El santo fundador del Opus Dei/Turbosantidad del fundador

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TURBOSANTIDAD DEL FUNDADOR


SER SANTO, según la Iglesia católica, es ser perfecto y libre de toda culpa, aunque lo más importante ocurre cuando la Iglesia declara oficialmente a una persona como santo, porque manda entonces que se le dé culto universalmente. Sin embargo, el sentido de la palabra santidad para el Opus Dei no sólo es la calidad de santo, es decir, la persona de especial virtud y ejemplo, sino también el tratamiento honorífico que se da al Papa. Y en esta dimensión más terrestre el Opus Dei continúa conspirando para buscar un sucesor a Juan Pablo II a la cabeza de la Iglesia, que sea consecuente con sus ambiciones y deseos.

Como el año 2002 es el centenario del nacimiento del fundador del Opus Dei, la organización ultracatólica pretendió con tanta urgencia la declaración oficial como santo del fundador que convirtió su presunta santidad en una turbosantidad. Se entiende por turbosantidad la fuerza viva o presión existente para alcanzar la santidad y que aprovecha la mayor parte posible de la fuerza motriz del Opus Dei, de tal forma que ha sido una poderosa turbina humana la que ha empujado hasta la santidad al fundador.

La fabricación de prestigios ha sido una de las actividades sobre las que se ha centrado el Opus Dei desde sus orígenes. Como todos sus miembros deben aspirar a la santidad, el Opus Dei mantiene la pretensión de crear santos en serie, porque "las crisis mundiales son crisis de santos", como ya señaló el fundador en la máxima 301 de su librito Camino. Desde sus orígenes, el Opus Dei impuso esta obligación entre sus miembros y sigue dispuesto a fabricar santos como sea, recurriendo a la turbosantidad cuando hace falta, como ha sido el caso del fundador.

Primero hubo intentos con Isidoro Zorzano Ledesma, ingeniero industrial compañero del fundador durante el bachillerato en Logroño y primer administrador de la Obra de Dios durante la guerra civil española. En los años cuarenta no encontraron nada más santo y heroico que la vida oscura y las escasas virtudes del ingeniero Zorzano. Tras su fallecimiento en 1943 su caso se convirtió en un ejemplo de santidad, porque así lo decidió personalmente el fundador. Zorzano fue presentado como el espécimen del santo ingeniero y, en consecuencia, promocionado como tal desde su muerte. Por ello hicieron reliquias con las sábanas guardadas religiosamente porque le habían servido de sudario y cuyos trozos y pedazos el fundador del Opus Dei repartió entre los primeros militantes, cuando salieron al extranjero en la expansión del Opus Dei para abrir nuevos campos de apostolado. Su causa de beatificación, iniciada en 1948, quedó sin embargo enterrada por su escaso relieve, como tantos otros miles de casos, en el Vaticano.

Sin ningún desánimo, el Opus Dei prosiguió su labor canonizadora con otros candidatos y llegó a contar con una chica, Montserrat Grases, y entre los adolescentes masculinos con Miguel Díaz del Corral, muertos ambos en "olor de santidad", que fueron propuestos como modelos para los jóvenes seguidores, en las ramas femenina y masculina respectivamente, dentro del Opus Dei. Sin embargo, todos estos casos dejaron de ser promocionados ante la posibilidad de una canonización acelerada en la persona del fallecido fundador del Opus Dei, aprovechando el clima político favorable desde 1978 tras la elección del cardenal polaco Karol Wojtyla como Sumo Pontífice con el nombre de Juan Pablo II. Para una nueva organización ultra-católica como el Opus Dei la santidad del fundador iba a significar la garantía máxima de autenticidad y a través de ella se podía demostrar sobre todo que la Obra estaba predestinada por Dios desde su fundación.

Así, tras su muerte en 1975, no resultó difícil conocer las intenciones del Opus eiD respecto al fundador: elevarle a los altares como fuera y por el camino más rápido. Como hacían falta cinco años para la introducción legal de la causa, el Opus Dei empezó a montar unas "oficinas históricas" desde 1975 para recoger los datos de que disponían los miembros y simpatizantes sobre el fundador, incluso las anécdotas más nimias, y todo ello fue acumulándose, debidamente expurgado, en lo que pasó a denominarse Registro Histórico del Fundador, que quedó centralizado en la sede del Opus Dei en Roma.

También se llevó a cabo, por otra parte, una monumental recopilación de todos los escritos atribuidos al fundador y los sedicentes "escritos inéditos" del fundador llegaron a alcanzar la fabulosa cantidad de 62 tomos encuadernados. En estos trabajos preparatorios, antes de iniciar las causas de santificación del fundador, participaron centenares de socias numerarias y socios numerarios que recogieron y "reescribieron" todo lo que llegaba por vía interna a las oficinas montadas al efecto, "limpiando" de datos dudosos o poco favorables todo lo concerniente a la peripecia biográfica de Josemaría Escrivá.

En tan acelerada canonización privada, el Opus Dei actuaba de propia turbina en el proceso. La turbosantidad del fundador se tenía que realizar por fuerza con mucha prisa por el temor inconfesable que existía dentro del Opus Dei a su propia decadencia interna y la misma desaparición del fundador les empujaba inexorablemente a ello.

La campaña en pro de la santidad del fundador se acompañó de la publicación de varias biografías "autorizadas", cuya característica más acusada era el culto idolátrico al fundador. Tales publicaciones ofrecían una muestra inigualable de ese subgénero literario almibarado de la narrativa histórica y emocional denominado hagiografía dentro de la Iglesia católica. Una antigua socia numeraria del Opus Dei ha señalado, refiriéndose a los hagiógrafos del fundador, que "magnifican, arreglan, interpretan a su manera (...) Quitan y ponen con toda comodidad, tal vez por la "libertad" que encuentran en la limpieza de datos que antes se han encargado de conseguir los directores".

La apertura formal de la causa de beatificación de Escrivá data del 19 de febrero de 1981, cinco años y unos meses después de la muerte del fundador del Opus Dei, respetando el plazo mínimo establecido por la normativa canónica vigente. Un proceso oficial de santidad iniciado ante la Iglesia de Roma consta de dos fases diferenciadas, primero la beatificación, con derecho a utilizar la denominación de siervo de Dios, y luego la canonización que le declara oficialmente santo.

El proceso de beatificación o primera fase en la turbosantidad de Escrivá se iba a iniciar además de forma paralela a la concesión del estatuto jurídico de prelatura personal para el Opus Dei. El expediente fue trasladado a Madrid inmediatamente después de la apertura del proceso por el Vaticano, alegándose como razón principal que, aunque hubiera muerto en Roma, era en España donde había vivido más tiempo.

Las reformas realizadas en el Código de Derecho Canónico iban a favorecer los acelerados planes que tenía el Opus Dei para la canonización inmediata de su fundador. El canon 2.050 del Código señalaba que "la fama de santidad debe ser espontánea, no promovida por arte o diligencia humana, proveniente de personas graves y honestas", pero esta norma fue sustituida por otra que omitía tales condiciones. El papa Juan Pablo II expuso sus intenciones en la introducción al apéndice 1 del reformado Código de Derecho Canónico sobre la Causa de los Santos. Según el papa polaco, "debido a experiencias recientes se ha considerado oportuno revisar esta forma de procesos para simplificar las normas, salvaguardando naturalmente la solidez de la investigación."

La lectura de los veinte mil folios acumulados por el Opus Dei para demostrar la primera fase de la santidad del fundador resultaba edificante. Hasta el dispositivo económico del Opus Dei tenía origen sobrenatural, según los datos que figuraban en el voluminoso expediente. Así, por ejemplo, Escrivá recibió una "iluminación"del cielo en relación con la estructura jurídica y económica de la actividad apostólica de la Obra, durante la Segunda República, al regreso de una visita de catequesis a los pobres. La iluminación divina tuvo lugar precisamente en el barrio madrileño de La Bombilla y allí, en aquel lugar de nombre tan apropiado, fue cuando el fundador del Opus Dei "vio" por primera vez "la necesidad de crear sociedades que, siendo titulares de la propiedad y de los bienes inmuebles usufructuados por el Opus Dei, se ocuparan de gestionarlos económicamente". Como puede observarse, la cúpula directiva del Opus Dei encontró una explicación divina hasta para la utilización de sociedades de pantalla y testaferros en las finanzas del Opus Dei, aunque en las imaginaciones del fundador "la bombilla" tan sólo significase su propia fuente de iluminación.

En materia de santidad, los dirigentes del Opus Dei no incluyeron, sin embargo, en el expediente al Vaticano una serie de sucesos milagrosos ocurridos en el último período de la vida de Escrivá que habían atraído especialmente su atención y que sirvieron de acicate al fundador del Opus Dei. Los sucesos milagrosos habían tenido lugar en España al final de los años sesenta y consistieron en apariciones de la Virgen María en un lugar llamado El Palmar de Troya, cerca de Utrera, en la provincia andaluza de Sevilla.

Cuando en 1968 cuatro niñas llamadas Josefa, Ana, Rafaela y Ana María dijeron en sus casas que habían visto a una señora sobre unos lentiscos de la finca La Alcaparrosa, próxima a El Palmar de Troya, pronto se corrió la voz de la presencia de un milagro y de que la Virgen, con hábito de carmelita, se había aparecido. La Iglesia mantuvo oficialmente una actitud escéptica, pero los videntes fueron cada vez más numerosos y Escrivá, tan aficionado a cualquier fenómeno sobrenatural y con ánimo de recuperarlo como nuevo movimiento mariano, se interesó muy especialmente por aquellas apariciones. Hubo miembros del Opus Dei que discretamente se pusieron en contacto con algunas de las videntes.

Los mensajes de la Virgen supuestamente aparecida hacían referencia, muy en la línea ideológica de Escrivá, a catástrofes venideras. La vidente María Luisa Vila apareció estigmatizada en ambas manos y Escrivá mantuvo una larga entrevista con ella, después de haberla citado previamente en la cercana ciudad de Jerez de la Frontera, en la provincia de Cádiz, donde el Opus Dei mantenía la residencia y centro de retiros Pozoalbero, destinado a los habitantes de la zona.

Posteriormente, Pablo VI excomulgó en 1976 al "papa Clemente" y a cuatro obispos de la congregación fundada en El Palmar de Troya, cuando ya se habían autodeclarado como la auténtica Iglesia católica, apostólica y palmariana. Entre sus insólitas canonizaciones como santos figuraban los dictadores Adolf Hitler, Benito Mussolini y el general Franco, el almirante Carrero Blanco y el fundador de la Falange española José Antonio Primo de Rivera.

Como Escrivá había dedicado en vida una atención especialísima a los videntes y a las apariciones, la pequeña Iglesia del Palmar de Troya agradecida le tuvo muy en cuenta en sus canonizaciones y le declaró santo el 24 de septiembre de 1978, adelantándose así al proceso de beatificación emprendido por el Opus Dei ante la Iglesia de Roma. Junto con "monseñor José María Escrivá de Balaguer" fueron elevados a los altares una italiana, una alemana, siete ingleses, cuatro españoles -entre ellos el hacendista José Calvo Sotelo, político y "protomártir" del levantamiento militar de Franco en julio de 1936- y dos naturales de Quebec.

El "Decimosexto Documento de Su Santidad el Papa Gregorio VII", más conocido popularmente como el "papa Clemente", declaraba solemnemente: "Adornamos hoy la Iglesia Santa de Dios elevando a la Gloria de los Altares", "previo análisis histórico" y "con la autoridad de la que estamos revestidos" a "San José María Escrivá de Balaguer", porque "en estos tiempos de tinieblas necesitáis conocer a figuras importantes de la Iglesia: pues, de esta forma encontraréis maravillosos ejemplos para luchar contra los enemigos de la Iglesia" y "mientras Dios siga fortaleciendo a Nos, combatiremos con Nuestra espada de fuego a todos los malditos traidores." La pequeña Iglesia del Palmar de Troya se había adelantado a la Iglesia católica de Roma en materia de turbosantidades.

El proceso de beatificación de Escrivá, que se inició en 1981, ofrecería numerosos puntos oscuros e irregularidades diversas. La turbosantidad de Escrivá iba a adolecer de una falta de transparencia comparable a su vida activa como clérigo de la Iglesia. La intervención de algunos prelados del ala ultraconservadora vaticana y grandes sostenedores del Opus Dei fue decisiva en el proceso. Como prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, el cardenal Pietro Palazzini envió una carta el 10 de febrero de 1984 al tribunal eclesiástico que instruía la causa en Madrid, en la cual respaldaba la exclusión de todos los testimonios desfavorables o en contra. Palazzini sentó el criterio que "en nada puede servir a la verdad quien no duda en ofender a la fe", y el citado tribunal se consideró respaldado para excluir a ex miembros del Opus Dei que habían conocido y trabajado con Escrivá durante largos años.

Palazzini había permanecido en el ostracismo durante el pontificado de Pablo VI y por sus dudosas actividades llegó a ser interrogado por magistrados italianos, en calidad de testigo, acerca de sus presuntos contactos con Roberto Calvi, el suicidado presidente del Banco Ambrosiano. El cardenal había sido, por otra parte, amigo personal de Escrivá. Una amistad "bella y sincera" que Escrivá consideraba "uno de los más delicados y gratos dones recibidos del Señor", según consta en la página 1.080 de la biografía oficial del fundador, incluida entre los documentos del proceso que ya se había iniciado en el Vaticano.

Resuelto de modo expeditivo el problema de los testigos contrarios, el único debate significativo en la Congregación para la causa de los Santos se redujo a si debía admitirse o no la declaración de Álvaro Portillo, por el hecho de haber sido durante 31 años uno de los más fieles seguidores, guardaespaldas y confesor de Escrivá. El tribunal de nueve miembros se inclinó, por mayoría, a darla por válida. Dos miembros, sin embargo, habían emitido un dictamen negativo; en los procesos normales de canonización que se desarrollan en la Congregación para la Causa de los Santos, basta un voto contrario dentro del tribunal que examina la causa en cuestión, para que se abra de nuevo todo el proceso introductorio. Uno de los jueces, el italiano Luigi de Magistris, insistió en su malestar ("profondo disagio" es la expresión del documento redactado en italiano), por la aceptación del testimonio de Álvaro Portillo, que este juez italiano consideraba que "debería ser anulado". El otro voto negativo correspondía al único juez español, Justo Fernández, quien advertía una ausencia completa de testimonios contrarios y señalaba además que la práctica habitual de beatificación era que la mayoría de los miembros del tribunal debía tener la misma nacionalidad que el aspirante a beato.

En el turboproceso de beatificación se detectaron otras irregularidades. Así, miembros del Opus Dei habían solicitado a obispos y sacerdotes el envío de cartas al papa en apoyo de la causa, en clara violación del requisito de que estas cartas sean remitidas espontáneamente, según establece el canon 2.077 del Código de Derecho Canónico. De las seis mil cartas recibidas en el Vaticano, unas dos mil de ellas pertenecían a obispos, mientras el canon citado establece que los obispos que las remitan deben haber conocido personalmente al beato y la propia documentación del proceso atestiguaba que Escrivá sólo conoció en vida a 128 obispos. No obstante, una instrucción emitida en 1935 por la Congregación de Ritos dejaba abierta la posibilidad de que dicho conocimiento se podía referir sólo a la "fama de santidad del candidato" y no al candidato mismo, subterfugio legal que fue utilizado por el Opus Dei hasta la exageración, traspasando los límites de lo justo, verdadero o razonable.

Otra de las irregularidades provenía de los testimonios y de las 2.101 páginas recogidas en el proceso; 839 correspondían a las declaraciones de Álvaro Portillo y de Javier Echevarría, los dos colaboradores más íntimos de Escrivá y sucesores del fundador al frente del Opus Dei. Pero lo más sobresaliente fue sin duda la ausencia de pruebas para afirmar sin reparos que la actividad de Escrivá no tuvo ninguna significación política o económica precisa. Para sostener semejante afirmación no se incluyeron apenas documentos sobre las estrechas relaciones del Opus Dei y de su fundador con la dictadura de Franco. Tampoco se mencionaban las estrechas relaciones personales del fundador del OD con el general Franco: mantuvo correspondencia, visitó en repetidas ocasiones el Palacio de El Pardo y hasta dio ejercicios espirituales a la familia Franco.

Giancarlo Rocca, religioso paulino, uno de los raros analistas sobre el Opus Dei competentes, opinó que "la excesiva velocidad del proceso no beneficia a nadie y pone en tela de juicio su legitimidad. La mayor parte de los archivos eclesiásticos y civiles sobre el período de la vida de Escrivá está aún cerrados. ¿Qué pasará si se descubren, cuando se abran, documentos comprometedores sobre él?".

Ocurrió, entre tanto, algo insólito y que no había sucedido hasta entonces en ninguno de los procesos de beatificación de la Iglesia. Por intervención directa de Juan Pablo II, el Vaticano adoptó íntegramente la postura del Opus Dei y lejos de considerar irregulares los datos publicados sobre la causa de Escrivá los asumió como normales y propios, tanto en la fase de instrucción del proceso como en la heroicidad de las virtudes o en la prueba del milagro.

Como la adulación se generalizó porque la turbosantidad del fundador contaba con el apoyo de la más alta instancia del Vaticano, en la documentación del proceso aparecieron informes dando muestras de halago que podían serle muy gratas al Opus Dei. Se cita como ejemplo, la conclusión del promotor de la fe sobre el examen de las virtudes heroicas de Escrivá, que fue la siguiente: "Considero, a la luz de los testimonios del proceso, que la prueba más sólida de la autenticidad del elevado grado de la vida mística que alcanzó el siervo de Dios viene precisamente de su continuo esfuerzo de identificación con la voluntad divina y de aquella humildad que (...), después de cincuenta años de sacerdocio vivido intensamente, hacía que se considerase aún como un niño que balbucea".

En la beatificación de Escrivá la palabra clave era aceleración. Todo se iba a realizar antes y se haría más deprisa que con los restantes candidatos y en otras causas pendientes de la beatificación. Importaban menos la heroicidad de sus virtudes o el tipo de milagro realizado. La palabra clave era aceleración, convirtiéndose de esta manera en la primera turbosantidad de la Iglesia católica romana. Ademas, la turbosantidad del fundador quedaba a la misma altura de los intensos intentos realizados por la Obra de convertirse en la primera superdiocesis mundial, tras buscar simultáneamente la beatificacion rapidísima de Escrivá junto con el estatuto jurídico de prelatura personal, por la sintonía ideológica y simpatías particulares que el papa Juan Pablo II nutría desde antiguo por el Opus Dei.

Respecto al milagro presentado por el Opus Dei para la beatificación, presuntamente realizado por Escrivá y ocurrido en 1976, cl proceso instruido por la curia diocesana de Madrid tuvo lugar en 1982. Una monja anciana, religiosa carmelita dc la Caridad, presentaba al parecer unos tumores por distintas partes del cuerpo y un sacerdote numerario del Opus Dei, que actuaba como confesor del convento, afirmó que habían desaparecido de la noche a la mañana.

La monja pertenecía a uno de los 92 conventos de carmelitas que se habían negado a modernizar la regla después del Concilio Vaticano II y de la asistencia espiritual del convento se encargaban sacerdotes numerarios del Opus Dei. El milagro atribuido a Escrivá podía resultar espectacular si, gracias a él, la religiosa se salvó de una muerte anunciada. Sin embargo, no fue ella sino su lejana familia, los Navarro Rubio, vinculados estrechamente al OD, quienes la habían encomendado al difunto Escrivá. Según testimonios recogidos en su entorno, ella nunca pensó pedir a nadie que la curara. Aún más, la curación milagrosa fue tan secreta que la propia superiora del convento solo se entero varios años mas tarde del supuesto milagro por la prensa. La monja murió a los 82 años de edad de una enfermedad que no guardaba, según la documentación aportada por el Opus Dei, ninguna relación con las que le fueron curadas "milagrosamente", la calcificación distrófica y la úlcera gástrica, gracias a la presunta intercesión de Escrivá.

En junio de 1976, sor Concepción Boullón Rubio, la protagonista del presunto milagro, tenía 76 años. El medico que la atendió declaró en su cita que no se realizó ningún examen para completar un diagnostico. dado el mal estado de la enferma. Vino luego la presunta curación y según cuenta otra religiosa que la cuidaba, Maria del Pinar Prieto, cuando volvieron al medico unos días después, este solo le encontró un pequeño resto de los bultos que tenia en un pie. Se decidió entonces hacerle un examen de un trozo de tejido tomado del lugar afectado que dio como resultado una calcificación distrófica sobre inflamación previa. El análisis con microscopio mostró que no era un tumor sino una calcificación consistente en la infiltración o depósito de sales cálcicas en zonas del tejido conjuntivo subcutáneo, mientras que el tumor es una proliferación celular anómala que tiene un comportamiento biológico de escasa o gran agresividad. La calcificación de sor Concepción Boullón nada tenía que ver con tumores peligrosos, aunque desde un punto de vista grosero llega a formar bultos y hay médicos que la confunden con el tumor.

Como los resultados eran decepcionantes para apoyar científicamente la presunta curación milagrosa, intervinieron expertos médicos militantes del Opus Dei de la Clínica Universitaria de Navarra que, en un principio, no se atrevieron a pronunciarse, por lo que sus informes eran evasivos; aunque también hubo expertos médicos que se pronunciaron claramente en contra, señalando que no se trataba de un tumor sino de una calcificación. El catedrático de Patología Anatómica y miembro militante del Opus Dei, Jesús Vázquez, mantuvo serias dudas al respecto, pues un caso de calcificación distrófica difícilmente podía servir de base para una curación milagrosa. Hasta el propio decano de la facultad de Medicina de la universidad del Opus Dei en Navarra, Eduardo Ortiz Landázuri, catedrático de Patología y Clínica Médicas y uno de los doctores de la Casa Real española, se vio obligado a desviar la atención de los expertos hacia otra patología concurrente. Como los más que dudosos tumores de la monja no servían, hallaron una úlcera gástrica que lograba ennegrecer el cuadro clínico, afirmando que, aunque las dos patologías eran independientes, el agravamiento y concurrencia de ambas había hecho prever un desenlace fatal a corto plazo.

Pese a todo, el expediente con la presunta curación milagrosa continuó su camino y en Roma llegó a manos de Raffaello Cortesini, médico y miembro militante del Opus Dei, presidente del Instituto para la Cooperación Universitaria y jefe de la Oficina Vaticana de la Congregación para la Causa de los Santos, organismo que dictamina si las curaciones son o no milagrosas. Allí fue donde la prudencia científica, las dudas razonables y los escrúpulos profesionales fueron barridos de un plumazo. El presidente de la consulta médica, que interviene siempre de oficio, firmó entonces en Roma que las calcificaciones de la monja carmelita española habían sido un milagro, pese a que los miembros del Opus Dei sabían que aquello podía invalidar totalmente el proceso de canonización de Escrivá.

Así, el Opus Dei consiguió que Escrivá llegara a ser declarado beato y, en espera de la ansiada santificación, su imagen ya podía ofrecer una aureola blanca en torno a su cabeza. Sin embargo, expertos canonistas aseguraron que, aunque la Iglesia católica no podía dar marcha atrás, tampoco Escrivá podría alcanzar la categoría de santo, después de tantas tropelías e irregularidades. Sin embargo, la turbosantidad y el culto al fundador contaban en el Vaticano con apoyos suficientes para superar la condición de beato de Escrivá y elevarle a los altares.

En mayo de 1992, antes de la ceremonia pública de beatificación de Escrivá que tuvo lugar en la plaza de San Pedro en Roma, el Opus Dei calculó la asistencia global esperada en 200.000 personas. Tan exageradas previsiones se desglosaban, aparte de unos 15.000 italianos, en 185.000 peregrinos de los cuales 70.000 serían españoles y 23.000 latinoamericanos, de ellos 5.000 mexicanos. También afirmaron que se esperaban unos 5.000 asiáticos y africanos y 2.000 norteamericanos, cifras a todas luces exageradas si se las compara con las 120.000 personas que la propia oficina de prensa del Opus Dei ofreció públicamente más tarde como posibles asistentes a la ceremonia. El único dato real, sin embargo, consistió en que se colocaron 26.000 sillas dentro del perímetro de la Plaza de San Pedro para acoger a los miembros y simpatizantes del Opus Dei y a algunos invitados selectos. Testigos presenciales pudieron constatar que la masa de asistentes no logró alcanzar la columnata de Bernini y que entre los asistentes a pie en la ceremonia destacaba el político italiano Giulio Andreotti con varios escoltas, quien sería luego hasta acusado judicialmente y procesado por mantener estrechos contactos con la mafia siciliana.

Mientras fuentes oficiales del Opus Dei afirmaban, aumentando exageradamente las cifras, que 21 miembros de la Casa Real española habían estado presentes en la ceremonia de beatificación de Escrivá en Roma, el rey de España se había desplazado precisamente el mismo día de la ceremonia de beatificación al pueblo valenciano de Villarreal para celebrar junto con el cardenal aperturista Vicente Enrique y Tarancón el cuarto centenario de san Pascual Bailón, un santo muy oportunamente vinculado a las actividades religiosas de la Casa Real española para aquella fecha.

Por su parte, el embajador de España ante la Santa Sede, Jesús Ezquerra, intentó rectificar inútilmente la noticia difundida por la oficina de prensa del Vaticano, dirigida por el numerario del Opus Dei Joaquín Navarro Valls, según la cual la "delegación oficial española" que asistió a la beatificación había incluido "veintiún miembros de la Casa Real". El embajador español llamó por teléfono al numerario del Opus Dei para que rectificara la noticia errónea, pues ningún miembro de la Casa Real española estuvo presente en la beatificación de Escrivá, asistiendo a título personal tan sólo un grupo integrado por seis funcionarios y exfuncionarios de dicha casa. Sobre el "error" de la oficina de prensa vaticana el Opus Dei nunca quiso rectificar ni se publicó desmentido alguno.

"Los cristianos están llamados a colaborar en una nueva evangelización que impregne los hogares, los ambientes profesionales, los centros de cultura y de trabajo, los medios de comunicación, la vida pública y privada, de los valores evangélicos que son fuente de paz y de hermandad", dijo el papa en su alocución el lunes 18 de mayo de 1992 en la audiencia multitudinaria que, sin precedentes en el Vaticano, concedió en la plaza de San Pedro de Roma a los seguidores del fundador del Opus Dei que ya había sido beatificado la víspera. Decenas de miles de personas, algunos señalaron hasta cerca de cien mil, cantaron "Cumpleaños feliz" a Juan Pablo II que celebraba su 72 aniversario. El papa propuso a Escrivá como cristiano ejemplar en el mundo moderno, situando al Opus Dei como eje de la nueva evangelización de la Iglesia católica en el mundo contemporáneo.

Los actos de la beatificación del día anterior fueron compartidos con la modesta beata sudanesa Josefina Bakhita, demostrando las decenas de miles de asistentes a la ceremonia el poder de convocatoria de masas del Opus Dei, objetivo que no se había propuesto el beato Escrivá cuando comenzó su fundación como organización secreta de élite en 1935, aunque quizás soñara con ello, pues las espectaculares concentraciones de masas también se celebraban, con frecuencia, como ceremonia de culto a líderes y caudillos, en los mejores tiempos del fascismo.

En las cuestiones de santidad, el Opus Dei intentó arreglar el caso del fundador a una velocidad enorme. La beatificación era, sin embargo, el comienzo del "happy end" en la santificación de Escrivá y el Opus Dei necesitaba recorrer más camino para verlo colocado en los altares. El purgatorio burocrático de Escrivá prometía ser largo, porque cualquier camino hacia la santidad estaba lleno de obstáculos y el castigo a tanta velocidad en un turboproceso solía residir en la extremada y prudente lentitud de la Iglesia, por lo menos hasta nuestros días.

Después de ser declarado el fundador oficialmente beato por el Vaticano en mayo de 1992, y como necesitaban urgentemente un nuevo milagro para su santificación, la cúpula directiva del Opus Dei prosiguió el camino de la turbosantidad, iniciando una nueva campaña entre los militantes de la Obra y hallando rápidamente más de una veintena de curas milagrosas en países tan distantes como Filipinas, Puerto Rico y España. No obstante, estaba claro que para la turbosantidad del fundador los casos milagrosos de España resultaban ser más dignos de interés, al ser más fácilmente controlables directamente por el Opus Dei.

Uno de los casos considerados más interesantes se refiere a la cura milagrosa en el mismo mes de mayo de 1992 de un niño de seis años, un día después que su madre invocase a Escrivá, tras haber visto por televisión la ceremonia de beatificación del fundador. Sin embargo, entre los informes aportados al expediente del milagro del niño, hijo de un alto magistrado de la judicatura cántabra, destacaba el del jefe de nefrología infantil del hospital en donde fue tratado, quien negaba el milagro y atribuía la curación a los efectos de un acertado tratamiento farmacológico. El pequeño padecía una alta tensión arterial debido a un estrechamiento de la arteria renal derecha y el 17 de mayo de 1992, la víspera del pretendido milagro, el niño ya presentaba una importante mejoría, "más de lo que la madre dice", según señaló por escrito el médico especialista. Aquello no fue óbice para que el Opus Dei, frente al dictamen del experto que le había tratado, movilizara a otros médicos, entre los que destacaba el doctor Jesús Bustamante, del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, quien aportó un informe contradictorio que dejaba las puertas abiertas a lo excepcional y al milagro: "la literatura médica dice que si no hay operación, y no la hubo, la enfermedad es irreversible. Lo ocurrido es, desde el punto de vista científico, incomprensible".

Para que no presentase tantas reservas e inconvenientes como el caso del niño de Cantabria y no fallase el trámite burocrático en el Vaticano para la turbosantidad de Escrivá, el segundo caso de milagro en España fue preparado cuidadosamente por el Opus Dei hasta en los detalles más mínimos. El protagonista del pretendido milagro era en este caso un médico-cirujano de Extremadura, Manuel Nevado Rey, todo un personaje importante en el pueblo de Almendralejo, porque paralelamente a la medicina el cirujano extremeño se ha dedicado a la agricultura después de haber incrementado su patrimonio personal, adquiriendo un latifundio de nombre "La Portuguesa" con cerca de 1.000 hectáreas en la frontera con Portugal. También junto con una hermana suya, monja mercedaria por más señas, participó activamente en la transformación en hospital de la casa de hospicio de beneficencia y, cuando fue cesado en 1986 como médico director de la Casa-Hospital de la Misericordia, se vinculó como miembro cooperador con el Opus Dei. El caso, de todas maneras, fue bien escogido, porque si la curación milagrosa en la que se apoyó la beatificación no fue de un laico sino de una religiosa, en la curación milagrosa de Manuel Nevado Rey, por ser un laico, su caso no llegaba a presentar claramente ninguna dimensión religiosa, añadiendo además él públicamente que no era miembro del Opus Dei. Al ser tan sólo miembro cooperador de la Obra de Dios, antiguos miembros extremeños del Opus Dei señalan que sus declaraciones sobre su pertenencia o no al Opus Dei no son una mentira, sino tan sólo una restricción mental.

Los orígenes de la grave dermatitis o fuerte irritación de las manos del médico-cirujano que motivaría el milagro se remontan a principios de los años sesenta. Fue entonces cuando contrajo la enfermedad, trabajando doblemente de médico y de cirujano en la Residencia Sanitaria de Badajoz. Como cirujano traumatólogo estuvo continuamente expuesto a las radiaciones de los rayos X y en muchas ocasiones no llegó a cubrirse las manos con guantes de plomo. La radiodermitis enseguida le supuso "la pérdida del vello de las manos, con la aparición de zonas sonrosadas y con picores."

El historial médico de la dermatitis que le produjeron durante cuarenta años de profesión los rayos X y las escayolas en los dedos, se convirtió en un relato escalofriante y muy bien documentado con testimonios afines a la causa, gracias al Opus Dei. Relatos y noticias que desfiguraban lo que realmente había sucedido, para darle apariencia de ser más valioso y atractivo. Así, el doctor Nevado fue empeorando con el tiempo hasta perder la sensibilidad en los dedos, lo que le habría obligado en 1992 a abandonar la mesa de operaciones como cirujano y la profesión como médico, si no hubiera ocurrido ese año el milagro. Además, según el informe de otro médico del Opus Dei, creyente en los milagros de Escrivá a pies juntillas, Nevado padecía radiodermitis crónica grave en tercera fase, caracterizada por la transformación neoplásica de las lesiones. La dolencia habría entrado así en una "fase de irreversibilidad" y se encaminaba a un "diagnóstico terrible sin esperanza y que habría podido llegar hasta hacer necesaria la amputación de las manos".

Para la tropa de seguidores de Escrivá, la dermatitis de Manuel Nevado Rey fue considerada como una "enfermedad degenerativa" que llegó hasta impedirle "ejercer la profesión" y cuando llegó el milagro "las lesiones desaparecieron y las manos adquirieron el aspecto actual, perfectamente curadas", lo que le ha permitido a sus 69 años de edad seguir trabajando como médico: Manuel Nevado Rey continúa ejerciendo como cirujano en Zafra, además de la consulta privada en su domicilio.

Sobre la "radiodermitis crónica grave" expertos dermatólogos consideran que en algunos casos, sin milagro alguno, es posible la mejora espontánea de la enfermedad y como Manuel Nevado Rey sigue trabajando aunque ya se encuentra oficialmente jubilado, un médico colega suyo señala, de forma más realista, que no ha vuelto a tener problemas de piel desde que dejó de operar y de usar sin guantes los rayos X.

El Opus Dei había puesto en marcha el mecanismo de la turbosantidad y el expediente sobre el milagro y la enfermedad "gravísima" que el médico-cirujano extremeño había padecido se inició cuando el postulador de la causa de canonización de Escrivá y miembro del Opus Dei solicitó al arzobispado de Mérida-Badajoz la apertura del proceso por un posible hecho sobrenatural en Extremadura. Se creó entonces un tribunal integrado por un promotor de la fe, un postulador y el juez delegado que analizaron los certificados médicos, incluido uno en radiología. El dictamen final fue favorable a la tesis del posible milagro y como caso "científicamente inexplicable" fue enviado desde España a la Congregación para la Causa de los Santos en Roma. Allí, la comisión médica también se pronunció a favor del milagro, señalando que la curación del médico-cirujano de Extremadura había sido "muy rápida, completa, duradera y científicamente inexplicable." Tras los médicos, el expediente pasó con pronunciamiento favorable la comisión de teólogos que declararon lo extraordinario del caso, fuera del orden o regla natural o común, y por último, tan sólo quedó para que aprobara el caso la comisión de cardenales y obispos, antes que el papa, quien conoció a Escrivá y no ocultaba sus fervientes deseos de elevarle a los altares. Los 505 santos y beatos, recientemente proclamados, la mayoría "mártires" de la guerra civil española, son sólo un indicio de la disposición favorable del Vaticano. La turbosantidad de Escrivá iba a resultar fácil por ya existir cartas de 2.000 obispos que declaraban haber tenido conocimiento de la "fama de santidad" del fundador del Opus Dei. Para la turbosantidad en el futuro de la Iglesia católica bastará con ejercer fuerte influencia, como la realizada por el Opus Dei en el Vaticano.

Respecto a las circunstancias del milagro sólo cabe señalar que en 1992, seis meses más tarde de la proclamación como beato de Escrivá, al médico-cirujano de Almendralejo le regalaron una estampa del ya entonces beato y fundador del Opus Dei. "Me acerqué a un amigo para explicarle lo que me pasaba", relata el cirujano extremeño en las actas del proceso de turbosantidad del fundador. "Él me ofreció una estampa del beato Josemaría Escrivá de Balaguer y me sugirió que recurriese a su intercesión." Es decir, que con tan sólo una sencilla invocación, Josemaría Escrivá, el fundador del Opus Dei, podía hablar en las alturas del cielo con Dios y a favor de él, para librarle de la dermatitis que sufría desde comienzos de los años sesenta, en los comienzos de su carrera profesional, hacía entonces por lo menos treinta años.

Sobre la llamada sobrenatural a Escrivá en su favor y auxilio, Nevado reconoce que "lo hice en aquel momento y días después fui a Viena a un congreso". En relación con el viaje, las afirmaciones de Manuel Nevado Rey sobre su no pertenencia al Opus Dei han sido desmentidas por antiguos socios quienes señalan que en el viaje con motivo de un congreso médico en Austria "fue bien instruido" después de haber frecuentado los centros y las iglesias dirigidas en Viena por el Opus Dei. En su versión del viaje a Austria, Nevado Rey confiesa que "allí me quedé muy impresionado porque "en todas las iglesias que visité" encontré estampas del fundador del Opus Dei. Esto me indujo a invocar con más fervor todavía su intercesión".

Como estaba completamente decidido a apoyar a una colectividad o grupo tan señalado como es el Opus Dei, Nevado del milagro sólo habló a sacerdotes de la Obra y a personas muy allegadas suyas. Semanas después del viaje a Austria el médico-cirujano extremeño dejó entender también a otras personas que sus manos se habían curado milagrosamente por intercesión del beato fundador Escrivá.

Ahora el procedimiento de beatificaciones y canonizaciones es mas rápido, cuando ha desaparecido el famoso "abogado del diablo", encargado de detectar los posibles errores de las causas, quien ahora se llama "promotor de la fe" y está más preocupado en el siglo XXI por los dones espirituales y por el testimonio de las virtudes heroicas. Ello ha permitido que el fundador del Opus Dei se convierta en el pionero de la turbosantidad católica sobre la tierra.

La turbosantidad de Escrivá se resume en que, más de un cuarto de siglo después de su muerte, continúa como protagonista de todo lo que se hace y se dice en el Opus Dei. En su fuero interno Escrivá tema la idea de que era un predestinado. Creía que era un elegido de Dios y que estaba irreversiblemente destinado a ser un santo, llegando hasta la utilización abusiva de "armas sobrenaturales" para llevar a cabo su proyecto. Para el Opus Dei no hay en el catolicismo caminos distintos para la santidad, sino que solo existe el camino de la Obra, trazado durante su vida por Escrivá, declarado oficialmente beato y logrando finalmente la turbosantidad. Como declaró en el año 1992 uno de sus seguidores en Televisión Española, en el programa "Línea 900": "Todos sabíamos que nuestro Padre era santo, la beatificación es sólo para que se enteren los demás". Para los miembros del Opus Dei está claro que Escrivá tuvo una vida de santidad y el Opus Dei fue el único objetivo de su paso por la tierra.

Sin embargo, es práctica habitual en la Iglesia católica declarar a sus beatos tras la prueba de un primer milagro y elevarlos a la santidad una vez probado el segundo. Aunque el Opus Dei tiene documentados mas de veinte milagros presuntamente realizados por la intercesión de Escrivá, el temor que albergaba la cúpula directiva del Opus Dei era que si la canonización no se realizaba durante el pontificado de Juan Pablo II, tal vez no se realizaría en siglos. De ahí que el Opus Dei haya inaugurado cl nuevo tipo de santidad, denominado turbosantidad que consiste en un sencillo cálculo promocional, donde a menor tiempo en el proceso existe mayor santidad en la persona. Luego, con la turbosantidad declarada del fundador el objetivo de los miembros del Opus Dei, hijos e hijas de Escrivá, será utilizar el apelativo de "santos" tan corrientemente como lo empleaban los primeros fieles cristianos y como Escrivá ya recomendaba en la máxima 469 de su librito Camino: "Saludad a todos los santos. Todos los santos os saludan. A todos los santos que viven en Éfeso. A todos los santos en Cristo Jesús, que están en Filipos. -¿Verdad que es conmovedor ese apelativo -¡santos!- que empleaban los fieles cristianos para denominarse entre sí? -Aprende a tratar a tus hermanos."

Una monja, sor Concepción Boullón, resolvió favorablemente la primera fase y el débil caso de Manuel Nevado, el médico-cirujano de Extremadura que sigue afirmando públicamente "yo no pertenezco al Opus Dei", ha intentado completar sin excesivas dificultades la segunda fase en la turbosantidad del fundador del Opus Dei.

Escrivá decía frecuentemente en vida que "las monjas eran tontas" y recomendaba a las mujeres militantes en el Opus Dei: "Hijas mías, no seáis bobicas como las monjas". Y agregaba que él a la única monja que visitaba era a sor Lucía de Portugal, "no porque haya visto a la Virgen, sino porque nos quiere mucho", y añadía que sor Lucía era "un poco tontucia, pero buena mujer".

Los lazos de amistad de Escrivá con sor Lucía de Fátima se remontaban a los años cuarenta y desde entonces públicamente el fundador del Opus Dei, visitaba regularmente a sor Lucía, una de las videntes de Fátima, en un convento de Túy, provincia de Pontevedra, en donde se encontraba tras haber profesado como religiosa dorotea. Fray José López Ortiz, llamado familiarmente "tío José" dentro del Opus Dei, había sido nombrado obispo de Túy y llamó a Escrivá que acudió solícito a la llamada, empeñado como estaba en la expansión de la Obra de Dios hacia Portugal, la dictadura hermana de España. Tras un primer contacto hubo un segundo encuentro con sor Lucía donde la vidente de Fátima insistió en que el Opus Dei tenía que ir a Portugal. "Le constaté que no teníamos pasaporte, según ha contado Escrivá, pero ella respondió: eso lo arreglo yo enseguida. Llamó por teléfono a Lisboa y nos consiguió un documento para pasar la frontera." Desde entonces, una de las tres videntes de Fátima, monja retirada en un convento, quedó asociada a la historia y a la primera expansión internacional del Opus Dei. Posteriormente, el santuario de Fátima se convirtió en uno de los lugares preferidos de peregrinación mariana del fundador del Opus Dei. Allí se le podía ver rezando descalzo y desgranando un rosario cargado de medallas, como él mismo confesaba: "Vengo con frecuencia a Portugal, sin que me vea nadie, y me acerco a Fátima..."

En el proceso de beatificación del fundador del Opus Dei, el milagro discutible de una monja en un proceso plagado de deficiencias y anomalías iba a tener sin embargo una importancia relativa; pues, antes, para la beatificación hacían falta dos milagros seguros y otros dos para la canonización. Ahora basta uno por cada fase y, en algún caso, el papa Wojtyla ha dispensado del hecho sobrenatural. Por esa causa el expediente del médico-cirujano de Extremadura pudo continuar su curso favorable hasta el Vaticano.

Para la Iglesia católica lo importante es la certidumbre que tras el primer paso, la beatificación, el candidato a la santidad se ha salvado y no ha ido al infierno, aunque podría estar aún en el purgatorio. Con el segundo paso, la canonización solemne, se asegura, con infalibilidad papal, que dicho personaje ya goza de la gloria del cielo. Existen escasos indicios sobre la ubicación exacta del fundador del Opus Dei, ignorándose si se encuentra en el purgatorio o quizás en el infierno. La pista ofrecida por la monja vidente portuguesa amiga de José María Escrivá, una de las protagonistas del milagro de Fátima, nos deja con la duda, cuando en cierta ocasión la vidente sor Lucía le dice al fundador del Opus Dei: "Don José María, usted con lo suyo y yo con lo mío nos podemos ir al infierno."

Esta es la biografía completa de un personaje que afirmaba haber actuado como un santo durante toda su vida. Si la Iglesia católica romana constituye una de las más importantes organizaciones mundiales, dentro de ella, como grupo de presión internacional, el Opus Dei representa un fuerte núcleo integrista con capacidad para condicionar la política del Vaticano, por encontrarse alentado y protegido por el papa Juan Pablo II, cabeza máxima de la Iglesia. No obstante, esta capacidad de influencia es limitada, como se pudo observar durante los pontificados de Juan XXIII y de Pablo VI; además el Opus Dei, durante el pontificado de Juan Pablo II, debe compartir con otras organizaciones y movimientos católicos sus posibilidades de intervención en la política y asuntos del Vaticano. Se puede mencionar como ejemplo de la influencia limitada del Opus Dei lo ocurrido en 1992, cuando Juan Pablo II, escarmentado por el escándalo que supuso la polémica beatificación de Escrivá, cedió a las presiones de los jesuitas y del episcopado alemán, críticos con el Opus Dei, por lo que dijo en un momento de debilidad al entonces presidente Álvaro Portillo que iba a ser el siguiente pontífice quien declarase santo al fundador de la Obra de Dios.

En la guía artística de 1829 titulada "Promenade dans Rome", el escritor francés Henri Beyle, más conocido como Stendhal, anota en sus paseos romanos mientras visitaba la basílica de san Clemente: ... En realidad no poseemos todavía la mínima idea de lo que fue el cristianismo de los primeros siglos. A partir de aquel hombre de genio, parangonable sólo a Moisés, que fue san Pablo, hasta llegar a León XII "felizmente reinante", como se dice en Roma, la religión cristiana, parecida a los grandes ríos que corren salvando los obstáculos que encuentran a lo largo de su recorrido, ha cambiado camino cada dos o tres siglos." Viene a cuento la cita porque la Iglesia estuvo a punto de cambiar una vez más de camino durante los pontificados de Juan XXIII y Pablo VI, pero la elección y muerte, casi simultáneas, del sucesor de Pablo VI, Juan Pablo I, con sólo treinta y tres días de actividad como papa, ya indicaban que la elección de su sucesor como nuevo pontífice de Roma en el otoño de 1978 iba a surgir entre los cardenales más conservadores del cónclave vaticano. La elección estuvo polarizada entre el cardenal Giuseppe Siri, arzobispo de Génova, candidato del ala conservadora, y el cardenal Giovanni Benelli, arzobispo de Florencia, candidato de los renovadores. A medio camino entre Génova y Florencia se encontraban otros candidatos italianos, además de algún "outsider", entre ellos el cardenal polaco Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia, que fue elegido como papa y representaba una fórmula de compromiso continuadora del efímero Juan Pablo I, por lo que tomó el nombre de Juan Pablo II.

En la sede central del Opus Dei, en la cripta donde reposan los restos de Escrivá, rezaron algunos cardenales y eclesiásticos en los días que precedieron a los dos cónclaves de 1978. Aunque no conoció en vida al fundador del Opus Dei, un dato revelador sobre el cardenal Albino Luciani fue que antes de su elección como papa con el nombre de Juan Pablo I estuvo orando ante la tumba de Escrivá y había escrito un artículo laudatorio días antes sobre el fundador del Opus Dei. La víspera del cónclave que iba a designarle como papa sucesor de Juan Pablo I, el cardenal arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla también fue a rezar sobre la tumba de Escrivá, a la sede romana del Opus Dei.

El cardenal polaco Karol Wojtyla ya había sido "tratado" por el Opus Dei antes de su elección como papa. El "tratamiento" es el modo de trabajar del Opus Dei con ciertos eclesiásticos para su transformación. Desde sus primeros contactos, que se iniciaron al comienzo de los años setenta, Karol Wojtyla se había quedado prendado del Opus Dei. Éste se hallaba entre los miembros del episcopado de los países del Este de Europa que solían transitar por Roma, el cual quedó maravillado con la intensa actividad desplegada por el Opus Dei, basada sobre todo en la audacia y en la desvergüenza. Wojtyla recibió la ayuda incondicional del Opus Dei antes de su elección como papa. Por ejemplo, entre los regalos que recibió figuraba, junto con un paquete de ejemplares del libro Camino traducido al polaco, una colección de vídeos sobre la catequesis en América de Escrivá, que le sirvieron luego como inspiración para sus viajes ya siendo papa. En Roma visitó varias veces la sede central del Opus Dei y de él se ocuparon de forma especial; en expresión típica de la Obra ya le "trataban" desde hacía varios años. El fichaje de Wojtyla fue importante, sobre todo cuando fue elegido papa, porque el nuevo pontífice no se atrevería a negar nada al Opus Dei.

Remontándonos en el tiempo, ya en abril de 1972, la revista del Opus Dei, "Studi Cattolici", le dedicó atención a Karol Wojtyla y publicó una primera entrevista con él. Dos años más tarde, en octubre de 1974, Wojtyla fue invitado a dar una conferencia en el Centro Romano de Encuentros Sacerdotales (CRIS), residencia del Opus Dei especializada en acoger eclesiásticos y en donde permaneció luego como huésped cuando efectuaba sus periódicas visitas a la Ciudad Eterna. Según testigos que le conocieron en Roma, Wojtyla mostraba un interés enorme por conocer la situación general de la Iglesia católica que calificaba de catastrófica y comenzó a utilizar para informarse la importante red capilar de espionaje montada por los miembros de la Obra diseminados por el mundo católico y cuyo centro neurálgico se hallaba en la sede romana del Opus Dei. La mentalidad de Wojtyla no era diferente de la de cualquier sacerdote o miembro veterano del Opus Dei. Su pensamiento tenía una lógica interna implacable de sentido integrista, siguiendo un modelo medieval de la persona humana, de la sexualidad, del matrimonio y de la Iglesia, en la cual los principios predominantes son la jerarquía y la subordinación.

Las complicidades intelectuales de Wojtyla con los dirigentes del Opus Dei se fortalecieron conversando del pasado, de los años de la segunda guerra mundial, cuando Wojtyla ingresó en el seminario mayor de Cracovia e inició sus estudios eclesiásticos en la clandestinidad. Este dato de su biografía sería explotado hábilmente en las "tertulias" que mantuvo antes de 1975 con Escrivá y Portillo en la sede central del Opus Dei. Escrivá, el fundador del OD, insistió entonces en contarle sucesos como las dramáticas persecuciones del clero ocurridas en los primeros tiempos del Opus Dei, durante la guerra civil española, lo cual impresionaba mucho al prelado polaco que nunca había llegado a sufrir padecimientos similares en Polonia durante la segunda guerra mundial.

Con la elección del papa polaco hubo satisfacción intensa dentro del Opus Dei, porque representaba el punto culminante de un proceso de escalada en el que la Obra había ejercido una influencia poderosa y aplicado todo el poder de su organización. Sus dirigentes estaban realmente emocionados con el resultado conseguido, después de haber diseñado fórmulas para hacerse con el poder en el Vaticano. Apenas conocida en 1978 la elección del nuevo papa de Roma, el sucesor del fundador al frente del Opus Dei, Álvaro Portillo, hizo público un comunicado de prensa en donde agradecía la buena nueva al santo Espíritu y resaltaba los antiguos lazos de solidaridad y amistad que unían al nuevo papa con la Obra de Dios y con él mismo.

Karol Wojtyla, el papa del Este de Europa que estaba prendado de la Obra de Dios, comenzó a demostrarlo desde sus primeros días de pontificado. El Opus Dei iba a obtener finalmente un estatuto jurídico a su medida, que encajaría además de forma acorde con el papado medieval de Karol Wojtyla, en la encrucijada del fin del segundo milenio y el comienzo del tercer milenio, en los finales del siglo XX y en los comienzos del siglo XXI. Durante una audiencia celebrada por Juan Pablo II en el período inicial de su pontificado, el 21 de diciembre de 1978, el rector mayor de los salesianos difundió luego en el boletín de su orden un testimonio que aclaraba mucho las posiciones del nuevo papa en relación con el Opus Dei. El superior de los salesianos le dijo en la audiencia concedida por el nuevo papa que no era exagerado hablar de cien mil miembros activos en la familia salesiana. "Entonces, exclamó Wojtyla, ¡sois más poderosos que el Opus Dei, que sólo tiene setenta mil!" "Santidad, le respondió el salesiano, nosotros no somos poderosos, sino humildes e inquietos trabajadores." "¡No, no!, replicó vivamente Juan Pablo II, para realizar el bien es necesario el poder, ya lo decía Santo Tomás de Aquino."

Moderno en sus formas, pero integrista en sus planteamientos teológicos y morales, el Opus Dei se iba a convertir en el espejo en el que el papa quería ver reflejadas sus intenciones de renovación y de revisión dentro de la Iglesia católica. Pero lo que nunca llegó a imaginar el papa polaco era que el poder ambicionado por el Opus Dei resultaba ser la propia Iglesia católica. Es pues, como señala Javier Pérez Pellón, el primer objetivo que el Opus quiere conquistar y lo intenta desde su interior. Otro experto en cuestiones vaticanas, Gianni Baget Bozzo, indica también que es sobre la Iglesia católica donde el Opus Dei aplica el poder de su organización y la estructura social sobre la cual ejerce su influencia. Algo así como un vasto organismo parasitario que se ciñe como una red al cuerpo de la Iglesia católica e intenta taponarle todos los poros.

Con tales antecedentes, el papa Juan Pablo II no tuvo fuerzas para oponerse al OD ni a la forzada santidad, mejor dicho, a la turbosantidad del fundador. Juan Pablo II aprobó sin remilgos el 20 de diciembre del año 2001 el decreto por el que convertía en santo a Escrivá, el fundador del OD. Los remilgos son la pulidez o delicadeza exagerada o afectada mostrada hábilmente con gestos expresivos por el papa polaco Karol Wojtyla. Cuentan en el Vaticano que el papa Juan Pablo II tuvo que ser ayudado y hasta tuvieron que empujarle el brazo para la firma del decreto, dado el estado de salud del romano pontífice polaco. La canonización de Josemaría Escrivá quedó pendiente, sin embargo, de un consistorio encargado de la confirmación de la decisión pontificia, como asimismo de la fijación de la fecha del solemne acto de la canonización, que los dirigentes del Opus Dei pretendieron que fuera dentro de la celebración del centenario, el 26 de junio de 2002, conmemoración del aniversario de la muerte de Escrivá.

De la turbosantidad del fundador cabe señalar, por último, que Escrivá fue declarado beato a los diecisiete años de su muerte y ha sido elevado a los altares en calidad de santo diez años después, un tiempo de espera mínimo comparado con la media de cincuenta años requerida en la mayor parte de los procesos. Junto con la turbosantidad de Escrivá el papa Juan Pablo II aprobó también once decretos para elevar a los altares a tres nuevos santos y ocho beatos, entre ellos el indio Juan Diego, a quien dicen se le apareció la mexicana Virgen de Guadalupe, y el religioso franciscano Padre Pío, que cuenta con una devoción muy extendida en Italia. El proceso de turbosantidad de Escrivá ha merecido, por su parte, los fríos comentarios de altos cargos del Vaticano y uno de ellos ha señalado que "el Opus vence pero no convence".

La fecha del 30 de julio de 2002 ha quedado fijada por el Vaticano para la ceremonia en México de la declaración como santo del indio Juan Diego, y el 31 de julio en Guatemala para la de Pedro de Betancur, que será el primer santo guatemalteco. El papa se desplazará a México y Guatemala, y estará presente en ambas ceremonias de canonización. Finalmente el papa Juan Pablo II canonizará el 6 de octubre en Roma a monseñor Josemana Escrivá, fundador del Opus Dei.

Ha ganado finalmente la hagiografía seductora del fundador del Opus Dei, entendiéndose por seducción el hecho de presentar los aspectos más atractivos de una personalidad, escondiendo otros muchos, entre ellos los que son especialmente sórdidos. Los hechos históricos, sin embargo, siguen estando por encima de los legalismos, sobre todo en el caso de una santidad tan dudosa. La proclamación como santo del fundador del Opus Dei es buena prueba de que la Iglesia católica suele preferir cualquier versión legendaria antes que la realidad de la historia.

El craso error del Opus Dei ha sido el no tener la paciencia de esperar para su fundador el juicio de la historia y con la turbosantidad han intentado forzar la situación y, como tienen los lectores la posibilidad de analizar en esta biografía completa, con unos resultados a largo plazo negativos tanto para el Opus Dei como para la Iglesia católica.


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