Los que salimos fuimos fuertes y valientes

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Por Stonehedge, 9.05.2016


Comenzaré diciendo muy brevemente que sólo estuve dos años en el opus como numerario, de los 17 a los 19, y me echaron, de una secta!..... Estuve parte del primer año en un centro de San Rafael, después en un colegio mayor y el segundo en el centro de estudios. Lo que mejor recuerdo es la cara de repugnancia y reprobación que el director del centro ponía mientras me decía que no seguiría allí, no se daba cuenta, yo tampoco en ese entonces, de que mi salida era para él, como director, su fracaso personal, además de que mostrando un juicio, máxime tan severo, contra un chaval de 19 años, suponía una gran falta de caridad y sabiduría. Me propusieron hacerme supernumerario pero no era para mí, ahora sé que estuve en depresión hasta los 24 años. No me extenderé más en mi periplo personal pues no es lo que vengo a compartir.

Dicho esto debo decir que por mi parte no puedo ni quiero juzgar yo mismo al opus, en caso contrario creo que no habría aprendido nada, y es que todo y todos tenemos nuestras luces y sombras. Sin embargo lo que sí deseo decir es que, no hace mucho tiempo, he llegado a una conclusión que me relajó considerablemente y me quitó un peso de encima, y esta no es otra que los que salimos no fuimos débiles como se nos hizo creer, no fuimos cobardes, no fuimos tacaños, sino fuertes y valientes, ya que creo firmemente que las personas que sobreviven en el opus son personas que necesitan de una estructura para lidiar con este laberinto pleno de retos que es el viaje de la vida, necesitan de un apoyo constante, reglas fijas, seguridades, certidumbres y una red de soporte material y social. Esto no es malo o bueno, simplemente es así. Los más valientes y más fuertes somos los que tratando de vivir trascendiendo la materia, tratando de crecer cada día, lo hacemos afrontando nuestros propios retos sin necesidad de que nadie nos dirija, encontrando nuestro propio camino, sin colchones, sin paternalismos. Esta comprensión no es baladí y creo que muchos de vosotros estaréis de acuerdo conmigo: nosotros, para bien o para mal, somos los más fuertes!

Por otra parte, puedo entender a los que viven dentro del opus como numerarios pues se vive muy bien allí, 4 comidas muy dignas al día, no tienen que preocuparse de comprar, de comer equilibrado, de cocinar, de limpiar, techo asegurado, nunca se verán en la tesitura de no saber si pueden pagar el alquiler o la hipoteca del mes siguiente, nada de preocuparse de no encontrar trabajo, vida social asegurada, aunque sea superficial, pero nunca se encontrarán en la situación de llegar a un lugar nuevo y no conocer a nadie, siempre estarán arropados aunque sea pagando un alto precio, pero arropados al fín y al cabo, mientras permanezcan dentro, claro. Luego están las renuncias, pero en el opus parece ignorarse que todo hijo de vecino se enfrenta a renuncias constantes en su vida.

No obstante, qué fue lo que nos marcó tanto del opus que seguimos hablando de ello. Yo soy de los que pienso que Escrivá tenía sus sombras, empezando porque estaba pirado, es decir, neurótico perdido, ¿pero quién no lo está?, y era hijo de su tiempo, sin embargo que tenía también sus luces, como es lógico, decir lo contrario es extremismo y pobre maniqueísmo. Estas luces se centraban principalmente en tratar de que el modo de vida propuesto por la I.C. fuera realizable en el día a día, lo cual es una tarea loable, pero ingente, sino imposible, y requiere una vigilancia y un control constante, de ahí tantas normas y reglas, tanta disciplina y exigencia. Por tanto, creo que Escrivá sólo trataba de llevar hasta las últimas consecuencias los mandatos de la religión católica, otra cosa es el mensaje del evangelio, que, de facto aunque no de palabra, en el opus brilla por su ausencia, no así seguramente en los corazones de muchas de las personas que allí moran. Sin embargo todos reconocemos que la disciplina es necesaria en la vida, el esfuerzo, etc., es decir, Escrivá no estaba totalmente desencaminado, quizá obsesionado, pero no sin rumbo. Desde ese punto de vista era más consecuente que muchos miembros de la I.C.. El problema de base no está en Escrivá, sino en la religión católica.

En todo caso, lo cierto es que una cosa es la religión católica y sus exigencias, y otra el mensaje del evangelio que a tantos atrae. No seré yo quien diga que Jesucristo como hijo de Dios venido a la tierra no existió como tal, pues cualquier cosa es posible ya que no sabemos nada, ni de dónde venimos, ni a dónde vamos, ni por qué razón estamos aquí, pero resulta más probable que la venida del Cristo sea un mito para transmitir, o mejor dicho, recordar un mensaje, como lo fue el del Buda, sin embargo, precisamente, como no sabemos nada, parece que invertir tanta energía y estructura en convencer a cuanta más gente mejor de que abrace unas creencias concretas y empeñe su vida en seguirlas, es cuanto menos arrogante, pues, insisto una vez más, no sabemos nada, y desde luego ese empeño parece más una proyección personal megalomaniaca, que ignora a la brújula vital que cada persona tiene en su interior y que es guiada por algo que nos trasciende, y que ignora que, si efectivamente existe ese algo que nos trasciende, desde luego parece plausible que también esté dentro de nosotros, así lo siento yo, y nos guía y no necesitamos a nadie que nos dirija con mano de hierro por la vida. Sólo tenemos una vida, prefiero fiarme de mi maestro interior a riesgo de equivocarme que seguir a pies juntillas a un supuesto pastor, cuyas motivaciones e intereses reales desconozco, y que me pueda llevar al precipicio, intencionadamente o no. A partir de ahí, acepto consejos y aprendo de todo el mundo.

A mi entender, dicho esto, el mensaje del Cristo es algo más neutro, más sencillo, y no tan detallado y enrevesado, y no es otro que el que vienen a recordar todos los grandes maestros que han pasado por aquí, que para sufrir lo menos posible y tener paz en el corazón el mayor tiempo posible hay que renunciar a uno mismo, desidentificarse del ego, y tratar de vivir desde la esencia neutral, y para comprender esto no hace falta afiliarse a ninguna religión, basta, por ejemplo, con ser madre o padre y no morir en el intento. El mensaje es la confianza en la vida frente al miedo, y el amor, ‘amar al prójimo como a uno mismo’, que no es algo cursi, sino el flujo de la vida. Y ¿cómo se hace sin ir con el corazón en la mano con cara de ‘amo a todo el mundo’?, pues como decía Confucio, la naturaleza no es amable sino imparcial con todas las cosas, no juicio, no mente, por cierto, todo lo contrario al opus. Quizá Confucio tenía razón, quien sabe…

Todas las demás reglas, parecen de más, pues todo el que está conectado con la vida, y todas las personas, cada una de ellas de una forma u otra, buscan conectarse, aunque no conozcan al glorioso opus ni a la I.C., y en esa conexión saben que robar si no es por fuerza mayor, matar si no es en legítima defensa, etc. implica miedo y que el miedo hace sufrir, eso sí lo sabemos porque lo experimentamos en nuestras carnes. Creo que el gran error de las religiones es confundir, interesadamente o no, la fé con las creencias. Para mí la fé es la confianza en la vida, como los pajaritos que comen en los campos y no les falta de nada según decía el Cristo, y no la vinculación a una serie de creencias fijas, por cierto de carácter humano, que es sinónimo de ‘susceptible de error’.

En definitiva, creo que no podemos juzgar al opus con tanta severidad, pues al fin y al cabo no deja de ser otra estructura más de las que hay tantas en la tierra, sea, religiosa, política o social, que tratan de manipular a fin de compartir con los demás cómo ellos creen que se ha de vivir esta vida que tenemos, no es un defecto exclusivo del opus, y no sólo hay sombras en el opus. Y aunque vivir no se aprende con reglas, sino con la experiencia y muchos tropiezos, aún así nos podemos equivocar de pleno y descubrir tarde que sí que haya un cielo y un infierno, y que existe el pecado mortal, y más allá que el éxito viene de la rigidez y la disciplina férrea como predicaba Escrivá, con lo cual desde ese punto de vista no podemos juzgar al opus pues los equivocados podemos ser los que nos fuimos, de hecho nadie puede juzgar si otro tiene paz en el corazón o no, eso sí, recíprocamente, déjennos arriesgarnos señores de la religión, señores del opus, a los que ya no comulgamos con sus ruedas, sean o no de molino, y en consecuencia tengan presente que ustedes también se arriesgan a equivocarse, no juzguen por tanto, porque, queridos todos, lo cierto es que no sabemos nada.