Las técnicas de control mental de las sectas y cómo combatirlas/Cómo vencer el control mental de una secta

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Cómo vencer el control mental de una secta


A dondequiera que vaya -ya sea al supermercado, a la Asociación de jóvenes Cristianos o a otra ciudad en avión-, encuentro a personas que pertenecen a sectas destructivas. Me siento cercano a ellos porque yo también estuve una vez en una trampa similar. Ante todos los miembros de sectas que conozco, trato de recordar que están esclavizados. Son también el hijo o la hija, el hermano o la hermana de alguien. Cada vez que encuentro a personas como estas, me siento profundamente agradecido de encontrarme libre. Yo he sido uno de los afortunados que tuvo la oportunidad de ser aconsejado para poder librarme. Dado que la gente me ayudó, yo trato de compartir mi buena suerte.

En estos fugaces encuentros personales, sé que tan sólo dispondré de unos pocos minutos pero intento decir o hacer algo para ayudarles. A pesar de que las más de las veces nunca los vuelvo a ver, de vez en cuando descubro que aquel breve encuentro tuvo un impacto a largo plazo.

Allá por 1980, comencé con toda deliberación a apartarme de mi forma habitual de trabajo para realizar mini intervenciones imprevistas. En aquel entonces, yo estaba ansioso por investigar y practicar los enfoques no coercitivos del asesoramiento en abandonos. Veía en cada miembro de una secta que encontraba la oportunidad para pulir mis aptitudes.

Estas mini intervenciones me enseñaron otras formas de comunicación con los adeptos que eran más eficaces, métodos que servían como «llaves» para abrir el control mental de la secta. Este capítulo es un resumen de estas «llaves», acompañado de algunos ejemplos acerca de cómo las utilizo en una intervención.

En pocas palabras, éstas son las tres llaves más básicas para ayudar al miembro de una secta:

Llave No 1: establecer la relación y la mutua confianza.

Llave No 2: utilizar comunicaciones orientadas a un objetivo.

Llave No 3: desarrollar modelos de identidad.

Después de presentar como muestra dos ejemplos de intervenciones que he practicado (y una mini intervención que me practicaron cuando yo todavía era un adepto), abordaré con mayor profundidad las llaves que abren el camino a una intervención, paso a paso, hasta un desenlace satisfactorio:

Llave No 4: acceder a la identidad anterior a la afiliación.

Llave No 5: conseguir que el adepto contemple la realidad desde perspectivas muy variadas.

Llave No 6: evitar los procesos de interrupción del pensamiento mediante una forma indirecta de facilitar información.

Llave No 7: visualizar un futuro feliz para vencer las fobias del adoctrinamiento.

Llave No 8: ofrecer al adepto definiciones concretas sobre el control mental y las características de una secta destructiva.


Llave no 1: Establecer la relación y la mutua confianza

Ya he destacado antes la importancia de establecer una relación:

las diversas técnicas para establecer una relación no-verbal pueden ser de ayuda. La primera se limita a imitar el lenguaje corporal de la persona con la que hablo. También utilizo un tono de voz no amenazador, como tampoco son amenazadoras las preguntas e intento evitar la manifestación de juicios. Como montar en bicicleta o aprender un idioma extranjero, establecer una relación es una técnica que cualquiera puede aprender y desarrollar.

Llave no 2: Utilizar comunicaciones orientadas a un objetivo

Las comunicaciones orientadas a un objetivo, que se utilizan sobre todo en el mundo empresarial, representan la mejor manera para influir en las personas de una manera deliberada. Este estilo es por completo diferente de los que utilizan habitualmente las personas cuando interactúan con miembros de la familia o los amigos. Cuando existe una relación de intimidad con las personas, por lo general decimos todo aquello que pensamos o sentímo, porque somos «nosotros mismos». No tenemos un plan establecido para influir en los demás.

En el mundo empresarial, la mayor parte de las personas tiene que pensar en base a sus metas y objetivos y en la mejor forma de conseguirlos. Los altos ejecutivos comprenden que, a menudo, tienen que establecer un plan de acción gradual que les lleve a convertir sus sueños en realidad.

Imaginemos, entonces, que yo ya he señalado un objetivo (ayudar a alguien para que abandone la secta) y que ya he trazado un plan de acción gradual. Lo siguiente que debo hacer es descubrir quién es esta persona en la que intento influir. Comprender cómo es una persona «en su interior» resulta una enorme ventaja. Cada vez que un gran actor prepara su papel, primero debe investigar a fondo cómo es el personaje y recurrir a todas las fuentes posibles para descubrir qué hace «vibrar» a la persona. El actor crea en su mente un modelo del personaje y luego se mete en su interior, dejando a un lado su propia identidad, sus creencias y valores. Entonces podrá poner a prueba la comunicación y determinar si produce la respuesta esperada. La regla elemental es hacer lo que funciona. Si lo que usted hace no funciona, intente otro enfoque. Siga centrándose en la meta.

Llave no 3: Desarrollar modelos de identidad

A través de la búsqueda de información, los familiares y los amigos pueden investigar en profundidad al miembro de la secta en el que esperan poder influir. Para una mayor eficacia, es necesario construir tres modelos (también llamados «patrones mentales») que representen quién es esta persona.

El primer modelo corresponde a quién era la persona antes de entrar en la secta: qué pensaba sobre sí misma, el mundo, sus relaciones, sus puntos fuertes y sus debilidades. Así veía él todas estas cosas. La mejor manera de reunir esta información es a través de lo que ha escrito o dicho a sus familiares y amigos.

El segundo modelo es el del típico adepto de aquel grupo. Cualquier ex miembro puede facilitarnos un modelo genérico de cómo ve la «realidad» el típico Moonie o el miembro de cualquier otra secta. De una manera ideal, cualquier persona puede interpretar qué se siente como miembro de una secta. Igual que un actor ensaya los rasgos de su personaje, lo que importa aquí es la caracterización, aunque los diálogos sean improvisados. Los ex miembros pueden servir de maestros y enseñarle a pensar como lo hace el adepto de una secta. Los distintos familiares pueden turnarse para interactuar con el «miembro de la secta» y «ser» el miembro de la secta. A medida que progresen en la práctica de estas caracterizaciones, mejor comprenderán cómo piensa el adepto.

El tercer modelo es el que corresponde a la persona dentro de la secta. Este modelo se irá transformando poco, a poco, a medida que represente los diferentes niveles de implicación que el miembro alcance dentro del grupo. Al contrastarlo con el modelo genérico del adepto y con la persona real, usted puede hacerse idea bien clara sobre cuándo la persona está siendo muy «sectaria» y cuándo es más él mismo. Recuerde que cada persona es diferente, y que cada miembro de una secta sostiene una batalla entre la identidad de la secta y su identidad real. En cualquier momento, usted podrá ver cómo la persona cambia constantemente de una identidad a otra.

Muchas personas intentan con verdadera desesperación luchar contra la identidad de la secta siempre que pueden. Por ejemplo, existen sectas cuyos miembros han de ser vegetarianos y no deben beber alcohol ni consumir drogas. Sin embargo, he conocido a varias personas de uno de estos grupos que solían escaparse de la casa de la secta y conducir cerca de 60 km para poder comer una hamburguesa y beberse una cerveza. Un hermano o un amigo íntimo que mantenga una buena relación puede descubrir y hacer buen uso de esta información. En cualquier momento, el miembro puede cambiar a su identidad «real» o a la «sectaria».

Estos tres modelos son los que empleo en mi trabajo de asesor. Antes de conocer a la persona cara a cara, quiero disponer de estos tres modelos lo más ajustados posible. Luego, cuando estoy con la persona, puedo seguir refinando los modelos y formular un determinado tipo de preguntas. Al cabo de tres días, podré trazar una serie de planes muy elaborados.

De la misma manera que el actor, estoy capacitado para meterme en el papel e imaginarme a mi mismo como la persona a la que estoy aconsejando. Estoy capacitado para sumergirme en su «realidad». Durante todo este procesó, paso continuamente de una personalidad a otra.

Utilizo el modelo de quién es la persona en este momento (la persona dentro de la secta), y lo pongo a prueba anticipando sus respuestas en una conversación imaginaria con el individuo. A continuación, le formulo las mismas preguntas y observo en qué medida he sido capaz de predecir sus respuestas. A medida que se avanza en el asesoramiento, puedo ajustar el modelo cada vez más.

Cuanto más estrecha sea la relación que puedo establecer, más fácil será acceder a la información que necesito. Cuanto más deprisa elabore un modelo adecuado del miembro de la secta, más deprisa podré «convertirme» en él. Una vez adoptada su personalidad, ya puedo imaginar qué se necesita decir o hacer para ayudarle a recuperar el control de su vida.

Es, por supuesto, la identidad real la que me enseña cómo abrir las puertas. Es la personalidad real la que me dice cuáles son las llaves que hay que utilizar, dónde y en qué orden. Este proceso puede ser demostrado con el siguiente caso de interacción con un joven miembro de una secta que practica la meditación bajo el liderazgo de un hombre llamado Guru Maharaj Ji.

Un ejemplo de intervención: Gary y la Misión de la Luz Divina

-Perdona la curiosidad, ¿cuánto tiempo hace que perteneces a la Misión de la Luz Divina? --le pregunté, mientras miraba los folletos de propaganda que llevaba el joven. Ambos estábamos esperando el autobús.

-Unos siete años -me respondió Alzó lentamente los ojos hasta fijarlos en los míos.

-Eso es mucho tiempo -dije-. ¿Qué edad tenias cuando ingresaste en el grupo? -Yo intentaba hacerme el inocente, como si fuéramos amigos de toda la vida.

-Veinte años -contestó el joven.

-Me llamo Steve -dije mientras extendía mi mano para estrechar la suya-. Discúlpame si te estoy molestando. ¿Cuál es tu nombre? -le pregunté.

-Me llamo Gary -contestó, un tanto asombrado. Daba la impresión de que no sabía muy bien qué pensar de mí.

-Gary, sólo es por curiosidad, pero ¿a qué te dedicabas en aquella época de tu vida? --quise saber.

-¿Por qué quiere saberlo? -replicó, cada vez más intrigado.

--Me encanta hablar con personas que han escogido opciones poco ortodoxas en su vida Siempre intento comprender por qué la gente hace las cosas que hace -dije a modo de explicación acompañando mis palabras con un leve encogimiento de hombros.

-Oh, bueno, por aquel entonces yo trabajaba en una empresa constructora -me informó, demostrando un poco de entusiasmo.

-¿Y hacías algo más? -pregunté.

-Si. Me gustaba ir por ahí con mis amigos y también me gustaban mucho los animales. Tenía dos perros, un gato, unos cuantos peces tropicales, y un conejo -contó Gary. Una cálida sonrisa iluminó su rostro, mientras recordaba a sus amigos y a sus animales.

-Sí que te gustaban los animales. ¿Tenias alguno que fuera tu favorito?

-Bueno, mi perro, Infierno, era bastante especial. Él y yo éramos muy buenos compañeros -agregó Gary.

-¿Qué lo hacía tan especial?

-Era un espíritu independiente. Le encantaban las aventuras. Se chiflaba por ir conmigo de paseo al bosque -afirmó Gary. Resultaba obvio que echaba mucho de menos a su perro.

-Así que te gustan los espíritus independientes. ¿Admiras a las personas que sobresalen y hacen aquello que piensan que está bien sin importarles lo que digan los demás? -le pregunté. Yo estaba haciendo todo lo posible para animar a Gary a recordar las cualidades que en un tiempo había admirado.

-Así es. Infierno hacía lo que le apetecía. Y a mi me gustaba por eso -replicó Gary, un poco a la defensiva y con un tono un tanto puntilloso.

-Vaya. Dime, Gary, ¿qué fue lo que te hizo decidir que la Misión de la Luz Divina era el grupo donde deseabas pasar el resto de tu vida? -pregunté.

-Nunca me lo planteé así -respondió. En su rostro apareció una sombra de malhumor.

-Está bien, pero entonces ¿qué fue lo que, te llevó hasta ellos? -le interrogué en un tono más enérgico.

-En aquella época, mi novia Carol comenzó a asistir a satsan g, ya sabes, reuniones de grupo, y yo la acompañaba. Escuchábamos a la gente que hablaba de sus maravillosas experiencias del conocimiento y lo motivados que se sentían -me explicó Gary.

-¿Quién fue el primero que quiso recibir la iniciación? ¿Carol o tú? -pregunté, intentando conseguir más datos.

-Fue ella. Al principio, todo el asunto me parecía bastante raro. Pero después, cuando ella comenzó a meditar, sentí curiosidad y decidí meterme yo también -dijo. Su VOZ daba la impresión de que había sido muy escéptico.

-¿En qué año fue? -Yo quería que fuera preciso.

-En 1973 -respondió.

-Y en aquel entonces, ¿qué opinión te merecía el Guru Maharaj Ji? -fue mi siguiente pregunta.

-Yo pensaba que era un tío joven de la India que nos conduciría a una era de paz en el mundo -contestó con una pizca de sarcasmo.

-¿Estuviste en la gran reunión en el Astrodomo de Houston?

-Sí -contestó.

-¿Y qué pasó con Carol? ---quise saber.

-No lo sé. Rompimos pocos meses después de nuestro ingreso -me dijo Gary mientras su rostro volvía a ensombrecerse.

-¿Cuándo fue la última vez que hablaste con ella?

-Hace unos cuatro años me envió una carta en la que me decía que había decidido volver a la escuela y que ya no seguiría practicando el conocimiento -fue su respuesta.

-¿Te dijo el motivo por el cual ya no volvería a pertenecer al grupo? -le pregunté, incrédulo.

-No me acuerdo --dijo él, con la mirada clavada en el suelo.

-¿Así. que la persona que te metió en el grupo se marchó hace cuatro años? -le repetí.

-Si.

-¿Y nunca más te has reunido con ella para conocer los motivos que tuvo para abandonar el grupo después de estar tres años en él? --le pregunté una vez más para remarcar la cuestión.

-Diga, ¿por qué me mira de esa manera? -protestó Gary, mirándome de frente.

Le sonreí, miré un instante al suelo y después le miré directamente a los ojos. Dije:

-Es que no lo entiendo, Gary. Si mi ex novia abandonase el grupo en el que me ha metido, a mí me interesaría poder hablar con ella y descubrir los motivos que tuvo para hacerlo. Debe haber tenido muy buenas razones para dejarlo después de tres años. Y es obvio que se preocupaba por ti, pues si no, ¿por qué te hubiera llamado y contado lo que había hecho?

Esperé un par de minutos mientras Gary permanecía delante de mí, en silencio. Después, continué:

-Supongo que ya no tienes manera de poder contactar con ella.

-Bueno, creo que sus padres continúan viviendo en el mismo lugar. Lo podría mirar en la guía telefónica.

-No es mala idea. Bueno, Gary, te deseo mucha suerte. Ha sido muy agradable hablar contigo. Gracias -dije, mientras llegaba mi autobús.

Me hizo un gesto de despedida con la mano cuando el autobús se puso en marcha.


La conversación precedente demuestra lo mucho que puede hacerse en pocos minutos para ayudar a alguien comprometido con una secta de control mental. Durante ese tiempo fui capaz de establecer de inmediato una relación, recoger información muy valiosa acerca de Gary y utilizar lo que había aprendido para ayudarle a que diera un paso muy importante para apartarse de la secta.

Como he afirmado antes, la relación es imprescindible para conseguir influencia. Si yo hubiera empleado un tono de voz amenazador o un poco condescendiente, no hubiera adelantado nada. Como utilicé un tono de curiosidad e interés, Gary se alegró de poder pasar el rato con un desconocido que se mostraba amable.

Cuando supe el tiempo que Gary llevaba en el grupo, pude asumir de inmediato que después de siete años no sentía el mismo entusiasmo que al principio. Me resultó relativamente fácil hacer que G'ary recordara cosas de su vida antes de entrar en la secta. Cuando recordó lo que hacia antes, fue capaz de actuar de nuevo con su identidad real y su manera de pensar, sentir y obrar antes de ser adoctrinado por el grupo. No sólo recordaba a su perro favorito sino que había declarado su admiración por los espíritus independientes y aventureros, un recurso muy valioso para ayudarle a abandonar un compromiso de siete años con Guru Maharaj Ji.

Gary también recordó lo que pensaba, en un primer momento, sobre el grupo antes de caer en sus manos. Retrocedió en el tiempo y observó a la secta con su mirada de antes, pensando que era un tanto extraña. En aquel entonces, no tenía la intención de unirse a la secta por el resto de su vida. Una estrategia importante para probar la realidad es volver atrás en el tiempo desde el punto de vista presente y preguntar: «Si hubieras sabido entonces lo que sabes ahora, ¿hubieras tomado la misma decisión?». En el caso de Gary, es evidente que la respuesta hubiera sido un no.

Después, cuando yo intentaba recabar más información, Gary me había dejado boquiabierto al decirme que Carol, la ex novia que había reclutado, había abandonado el grupo. Dado que todos lo que están sometidos al control mental sienten fobias con respecto al abandono del grupo, no me sorprendió que Gary no quisiera averiguar el motivo de su abandono. Era muy posible que cuatro años antes no estuviera en condiciones de hablar con ella, aunque se trataba de una amiga íntima. Sin embargo, yo tenía muy claro que Gary aún sentía curiosidad sobre el por qué Carol había dejado el grupo. Ahora había llegado un momento en su vida en que estaba más abierto a esta posibilidad. Yo le di el empujón para que fuera a hablar con Carol.

La primera experiencia de una mini intervención

Cuando hacía poco que había abandonado a los Moonies, buscaba en mis recuerdos aquellos momentos en que había tenido dudas o me planteaba interrogantes. Me acordé de varias ocasiones en las que había pensado fuera de los marcos de referencia Moonies. A pesar de que estas experiencias no fueron tan importantes como para impulsarme a abandonar, resultaron ser muy significativas a la hora de mi desprogramación. Uno de estos recuerdos se refería a una persona cariñosa que conocí una vez por casualidad. Fue durante mi primer año como adepto. Yo me encontraba en Manhattan recogiendo fondos y el día era terriblemente caluroso. Me acerqué a un hombre de unos sesenta años y le pregunté si quería comprarme unas flores.

-¿Para qué vendes esas flores, jovencito? -me preguntó mientras me obsequiaba con una cálida sonrisa.

-Para nuestros programas destinados a la juventud cristiana -le respondí, esperando que me comprase una docena de claveles.

-Vaya, vaya, pareces tener mucho calor -comentó.

-Sí, señor. Pero esta causa es muy importante, así que no me importa -respondí.

-¿Aceptarías que entráramos en aquella cafetería y que te invitara a un refresco? -preguntó.

Yo pensé para mis adentros: «Este tipo parece un buen hombre, pero tiene que comprarme las flores o no tendrá vinculación con el "Padre"». Entonces recordé que Jesús había dicho que quien da de beber al sediento está cumpliendo la voluntad de Dios.

-No serán más de cinco minutos -señaló el hombre-. Te refrescarás y podrás vender aún más flores. -En sus ojos había una chispa de picardía.

-De acuerdo. Muchas gracias -le respondí mientras entrábamos en el local con aire acondicionado. Era maravilloso no estar bajo el sol.

Ocupamos una mesa y el hombre dijo:

-Háblame un poco de ti,

-Bueno, pertenezco a una familia judía que vive en Queens

-comencé.

-Oh, así que eres judío. Yo también -comentó el hombre, sin dejar de sonreír.

Tal vez, me dije a mi mismo, Dios me ha enviado a este hombre para que sea «testigo de» (el término que utilizábámos en el grupo para referirnos al reclutamiento). Nos habían instruido para que durante la recolección de fondos no dedicáramos más de un par de minutos a cada persona. Pero como mi trabajo principal era el de reclutador, y yo había sido enviado a recaudar fondos un sábado por la tarde, pensé que no había nada malo en que pasara unos cuantos minutos más en su compañía.

Creo que pasé, al menos, media hora con él. Consiguió que casi todo el peso de la conversación recayera sobre mi. Durante el encuentro, sentí una inmensa nostalgia, no sólo de mi familia y de mis amigos, sino también de jugar a básquet, escribir poesías y leer libros. Antes de que me marchara insistió en que llamase a casa, me acompañó hasta el teléfono y él mismo echó la moneda. Recuerdo que sentí que aquel hombre me hacía pensar en mi abuelo, alguien a quien había querido mucho. Yo no tenía fuerza de voluntad para decir que no. Además, causaría una mala opinión sobre el grupo si me negaba a hablar con mis padres. Mi madre atendió la llamada y conversé con ella durante unos minutos.

En cuanto colgué, sentí que tenía que librarme de aquel individuo. Mi identidad sectaria empezaba a manifestarse con mucha fuerza. Comencé a sentirme culpable de no estar en la calle recolectando dinero y permitiendo a la gente que «pagara indemnización» al tiempo que se vinculaban con el Mesías.

Pese a mis esfuerzos, no podía concentrarme, así que no realicé ni una sola venta más en toda la tarde. Cuando volví al local de la secta, un líder Moonie me dijo que yo había creado una condición desfavorable al entrar en un bar a tomar un refresco, que Satanás me había tentado, y que yo había sucumbido. Me dijo que en aquel momento había crucificado a Cristo una vez más. Aquella noche oré y me arrepentí tratando de borrar cualquier recuerdo de lo sucedido. Jamás volví a recordar esta experiencia hasta después de mi desprogramación.

Otra intervención: Phil y la secta Hare Krishna

Aquí voy a describir una parte de la intervención que realicé con PhiI, que fue miembro de la secta Hare Krishna durante más de tres años. Phil se comprometió con el grupo unos seis meses después de que su hermano mellizo falleciera en un accidente automovilístico. La muerte fue un durísimo golpe para toda la familia y provocó en Phil una fuerte depresión, durante la cual consideró incluso la posibilidad de suicidarse. A pesar de los medicamentos y la terapia, nada parecía ayudarle. Entonces un día, mientras paseaba por el centro de la ciudad, fue abordado por una persona de los Krishna.

Conocí a Phil en el transcurso de una de sus escasas visitas al hogar y fui presentado como el asesor de la familia que llevaba trabajando con sus padres y sus dos hermanas durante varios meses. Le dije que creía necesario hablar con él a solas antes de realizar las sesiones familiares. Le comenté además que, desde mi punto de vista, él era un miembro de muchísima importancia en la familia y que su participación no sólo sería muy valiosa sino que resultaba imprescindible.

Después de presentarme, le sugerí que saliéramos a dar un paseo para poder, así, conocernos mejor. Él iba vestido con las prendas Krishna y calzaba sandalias. Dediqué los primeros minutos a explicarle mis antecedentes como asesor especializado en estrategias de comunicación y dinámica familiar, y que me había comprometido a ayudar a todos para que maduraran y disfrutaran de mejores relaciones con sus seres queridos. Él utilizaba el nombre de Gorivinda.

-¿Te importaría decirme, Gorivinda, Phil, cuáles son en estos momentos tus sentimientos respecto a tu familia? -le pregunté, con las manos en los bolsillos y mirando al suelo.

-No lo sé -respondió. Se encogió de hombros levemente.

-Bueno -continué-. ¿Eres feliz en tu actual relación con tu madre? ¿Tu padre? ¿Tus hermanas?

-Las cosas han mejorado bastante desde que dejaron de criticar mi compromiso religioso -respondió.

-¿Cómo te sientes cada vez que vienes a casa de visita? -le pregunté, tratando de ser lo más amable posible.

-Si he de ser sincero, resulta un tanto extraño -dijo.

Me alegré de la respuesta. Intenté sacarle más información preguntándole:

-¿Qué quieres decir?

-Bueno, es como llegar a otro mundo. Resulta tan diferente de la vida de devoción en el templo -respondió.

-¿Hay algunos buenos sentimientos de los que seas consciente cuando vienes a casa? -quise saber.

-Sí -dijo, con entusiasmo-. Quiero mucho a mis padres, a mis hermanas y a mi hermano. -Entonces se contuvo y agregó--:

Pero están viviendo en un mundo material.

--Ya veo -dije, un tanto desilusionado porque se había controlado pasando a la perspectiva de la secta-. ¿Te importaría hablarme acerca de tu hermano mellizo y de lo que significó su muerte para ti?

Con esta pregunta intentaba atraerlo hacia su identidad anterior.

--¿Por qué? -quiso saber, como si sospechase alguna cosa.

-Porque, como profesional de la salud mental, creo que toda la familia aún está sufriendo las consecuencias de la tragedia -declaré, mientras esperaba que mordiera el anzuelo.

En cuanto pronuncié estas palabras, Phil se echó a llorar y a ahogarse por la emoción. Me sorprendió la fuerza de sus sentimientos. Después juntó las manos y comenzó a mecerse. Pensé para mí: «Está cantando para dominar sus pensamientos». Después de unos minutos, recuperó la tranquilidad.

-Tom y yo estábamos muy unidos -dijo, mientras comenzaba una vez más a perder el control de sí mismo.

-Cuéntame cómo era él cuando vivía -le pedí-. ¿Qué cosas le gustaba hacer?

El rostro de' Phil comenzó a brillar mientras recordaba a su hermano.

-Tom era inteligente, enérgico, tenía un gran sentido del humor. Era el más agresivo de los dos. Siempre me ayudaba a motivarme para hacer cosas.

-Dime, Phil, ¿qué piensas tú que liaría en la actualidad si no hubiera tenido el accidente? -le pregunté. Yo deseaba que Phil volviera a pensar en la clase de vida que Tom habría llevado.

-Es una pregunta difícil -replicó Phil.

-¿Tú crees que él se hubiera unido a los Krishna? -le pregunté con una sonrisa.

-No, jamás -manifestó Phil, sin dudarlo-. Tom nunca tuvo mucho interés en la religión, aunque era muy espiritual.

-Entonces ¿qué piensas que estaría haciendo? -insistí.

-Él siempre decía que quería meterse en el mundo del periodismo; le hubiera gustado trabajar en la televisión -me explicó Phil-, Quería ser el presentador de las noticias de la tarde.

-Así que le interesaban las noticias. ¿Le gustaba el periodismo de investigación? -pregunté. Sabía que si me respondía que sí, tendría otra perspectiva para trabajar con Phil más adelante.

-¡Era su tema favorito! -dijo.

La pregunta había dado en el blanco. Sin embargo, decidí primero estudiar otro enfoque. Pregunté:

-En aquellos tiempos, ¿que pensabas tú que ibas a hacer?

-¿En aquellos tiempos? Yo quería ser músico -exclamó con entusiasmo.

-Eso es -dije-. Tú hermana mencionó que tocabas la guitarra eléctrica y que también escribías canciones.

Tenía la sensación de que Phil comenzaba a hacer algunas de las importantes conexiones que yo esperaba que hiciese.

-Si.

-¿Así que deseabas tener tu propio grupo y grabar discos? -pregunté. Pretendía conseguir que Phil recordara todos los detalles posibles.

-Desde luego. Me gustaba tanto la música... Recuerdo cuando cantábamos mis canciones con Tom. Algunas veces, él me ayudaba a componer las letras -dijo, con mucho orgullo.

-¿Así que imaginabas que ibas a ser un músico de éxito, con una vida feliz y espiritualmente gratificante? -le pregunté, asintiendo con la cabeza. Yo quería que se formara una imagen mental lo más fuerte posible. Pretendía que se le grabara muy hondo.

-¡Exacto! -exclamó Phil, con la mirada un tanto extraviada. Era obvio que estaba disfrutando con las imágenes mentales.

-¿Puedes imaginarte lo maravilloso que es estar sobre un escenario y cantar tus canciones, impresionar a la gente con tu creatividad y hacerles felices? -dije. Quería que Phil se pusiera en contacto con lo bien que se hubiera sentido como músico.

-¡Sí! Es una sensación maravillosa -afirmó.

-¡Fantástico! Imaginate disfrutando de tu música, y tal vez ver que tus amigos están presentes. Ellos deben admirar y respetar muchísimo tu talento musical. Tal vez te has casado y eres feliz en tu matrimonio, tal vez ya tienes hijos --continué. Sabía que estaba corriendo un riesgo, pero él parecía disfrutar aún más con sus fantasías si les añadía una esposa y unos hijos. Esperé durante unos minutos a que Phil volviera de su agradable viaje imaginario.

-Bueno, todavía tengo otra pregunta --dije. Hice una pausa para tomar aliento y pregunté-: ¿Qué piensas que diría Tom en este momento si viera que estás con los Hare Krishna?

Phil se sorprendió. Después contestó:

-Se reina de mi y me diría que volviera al mundo real. ¡No entendería nada de todo esto!

Ésta era la respuesta que yo esperaba. Decidí insistir en el tema.

---Si Tom estuviera ahora mismo sentado a nuestro lado, ¿cómo le explicarías los motivos de tu ingreso en los Krishnas?

Debo admitir que me pilló desarmado ver que Phil era presa de fuertes sollozos que se prolongaron cinco minutos. Estábamos sentados en un banco de un parque muy tranquilo. Phil se sujetaba el pecho con las manos y se mecía de un lado a otro. Los fuertes sollozos parecían un eco que salía de lo más profundo de su cuerpo. Me pregunté si sería conveniente o no pasarle un brazo por los hombros y consolarle; decidí que era mejor no interrumpirle. Por fin, dejó de llorar y se rehízo una vez más. Le dirigí una mirada de compasión y formulé de nuevo la misma pregunta

-De verdad, ¿qué le hubieras dicho a Tom?

Phil se secó las lágrimas y declaró con firmeza:

-No quiero seguir hablando de este asunto, ¿de acuerdo?

Asentí y permanecí en silencio por unos minutos. Decidí que debía darle tiempo para que meditara un poco más sobre la pregunta, con la esperanza de que la contestara para sus adentros. Le sugerí que continuáramos nuestro paseo. Yo deseaba cambiar su esquema mental.

-Hay algo más que me gustaría discutir contigo antes de que volvamos a tu casa -dije, reanudando la conversación-. Si pudieras ponerte en el lugar de tu padre, ¿cómo te sentirías si perdieras a un hijo?

-¿Qué? -preguntó a su vez, mirándome.

-Imágínate que eres tu madre -continué-. Estuvo embarazada de Tom y de ti, os dio a luz, os amamantó, os cambió los pañales y os bañó. Cuidó de ambos cuando estabais enfermos. Jugó con vosotros, os enseñó y vio cómo os hacíais adultos. ¿Eres capaz de imaginar lo que significó para ella perder a Tom?

-Sí. Fue horrible -contestó. En realidad, hablaba como si de verdad fuera su madre.

-¿Y tu padre? ¿Puedes imaginar lo terrible que tuvo que ser para él? -añadí.

-Papá era el que más unido estaba a Tom. Para él fue un duro golpe -afirmó Phil.

-Así es -dije-. Ahora ya puedes imaginarte lo que han de sentir al ver que su otro hijo sufre una depresión y está al borde del suicidio, y que después, al cabo de pocos meses, cambia de nombre, se afeita la cabeza, y se marcha a vivir con un grupo que, al parecer, tiene una reputación más que dudosa.

-Sería algo espantoso -apuntó Phil-. Me enfurecería. Sería como perder a los dos hijos.

-Así es exactamente cómo me han dicho que se sentían -comenté-. ¿Lo comprendes ahora? Es por ello que se mostraron tan críticos con respecto al grupo cuando te uniste a ellos.

Hice una pausa y le dejé pensar unos instantes antes de continuar.

-Tengo curiosidad por saber qué pasaba por tu mente cuando conociste al primer miembro del grupo. ¿Qué fue lo que te llamó la atención y despertó tu interés por aprender algo más? -le pregunté.

Phil contempló el cielo unos momentos, luego miró al suelo, lanzó un profundo suspiro y respondió:

-Bueno, cuando me preguntó por qué estaba tan deprimido, le conté lo de la muerte de Tom. Le expliqué que no podía comprender por qué tenía que sucederle a una persona tan maravillosa corrió él. No me parecía justo. Él comenzó a explicarme las leyes del karma, y dijo que este mundo material, después de todo, no es más que una ilusión. Añadió que tenía que sentirme feliz de que Tom hubiera dejado su conciencia material para poder encarnarse en un ser más evolucionado en su próxima vida.

-Ya veo; así que el devoto te ayudó a comprender lo que le había pasado a Tom de una forma que te libraba del miedo y la confusión ---dije.

-Y de la culpa -añadió Phil.

-¿La culpa? -pregunté.

-Si. Verás, yo le había pedido a Tom que aquel día fuera a la tienda a comprarme una cuerda nueva para la guitarra. Iba de camino cuando sufrió el accidente -respondió.

-¿Así que te culpabas de su muerte porque pensabas que si no le hubieras pedido que fuera a la tienda jamás hubiese tenido el accidente? -quise saber.

-Creo que sí -respondió Phil, apesumbrado.

Se me ocurrió que sería mejor que le ofreciera a Phil algunas perspectivas distintas sobre el accidente. En primer lugar, le dije:

-Si Tom hubiera muerto mientras nadaba en el otro extremo de un lago, ¿te hubieras culpado a ti mismo por no estar cerca de él?

-T'al vez -respondió, después de reflexionar unos instantes.

-¿Puedes imaginar una situación en la que Tom hubiera muerto sin que fuera culpa tuya? -pregunté.

Una vez más tardó en responder.

-Creo que no. Pero esto no cambia las cosas. Él iba a la tienda para cumplir con mi encargo.

-¿No crees posible que él también tuviera algunas cosas que comprar, o que tuviera que hacer otros recados? ¿No es posible que hubiera tomado otro camino hacia la tienda distinto al recorrido habitual, y tuviese allí el accidente? -pregunté.

Phil no parecía muy satisfecho.

-¿Cómo se sentiría Tom en estos momentos si hubieras sido tú el que un día hubiera ido a la tienda y se matara en un accidente de automóvil? -pregunté-. ¿Se habría sentido deprimido, habría pensado en suicidarse, y después se habría unido a los hare Krishna?

Phil se echó a reír.

Había hecho blanco en el centro de la diana. Al cabo de unos minutos era Phil quien comenzaba a formular preguntas.

-¿Qué opinas tú de los Krishna, Steve? -inquirió.

Pensé que estaba intentando, con toda honestidad, poner a prueba su «realidad» y no buscar mis fallos para dejarme de lado.

-Chico, es una pregunta difícil -dije, mientras me rascaba la cabeza.

-Quiero saberlo.

-Mi obligación como profesional, Phil, es asesorar y no formular juicios de valor sobre lo que las personas hacen con sus vidas. Sin embargo, yo también tengo sentimientos personales.

-Quiero saber tu opinión personal -insistió Phil en voz baja.

-Bueno, si he de ser sincero, te diré que estoy muy preocupado. Sabes, catorce años atrás me uní a un grupo religioso que mi familia reprobaba. Yo también me sentía deprimido antes de conocer a los miembros y no tenía muy claro qué quería hacer con mi vida. En aquel entonces, pensaba que ellos estaban interfiriendo en mis derechos como adulto a escoger lo que yo deseaba hacer.

-¿Qué grupo era? -preguntó Phil con curiosidad.

Decidí darle primero la respuesta más larga:

--La Asociación del Espíritu Santo para la Unificación de la Cristiandad Mundial. También se la conoce como la Iglesia de la Unificación -dije-. Bueno, la cuestión es que fui miembro devoto del grupo durante más de dos años. Dormía tres horas por noche, e incluso hice varios ayunos de siete días sólo a base de agua.

-Vaya, es mucho ayunar -exclamó Phil, admirado. Veía que no se perdía ni una sola de mis palabras.

-Sí. Adelgazaba entre siete y ocho kilos después de cada ayuno. Pero a lo que íbamos, en mi grupo reverenciábamos a nuestro líder como uno de los maestros espirituales más importantes de toda la historia. De hecho, creíamos que habla conocido a Jesús, Buda, Mahoma, Krishna, y a todos los otros grandes líderes espirituales.1

--¿Tú creías eso? -preguntó Phil. Estaba asombrado.

-Sí. Nosotros creíamos en un mundo espiritual. De hecho, creíamos que cada vez que alguien moría, como Tom, era como el pago de una indemnización por algún pecado cometido en el pasado por uno de los ancestros de la persona. De esta manera, cualquier otro familiar podía unirse al grupo, servir al hombre a quien reverenciábamos como el Mesías viviente, y después, cuando llegara el momento, intervenir para salvar a la persona que había entrado en el mundo de los espíritus. También por este medio, Dios no sólo podía devolver al mundo su estado original de, pureza, sino salvar asimismo a todos los seres espirituales que estaban en el mundo de los espíritus y que no podían progresar sin los «elementos vitales» suministrados por aquellos que estaban -en la Tierra.

Phil estaba boquiabierto. Preguntó:

-¿De verdad creías en lo que dices?

---En aquel tiempo, a pies juntillas -dije-. Sabes, en la Iglesia no se permitía a los miembros que formulasen preguntas críticas acerca de todo cuanto el líder dijera o hiciera. Nos enseñaban a creer que cualquier cosa que desafiara al líder o a las creencias del grupo era «negativa» y estaba originada por los espíritus malignos. Nos enseñaban a interrumpir el pensamiento para cerrar nuestras mentes. En mi grupo, esto lo conseguíamos mediante la oración o cantando cada vez que comenzábamos a dudar, o cuando sentíamos nostalgia de nuestro hogar.2

---¿Cómo has dicho que se llamaba el grupo? -preguntó Phil.

-La Iglesia de la Unificación -respondí-. Es probable que tú la conozcas con el nombre de Moonies.

-¿Tú estabas con los Moonies? No no me lo creo -exclamó Phil.

-Es la pura verdad. Yo era un devoto seguidor de Sun Myung Moon. Hubiera dado mi vida gustoso si él me lo hubiera ordenado -repliqué.

-¡Es increíble! -se asombró Phil.

-Y eso no es todo, sino que además nos hacían creer literalmente que, si alguna vez abandonábamos el grupo, nuestrás vidas quedarían destrozadas -continué-. Nos decían que traicionaríamos a Dios, al Mesías, a diez generaciones de ancestros y a todo el mundo. Nos decían que nuestros parientes que estaban en el mundo de los espíritus nos acusarían durante toda la eternidad de haber traicionado a Dios.3

»Era como una pesadilla terrible. Nos obligaban a evitar a los antiguos miembros porque estaban controlados por el diablo. Si alguien al que estábamos muy unidos abandonaba el grupo, nos hacían sentir que él o ella se había convertido en un Judas y que estaba poseído por los espíritus demoníacos.4 ¿Puedes ponerte en mi lugar e imaginar lo que yo sentía cuando estaba con ellos?

-Sí -respondió Phil-. Es sorprendente. ¿Cómo pudiste librarte?

-Bueno. Sufrí un accidente de automóvil en el que estuve a punto de morir -respondí- Después de dos semanas en el hospital y una intervención quirúrgica en la pierna, me dieron permiso para ir a visitar a mi hermana. Un año antes, ella había tenido un niño, mi sobrino, al que yo no conocía. Nunca había podido conseguir permiso de mi superior para ir a verle. Bueno, a lo que íbamos. Mis padres contrataron a unos ex Moonies para que hablaran conmigo.

-Y tú ¿no opusiste resistencia? -quiso saber Phil.

-Desde luego. En el grupo me habían alertado acerca de la desprogramación -contesté-. Me habían dicho que me torturarían y que intentarían acabar con mi fe en Dios. Yo intenté escaparme, pero con una pierna rota y sin muletas no podía ir muy lejos.

-¿Así que fue entonces cuando decidiste abandonar? -preguntó Phil. Yo podía ver que estaba muy interesado en mi respuesta.

Le expliqué todo lo que aprendí durante la intervención. Le dije que había comprendido que los ex miembros continuaban amando a Dios y que en verdad eran muy buena gente. Los describí como personas que habían decidido abandonar el grupo, porque ya no querían seguir a un demagogo que sólo pretendía crear un mundo en el que todos fueran iguales en su manera de pensar, sentir y actuar. Los antiguos miembros me habían dicho que creían que Dios les había dado libre albedrío para poder escoger las cosas correctas, y no para ser forzados, a través del control mental, a hacer todo lo que el líder dice que es correcto. Le dije que cualquier grupo que impida a sus miembros que piensen y que, en cambio, obedezcan ciegamente a sus líderes, es peligroso. Le dije que toda organización que le dice a sus adeptos que no hablen con los ex miembros o que no lean informaciones críticas está ejerciendo un control informativo, que es una parte esencial del control de la mente.

También le conté que, durante la intervención, comencé a recordar algunas preguntas concretas que me había planteado, y las contradicciones que había observado, si bien nunca había tenido tiempo para meditar porque estaba siempre en compañía de otros adeptos y, porque como «buen» miembro tenía que utilizar casi constantemente las técnicas para interrumpir el pensamiento. En el momento en que pude ponerme en contacto con mi auténtica personalidad y replantear de forma objetiva la experiencia vivida, fui capaz de ver que en realidad había sido muy desgraciado en el grupo: había renunciado a mi individualidad; mi creatividad y mi autonomía

-Además, Phil, yo me dedicaba a reclutar a otras personas para que fueran sometidas de la misma manera --dije,, para terminar--. Me sentí muy culpable de lo que hice mientras estaba en el grupo.

Continuamos hablando durante mucho rato antes de regresar a casa. Le dije a la familia que tal vez convendría que nos tomáramos unas horas de descanso, antes de comenzar con la sesión de asesoramiento familiar. Nadie se sorprendió de que Phil quisiera estar a solas y tener un poco de tiempo para reflexionar sobre nuestra conversación.

La sesión familiar que realizamos después se basó en el trabajo que yo había hecho con Phil. Cuando hicimos un descanso a última hora de la tarde, la familia ya le había comunicado a Phil su deseo de que él se diera a si mismo la oportunidad de escuchar «toda la historia». Phil accedió a pasar unos cuantos días en casa para poder escuchar y hablar con ex miembros y así replantear su participación en la secta. Se llamó a varias personas para que le ayudaran en este proceso. Por mi parte, fui capaz de ayudar a la familia a resolver algunos de sus conflictos, y Phil decidió, finalmente, abandonar el grupo.

En la actualidad sigue una carrera musical.

Hay una llave para cada cerradura

En mi intervención con Phil, no sólo establecí, utilicé las técnicas de comunicación orientadas a una relación, un objetivo y desarrollé un modelo de su identidad, sino que deliberadamente intenté que Phil considerara su situación desde otra perspectiva. Luego, con toda intención, metí las llaves en las restantes cerraduras del control mental, y él respondió de forma positiva. Estas llaves llegan a los niveles más ocultos de la persona, y los cambios que pueden producir son muy profundos, como fue en el caso de Phil cuando se echó a llorar desconsoladamente.


Llave No. 4: Ponga a la persona en contado con su identidad original

Cuando una persona comienza a recordar quién era antes de convertirse en miembro de la secta, soy capaz de anclar su punto de referencia personal sobre la realidad en el tiempo en que no existía la identidad de la secta y, como consecuencia, tampoco control mental. Consigo que la persona repase todo lo que pensaba y sentía en cada una de las etapas del proceso de reclutamiento. Casi siempre, la persona tenía en aquella época dudas o preguntas significativas que ha reprimido durante mucho tiempo. Como ya he dicho antes, es bastante común el hecho de que, debido a la presión del adoctrinamiento, la persona silencie su voz interior, que está tratando de avisarle para que se aparte.

Es dentro de esa personalidad anterior a la secta donde aprendo exactamente todo lo que el individuo necesita ver, oír y sentir para poder abandonar el grupo. Con algunas personas, el criterio a seguir puede ser enseñarle la manera en que su líder malinterpreta la Biblia. Con otras, demostrarles los antecedentes delictivos y manejos del líder. Hay quien necesita, en cambio, que se le enseñen las contradicciones específicas de la doctrina. La pregunta:

«¿Cómo sabrá usted que ha llegado el momento de abandonar el grupo?» puede revelar hasta dónde el sujeto está dispuesto a tolerar a la secta. ¿La abandonará si Dios se lo ordena? ¿Se marchará si descubre que le han mentido? En el momento en que el adepto me revela explícitamente qué necesitaría para decidir el abandono del grupo, ya estoy en condiciones de hacer todo lo que esté a mi alcance para conseguir la prueba que desea.

En el caso de Phil, antes de unirse a la secta era una persona depresiva, con tendencias suicidas, y que estaba atormentado por la culpa de sentirse responsable de la muerte de su hermano. Si yo no hubiera sido capaz de ayudarle a que se enfrentara con sus sentimientos y a dar un nuevo enfoque al accidente, jamás hubiera podido abandonar el grupo. Se podría especular que, en algún nivel inconsciente, al unirse a la secta se estaba castigando a sí mismo por el «crimen». Hasta que no se replanteara las circunstancias de la muerte de su hermano y verbalizase lo que sentía, no podría estar en condiciones de dar ni un solo paso adelante.

En este y en otros casos semejantes, si el individuo no ha sido feliz o sano antes de unirse al grupo, resulta imperativo buscar un punto de referencia positivo que la persona pueda utilizar como anda de su identidad. Si no existen fuertes experiencias positivas para utilizar con este propósito, entonces es necesario inventarse una o cultivarla. La imaginación puede emplearse para crear ciertas experiencias positivas. Por ejemplo, se pueden formular preguntas como «¿Qué sentirías si tuvieras una familia cariñosa y comprensiva?» o «Si tu padre hubiera sido todo lo que tú querías cuando estabas creciendo, ¿qué cualidades debería haber tenido y qué cosas te hubiera gustado que hicierais juntos?»

Para que Phil llegara a considerar la posibilidad de abandonar a los Krishna, necesitaba recordar su personalidad anterior y lo bien que se lo pasaba tocando la guitarra, escribiendo canciones y disfrutando de la compañía de su familia y sus amigos. Era preciso sacar a la luz y trabajar con su inmensa pena y su irracional sentimiento de culpa. Tenía que recordar a Tom como una persona llena de vida, y no simplemente como una víctima. Phil fue capaz de resucitar a Tom en su vida interior, su deseo de convertirse en periodista, su desagrado por las organizaciones religiosas, su postura agresiva frente a la vida. Dado que los mellizos casi siempre están extremadamente unidos, resultaba imperativo que restableciera su vínculo emocional positivo con Tom.

Llave No. 5: Conseguir que el adepto contemple la realidad desde perspectivas muy variadas

Durante mi intervención con Phil, le pedí que se mirara a sí mismo desde diferentes puntos de vista. Cuando le pedí a Phil que cambiara de perspectivas y pensara como Tom, todo pareció dar un cambio dramático. Le pregunté: «¿Qué hubiera hecho Tom de haber si tú el que hubiera muerto? ¿Se hubiera unido él a los Krishna?». Phil había estado tan inmerso en su dolor que jamás se le había ocurrido considerar dicha posibilidad. Cuando le pregunté: «¿Qué hubiera dicho Tom de haber sabido que tú estabas con los Krishna?» la respuesta fue: «Se hubiera reído de mí y me hubiera dicho que volviera al mundo real».

Otra perspectiva importante que yo quería que Phil tuviera era la de sus padres. Necesitaba estar en contacto con el dolor y la sensación de pérdida que ellos sentían. Phil había estado tan absorto en su propia pena que no se había dado cuenta de lo mucho que sufrían todos los demás. Sus padres se habían contenido para ayudar a pasar el mal trance a sus hijos. Jamás habían tenido la oportunidad de expresar su sufrimiento.

Ayudar a Phil a recordar y analizar sus experiencias cuando fue reclutado por la secta fue otra de las perspectiva importantes. Al pedirle que verbalizara lo que pensaba y sentía al encontrarse por primera vez con el reclutador, los sentimientos de culpa que Phil había reprimido durante tanto tiempo, y que tenían su origen en el hecho de que le había pedido a Tom, en aquel día funesto, que le fuera a comprar una cuerda de guitarra, salieron a la superficie. Y no sólo eso, sino que al recordar su reclutamiento, Phil pudo también recordar algunas de las preguntas y dudas que se había planteado entonces. Recordó lo importantes que habían sido para él las explicaciones del devoto acerca del karma. Le ayudó a establecer Una barrera ideológica alrededor de la muerte de su hermano y a pensar que Tom estaba un paso más cerca de la iluminación. Recordó que cuando había comenzado a entonar los cánticos, el dolor había desaparecido. Recordó que, en aquel entonces, se había dicho a sí mismo: «Esto es muchísimo mejor que pensar en el suicidio».

En otras intervenciones, es importante introducir perspectivas diferentes. Cada vez que el miembro de una secta considera una perspectiva distinta, el dominio que ejerce la secta sobre él se debilita un poco. Además de pedirle a la persona que recuerde quién era antes de ingresar en el grupo, también puede ser muy valioso pedirle que se imagine el futuro. ¿Cómo será él dentro de un año, de dos, de cinco o de diez? Con toda sinceridad, ¿qué se ve haciendo en el futuro? ¿Seguirá vendiendo flores en una esquina? Si no es así, ¿cómo se sentiría si continuase sin poder hacer nada más que vender flores por la esquinas durante los próximos diez años?

Otra perspectiva muy valiosa puede ser la opinión sobre el líder del grupo. Yo le pregunté a una mujer: «Si usted fuera el Mesías, ¿viviría de la misma manera que el señor Moon, una mansión que es casi un palacio, tendría dos yates de 250.000 dólares cada uno, coches de gran lujo, etc?». Ella me respondió: «¡Claro que no! Daría todo mi dinero para ayudar a los pobres. Viviría de una manera muy sencilla». Al escuchar su respuesta, pude preguntarle qué pensaba ella de que él lo hiciera. Me dijo: «Esto es lo que me preocupa. ¡Siempre me ha preocupado!».

Cuando expliqué a Phil lo que se sentía viviendo con los Moonies, intenté transmitirle sobre todo aquellos sentimientos que se producían al estar cerca del señor Moon: la excitación, el honor, el sobrecogimiento. Yo podía haberle pedido que imaginara qué sentía un Moonie que creía que Moon era diez veces más importante que Jesucristo, sentir el increíble honor de vivir en este mundo y ver al Mesías en persona. Cuando Phil se puso en el lugar de un Moonie, su experiencia como devoto de Krishna se alteró para siempre.

Cada vez que un miembro es capaz de salir de su personalidad y ponerse en el Lugar de otra, ya sea la de un miembro de otra secta, o incluso la de sus padres o su líder, está debilitando su rigidez psicológica. De hecho, alentar psicológicamente al adepto para que adopte otra perspectiva le permitirá poner a prueba su realidad. En este proceso, la información con que fue programado es considerada bajo otro prisma.

El medio para suprimir la fe ciega es introducir nuevas perspectivas.

Llave No 6: Evitar los procesos de interrupción del pensamiento mediante una forma indirecta de suministrar información

Todas las personas que forman parte de una secta han sido programadas para interrumpir todos los pensamientos «negativos» acerca del líder, la doctrina o la organización, y también han sido adoctrinadas para creer que este grupo es superior a todos los demás grupos y diferente a todas las demás sectas.

El proceso para interrumpir el pensamiento se desencadena cada vez que se produce un «ataque frontal», o, en otras palabras, cuando la persona advierte que alguien ataca la validez del grupo. De esta manera, la interrupción del pensamiento actúa como un escudo que debe levantarse contra cualquier enemigo que se aparezca.

Sin embargo, el adepto no emplea la interrupción del pensamiento cuando no hay una percepción del «peligro». Dado que el miembro del grupo cree que no está integrado en una secta, pero que existen otros grupos que sí son sectas, es relativamente fácil mantener largas y detalladas conversaciones sin que él tenga, en ningún momento, la sensación de que usted está atacando al grupo o a su líder. En consecuencia, la forma de comunicarse con el adepto es a través del acercamiento indirecto.

Si es miembro de El Camino Internacional, no se sentirá amenazado en lo más mínimo cuando usted le cite a los Moonies. Si habla con un adepto de los Moonies, él no se sentirá amenazado si le habla de El Camino. Él piensa que su grupo es muy diferente, muy superior a todos los demás, De esta forma, se puede obtener una idea de los procesos de control mental y técnicas específicas utilizadas por este otro grupo de una manera muy sutil y apacible. Usted estará suministrando al inconsciente de la persona (su identidad Fulano de tal, "Juan Juan") los marcos de referencia imprescindibles para que comience a analizar lo que le ha sucedido a él.

Tenga presente que en el caso de Phil, tuve mucho cuidado en no atacar a los Krishna. Si lo hubiera hecho, lo más probable es que se hubiera puesto a la defensiva y comenzara con los cánticos, y si yo me hubiese mantenido en mis trece, él se hubiera marchado. Toda la información se refería a los Moonies y a los otros grupos. Este método indirecto de transmitir información evita los mecanismos de interrupción del pensamiento.

Llave No. 7: Visualizar un futuro feliz para vencer las fobias del adoctrinamiento

Las fobias del adoctrinamiento o el miedo a dejar alguna vez el grupo residen, por lo general, en el inconsciente. La identidad «sectaria» jamás piensa en abandonar el grupo. Ni que decir que está siempre feliz, entusiasta y obedece a sus líderes. Es «Fulano de Tal» el que está esclavizado.

Yo ayudé a Phil para que comenzara a librarse de la fobia del adoctrinamiento pidiéndole que visualizara una imagen del futuro que al él le gustaría disfrutar: interpretar música, estar con sus amigos, tener una esposa, hijos, estar unido a su familia, etc. Después le pedí que «se metiera en la imagen» y que disfrutara con la experiencia. Al hacer esto, yo ayudaba a Phil para que abriera la puerta de salida de los Krishna. Esta técnica de visualización comenzó a desarmar las fobias del adoctrinamiento. Se convirtió en un puente para alcanzar una nueva vida.

En otros casos, a menudo le pregunto al adepto: «Si usted no hubiera conocido jamás a este grupo, e hiciera ahora lo que deseaba poder hacer, ¿qué sería?». Después de unos instantes de confusión y resistencia, por lo general tengo que repetir la pregunta varias veces, «Imagínese tan sólo que usted hace exactamente lo que deseaba hacer, de tal forma que es completamente feliz, que se siente espiritual y personalmente gratificado; y que desconociera por completo la existencia del grupo, ¿qué estaría haciendo ahora?»

Las respuestas varían. «Yo sería médico y trabajaría en una clínica atendiendo a los pobres.» «Sería tenista profesional.» «Estaría navegando alrededor del mundo.» Cuando la persona ha verbalizado su fantasía, procuro que se meta en la visualización de su nueva vida, y la estimulo para que se involucre emocionalmente con la misma.

Al dar este paso, estoy en condiciones de comenzar a neutralizar los sentimientos negativos programados. Éstos disponen que el miembro no puede hacer ninguna otra cosa que no sea ser un adepto. Una vez establecido un punto de referencia positivo, la imagen generada por el grupo sobre una vida oscura y llena de desastres fuera de la secta comienza a modificarse. Cuando la imagen positiva está en su lugar, se tiende un puente hacia otras posibilidades. Se considera a la gente ajena al grupo como personas buenas y cariñosas, hay muchísimas cosas de las que disfrutar, puede lograrse la gratificación religiosa y espiritual. Cuando el mundo exterior se llena de experiencias positivas, el grupo pierde el control total sobre el sentido de la realidad del adepto. Este estará entonces en, una posición más ventajosa para decidir si quiere permanecer donde está, o cruzar el puente y hacer algo personal que sea más valioso y gratificante.

Llave No. 8: Ofrecer al adepto definiciones concretas sobre el control mental y las características de una secta destructiva

Mi intervención con Phil demuestra la importancia de brindarle al adepto información específica sobre las sectas. Dado que yo había podido establecer una buena relación con Phil, estuve en condiciones de obtener mucha información sobre sí mismo y ayudarle. Durante el proceso, Phil sintió curiosidad por mi persona y quiso saber lo que yo pensaba.

Llegado a este punto, pude comenzar a ofrecerle información más concreta sobre las sectas y el control mental a través de mi experiencia personal en los Moonies. Fui capaz de explicarle lo que había sucedido durante mi desprogramación y que, gracias a ésta, había sido capaz de comprender que estuve sometido al control mental y que, de hecho, pertenecía a una secta destructiva. En mi caso, hasta que mis asesores no me enseñaron lo que los comunistas chinos habían comenzado a practicar en 1950, no fui capaz de entender con claridad el proceso del «lavado de cerebro» Y también cuando ellos pudieron demostrarme que todas las sectas destructivas, como los Krishna,5 estaban estructuradas de la misma manera autoritaria que la Iglesia de la Unificación, dejé de creer que los Moonies eran por completo diferentes a todos los otros grupos.

También le expliqué a Phil que algunas de las creencias de los Moonies, por extrañas que parecieran, tenían sentido siempre y cuando uno creyera en la totalidad de la doctrina. Me preocupé de incluir la teoría de los Moonies sobre el porqué ocurren las «muertes por accidentes», para que viese que existían sistemas de creencias alternativos que ofrecían otra explicación. También era muy importante para él saber que hay otros grupos guiados por personas que proclaman ser superiores espiritualmente. Cuando, en un momento dado, le informé de que había unas tres mil sectas, y que si una de ellas estaba encabezada de verdad por un auténtico líder (cosa que yo ponía muy en duda), entonces las probabilidades que él tenía de acertar con la correcta, en un primer intento, eran de una entre tres mil. No se podía considerar que hubiera muchas posibilidades de acierto.

También le hice ver que yo me había entregado al grupo, y que había escogido abandonarlo por las razones «correctas». Pretendía poner en duda lo que le habían dicho en su adoctrinamiento: que las personas abandonaban el grupo por. razones equivocadas, porque eran débiles o indisciplinadas, o porque querían caer en el materialismo. Quería que supiera que yo había dejado el grupo debido a mi integridad y fuerza de voluntad.

Abandoné el grupo porque había llegado a comprender de forma objetiva lo que había estado haciendo. Me había dedicado a una «fantasía» creada por el adoctrinamiento de los Moonies en sus talleres de trabajo. Pensaba que seguía al Mesías, la persona que sería capaz de acabar con las guerras, la pobreza, las enfermedades y la corrupción, y que establecería el Reino de Dios en la Tierra. No me importaba sacrificarme en aras de estos nobles ideales. Pensaba que, como adepto, enseñaba a la gente los modelos más elevados del amor y la verdad, y a llevar una vida ejemplar.

En cambio, para mi horror, me di cuenta de que había aprendido a comprometer mi integridad en nombre de Dios. Me di cuenta de que cuanto más alto ascendía en la organización, y cuanto más cerca estaba de Moon, me volvía cada vez más obsesivo. El poder casi se convirtió en adicción, y empecé a tomar decisiones con miras a defender y ampliar mi poder, no para defender lo que era moralmente correcto.

Abandoné cuando comprendí que el engaño y el control mental no podían nunca ser parte integrante de ningún movimiento espiritual auténtico: con su utilización, el grupo había creado un virtual «Infierno en la Tierra», un reino de esclavos. Cuando advertí que, a pesar de que yo quería creer que era verdad (que Moon era el Mesías y el Principio la Verdad) mi fe lo convertía en verdad, comprendí que aunque me quedara en el grupo cincuenta años más, la fantasía por la cual me estaba sacrificando no sería nunca verdadera.

El hecho de que me dieran unas cuantas definiciones concretas del control mental me permitió ver con claridad que habían hecho de mí una víctima y que había aprendido a convertir a otras personas en víctimas. Personalmente, llegué a un acuerdo con mis propios valores, creencias e ideales. Cuando lo conseguí, a pesar de lo mucho que había puesto de mí en el grupo, de haberme convertido en un líder y haber establecido fuertes vínculos con muchos miembros, no pude continuar en él. Nunca podría reintegrarme en su seno para volver a convertirme en un «auténtico creyente».