Empujar las puertas para entrar y hacerlas estallar para salir

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Por Nicanor, 11.06.2010


“No la pienses tanto. La llamada de Dios no se calcula, se toma o se deja. ¡Abre tu corazón a Dios y pregúntale ante el Sagrario! ¿Qué quieres Señor de mí? Recuerda, mientras menos lo pienses, mejor. El corazón no se lleva en la mano como preguntando quién lo quiere y, si nadie lo acepta, se lo darás a Dios. ¡No! Deja de ser calculista y quema las naves”.

Bueno. Todo esto lo aprendí de Escrivá y sus hijos fidelísimos. Lo apliqué decenas de veces para que alguien escriba la carta de admisión al Padre.

Lo opuesto sucede cuando uno quiere largarse. Si cuando uno pitaba le decía: “Da gracias a Dios, pero recuerda que si bien la Obra es una mirada de predilección que Dios ha tenido contigo, no has venido al Tabor sino al Calvario, a la entrega total. Para entrar tienes que empujar las puertas y, lo has hecho. Pero no te asustes porque todo irá por un plano inclinado. Ahora, anda a ese despacho, toma esta hoja de papel y escribe al Padre que quieres ser fiel numerario del Opus Dei por tu propia voluntad”. Sin más. No importa si sabes qué es la Prelatura, si hay mujeres, lo que va a pasar con tu dinero, si luego quieres marcharte, si puedes confesarte con quien quieras, si vas a poder seguir frecuentando a tus amigas… nada. Una carta en blanco: “… has venido al Calvario…” y es literal. El Opus es un Calvario...

Va un proceso de una persona que entró sin hacerse muchos problemas pero ahora quiere salir:

Primer acto
“Pero… ¿Estás seguro? Vamos, tómate un tiempo, medítalo. Puede ser que estés cansado, tal vez por el trabajo. ¡Ánimo! Todos pasamos por un mal momento. Ve a hacer tu oración tranquilo y medita sobre la perseverancia”.
Segundo acto
“¿Cómo? ¿Otra vez con dudas?, ¿Recuerdas lo que Nuestro Padre nos dijo aquello de enamórate y no le dejarás, no le dejes y te enamorarás? Entonces, no le dejes. Es hora de cobijarse en las lumbreras bajo las cenizas del amor. Tranquilo y deja de dar vueltas a esas ideas de no querer perseverar”.
Tercer acto
“¡Vaya que sigues con el tema! La vocación no se manosea, te lo dije. ¿Sigues dando vuelta al tema de la fidelidad?, Y ¿Se puede saber por qué? Por que de buenas a primeras esos asuntos no brotan así no más. Algo ha estado sucediendo y me lo has estado ocultando. ¡Vamos! Abre tu corazón con sinceridad salvaje que en el Opus Dei está toda la farmacopea para ayudarte”.
Cuarto acto
“Has hecho bien, me has contado el incidente con esa amiga, que han intercambiado celulares y correos, que te sientes muy a gusto con ella. Ahora ya me has dejado tu celular, cambiado de cuenta de correo… Dios premiará tu fidelidad… pero ¡Muchacho! No vayas con esa cara que das ganas de llorar de verte. Es un problema de la loca de la casa, ya sabes, cómo llamaba Nuestro Padre a la imaginación. Contrólala. Exteriormente ya la tienes controlada. Te estás aplicando más veces la disciplina, más horas el cilicio y durmiendo en el suelo más días. Eso ayuda. Llena tu cabeza de proselitismo, de ilusión por los pitajes que son como esos hijos maravillosos que has entregado a Dios con tu celibato y confiésate más veces por semana aunque sean pecados veniales. Ya verás cómo esas gracias turbativas - como decía nuestro queridísimo Padre – acaban con todas tus dudas”.
Quinto acto
“¡Pero Joder! Primero me dices que quieres ser fiel y ahora que te sigues encontrando con la endiablada niña esa en el bus. ¿Es que eres tonto o te haces? De nada sirve que me entregues tu celular y password de correo. Perdona que te sea franco pero está en juego tu vocación. Recuerda: es Dios quien te ha elegido desde la eternidad para que seas santo. ¿Te imaginas todas las almas que se echarán a perder por tu infidelidad?, ¿Por tu tonteo con una niña en el bus? Vas a dejar de ir a esa clase y ve pensando tu traslado a otra Universidad”.
Sexto acto
“¿Todavía no has buscado otra Universidad?, ¿Qué estás enamorado de esa chica y ella de ti? ¡Ay! Perdona pero eres un ingenuo. A nuestro Padre también le perseguían las chicas, pero sabía ponerlas en su sitio. De joven seminarista lo seguían hasta que las encaró: son ustedes unas sinvergüenzas. Y, en otra ocasión, tiró las llaves de una casa donde podía refugiarse durante la Guerra Civil para no convivir ni por asomo con una mujer menor que él. ¡Eso es santidad! Y tú ¿Vas a echar a perder tu vocación por una mujer? Llévalo a tu oración y habla con el cura ¿Quién vale más Dios o esa niña?”.
Séptimo acto
“¿Sabes? Este asunto ya me tiene enfermo. Pareces un niño y en casa todos somos adultos. ¿Qué tu libertad?, ¿De qué me hablas? Tu libertad para Dios ¡Eso es libertad no para hacer lo que tú quieras! Ya te lo dijo el cura: se valiente, huye. Ya te lo dije yo, deja esa Universidad. Pero nada, desobedeces. ¡Ese es tu problema y siempre lo ha sido! Obediencia. Bendita obediencia. Este va a ser tu tema de oración y Cuadernos 7. Recuerda, de tu vocación y la mía dependen cosas grandes y esa niña, tenlo por seguro, es una tentación diabólica. ¿Crees que el diablo se va a presentar así de feo como es? No, para nada. Se presenta de la forma más sutil y hermosa, de otra forma la tentación no sería atractiva y, ahora estás pasando por una tentación muy fuerte. Ponte como santo y seña (jaculatoria que se repite varias veces al día): acordaos Virgen María. Ten esto bien claro: el corazón no puede dominar sobre la razón”.
Octavo acto y final
“Te ves fatal. No has bajado a Misa hoy. ¿Desganado y te la has pasado llorando toda la noche? Vamos a ir a que te atienda un supernumerario psiquiatra que es muy bueno para estos asuntos de ánimo. Has pasado momentos muy duros pero…. Tu fidelidad será recompensada y tu tristeza en gozo espiritual. Porque ya sabes, vivir en esta Tierra es como decía Teresa de Jesús: una mala noche en una mala posada. Mañana iremos a la Clínica”.

Esto que anoto es el ejemplo con una “niña” pero puede ser también un pensamiento crítico, un libro, una determinada postura filosófica, los padres, un coche… hasta una determinada filiación política, como un sonado caso peruano – obviamente debidamente escondido por la gente del Opus, de una supernumeraria muy afín al Gobierno de Fujimori a la que todos aplaudían al inicio y luego la echaron porque “….quiere más al Presidente que al Padre” según me contó el cura que me sacó de dudas si tal persona había sido o no del Opus.

He tratado de sintetizar un caso de entre los miles que se pueden presentar. Generalmente el choque violento se sucede entre la cabeza, el corazón y los sentimientos. Pensamientos, amores y sensaciones han de estar bajo estricto control y dominio mediante la llamada “sinceridad salvaje” hacia los Directores (as) bajo la noble apariencia de “fiel obediencia a la vocación de predilección divina”. Se trata de generar un círculo de pensar, re pensar y re contra pensar que uno es quien se equivoca y está a punto de traicionar a Dios. Nada más ajeno a la realidad. Si uno entra “porque le da la reverendísima gana” jamás puede emplear ese término para salir. Se sale porque se ha cometido pecado de traición, nunca porque… así como me dio la gana de entrar así me la da de irme.

¿Qué aconsejo? Como a todos los que siguen dentro o están siendo “tentados” por la “vocación”: pensar, preguntar, averiguar y que tengan bien claro que si les dicen que “las puertas están cerradas y para entrar hay que empujarlas”, para salir están encadenadas a excepción que se coloque TNT o desde fuera alguien las quiebre: un familiar, una amiga, un amigo. Podría decir casi con certeza que “nadie se va porque quiere” sino que, en cierto modo, ha sido rescatado por alguien. Casi como un rescate típico de Hollywood, con marines, metrallas, bombazos y humo por doquier.

Desde este foro agradezco a todas aquellas personas que me han echado una mano para rescatarme y la paciencia de soportar las “razonadas sin razón” que esgrimía para defender eso que nunca tuve y creo no existe: vocación a algo que se hace llamar Opus Dei. A ser santos, sí., a Dios, sí., pero ¿Vocación al Prelado del Opus Dei? Mmmm… no, no me va, que no me va (en referencia a una de las canciones que se han compuesto para que canten los fieles célibes del Opus).



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