Franco dixit: qué cosa es el Opus Dei y su espiritualidad

From Opus Dei info

Por Flavia, 5.03.2009


He aquí la frase del millón, consignada por Isabel de Armas en su contribución a la web del día martes 2/03, que fuera pronunciada por la hija de Franco acerca de la valoración que su padre tenía de la Obra de Dios.

"Pensaba que era importante, sí. Que cada tiempo tiene las órdenes religiosas diferentes, o sea, lo que estaba bien en la Edad Media ahora tiene poca salida. Entonces, creía que era una manera de tener seglares católicos que influyeran en la marcha de los países. Le parecía bien. Le gustaba el Opus”.

A la pregunta qué es el opus dei, la respuesta viene de un amigo de Escrivá: "seglares católicos que influyeran en la marcha de los países". La razón del "invento": "la Edad Media ahora tiene poca salida".

Además de la gran verdad acerca del opus dei que contiene la expresión citada, creo que es pertinente vincularla con algo que se ha discutido últimamente en la web: el problema de la espiritualidad del od, en el sentido de su "laicicidad" con relación a los usos de las congregaciones religiosas. Tal discusión entraña nuevamente preguntar qué es el opus dei. Quisiera entonces decir alguna cosa al respecto:...

  1. la espiritualidad de un agrupamiento religioso no nace de sus procedimientos, más bien los genera o los anima, en el od el asunto es al revés: las normas te hacen santo, según decía el señor fundador. Pero resulta que, en la tradición espiritual del cristianismo, lo que hace santo/a es la gracia de Dios, que actúa en la vida de cada quien de múltiples modos, según la historia de las personas, y en modo alguno se atiene a recetas. Desde la espiritualidad cristiana más antigua se ha afirmado que no hay procedimiento -técnica, diríamos hoy- que garantice nada en lo que concierne a la santidad, al seguimiento de Cristo. El opus dei entiende a la "espiritualidad" como una técnica de la santidad, o sea como un sistema de procedimientos repetibles y previsibles para obtener un producto. No va por ahí el asunto. Ya San Benito decía en el último capítulo de la Regula que esas admoniciones -el más importante monumento de la legislación de la vida religiosa en occidente- eran una "minima regula" en el camino a la bienaventuranza, textualmente: "esta mínima Regla de iniciación que hemos delineado".
  2. a falta de un genuino carisma -que se genera procesualmente, como lo atestigüa la historia de las órdenes religiosas- Escrivá tenía que tomar elementos de los criterios organizativos y de devoción vigentes en su época, teñidos de un cierto jesuitismo de tinte voluntarista. De ahí la existencia del examen particular, en rigor la insistencia en todo tipo de exámenes, el capítulo de culpas, el círculo breve -cuyo remoto antecedente sea quizás la collatio monacal, pero privada aquí de toda su hondura-. De las prácticas utilizadas en común con los religiosos es notable la mencionada privación de profundidad -y por tanto de contenido- que se da en varios niveles: la lectura espiritual no tiene nada de la lectio divina y de la rumia de la Escritura, de hecho termina siendo un ejercicio mecánico, la oración mental tiene el acentuado corte moralista propio del opus dei y está centrada en la regulación de la conducta más que en la contemplación, siendo su fundamental alimento los textos del fundador o aledaños como criterios normativos fundamentales. El resto de las "normas", santo Rosario, ofrecimiento del día, los tres ave marías de la noche, el ángelus, son parte de la piedad popular propia del momento. Luego, la recitación del salmo dos, del Trium Puerorum, tienen parte de tradición, parte de obsesión de Escrivá, como lo del símbolo Atanasiano, en tanto tales son inespecíficos.
  3. es llamativo que la recitación de la liturgia de las horas esté ausente de la vida de los miembros de la obra. El oficio divino es el opus Dei tradicional de la Iglesia, la santificación de las horas, que implica un recorrida anual -en unión con la Iglesia y la humanidad toda- de los textos de la Escritura y de la tradición de la Iglesia, además de la enseñanza espiritual de los papas y concilios. Es justamente éste el punto más relevante de la espiritualidad religiosa, que centra su vida en la santificación del tiempo cotidiano, mediante una oración que se alimenta de lo más universal y multiforme de una tradición religiosa: el catolicismo latino o romano en este caso. Me pregunto cuáles habrían sido las consecuencias de la incorporación del oficio divino a la normativa "espiritual" del od. En principio una puerta de salida para el sectarismo y por tanto una de apertura para la oración de base bíblica y el conocimiento de la enseñanza espiritual de los grandes maestros de la tradición cristiana, además de la conciencia del carácter mediador de la oración y de la vida cristiana. Por algo don José M. no lo quizo para la obra, aún cuando sí incorporó otras prácticas de tipo superficial, tomadas de la religiosidad consagrada o popular de su época.
  4. los modos de regulación de la vida interna del opus dei son bastante distintos a los de los religiosos/as, lo digo por experiencia. La obra semeja una máquina, en la cual la vida interna depende de la adecuación de cada pieza con el todo -la idea fetichizada del todo-. Las regulaciones de la vida religiosa tienen que ver con las "modulaciones" de la vida humana, por lo cual funcionan, en el marco de las grandes líneas carismáticas de las constituciones, sobre la base del discernimiento común y personal. No digo que la vida religiosa sea el paraíso terrenal, pero puedo asegurar que difiere sustantivamente del od., con una diferencia de naturaleza, inclusive con sus deformaciones epocales.
  5. lo que me lleva a pensar -una vez más-, luego de este recorrido sumario, que el fin del od, más que la santificación y el apostolado según era doctrina, es más bien el enunciado por el patético generalísimo: "influir en la marcha de los países", cuando la "Edad Media" tenía poca "salida", en el sentido que las formas de presencia social de la Iglesia y de sus instituciones habían entrado en una crisis compleja -de la que esencialmente no se ha salido todavía, según mi opinión-.
  6. no es casual el uso de la imagen comercial en el discurso de Franco: lo de la poca "salida" Medieval. El opus dei se ha manejado con un criterio mercantil, crematístico, respecto de la fe. Me refiero a rodear a la experiencia creyente de la moral ostentosa y comercial, que no repara en medios para cumplir con sus fines, que miente sin temores, que tiene un discurso externo y otro interno, que es agresivamente proselitista y cuida escrupulosamente las apariencias, pero sobre todo que poco espera de la gracia de Dios, más bien confía en el conjunto de procedimientos en los que se apoya la institución, en el poder de su "producto" y su capacidad de manipulación.
  7. sigo pensando también que, como toda casa comercial, cuando su producto o la forma de circulación de su producto ya no tienen lugar, cuando el poder carece de sostén y se transforma en mera refencia vacía, queda al descubierto lo que siempre estuvo, oculto por las apariencias de firmeza y determinación: el od no quiere nada, en la medida que lo que dice querer es una inmensa mentira. Ella queda al descubierto cuando se analiza la realidad de sus prácticas y lo que no se dice, pero no puede evitar aparecer, en su lenguaje. Se trata del filisteísmo de quien, según decía el viejo Federico, prefiere querer nada a no querer. "Nada" aquí es el andamiaje de propia creación que pretende librar del terror que causa la constatación de que las referencias sociales y racionales tradicionales han desaparecido. Es mejor hacerse un ídolo que aceptar el desafío presente en la experiencia de un Dios que se revela en la historia, en la complejidad de su devenir. Al parecer a Escrivá le falló la confianza y pensó que él podía diseñar un plan mejor, al que proclamó emanado directamente de Dios. Hete aquí que al Dios cristiano, desde el inicio de los tiempos, le gustan las mediaciones, porque ellas son lo propio del ser humano que ha creado y al que se ha comunicado con su propio lenguaje. Por algo el Hijo de Dios confió a la predicación de los apóstoles la continuidad de su mensaje, y no escribió nada. La Escritura de Dios es tan inefable como cercana, está grabada, nada más y nada menos, que en el corazón de lo creado, está tallada con la materia del tiempo y modelada por la libertad, el pensamiento, la afectividad.
  8. no es extraña entonces la pretensión de Escrivá por la que un conjunto heteróclito de formas de vida de las congregaciones del período -en el contexto de la España nacional católica-, con el agregado de devociones populares, se hayan metamorfoseado en las normas de piedad -el genitivo es decidor aquí, pero no me meteré en eso-. En virtud de esta "receta" el hijo ideal de "nuestro Padre" podría acceder a los altares -sin hablar de otras posibilidades terribles y crueles como bien se ha difundido en la película "Camino"-. Respecto de mi anterior expresión sólo comento, marginalia, que Escrivá no tenía hijas, sólo hijos. A buen entendedor/a...pocas palabras...
  9. en una conclusión preliminar diré que las mencionadas normas, junto con el centón de lugares comunes y frases hechas que constituyen las enseñanzas de Escrivá, son algo así como la "espiritualidad" del opus dei., siempre que ampliemos la noción de normas a la farisaica multiplicación de prescripciones, cuya vigencia irrestricta y absurda es el verdadero golpe de efecto de este fraude.
    Deseo destacar que el problema no es qué se hacía, o a qué se parecía la vida de un socio/miembro/fiel, del od. para comprender su espiritualidad, el asunto es cómo se hacía, con qué legitimidad, a saber: la idea de que ese conjunto de prácticas estaban blindadas por la garantía divina y protegían del error, diferenciando además al prosélito de Escrivá del resto de los mortales, sobre todo del resto de los católicos, siendo el mismo Escrivá el único "testigo" de tal legitimidad, teniendo sólo él "la patente" del producto -la lógica de la propiedad como fetiche llevada al máximo-. Por lo cual la extrema tensión y la lógica de mecanismo presente en la vida interna del od es la clave de bóveda de una institución cuya pretensión central es mantener consolidado el frente interno -en un marco de desconcierto o de pérdida de "salida" de la mercadería religiosa tradicional-, para garantizar su eficacia en orden a influir en "la marcha de los países".
  10. finale: por eso, ni en el opus dei se ama al mundo apasionadamente, más bien al revés, lo suyo es el apasionamiento por lo mundano -en términos de prestigio y de todo lo que le es anejo-; ni Escrivá se adelantó al Concilio Vaticano II -en rigor el plan de don José M. era exactamente lo contrario de lo intencionado por el Concilio en cuanto al lugar del laico en el mundo-. La laicicidad el od está hipotecada por esta mezcla de falsedades, tergiversaciones, manipulación. En definitiva, el "gran objetivo" del od ha sido y es el poder, en sus diferentes formas, adquirirlo, no perderlo, acrecentarlo: toda esta estrategia no resiste la pregunta esencial: ¿para qué?. Se trató, en principio, de la administración de un poder religioso en declive con los medios más mundanos -en el sentido del apóstol Juan- imaginables. Y ha sido justamente la diálectica de esos medios, los del poder, los que han dado el rostro al opus dei, su real "espiritualidad". No es accidental que al salir del od la experiencia religiosa sea, para muchos, un vacío, o un lugar de dolor, o un recordatorio de lo ominoso, o, en el mejor de los casos, un punto problemático. Tales las consecuencias de la perversión, de usar algo en contra de su propia sustancia, construyendo esclavitud en lo que está llamado a ser máxima libertad.

El dictador y caudillo tenía razón -desgraciadamente-, por algo, como recuerda su hija, a él "le gustaba el Opus”.



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