Los Créditos Bancarios del Opus Dei

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Por sietefm, 10.08.2018


Nunca imaginé que un día me vería obligado a escribir en esta página, y mucho menos dar la razón a los testimonios que en ella (hoy puedo confirmar que seguramente con gran dolor) se han atrevido a publicar. Yo era uno de los que estaba convencido de que lo que aquí se contaba era fruto de la decepción, de la frustración incluso del rencor y debo pedir perdón por los argumentos tan pobres y sin fundamento alguno que realicé. Detrás de cada historia personal existe un mundo de sufrimiento que las ha marcado profundamente. Hoy, soy yo uno de los que ya no puede callar ante lo vivido, la gota ha colmado el vaso siendo testigo de la injusticia, manipulación y de la humillación que algunas numerarias de la Obra han efectuado de forma sutil hacia una de mis hijas.

Debo decir que yo no soy de la Obra, así que no me siento atemorizado, ni obligado a mantener ningún secreto, ni cohibido, ni guardar silencio de nada, soy libre para manifestar lo que quiero compartir. Amo a la Iglesia y me duele todo lo que pueda herirla, de forma especial cuando la lesión la produce alguno de sus miembros. Es por ello que debo avisar del peligro de infección cuando tengo conocimiento de ello...

Me atrajo la Obra en los momentos que la conocí, me gustaba la espiritualidad, la liturgia y la alegría exterior que me parecía ver en sus miembros. Me gustaba lo bien organizado que estaba todo. Fueron muchas las ocasiones que me han invitado a pertenecer a ella, pero nunca experimenté esa vocación. Durante años he conocido a numerarios, numerarias y sacerdotes de la Obra a los que considero grandes personas con una gran santidad en su vida personal, con ganas verdaderas de llevar las almas a Dios, pero los años, el conocimiento de las cosas que se producen en el Opus Dei, la patada trasera y abandono total al que sometieron a mi hijo mayor cuando decidieron que no podía ser numerario.

Sí, hay que empezar por aquí, con 14 años le dijeron convencidos de que tenía vocación para la Obra; ¿Qué decisiones se pueden tomar de por vida a esa edad?... No pararon de darle la lata con el mensajito y las directrices a seguir, acabando siempre con la coletilla: “esto no lo digas en casa hasta que te digamos”. y de repente a los 18 le dejan tirado, tras comunicarle que aquello no era lo suyo, “¡cuatro años de acoso vocacional!”. En ese desenlace, se cayó para mí, una buena parte del andamiaje que me había construido sobre el Opus Dei.

Las decepciones empezaron a llegar, las personas empezaron a fallar, las actitudes y hechos de algunos-as empezaban a escandalizarme siendo testigo de injusticias cometidas por personas de Iglesia y de comunión diaria. Poco a poco la Obra empezó a significar poco para mí. Traiciones, revelación de secretos, silencios, omisiones… Un día fui consciente que quedaban cuatro o cinco personas de todas aquellas que un día me deslumbraron por su “entrega a Dios, a la Obra, y a la Iglesia”, cuatro o cinco a las que sigo admirando hoy más que nunca, por lo que aguantan, lo que sufren, lo que ofrecen y lo que rezan para que las cosas en la Obra un día cambien y busquen solo la gloria de Dios y el bien de las almas.

Llegó febrero de 2012, una de mis hijas cuando le faltaba un mes para cumplir 18 años me comunicó que en cuestión de días se iba como numeraria a un centro del Opus Dei. No me gustó la idea, la verdad es que me entristeció, pero era consciente de que en unos días pasaría a ser mayor de edad y no podría impedirlo, así que le dije: “No te doy mi aprobación, te vas solo con mi bendición”. No la acompañé, solo mi mujer y otra hija pasaron por el trago de la despedida. Desde que se marchó, no dudé -y así se lo hice saber a todos-, de que un día volvería, que ese no era su lugar.

Cuando hablé con la directora del centro en el que entraba me dijo: “Es igual que te hubieras negado, al cumplir 18 ella puede hacer lo que quiera”. Me sorprendió el comentario y confirmó aún más el presentimiento de que mi hija no acabaría allí el resto de su vida. Con su frase, me ofreció toda una lección de como “respetar a los padres” y contar con su parecer.

Semanas después, mi esposa me comunica que la directora le ha comentado que le van a pedir a nuestra hija que solicite un crédito para pagar su estancia (nosotros somos una familia trabajadora con pocos recursos económicos, imposible de afrontar el gasto de manutención que pedían y que yo ignoraba. Creí que cuando se llevan a alguien asumen que va a formar parte de ellos y corren también con sus gastos) yo me negué rotundamente a que hiciera tal cosa. Le pregunté si habían informado a mi hija antes de entrar en la Obra, de ese detalle y si habían tenido la delicadeza de que ella lo hablara con sus padres y pudieran aconsejarla, y le increpé a que ellas eran las que habían tenido prisa para que mi hija se marchara. Le invité a que si no era posible su mantenimiento, la solución estaba en que volviera a casa, que acabara su carrera y llegado el momento en que ella comenzase a trabajar y depender económicamente de ella misma , y si se mantenía en su “deseo ardiente” de entrar a formar parte del Opus Dei, se presentara de nuevo a las puertas del centro, para rogarles que le dejaran vivir en él, porque ya disponía de efectivo. Evidentemente este planteamiento hizo que se echara atrás en lo del crédito y argumentó que para los pocos meses que faltaban para ir al centro de formación (Colegio mayor de Bonaigua – Barcelona) lo dejaba pasar. Tanto mi esposa como yo, Insistimos en que ni se les ocurriera volver a presentarle la idea de un crédito bancario, que, si no acarreaban con sus gastos en forma de beca, que se volviera a casa. Ella insistió en que no lo harían que había quedado clara nuestra postura.

Mi hija tal como intuí, duró casi cinco años en el Opus Dei. Las contadas ocasiones que la dejaban venir a comer a casa, hicieron despertar mis sospechas de que no era feliz. Hoy, por boca de ella, tengo conocimiento que desde el centro de formación (Colegio mayor Bonaigua), insistió a la directora que quería volver a casa, pero que esta le dijo: “Tú de aquí no te vas” y ella atemorizada por lo que más adelante contaré se quedó. En el 2016 cuando ya estaba en otro centro insistió con la numeraria que hablaba de que no era su sitio, pero siempre recibía la misma respuesta, que era una tentación del diablo y que todas habían pasado por ello. 2016 fue para ella un año de muchas lágrimas, soledad e infelicidad de la que nunca nos habló mientras lo pasaba. Un día del mes de mayo del 2017 ya no aguantó más, y de sorpresa para todos nosotros, recibimos una petición de ayuda. Nos rogó que la sacáramos de allí, vino a casa a comer y ya no quiso volver, así que tuvimos que ir a recoger sus cosas de forma precipitada. Ella no quiso entrar, fueron mi esposa y dos de mis hijas quienes recogieron sus pertenencias.

Una persona que tiene miedo de irse, que pide ayuda a la familia para recoger sus cosas, siendo una persona mayor de edad es que está manipulada y atemorizada y eso es algo muy fuerte. ¿Qué paso para esa urgencia?... Unas palabras que la directora le dirigió unos días antes y que no voy a reproducir aquí, por vergüenza ajena, por lo escandalosas e incomprensibles, que a mí me resultaron. Inconcebible que pudieran haber salido de una persona entregada a Dios y que además era la responsable del centro. Por la noche le quitó el móvil para que no pudiera llamar a sus hermanas. Mi hija ha ido recuperando la alegría, la sonrisa, las ganas de divertirse, la serenidad, la vida espiritual de verdad, la del corazón, no la de las normas voluntaristas y de la obediencia ciega sin razonamiento.

Hace unos días me topé con un documento en pdf en mi Pc, el fichero no tenía título, solo una numeración y pensé que era algún archivo que me había descargado, así que lo abrí antes de borrarlo, y vi lo que sería la gran sorpresa, decepción y escándalo que hasta hoy he descubierto en el Opus Dei. El pdf era de mi hija y contenía un documento perteneciente a un crédito por valor de 13.000 euros a nombre de mi hija. Inmediatamente le envié un WhatssApp, pidiéndole explicaciones, pero ella le quitó importancia diciendo que formaba parte de unos papeles que tenía de cuando estuvo en el centro de formación, pero que no se llevó a cabo. En un principio la creí, pero luego la intuición de padre y la extrañeza de que mi hija hubiese estado ojeando ese documento, o imprimiéndolo, hizo que volviera a insistir y ella rendida ante la evidencia, para no hacernos sufrir confesó la verdad.

Me explicó, que cuando se fue al centro de formación, el consejo local le dijo que tenía que solicitar un crédito al BANCO DE DEPÓSITOS, S.A (BANCOR, con domicilio en Madrid, C/ José Ortega y Gasset, nº 29. No hay oficinas. Todo se tramita a través del Banco Popular), para pagarse la estancia en el colegio mayor, que allí “no se vivía del aire”. Me quedé pasmado, estupefacto, confuso, noté que mi tensión se disparaba y mi corazón se aceleraba. No daba crédito a lo que acababa de escuchar. Siguió detallándome que le hicieron firmar unos papeles en el colegio mayor de Bonaigua, (sin leerlos) y que tendría que ir al Banco Popular cuando tuvieran los papeles listos firmar, después tendría que ir a un notario a estampar su firma en otros papeles (del que mi hija no tiene copia, ni se la dieron) y que como “tus padres no van a avalarte (sabían perfectamente nuestra negativa a la solicitud de crédito), te avala el colegio mayor, pero haciéndote tú responsable del crédito, pero tranquila, todas lo hacen y te dan muchas facilidades.” Esto era el impedimento que más arriba comentaba. El pánico que a mi hija le entró fue suficiente para no salirse el día que quiso volver a casa, pensar que sus padres tendrían que pagar una deuda que ella dejaba. Le atormentaba y le producía pavor la idea de decírnoslo. Una manera muy eficiente de mantenerlas en el centro.

Experimenté el sabor de la mentira, la traición, el engaño. Todos estos años burlados como padres, sabiendo ellas que nos opusimos a que pidiera un crédito, machacando una y otra vez a mi hija con mensajes de que hay cosas que no hay que contar a los padres, que ella ya era mayor de edad. Ellas conocían perfectamente nuestra situación económica y no repararon ni tuvieron escrúpulos de que en el caso de que nuestra hija abandonara la Obra, nosotros no podríamos afrontar el pago del mismo. Un buen sistema para mantenerlas atadas (el miedo) y que no abandonen. Siempre, y cada vez que surgía el tema de su manutención, les dejábamos muy claro que si no podía vivir en el centro sin pagar, pues que la devolvieran a casa hasta que ella se emancipara económicamente, pero no, cogieron a una niña con 18 años recién cumplidos que no tenía ni idea de lo que era un crédito bancario, ni de las consecuencias de pedirlo, la llevaron de un lado para otro reclamando su firma, diciéndole lo que tenía que hacer, ahora firma aquí, ahora ve a tal banco y después a tal notario (estoy seguro que mi hija por esa fecha ni conocía las funciones de un notario). La acorralaron y la presionaron hasta que lo consiguieron. No sirvieron de nada nuestras advertencias y negativas a cualquier pretensión de pedir un crédito. ¿Por qué no cuentan estas cosas antes de admitirlas?... En el email enviado por el Banco para las condiciones del crédito se puede verificar la ignorancia de mi hija en el tema, con las preguntas que le plantea al remitente. Ya una vez la pusieron en la lista de morosos por algún mes impagado.

Me siento con rabia, con impotencia y como creyente escandalizado que una prelatura aprobada y querida por la Iglesia (al menos eso es lo que se entiende cuando se aprueba) sea capaz de cometer un acto de injusticia, inmoral y manipulador de esta magnitud, sin importarles el estado en que dejan a una persona y su familia afrontando un gasto que les puede ocasionar grandes sufrimientos. Además de pobres, apaleados, más carga si te sales, a pagar una deuda que tienes con la Obra.

¿Cómo se puede hablar de un acto libre por parte de mi hija, amparándose solo en la mayoría de edad, cuando continuamente le habían lanzado mensajes de presión, remarcando que no se puede vivir gratis en el centro? ¿Acaso mi hija no aportaba nada como persona? Yo la he visto de portera en el centro de formación más de una vez, y con reuniones, actividades con las niñas y además en el último centro que estuvo, la directora le dijo que no pidiera un nuevo crédito porque ya debía mucho, pero que lo supliría con el trabajo en la casa, así cuando estudiaba la carrera, al salir de clase, acudía a las prácticas de la misma, y al volver “a su casa” tenía que entrar en el planchero para lavar y planchar lo de todas ellas. Otro tipo de humillación porque las demás sabían que si estaba allí, es porque no podía pagarse la estancia en el centro. Y yo, tonto de mí, realizando trabajos gratis para los distintos centros que estuvo, cada vez que me pedían algo, creyendo que estaban teniendo un gesto de delicadeza al no cobrarle nada a mi hija. Encuentro indecente y vergonzosa toda esta actuación.

La manipulación nunca, jamás, va acompañada de libertad y estoy segurísimo de que mi hija no tenía ni idea de las consecuencias de firmar un crédito bancario que tiene que renovar anualmente aplicándole los intereses correspondientes, por muchos 18 años que cumpliera, porque ni siquiera como padres, tuvimos tiempo para explicárselo. Insistieron en que se fuera a los 17. Todo fue prisas en el último momento. Tenían a la presa cazada y temían que se les escapara si esperaban un mes más.

Mi conciencia no me permite quedarme callado, se ha cometido una grave injusticia y manipulación, y va a suponer una gran carga familiar saldar esta deuda. Se han aprovechado de la vocación de mi hija. No sería manipulación si le hubiesen dicho a nuestra hija que puede pedir el crédito y vivir en el centro o no pedirlo y buscarse un piso más barato o vivir con nosotros. Pero si le dicen que tiene que vivir en el centro y que por tanto tiene que pedir un crédito a quienes ellos dicen, es una manipulación total.

Me he decidido escribir aquí porque no pienso quedarme quieto y callado. Esto es una herida abierta profunda a nosotros en primer lugar, pero también a la Iglesia. Gracias a Dios vivimos en un tiempo donde las cosas pueden exponerse públicamente a través de las redes y los medios de comunicación. Tengo decidido iniciar una campaña, para recoger testimonios de otros que hayan podido pasar por lo mismo. Afortunadamente en mi familia tengo a un hermano sacerdote (diocesano, nada que ver con la Obra). Tenemos contactos a nivel eclesial tanto en Cataluña como en Roma, justo hace poco tiempo mi hermano estaba concelebrando en Santa Marta con el papa Francisco, y yo mantengo una amistad personal con un cardenal, al que pienso trasladar todo este conocimiento cuando recopile toda la información. Conozco y tengo relación con varios periodistas de medios de comunicación muy conocidos. Amigos que son amigos de Obispos. No voy a parar hasta que mi hija recupere el dinero que ya hace meses ha empezado a abonar y la anulación del crédito que bajo presión hicieron solicitar a mi hija. Ellas lo saben. Poseo toda la documentación, excepto el de la notaría que no le entregaron.

Tengo un blog en la red donde escribo desde hace 10 años, con un seguimiento importante a nivel mundial, soy conocido en el mundo bloguero, en el que en más de una ocasión he utilizado para hacer viral cualquier noticia que he considerado interesante y la respuesta siempre ha sido la esperada, multitud de apoyos. Afortunadamente los casos que reclamaban su difusión eran a favor de vidas humanas o valores morales, que siempre tienen un buen sabor de boca defenderlos. No voy a dudar ni un segundo, en publicar y compartir toda esta experiencia con el Opus Dei, con los detalles que aquí he manifestado. Muchos supernumerarios-as lo siguen también. Pienso utilizar todas las herramientas a mi alcance para dar publicidad al caso de mi hija, para evitar que otros caigan en el mismo engaño.

En cuanto reúna la información de otros testimonios, solicitaré las visitas a nivel eclesial que considere oportunas para que tengan conocimiento de lo que sucede en la Obra, entre ellas al director de la delegación en Barcelona y al responsable del Opus Dei en España, para que me aclaren todo este asunto. Si es necesario estoy dispuesto a llegar hasta los diferentes dicasterios de la curia y hasta el mismo papa si es necesario, tengo la persona adecuada que puede hacerle llegar mi protesta. No dudaré ni un ápice en acudir a la prensa para denunciar estas injusticias de la que he tenido conocimiento. Si no recibo una aclaración convincente, no cesaré en que se investigue la concesión de estos créditos. No creo en el azar, creo en que Dios permite las cosas y sé que el olvido de mi hija de ese documento en mi pc, no ha sido casual y con esa confianza voy en busca de la Verdad y la Justicia poniendo todo mi empeño. Mi conciencia no puede cometer la omisión de hechos tan graves.

Pido vuestra colaboración para llevar a cabo todo esto. Solicito que todos aquellos casos similares al de mi hija me lo enviéis a mi correo. Os lo agradeceré, todo ello servirá para ayudar a otros a estar alerta ante la manipulación que miembros de la Obra cometen con gente joven y sin experiencia. Como padre me siento obligado a defender a mi hija de una injusticia de la que ella no es plenamente consciente por su juventud.

Escribe Ranson Riggs en su libro “La ciudad desolada”: “El verdadero objetivo del dinero es manipular a los demás y hacer que se sientan inferiores a ti”.

Mi email para recibir los testimonios que queráis enviarme es el siguiente:

casoscreditosopus@gmail.com

Muchísimas gracias a todos y que Dios siga teniendo paciencia y misericordia con todos aquellos que se apartan del camino de la Justicia y la Verdad.





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