Los seminarios y convictorios sacerdotales que el Opus Dei regenta

From Opus Dei info
Jump to navigationJump to search

Por Josef Knecht, 9.06.2014


Releyendo las razones del desacuerdo de Veritas operis (17.03.2014) respecto a la próxima beatificación de Álvaro del Portillo, me he dado cuenta de que se plantea una duda, que dice:

Al prelado y a sus colaboradores ¿o debería decirse cómplices? (Consejo general y vicarios), les interesa mucho llevar a don Álvaro a los altares para que sea "ejemplo canonizado por la Iglesia” y así sea según ellos creen y sugieren, una "obligación moral" imitar su sometimiento irrestricto, incondicional y absoluto a lo dicho y hecho por Escrivá… pero no mencionan que “excepto" en el caso de los seminarios internacionales y/o convictorios sacerdotales que la prelatura regentea, cosa que el fundador dijo que nunca debía haber y que Del Portillo estableció. Por qué los hizo es tema ya para otro artículo y otro colaborador que aquí alguna vez se ha mencionado pero no tengo ahora la cita...

Tampoco recuerdo ahora mismo cita alguna en Opuslibros sobre este asunto, del que seguramente se habrá tratado alguna vez, pero sí recuerdo un subcapítulo del libro de Isabel de Armas La voz de los que disienten. Apuntes para san Josemaría (Foca, Madrid 2005), pp. 150-154, titulado Su misión no era la de regir seminarios, en que aporta una explicación convincente.

En mi opinión, Álvaro del Portillo supo impedir el hundimiento y la desaparición de la “Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz”. A consecuencia de la reforma eclesiástica promovida por el Concilio Vaticano II (1962-1965), el fundador del Opus reaccionó, como sabemos, poniéndose en contra de muchas de las novedades conciliares y, por tanto, también logró que los sacerdotes de su Obra se distanciaran, en el comportamiento y en el talante, de aquellos sacerdotes entusiastas de la reforma eclesiástica promovida por el concilio. A finales de los años 60 y comienzos de los 70, no ingresaba savia nueva en la “Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz”, que en bastantes aspectos se asemejaba entonces al estilo de funcionar y de pensar de los sacerdotes seguidores de Marcel Lefèbvre, igualmente crítico con el Vaticano II.

Cuando Álvaro del Portillo comenzó a gobernar el Opus en 1975, comprendió la gravedad del problema e impulsó una serie de medidas no sólo para que los sacerdotes del Opus moderaran sus reticencias respecto a las novedades conciliares, sino también para conseguir que “jóvenes” y no exclusivamente sacerdotes ancianos, nostálgicos de las prácticas preconciliares, solicitaran la admisión a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Conseguir que “jóvenes” ingresaran en esa Sociedad Sacerdotal implicaba en el plano de la eficacia práctica que el Opus tenía que tratarlos haciendo proselitismo con ellos en sus años “jóvenes”, es decir, siendo seminaristas y antes de recibir la ordenación sacerdotal (los seminaristas pueden ser “aspirantes” de la Sociedad Sacerdotal y, en cuanto reciben la ordenación diaconal, ya pueden ser “socios”). En este contexto se sitúa la narración que refiere Isabel de Armas: el nacimiento del Seminario Internacional “Bidasoa” de Pamplona a finales de 1988.

Dentro de esta estrategia también se podría incluir la fundación en 1984 de la “Pontificia Universidad de la Santa Cruz” en Roma, en la que se forman seminaristas de todo el mundo y sacerdotes jóvenes. Téngase en cuenta que, en cuanto los sacerdotes de la prelatura personal, siguiendo las indicaciones de Portillo, dejaron de ser manifiestamente críticos contra el Vaticano II, las relaciones del clero de la prelatura con otros sacerdotes católicos mejoraron bastante. Además, puesto que durante el largo pontificado de Juan Pablo II se ha producido un freno o incluso cierta involución en la aplicación de las reformas conciliares, muchos obispos nombrados por Juan Pablo II se han aproximado a posiciones conservadoras y próximas a las del Opus. En este clima de amistad o comunión clerical, Portillo consiguió, a mi modo de ver, revitalizar la envejecida “Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz”, que en los años 70 y 80 del siglo pasado se había quedado anquilosada en sus quejas y lamentos contra el así llamado “postconcilio”. En los últimos decenios han ingresado en ella numerosos seminaristas (como “aspirantes”) y sacerdotes jóvenes (como “socios”) de distintos países, formados en la mentalidad neoconservadora que ha caracterizado los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

No se olvide otro factor importante para abarcar mejor el panorama completo. En los años del pontificado de Pablo VI y al comienzo del de Juan Pablo II (esto es, en el auge del concilio y postconcilio), pertenecer a la “Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz” venía a ser un impedimento para que un clérigo hiciera buena carrera eclesiástica. Por eso, los sacerdotes jóvenes no ingresaban entonces en ella o, si lo hacían, se marchaban al cabo del tiempo para avanzar en su currículo clerical. En cambio, a medida que avanzaba el pontificado de Juan Pablo II y el Opus ganaba posiciones en la curia vaticana y en el organigrama eclesiástico mundial, se invirtió la situación; en los últimos tiempos, la pertenencia de un clérigo a la “Sociedad Sacerdotal” no ha planteado problemas para trepar en el escalafón eclesiástico, sino que en determinados casos juega a su favor.

Sin haber tratado a seminaristas jóvenes hubiera sido imposible para el Opus mantener viva la “Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz”. Así se comprende por qué Álvaro del Portillo no tuvo más remedio que ser infiel al deseo explícito de Escrivá de que su Obra nunca regentara seminarios diocesanos ni otras obras eclesiásticas. En el seminario “Bidasoa” de Pamplona y en el “Sedes Sapientiae” de Roma viven seminaristas con quienes los sacerdotes del Opus pueden hacer labor proselitista con la misma facilidad con que se mueven los peces en el agua.

Este logro del futuro beato Álvaro del Portillo, haber revitalizado la “Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz” sacándola así de una letal decrepitud y haberla encajado en los esquemas clericales neoconservadores implantados por Juan Pablo II, forma parte de lo que Lucas denominó Misión cumplida (21.03.2012).




Original