás sólo nos quiso más perfectos, pero enseguida eso me pareció una incongruencia: el mensaje del Opus Dei, precisamente venía a enseñar que cualquiera, en cualquier lugar, en cualquier profesión u oficio, podía ser santo, y para eso no se necesita realmente vincularse con la profesión de un instituto a nada… basta quererlo y ponerlo día a día por obra…

¿Es que no es posible ser realmente santo sin un vínculo?... ¿Es que todos los hombres y mujeres – porque a ellos va dirigido el mensaje – que transitan día a día por la vida en los mas distintos afanes y menesteres, deben emitir semejantes compromisos?

Es cierto que no puede considerarse la oblación y la fidelidad una “profesión pública” en el sentido de los cánones, porque para eso es preciso que sean recibidos públicamente en nombre de la Iglesia, al igual que lo hacen los religiosos y religiosas a los que sus respectivos institutos obligan a la profesión pública. Pero el CIC contempla también de la emisión “privada” de esos vínculos o compromisos.

Estaba en estas, cuando me topé –la memoria a veces no me ayuda – con otro escrito mió publicado en esta web, bajo el título “Votos o compromisos en el pensamiento del fundador” (aclaro que lo encontré de casualidad buscando “voto de esclavitud” en google, y no lo he encontrado entre mis escritos en el indice de la web) y la idea de que el fundador nos quería simplemente más perfectos, se me vino abajo.

"Nos interesan todas las virtudes (...). No nos interesan en cambio las promesas, ni los votos, aunque sean teológicamente dignos de todo respeto, y con mucho respeto los veamos en los demás” (Instrucción, 8-XII-1941, n. 86).

"Los votos -cuando los hay- son cosa de la devoción privada de cada uno. No son, ni podrán ser jamás, una manifestación jurídica o canónica de nuestra dedicación al servicio de las almas: con toda sinceridad os digo que no los ha querido el Señor para la Obra. Para lograr la perfección cristiana, lo único que el Opus Dei nos pide son virtudes.” (Carta, 14-II-1944, n. 14).

“Sin embargo, con el transcurrir del tiempo y el aumento de la labor, en torno a 1934, algunos de los que habían respondido a la llamada del Fundador fueron inquietados -como señalamos en su momento- por ciertas personas, que les vinieron a decir que su decisión de entrega carecía de valor y que su modo de vivir estaba falto de estabilidad. Las circunstancias, el ambiente, la intromisión de esas personas -algunas de ellas, sacerdotes-, llevaron a Mons. Escrivá a aceptar la conveniencia de que los miembros del Opus Dei hicieran votos privados, sin manifestación externa, como podía hacerlos cualquier cristiano -práctica usual en aquella época-, para facilitar de esa forma "por un motivo psicológico", dirá- que quienes fueran llegando al Opus Dei tomaran más viva conciencia del compromiso asumido (77) . Al mismo tiempo, estableció que la vinculación entre los miembros y el Opus Dei consistiría en la simple manifestación de la decisión de comprometer la vida entera en la búsqueda de la santidad y en el ejercicio del apostolado.” . (Itinerario Jurídico del Opus Dei)

Los votos privados a los que se refieren los autores, siguiendo al fundador, son los de castidad, pobreza y obediencia, que se emitían antes de la erección de la Obra en prelatura personal, y no tienen nada que ver con “la simple manifestación de la decisión de comprometer la vida entera en la búsqueda de la santidad y en el ejercicio del apostolado”. ¿Hace falta tanta parafernalia de dispensas, coacciones, amenazas y tiempo, para deshacer una simple manifestación de compromiso?

"Rezad, hijos míos, con el fin de que pronto se abra el camino para volver al principio, sin que en nuestro derecho peculiar se legisle sobre votos, que no debemos emitir y que no nos interesan". Entonces -añadía- "se hablará de incorporación exclusivamente"… Pero qué incorporación!!

"La vocación al Opus Dei no es otro modo de profesar los consejos evangélicos; por la llamada recibida, el Señor quiere expresamente que mis hijos se esfuercen constantemente en renovar con su conducta -sin hacer ninguna ceremonia de consagración- las promesas del Bautismo.”… ¿Y que son la oblación y la fidelidad sino ceremonias de consagración y de una consagración solemnísima?:

"Domine Jesu: suscipe me tibi in servum sempiternum (ancillam sempiternam) Operis Dei, in obsequium et sacrificium laudis perpetuae: voluntarie et in aeternum meipsum (meipsam), cum omnibus viribus et affectibus meis, quanto intimius valeo, offero. (Ceremonial del Opus Dei, Preces pro Fidelitate)

“Referiéndose a estos hechos, Mons. Escrivá manifestaría años más tarde en una de sus Cartas: "Pensaba que esos ciudadanos, miembros del Opus Dei, no tuvieran votos ni promesas. Después, las circunstancias me obligaron, no a ceder, sino a conceder -con ánimo de que esta concesión fuese transitoria- que mis hijos hicieran votos privados, privadísimos, sin ninguna manifestación externa: como los puede hacer cualquier fiel". Y en el mismo documento, más adelante, afirmaba: "Esos votos privadísimos, jamás recibidos por los Directores de la Obra, nada quitaban a nuestra secularidad, y dieron a mis hijos en aquellos momentos, en los que yo no quería ni emplear la palabra vocación, un arma psicológica, como os decía antes, interna, para desechar los malos consejos que recibían" (Carta, 29-XII-1947/14-II-1966, nn. 84 y 180).

En otras palabras, el fundador tenía muy claro, porque Dios no los deseaba, que no había ninguna necesidad de votos o promesas para pertenecer al Opus Dei, no obstante les descubrió su utilidad: eran un arma psicológica utilísima para la perseverancia. (Itinerario jurídico del Opus Dei)


ERAN UN ARMA PSICOLÓGICA UTILÍSIMA PARA LA PERSEVERANCIA!!!



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