Las técnicas de control mental de las sectas y cómo combatirlas/El siguiente paso

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El siguiente paso


El uso en contra de todo principio ético del control mental ha llegado, en mi opinión, a un punto en el que se ha convertido en un importante problema social, no sólo en Estados Unidos sino también en otros muchos países del mundo. Algunas sectas destructivas han conseguido una considerable influencia política, como lo hemos demostrado en el caso de la Iglesia de la Unificación.1 Otras prefieren ejercer su influencia sobre la sociedad mediante el «entrenamiento» de empresarios que ocupen posiciones claves en empresas de nuestro país. Las sectas también están ganando terreno entre los nuevos inmigrantes asiáticos e hispánicos que llegan a los Estados Unidos, lo que indica que han ampliado su base de reclutamiento que, tradicionalmente, se centraba en la clase media blanca. Pero el hecho más destacable es que algunas sectas han perfeccionado en tal forma sus campañas de relaciones públicas, que han conseguido un alto grado de aceptación social, incluso entre los profesionales más prominentes. Cada vez que profesionales de sólido prestigio asisten a conferencias patrocinadas por las sectas (destinadas a científicos; abogados, políticos, clérigos y académicos) les están otorgando un aire de legitimidad A pesar de. que estas personas no saben o no les importa la vinculación que las sectas tengan en tales actos, su simple presencia en dichos actos puede ser interpretado como una aprobación indirecta a las actividades de las mismas.

Mi preocupación por las sectas es muy específica. Sus actividades, si permanecen incontroladas, continuarán produciendo graves daños psicológicos, y algunas veces hasta físicos, a muchos miles (si no son ya millones) de personas que no tienen la menor idea de lo que es la utilización antiética del control mental. A menos que se adopten acciones legislativas para que las sectas destructivas sean responsables ante la sociedad por las violaciones de los derechos de sus miembros, estos grupos continuarán engañando a la opinión pública, haciéndole creer que no hacen nada fuera de lo común.

Desde un punto de vista práctico, es comprensible que todos nosotros nos mostremos reacios a aceptar algo nuevo como motivo de seria preocupación. Cada día, cuando leemos el periódico o miramos los informativos de la televisión, se nos recuerda la amenaza de la guerra nuclear, la continua destrucción de los recursos naturales del planeta, la hambruna en África, el aumento de la corrupción política, el SIDA y otros problemas. ¿Por qué añadir otra preocupación más a la lista?

A pesar de que cientos de historias sobre las sectas se han publicado o emitido en los medios de comunicación a lo largo de los últimos años, muy pocos se han ocupado directamente del tema del control mental. Los artículos tienden más al enfoque «religioso» del problema en vez de considerar el problema de las personas sometidas al control mental. Además, desde que la masacre de Jonestown dejó de ser noticia de primera página, el público en general puede pensar que hay menos sectas, porque la prensa ya no se ocupa tanto de ellas. Soy el primero en admitir que no se han realizado encuestas a nivel nacional para obtener un baremo de la actitud del público frente a las sectas; son muy caras, y la Asociación para el conocimiento de las sectas tiene que hacer malabarismos para encontrar el dinero suficiente y poder seguir adelante. Sin embargo, muchas de las personas con las cuales he hablado sobre el tema de las sectas destructivas, han expresado su sorpresa cuando se enteran de que estos grupos constituyen, aún hoy en día, un grave problema para la sociedad. Creo que mucha gente da por supuesto que las actividades de reclutamiento de las sectas atrajeron a muchos «jóvenes confusos» en las décadas de los 60 y los 70, y que luego desaparecieron cuando la contracultura fue absorbida por la sociedad.

Esta concepción de las sectas como una «fase pasajera» no es casual. Muchas sectas han ejercido su influencia en momentos y puntos muy cruciales en los últimos años, con el fin de evitar la atención del público en sus asuntos. Permítanme que les ofrezca algunos ejemplos.

Las sectas y el gobierno de Estados Unidos

La reacción del público ante lo que se designó como «la masacre de Jonestown» fue de horror e incredulidad, y de una creciente preocupación por la influencia de las sectas destructivas. Después, el asesinato de un congresista norteamericano perpetrado por unos adeptos, sirvió para demostrar que en las sectas había personas que no se detenían ante nada para evitar que alguien, en particular alguien que tuviera la autoridad legítima para hacerlo, les desenmascarase ante la opinión pública.

Me sentí profundamente apenado al conocer la noticia del asesinato del congresista Ryan. Leo Ryan era un hombre muy versado y, al mismo tiempo, preocupado por el tema de las sectas destructivas, ya que había sido uno de los miembros más activos del subcomité del Congreso encargado de investigar las relaciones coreano-americanas, presidido por el congresista Donald Fraser. Hecho público el 31 de octubre, tan sólo unas pocas semanas antes del suicidio masivo en Jonestwon, el informe Fraser (como se le conoce) recomendaba que una comisión formada por las distintas agencias gubernamentales se encargara de investigar la presuntas actividades ilegales de la organización Moon.

Se hizo caso omiso de esta recomendación.

Desde luego, algunas personas llegaron a pensar que se estaba haciendo algo con respecto al problema de las sectas al ver el revuelo que se organizó en el Capitolio. Se llevó a cabo una investigación sobre los hechos de Jonestwon, y en 1979, el comité de Asuntos Exteriores del Senado hizo público su informe sobre la masacre en el Templo de la Gente. En el mismo, se describían con todo detalle las tácticas de lavado de cerebro utilizadas por Jim Jones. Se recomendaba la fundación del Instituto Nacional de Salud Mental para continuar las investigaciones sobre el control mental y las sectas destructivas.

Tampoco entonces se hizo caso de la recomendación parlamentaria.

Sin embargo, el senador Bob Dole consiguió que se celebrase una audiencia pública sobre las sectas después del episodio de Jonestwon y me invitaron a participar. Pero cuando llegó la mañana de la audiencia, me informaron por sorpresa que no se les permitiría a los ex miembros hacer uso de la palabra. La explicación dada fue que deseaban evitar que los adeptos dispusieran de igual tiempo que nosotros para pronunciar sus parlamentos. No obstante, cuando entramos en la sala, había personas que llevaban carteles que rezaban: «Votad a Bob Dole para presidente. Rechazad la Primera Enmienda». A pesar de que se había prohibido el uso de la palabra a los ex miembros, el comité autorizó a Neil Salonen, portavoz de los Moonies, a que leyera una declaración. En aquel momento comencé a descubrir el peso político de las sectas.

Algo andaba muy mal. No se habla hecho nada sobre la investigación referente al Templo de la Gente.

No obstante, importantes estudios en otras áreas comenzaron a proyectar una nueva luz sobre los problemas del uso antiético del control mental.

En 1979, fue publicado el libro The Search for Manchurian Candidate de John Marks. En esta obra, que fue promocionada a nivel nacional, el autor detallaba las investigaciones hechas por la CIA sobre el control mental durante los años 50 y principios de los 60. Clasificada con el nombre de código MK-ULTRA, dicha investigación incluía experimentos con LSD, hipnosis y terapia de electroshock. Unos meses después, la cadena de televisión ABC ofreció un programa especial dedicado a dicho libro. Entre los entrevistados figuraba el que había sido el principal psicólogo de la CIA, John Gittinger. Este admitió que se habían realizado pruebas de control mental en determinado tiempo, pero que la hipnosis, uno de los puntos principales de la investigación, había sido descartada por «las dificultades que entrañaba su utilización práctica». Sidney Gottlieb, otro miembro de la CIA que había participado en el proyecto, dijo que todas las investigaciones fueron abandonadas en 1963. Él se había retirado en 1973 y había destruido sus archivos.2

Yo sé que las técnicas de control mental existen en la realidad. He vivido en un entorno de control mental y he consultado a grandes expertos en el tema, como Robert Jay Lifton. Sé que ningún psicólogo que se respete puede negar que no haya algo «útil» en las investigaciones sobre el control mental. Las declaraciones de Gittinger y Gottlieb me obligaron a enfrentarme con muchísimas preguntas a las que había que dar respuesta.

¿Por qué el gobierno federal no ha informado a los ciudadanos de Estados Unidos acerca de los peligros del control mental? ¿Por qué siempre se incluye este tema en las discusiones referentes a la libertad religiosa y la Primera Enmienda? Tenía que existir una razón. Según John Mark, algunas de las investigaciones del gobierno sobre el control mental tuvieron como resultado el abuso de las personas que sirvieron como sujetos de prueba. No cabe duda que admitir la responsabilidad gubernamental en tales casos, no sólo seria embarazoso sino también costoso.

Tal vez existen razones políticas por las que el gobierno no quiere admitir que tiene conocimiento de las técnicas de control mental. No obstante, cualesquiera que sean las razones, no cabe duda de que los ciudadanos norteamericanos han estado gastando millones de dólares durante varias décadas en la investigación del control mental.

Mi objetivo no es protestar contra las investigaciones sobre el control mental. Como profesional de la salud mental, estoy de todo corazón en favor de las investigaciones realizadas de un modo ético y que aumenten los conocimientos acerca de nosotros mismos y el funcionamiento de la mente. Tampoco me opongo, como es lógico, a que ciertas informaciones sean clasificadas como materia reservada por razones de seguridad nacional. Sin embargo, si es cierto que el gobierno ha realizado investigaciones sobre el control mental, entonces tiene la obligación de informar al público norteamericano de que el control mental existe. En estos momentos, no hay ley alguna que reconozca la existencia del control mental, y muchos menos que prohiba el uso antiético del mismo por parte de algunos grupos como la Iglesia de la Unificación.3 Ante la falta del reconocimiento gubernamental de que el control mental existe y que el uso antiético del mismo está mal, nos encontramos con que el silencio del gobierno condona, de forma indirecta, la práctica del control mental antiético en el resto de la sociedad. Desde el punto de vista práctico, basta con echar una ojeada a nuestro alrededor para ver los efectos del silencio oficial y de la falta de medidas concretas: las sectas que utilizan el control mental proliferan a un ritmo sin precedentes.

Los principios de libertad y democracia en Estados Unidos exigen que la realidad del control mental sea expuesta a la luz pública.

Las sectas destructivas y la salud mental

Mientras que los avances contra las sectas destructivas en el terreno político son terriblemente lentos, no ocurre lo mismo dentro de la comunidad de los profesionales de la salud mental, donde se han producido algunos acontecimientos muy favorables. Entre éstos, hay que señalar que en el libro de diagnósticos utilizado por los psicólogos, el DSM-lll,4 se incluye ahora un apartado que hace mención a las víctimas de las sectas.

Este apartado recibe el nombre de «Desorden Disociativo Atípico 300.15». En una parte de su definición acerca de los efectos patológicos del control mental, dice: «Entre los ejemplos se incluyen estados de trance, la pérdida de la realidad no acompañada de despersonalización, y aquellos estados disociativos más prolongados que pueden presentarse en personas que han sido sometidas a largos períodos de continua e intensa persuación coercitiva (lavados de cerebro, modificación del pensamiento y adoctrinamiento mientras han sido prisioneras de terroristas o sectas)».

Sin embargo, todavía existe la necesidad de que un mayor número de profesionales de la salud mental estén preparados para diagnosticar y ayudar a las personas que han sido víctimas del control. Por desgracia, existen también varios «investigadores» que, al parecer, cuentan con abundantes fondos y están librando una guerra silenciosa para tratar de desacreditar las preocupaciones acerca del control mental y las sectas. No se puede hacer otra cosa que poner en duda la validez de cualquier investigación que se base, única y exclusivamente, en la cooperación de los líderes de las sectas para la obtención y análisis de los datos. Cuando yo estaba con los Moonies, nos preocupábamos mucho de informar a tales académicos de lo que a nosotros nos interesaba y demostrarles lo que nosotros queríamos que vieran.

Si estas investigaciones son de poca fiabilidad en sus resultados, no ocurre lo mismo con otras hechas sobre los problemas asociados con las técnicas de control mental. El Dr. Flavil Yeakley, un psicólogo de reconocido prestigio que pertenece a la Abilene Christian University, ha hecho extensas investigaciones sobre los perfiles psicológicos de los adeptos de las sectas.5 El Dr. Yeakley repartió el Meyers-Briggs Type Indicator (MBTI), un cuestionario para determinar el perfil de personalidad, entre centenares de miembros de diferentes grupos religiosos y sectas. Pidió a los miembros que respondieran al cuestionario desde tres perspectivas diferentes. La primera vez, se les pidió que contestaran las preguntas desde la perspectiva de la situación que vivían en el presente. En la segunda, tenían que contestar desde la perspectiva que tenían antes de ingresar en el grupo. Por último, el Dr. Yeakley solicitaba que los sujetos de la prueba respondieran a las preguntas como lo harían al cabo de cinco años.

Las encuestas fueron distribuidas entre miembros de la Iglesia de Cristo de Boston, la Iglesia de la Cienciología, los Hare Krishna, Maranatha, los Niños de Dios, los Moonies y El Camino Internacional. Los resultados demostraron un alto nivel de cambios con respecto a ciertos tipos de personalidad estándar, tal como los definía el test. En otras palabras, había individuos en determinadas sectas que, al parecer, tendían a tener el mismo tipo de personalidad, independientemente de la personalidad original que los llevó a unirse al grupo. Considero que los resultados de esta encuesta sustentan en parte mi teoría de que las sectas confieren unas nuevas personalidades a sus miembros (él las denomina «clónicas») suprimiendo sus identidades originales. En una carta que me envió el Dr. Yeakley manifestaba lo siguiente:

«En la Iglesia de Cristo de Boston y en tres de las sectas, el cambio era hacia el tipo de personalidad ESEC (extrovertido, sensitivo, emotivo, crítico). Dos de las sectas cambiaban hacia el ESRC (extrovertido, sensitivo, reflexivo, crítico) y una tendía al EIRC (extrovertido, intuitivo, reflexivo, crítico). No hay nada malo en ninguno de estos tres tipos. El problema reside en la presión a convertirse en alguno de estos tipos. Lo negativo es el cambio y no el tipo hacia el que tiende el cambio.»

Para comparar, se entregó el mismo cuestionario a miembros de las Iglesias bautista, católica, luterana, metodista y presbiteriana y a las «principales» Iglesias de Cristo. El resultado aquí fue que no había cambio significativos en los tipos psicológicos con el transcurso del tiempo. En otra palabra, no había nada que indicara la existencia de presiones de ninguna clase para adoptar un determinado tipo de personalidad. Los tipos de personalidad básicos permanecían intactos.

Estudio y aplicación de las investigaciones sobre el control mental

Resulta evidente que es necesario hacer muchas más investigaciones de este tipo y se espera que no se tarde mucho en realizarlas. Destacados profesionales de la salud mental, expertos en el control mental practicado por las sectas, como la Dra. Margaret Singer (U. de Berkeley), el Dr. Louis Jolyon West (Instituto Neuropsiquiátrico de la UCLA), el Dr. John Clark (Escuela de Medicina de Harvard) y el Dr. Michael Langone (de la American Family Foundation) están cerrando filas con otros muchos estudiosos para formar una sociedad de investigación que estudie el impacto social de la persuasión coercitiva.

La utilización dé la tecnología del control mental no es mala en sí misma. Como cualquier otra tecnología, puede utilizarse para bien o para mal. Puede ser empleada para fortalecer a las personas o para esclavizarías.

Hay millones de norteamericanos que sufren de graves depresiones que les roban fortaleza y les impiden disfrutar de una vida sana y feliz. No es tomar una postura orwelliana pensar en una aplicación positiva de las técnicas de control mental si la persona escoge libremente utilizarlas y si la persona las pone en práctica en sí misma, para conseguir la libertad de imaginar y crear un futuro mejor. Esto es muy diferente a que la persona pierda su poder de decisión a manos de otro individuo.

Hasta cierto punto, las sectas destructivas están realizando experimentos inadmisibles de psicología social. Sus prácticas no se pueden tolerar, ya que las normas éticas de investigación no aceptarían jamás tales comportamientos. Sin embargo, se puede aprender mucho estudiando a las personas que han sido sometidas a experiencias de control mental. Estoy convencido de que se pueden conseguir grandes beneficios en las investigaciones que se realicen en este campo. Creo, por ejemplo, que las técnicas de control mental pueden utilizarse éticamente para ayudar a las personas qué cumplen condenas. Es evidente que se impone una reforma masiva de nuestro sistema penal. Hay que enseñar a los penados formas más efectivas para romper sus ciclos negativos de baja autoestima y comportamiento delictivo. Tal vez podrían instituirse modelos nuevos para su rehabilitación.

Además, las personas que saben cómo funciona el control mental, tendrán una considerable ventaja sobre las que no saben de qué se trata. Para las personas de principios, su conocimiento del control mental se reservará exclusivamente a sus aplicaciones éticas. Por otro lado, pueden aprovechar sus conocimientos para protegerse a sí mismas de aquellos que hacen un uso antiético de control mental.

Asimismo, la moralidad y la sabiduría requieren una actitud mesurada al utilizar cualquier medio que pueda alterar la mente humana. Debemos alentar la esperanza de que todos estos temas serán debatidos en profundidad y se adoptarán las medidas pertinentes para prevenir todo tipo de abuso en la aplicación de estas técnicas.

Estas consideraciones sólo representan el principio de un enfoque que tiende a la comprensión social del problema. Se tiene que hacer mucho más para preparar a los profesionales de la salud mental, de forma que puedan ayudar a las personas que todavía están sufriendo las secuelas del control mental que ejercen las sectas.

Las sectas y la ley

Otro punto que merece nuestra atención es la ley. Las leyes actuales no reconocen la existencia del control mental a menos que se utilice la fuerza o las amenazas. No hay leyes que se ocupen de las inducciones hipnóticas encubiertas o la utilización en secreto de técnicas de control mental con fines poco escrupulosos.

De hecho, la ley tiende más a proteger a las sectas destructivas que a los intereses de sus víctimas. Ningún grupo debería violar los derechos civiles de sus miembros, pero las personas se ven privadas de. su libertad y del derecho a disfrutar de sus vidas cuando ingresan en una secta destructiva. Muchísimos miembros no pueden leer lo que les apetece, hablar libremente, elegir sus empleos, y en algunos casos ni siquiera pueden escoger la persona con la que contraerán matrimonio.

El enorme poder económico de las sectas les ha permitido contratar los servicios de los mejores abogados y presentar demandas judiciales (que no ganarán pero que sirven para causar perjuicios al demandado) contra los críticos y ex miembros. Incluso algunos de los líderes de la American Civil Liberties Union (Unión Americana para las libertades civiles) se han alineado históricamente con las sectas, invocando la Primera Enmienda e ignorando las investigaciones sobre el control mental. Que yo sepa, cualquier intento de legislación contra el reclutamiento fraudulento y el empleo de tácticas ilegales para recoger fondos ha sido rechazado.

Si no se han aprobado leyes en contra de las actividades de las sectas que violan los derechos individuales, ha sido en parte debido a la manera en que estos grupos han sabido refugiarse tras el escudo de la garantía constitucional de la libertad religiosa. En Estados Unidos, el derecho de las personas a creer en lo que quieran es absoluto, y así es cómo debe ser. Lo que no es absoluto es el derecho del grupo para hacer lo que le venga en gana. Por ejemplo, una secta puede creer que es un acto sagrado la manipulación de víboras venenosas, pero la ley prohibe los rituales con ofidios venenosos porque muchísimas personas han muerto debido a las picaduras. Los abogados de las sectas hacen todo lo posible por ignorar esta diferencia e intentan convertir los temas legales en cuestiones de creencia y no de comportamiento.

El reclutamiento y la «conversión» son dos puntos especialmente difíciles de analizar. ¿El grupo tiene, en realidad, derecho a engañar a un converso en potencia porque de saber la verdad no ingresaría a la secta? De la misma manera, ¿tiene el grupo derecho a manipular los pensamientos, sentimientos y el entorno de la persona con el fin de conseguir su «conversión»? Y, si éste es el caso, ¿hay que definir los límites entre la manipulación legal y la ilegal?

Durante mucho tiempo, ha sido científicamente imposible determinar si una persona está sometida al control mental. Cualquier evaluación tenía que ser subjetiva. Pero, a medida que transcurren los años, la ciencia avanza en la búsqueda de una prueba concreta que confirme la existencia de una disfunción mensurable. Estoy convencido de que antes de que acabe el siglo, podremos determinar que las ondas cerebrales del individuo sufren un cambio como resultado de los procesos del control mental. Ahora mismo, algunos de los aparatos susceptibles de determinar los efectos del control mental, están siendo utilizados para confirmar los diagnósticos de personas que se cree sufren desórdenes de personalidad múltiple. Estos individuos presentan ondas cerebrales diferentes según sus distintas personalidades. Cualquier intento por parte del sujeto de simular una personalidad «normal» se detecta con toda facilidad. Creo que es sólo cuestión de tiempo el que las investigaciones puedan demostrar ante un tribunal que la capacidad de funcionamiento de un individuo puede ser disminuida por medio del control mental.

Mientras tanto, también se han dado algunos pasos positivos en el campo de la ley. Ex miembros de diferentes sectas han comenzado a presentar demandas. Acusar a los grupos de fraude, negligencia, servidumbre involuntaria y acoso. También reclaman por la vía judicial los salarios perdidos, el dinero y las propiedades entregadas al grupo, y los daños psicológicos causados por los programas de la secta. En la actualidad, 550 ex miembros de Cienciología tienen presentada una reclamación de mil millones de dólares contra la secta.,6 Muchos de los asociados a TM-Ex, un grupo de información y apoyo para ex adeptos de la Meditación Trascendental, han presentado demandas contra la secta.7 También se han entablado demandas contra Werner Erhard y su grupo «Forum»,8 John Hanley y su Manantial de vida9 y otras muchas grandes organizaciones.

El Daily Mail de Londres fue acusado de difamación por los Moonies tras la publicación de dos artículos sobre el grupo en 1983. En el juicio por difamación más largo de la historia británica, el tribunal dictaminó que los Moonies practicaban «el lavado de cerebro a sus miembros y trataban de mantenerles apartados de sus familias». Los Moonies perdieron el juicio y tuvieron que pagar 2 millones de libras esterlinas en costas.10

En Inglaterra, las leyes de libelo estipulaban que el que pierde el juicio debe pagar las costas de las dos partes. En este caso, los gastos legales del Daily Mail fueron abonados por los Moonies. Yo creo que este sistema debería adoptarse en Estados Unidos. El efecto inmediato seria la reducción de las demandas infundadas que presentan las sectas, al tiempo que se fortalecería la libertad de prensa.

Yo he sido testigo del miedo que sienten los medios de comunicación ante las sectas. A principios de 1988, el editor de una conocida revista me vio en un programa de televisión y me pidió que escribiera la reseña crítica del libro L. Ron Hubbard: Messiah or Madman? (L. Ron Hubbard: ¿Mesías o loco?"), escrito por Bent Corydon, que había sido durante veintidós años miembro de Cienciologia. Como sólo hacía una semana que acababa de leerlo, acepté encantado. Sin embargo, la reseña no llegó a publicarse. A pesar de que todo lo que se decía en ella era verdad, el editor me informó de que tenían miedo de que la Iglesia de la Cienciología les demandase. Dijo que lamentaban mucho no poder publicarla, pero que los intereses económicos de la empresa podían resultar perjudicados si lo hacían.

Tampoco se puede dudar de que si la economía norteamericana continúa tambaleándose, irá en aumento el número de empresas en propiedad de las sectas y que los empleados tendrán que asistir a todos los «talleres de trabajo» y «seminarios» patrocinados por esas empresas. (Ahora mismo, los ejecutivos asisten en manada a los programas que les enseñan a cómo controlar a las personas e influir en ellas. Se han dado casos en que, por este sistema, la secta se ha hecho con el control de la compañía.) Muchas empresas que pertenecen a las sectas pueden abaratar sus costes, en competencia desleal con otras empresas, ya que cuentan con mano de obra gratuita. También pueden eludir el pago de impuestos porque, en su contabilidad, se registran los pagos de la nómina, mientras que, en realidad, estos salarios son devueltos a la secta, que está exenta de impuestos. En consecuencia parece como si la empresa estuviera obteniendo un beneficio marginal a través de los adeptos que contrata.

Los peligros del sectarismo en el movimiento Nueva Era

El movimiento New Age (Nueva Era) ha conseguido un impulsó tremendo en los últimos tiempos. «Canalización», una palabra nueva para designar el «espiritismo» (una supuesta forma psíquica de comunicación con los muertos o los espíritus) se ha convertido en un negocio multimillonario. A pesar de que no existe ninguna evidencia verificable de los espíritus canalizados, muchísimas personas están profundamente interesadas en el fenómeno, y han aparecido en el mercado numerosos libros y cursos que, según se anuncia, pueden enseñar a la gente cómo entrar en trance y convertirse en un «canal».

A cambio de los cien dólares que pagan por seminario, los asistentes disfrutan de un par de horas en entrenamiento más una experiencia de hipnosis en masa. Cada vez que alguien es hipnotizado, hay una agradable sensación de relajación, una distorsión temporal (no se sabe si son las 2 o las 5 de la tarde, si es martes o domingo) y, lo que es más importante, se deja de lado la capacidad crítica de la mente. Las personas pierden su capacidad de evaluar de forma consciente y crítica la experiencia.

La hipnosis, un componente importante de las técnicas de control mental, es una herramienta fantástica para la autoexploración y el desarrollo mental, pero el control debe permanecer siempre dentro del individuo y no ser desviado a una autoridad exterior.

Si las personas llegan a creer que otra persona sabe mejor que ellas mismas lo que deben hacer, entonces pueden estar en un serio peligro. Me preocupa mucho el hecho de que se estimule a la gente a que abandone sus facultades críticas y se «rinda». ¿A quién se supone que deben rendirse? Además, en este sistema de creencias no existen, aparentemente, el azar ni las casualidades. Si a usted le ocurre algo, se dice que ha ocurrido para que aprenda alguna cosa. Esta creencia, por extensión, se aplica a todo tipo de violencia, incluyendo el control mental antiético. ¿Significa esto que las personas deben permitir que se las someta al control mental sólo porque éste se cruzó en su camino? Nosotros disponemos de nuestro libre albedrío y no debemos renunciar a nuestra responsabilidad personal para tomar las decisiones correctas. En mi opinión, no puede existir un auténtico desarrollo espiritual cuando se renuncia a la integridad y responsabilidad personales.

Demasiados charlatanes y embusteros con ansias de poder y dinero han aparecido súbitamente en los últimos años. La espiritualidad es algo demasiado precioso y demasiado personal para ser reducida a una colección de fórmulas y perogrulladas, o para que se le asigne un valor monetario.

Otro acontecimiento digno de mención es el renovado interés del público por los OVNIS, que ahora ha sido vinculado con el movimiento de la canalización. El enorme interés despertado por el libro titulado Communion de Whitley Strieber es un buen indicador de lo «caliente» que está el tema. A pesar de que algunos de sus lectores no se lo esperaban, Strieber ha formulado numerosos comentarios críticos sobre el movimiento de la «canalización» y de las tendencias sociales hacia las sectas OVNIS. Varios investigadores además de Festinger (especialmente jacques Vallee, autor de Messengers of Deception, un estudio sobre las sectas OVNI realizado en 1979) han alertado al público, desde hace años, sobre las actividades de las sectas que se centran en el fenómeno de los OVNI, y no faltan ejemplos similares.

Si bien puede haber algo de cierto en el fenómeno de los OVNI (no todos los casos pueden ser explicados de manera convencional), aún no disponemos de una explicación definitiva sobre qué son. Sin embargo, ante la ausencia de este conocimiento cierto, hay muchísimas personas que proclaman sus opiniones como verdad. Durante la década de los 80, hemos visto el ascenso de «canalizadores» vinculados a los OVNI, que afirman estar en comunicación con los «hermanos del espacio» que viven en las estrellas. Creo que estas variantes de la «canalización» son tan sospechosas como las normales, y que tienen el potencial para convertirse en una nueva secta OVNI. Hay que ser precavido.

Los ideales de crear una nueva era para la humanidad en nuestro planeta son, en su mayor parte, dignos de encomio. Yo creo que se debe establecer una nueva era en la cual no se recompense ni se premie la codicia, el poder ilimitado y el materialismo puro. La creatividad, la compasión y la sabiduría tendrían que ser las metas a las que todos deberíamos aspirar. No hay duda alguna de que debe adoptarse lo antes posible una nueva y positiva visión por parte de las personas de todo el mundo. Una revolución en la conciencia universal podría ser la antesala de esta nueva era de paz, bondad y responsabilidad.

Sin embargo, yo continúo siendo escéptico ante cualquiera que manifieste que ha alcanzado las respuestas absolutas o que cuenta con el método absoluto para alcanzar el entendimiento. Como escribió el poeta y visionario William Blake: «Yo debo crear un sistema, o seré esclavizado por el de otro Hombre.»

Las sectas y la libertad religiosa

Para mí es muy importante que no se vea coartada la libertad religiosa. La Constitución garantiza que las personas son libres de escoger su culto y que se respetará su derecho a seguir sus propios principios religiosos. Nada me apenaría más que saber que este libro pudiera despertar en algún lector la intolerancia religiosa.

La discriminación contra cualquier individuo por el solo hecho de que profese una creencia distinta no sólo es penosa sino también ilegal. Yo puedo recordar cómo me sentía cuando me escupían, me propinaban puñetazos y puntapiés, y me insultaban por ser un Moonie. Estos abusos, totalmente injustificados, sólo servían para reforzar mis sentimientos de que me perseguían por mi fe en Dios.

Por principio, estoy en contra de prohibir la presencia de las sectas en los campus universitarios, a menos que violen expresamente las reglas de conducta que debe seguir cualquier organización estudiantil. Creo que estos grupos tienen derecho a existir, y sería el primero en oponerme a que se dictaran leyes prohibiéndolos. Sin embargo, sí me gustaría que existieran programas patrocinados por los institutos, para enseñar a la gente qué es el control mental y las técnicas de reclutamiento que utilizan generalmente las sectas destructivas.

El futuro

¿Por qué aumentan las sectas destructivas? ¿Por qué la gente está tan dispuesta participar en las actividades de estas organizaciones? Éstas son las preguntas que a mi juicio deben responderse con miras al futuro.

Mientras que el desarrollo de nuevas y más elaboradas técnicas de control mental pueden justificar el aumento en el número de miembros, la proliferación de sectas destructivas puede atribuirse al cada vez menor sentimiento comunitario que caracteriza nuestra vida de hoy en día. Ya no vivimos y morimos dentro de un mismo radio de sesenta kilómetros; es algo bastante común que una persona cambie de domicilio varias veces, y que se traslade a muchos kilómetros de distancia a lo largo de su vida.

Este nomadismo socava el sentimiento de comunidad que, en mi opinión, necesitamos los seres humanos para sentirnos una totalidad. He escuchado una y otra vez que la persona se siente, en primer lugar, atraída a una secta porque él o ella disfrutaba al verse rodeada por un grupo de personas que se comportaban como una gran familia; más que ninguna otra cosa, los ex miembros echan de menos la sensación de pertenecer a una comunidad muy unida.

Depender de la televisión para el entretenimiento y la información también es un factor que predispone a enrolarse en una secta. Por desgracia, la mayor parte de los programas de televisión no estimulan nuestro intelecto, nuestra imaginación ni nuestras aspiraciones. En cambio, la televisión fomenta el conformismo y crea una visión distorsionada de la realidad. ¿Dónde si no pueden resolverse todos los problemas en un episodio de una hora? Además, si bien es cierto que es muy importante saber lo que está pasando en el mundo, el incesante bombardeo informativo sobre la droga, los escándalos sexuales, la corrupción y la violencia hacen mella en la psique humana. Nos volvemos insensibles a nuestros propios valores y perdemos la capacidad de creación y discriminación.

Se puede hacer mucho para detener la expansión de las sectas en nuestra sociedad. Con un liderazgo responsable, las organizaciones sociales e intelectuales tendrían que realizar un vigoroso esfuerzo para atender las necesidades de la comunidad y utilizar sus recursos. Estos esfuerzos darán como resultado la creación de un grupo unido de personas que trabajarán por una meta constructiva, satisfaciendo de esta manera la necesidad que mucha gente tiene de sentirse parte de una auténtica comunidad.

La otra respuesta a la proliferación dé sectas en nuestra sociedad es la masiva educación pública. Se deberían destinar fondos federales para la investigación y tratamiento de las víctimas del control mental. Se deberían hacer reformas en la educación pública para estimular a las personas a que piensen por sí mismas, y que aprendan a evaluar la información que reciben y las oportunidades que están a su alcance. Me encantaría ver qué, en todos los institutos y universidades, se enseña a los alumnos qué son el control mental y las sectas destructivas. No sería necesario mencionar en clase el nombre de ningún grupo en particular; se explicarían los principios psicológicos del control mental y se enseñaría a los estudiantes a sospechar de cualquier entornó que les impidiera formular preguntas de tipo crítico. Si se quiere que la democracia funcione, la gente debe estar dispuesta a asumir la responsabilidad de realizar los cambios. Habría que examinar de nuevo nuestros principios y prioridades, y asegurar el libre fluir de la información.

Últimas reflexiones

Escribir este libro marca la materialización del viejo anhelo de poder contribuir, con una guía práctica e informativa, a la resolución de los problemas que pueden tener las personas sometidas a la influencia de las sectas destructivas. Ha sido un largo y duro camino.

Después de todas las amenazas, acosos y temores, ahora puedo mirar atrás y decir que ha merecido la pena, si mi trabajo y mi libro permitieran que otras personas puedan comprender mejor cómo funciona el control mental en las sectas destructivas. Creo que era importante narrar toda la historia, incluyendo mis métodos de trabajo, aunque me temo que puede ser utilizado por las sectas para perfeccionar todavía más sus prácticas. Al desmitificar el asesoramiento en abandonos, lo he hecho con la esperanza de que muchísimas personas, que no desean recurrir a la desprogramación forzosa, comiencen a trabajar para ayudar a sus seres queridos.

También deseo que este libro sirva para crear una concienciación pública nueva y más fuerte sobre el control mental y las sectas destructivas. Espero que el gobierno reconozca la existencia del problema y haga algo por resolverlo. Mientras tanto, espero que los lectores se unan a la Asociación para el conocimiento de sectas y la American Family Foundation y que se suscriban a sus boletines informativos y periódicos. Además, pido a las personas que han pasado por la experiencia de pertenecer a una secta destructiva que se comprometan y se unan a nosotros. ¡Necesitamos su ayuda!

Cuando este libro entraba en prensa en el verano de 1988, yo seguía el debate del Senado para aprobar un proyecto que conmemoraría la tragedia de Jonestown con la celebración de la Semana de Alerta ante las Sectas. La resolución 390, presentada por el congresista por California, Tom Lantos, pretende establecer dicha semana, en cada mes de noviembre, para recordar al público el peligro que representan las sectas destructivas. Sin embargo, este pequeño gesto ha despertado una fuerte reacción de los lobbies sectarios de Washington. Si la resolución no se aprueba ahora, volveremos a presentarla en el próximo período. Yo le pido que llame o escriba a su representante y que haga oír su voz. Procure informarse sobre las conexiones políticas de las sectas, y manifieste su preocupación ante sus representantes autonómicos y estatales. La única manera de contrarrestar la influencia política de las sectas es que un número creciente de personas intervengan para suprimir el comportamiento abusivo e ilegal de éstas.

A medida que se comprenda mejor qué son las sectas destructivas y el control mental, comenzará a esfumarse el estigma social que significa haber sido adepto. Los ex miembros llegarán a entender que no fue culpa suya pertenecer a ellas. La gente se dará cuenta de que tenemos mucho para dar a la sociedad, si se nos brinda la oportunidad. Muchos de mis antiguos clientes y amigos han seguido adelante con sus vidas y ahora se han convertido en ciudadanos felices y productivos. Son médicos, abogados, dentistas, quiroprácticos, arquitectos, artistas, maestros, madres, padres, y trabajadores sociales. FOCUS puede ayudar mucho, pero necesita que la gente participe. Cada vez que usted requiera ayuda, o tenga algo que aportar, o las dos cosas, le pido que dé un paso positivo. Usted puede marcar la diferencia.

En palabras de Edmund Burke: «Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada».