El buen pastor

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Hace cinco años que dejé la Obra

Hace cinco años que dejé la Obra y no me arrepiento. Estuve dentro casi treinta y cuatro años. La mayor parte de mis amigos y mi familia me felicitaron por el paso dado. La pena es de no haber salido antes. Era una asfixia. Gracias por vuestra página que he descubierto hace unos pocos meses.

Pensé que los que habían sido mis "amigos" desde hacía treinta y cuatro años eran mis amigos. Ahora, el ochenta por ciento de esos "hermanos" de los que me encuentro por la calle no me saluda. Dicen de la esfinge de Egipto es muy fría. Ellos son hieráticos. Eso sí, decían que eran mi familia. ¡Cuánta risa falsa he tenido que aguantar dentro de la obra cuando he pertenecido a la prelatura! ¡Viva la caridad cristiana que ellos pregonan! Vamos, para todo lo contrario. Bendita la hora en que he salido...

Eso sí, en nombre de la "sinceridad salvaje" que ellos pregonan, diez meses antes de mi marcha advertí al director del centro que estaba pensando irme al director del centro. No me hizo ni caso. Ellos decían que el director del centro era "el buen pastor".No lo ví por ninguna parte. Después que me fui, al cabo de seis meses, a través del que había llevado mi charla o confidencia, me comunicó que quería hablar conmigo. ¡Qué "Buen Pastor"!. A ese paso, los lobos andan más de mil kilómetros sin que nadie les frene. Cuando se presentó el libro Ser mujer en el Opus Dei, se insinuó desde la presidencia que podía haber alguien espiando. Allí estaba. Os diré que se llama Rafa y no tiene corazón. Inmediatamente lo delaté. El lobo-supuesto "Buen Pastor" se vistió de cordero y no abrió la boca. Por lo que se ve quería informar de nuestra reunión a quien se le hubiera encargado.

La gente de la obra piensa que está abriendo su alma al "Buen Pastor" y lo que está haciendo es abriendo la boca al enemigo. Un día conté a el persona que llevaba mi alma una cosa que me había sucedido. Creí que hablaba solo con él. Al día siguiente me llamó el director del centro y me cambió de persona. Por lo que se ve había corrido la voz. ¡Menuda "sinceridad salvaje"! A ese paso sacan matrícula de honor sin haber estudiado.

Una vez que sales de la obra no sabes ligar. Tienes que partir desde cero. Tenía dentro casi todos los amigos y fuera había pocos. De todos modos, no me arreepiendo de haber tomado esa decisión. Ahora hago mi vida y disfruto de ella. Eso no obsta para que os diga que me han dado la espalda los que he encontrado fuera y que en su día fueron compañeros de fatigas pero ahora no quieren saber nada. La cosa es más dura cuando tienes más de cincuenta años y solo interesas a poca gente.

Desde fuera me he dado cuenta que el opus, que tanto habla de la crisis de los demás, tiene una sangría permanente. A título de ejemplo os diré que cuando yo me fui, abandonaron el opus seis agregados que llevaban cerca de treinta años dentro de la supuesta familia (por algo será). Hace poco se ha ido otro de esos mismos años que me ha contado que uno, que aún queda, le ha advertido del peligro que soy. Pue seguiré siendo peligro, pues prefiero ser esta persona que no un supuesto "Buen Pastor", que es un lobo que se viste con piel de oveja.

Ahora que han pasado más de treinta y cinco años desde que pité, os diré que en aquellos tiempos éramos más de ochenta agregados universitarios. De aquellos, ahora solo quedan cinco. ¡Hasta el sacerdote del centro y varios celadores (directores espirituales laicos) se fueron! La mayor parte de los que en los primeros tiempos se hiceron de la Obra en el colegio Tajamar hoy ya no son de la obra. Eso no se cuenta. Por orden de pitaje, yo me acuerdo de Daniel (tenía cruz de palo de la ermita de Molinoviejo, que daba el fundador a los primeros de obras corporativas), Laureano, Fernando José, David, Eugenio, Miguel Angel, Pepe, Garbi, Juan, otro Pepe... Vamos lo que ellos dicen: van a terminar como "el Rosario de la aurora". Seguiré otro día. Todo es empezar.

La madre de sangre

Dije adiós a la obra después de casi 34 años. De 1981 a 2000 estuve cuidando a mi madre de sangre, alternando mi trabajo profesional con el cuidado de ella y llevar un grupo de supernumerarios, la mayor parte de los cuales eran mayores de 70 años. Estaba muy contento, pero en los últimos años mi dedicación e ELLA (mi madre de sangre) se puso muy difícil, al tener más de 82 años y necesitar de mi calor y compañía. Por ello, pedí que me libraran de la atención a esos "hermanos" para poderme dedicar a la persona que me trajo al mundo, que falta le hacía. Sin embargo, paso a detallar lo que sucedió. Fueron las últimas gotas que llenaron el vaso de algo que llevaba diez años pensando...

Pues bien, el primer año que lo planteé me dejaron el encargo de sólo dos supernumerarios mayores. A título de ejemplo diré que durante el tiempo que tuve este encargo raro era el año que alguna de esas personas mayores no moría. Les quería y me querían. Sin embargo, en el centro de la obra solo se acordaban de ellos cuando morían, para intentar conseguir alguna posible herencia --así sucedió más de una vez--, cuando antes no les habían hecho caso. Se me rompía el alma y no es un decir.

En la opus se suele decir que ellos son nuestra familia y la familia de sangre ocupa un segundo plano. Sé que intentarán rechazarme esto, pero es cierto. Mi madre me pidió que estuviera más con ella, pues me necesitaba. Así lo reflejé y planteé dejar cualquier encargo apostólico. El agregado mayor del que dependía directamente, me invitó a que me ayudara mi hermano en cuidar a mi madre, pero esto tampoco era posible. En vista de ello, optó por invitarme a mandar a mi madre a una residencia. ¿Qué os parece?

A la persona que llevaba mi charla fraterna, le comenté que había encontrado una señora que podía cuidar por la tarde a mi madre, ya que, por las mañanas, había una asistenta, que le hacía compañía. En consecuencia, le anuncié que iba a reducir la parte del sueldo que les entregaba cada mes. La respuesta del celador fue rápida: "Que lo pague tu madre de sus ahorros". Mostré mi extrañeza por tal actitud, a lo que mi interlocutor respondió: "Te va a dar lo mismo. Cuando muera la vas a heredar".

Cuando dejé la obra dejé claro al celador que uno de los motivos por los que abandonaba la prelatura después de treinta y cuatro años era eso. No me gustaba cómo había tratado a mi madre de sangre, que es mi verdadera madre, no la opus por mucho que lo pregone en charlas y diga que es santa. La persona que llevaba mi alma aseguró que tal afirmación no tenía importancia y era solo un comentario. ¡Pues vaya comentario! ¡Qué poca gracia tenía!

La tarde que dejé la obra lo tenía claro. No se me olvida aquel centro, en el que en uno de los pisos residían los numerarios y en otro nos reuníamos los agregados. En la residencia teníamos meditaciones en el oratorio y poco más. Me sentía totalmente desplazado. No olvidaré que no podía comentar nada de mi trabajo profesional de relación con muchas personas, porque era objeto de pitorreo. A ello se añadiía que yo era de una edad superior a los demás y quedaba un poco sin trato de ellos. Eso sí, una vez más, entregué mi sueldo mensual y solo me quedé con una pequeña parte para sacar adelante mi casa. Algún día comentaré más detalles que merece la pena que se sepan.

Al encontrarme con mi madre le comenté que se había acabado todo y había abandonado la obra. Añadí los detalles de los que querían que mandara a mi madre a una residencia y que la bendita persona que Dios me puso a mi lado pagara a la señora que le cuidaba por la tarde. ¡Bendita la hora en que tomé la decisión! Ella, (mi madre) me comentó: "Si esa es tu decisión, me parece bien. No te podía decir que no estaba de acuerdo con la obra, pues respetaba tu libertad".

Para la gente de la obra, ésta es su familia. No saben lo engañados que están. Si leen esto, que abran los ojos. Dos o tres socios de la obra supieron el fallecimiento de mi madre, aunque luego lo hayan negado. Ninguno fue al entierro. Otros, principalmente del gobierno de la obra en España, me escribieron cartas muy duras por no habérselo dicho, a la vez aue expresaban su pésame con frases de serie de las que llos tanto usan. Claro, el funeral de mi madre fue oficiado por el Secretario de la Conferencia Episcopal. Había que guardar las apariencias en las relaciones con los obispos. El monseñor, que sabía mi abandono, me preguntó si había alguien del opus. Le hice ver que no, pues no los había invitado. Si no fueron al entierro, no había por qué invitarles a la ceremonia religiosa. Pienso que con esta carta de opuslibros.com me van a terminar por proscribir para siempre. No me importa.

Uno de los que se decían mis "amigos", antes de morir mi madre, me manifestó: "La relación de amistad ya no es lo mismo". Ni falta que me hace. Ahora vivo solo y soy muy feliz. Poco antes de morir mi madre, me compré un apartamento en la playa con los ahorros que me habían ido haciendo mis padres. Es mi sitio de escape y uno de los lugares elegidos para cuando me jubile.

Al salir de la obra, lo hice con una mano delante y otra detrás. No tenía casi dinero (ellos no te dan nada, solo saben pedir). Sólo el de mi sueldo profesional y los ahorros con los que me compré el apartamento. Iba a ahorrar para decorarlo. Pero Dios es muy bueno. Me fui en octubre de1998 y en las Navidades de 1999, por ir a buscar a mi madre a un sitio de diversión, me tocó el segundo premio de la lotería nacional, que adquirí a una señora que estaba allí. Era una cantidad ligeramente superior a lo que me había costado el piso. Al tener noticia del hecho, uno de mis amigos me dijo: 'Te ha tocado una doble lotería, la de Navidad y... la de dejar el opus". ¿Verdad que es cierto?

La sangría de agregados

Hace poco tiempo escribía que el opus tenía una sangría de vocaciones en todos los campos, pero yo me refería especialmente al de agregados del centro 'Recoletos 5' (había uno para mayores en el número 19 de la misma calle). Citaba el caso de que pocos quedaban de los primeros agregados del Colegio Tajamar. Ahora me reafirmo en todo lo dicho, teniendo en cuenta los últimos acontecimientos que he vivido.

En los centros lllamados "de mayores" donde estuve antes de irme el 28 de octubre de 1998, nos fuimos en un período de dos años seis agregados, todo ellos con una perseverancia cercana a los treinta años en el opus. No es que el centro al que pertenecía --Amaniel, en la calle Federcio Rubio de Madrid-- fuera un hospital para "incurables", sino que poco a poco nos íbamos "despistando" (en la obra se diría 'despitando')...

Como uno anda mucho por la ciudad de Madrid, tengo ocasión de encontrarme a muchas personas, algunas de las cuales me cuentan lo que pasa. Este es el caso de un amigo mío al que no veía hace años que me ha revelado que se acaba de ir un agregado que llevaba más de 35 años en la opus. Seguía practicando su fe cristiana, pero dentro de la prelatura no aguantaba más.

Hace cerca de un año, abandonó la opus en un centro madrileño otro agregado de más de 38 años dentro, al que todavía no se ha dado la baja definitiva, aunque, eso sí, se le ha amenazado con hacerle un monitum por rebelarse. A los tres días de morir su madre, el celador (director espiritual) que llevaba su vida interior le dijo que era de sentido común que cediera a la obra parte de su herencia. Después ha insistido varias veces en lo mismo, a lo que el abandonante no ha hecho caso. También le aconsejó que fuera a un psiquiatra --por supuesto de la obra-- para que le dictaminara. Sin embargo, el protagonista se rebeló y acudió a un psiquiatra de la medicina pública, que determinó que no había nada anormal en la situación.

Cuando el que se le había muerto su madre dijo en la dirección espiritual que deseaba ir a una residencia de agregados --en Madrid existen en la calle Luis de Salazar, Leñeros, en el barrio de Moratalaz y en Húmera, cerca del colegio Retamar, obra corporativa del Opus--, el celador le contestó que la obra no era una agencia de colocación y que, por lo tanto, se buscara la vida. El afectado no aguantó más y salió por piernas. No ha vuelto. Como se ve, el tener asegurada la vejez es cosa de selectos, aunque en la obra se hable de que está asegurada.

El primer nombre que recibieron los hoy conocidos como agregados fue el de 'supernumerarios internos'. Así me lo manifestaron los dos primeros que se incorporaron: Paco Navarro (con cruz de palo, por ser el primero en toda la historia de la obra y Rafael Poveda. Los dos, que pertenecieron en la Prelatura hasta el final, ya han fallecido. El primero que pitó con el nombre de oblato fue Paco Uceda, que presumía de haber sido carterista y recordaba que el fundador le había dicho que le "había robado no la cartera, sino el corazón" (¡qué frase más buscada!).

Pues bien, esos primeros formaron parte de la concentración de oblatos de toda España que se produjo en Madrid en los años cincuenta, de los que un elevado número de ellos no perseveraron. Hasta hace poco tiempo algunos de ellos aún se iban de la obra.

Un cosa con especial relevancia se produjo cuando un día el fundador determinó que quería que se ordenaran como sacerdotes un grupo de tres agregados. Hubo un primero que se apuntó y luego no perseveró, por lo que fue sustituido por otro que tampoco perseveró. Otro, que se dedicaba a la fotografía, incluso terminó los estudios, pero no pudo ordenarse, pues no estaba solucionada la regulación jurídica de la prelatura, cosa que no se produjo hasta 1982. El tercero del trío era Juan Soria, ex supernumerario de Valencia, que murió en Madrid a consecuencia de un ataque al corazón en los años 80. También tenía terminados los estudios.

Esta falta de perseverancia entre los agregados no es nueva. Todos sabéis que el primero de la obra no perseveró. Según se deduce de las biografías oficiales de la prelatura, se llamaba Pepe, y abandonó su pertenencia al enamorarse de una joven que frecuentaba una iglesia de Madrid en los años treinta. Uno de los confesores puestos por Escrivá, le aconsejó que puesto que le gustaba aquella joven, dialogara con ella. Pasado el tiempo, el fundador dijo que aquellos sacerdotes habían sido su "corona de espinas". Uno de ellos, don Heliodoro, secretario de Fray José Lopez Ortiz, ex obispo de Tuy-Vigo y arzobispo Castrense de Madrid-- falleció hace poco dentro de la obra. No era frecuente tenerle en reuniones.

Cuento esto para que se sepan cosas de la historia de los agregados, que yo he vivido con algunos de los que fueron los primeros protagonistas. No hace mucho, Enrique, que se hizo de la obra en 1956, se quejaba en una tertulia de agregados mayores que ya no pitaban obreros. El que escribe esto fue agregado, pero no era obrero, sino periodista.

Una última consideración, a los que se quejan de que solo tratamos cosas negativas en opuslibros.com, le aconsejo que no dialoguen con la tentación. No lo pasarán tan mal. Si la leen, es porque no están muy convencidos de su vocación. Por ello, en un país de prelatura donde existen tantos pecados, igual éste es uno de ellos y deben confesarse con el sacerdote del centro que, según dicen ellos, es el que debe lavar esa ropa. Si lo hacen puede que se encuentren con una sorpresa: se les prohíbe volver a entrar en la página y, si repiten, les pueden echar.

No hay quien lo entienda

El 19 de marzo de 1965 me hice de la opus en calidad de numerario en un centro llamado 'General Oráa, 5' y posteriormente 'Velaña', aunque finalmente se abandonó. Ese año no pude ir al 'curso anual' porque mis padres no me dejaron. Eso sí cambié de centro (Vitruvio, 3), cuando querían convertirlo en centro universitrario. Se incorporó conmigo Pepe Masdeu, hoy gran investigador y numerario del opus, que trabajó en Estados Unidos. Había pitado en noviembre de 1964. Los dos éramos los adscritos y no había ninguno más. Yo creo que los jefes del opus pensaban en el milagro de los panes y de los peces. ¡Qué sentido de la trascendencia! Habían puesto un huevo, del que más tarde no salió pollo alguno, como no fuera para abandonar la obra...

Cuando hice mi primer curso de retiro en las Navidades de 1965, al salir, el director del centro (Santos Velasco, hoy sacerdote) me llamó a su despacho. Después de adornar mucho la cosa, me indicó que mi vocación era la de oblato, nombre al que sucedió posteriormente el de agregado (se me olvidaba que antes, solo los dos primeros, Paco Navarro y Rafa Poveda, fueron 'supernumerarios internos'). Ahí estuve a partir del verano de 1966, en que hice mi primera convivencia anual, en compañía de otro que también había pitado en el centro 'Gurtugay' con el nombre de 'numerario'. Este se llamaba Pedro Luis (dejémoslo tranquilo, pues su hijo pitó de numerario y hoy no sé si éste persevera). La sangría que hablé en mi artículo anterior se hizo con él al hacer el servicio militar. ""Se fú", que diría un castizo de Madrid. Quedé yo solo.

Pedro Luis (alías 'Pelu') era uno de los ochenta agregados que estuvimos en el centro 'Recoletos 5'. La sangría (crisis de la obra) se lo llevó por delante. Yo, mientras tanto, me preguntaba: ¿Por qué soy agregado si tengo la carrera universitaria de Derecho?. Nadie me daba respuesta. Años más tarde comencé periodismo, que es a lo que me dedicó ahora y ejerzo desde hace 32 años. Como veis, tengo dos carreras. Si para ser numerario, hay que ser universitario y para ser agregado no se requiere, no se entiende.

Voy a seguir sacando gente de la trastienda del opus. Pues bien, en aquel centro llamado Recoletos 5 (había otro de mayores en Recoletos, 19) había algunos agregados que luego pasaron a numerarios. Este fue el caso de Fernando Campos, que vino a Madrid procedente de Redondela (Galicia) para estudiar ingeniero naval y posteriormente estudió ciencias físicas. Pasado el tiempo pasó a ser numerario. ¿Por qué? La última vez que hablé con él fue mi director en una convivencia de verano en el colegio mayor Ayete de San Sebastián. Había perdido parte del corazón de las peresonas normales. Ya no era el que llamábamos 'Ficus de las Pagodas', a lo que el respondía con un taco.

Un caso curioso fue el de Agustín Guerrero, hoy sacerdote (espero que continúe y no sea uno más de la sangría). Antes de ser agregado, había sido supernumerario. Con el tiempo, pasó a numerario. ¿ Por qué? Nadie lo explicó. Todo se decía con mucho secreto. Aún no me he aclarado. Creo que era ingeniero de Minas. Aquello parecía el ajedrez. ¡Qué saltos daban!

Otros que pasaron a numerarios, siendo agregados fueron Sebastián García Noblejas Dávila, que empezó estudiando Ingeniero de Caminos; Angel Rodríguez de Bodas, que fue enviado a Canadá y el gobierno de este país no le admitió como inmigrante (no sé dónde ha ido, ni si ha abandonado la obra), Julio Montero y Pepe Muñoz, ambos de Tajamar, que no sé si continuan.

Cuando se habla de agregados, la gente se cree que no somos universitarios. Yo tengo derecho y periodismo. En una página anterior dice uno que podían pertenecer los que eran jorobados (solo conoci a Ludolfo, hoy con puesto destacado en la vida pública española, gobernada por socialistas). Unos eran bastante agraciados y algunos de ellos ligaron y se casaron con la mujer que conocieron. Me gustaría que alguien aclarara esto.

En algún momento, se me dijo en la obra, que mis padres me necesitaban (para justificar mi cambio de numerario a agregado). Claro que me necesitaban. Cuando, después de casi 34 años, solicité dedicar más tiempo a mi madre, se me invitó a enviarla a una residencia. Eso sí se nos hablaba de "nuestra madre la obra" y del "dulcísimo precepto" o cuarto mandamiento de la Ley de Dios con nuestros padres. ¿Alguien lo entiende? Yo, no.

Desaparecer de publicaciones internas

He leído detenidamente el gran artículo ('Vademecum y salida') que Jorge ha publicado en opuslibros.com. Lo ratifico totalmente. A mí, que había pasado casi treinta y cuatro años en la obra, a los pocos meses de mi salida, mis antiguos "compañeros" no me saludaban por la calle. Y eso que decían que éramos familia.

Hace poco, estaba en el andén del Metro de Madrid y observé que un agregado, también llamado Jorge como el autor del artículo, que lleva más de cuarenta años dentro, venía hacia mí de frente...

Me dispuse a saludarle, pero él siguió con la mirada puesta en el vacío. Para no dejarme llevar de lo negativo, pensé que era un despistado. Mi buen pensamiento no tenía ninguna base. Al día siguiente, le volví a encontrar en el mismo andén y volvió a suceder lo mismo: tenía la misma consideración que una pared. Ese "despiste" era habitual. Pobrecito. Qué mal lo debe pasar. ¡Qué feliz soy! Di el paso y soy libre.

Recordando un poco lo que viví durante años, me he dado cuenta de que periódicamente desaparecían los ejemplares de las dos "publicaciones internas" de los hombres del opus: 'Crónica' y 'Obras'. Soy periodista y me gusta investigar las cosas. Uno de los datos que obtuve era que en una sección que se denominaba algo parecido a 'Album Antiguo' había desaparecido Raimundo Pániker, uno de los primeros de la obra en Barcelona y que formó parte de la segunda tanda de sacerdotes numerarios que se ordenaron en los años 40.

La "desaparición" de Raimundo Pániker del "Album Antiguo" de la revista 'Crónica' no era un caso único. Luego quise investigar en publicaciones antiguas, en las que podía aparecer. No tuve la suerte de encontrarlo (digo esto, porque seguro, que ahora se ponen a remirar para negar mi afirmación).

Fácilmente llego a una consideración. Sé que periódicamente retiraban "Crónica" y "Obras" de determinadas épocas. Nunca pensé mal. Ahora he llegado a la conclusión de que había una base. Era que no querían ver a los que dejaron la obra ni esas publicaciones antiguas. De ese modo no venían los malos pensamientos ni las preguntas sobre el motivo de cerrar la puerta, que Escrivá decía que estaba entreabierta para entrar.

Otro caso muy triste fue el de la expulsión de la obra del banquero José María Ruiz Mateos, por haber criticado a otros dos banqueros, que aún siguen en el opus: Luis Valls Taberner y Rafael Termes. Yo tuve la suerte de enterarme de la informacióin real, a través de una noticia que publicó el diario 'El País'.

En el citado periódico se informaba que Ruiz Mateos habían sido visitado en su residencia por dos numerarios: Jerónimo Padilla (entonces director de la Delegación del opus de Madrid Oeste, con sede en la Marqués de Riscal, 4) y otro que no recuerdo exactamente el nombre. Se le había hecho un "monitum", advertencia muy grave, y, en consecuencia se le había expulsado de la obra. Pobrecillo, la prensa supo inmediatamente su situación.

Sin embargo, al llegar al "círculo breve" o reunión semanal se nos leyó una nota que NO decía la "noticia" de esa manera. El que encabezaba la reunión leyó el papel que había llegado no se sí del consejo general (gobierno de la obra en Roma), la comisión (hoy vicaría regional de España) o de la propia delegación. La persona que daba el "círculo' rompió el papel tan pronto como nos lo leyó y nos advirtió que de eso no se podía hablar, ni siquiera en la dirección espiritual del laico o confidencia. ¡Qué claridad! ¡Qué caridad! Yo digo ahora el chiste ese famoso sobre una persona que no entendía una pintura abstracta: ¡Qué cara! ¡Qué rasgo! ¡Qué gesto! '¿Qué c... (añadid un taco) es esto? Hay más casos que el de Ruiz Mateos y Pániker. No es broma. Palabra.

El truco

En todas las vidas de personajes públicos y en las películas siempre hay un truco. Como no podía ser menos, el opus también tiene sus trucos, que quiero describir en esta página para abrir los ojos a aquellas personas que lo lean. Los que somos periodistas tenemos un sentido distinto que nos hacer descubrir cosas por razón de la profesión que tenemos. No digo que seamos distintos, pero tenemos algo especial. Las madres también tienen un sentido especial que les lleva a darse cuenta de cosas de sus hijos.

Pues bien, como no podía ser menos, en la obra también hay trucos. Uno de ellos...

se refiere a la vida de su fundador que aparece en las películas, que se proyectaban en los centros y en las que nos creíamos todo lo que se nos presentaba. Mis casi 34 años en lo que hoy es una prelatura personal me han hecho enterarme de datos. En el Colegio Tajamar existía, hasta que me fui de la obra, un servicio especial para las películas que se realizaron coincidiendo con lo que se llamó 'dos meses de catequesis' del fundador, en 1972. Este mismo servicio luego se amplió a las tertulias de don Alvaro y no me extrañaría que ahora sea de don Javier Echevarría.

Por lo que se refiere a los 'dos meses de catequesis' puedo decir que algunas de las películas de las tertulias del fundador de 1972 fueron dobladas en los años noventa. Yo conozco a algunas de las personas de la obra que participaron en esos 'doblajes'. Ahora se exhiben esas cintas con aparente sonido original, que no es tal. Digo aparente porque, según explicaron en tertulias internas, no existía sonido de las personas que hicieron las preguntas al fundador. Esto hizo que, en muchos casos, las preguntas hayan tenido que ser creadas ahora, para poderlas adaptar a la contestación de Escrivá. HABíA TRUCO.

Así se da la circunstancia de que personas que no conocieron físicamente al fundador ahora se descubre que su voz figura, aislada de ruidos, como formulador de una pregunta interesante. El murmullo que acompaña es de efectos especiales, que de eso saben mucho en el opus. Que recuerda, se produjeron casos de doblaje en tertulias de la casa de retiros 'Islabe', cercana a Bilbao, y en algunos otros sitios. ¡Viva la verdad histórica! A este paso yo soy uno de los cristianos que se salvó de martirio en la antigua Roma o estuve con el Cid en la entrada de Valencia. Como podéis comprender estoy en el 2004, no soy mártir, ni me han canonizado, ni he luchado para expulsar a los moros de los reinos cristianos de la Península Ibérica.

Claro, digo esto, porque estas cuitas no se contaban en las tertulias normales y, si se hacían, era ante personas mayores en su entrega en el opus. A ver si se atreven a desmentir esto. ¿A que no? Mientras tanto dirán desde la oficina de información de la prelatura que se han puesto a la venta 30.000 DVDs en los principales kioscos de prensa de España. ¿De dónde viene ese dinero que se invierte en esa promoción? Seguro que ellos los compran. No creo que nadie tenga el más mínimo interés en adquirir algo que difunde un mensaje de un sacerdote que se presenta con sotana, junto a revistas de actualidad. Si se agotan es porque en España existen unas 10.000 personas de la obra. Mientras tanto, numerarios y agregados entregarán íntegro su sueldo para difundir el mensaje de la obra, que, según dicen, es "la santificación en medio del mundo". Muy conseguido.

Sigo con la historia de las películas. Pienso que si esto, como he comprobado, se ha hecho alguna vez, pudo producirse de la misma manera en otras épocas de la obra, incluidas otras películas de la misma serie. Ahora que estoy hablando de Tajamar recuerdo que una de las primeras películas que se hicieron sobre este colegio en los años sesenta fue dirigida por el hoy conocido cineasta Antonio Mercero, que primero fue numerario, luego supernumerario y hoy en día no es nada dentro del opus. Le va muy bien la vida. ¿Cómo no recurrieron a él en los "dos meses de catequesis"? Al haberse liberado del corsé, actúa libremente. La película de la citada obra corporativa no volví a verla. Igual es que habían cambiado los tiempos y había que adaptarse.

Pasaron los años. Un día, durante el tiempo que don Alvaro estuvo al frente del opus, me invitaron a asistir a una tertulia suya en el colegio Retamar, instalado en una de las zonas de más nivel económico de Madrid, en Somosaguas. Yo era periodista que me encargaba de los temas religiosos, pero no me invitaron a estar en primera fila con mis compañeros. ¡Qué pena! No se dieron cuenta que, en cualquier circunstancia de la vida, me sale del alma preguntar al personaje que se encuentra delante, para luego poderlo comunicar a los lectores. Mis compañeros de otros medios informativos sí estuvieron en primera fila. De ahí que no se enteraran de la comedia que allí se produjo.

Pues bien, decía que me gusta hacer preguntas a los que tengo delante, y en el colegio Retamar no podía ser menos. Me acerqué a uno de los micrófonos para expresar mis sentimientos ante don Alvaro e invitarle a hablar sobre el amor a la Iglesia. Mi anhelo se vio frustrado cuando la persona que portaba el micrófono me señaló que las preguntas ya estaban adjudicadas. Miré a mi alrededor. No vi a nadie con deseos de hacer preguntas. Eso sí a mí se me impidió usar el micrófono. Frustración de periodista. No pude participar en directo.

Aquel hecho no lo he olvidado. Era una investigación por desarrollar. Como espero habitualmente, un día me contaron que las preguntas se hacían por escrito en los centros y solo se formulaban si eran autorizadas por los que mandan (que verdaderamente lo hacen) antes de las tertulias. Para mayor seguridad de no equivocarse al hacerlas se llevaban escritas en las agendas personales ¡Viva la espontaneidad! HABÍA TRUCO. Mis compañeros periodistas no se habían dado cuenta y no se reflejó en las crónicas o noticias que hicieron. ¡Qué sagaces! Estaban en primera fila y no se dieron cuenta de lo que había detrás. Faltó ese sentido especial que hablaba antes. Otras veces el lapso ha sido mío.

Dicen que una manera que utilizan los grandes líderes es tener en penumbra el espacio donde tienen lugar las concentraciones, para llenar totalmente de luz el escenario. Así se consigue que la multitud fije su atención sobre la persona que ocupa el centro de atención . Todo se acompaña de personas veteranas del grupo que tienen un lugar destacado en el escenario y de algún "exótico" para que se vea que todos siguen al líder. En Madrid era muy frecuente que en Tajamar estuviera en un lugar destacado José Enrique F., invidente, que fue concejal del Ayuntamiento y ahora es profesor del colegio nacional de ciegos. HAY TRUCO.

El opus destapa gays

Cuando ingresas en el Opus Dei todo es muy bonito. La amistad ha sido utilizada para captarte y, al día siguiente de escribir la carta de incorporación, te das cuenta de que todo es un montaje parra que unos pocos, los llamados directores o directoras (jefes o jefas) manejen a los que antes se llamaban socios y hoy son 'fieles' de la prelatura.

Poco a poco te van informando de que en el Opus Dei la dirección espiritual la llevan los laicos...

Así, un numerario o un agregado debe hacer semanalmente su charla, abriendo su alma, sobre una serie de asuntos como 'fe, pureza y camino', junto a las normas de piedad, el uso diario del cilicio, la utilización de las disciplinas o las mortificaciones y las correcciones fraternas que ha hecho. Así se van adueñando de su alma y la persona que cuenta esta intimidad cree que está en el buen camino.

Uno de los puntos sobre los que insisten en el Opus Dei es en la "sinceridad salvaje" en la dirección espiritual, que tambien se llama 'charla fraterna' o 'confidencia'. Si no has abierto suficientemente tu alma te meten el dedo hasta el estómago (por decirlo de alguna manera) y te preguntan, por ejemplo, si te has masturbado, en el caso de que sean célibe, o si has hecho uso recto del matrimonio, sin recurrir al preservativo o a la píldora anticonceptiva.

Para que no te alarmes te dicen que todo tiene arreglo y que el peor pecado es la "insinceridad" o falta de sinceridad. Conforme pasa el tiempo, abres totalmente tu alma y vives la "sinceridad salvaje", explicando, si es el caso, que has caído en el recurso a la masturbación. A continuación indagan si esa masturbación ha sido porque has deseado o has querido mantener relaciones con personas de tu mismo sexo. Es el momento de "la cacería". Si has caído en esa situación y lo dices, has abierto la puerta para salir del Opus Dei, pues sus responsables lo consideran uno de los peores pecados.

En el caso de que hayas caído solo una vez, te pueden echar de la prelatura. Véase la carta titulada El Opus Dei es homofóbico, que firma 'Kapo'. A su vez, Gregory P. cuenta otros dos casos parecidos. Uno de ellos fue expulsado a la segunda vez. En el tiempo que pertenecí a laprelatura tuve noticia de otros dos de la obra que fueron expulsados al ser descubiertos juntos en una cama. Luego sé de otros casos concretos que hoy no cito.

Poco tiempo después de salir de la obra, uno de los que se decían mis 'amigos' me preguntó si me gustaban los de mi sexo. Le di una larga cambiada, como dicen los toreros. Ahora comprendo su fin: quería "destaparme" y decir que había abandonado debido a mis gustos "raros". No caí en esa trampa.

¡Qué pena! ¡Cómo manejan las mentes!. Luego se lo cuentan a los directores y así todos los jefes se enteran. ¡Vaya dirección espiritual!.

Estar dentro con el corazón fuera

Pienso que existen personas en la obra que se encuentran dentro pero con el corazón fuera. Lo digo por la experiencia reciente de dos casos que he vivido. Uno era un numerario y otro un agregado. Para proteger su intimidad omito nombres, aunque sean inventados. Es fácil comprender mi postura.

Pues bien, el numerario decidió irse después de más de treinta años de entrega a la Obra. Era, por así decirlo, un "burócrata" del sistema de la prelatura, ya que siempre se había dedicado a tareas internas y, por decirlo así, no había estado en contacto con la civilización exterior. Estaba, según frase del fundador, "en medio del mundo", pero no compartía vida del trabajador de la calle. No tenía seguridad social y tampoco un retiro en el caso de que le fueran mal las cosas. Eso sí era muy laico...

Un día decidió dejar la obra. Se fue fuera y como su madre aún vivía pensó que le iban a acoger con los brazos abiertos, cosa que sí sucedió, pero... Había un pero, no podía sostenerle económicamente. Eso sí le podía ceder su casa de campo para que residiera y pensara. Así lo hizo y se dedicó a escribir libros. Parecía respirar por dentro y por fuera el aire puro, no solo de campo, sino también de la libertad que tenía.

Los de la obra, como un comando de hombres intrépidos, inmediatamente trazaron ideas para resolver la situación. Se preguntaron dónde estaba y claro, como las "fuerzas del bien" (es una ironía) son tan listas, le localizaron en el lugar. Se pusieron muy pesados en intentar convencerle pero no lo consiguieron. Era un rebelde. No quería volver. Allí estaba más a gusto. Y eso que se encontraba solo.

La familia del numerario, principalmente su madre que era una pensionista, le dijo que podía sostenerle unos pocos días, pero no más. Una pensión de viuda no da para mucho. Tenía hermanos, pero tampoco. Uno de ellos fue de la obra antes y estaba divorciado. Bastante tenía con pasar la pensión a los hijos y la primera mujer. Este aspirante a huir no tenía medios económicos. Su falta hizo que pudiera más que las "fuerzas del bien" (es una ironía) que querían convencerle. Esto hizo que volviera a la "casa del padre", que diría el Evangelio, pero con una diferencia: está dentro pero fuera.

El otro caso es de un agregado. Pasó toda su vida aportando medios a la obra y, sin embargo, cuando quería asegurarse su porvenir, siempre se le daban excusas para no darle la cantidad de dinero que pedía. Claro, se ha hecho mayor y lo único que cobra es la jubilación. Se puede decir que malvive, aunque haya resuelto momentáneamente su situación, al haberse dado cuenta la obra que necesitaba una residencia.

La persona X (el agregado) solía decir que él no era un agregado, sino un "segregado". Algunos numerarios así tratan a los agregados, que, según lo expresan con hecho, son de segunda categoría, cuando el fundador repetía por activa y por pasiva que todos eran una única vocación. No se entiende. En los casi 34 años que estado en la obra he encontrado muchas distancias cuando he hablado con algunos numerarios. Parece que ellos viven como si fuera la élite. Incluso en mi etapa de un año en que fui numerario el director me decía que los numerarios eran la élite Yo añadí la sangre de todo el cuerpo y él (el director) lo corroboró. Le gustó mi expresión.

Este agregado ha vivido largo tiempo solo, realquilando las habitaciones de la casa que, a su vez, tenía alquilada. Semanalmente acudía su celador (director espiritual laico) a recibirle la charla. MI antiguo compañero me solía decir que tenía un pie fuera de la obra y el otro, tres cuartas partes salido. Faltaba un poco. Era un caso de "estar dentro con el corazón fuera". Ahora parece que le han convencido para irse a una residencia de agregados. La vejez es tremenda.

Vistos estos dos casos me pregunto. Los de fuera ¿estamos decididos a ayudar a los que "están dentro con el corazón fuera" para que den el paso de recuperar la libertad que les quitó el opus? Hay que hacer algo. Estos días opuslibros publica casos de personas que han salido que necesitan ayuda, aunque solo sea psicológica. El partir desde cero es muy duro, todo lo hemos pasado, pero pueden suceder otros como los dos reseñados que hagan que tengan que volver no por convencimiento sino por necesidad.

Automóvil para todos

Una de las cosas que más cuestan vivir en la obra es el uso del automóvil. Los que fuimos agregados y profesionales durante largos años nos costaba aceptar que cuando llegaba a la convivencia todo el mundo se creía con derecho a usar lo que era tu instrumento de trabajo y de hacer vida de familia con los tuyos. Cuando llegabas a las convivencias o cursos de retiro anuales una de las primeras cosas que te aconsejaban era dejar las llaves en un cajón de dirección previamente establecido. Es, según las voces oficiales, un signo de desprendimiento...

Voy a pasar a contar algunos hechos que me sucedieron durante esos casi treinta y cuatro años que estuve en la obra. En 1973 comencé a trabajar como periodista en una empresa informativa. Mi padre quiso que, puesto que yo me automantenía aunque viviera con ellos en casa, se 'festejara' con el regalo de un automóvil que él quiso que fuera de la misma categoría que el que había regalado a mi hermano. Sin embargo, no pudo ser, porque los directores de la obra se opusieron a tal pretensión y me invitaron a que fuera un poco peor. Al final, después de un tira y afloja que mi progenitor nunca entendió, tuve el anhelado automóvil.

La alegría duró poco tiempo. En el verano de 1974 hice la convivencia anual en un colegio de una empresa relacionada con la obra de Madrid. Seguí los consejos que se me hicieron y deposité las llaves del coche en dirección. A los pocos días de iniciarse la actividad, tuvo lugar un accidente de un agregado de fuera de Madrid que había utilizado mi vehículo para desplazarse a atender a uno de su ciudad en otro sitio cercano. Uno de los que iban en el vehículo tuvo que ser ingresado en un hospital, donde permaneció tres días.

La causa del accidente automovilístico fue que el conductor se había saltado un stop y fue arrollado por otro automóvil. Esto hizo que interviniera la policía, quien dio un parte y, con el tiempo, se celebró un juicio. El causante del accidente, que como digo vivía en otra ciudad española, con una excusa, no asistió. Yo, que no había participado en los hechos, me vi sentado en el banquillo de los acusados. No sabía qué decir. El abogado de la compañía aseguradora se había aprendido el caso momentos antes de entrar a la sala.

Pues bien, el causante del accidente me había avisado unos días antes que no podía venir al juicio. No lo entendí. Una vez se celebró, le condenaron a estar nueve meses sin el carné de conducir. Preferí dejar tiempo para escribirle una carta que expresara mi malestar. Naturalmente que en la obra quisieron leer mi escrito y, después de dos intentos, me la autorizaron. Como no solo leen las cartas en un lado (mi centro), también la leyeron en el otro (el centro del causante). Nadie preguntó por el estado de mi vehículo que, con cinco mil kilómetros, estuvo a punto de ser declarado en siniestro total.

Me decían en el centro de la obra que yo estaba muy apegado al vehículo. De ahí que, siguiendo sus "buenos consejos" --es un decir--, al año siguiente, cuando fue a un colegio mayor de la obra en Sevilla, volví a dejar las llaves en dirección. Mientras tanto, el director del causante del accidente antes reseñado, me dijo en la charla que le había hecho mucho daño con aquella carta mía, que había sido revisada en mi centro. Más claro no lo puedo decir, estaban interviniendo la correspondencia entre los dos.

Para mí, la cruz de Madrid podía prolongarse en Sevilla. Así sucedió. En este caso, el autor del accidente --saltarse una línea continua en una avenida amplia de la ciudad-- fue un numerario pintor en el colegio romano, que presumía de cosas del fundador. Aunque no era de la convivencia, había ido a solicitar un automóvil en el colegio mayor y, claro, se le dio. Al saltarse la línea continua, fue arrollado por otro vehículo. Como no había podido decirme nada de que iba a utilizar el coche, me comunicó que se había puesto nervioso y que, por lo tanto, yo tomara los datos al conductor contrario, con el número de teléfono que le había dado.

Al año siguiente, en 1976, fui a hacer la convivencia anual en un colegio infantil en Málaga, donde nos alojábamos en las aulas. No teníamos armarios ni perchas donde dejar la ropa, que debíamos depositar en unos cajones de unos muebles allí habilitados. Cuando queríamos entrar en los servicios, debíamos atravesar el pomo de la puerta con un papel higiénico que decía "ocupado". Otra vez tuve mala suerte. No fue un accidente ni un choque, sino que el que me utilizó el vehículo me lo dejó sin gasolina y pinchado. El que se desinflaran las ruedas no tenía importancia, pues cerca había una fábrica de ladrillos. Otro día contaré detalles de esta última convivencia. Nunca supe quién fue el que me utilizó el coche y luego lo abandonó sin combustible.

Todas estas circunstancias hicieron que yo me resistiera a dejar las llaves de mi automóvil en dirección. Procuré desde entonces no decir nada sobre las llaves. Alguna vez se enteraron de mi resistencia a depositarlas. Me hicieron desde entonces varias correcciones fraternas y me invitaron a estar desprendido de aquel instrumento de trabajo. Aseguraban que el vehículo no era mío sino de la obra, que me lo prestaba, y que, por lo tanto, olvidara esos pensamientos. Otro día le dejé el vehículo al director de mi centro. El resultado fue que llegó una multa por aparcar mal y nunca la abonó. Otra vez volvió a tener resistencia a dejar el carro, que dirían en América.

Dos años antes de abandonar la obra, planteé por escrito la necesidad de cambiar de automóvil, pues llevaba once años con el mismo y ya empezaba a estar viejo. Todos los coches anteriores habían sido adquiridos con dinero de mis padres. Por ello, ahora propuse que la obra me pagara al contado el coche. Tardaron mes y medio en dar una respuesta. Al final, un día que teníamos el retiro mensual en una residencia de numerarios de Madrid, aún existiendo el silencio, me llamó el secretario del centro mío y me dio la respuesta: tenía que pedir dinero prestado a un banco, pues "la obra es pobre".

Aquello hizo que por dentro me rebelara. Decidí no hacer el retiro mensual. Me fui inmediatamente del lugar del retiro. Llegué a casa. Mi madre me preguntó qué me pasaba, pues había vuelto enseguida. Estuve toda la tarde pensando. Llamé al director de agregados de la delegación de Madrid Oeste y le expliqué el caso. Al final, para no humillar, opté por solicitar la mitad del dinero del precio del automóvil. En veinticuatro horas disponía yo de esa cantidad. Y eso que la obra era pobre. El resto lo pagué de los ahorros de mis padres.

¡Qué curioso! Me pedían que estuviera desprendido de las cosas y viviera la pobreza. Ellos no eran capaces de entregar la mitad del precio íntegro de un coche. Si esa es la generosidad que se pide a los de la obra, me río yo. Piden a los demás lo que ellos no viven. Quieren vivir lo que puedo denominar el "automóvil para todos" sin pagar ellos nada. Y si ocurre algo, págalo tú, que "el automóvil" es de la obra, que te lo presta.

La guillotina

En los bajos de la sede del gobierno de la obra en España existe una guillotina para eliminar libros o documentos que puedan dañar, según ellos, el alma de los fieles de la institución. Al igual que en la Revolución Francesa se utilizó la guillotina para "cortar cabezas", ahora se hace para las obras de los que no son adictos a la prelatura y han publicado libros que no convienen a sus intereses.

Al igual que en los mataderos de animales, allí llegan los libros y esperan para ser triturados y que nadie los pueda volver a utilizar. Tengo noticia de que los libros publicados por María Angustias Moreno, Alberto Moncada, María del Carmen Tapia y Luis Carandell pasaron por esa trágica situación.

De muchos de ellos nunca más se supo, pues los directores de la obra se encargaron, no solo de comprar las ediciones íntegras, para que tuvieran efecto silenciador en la opinión pública, sino que todos los que se recogían inmediatamente pasaban al "matadero de libros". Un ejemplar podía entrar en la casa de Diego de León 14 con muy buena apariencia y salir hecho trizas. No es algo imaginario. Es real.

De este modo, los directores de la obra evitaban que aparecieran reseñas en los periódicos y, por lo tanto, tuvieran un efecto expansivo entre los ciudadanos al descubrirles versiones distintas, para ellos heterodoxas, de explicar hechos del opus dei o de su fundador. Qué claridad. No se permitía saber la otra cara de un hecho, que solo se presentaba de una manera oficial y se aseguraba, con toda clase de notas internas a los miembros de lo que es la prelatura, que aquello era falso. Tengo conciencia que más de una vez se fueron rebatiendo puntos de Carmen Tapia, María Angustias Moreno o Alberto Moncada, sin que nos dejaran leer la versión que presentaban estos ex del opus.

Me parece una manera cobarde de actuar. Ahora que he salido de la obra y me he puesto a pensar he llegado a esa conclusión. Igual dicen que me he vuelto loco y se ponen a husmear en mi vida privada, por si existe algo que se aleja de esa ortodoxia de la que presumen o que demuestran. Que sepan que no van a encontrar nada.

Pero volvamos a "la guillotina". Recuerdo que en las películas del fundador éste decía que no se podían leer cualquier tipo de libros. Ponía el ejemplo de cuando se va a una farmacia y nos gusta la apariencia de un medicamento, por lo que lo introducimos en la boca y lo tragamos. Así debía de ser el criterio de los de la obra: no se puede leer cualquier libro, y si es autora una persona que ha salido del opus o de una que no vive casada por la Iglesia, con mayor motivo. Puedo decir que en los centros donde estuve en los últimos diez años existían unos ficheros con más de treinta grupos de clasificación de libros, tarea de leer que realizaban un grupo de personas autorizadas. Otro criterio era que si se leía un libro y se sentía alguna tentación, inmediatamente se dejaba la lectura. En todo caso, si el lector continuaba, había que hacer una ficha en la que se calificaba ese volumen.

Las trizas de papel no eran de uso exclusivo en los libros. En los últimos años que acudí a las convivencias en el Colegio Mayor Ayete, yo era el encargado de traer la prensa a dirección, para que viera los diarios que se publicaban esos días. Los periódicos que se utilizaban eran el 'ABC', 'El Mundo' y el 'Diario Vasco'. Aunque se trataba de periódicos con línea no heterodoxa, pasaban cada mañana por el filtro del director. Esto se extendía incluso a la prensa deportiva que algunos deseban leer.

¡Qué pena cómo llegaban los periódicos a la convivencia y cómo salían! Cuando cada mañana acudía a la sala de estar con los periódicos, observaba que habían sido arrancadas o recortadas en parte varias páginas. No solo eliminaban las imágenes en las que aparecía una mujer o un hombre en bañador más o menos púdico --siempre se eliminaba el bikini--, sino aquellas que tenían noticias que ellos consideraban morbosas. "La guillotina" del centro de la calle de Diego de León había sido trasladada al colegio mayor Ayete. Esto puede suceder en muchas partes del mundo. Se basan en la buena fe de la gente que "traga" hasta con estas cosas.

Un caso especial me sucedió un día en el colegio Mayor Ayete. Un agregado de un centro relacionado con el colegio Tajamar me vio con el diario 'El País'. Yo ya había oído que en la obra no se podía leer este diario. Pues bien, me increpó delante de todo el mundo y me dijo que yo llevaba el diablo debajo del brazo. Debo aclarar que los directores me habían autorizado a leer 'El País', debido a mi profesión de periodista. Fue una escena desagradable, que no olvidaré.

Los numerarios y agregados (salvo los que están expresamente autorizados por su profesión [por ejemplo, críticos de cine]) no pueden ir a ver películas en salas comerciales. Estuve en esa situación casi 34 años (mi tiempo siendo de la obra). En su lugar, las películas que ven numerarios y agregados son las que se seleccionan normalmente en las convivencias o cursos anuales, tras haber alquilado tres o cuatro películas, que, en muchos casos, no llegan a verse ninguna de ellas. Una de las últimas cintas que vi fue 'El perro del hortelano', de Pilar Miró. Al llegar una escena de amor, se oscureció la pantalla. Luego no se podía explicar, pero nos supusimos que se había eliminado un beso. Era frecuente que antes de proyectarse las imágenes, el director la veía en compañía del sacerdote. Así, estando "en medio del mundo" no vivíamos como nuestros compañeros que sí estaban. Hace cuarenta años, las distribuidoras de las películas no prestaban éstas a los centros de la obra, pues era frecuente el que recortaran imágenes y luego se pegaban unos trozos con otros. Era otro tipo de "guillotina".

El año que viene se celebrará el cuarto centenario de la primera edición del Quijote. En la época de Cervantes era frecuente que algunos libros se tiraran a las hogueras especiales, pues podían ir contra la fe. Hace poco se descubrieron algunos de esos libros que habían podido ser salvados, como "El Lazarillo de Tormes", gracias a que sus propietarios los escondieron entre las paredes de sus casas para huir de la Inquisición. La situación es parecida, pero estamos en el siglo XXI. De ahí que, en general, la mayor parte de los de la obra tienen una deficiente formación cultural. Leen los libros espirituales que se les recomienda, y algunos otros ejemplares autorizados dentro de la gran clasificación. Eso sí, son "muy cultos" y se permiten dar lecciones.

Más, más dinero

El ansia de dinero que existe en la obra es inmensa. El fundador decía que se gasta lo que se deba aunque se deba lo que se gaste. Y eso es totalmente cierto. Que se lo digan a los administradores de las delegaciones de la obra. Suelen durar casi menos que un caramelo en la puerta de un colegio. Debe ser muy duro ocupar este puesto. Por experiencia sé que es uno de los que menos duran, pues deben coordinar, junto a otros cargos colegiados, la parte económica de todos los centros de una circunscripción o zona por ellos fijada.

Numerarios y agregados debíamos (yo ya no soy del opus) entregar totalmente nuestros sueldos cuando cobramos en nuestras empresas a final de mes...

Debemos rellenar las llamadas hojas de la 'cuenta de gastos', donde aparecen todos los gastos ordinarios y las correspondientes cantidades que se nos han entregado para nuestras necesidades. No sé en numerarios, pero en agregados, se sacaba una cantidad para atender las necesidades de nuestras viviendas. Incluso se nos daba una charla en la que invariablemente se afirmaba que, si teníamos una necesidad o queríamos arreglar nuestra vivienda, la obra atendía a nuestra necesidad.

Esas buenas palabras en las que se indicaba que la obra atendía a nuestra necesidad en mi caso fueron nada más que eso, palabras. O lo que es lo mismo bla bla bla. Nunca pude atender a posibles obras en el domicilio de mis padres. Evito decir casa para que no se confunda con las palabras de la obra "es de casa" o "murió en casa", ésta última una frase que cada vez se aplicará menos, puesto que la "sangría" sigue. Eso sí, la edad media de los del opus cada día es mayor. Mi madre era viuda y pasamos juntos 19 años, antes de morir ella a los 85 años.

¿Qué necesidades tenía Nacho? Con la pensión de una viuda, que siempre ha trabajado en el domicilio familiar, no se podía atender a casi nada. Ella aprovechaba para escaparse a un bingo y charlas con las amigas. Yo la ayudaba. En algún momento un responsable de la obra me llegó a echar en cara de que como mi madre iba al bingo.... Claro ella tenía suerte y por eso podía hacerlo más a menudo. Pero en el opus se metían hasta en tu vida familiar. Mis necesidades eran cambiar las tuberías del agua, pues la casa ya tenía más de 30 años y había que reponerlas; pintar las paredes; cambiar la cocina, etc, etc. NUnca me ayudaron y eso que lo pedí.

Pero claro, estaba Nacho que tenía un buen sueldo. Nunca se me dijo no a las propuestas. Solo se respondía con frases equivalentes a las siguientes: "Has llegado tarde, plantéalo al año que viene"; "en estos momentos estamos por una mala situación, ya te diré"; "la obra es pobre y no tiene medios", etc. Otros de la obra que me he encontrado por la calle y les he contado el caso me han dicho que a ellos no les ha sucedido. ¡Qué casualidad! Solo a mi me ha sucedido. Seguro que hay más casos.

Uno de los momentos más duros que tuve que vivir se produjo cuando expuse en la charla fraterna que me hacía falta más dinero para poder sacar adelante mi vivienda. El celador o director espiritual sacó una hoja de papel y me empezó a preguntar las cosas más íntimas: cuánto pagábamos a la señora que ayudaba a mi madre en el domicilio; cuántas propiedades tenía mi madre; cuánto costaban los gastos generales del piso; cuánto podían costar las reposiciones de las cosas; cuánto pagábamos al portero; cuánto cobraba mi madre de pensión de viudedad. Dejó caer que mi madre iba al bingo. Pasmaos.!!!!!!

El celador empezó a hacer números, y al final llegó a la conclusión de que se me daba más dinero del que me correspondía. Os aclaro que lo que yo entregaba en el centro mensualmente era una cantidad grande, pero se me regateaba hasta lo más mínimo. Había que vivir el espíritu de pobreza, se nos decía. Que yo sepa, los padres no tienen por qué vivir la pobreza del opus de sus hijos, como los hijos no deben vivir la pobreza del opus de sus padres. Esto no se tiene en cuenta por parte de los directores. A ello se unía la falta de cariño hacia mis padres, a los que visitaron solo dos veces en los casi 34 años que estuve en la obra.

Por si faltaba poco, periódicamente se hacían campañas para recaudar fondos para la universidad de Navarra, tal colegio que se va a construir o para hacer un regalo al padre con motivo de su x aniversario o de su visita a España. Estuve en la segunda reunión de "amigos" de la universidad de Navarra en 1967 y os puedo decir que se hicieron muchos regalos al padre. Esto se repitió con los llamados "dos meses de catequesis" de 1972 . No sé dónde fueron a parar tantos regalos. Supongo que los distribuiría entre casas de la obra. Siempre más, más dinero. Había que pedir mucho para atender a las necesidades.

Cada vez que había campañas para recaudar fondos para una posible obra corporativa o centro de San Rafael, uno de los primeros puntos de mira eran nuestros padres y nuestras familias de sangre. Como para pedirle a mi madre que se desprendiera de sus ahorros en bolsa para satisfacer las ansias de dinero del opus. Se lo insinué alguna vez, pero ella nunca se prestó a eso. Hay que saber que en la obra se nos pedían cantidades muy altas y, en algunos casos, tuvimos que recortar nuestro tiempo de trabajo para intentar dar un "sablazo" a algún familiar o amigo nuestro. Incluso se nos llegó a decir en alguna de las campañas que no interesaban cantidades pequeñas, aunque fueran en miles de pesetas, pues las personas a que nos acercábamos tenían que ser generosas. Si una de las personas abordadas entregaba una elevada suma, inmediatamente se le hacía cooperador del opus dei. Para hacernos picar se nos decía que fulanito había entregado una cantidad muy importante. Es como el efecto del escaparate de las tiendas de lujo. Cuanto más bonitas estén, mas ansias te quedan de entrar a obtener eso. Los que nunca alcanzamos esos "generosos" nos considerábamos unos inútiles.

Recuerdo que una vez en un colegio que es obra corporativa en Madrid se invitaba a los padres a participar en la adquisición de un sagrario que se procuraba estuviera hecho con materiales de lujo, como oro o piedras preciosas. El enfocar la generosidad en la construcción del sagrario llevó a que fueran más las cantidades que se recaudaron que la que realmente costó. El resto sirvió para decorar con mármol el resto del oratorio. El sagrario tenía un atractivo que se reflejó en la generosidad. Una experiencia parecida es la que se contaba en algunas tertulias, en que se llegó a decir que los alumnos del Colegio Romano de la Santa Cruz se llegaron a "comer varios pianos" con el dinero recaudado con una campaña entre padres de los alumnos para dotar de este instrumento musical al Colegio Romano.

Las ansias de dinero de algunos no conocen límites. Existe un numerario en Madrid que está especializado en sacar dinero a viudas y personas que viven solas. Un amigo periodista me ha comentado que en Galicia existen casos parecidos: especialistas en obtener herencias. Cuando murió de repente uno de los supernumerarios del grupo que atendía, que tenía 82 años, ese "buscador" apareció en escena. Estaba en mi centro. Me preguntó quiénes eran las hermanas del fallecido. Se las señalé. No es broma, se fue inmediatamente como una flecha a hablar con ellas. Se da la circunstancia de que el supernumerario vivía en un piso de propiedad en una importante calle de Madrid. Al cabo del tiempo, un día me encontré por la calle al "buscador de herencias" y no me dijo nada después de aquella pregunta sobre las hermanas. Al poco rato, se produjo la casualidad de que estuve con una de ellas que me insinuó que alguna petición había existido.

Un agregado mayor de Madrid, que era hijo único, decidió dejar todos los bienes de su familia a la obra, incluido el domicilio familiar. Ahora vive en una residencia de agregados. Anda que cómo le entre la crisis de abandonar el opus... menuda se va a armar. No tengo noticias de que quiera dejarlo. Si me entero ya os lo comunicaré. A otro, le han pedido la herencia familiar y el ha decidido irse. Con tanto dinero, sí se pueden hacer obras corporativas. Que se lo digan a los "sableados" de los que he hablado.

Ya os lo he contado en otra ocasión. Ya sabeis que yo fui de los favorecidos a los que les tocó el segundo premio de la lotería de Navidad de España, al salir de la obra. La mano delante y la otra detrás en mí tuvo la suerte de que el dinero que había entregado a mis padres para pagarles el alojamiento y mantenimiento fue invertido en acciones de una compañía y con ello me pude comprar un piso en La Manga del Mar Menor (Murcia, España), en el que pienso pasar temporadas el día que me jubile en mi profesión. De momento, allí paso las vacaciones de verano y voy en otras épocas. Menos mal que salí de la obra. Si no, no me toca.

La pobreza del Mercedes

Recientemente he leído en una página web que el fundador de un grupo religioso, no de origen español, acostumbra a ir en un coche (carro en América) de lujo cuando se desplaza dentro de cada país. Incluso tiene vehículos aparcados en los garajes de sus residencias, por si tal dignatario viene. Ha aconsejado a sus seguidores que le traten con un nombre con fuerte significación de otro idioma. Así es muy original.

El caso es calcado a otro fundador que firmaba 'Mariano' al principio de una publicación interna de la prelatura, o 'Josemaría'. Pues bien conocí a este fundador que usaba esos dos nombres,...

aunque para la posteridad se ha quedado con el de 'Josemaría', nombre único en la Iglesia Católica, para distinguirse de los demás. Por cierto, cuando todavía me encontraba dentro de la obra, se nos dio la indicación de que aconsejáramos a los supernumerarios y a las personas cercanas al opus que pusieran a sus hijos el nombre de 'Josemaría'. Así, poco a poco, se iba abriendo camino en la Iglesia. Si alguna vez oís hablar de un niño que se llama 'Josemaría' no será muy difícil saber de qué pie cojean sus padres o sus abuelos. Puede que en los colegios de Fomento de Centros de Enseñanza o en las obras corporativas de la prelatura sí sea frecuente.

Uno de los sitios en que conocí a 'Josemaría' fue en el colegio mayor Moncloa de Madrid en 1972, durante los denominados dentro del opus 'dos meses de catequesis' por España, que dió lugar a números extraordinarios de publicaciones internas para dar a conocer el mensaje del fundador. Sin embargo, lo que más se me quedó grabado fue su llegada a la citada residencia universitaria. Apareció allí en un coche marca 'Mercedes' de color vino de Burdeos, conducido por uno de los directores de la comisión (gobierno regional de varones) de España.

Aquello me llamó la atención. Ha pasado el tiempo y todavía lo tengo grabado en mi mente. Un 'Mercedes'. Pregunté a mis directores inmediatos sobre el origen de aquel lujo del fundador y se me respondió que había sido prestado por un cooperador. Miraba para mis adentros y me preguntaba si aquello era normal. No me lo pareció. Claro, había que callar. Llevaba siete años y por entonces estaba intentando hacer la 'fidelidad', la incorporación definitiva dentro de la obra.

Si ahora es raro que una persona posea un automóvil marca 'Mercedes', imaginaos entonces. Los coches habituales de la población eran los 'Seat 600', 'Seat 500', 'Seat 850', 'Renault Gordini', 'Renault Dauphine' y algunos otros que entran dentro de la denominación 'utilitarios'. Vamos, los de la gente sencilla o de la clase media que les cuesta salir adelante. Dentro de la obra, si deseabas tener un automóvil debías justificar que era necesario para tu profesión y que no chocaba con el nivel de tus compañeros y amigos. Todo muy claro.

Lo que no estaba tan claro es la utilización del 'Mercedes' por el fundador. No era un signo de pobreza. Todavía ahora, el otro día iba en un taxi y le pregunté al conductor qué le parecía el 'Mercedes' que iba delante. Me hizo ver que eso era para los ricos. En definitiva, un artículo de lujo. Sin embargo, 'Josemaría' llevaba su 'Mercedes'. ¿Sería para vestir más el puesto? En torno a esos años había conseguido el título de 'Marqués de Peralta'. Los marqueses que no están arruinados sí van en 'Mercedes'. Claro, como 'Josemaría era marqués ... se lo podía permitir.

Años antes, entre 1966 y 1971', yo pertenecí al centro de agregados jóvenes denominado 'Recoletos 5', que se distinguía del 'Recoletos 17', que eran agregados mayores. Yo iba allí a estudiar cada día. Si llegabas pronto, debías encender la calefacción individual. Periódicamente traían sacos de carbón para alimentar la caldera. Como no había dinero, encendíamos fuerte la caldera individual durante dos horas y así se mantenía el calor durante todo el día. Sin embargo, 'Josemaría poco después iba en coche 'Mercedes'. Era un ejemplo a seguir. Es una broma.

Los numerarios que nos atendían, Paco, Carlos y Oscar, vivían en una residencia en la calle Gurtubay, 5 en el barrio de Salamanca, por entonces uno de los de más alto nivel económico de Madrid. En algún momento, vivieron en Tajamar, una zona humilde. 'Recoletos,5 'era un centro sin residencia de numerarios. El oratorio solo se utilizaba los días de fiesta de la obra o de retiro y no tenía sagrario con el Santísimo de forma permanente. El cuadro que coronaba el oratorio era una reproducción de la Santísima Trinidad de Velázquez, que había sido pintado por Luis, un agregado que estudiaba por entonces la carrera de Bellas Artes. Todo era sencillo, menos el recuerdo del fundador en su 'Mercedes'.

Ese es uno de los recuerdos que me han quedado de 'Josemaría'. Se nos contaba que vivía muy bien la pobreza y disponía de una sola sotana remendada. Sí vivía muy bien la pobreza, pero había solicitado y obtenido el título nobiliario de 'Marqués de Peralta' , que costó dinero y luego cedió a su hermano, y cuando se desplazaba a España a algún sitio a "hacer correrías apostólicas", se servía de un coche de marca 'Mercedes'. Aclaro para todos que la Iglesia ha sentenciado que vivía las virtudes en grado heroico.

No me extraña que después de lo que he contado los dirigentes de los 'Legionarios de Cristo', a cuyo fundador aludo, y los del Opus se tengan entre sí celos e incluso éstos últimos hayan leído una nota, aclarando que de éstos ya no se puede hablar y les ha dado una denominación, parecida a la que internamente se emplea con la Compañía de Jesús de la que se dice que son "los de siempre". Otro día aclararé este punto.

Arrodillados ante el papel

Algunas veces, se suele comentar en charlas de centros de personas veteranas en la obra que una vez el fundador, Josemaría, llamó la atención a los directores de la Comisión (organismo que rige el gobierno del opus) en España por el hecho de no haberle hecho caso en unas notas que les había enviado desde el Consejo General (Gobierno central en todo el mundo) de la obra. Esto hizo, así se cuenta, que el entonces presidente general (eran los años cincuenta o principios de los sesenta) se desplazara especialmente desde Roma para llamarles la atención...

Al llegar a España --así nos trasmitieron los directores a los agregados-- Escrivá, 'el padre' en el argot de la obra, les dijo que siempre que recibieran un escrito de gobierno suyo desde Roma leyeran de rodillas el papel, pues era voluntad de Dios, transmitida a través de quien el Todopoderoso había querido que fundase el opus dei. Hasta ahí queda el hecho. Es el pensamiento habitual que siempre viví en esta institución , aunque nunca se me pidió que leyera de rodillas un escrito del Padre que transmitía a otros de la obra.

Pocas veces un papel ha tenido un destino más noble: ser el emisario de la voluntad de Dios. Lo que me parece pasarse es llegar hasta el extremo de ponerse de rodillas porque lo decía "el padre". No se si alguna vez se ha llevado a efecto esta determinación, pero no cabe duda que fue una humillación, aunque luego dijeran que era "la voluntad de Dios" y que "hay que tener visión sobrenatural". En estos momentos que hace ya cinco años que abandoné la prelatura no me gustaría que me lo hubieran dicho.

Aquellos años, los finales de los cincuenta fueron fuertes. Abandonaron el opus algunos altos cargos de la obra en España, que cuando la canonización de Josemaría no quisieron hablar, aunque se reprodujeron en los periódicos algunos testimonios antiguos suyos. Eso les honra. No quisieron meter el dedo en la herida. Después me he enterado de algunos de sus nombres, pero como ellos no quisieron hablar, yo tampoco voy a revelar sus nombres.

Se observará la costumbre de Escrivá de utilizar la rodilla para los que tenía delante. En vida, cuando alguien del opus se le acercaba estaba previsto que hincara la rodilla para saludarle. Qué fuerte. Yo nunca lo hice, pues no estuve cerca del fundador. ¿Qué hubiera pasado si alguien se hubiera resistido? No lo sé. Seguramente, una bronca descomunal. Lo que es más grave es que esta misma costumbre continuó durante el tiempo en que Álvaro del Portillo estuvo al frente del opus y ahora con Javier Echebarría. Afortunadamente me he ido. ¿Cómo consentíamos eso? ¿Cómo Josemaría, del que dice la Iglesia que vivió las virtudes en grado heroico, permitió eso y se lo ha transmitido a sus sucesores?.

El Papa, sea el que sea, ya ha dejado de utilizar símbolos de la antigüedad. Ya no va en silla sostenida con los hombros de otras personas.. Es normal que vaya en un automóvil especial, en el 'papamovil', para saludar a la multitud que viene a verle. Lo que no es normal es que Escrivá, Portillo y Echebarría hayan utilizado un sistema que, en mi opinión, solo es propio de un Sucesor de San Pedro. Por mi trabajo de informador religioso y cultural no he visto a ningún alto responsable religioso, y conozco muchos,al que sus fieles le saluden con el sistema de hincar la rodilla. Se trata de sencillez, no de complicación, como hacen los del opus, que ya no saben cómo distinguirse de los demás.

Para que no me digan los "puristas" del opus que ante los reyes algunas damas hacen un ligero movimiento, les recuerdo que los reyes son señores temporales. Según sus teorías, el opus es una institución religiosa de la Iglesia Católica y, por lo tanto, no se pueden utilizar argumentos temporales. Mientras tanto solo me arrodillaré ante el Santísimo o si se me cae un papel y tengo que recogerlo.

Resistirse a la reforma litúrgica

Escribí la carta al fundador del opus el 19 de marzo de 1965 en un piso de la calle General Oraa, 5 de Madrid (dependía del centro de estudios, que se encontraba entonces en Castellana, 50, mientras terminaban las obras de consolidación en Diego de León 14, hoy sede de la comisión regional o gobierno de la prelatura en España y del Colegio Mayor Montalbán, centro de estudios de la delegación de Madrid Este). Tenía yo entonces 20 años recién cumplidos. Quedaba poco para que terminara el Concilio Vaticano II y, aunque era joven, sí pude observar cómo se vivió este acontecimiento dentro de la institución fundada por Josemaría, que se consideraba un instrumento inepto de Dios...

En general puedo decir que la obra se ha resistido como gato panza arriba a la reforma litúrgica trazada como consecuencia del Concilio Vaticano II. En primer lugar, una vez terminó la reunión de los obispos de todo el mundo y se publicaron los documentos, se nos dijo que la obra se había adelantado en muchos años a lo tratado por el Concilio sobre la participación de los laicos dentro de la Iglesia Católica. Por aquel entonces era frecuente que nos pidieran dentro de la obra que rezáramos especialmente tal día, porque se iba a tratar de algo muy importante para la vida del entonces instituto secular, aunque al fundador no le gustaba esta clasificación desde hacía algunos años, en que otros se habían apuntado a ese tranvía o barca, como le gustaba decir a Josemaría.

Un acto que parecía prometer se produjo en la Universidad de Navarra, cuando el fundador ofició una misa para la segunda reunión de amigos de esta universidad obra corporativa del opus. La misa fue con altar cara al pueblo, cosa que les costó mucho vivir años más tarde, cuando en muchas iglesias y templos, los que éramos agregados, sabíamos lo que era eso. Se hicieron distintos intentos como colocar una especie de atril de metal para leer la Epístola y el Evangelio, pero el resto del tiempo el sacerdote permanecía de espaldas al pueblo. Solo cuando había una celebración pública o era un templo público regentado por sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz se aparentaba que eso se vivía en el opus.

Mientras tanto nos iban llegando noticias del fundador, en las que se nos hablaba de que lloraba por ver cómo se estaba aplicando la reforma litúrgica. En pequeños grupos se nos señalaba que el disgusto de Josemaría (el padre) era especialmente intenso contra monseñor Annibale Bugnini, por concentrar el ataque en alguien. Yo ya había comenzado a tener trato con todos los obispos españoles, debido a mi condición de informador religioso (hoy lo comparto con la información cultural en todos los campos). Esto provocó dentro de la obra un apoyo a su fundador y que los socios (entonces se nos llamaba así) expresaran su desacuerdo en conversaciones con los amigos o con otros fieles diocesanos. Este eclesiástico luego fue enviado como nuncio a Irán y estaba allí cuando se produjo el derrocamiento del Sha Reza Pahlevi.

Recuerdo que en publicaciones de la obra han salido palabras del fundador -hoy no tengo acceso a ellas, puesto que la dejé en octubre de 1998 y no pertenezco oficialmente a la prelatura desde el 20 de enero de 2000- en las que se indicaba que Josemaría, hoy canonizado por la Iglesia Católica, había recibido un permiso de alguien cercano a monseñor Bugnini, que le autorizó a seguir celebrado la misa de San Pío V. Eso sí, los custodes o acompañantes del padre, don Alvaro y Don Javier, ya oficiaban la misa del Concilio Vaticano II. Con el tiempo se ha visto, que había cuatro cánones para poder utilizar, pero en los templos y parroquias se utilizaba solo el más breve, que no incluye peticiones de los fieles, y en la obra, el que las incluye. Por entonces se nos hizo llegar a todos los centros una carta del fundador que, a diferencia de otras que quedaban en el despacho de dirección, la famosa carta de Josemaría sobre las tres campanadas, en la que mostraba su desacuerdo con la situación de la Iglesia. Pablo VI había recibido una vez al fundador y ya en mucho tiempo no volvió a celebrar una reunión de este tipo. Antes de eso, había bendecido el llamado Centro ELIS de Roma, que fue aprovechado por la prensa afín al opus con la famosa frase del Santo padre '"Tutto qua é Opus Dei". Un grupo de agregados de Madrid, y supongo que algunos numerarios, viajaron a Roma para participar de aquel acto.

Cuando en las iglesias de la calle se había comenzado a rezar la misa en lengua vernácula, dentro de la obra se seguía empleando el latín, lengua que no estaba prohibida en la reforma litúrgica, pero que se aconsejaba abrir las celebraciones religiosas a las lenguas propias de los países o territorios. Mientras tanto, cuando ibas a un retiro o a una misa en un curso de retiro o convivencia --esas son las oportunidades que teníamos los agregados de ver cómo se vivía la reforma litúrgica en el opus-- te dabas cuenta que las misas eran diferentes dentro y fuera de esa institución religiosa a la que nos habíamos incorporado por medio de una carta al padre.

Vayamos por partes. Cuando en iglesias públicas ya se rezaba toda la misa en lengua del país, en la obra se seguía empleando el latín, por lo que los participantes de tales misas debían emplear el misal para seguir la ceremonia. En la calle ya no se usaba el misal, pues se entendía todo. Sin embargo, se aconsejaba a los "socios" de la obra que llevaran sus misales. Así se hacían notar. Para mí era una falta de naturalidad, ya que si se hablaba de que no podíamos distinguirnos de los demás fieles de la Iglesia, nos hacíamos notar. También se produjo otro hecho de llamar la atención: se había autorizado que las mujeres no llevaran velo, mantillla o sombrero dentro de la Iglesia. Sin embargo, en un determinado momento, las mujeres de la obra aparecían en las iglesias con velo y con misal. "Muy bueno", diría un castizo. Una vez más, se distinguían los de la obra de los demás. Si quereis descubrir un sacerdote de la obra (incluidos los diocesanos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz) fijaros en los dedos de sus manos antes y después de la consagración de la misa. Una vez que se han pronunciado las palabras de la consagración, observaréis que quedan unidos los dedos que han sostenido la ostia, aunque puede que se haya suprimido últimamente. Esto fue establecido por el fundador con el fin de que no se pierda nada del cuerpo de Cristo. Ellos presumen de detalle de finura.

Los sacerdotes de las misas que se celebraban en las parroquias empezaron a quitarse el manípulo. Los de la obra tardaron en hacerlo. Los sacerdotes de las misas de las parroquias públicas dejaron de utilizar la campanilla. En la obra se siguió utilizando hasta muy tarde. En muchas iglesias públicas, no se hacía lavatorio de manos. Los de la obra, sí. Cuando en las iglesias públicas la celebración de toda la misa era en la lengua del país, en los centros de la obra solo se utilizaba la lengua propia en la Epístola y el Evangelio. Por supuesto que en los centros de la obra no había preces de los fieles, pero sí cuando ibas a oír misa en el exterior. Con el tiempo, se ha sustituido por una parte de las llamadas "preces" que rezan diariamente todos los miembros de la obra, sin utilizar las distintas fórmulas aprobadas por la Iglesia Católica. Al irme de la obra, en octubre de 1998, todavía se rezaban esa parte de las "preces". Eso sí en ceremonias públicas en iglesias como puedan ser la Basílica Pontificia de San Miguel de Madrid, encomendada a los sacerdotes del opus dei, esto se vivía. Sin embargo, en una pared aneja a este templo, en un centro de numerarios que le llaman 'Miranda' (está en la Plaza del Conde de Miranda), si se oficiaba la misa para los numerarios, entonces continuaban con las citadas "preces".

Es frecuente que en las parroquias o templos públicos los fieles que lo deseen puedan leer la Epístola o las preces de los fieles. Conozco muy pocos casos de gente de la obra que seguían esta invitación de la Iglesia. Incluso pasaba que a diario estuvieran un grupo de personas pertenecientes a la obra y que, aún asistiendo todos los días, ninguno de ellos colaboraba con el párroco o con el sacerdote oficiante en esta parte de la misa. Finalmente el celebrante se veía en la obligación de hacerlo él. Algunos de esos asistentes incluso me decían que así eran más laicos y no unos "meapilas", acusación que lanzaban contra otros que deseaban ser fieles a lo establecido por la Santa Sede y los obispos. Algunos sacerdotes agregados y supernumerarios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz me hacían quejas de este tipo.

Al haber sido autorizados por la Conferencia Episcopal, con la aprobación de la Santa Sede, los fieles de las parroquias de la calle pueden comulgar indistintamente en la mano o en la boca. Sin embargo, a los fieles de la prelatura se aconseja solo comulgar en la boca. En los primeros tiempos, cuando ya losfieles de la calle comulgaban de pié, los del opus lo hacían de rodillas y muchos lo siguen haciendo. Está claro. Como dicen ellos, son iguales a los demás y no se "distinguen" de ellos.

Siempre he oído decir, con palabras del fundador, que el opus dei desea servir a la Iglesia como la Iglesia desea ser servida. He narrado unos hechos. ¿Esta es la forma como la Iglesia desea ser servida? De acuerdo que la Iglesia ha hecho mal al ir perdiendo el uso del latín que es una lengua muerta y que ahora está más que muerta. Pero eso no implica que haya existido un choque entre lo que se vivía dentro y lo que habitualmente experimentábamos agregados y supernumerarios fuera. En algunos momentos, me ha sorprendido la actitud de algunos numerarios del opus que se extrañaban de cosas cuando iban a una misa fuera de su residencia. Muchos de ellos me manifestaron que se "quedaban" con la misa que tenían dentro del centro, en el caso de que tuvieran que elegir.

Todos estos casos han hecho que en algunos centros eclesiásticos se haya hablado del opus como una "iglesia paralela". Con hechos como los que acabamos de describir, se puede llegar a esa conclusión. No hace falta tener muchas luces. Eso sí, los del opus dicen que ellos son los que realmente interpretan el espíritu del Concilio Vaticano II y no los demás, a los que acusan de no cumplir con las normas de la Iglesia. De acuerdo que existen algunos sacerdotes que se saltan las normas, pero unos pocos casos no pueden dar lugar la interpretación de que una mayoría no las cumplen. Como esto ya se hace largo, otro día continuaré con la "magnífica" unión que existe entre los fieles de la prelatura y el resto de la Iglesia.

El sacerdote misógino

Existe en España un sacerdote numerario del opus cuyo nombre omito, que, casi desde que fue ordenado presbítero, se ha negado a predicar o confesar a las mujeres de la obra o a otras mujeres. Lo malo de todo es que hasta los directores le han permitido esta actitud, con lo que, cuando los restantes fieles de la prelatura se enteran, hacen comentarios entre sí, por lo extraña que es esta situación. En algún momento y en conversaciones privadas con personas mayores dentro de la obra ha llegado a reconocer esa situación...

Médico de profesión, parece como si nunca hubiera tratado con mujeres o ellas sean algo malo. No conozco ni una sola vez en que haya dicho que ha ido a un centro a predicar a "nuestras hermanas", como se dice dentro de la obra. Eso sí se dedicaba a tratar toreros, mientras ignoraba a las mujeres de la obra. Atendió en sus últimos momentos del matador Antonio Bienvenida, que era de la obra. Claro que también existen sacerdotes que se encuentran en el otro extremo: siempre han predicado a mujeres y echan en falta confesar y tratar con hombres. En este último caso no cabe decir que exista misoginia.

Tal sacerdote sigue la actitud de algunos de la obra que solo saben hablar mal de las mujeres y nunca se dirigen a ellas o a sus subordinadas les hacen la vida imposible para que su "coto" de trabajo no cuente con tentaciones de la carne. Sé del caso de un numerario que, siguiendo esta práctica, al final consigue que todas se alejen, con lo que se presenta más cómoda la situación para hacer apostolado y atraer posibles vocaciones de hombres a la obra.

Ayer, un compañero que fue supernumerario hace unos pocos años, me comentaba que siempre en la obra había observado una actitud de desprecio o de olvido hacia las mujeres, a las que se asignaba funciones de madres dentro del hogar, sin salir a trabajar a la calle para sostener a los suyos. Eso sí se elogiaba el papel de nuestras madres, mientras a las demás se las tenía por casquivanas, ignorantes, tontas o feas. Como si no pudieran ser tan competentes o más que los hombres.

En la mayoría de los ejemplos que se ponen entre los hombres de la obra, cuando uno deja la prelatura siempre es porque se casa con una mujer fea, que, a la larga, le termina mandando. Este es el caso que se suele contar en algunas convivencias de la zona de Andalucía, donde se explicaba que un supernumerario de la obra fue a visitar Sevilla, ciudad que desconocía. No encontró mejor guía que su cuñada, "que era fea" y le enseñó las zonas bonitas de la ciudad. Con el tiempo, se enamoró de su cuñada y abandonó a su mujer. Como siempre en los ejemplos de los hombres de la obra, una mujer fea había roto un matrimonio y había hecho perder la vocación a uno de la obra. ¡Qué casualidad!

Dentro de la obra se suele decir que "nuestras hermanas" se encuentran a mil kilómetros de distancia. Las mujeres que llevan las administraciones de los centros se dice que son maravillosas. Sin embargo, se les "condena" a un papel que no quieren hacer muchos de los numerarios, que, eso sí, en muchos casos no son capaces de limpiar los pelos de los sumideros de las duchas, una vez que han sido usados por ellos. De ahí que se produzca una actitud de machismo y misoginia. Si hubieran sido los hombres quienes hicieran esas funciones de servicio a las mujeres, veríamos lo que hubiera pasado. Claro, como el opus ha sido fundado así, las que permanecen dentro en muchos casos tienen que servir a los hombres y realizar tareas domésticas.

Una de las cosas que me chocó cuando pertenecía al opus fue que el fundador, Josemaría, decía que tenía hijos e hijas. Era el padre. Pero uno que es padre besa a los hijos y a las hijas, cosa que no se producía en Escrivá, que siempre besaba a los hombres. ¿Por qué esa diferencia de trato? Si se decía 'padre' tenía que admitir que los padres besan lo mismo a los hijos que a las hijas y no se tienen en cuenta consideraciones de la carne o de pecado contra el sexto mandamiento de la Ley de Dios. Francamente no entiendo cómo se pudo producir una situación así.

Desde que escribí la carta de incorporación al opus como agregado, siempre se me dijo que había que cuidar "la vista, la revista y la entrevista". Eso llevaba a no tener relaciones de amistad con mujeres. Una vez me armaron una buena bronca por decir que había viajado solo en un coche con una compañera, que, a su vez, era supernumeraria. En mi caso concreto, que solo tengo un hermano varón, solo podía besar a mi madre, pero no a la hermana de mi madre o a mis tías más lejanas. Esto llevó a que se extrañaran ellas desde el momento en que me hice del entonces instituto secular, pues no las besaba por consejo de los directores de la obra. "Qué raro se ha vuelto", comentaban a mi madre, que a su vez me preguntaba: "¿Qué te pasa?". Yo respondía con evasivas, pues no podía decir que me había hecho del opus dei.

¡Qué alegría en el momento en que salí del opus!. Se me acabaron esos problemas. Ya era uno más, pero habían pasado casi 34 años (estuve en la obra entre los 20 años recién cumplidos y los 53 largos). Poco a poco me voy serenando. Lo importante es disfrutar de la vida sin hacer cosas raras. Nunca fui hombre que le gustaran los papeles asignados. Pienso que ellos y ellas pueden aportar mucho dentro del hogar, y esto deben aprenderlo los numerarios y muchos agregados, aunque estos últimos tienen más experiencia de la vida.

Una vieja aspiración

Cuando ya os había enviado mi artículo para hoy, esta mañana se ha hecho público que la Santa Sede ha nombrado a Jaume Pujol, sacerdote numerario del Opus Dei, como nuevo arzobispo de Tarragona, en lugar de monseñor Lluis Martínez Sistach, que pasa a ser el nuevo arzobispo de Barcelona. Por ello, al saber todos que soy periodista, me permito este breve comentario.

Desde que pité en la obra, oí frecuentemente a los demás de la obra que por qué no se habían realizado nombramientos de sacerdotes de la obra para estar al frente de las distintas diócesis españolas. En la época de Pablo VI,...

cuando el Sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano era monseñor Giovanni Benelli se atribuía a él la falta de nombramientos en este sentido. Sin embargo, por España pasaron distintos nuncios del Papa y por el Vaticano varios Papas sin que esto se produjera.

Monseñor Benelli luego fue arzobispo de Florencia y llegó al cardenalato. Durante un tiempo de su vida trabajó en la Nunciatura Apostólica de la Santa Sede en Madrid. Eran los tiempos inmediatamente posteriores a que el Nuncio del Papa en España fuera monseñor Ildebrando Antoniutti, que luego llegó al cardenalato, y que tenía como secretario a un sacerdote numerario del Opus Dei, Julio Atienza. Al ser muy estrecha la relación entre Nunciatura y Opus Dei hizo que monseñor Benelli no estuviera muy de acuerdo. Con el tiempo fue adquiriendo peso y dentro de la obra se habló que este sacerdote no quería. Luego se demostró que tuvo mucho peso con el Papa Pablo VI.

Dentro de la obra se hablaba entonces que si no se producían nombramientos de sacerdotes diocesanos pertenecientes a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz era porque monseñor Benelli lo impedía. También se le relacionaba con el hecho de que la intención especial --la solución jurídica de la obra-- no saliera. Por ello, el nombramiento de obispos era una vieja aspiración, pero se prefería que fueran sacerdotes diocesanos a que fueran sacerdotes propiamente de la prelatura, como son numerarios y coadjutores o agregados, pues están ordenados al servicio de la Iglesia, pero principalmente para la atención a los centros e instituciones del Opus Dei. De ahí que haya sido una sorpresa, en cierto modo, el nombramiento para la sede primada de Tarragona, aunque primada también se dice la de Toledo.

Con este nombramiento, en toda España existen dos arzobispos relacionados con el Opus Dei: el actual arzobispo de Burgos, monseñor Gil Hellín, agregado diocesano de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, y ahora monseñor Jaume Pujol, arzobispo de Tarragona, numerario. Por cierto, éste último tiene un hermano sacerdote diocesano de la diócesis de Urgell, Joan, que en su día estuvo al frente del secretariado de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social. No pertenecía a la obra ni a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz ni al Opus Dei.

En su día hubo en España algunos obispos que pertenecieron a la obra, aunque lo dejaron antes de ser ordenados obispos: el hoy arzobispo emérito de Barcelona, cardenal Ricard María Carles (fue el primer sacerdote agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz de Valencia), pero lo dejó y fue nombrado obispo de Tortosa; monseñor José Antonio Infantes Florido, obispo de Córdoba y antes de Canarias, que primero fue seglar numerario y luego agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz; monseñor Manuel Casares Hervás (fallecido), que fue obispo de Almería y que también fue agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz; monseñor Mauro Rubio Repullés, obispo de Salamanca (fallecido) que fue primero numerario, y al dejar la obra se ordenó sacerdote; y monseñor Jesús Domínguez Gómez (fallecido), que fue obispo de Cáceres y antes perteneció a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, aunque por por poco tiempo.

Hacerte mayor

Quede claro que el motivo de irte de la obra después de casi 34 años no es uno, son muchos. Yo ya empezaba a hacerme mayor y no acababa de ver claro el trato que iba a tener en el futuro. Deseaba cariño y la mayor parte de las veces no lo encontraba. Eso sí se hablaba y se recomendaba vivir la fraternidad con los demás de lo que llamaban "casa", pero observabas que muchos de ellos habían optado por una amistad con otros y tu te quedabas solo...

En mi caso, se unía la circunstancia de haber sido trasladado obligatoriamente a otro centro, pues el que teníamos, en la calle General Yagüe 5 de Madrid (nosotros estábamos en el piso quinto letra K y existía uno de numerarios jóvenes en el tercero letra E) se cerraba y así se el opus se ahorraba 200.000 pesetas mensuales de alquiler. Fue en 1996. Éramos quince agregados mayores y profesionales que pasamos a otros centros. Los numerarios del 'consejo local' residían en un piso de la calle Infanta Mercedes. Tuvo un gran impacto en la perseverancia de algunos de nosotros, pues tres decidimos abandonar la obra en el plazo de dos años.

Mi experiencia en el llamado 'piso K' no había sido del todo satisfactoria. Antes había llegado a aquel centro procedente de otro de Madrid, en la calle Monte Esquinza, que pedí el cambio, pues el director que tenía en la obra era uno de mis jefes dentro de mi trabajo. Un día tuve un problema laboral y discutí con él. Al llegar al centro, observé que esa misma tirantez existía allí. Inmediatamente fui a la delegación y lo conté. El resultado fue un inmediato cambio al 'K', que dependía de Infanta Mercedes (en la obra se le llama Lima, por estar cerca de la plaza del mismo nombre y del estadio Santiago Bernabéu).

Una de las experiencias de 'Lima' (está bien empleada la expresión) se produjo cuando, al igual que había sucedido en Monte Esquinza entré en la sala de estar y me senté. La televisión, cosa rara, estaba encendida. Un sacerdote contemplaba un partido de tenis. Se me ocurrió hacer un comentario y luego otro. El sacerdote, ya mayor, me dijo: "Fuera de aquí". Me resistí, pero me fui. Otro día volvió a suceder lo mismo con el citado sacerdote y también con un partido de tenis. Ese día el clérigo salió y se fue a buscar al director, hoy sacerdote en Chile, que inmediatamente me echó de allí, diciendo que no era mi sitio. Esa escena indica cómo algunos numerarios tratan a los agregados.

Otro día estaba en la sala de cooperadores, donde estaban las publicaciones internas. Otro numerario me echó de allí, asegurando que aquel lugar era de su habitación. Como ya había tenido la experiencia anterior me resistí y dije que no salía, que aquello era de todos los de la obra. En vista de ello no continuó. Eso sí, entre unos y otros hicieron que, a partir de entonces, cuando llegaba a Lima solo visitaba la sala de cooperadores o el oratorio. Si esperaba algo, me quedaba en el hall de entrada. En esa postura me quedé hasta que me fui de la obra. No quería problemas con los numerarios. Cuando escribo esto se me raja el corazón, pero pienso que lo debo decir.

Al llegar a 'Amaniel', otro centro situado en la calle Federico Rubio de Madrid, ya no tenía el buen ambiente del 'K'. Yo antes era el encargado de preparar las meriendas, pues se me da la cocina. Antes elaboraba tartas, pero aquí eso ya no existía. No me encontraba acogido. Para colmo, no me dieron ni las llaves. Mejor, así más tarde no tuve que devolverlas. Conmigo vino Jaime, pintor con un gran prestigio, que luego abandonó la obra, y Eustaquio, catedrático de instituto e ilusionista, que también se fue.

El centro 'Amaniel' no me acogió. Invitaba a la gente a llevarles a casa en mi automóvil, pero nunca lo conseguí. Siempre había un pretexto. A ello se unió lo que describí en el artículo titulado #La madre de sangre. No me encontraba acogido. Deseaba también hacer el llamado 'paseo semanal' que deben hacer los de la obra, pero todos encontraban un pretexto para evitarlo. Las puertas se iban cerrando poco a poco. Para colmo, avisé al director que estaba pensando irme, pero no me hizo caso. Ya lo conté anteriormente en #Hace cinco años que dejé la Obra.

Una manera de evadirse de mi situación eran las convivencias o cursos anuales de verano. Cuando te vas haciendo mayor el cuerpo empieza a fallar en determinadas cosas. Perdonad que sea tan claro. En el Colegio Mayor Ayete de San Sebastián, donde fui de convivencia en los últimos ocho años, se me asignó una habitación que estaba a unos 20 metros del primer cuarto de baño. Yo tenía 53 años y, por mi edad, me levantaba varias veces en la noche para orinar. ¿Sabéis que dormía poco por la noche, porque me costaba volver a reconciliar el sueño después de haber hecho esa "excursión"?

Durante los años que estuve en la obra, las "suites" con baño incorporado en la habitación solo eran para unos pocos. Yo ya pasaba de los 53 años, pero no había una habitación así para mí. En una situación parecida se encontraba Andrés, un alto cargo de la Xunta de Galicia (gobierno regional), que tenía una edad parecida a la mía y que se fue de la obra poco antes que yo, cuando ya llevaba dentro más de treinta años. He intentado ponerme en contacto con él, pero no lo he conseguido.

Allí en Ayete había otra peculiaridad. Dentro del colegio mayor existe una residencia de numerarios profesores de la Escuela de Ingenieros de San Sebastián, dependiente de la Universidad de Navarra, que atiende la labor de San Gabriel en un ala de la casa. Se nos decía en la obra que todos somos iguales y participamos del mismo puchero. Eso no es cierto. Durante las convivencias, los agregados no podíamos pisar la zona de esos numerarios. Se podía ir en línea recta la piscina, pero aquellos numerarios lo impedían. Si eras numerario de otra ciudad y pasabas por allí, sí podías pasar por su "vivienda", pero no los agregados. Vaya clasismo.

Ante esa prohibición, los agregados teníamos que salir al jardín y casi hacer una ese para poder acceder a la piscina. Y luego decían que en la obra todos eran iguales. Eso sí, se invitaban a las tertulias nuestras gente que venía de fuera y nos hacían propaganda para estudiar en la escuela de ingenieros. Nos habían tomado por tontos. Yo siempre comuniqué mi desacuerdo al director de la convivencia por esos hechos. Incluso hablé con uno de la delegación de Pamplona, pero no me hizo caso.

Llegó el día de abandonar la obra. Lo primero que me planteé buscar un piso para pasar los veranos y para cuando me jubilara. La experiencia de la obra había sido mala. Un agregado no tiene garantizada su atención en una residencia de agregados, como me lo dijeron. Eso se repitió con otros de la obra que han pasado por la misma situación después de muchos años de entrega. Uno de ellos, ya de 60 años, se fue instantáneamente del centro para no volver, ante la respuesta de que "la obra no es una agencia de colocación". Ya sabéis que encontré un piso. Soy feliz. Me he replanteado muchas cosas. Por lo menos vivo de mi sueldo y estoy ahorrando para mi vejez y mi jubilación. Ahora mis nuevos amigos sois vosotros y en especial Félix, uno que forma parte en estas páginas y que recuperé la amistad, al encontrarnos en un vagón de metro después de abandonar los dos. El está solo yo. Yo estoy solo. Son dos soledades juntas, con cada uno en su casa, y una amistad recuperada.

La suerte de tener a tu madre

Confieso que tuve la suerte de vivir con mi madre hasta que ella tenía casi 86 años (iba a cumplirlos un mes después). Ella fue mi consejera, mi paño de lágrimas y mi todo en el trance de dejar la obra después de casi 34 años, tanto tiempo. Tengo viva en mi mente la imagen de ella, que me dejaba hablar y oía mi conversación, mientras una noche y otra tenía que despachar telefónicamente con distinta gente de la obra, que quería verme o dialogar ante el tiempo que pasaba y yo no aparecía por el centro de la obra. A ello se unían las llamadas al trabajo, cada tarde, lo que hizo que una de mis compañeras me preguntara qué me pasaba. La respondí la verdad y ella se quedó tranquila, a la vez que asentía con mi actitud. "Lo mejor que puedes hacer", comentaba...

En la obra se suele decir que ellos son tu "familia". En mi caso concreto no se notó para nada. O para casi nada. Eso sí no podíamos hablar de nuestros problemas con los que nos trajeron al mundo, que tenían demostrado que nos querían, mientras otros querían quitarles ese papel de amigos, confidentes y, sobre todo, padres. En mi caso solo quedaba mi madre, con la que viví solo con ella durante 19 años, desde que murió mi padre.

Leo testimonios en OpusLibros de ex numerarios/as que han tenido muy difícil su salida, pues tenían a su lado personas que se autodenominaban "su familia", pero que la abandonaban tan pronto como sabían que se iba a ir de la obra, una traición para ellos, o declaraban su homosexualidad en la dirección espiritual, opción que para la obra parece ser el peor pecado y no merece la pena ni mantener a esas personas, que también requieren un trato de hijos de Dios. Eso sí dicen que el sexto mandamiento de la Ley de Dios es el sexto y, por lo tanto, no está en primer lugar. Pero ellos lo consideran el primero y de ahí que echen de la obra a quien se dice que es homosexual.

Pero me he desviado del primitivo camino de este artículo. La mayor parte de esos casi 34 años dentro del primero instituto secular, y luego prelatura, fueron de felicidad aunque con algunos intervalos de nubes negras, como todo en la vida. Pero con la experiencia de la madurez dentro, desde hacía diez años yo me estaba planteando la posibilidad de dejar el opus. Ella (mi madre) lo sabía todo. Fue una suerte tenerla conmigo en esas circunstancias.

He hablado con otros que fueron de la obra. A ellos no les fue tan bien. Es el caso de numerarios/as que volvieron a casa después de muchos años y, después de la separación a que se habían visto sometidos, la relación familiar ya no era de la misma manera. El colmo es el caso de esos que, siendo sus padres supernumerarios, no les acogen bien y les consideran como unos traidores, por lo que no pueden vivir en casa de sus progenitores.

Decía el fundador que la obra ayudaba a unir más a los hijos con sus familias. Este caso de numerarios que cito contradice totalmente esa teoría "tan bonita" que difundía Escrivá. Otras frases suyas se pueden comprobar y la solución final es la misma. Se habla en general, lo que en algunos casos es particular. Por eso, más vale no hacer generalizaciones, que luego la vida demuestra que no son ciertas.

Los que son agregados normalmente tienen mucha suerte en este campo. Claro que también puede suceder que papá y mamá también sean de la obra y, por lo tanto, se puede repetir el caso que antes decía de los numerarios. Pero no es lo normal. Lo que sí recuerdo es que algunos años abandonaban a la vez dos hermanos, que estaban en centros diferentes y los dos habían decidido empezar de nuevo e irse. Dos de los primeros casos que conocí fueron los de Lucio, antiguo alumno de Tajamar, que estaba conmigo en el centro 'Recoletos, 5' --han pasado más de treinta años y le recuerdo-- y su hermano que seguía en otro centro del mismo colegio. En el de General Oráa, 5, que fue donde pité, sucedió lo mismo con otros dos hermanos, Javier e Ignacio, pero este último, al cabo del tiempo, después de haber participado en los comienzos de la obra en Málaga.

Ahora me dirijo a los que os estáis planteando abandonar la obra. Salvo excepciones, contad en todo con vuestras familias. Son lo mejor que tenéis y ellos os oyen y desinteresadamente os dan consejos. Quieren lo mejor para vosotros, no los directores de la obra que se dicen tu "familia" y te mandan a un psiquiatra, también de la obra, por supuesto, que os dan unas pastillas y os destrozan el estómago y vuestra vida. Si tenéis dudas, id a un psiquiatra de la Seguridad Social o a uno que no tenga nada que ver con la obra. Ángeles me acuerdo de ti en estos momentos. Tu última carta demuestra esto. Estoy contigo. Ya te conté el caso de ese otro amigo mío que han intentado hacer lo mismo y se ha rebelado. Naturalmente que la médica de la Seguridad Social no encontró los síntomas del psiquiatra de la obra. Para comprobarlo, mi amigo iba acompañado del celador (laico director espiritual suyo), llamado Javier, que no quiso dar su brazo a torcer y al cabo del tiempo le volvió a pedir volver al psiquiatra de la obra.

Los padres son los que primero se dan cuenta "si te falta un tornillo", como dicen aquí en España, o te encuentras en una depresión. En especial las madres tiene un sentido distinto. ¿Qué sabrán los que quieren llevar a otros de la obra a los psiquiatras, mientras ellos no solucionan los problemas de estas personas? Me han dicho que mi colaboración de 'opuslibros' de ayer, hacerse mayores, le ha puesto la piel de gallina a alguno/a. Lo siento, lo único que deseo es abrir los ojos a quien me lea y, si está dudando si entrar, se dé cuenta que lo que describo existe, como lo he podido comprobar en mi vida. Yo les daba todo y pedía un poco de cariño, pero no, casi no me lo daban. Les daba casi todo mi dinero y cuando pedía una cantidad para hacer un arreglo en mi casa, me respondían con evasivas o me echaban en cara que mi madre iba al bingo. Así es como nos quería esa "familia". Vaya ejemplo. Eso sí sus centros estaban decorados a la última de su gusto particular, que normalmente es un poco a la antigua.

Más sobre la Iglesia

En mi escrito anterior titulado #Una vieja aspiración hablaba de unos datos sobre las relaciones entre el Opus Dei y la jerarquía de la Iglesia Católica en España. Una vez pasados estos días después del nombramiento del primer sacerdote numerario de la obra que llega a estar al frente de una diócesis española (monseñor Jaume Pujol, nuevo arzobispo de Tarragona) estoy en condiciones de decir no solo que influyó monseñor Giovanni Benelli, en la falta de nombramiento como obispos de sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz sino otras instituciones de la Iglesia...

Vayamos por partes. En los últimos años del gobierno del general Franco en España hubo un personaje eclesiástico que tuvo mucha influencia en la Conferencia Episcopal y en el conjunto de la Iglesia. Era el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, más conocido como 'Cardenal Tarancón" (así firmaba). Pues bien, con la llegada del Nuncio del Papa en España, monseñor Luigi Dadaglio, y tras la marcha de monseñor Benelli, las cosas cambiaron en España en cuanto a nombramiento de obispos. Eran los tiempos inmediatamente posteriores a la terminación del Concilio Vaticano II.

Os aclaro que los sacerdotes diocesanos agregados y supernumerarios pertenecientes a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz tienen como superior a su obispo, teniendo su dirección espiritual en la obra. En caso de duda de obediencia deben obedecer a su obispo. Sin embargo, los sacerdotes numerarios y agregados o coadjutores (los que pitaron de agregados y luego se ordenaron en la Prelatura) tienen como superior al obispo prelado, al que se denomina "padre" dentro del Opus Dei.

A partir de un determinado momento, se dijo que los obispos nombrados eran "taranconianos". Muchos de los designados aún quedan. En estos años están dimitiendo con motivo de cumplir los 75 años, edad fijada por el Código de Derecho Canónico para que los obispos pongan su cargo a disposición del Papa, el cual se lo puede aceptar en cualquier momento. El cardenal Carles (antiguo sacerdote perteneciente a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz), hasta ahora arzobispo de Barcelona, ha tardado casi tres años en ser relevado por razón de edad, pero otros obispos llegaron a tardar hasta dos días en que se produjera el cambio. Prefiero no dar nombres.

Para que un sacerdote sea nombrado obispo hace falta el informe confidencial favorable de su obispo. En el caso concreto del cardenal Tarancón y la mayor parte de los obispos de entonces no deseaban que alcanzaran el rango episcopal los sacerdotes numerarios o agregados de la obra (también pertenecen a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz) o los agregados y supernumerarios de la Sociedad de la Santa Cruz. Tal hecho extrañaba dentro de la Obra, cuyos directores no entendían que habiendo nacido el opus en España no contara con obispos en este país. Sin embargo, el cardenal Tarancón fue claro: no quería obispos de la obra.

Por ello, era "una vieja aspiración" de la obra que se nombrara obispos a sus sacerdotes, sobre todo a los diocesanos, ya que tienen una alta representación en la mayor parte de las diócesis españolas. A título de ejemplo os indico que en Madrid existen tres centros de sacerdotes diocesanos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz en las calles Mayor, 81, Lepanto y Luis de Salazar. Incluso en algunos momentos se habló de "obispables" como el sacerdote numerario Gonzalo Lobo (se le presentó como candidato a Sevilla, pero fue retirado tras una filtración periodística) y el agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz Evencio Cófreces, deán de la Catedral de Toledo, fallecido hace un año, a consecuencia de un fallo renal. Este último sacerdote era el que atendía a los de la obra que vivían en la llamada 'Ciudad Imperial' o "de las tres culturas" (judíos, cristianos y musulmanes).

Durante el tiempo que el cardenal Marcelo González Martín estuvo al frente de la diócesis de Toledo, varios de sus sacerdotes fueron nombrados obispos. Entre ellos se encuentran el que fue su vicario general, Rafael Palmero, hoy obispo de Palencia, y Juan García Santa Cruz, que fue vicario, y hoy es obispo de Guadix-Baza. Este último hay que añadirle a los que fueron primero de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, luego lo dejaron y finalmente fueron nombrados obispos. Es el mismo caso de Jaume Camprodón, obispo emérito de Girona, que también perteneció a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y que no figuraba en mi lista anterior.

Actualmente existen candidatos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz que en el futuro podrían ser nombrados obispos: los directores de los secretariados de Misiones y de Medios de Comunicación Social, Anastasio Gil y José María Gil Tamayo, respectivamente; y el vicesecretario de la subcomisión de Familia y Defensa de la Vida, José Miguel Granados. Este último fue chico de San Rafael, sin llegar a pitar, y posteriormente estudió en la facultad de Teología de Pamplona e ingresó en el seminario de Madrid, donde fue ordenado sacerdote.

Existen algunos obispos españoles que son muy simpatizantes de la obra. Es el caso del arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco, que tiene como secretario a Antonio Corbi, sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, y el obispo de Segorbe-Castellón, Juan Antonio Reig, presidente de la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal. En algunos obispados, existían sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, pero no han perseverado.

La burbuja de los hijos

Todos los padres desean para sus hijos lo mejor y facilitan los medios para que el día de mañana sean unos hombres de provecho. "Con lo mal que está el ambiente", algunos matrimonios de supernumerarios, desde la más tierna infancia, envían a sus descendientes a los clubes juveniles de la obra o relacionados con la obra para que reciban el buen alimento de la doctrina que ellos consideran la mejor, la del opus, que se autoproclama seguir fielmente la de la Iglesia...

Pues bien, para mí, que los supernumerarios envíen a sus hijos a los clubes juveniles de la obra lo único que hace es que los menores de edad se vayan convirtiendo poco a poco en una especie de niños burbuja que están "bien alimentados" dentro de la obra, pero que no pueden salir al exterior, porque vienen los virus y las enfermedades y corren el riesgo de contaminarse y tirar por la borda la ilusión de sus padres.

Existen otros medios de "estar en medio del mundo sin ser mundanos" , como le gustaba decir al fundador, sin necesidad de recurrir al consabido club juvenil del opus, donde todo es muy bonito y, cuando se sale a la calle, aquélla teoría que explicaban a los menores se demuestra que es falsa y no pisa la realidad. Así el menor se encuentra desarmado y, por mucha doctrina que haya recibido, si en casa no ha visto el mundo a través de la televisión o no se ha puesto en contacto hijos de familias que pasan dificultades, esas situaciones tan idílicas de los matrimonios de los supernumerarios son solo eso, una fábula o una situación imaginaria que no sabe que la realidad es otra.

No hace mucho, un amigo mío, que había dejado la obra, visitaba la casa de uno de esos matrimonios de supernumerarios con muchos hijos. El mayor interrumpió la conversación para decir, ante aquella persona, que tal día cumplía los catorce años y medio, edad de partida fijada por la obra para incorporarse como aspirantes, y en consecuencia, iba a escribir la carta para en el futuro ser un numerario. Claro, papá y mamá se mostraron muy complacidos de que su niño ya hubiera tomado tal decisión de ser de la obra. ¿Es esa una edad lógica para tomar una decisión tan importante que afecta a su vida?

El matrimonio de supernumerarios al que me refiero ha instalado a sus hijos en "una burbuja". En casa reciben la doctrina cristiana con la palabra y con el ejemplo de sus padres. Cuando terminan las clases del colegio, por supuesto obra corporativa o de Fomento de Centro de Enseñanza, que es prácticamente lo mismo, acuden a un club juvenil del opus. Así se pasan todo el día hablando de lo mismo. Vamos, la cosa más amena que una mente calenturienta se puede imaginar. Si en el colegio hablaban con el sacerdote, que siempre vestía de negro y con alzacuello, luego cuando llegan al club juvenil vuelven a experimentar lo mismo, con sotana y alzazuello. Todo está envuelto en una burbuja. Eso sí, muy cuidada, para que los malos vientos y las tempestades no le afecten.

Por si había poco, dentro del opus se ha inventado una nueva cosa que añadir a la burbuja: lo que en Torreciudad se llaman "Los Tozalitos", una especie de apartamentos donde acuden las familias en verano y que han sido promovidas por los mismos que el santuario de Torreciudad. Muy recomendable. Los niños no padecerán "las enfermedades" de las desnudeces de las playas, ni se dejarán guiar por los malos ejemplos de los jóvenes que acuden cada noche a divertirse y a pasarlo bien. Eso sí van a rezar a la Virgen que apoya la prelatura y así su alma no está contaminada.

Se solía cantar en algunas convivencias de la obra una canción. Yo la oí por primera vez en el Colegio Mayor Moncloa de Madrid. La letra de la melodía decía más o menos: "Cómo está el mundo, señor Macario, como está el mundo qué atrocidad. Con tanto cine, con tanta radio, vamos pa'lante, vamos pa trás". Pues bien, aunque parezca broma, esta es la mentalidad que existe en algunas personas de la obra. Solo saben lamentarse y no saben aprovechar lo bueno que hay en cada situación. El fundador invitó en su homilía de campus de la universidad de Navarra de 1967 a descubrir lo divino que existía en las cosas más sencillas. En estos casos, no se ve que lo vivan los de la obra, y no me refiero a situaciones de pecado.

Desde que me hice de la obra, se me prohibió acudir a las playas, pues te ponías en ocasión de pecado y eso ya era pecado mortal, por lo que tenías que confesarte, se me decía por parte de los directores de la obra. Un día, coincidiendo que estaba en San Sebastián, en el País Vasco, cuando vi delante del Colegio Mayor a un obispo, hombre preclaro de la Iglesia. Como por mi trabajo conozco a muchos personajes eclesiásticos, este no era diferente, y me puse a hablar con él.

Al cabo de pocos días, quedé con el obispo para una excursión o marcha por los montes que rodean la ciudad. Tuvimos oportunidad de hablar largo y tendido. Salió a la conversación el caso de las playas y, claro, le expuse lo que me recomendaban en la obra: no se podía ir a la playa, pues era ocasión de ponerse en riesgo de pecado mortal, si acudíamos teníamos que ir a lugares solitarios. Pues bien, este obispo, cuyo nombre prefiero no decir, pues no le he consultado, se bañaba diariamente en una de las playas principales de San Sebastián, la llamada 'La Concha' (en Argentina suena muy mal este nombre). El no tenía remordimientos de conciencia por ir diariamente a este lugar. Deseo aclarar que él se bañaba a primera hora de la mañana y luego volvía a su casa. Me dejó claro que ir a playas como ésta, donde todo el mundo va con su bañador, no es pecado. ¡Qué diferente en un caso y en el otro!.

Está claro que los supernumerarios que van a "Los Tozalitos" lo hacen en virtud de su libertad y aconsejados por sus directores. Me parece muy bien. Cada uno escoge lo que quiere: monte o playa, acampada o pasear por la ciudad o localidad donde se vive, pues no se ha ahorrado suficiente para viajar a otro sitio. Allá cada uno. La falta de descanso luego repercutirá en lo que ocurra después. Una de las consignas que recibí durante los más de 25 años que fui encargado de grupos de supernumerarios fue que éstos no fueran a las playas. De ahí lo que existe en torno a Torreciudad.

La historia que comencé a contar no ha terminado. Se de varios matrimonios de supernumerarios que, llegados sus hijos a los catorce años y medio, han pitado. Más tarde, cuando pita el cuarto hijo, el primero decide irse de la obra, y cuando lo hace el quinto, se va el segundo y así todos, o casi todos. Al final quedan pocos que continúen en la obra. Se de varios matrimonios que esto les ha sucedido. Claro, al llegar a la universidad, ese burbuja se ha roto. El mundo era diferente a como nos lo presentaban. Había amigos que no creían y, por supuesto, cuando el joven numerario se acercaba a ellos y les invitaba a alguna actividad, el primer día van, pero luego dejan de ir, por entender que les pueden "pescar" y le señalan como "el del opus". Como el niño había vivido en los paraísos de los colegios relacionados con la obra, los clubes juveniles y "Los Tozalitos" no tenía defensas y consideró que lo mejor era vivir la vida de una manera real, no como se la presentaban en el centro, en su colegio o en su familia, donde estaba prohibido encender el televisor.

Si siguen las cosas así como he descrito, una base importante del futuro de la obra se habrá fracasado. Ellos (los del opus) te dicen que tengas más visión sobrenatural. Sinceramente entre lo que pensaba durante los casi 34 años que fui de la obra y ahora, me quedo como soy actualmente. Por lo menos piso la realidad.

Una historia inventada

Todos mis relatos de opuslibros.com tienen que ver con mi vida. Son datos que se han quedado clavados y es muy difícil deshacerse de ellos, pues indicaban la "categoría" de las personas con las que dialogaba. En la mayor parte de los casos omito los nombres, aunque aporto algunas pistas. Pero no me da miedo hablar con esas personas, si es que surgen. El que voy a describir hoy es un caso de esos...

En el verano de 1996 acudí a mi curso anual en el Colegio Mayor Ayete, donde durante ocho años asistí a las clases teológicas y de espíritu de la obra que se nos impartían durante veinticinco días. Yo era de los agregados que estudiaban Filosofía y Teología, con vistas a una posible ordenación sacerdotal cuando terminara mis estudios. A título particular os diré que, habiendo comenzado a estudiar en 1970, y estaba hasta las narices de estudiar, pues habían pasado más de 25 años sin que yo terminara esa parte de mi formación. Algunos agregados que empezaron después que yo terminaron antes. Se habían valido del hecho de poder disponer de más tiempo en invierno --fundamentalmente por las tardes y muchos sábados y domingos-- para ir superando asignaturas. MI dedicación a mis padres y a mi trabajo periodístico, unido a la lentitud de los planes de estudios filosóficos y teológicos en un principio, habían impedido terminar antes.

Algunos de los que terminaron los estudios son hoy sacerdotes coadjutores (o agregados de la prelatura). Este es el caso de los tres primeros agregados que fueron ordenados sacerdotes en Valencia por el Papa Juan Pablo II durante su primera visita a España entre el 30 de octubre y el 9 de noviembre de 1982. Sus nombres son Pere Pascual (periodista, que fue jefe de prensa del Presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol); Pere Guiche (no se exactamente el apellido y le desconozco) de Barcelona, y José Luis Díaz (secretario del rector de la Universidad de Navarra). Luego han existido otros ordenados, que reciben antes una formación intensa durante dos o tres años en un centro denominado 'Iturgoyen' en Pamplona. Asistí a la ordenación, como enviado especial de mi medio informativo.

Aporto estos datos para que se vea la historia de la obra. En aquel año 1996 ya no eran unos pocos agregados los que se formaban en la doctrina filosófica y teológica. Cada año existen un buen número de cursos anuales de 25 días para que los agregados cursen este tipo de estudios. Pues bien se suelen aprovechar esas circunstancias para invitar a veteranos de la obra, los que se llaman "mayores" para hablar de datos de la historia de la prelatura.

La persona a la que me voy a referir es un sacerdote que estuvo destinado en Bilbao y participó alguna vez en los inicios de la obra en la ciudad de Santander, situada en el Norte de España, capital de una provincia limítrofe con el País Vasco. Hago estas aclaraciones para los que me seguís desde fuera de España. En otro articulo os hablé que pité de numerario, y por lo tanto, el primer verano acudí a Santander, de donde era mi madre, para pasar allí unos días. Claro, vinieron a atendernos los del Colegio Mayor Bando de Bilbao, que se encargaba de la labor de numerarios jóvenes. Los supernumerarios eran atendidos por un centro de San Gabriel. No recuero exactamente el nombre, pero puede ser "Estronza".

Durante mi estancia en Santander el verano de 1965 tuve relación con José Félix, un numerario que acababa de pitar en el centro General Oráa, 26 de Madrid. El procuraba hacer mucho proselitismo. Un día me habló que había abordado a hombre de unos 23 años que hacía oración con el libro 'Camino', de Escrivá, en la catedral de Santander. Le había preguntado si era de la obra y cómo había llegado a utilizar esa obra en su oración personal. El otro le respondió que un compañero que conoció durante el servicio militar se lo había recomendado. Después lo conectó con los de Bilbao y, con el tiempo se volvió a desconectar de la obra.

El verano siguiente, yo ya había pasado a agregado. Me escribió José Félix y me dio el nombre y dirección de aquel hombre al que se encontró José Félix. Hice una cita con él y me señaló lo que había pasado, que había quedado desatendido por los de la obra durante un tiempo. No se me olvida que cuando llegué al apeadero que entonces existía en Santander el numerario que vino de Bilbao comentó: "Este no pita ni borracho, pues se pasa el día vendiendo productos alimenticios en toda la provincia". Era Hernán Cortés del Valle, el primer numerario que pitó en Santander, que murió a los tres años de su primera carta al fundador en abril de 1970.

Vuelvo al titular de mi artículo "Una historia inventada". Aquel sacerdote del curso anual del Colegio Mayor Ayete del verano de 1996 había dicho que los santanderinos son "muy señoriítos" y olvidaba que momentos antes había explicado que se había hecho de la obra cuando estudiaba por libre la carrera de Derecho. Su padre tenía amplias propiedades en la región de La Mancha, donde se desarrolla la acción del Quijote. Aquel sacerdote --prefiero olvidar su nombre-- se inventó todo: ignoraba el nombre de José Félix y de qué había pasado con él; ignoraba lo del supernumerario del servicio militar; ignoraba que Hernán se había desconectado; ignoraba el nombre del sacerdote de la obra, Jaime Sánchez, que había tratado con el primer numerario de la ciudad; me ignoraba a mí (solo seguí la invitación de la carta de José Félix).

Como no estaba de acuerdo con aquella interpretación, lo exterioricé en la tertulia. Esto hizo que Alfredo, el director, que también había pitado en Santander y no quería hablar de los abandonos de los que vinieron después de Hernán, me llamara al despacho de dirección para aclararme algunos puntos. ¡Sabéis cómo son las torturas chinas? Pues aquello se pareció a una tortura china. Me dijo, no se me olvida, que yo tenía mucha soberbia, porque el que verdaderamente sabía la historia era don X, que sí había participado. En consecuencia me invitó a ir al oratorio del Colegio Mayor Ayete y reconocer mi equivocación. Se me olvidaba decir que mientras me estaba abroncando de esa manera, una vez y otra otros del Curso Anual aporreaban la puerta de dirección queriendo entrar, ajenos a lo que estaba sucediendo. Me planteé irme de la convivencia y dar un portazo al opus dei. Al final, a pesar de todo, decidí seguir.

Al cabo de pocos días, Alfredo, el director, que presumía de tener una familia con posición acomodada en Santander, me volvió a llamar a su despacho. Esta vez fue en una hora en que los demás no aporreaban la puerta queriendo entrar. Me pidió perdón. Yo tenía razón. La historia era como yo la contaba. Igual que os escribo ahora le presenté muchos más detalles, que el citado sacerdote no sabía. Eso sí, el clérigo había pedido la dirección y teléfono de José Félix para que lo trataran los de la citada ciudad.

Parecía que todo estaba olvidado. Yo había perdonado. En el siguiente curso anual me volví a encontrar a Don X, el que se había inventado la historia de Hernán Cortes del Valle en Santander. Eso sí, había pedido que yo no interviniera ni hiciera preguntas durante la tertulia. Volvió a inventarse la historia. Me tuve que callar. Dijo en público que la versión de Nacho era diferente a la suya, pero sin dejarme intervenir.

Mi último curso anual en el Colegio Mayor Ayete tuvo también que ver con Don X. Estaba enfermo. Necesitaban que algún agregado de la convivencia le acompañara en la Clínica Universitaria de Navarra. Yo accedí. Preparé mi maleta y me dispuse a estar con él durante veinticuatro horas. Otro agregado me acompañaba. Al llegar al hospital, este agregado me señaló que quien le iba acompañar era él. No se me dio ninguna explicación. Solo dijo que el consejo local se lo había encargado a él y, en consecuencia, me debía volver a San Sebastián. Que Dios perdone a este sacerdote.

Una casa que no es tu casa

Ana Azanza ha escrito un libro, uno de cuyos capítulos aparece en 'Opuslibros.com'. Es revelador de una situación que yo viví durante todos esos casi 34 años que estuve dentro de la obra. Nunca sentí el más calor de familia dentro de la prelatura, en lo que se refiere a los centros de numerarios por donde teníamos que ir obligatoriamente los agregados, si queríamos ir a consultar escritos de la obra que se conservaban en dirección o para leer publicaciones internas (entre los varones 'Crónica' y 'Obras' fundamentalmente), cosa que no teníamos en los "apeaderos" en los que discurría la mayor parte de nuestra vida interna, salvo excepciones...

La mayor parte de los "apeaderos" eran como casas sin dueño. La obra nos los ponía a nuestra disposición, pagándolos ella con el dinero de nuestros sueldos que ingresábamos a fin de mes. Ya lo he dicho anteriormente el "apeadero" de del centro de agregados de la calle General Yagüe 11, quinto piso letra K, que anteriormente fue piso tercero letra K, pero fue "cedido" a los numerarios que lo necesitaban, costaba mensualmente 200.000 pesetas y tenía un salón que se utilizaba de sala de estar; una habitación para secretaría, donde se hacía movimiento económico (ingresar nuestro sueldo a fin de mes o sacar algo de dinero para nuestros gastos ordinarios de autobús y comidas); una sala llamada del "sacerdote", donde éste confesaba una vez a la semana, el día que teníamos meditación y tertulia; y una sala que se utilizaba para la dirección espiritual de los agregados o supernumerarios. Eso era todo lo que teníamos en ese "maravilloso apeadero". Se me olvidaba que la terraza que daba a la calle, había sido acristalada y también se utilizaba para las charlas.

El "K", como le llamábamos, contaba con una cocina que incluso en algunos momentos se utilizó para dar círculos a los supernumerarios, si es que no había otro lugar en la casa para esta tarea. Eso sí, algunas personas de la obra se veían obligadas a veces a pasar por allí camino de secretaría, donde se hacía el movimiento económico dos veces por semana y no disponía de dinero suficiente para salir adelante en la "vida en medio del mundo".

Debo aclarar que, salvo cuando utilizaba la tarjeta de banco de mi madre para sacarle el dinero, yo jamás había utilizado una tarjeta de este tipo para sacar dinero, pues estaba rigurosamente prohibido. Llamó la atención que Avelino, otro agregado periodista, que trabajaba en un diario de difusión nacional, había conseguido hacerse con una tarjeta de banco, lo que le permitió, en un momento de apuro económico, sacar dinero de su cuenta. Para llegar a esa situación, había optado por residir en la casa de campo de sus padres en un pueblo a unos 60 kilómetros de Madrid. Diariamente hacía ese trayecto en su coche.

Cuando vivíamos solos, a los agregados se nos prohibía tener perros en nuestra casa, pues suponía un gasto considerable. En el caso de Avelino no hubo ningún problema. Tenía una perra de raza 'Schnauzzer Terrier' (no se si escribo bien la raza de la perra), que vigilaba su casa, cuando él no estaba. Se trataba de un animal muy fiero, hasta que los ladrones descubrieron que lo que había que ponerle era... un perro. La perra se fue con el macho y claro, robaron a Avelino. Luego desapareció este animal. Todo esto lo supimos en las tertulias dominicales que nos reuníamos en el "K".

Otro día, me parece que fue cuando el apeadero estaba en el piso tercero "K" los ladrones entraron en el piso deshabitado. Después de franquear distintas puertas llegaron a la caja fuerte que se guardaba en un armario de la habitación de secretaría. Pesaba tanto que no se atrevieron a descubrir la clave o a intentar llevarse el poco dinero que allí se conservaba. Ese era el lugar de nuestra acogida. Como teníamos todo muy recogido, nos pidieron permiso los del centro de numerarios del piso tercero letra 'E" par poder traer a los niños del club juvenil que allí existía. Yo, que frecuentaba mucho el "apeadero" me encontré que nos habían de lugar cambiado de lugar muchas cosas y las sillas, de rejilla de mimbre, habían quedado rotas. Eran "bromas" de los "numeraritos". Lo dije en el centro e inmediatamente se llamó al director del citado centro joven de numerarios. Pasados quince días se arregló el desperfecto que nos habían hecho.

Las cosas desde nuestro lado se veían de esta manera. Era como "nuestra casa de agregados", que no disponía de publicaciones internas. Algunos numerarios del policentro 'Lima' (Numerarios, agregados y supernumerarios) aprovechaban algunos días para "despistarse" en aquel espacio de paz, que nosotros venerábamos y que era como nuestro reducto dentro de la obra. Todos participábamos del mismo puchero, menos para algunas cosas que paso a describir.

Desde el primer momento en que pasé a ser agregado, los numerarios que atendían el centro de Recoletos, 5, nos dejaron claro que nuestro hogar era ese piso. Así lo decían, mientras se nos indicaba que no podíamos ir a su residencia en la calle Gurtubay, 3 y a la residencia del Instituto Tajamar, obra corporativa. Era supuestamente "nuestra casa" y la obra "una familia" de vínculos sobrenaturales. Por lo menos eso era lo que decía el fundador. Puedo decir que hasta que no pasaron seis años de mi incorporación a la obra no se me invitó a comer a un centro. Fue en el Centro de Estudios de Tajamar. El día que eso se produjo era como entrar en el "Sancta Sanctorum", sin embargo, yo no veía a los numerarios como con rayos en las cabezas o con aureola de santos. ¿Qué había sucedido? La supuesta "Casa no era mi Casa". Al cerrarse Recoletos, 5, pasamos a un piso de la calle Princesa 81, hoy utilizado por las mujeres del Opus Dei, que había sido estudio de arquitectura de don César Ortiz Echagüe, que llegó a consiliario en Alemania, y de al existente en escalera 4 de la Glorieta de Cuatro Caminos Cuatro, donde tuve como director a Pipe Areta, entonces un destacado miembro del atletismo español y hoy sacerdote. Tampoco se me invitó en este centro a comer. Y eso que decían que eran mi familia. Mis padres no habían recibido tampoco la visita de los supuestos "familiares".

Las cosas cambiaron al llegar al centro que existe aún hoy en la calle Monte Esquinza, 22, que disponía de un "apeadero" en la calle Fortuny, 27 quinto piso, encima de la vivienda de uno que fue ministro del gobierno español y gobernador del Banco de España. José Luis, el director de nuestro centro, pasaba por una delicada situación. No descansaba. Ello hizo que el director de la delegación, Jerónimo Padilla, me llamara y me invitara a animarle a ir a nadar al club Santiago, que no es de la obra, y en el que existe separación de sexos en las piscinas. Así lo hice. Durante dos años le tuve entretenido. Al terminar, me invitaba a comer en su "casa", no la mía. Ello hizo que otro numerario se apuntara a nuestra iniciativa y, al final comíamos los tres. Esa es la única etapa de mi vida en la que me sentí arropado. A ello se añadió que un día tuve un accidente de electricidad y se me rompió la quinta vértebra dorsal, por lo que tuve que permanecer hospitalizado durante largo tiempo.

Los accidentes espectaculares, el mío lo era, producen conmoción en la obra y en todos los sitios. Mi padres, por fin después de 12 años (era diciembre de 1977) conocían a los de mi centro. Había cariño en los 47 días que estuve sin moverme en la cama. Mi madre incluso se planteó la posibilidad de hacerse de la obra. Afortunadamente no lo hizo. Mejor para mí, pues fue una ayuda inestimable en el trance de dejar la obra. Pasado el accidente, seguía practicando la natación, pero ya no se me invitaba a comer. Incluso noté que algunos numerarios consideraban su zona lo que no era el oratorio o la sala de cooperadores. Había como una barrera invisible que me decía que de allí no podía pasar. Los únicos que me decían que pasara eran José Luis, que luego pasó a ser secretario de la delegación, y el numerario Alfredo C., que no sé qué ha sido de él. Entonces ya Monte Esquinza 22 tampoco era mi casa.

Pasó la enfermedad y llegó el olvido. Ya he contado otra vez que me vi obligado a solicitar el cambio de centro, cuando uno de mis jefes en el trabajo que era también el director del centro de agregados, continuó con la bronca que había empezado en la redacción periodística. Pasé al centro 'Lima', en la calle Infanta Mercedes, donde también existía como una "barrera invisible", tras el incidente con los que hoy me atrevo a decir su nombre, pero no su apellido: Don Rafael (el sacerdote) y Chema (entonces director y hoy sacerdote en Chile). Se me echó dos veces de la sala de estar, alegando que aquello no era mi sitio. Eran los tiempos del "k" y yo me fugaba de la realidad hasta el piso de la calle General Yagüe, donde teníamos como vecino al compositor Joaquín Rodrigo, autor de 'El Concierto de Aranjuez', y que tocaba a menudo el piano. ¡Qué agradable era su música!

Aunque dijeran la frase "ese ya es de casa" o "morir en casa" nunca he pensado que eso se refería a mi vida. En los últimos años, Enrique, que llevaba mi charla, hablaba en esos términos. Yo le respondía: "tu casa", porque la de 'Lima', no es mi "Casa", y luego cuando llegué a 'Amaniel", en la calle Federico Rubio, tal como he escrito en mi artículo #Hace cinco años que dejé la Obra, no lo fue, pues ni el supuesto "buen pastor" ni me cobijaba, ni me atendía, ni su casa era la mía. Por eso, como la obra no era mi casa, me fui.

La toalla

El 21 de junio entró el verano en el hemisferio norte. Los que vivimos en España sospechamos los calores que nos esperan. En la obra, este tiempo es de "cambio de actividad", como decía el fundador, que en público, comentaba que "el diablo no se toma vacaciones", porque en el opus esta época significa dedicarse más intensamente a cosas que no se realizan durante el invierno, como mejorar la formación a través de los cursos anuales de 25 días (los numerarios y los agregados que estudian Filosofía y Teología) y convivencias de 15 días (los agregados que no estudian) o de 7 días (los supernumerarios)...

Los últimos ocho años de mi pertenencia a la obra acudí a los cursos anuales de Filosofía y Teología del Colegio Mayor Ayete de San Sebastián durante el mes de agosto. Nuestra estancia en esta ciudad vasca solía coincidir con la Semana Grande (la semana en que se celebra la Asunción de la Virgen) y, en consecuencia suele existir un gran ambiente en la ciudad, que ha sido lugar tradicional de veraneo de las clases más pudientes, cuando se comenzaba a veranear, y ahora de muchas personas. Uno de los hechos más destacados son los concursos de fuegos artificiales, en los que participan cada día de esa semana un fabricante pirotécnico de distintos lugares del mundo. Al final, un diario otorga un premio al castillo de fuegos artificiales más conseguido. Todos los que asistíamos al curso anual aprovechábamos para verlos y luego comentábamos entre nosotros.

San Sebastián posee tres playas en la ciudad: La Concha, quizá la más famosa; Ondarreta, cercana al colegio mayor donde residíamos los agregados; y La Zurriola, muy cercana al barrio de Gros y al palacio donde se celebra el festival de cine de San Sebastián, junto a la ría. La dirección del curso anual nos prohibía expresamente a los agregados bajar a bañarse en alguno de estos lugares. Esta medida se aplica también a los numerarios. Sin embargo, un obispo español con destacada participación en la vida religiosa me indicó que eso no era pecado.

El motivo de la prohibición es que numerarios y agregados no pueden acudir a las playas, por muy decentes que sean para estos tiempos --las playas de San Sebastián lo son-- pues se ponen en ocasión de pecado mortal. Como esto no admite parvedad de materia, si se ha ido a una playa a bañarse, luego hay que confesarse con el sacerdote del centro, o del curso anual, como era este caso. Para sustituir la práctica del baño en el mar, en el Colegio Mayor Ayete existe una piscina en la parte trasera, junto a un frontón cubierto de pelota vasca o jai-alai.

Al llegar al colegio mayor, se nos entregaba una toalla de aseo, otra de ducha y otra de piscina o playa, con unos colores muy vivos o con un diseño muy bonito. Siempre me llamó la atención y, como periodista, quise saber cómo se formaba aquella colección, formada por modelos muy distintos a cual más bonitos, que lucíamos en la piscina. En un extremo de la toalla, se encontraba cosida una pieza pequeña de tela con el nombre de 'C.M. Ayete'.

Llegué a mi habitación y, con toda la confianza, deposité mi toalla habitual de piscina --entonces nadaba un kilómetro diario-- en un club donde existe separación de sexos en Madrid. Se trata de la Escuela Apóstol Santiago, al que suelen acudir muchos numerarios y agregados debido a ese detalle de separación, además de ser muy barata la cuota anual que se paga. En los centros de la obra, la administración (el servicio doméstico y de manutención) suele limpiar cuando no están los residentes. Esto hace que se aíslen zonas para evitar que hombres y mujeres puedan coincidir. Escrivá solía decir que entre los hombres y las mujeres de la obra existe una distancia de mil kilómetros, que solo se rompe cuando el director y la administradora hablan por el teléfono interior o cuando sirven la mesa, estando prohibido expresamente dialogar con las numerarias auxiliares o sirvientas.

Lo que nunca pude sospechar es que aquella toalla habitual de piscina iba a desaparecer del armario de mi habitación, una vez habían pasado las del servicio de limpieza. Me extrañé y así se lo hice saber al director del curso anual. Pensé: "Han pensado que es de ellas y se la han llevado para lavar". El responsable de esta reunión anual quedó en hablar con la Administradora. Aporté detalles de los colores de la toalla, que coincidían con los de la bandera del País Vasco, pero no en la misma disposición. Al cabo de unos días, el director me comunicó: "La administración no ha encontrado tu toalla".

No me di por satisfecho con aquella explicación. Soy periodista y espero a que se produzca una nueva oportunidad. Me fui del curso anual sin la toalla que había llevado. Al llegar a Madrid, me compré otra exactamente igual de colores, pero sustituyendo el color verde por un azul. Volví al Colegio Mayor al año siguiente, pero no la vi. Pasados dos años, cuando menos me lo podía esperar, encontré la primitiva toalla en la habitación de otro agregado, contigua a la mía. Mi toalla casi igual, la tenía guardada bajo llave en la maleta. Situé una contigua a la otra y eran iguales, menos en ese detalle de color. Eso sí, la primitiva, la que había desaparecido dos años antes, estaba allí, pero con una pequeña tela que decía: "C.M. Ayete". El detalle queda ahí. Son coincidencias. Que cada uno saque consecuencias de todo lo que he contado. Cuando regresé a Madrid se lo dije a un director de la Comisión y me preguntó: "¿tu que piensas de esto?" Mostró su esperanza de que no me hubiera traído la primitiva toalla, como así hice. No obstante me aconsejó no extender este hecho entre otros de la obra.

Otro detalle que quiero tratar en mi colaboración de hoy es el de los bañadores. Numerarios y agregados utilizan la mayoría de los casos unas prendas de este tipo, que responden a lo que se conoce como "bermudas". Como trates de salirte de esta indicación, te llamarán la atención a través de una corrección fraterna, mientras te señalan que hay que ser pudorosos a la hora de bañarse, ya que se puede inducir a pecado (?) a las personas que se relacionan con nosotros en esos momentos.

Pues bien, yo fui valiente. En 1977 hice el curso anual en un colegio infantil en Málaga. Puede que se llame 'Sierra Blanca' o "El Romeral". Como entonces nadaba mucho, utilizaba en el club Santiago de Madrid un bañador de competición o de braga, como se suele denominar. Ningún numerario de los que nadaban conmigo me había llamado la atención hasta ese momento. Pero claro, estaba en curso anual y, como en ese tiempo está muy recomendada la corrección fraterna, se me hizo una por usar un bañador que mi correcto consideraba tan impúdico.

No os creáis que tardaron en hacerme la corrección fraterna. Acababa de entrar en el agua y se me acercó no se si un numerario o un agregado. Me invitó a comprarme inmediatamente un bañador más decente que el que usaba entonces. Obedecí el consejo. Ya distinguí entre lo que vivía durante el curso habitual y lo del curso anual. Por lo visto había escandalizado a alguno. Me compré un bañador con un poco más de tela, pero no un "bermuda" hasta la rodilla. Me volvieron a llamar la atención. Ya me dejaron por imposible. Eso sí me dijeron que cuando llegara a Madrid me comprara un bañador más decente que aquel que había llevado a Málaga.

Pensaba para mis adentros. Vivíamos ocho en una misma habitación, que era un aula infantil en otras épocas del año. El retrete no tenía pasador para cerrar la puerta cada vez que entrábamos. Teníamos que colocar un papel higiénico que atravesaba el manillar de la puerta para decir que estaba ocupado. No existían armarios para guardar la ropa. En su lugar, debíamos meter nuestras prendas en un cajón del aula de los niños. No teníamos duchas por la mañana y debíamos acudir en comitiva a la piscina a bañarnos (yo con mi bañador que he comentado). ¿No era más lógico que se preocuparan más de hacernos la vida más asequible, después de un año de trabajar intensamente, y se preocuparan menos de los bañadores?

El otro día estuve con un amigo mío que tenía su domicilio enfrente del Colegio Mayor Alcor, obra corporativa de las mujeres del opus en Madrid. Entre sonrisas me comentó que era muy curioso ver cómo iban a la piscina las mujeres de la obra. Primero existe un gran toldo desplegado para impedir las miradas exteriores, y segundo, ellas van con albornoz. Una medida más para impedir que los demás caigan en pecado. Vamos.

Vaya cara

Son ya treinta y uno los años que llevo haciendo ininterrumpidamente información religiosa en un medio español de comunicación. Cuando empecé en 1973 yo ya pertenecía al opus dei. Me costó "fichar" por esta empresa, pues en la obra se me indicó que no lo había consultado. No obstante, al final lo conseguí. Entraba para realizar información especializada de este tipo. Ello ha hecho que, con la veteranía, haya podido vivir hechos que paso a describir...

Después de tanto tiempo, he llegado a la conclusión de que el opus es una "iglesia paralela", a la que solo le interesa el actual Pontífice, Juan Pablo II, mientras se descuida o no se hace caso a los obispos diocesanos que están en comunión con el Sucesor de Pedro. Algunos directores de la obra, como José Luis Tapia, de la Comisión Regional de España y militar de profesión aunque desde hace años no practique debido a su disponibilidad interna, son la excepción, al encargarse habitualmente de la planificación de los responsables de la seguridad en los movimientos de masas que se producen en las grandes ocasiones, como la venida del Papa a España, y las grandes celebraciones con motivo de las grandes fiestas religiosas de Madrid. Esto ha hecho que recientemente haya recibido una condecoración pontificia.

José Luis Tapia es la excepción que confirma la regla de que el opus es una "iglesia paralela". Ya se que Ignacio Vicens, arquitecto numerario de la obra, también planificó el estrado pontificio. Cuando el año pasado Juan Pablo II vino a Madrid se produjo un fenómeno masivo. Los de la prelatura quisieron protagonizar muchos de los hechos, para distinguirse de los demás. Habitualmente somos unos veinte informadores religiosos que seguimos los hechos y opiniones de la Conferencia Episcopal. Esos días hubo que poner varios autobuses pues "todos eran periodistas". Estoy hablando de broma en cuanto a los "numerosos periodistas".

En el gran encuentro de los jóvenes en el aeródromo militar de Cuatro Vientos de Madrid, en la tribuna de prensa, fingiendo que eran periodistas, algunos llevaban una máquina fotográfica rudimentaria para hacer fotografías a Juan Pablo II. La camiseta que llevaban indicaba el club juvenil del opus de dónde procedían. Tanto éstos como los que les acompañaban no tomaban ni una nota de lo que allí acontecía. Eso sí, repetían "slogans" de los distintos grupos. Seguro que eran periodistas.

Como uno ya va siendo perro viejo, conoce algunas de las caras de los "supuestos periodistas". Muchos de ellos me conocen como de la obra y no saben que dejé la prelatura en 1998. Por ello, al ignorar este detalle se disponen a querer hablarme. Yo utilizaba cualquier pretexto para dedicarme a mi trabajo profesional y evitar su conversación.

Lo que me parece el colmo de la cara dura es que un sacerdote director espiritual de la delegación de Madrid Oeste se haya convertido temporalmente en comentarista de Televisión Española, emisora que depende de la Conferencia Episcopal, a través de la comisión de Medios de Comunicación Social, cuyo director de secretariado es José María Gil Tamayo, sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y con un hermano sacerdote agregado del opus dei, que se ordenó el pasado verano.

Digo que lo que me parece más cara dura es que el referido sacerdote de la delegación se permite el lujo de opinar sobre la venida el Papa en televisión, cuando todos sabemos que en los centros del opus está rigurosamente prohibido ponerse delante del televisor. Igual es que entiende mucho de televisión después de tanto tiempo delante de la pantalla. Yo simplemente constato ese hecho.

Lo que no tengo tan claro es que esas mismas masas que siguieron a Juan Pablo II al venir a España hagan lo mismo con obispos que están en comunión con el Papa. Desde luego en mi centro, nadie me acompañaba cuando yo decía que iba a ir a una misa en la catedral de la Almudena a la que había sido invitado y tenía otra invitación. Por eso, cuando ha pasado el tiempo solo se me ocurre una expresión: "Vaya cara".

Calzador de dinosaurio

He entrado en la página web de la prelatura y he encontrado una sorpresa. Bueno, siempre hay muchas. Josemaría es denominado "el santo de lo ordinario". Claro, se sirven de su frase de hacer santidad de lo ordinario. En estos tiempos en los que impera lo comercial, un santo no podía ser menos. Hay que buscar un slogan que "enganche" en los incautos que todavía tienen buena fe. Los que hemos vivido la experiencia de muchos años sabemos que eso no es cierto. Es una mera operación de "marketing"...

Decir que Josemaría es el "santo de lo ordinario" es atribuirle algo que no le corresponde, pues los hechos de su vida fueron todo lo contrario. El "marketing" solo entra en este fundador con un calzador, pero calzador de dinosaurio y eso porque no existe un animal que tenga un tamaño superior a los que existieron antes de que el hombre habitara el planeta tierra. No pienso en un calzador de elefante, que ya es un animal grande, sino en el que he dicho, en un dinosaurio y de esta especie, el más grande que exista.

La vida de Josemaría se distinguió por la sencillez. No exigía nada para él... Llevaba una vida de lo más sencillo. Trataba con los más sencillos. Existía un acceso muy fácil a su persona. No tenía mal genio. Acudía a las reuniones con los de la obra en un automóvil sencillo. Comprendía mucho a la gente que le rodeaba. Aupó a su familia hasta un lugar adecuado. Expresó su deseo de que su hermano se casara con una mujer sencilla. No deseó títulos nobiliarios ni condecoraciones. Era "el santo de lo ordinario", pero todo lo contrario.

En toda institución existen dos versiones: la que "escriben" (por decirlo así de una manera fina) sus seguidores y la que cuentan los que fueron sus seguidores y ahora ponen en solfa muchas de las apreciaciones de las versiones oficiales. Aunque ahora no se diga, en las tertulias de supuesta familia (no lo es) de la prelatura se contaba que el "santo" tenía un genio muy fuerte y frecuentemente daba unos gritos tremendos para decir cómo se debían hacer las cosas. Ya he citado en otra ocasión que una vez dijo que cuando llegara una orden desde el consejo general de la obra había que arrodillarse. Es un modelo de sencillez y de buen trato a los que le seguían. Anda que si llega a seguir siendo cura del pueblo de Perdiguera, como nos lo presentaban cuando "peregrinábamos" a Torreciudad... no impondría las órdenes de esta manera.

Era frecuente --así se nos contaba-- que, al visitar un centro de la obra, el fundador descubriera un desperfecto en una ventana o que ésta cerrara mal, por ejemplo. Inmediatamente lo decía, pues "había que cuidar las cosas pequeñas". Claro, si no se hacía inmediatamente como él quería, los gritos se oían a muchos kilómetros de distancia, hasta en Moscú y eso que entonces la URSS era "el telón de acero". Para él eran necesarios "dos telones de acero" en torno a su persona para no oirle. Ejemplo de sencillez.

Yo, que me muevo en el mundo eclesiástico, suelo oir anécdotas de personas destacadas. Hablé cuatro veces, durante poco tiempo, con la Madre Teresa de Calcuta. No tuve ningún problema. Era muy fea, pero muy sencilla. La vez que vi más cerca a Josémaría fue en el Colegio Mayor Moncloa en 1972 y pude hacerle una pregunta, que no esperaban los de su entorno, aunque busqué que fuera en la ortodoxia seguida en el opus. Conseguí eso porque me colé en la tertulia. Claro, ya sabemos que todas las preguntas estaban preparadas. El resto de las ocasiones le vi muy lejos. Modelo de confiar en la gente y no solo en los que fijaba la comisión.

Josemaría decía que había conocido a muchos papas, a un número muy superior de cardenales y de obispos no sabía cuántos, mientras que fundador del opus dei no había más que uno. Modelo de sencillez y de santificación de lo ordinario. Por eso, en algunos momentos de su vida solía decir que se encerraba en su residencia de la calle Bruno Buozzi de Roma. La Iglesia para él, así lo decía en su carta de las campanadas, estaba muy mal. Se ve que se miraba mucho al ombligo y no se daba cuenta que, dentro, también existían problemas que no salían a la luz pública y que nos hemos enterado por los periódicos, cuando los ex han tenido la valentía de decirlo, por lo que se les acusaba de estar locos.

Recientemente me he enterado que el prepósito general de la Compañía de Jesús (jesuitas), padre Peter-Hans Kolvenbach, suele desplazarse por Roma en autobús. He cenado en este curso con los superiores generales de los Dominicos y de los Franciscanos. LLegaban a la rueda de prensa-cena en un coche utilitario. Sin embargo, el obispo-prelado no sigue esta práctica. Y Josemaría, que era "el santo de lo ordinario", se movía por España un automóvil marca Mercedes. Un modelo de sencillez. Todas las entrevistas que concedió y que aparecen en el libro 'Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer' fueron con cuestionario previo y solo en el último momento se hacía la fotografía con los periodistas. Un modelo de sencillez.

Como Josemaría no quería honores mundanos y solo pretendía la gloria de Dios, solicitó el título de Marqués de Peralta, que le fue concedido. San Francisco de Borja, el Duque de Gandía, renunció a los honores. Josemaría lo solicitó, aunque luego dijera que era para su hermano Santiago. Este anuncio de solicitud de título nobiliario, naturalmente, suscitó una gran reacción en la opinión pública. En aquel tiempo, dentro de la obra no se podía hablar de esto. Ejemplo de claridad. Por eso se dice que es "el santo de lo ordinario".

"Consideraciones Espirituales", que luego se convirtió en 'Camino', fue su primer libro. Los de la obra, una y otra vez durante años estuvieron leyendo o meditando sus palabras, por si no se habían enterado. Luego vino 'Santo Rosario', que también se "empollaron" su seguidores. Y llegaron las "Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer", una serie de entrevistas periodísticas, que estaban rematadas con la homilía de la misa del 'campus' de la Universidad de Navarra en 1967. Muy bien hecho, rematar una serie de entrevistas con una homilía. Claro, todo era muy sencillo y ordinario, solo que todos era a su gusto, puesto que las entrevistas eran por cuestionario.

Hasta su muerte fue un ejemplo de lo "ordinario". Dentro de la obra se prohibió hablar de la palabra "muerte". Con el tiempo, los directores de la obra establecieron que la frase correcta era "la marcha al cielo de nuestro padre". Así nos indicaban personas que venían de Roma. La palabra "muerte" era un tabú. Uno que es periodista sabe que por la repetición de una frase un día y otro, al final todos los dicen. Este era el caso de los directores y responsables de la obra. No decir "la muerte del padre" y sustituirla por "la marcha al cielo" es un ejemplo de sencillez. Por ello quieren considerarle "el santo de lo ordinario". No tuvo muerte, según esto, fue "una marcha al cielo".

Con estos breves comentarios he conseguido una cosa: demostrar lo "ordinario de este santo canonizado por la Iglesia. Si lo han conseguido sus seguidores ha sido porque han utilizado un "calzador de dinosuario", tamaño que han resucitado para un caso como éste. No entro en más detalles.

Flores de plástico para Isidoro

Ayer domingo acudí al cementerio de la Almudena de Madrid a visitar la tumba de mis padres y depositar allí unas flores. Dentro de un mes hará aniversario de la marcha de mi padre y mi madre. Está situada en la zona denominada de "Los Héroes de Cuba", muy cerca, a unos 50 metros, se encuentra el nicho que contiene los restos de Isidoro Zorzano, también conocido como "Isidoro", el segundo que se incorporó a la obra y que fue compañero de estudios del fundador de la hoy prelatura...

Cuando me hice de la obra en 1965, los "santos" que teníamos para difundir eran Isidoro Zorzano, nacido en Argentina e hijo de padres españoles, ingeniero de los ferrocarriles andaluces que vivió en Málaga, que fue el segundo en incorporarse al opus, y Montserrat Grases, conocida por "Montse", una chica catalana, que falleció muy joven. Entonces eran los dos procesos de beatificación y canonización que había en marcha dentro de la obra.

A diferencia de otras veces que he visitado el nicho de Isidoro Zorzano, esta vez he encontrado flores en una especie de jardinera que existe allí. Unas pocas, muy pocas flores, eran rosas que se habían secado después de haber sido depositadas. Pero la mayoría eran margaritas de plástico --las toqué para no equivocarme-- y algunas rosas de terciopelo y plástico. Eran totalmente falsas. El que las depositó allí mostró su confianza en que, al ser el nicho anónimo, nadie se daría cuenta. Así había apariencia de el difunto allí guardado tenía quienes le recordaban.

Os trascribo el texto de la lápida existente en el nicho de Isidoro Zorzano. Vuelvo a recordar que está en una pared, en la zona denominada 'Los Héroes de Cuba'. La inscripción es la siguiente:

IN PACE
13-IX-1902
15-VII-1943

La primera de las fechas es la del nacimiento de Isidoro y coincide en año con el del fundador del opus, también en 1902. La diferencia es que el hoy Josemaría nació el 9 de enero, mientras que Isidoro fue el 13 de septiembre. La otra fecha es la del fallecimiento de Zorzano en él Sanatorio San Francisco de Asís el 15 de julio de 1943. En algunas publicaciones internas de la obra se han reproducido fotografías de Isidoro, junto al fundador que entonces estaba visiblemente grueso a consecuencia de la diabetes que padecía. El nicho está debajo del panteón de los Misioneros Hijos del Corazón de María (Claretianos), nombre que deben a su fundador, San Antonio María Claret.

Cuando muere uno de la sección de hombres de la obra se le suele enterrar en una tumba, nicho o panteón, que lleva la inscripción de "In Pace". Inscripciones parecidas existen en otros lugares del cementerio de la Almudena de Madrid con la tumba donde están enterrados Javier Ayesta, que era director de la Oficina de Información del Opus Dei al principio de los años setenta, pero que murió a consecuencia de un choque automovilístico en la calle Serrano de Madrid; Fernando Delapuente, pintor que tuvo prestigio en los años 50, 60 y 70 (murió en 1975); y Fernando Conesa, de Cartagena (Murcia), un licenciado en Derecho, que fue profesor en los primeros tiempos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Junto a la inscripción 'In pace' aparecen los nombres de Fernando, Javier y Fernando. El apellido os lo he añadido yo.

La tumba de Fernando, Javier y Fernando está situada en la tercera fila, en el costado derecho, de la entrada del cementerio de la Almudena por la Avenida de Daroca de Madrid. Casi no suele tener flores. En esta tumba estuvieron enterrados los llamados "los abuelos", los padres del fundador de la obra. Cuando éstos últimos fueron trasladados a la cripta de Diego de León, 14 de Madrid, lugar del gobierno regional de la obra en España, su lugar fue ocupado por los restos de los mencionados. En otro lugar de la Almudena se encuentran los restos de Florentino Pérez Embid, uno de los grandes expertos en Bellas Artes durante el gobierno del General Franco, aunque muchos dudaban de su gusto.

Desde hace años, en la avenida principal de la ampliación del cementerio de la Almudena existe un panteón de la obra para contener los restos de cerca de treinta personas. Es como un edificio pequeño, una especie de capilla, con tejado, en el que existe un letrero en grande que dice: "In Pace". Allí están enterrados numerarios y agregados. En otros cementerios de Madrid, como la Sacramental de San Justo también están enterrados los que murieron siendo de la obra.

Pero volviendo al primitivo sitio de mi comentario, me extraña que los de la obra, que tanto dinero se gastan en mantener frescas las flores (incluso las hacen un procedimiento para conservarlas y enviarlas a centros de la obra en todo el mundo) donde está enterrado el fundador en Roma, ahora, en Madrid, con el segundo que se hizo de la obra, utilizan flores de plástico. Claro que el proceso de beatificación y canonización de Isidoro Zorzano "está más muerto que Carracuca", como dirían en el argot castizo de Madrid. Y eso que no hace mucho volvió a salir la hoja informativa de sus virtudes y su vida.

Me gustaría que, como consecuencia de mi escrito, la próxima vez que vaya a visitar la tumba de mis padres, no vuelva a encontrar un detalle tan feo como el de unas flores de plástico. El fundador y don Alvaro tienen derecho a tener unas flores frescas en su tumba, pero también los demás, sobre todo teniendo en cuenta que era compañero de estudios de Josemaría, el que llaman en la página oficial "el santo de lo ordinario" y que yo me sigo preguntando por qué. Ya demostré que sencillez, poca.

El "ejemplo" de un mayor

Era el verano de 1997. X y yo, Nacho, habíamos acudido al Curso Anual en el Colegio Mayor Ayete de San Sebastián. El, gallego de origen, era muy amable conmigo. ¡Cuántos habremos aprendido de sus consejos para visitar lugares interesantes del País Vasco!. Los dos llevábamos más de treinta años, cada uno, en la obra, y nos gustaba intercambiar puntos de vistas mientras contemplábamos el formidable paisaje de la bahía de San Sebastián. En algunos momentos nos sentamos en uno de los bancos desde el que se divisaba un panorama tan bonito, sobre todo al atardecer o con el sol del día...

Aquel día habíamos hablado de lo humano y de lo divino. Los dos nos habíamos entretenido en un catedrático de universidad que es hoy uno de los más antiguos numerarios del opus. Los dos habíamos llegado a la conclusión que aquella persona, que presentaba unos modales muy abiertos y aparentemente simpáticos, era un lobo que escondía un deseo de venganza ante cualquier persona que le llevara la contraria.

No queríamos decir nombres. No queríamos criticar abiertamente a esa persona. Aún teníamos como un rubor de no criticar a aquella persona. Pero en un determinado momento saltó la chispa. Habíamos dado pistas. Uno de los dos, creo que fui yo, dejó caer los dos apellidos por los que se conoce a este catedrático. A cada uno nos había sucedido un hecho y lo poníamos como ejemplo del daño que pueden hacer estas personas que, eso sí aparentan simpáticas, y son peores que los tiburones.

Estábamos dolidos con aquella persona que es hoy uno de los mayores en la sección de varones de la obra. Los dos hablábamos de aquel miembro de la prelatura. Uno citaba personas ajenas a la obra que no deseaban tratarse con él. Incluso algunos de ellos, aunque habían sido sus alumnos, no querían saber nada de su persona. ¡Qué pena! En la obra se suele decir que "hay que poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas". Desde luego, comportándose así no se va a llevar a los importantes a Dios. Al que nos referíamos era un rector de mucho peso, que X y yo conocíamos.

Aquella conversación se me quedó grabada. Pasado un año yo volví a la convivencia del Colegio Mayor Ayete. Se me aconsejó que encomendara que mi amigo gallego, el compañero de fatigas de tantas veces de convivencia. Entonces recapitulé. Los dos estábamos "tocados". No estábamos contentos en la prelatura. El ya se había ido y estaba la espera de que se le diera la baja definitiva. A mi me quedaba poco más de dos meses. Los dos nos íbamos.

Un día, mi hermano me hizo una llanada telefónica a la convivencia. Tenía que ir a Santander a estar con mi madre, pus ella reclamaba mi presencia. Dejé el Colegio mayor inmediatamente. Después me alegré de una marcha tan precipitada. Elegí el día de excursión para hacerlo. Incluso alguno de la convivencia me dijo: "Seguro que haces una buena excursión". Respondí: "Sí una buena excursión para estar con mi madre, que necesita mi presencia". Entonces no siguieron hablando.

El viaje de San Sebastián al pueblo de mi familia, Matienzo, en la provincia de Cantabria, a unos 150 kilómetros, estuve pensando. Yo ya estaba con la inquietud de dejar la obra. X se había ido. Yo podía ser el próximo. La decisión estaba casi tomada. Vosotros sabéis el resultado. Han pasado cinco años y soy muy feliz. No me arrepiento del paso dado. Cuando casi habían pasado dos años de mi estancia en Ayete, murió mi madre. Ella me ayudó mucho a salir del acoso al que me sometieron los de la obra.

Con 53 años tuve que partir de cero en amistades, puesto que casi todos mis amigos eran de la obra; de cero, en dinero, ya os dije que me tocó la lotería, aunque hoy ya el dinero se haya esfumado; de cero, en ir al cine. Solo me acordaba de los niños que decían: "Pipas y caramelos" en las salas cinematográficas. Yo quiero ahora pipas, caramelos y palomitas, cuando voy al cine. Eso sí, por lo menos tengo libertad para escoger la película e ir cuando quiera, no cuando lo digan los directores.

El informe de los obispos

En estos días se está hablando mucho de los informes que se hacen dentro de la obra acerca de lo que hacen o piensan los que pertenecen a ella. No hay intimidad. Puedes estar contándole a uno que lleva la charla "tu secreto" y éste se salta todo lo previsto y lo comunica a quien no tendría por qué enterarse. Claro, como el fin justifica los medios, todo se explica...

La obra no solo "hace" informes sobre los que están dentro, sino también sobre los que están fuera. En un primer momento, cuando te lo explican, piensan en los "grandes herejes" que para el opus existen en el mundo o en el país al que perteneces. Para algunos del opus, están fuera lo que no piensan como ellos en los campos de moral y costumbres. Claro existen católicos fuera que tienen otra manera de pensar y seguir a la Iglesia. Eso, dentro de la obra, algunos lo llaman "tragaderas".

Lo que nunca se hubiera podido pensar es que los directores de la obra y sua adyacentes vigilan incluso a los obispos. Esto es rigurosamente cierto. No solo leen sus escritos en los boletines diocesanos o en las páginas de los periódicos, "por si existe algún error" que es conveniente aclarar.

Cada miembro de la obra que se entrevista con un obispo debe hacer un informe sobre todo lo tratado. El escrito sobre la conversación mantenida debe incluir datos como el día de la entrevista, la hora, duración, y, muy importante, los temas tratados y lo que el obispo decía sobre la obra o sobre temas de moral y otros relacionados con la Iglesia.

Tal profusión de temas que hay que tratar en los informes provocan inquietud en las personas que se han entrevistado con los obispos, ya que no son periodistas, no tienen suficiente retentiva, no han escrito notas y debe quedar clara la posición del obispo con el que han dialogado. ¡Cuánta intimidad! Así, los directores de la obra lo saben todo y funcionan como una policcía secreta que sabe hasta los rincones más íntimos.

Confieso que yo solo eso lo he tenido que redactar una vez. No digo el obispo para que no se enfade. Llevo más de treinta y un años haciendo información religiosa y, claro, si cada vez que hablo con un obispo tubiera tenido que hacer un informe, me hubiera vuelto loco. Sí loco. Conozco y me conocen a 80 obispos en España y con algunos de ellos tengo mucha familiaridad, hasta el punto que me saben mi nombre auténtico, Nacho.

Debo aclarar un aspecto, durante el tiempo que fui de la obra, periódicamente me entrevistaba con alguien de la comisión regional (preferentemente el secretario, que es el que se encarga de la relación con los periodistas de la obra) o de la delegacióin (también el secretario, que también se encarga del llamado internamente "Apostolado de la Opinión Pública"). A ellos -principalmente al primero- les contaba mis relaciones profesionales con el mundo eclesiástico.

Añado un detalle: mientras duran las asambleas plenarias de la Conferencia Episcopal , los directores de la comisión regional tienen permanentemente una persona, un sacerdote, que se encarga de las relaciones con los obispos. Es frecuente que, algunos días, esos encargtados lleven a almorzar a la sede del gobierno regional del opus a algunos obispos, con lo que previamente ha habido una invitación.

Para los que tienen viejos recuerdos citaré algunos nombres de sacerdotes de la obra que han tratado con los obispos: Don Honorio (no recuerdo el apelllido, pero me suena a otro citado en estas páginas como directopr espiritual del Colegio Mayor Aralar); Don Javier Mora Figueroa (estaba en Torreciudad y antes en la delegación de Sevilla), uno apellidado Arenas y últimamente Don Luis Crespo, que fue director de la delegación de la obra en Granada y que antes ocupó un cargo en la comisión regional, dentro de la llamada 'comisión auxiliar', una especie de suplentes.

A título particular os comento que los periodistas de información religiosa suelen decir: aquí están los del opus, porque "huelen" la prelatura a distancia. Lo que llevan esta tarea son muy fieles. Se pasan las horas muertas en la puerta de la Conferencia Episcopal. A veces, incluso preguntan a los informadores quién es aquel obispo que entra en la casa para aprender su nombre. Esto me pasó sobre todo con el tal "Arenas". Aclaro una cosa. También los periodistas debemos pasar mucho tiempop a la entrada de la sede de la llamada 'Casa de la Iglesia', pero es para sacar información que transmitir en tu medio o a otros, si eres agencia.

Un pisito para perseverar

Todos creemos que tenemos un secreto que solo comunicamos a nuestros amigos más intimos, confiando en que ellos no se lo dirán a nadie. Algunos en la obra piensan que lo que le comunican al que lleva su charla fraterna solo lo saben las dos personas. Pero, ¡sorpresa! de vez en cuando les llama la atención que el sacerdote en las meditaciones les hable y les de un consejo como anillo al dedo. Inmediatamente, lo atribuyen a la mediación del fundador. Ingenuos. No saben que su vida la sabe, no solo el que lleva su charla fraterna, sino también el consejo local, la delegación y el consejo general, si son asuntos graves...

En la vida de la calle sucede lo mismo, pero no con tanta profundidad como en la obra. A veces pensamos que le comunicamos un secreto a un amigo y olvidamos que éste nos puede traicionar y comunicárselo a más personas. Esto es lo que les sucede a algunos numerarios, cuyo caso describo a continuación.

Uno de mis amigos es amigo también de un numerario del opus dei, cuyo nombre omito para que no le persigan y acusen con el dedo. Éste último tiene un pisito en pleno centro de Madrid al que, de vez en cuando, se escapa y donde hace una vida muy a su gusto, que es tanto como decir, una vida libre sin los prejuicios y las ñoñerías a las que se ve sometido cuando vive en el centro.

Fui agregado durante casi 34 años y, por lo tanto, al cabo del año, mi vida de familia se reducía primero a los cinco días y pico del curso del retiro; a los dos de la convivencia con el motivo que fuera; y los 25 días y pico del curso anual. Multiplíquese eso por vida de familia y se encontrará una cifra exacta, que no lo es totalmente puesto que periódicamente pisaba el centro de numerarios para leerlas publicaciones internas 'Crónica' y 'Obras'. Ese era el momento en que tenía oportunidad de tratar con numerarios, agregados o supernumerarios que se encontraban en el mismo lugar.

El otro día, mi amigo numerario, que posee un pisito de éstos, se lamentó: "Mira, a veces, no puedo recibir a mis amigos en el centro después de la tertulia, porque nos puede ocurrir que estemos hablando y se oiga de fondo las avemarías o las letanías del Rosario". Por ello, había decidido --y había sido autorizado por la obra-- a comprar un piso que le sirviera de palomar donde refugiarse y allí hablar con sus amigos que no entienden el opus dei. Si hace años que sus amigos no pisan una iglesia, puede ser contraproducente oir al lado tales oraciones.

Existen algunas personas de la obra a las que se les ve venir que, en un periodo no muy lejano, van a abandonar la prelatura. Eso es lo que me decían mis amigos cuando salí de la institución. Ahora soy yo el que se da cuenta de esas "flojeras", a las que se ven sometidos esos que antes se denominaban "socios" y hoy se les conoce como "fieles" del opus dei.

X, por llamarlo de alguna manera, ha justificado la propiedad del pisito ante sus conocidos con motivos como que es dinero de su familia, del que puede disponer. No lo dudo. Es una pista que me lleva a decir que le queda poco dentro de la obra. En conversación reciente, se lo hice ver y el respondió: "Estás muy equivocado, yo ya tengo pisito".

Yo creía que los numerarios estaban muy a gusto haciendo "vida de familia" en los centros. Por lo que se ve no están tan a gusto. Algunos de ellos me han comentado, cuando yo aún era de la obra, que la vida se hacía muy difícil. Ahora me lo explico con ejemplos como el que acabo de describir.

Si no escribo más estos días es poque se me ha estropeado la máquina del ordenador y he perdido la conexión a Internet. Hoy hace seis días que Telefónica de España me anunció que vendría a arreglarmelo. Me he visto obligado a escribir desde tiendas con Internet de la calle. He protestado y aún no me han enviado nadie. Antes de la avería, un que se dice numerario y que habla en el chat de opuslibros.com reconoció que había varios numerarios en esta situación. Ya el hecho de entrar en el chat me parece sospechoso y así se lo he hecho ver.

Otro hecho parecido al anterior, pero no igual, me ocurrió cuando pertenecí al centro de numerarios, agregados y supernumerarios llamado 'Lima', que tenía un "apeadero" al que íbamos los agregados. Como me habían echado de la sala de estar de aquel, una vez que leía las publicaciones internas me iba a al apeadero que conocíamos como 'K' en la calle General Yagüe. Pues bien muchas veces, un sacerdote numerario acudía allí a estar conmigo. Justificaba su presencia en el apeadero diciendo que quería aprender inglés, al disponer el edificio de antena parabólica.

El caso de X se ha repetido en una numeraria. Como todos somos tan discretos, contamos la vida a otros, que no tienen obligación de guardar el secreto y, al final, todo el mundo se entera. En el caso de la numeraria, según mi informador/a, no es un pisito sino un pisazo. De descubrir casos sabemos un poco los periodistas. Solo digo que los agujeros del "colador" de la obra se están agrandando y cada día se escapan "los miembros de la familia" con más años dentro de ella. Igual falla el pronóstico de Escrivá que el opus va a durar hasta el fin de los tiempos.

¡Oh tío Santiago!

El otro día, lo comentábais uno de vosotros, esta página le está ayudando a resucitar algunas de las vivencias que tuvo durante el tiempo que fue miembro de la prelatura. En mi caso concreto, estuve en la obra entre marzo de 1965 y octubre de 1998 solo tuve una oportunidad de trabajar con la familia del fundador, hoy San Josemaría. Como estoy empeñado en que se separa todo lo que viví en ese tiempo, sin censuras de ningún tipo paso a describiros la única vez que ese encuentro se produjo. Fue con el llamado 'tio Santiago', hermano del 'padre' como entonces le llamábamos y en la denominada 'casa vieja', del recinto de retiros 'Molinoviejo', en Ortigosa del Monte, provincia de Segovia, a 90 kilómetros de Madrid. Hago estas aclaraciones para que sepáis dónde situaros los de fuera de España...

Era el verano de 1971. Yo acababa de terminar el servicio militar. Estaba haciendo el llamado 'curso de estudios' de los agregados en Tajamar. Para los que no entendáis de esto, curso de estudios es un período de dos años -entonces se hacía solo en verano- en que los agregados reciben especialmente formación. Viene a equivaler al llamado 'centro de estudios' de los numerarios, pero en nuestro caso no se cursaba ningun asignatura filosófica o teológica, puesto que no todos los agregados pasar a cursar asignaturas de este tipo. Una de las partes más importantes de este período de formación es la llamada 'convivencia', equivalente a los que, cuando se cursan estudios, se denomina 'curso anual'.

Pues bien, en aquel verano se había ordenado Soichiro Niita, uno de los primeros numerarios de Japón y quizá el primero que se ordenó sacerdote. Deseaba celebrar su primera misa en Molinoviejo, quizá la primera casa de retiros de la obra, que había sido adquirida a una persona de la familia de don Jose María (este es con nombres separados) Hernández Garnica, uno de los tres primeros sacerdotes numerarios (los otros fueron don José Luis Múzquiz y Don Alvaro del Portillo). A la celebración acudió, como ayudante del nuevo sacerdote, Don José Luis Múzquiz. Esa misa se celebró en el oratorio antiguo de la 'casa vieja', en el que existe un sagrario, que está sostenido por cuatro figuras de ángeles, no se si de oro o dorados, que tienen actitud de oración. En ese oratorio existe una cruz de palo hecha con las vigas de la antigua errmita, hoy actualizada. De esa madera salen 'cruces de palo' para los primeros que pitan en cada país.

Para mí que fue el fundador el que quiso que los padrinos de la celebración de esa primera misa fueran su hermano 'tio Santiago' y su mujer, 'Fefa' (creo que ese es el nombre). Estaban acompañados --lo recuerdo perfectamente--, por Vicente Mortes (ex ministro de Vivienda del gobierno del general Franco) y su esposa; David Sell (un numerario que residía en Japón) y Don José Luis Múzquiz. Supongo --no estoy seguro-- que estaría don Florencio Sánchez Bella, entonces consiliario de la obra en España. También estaba don Giuseppe Angelicchio, el primer numerario de Italia y también sacerdote.

Dentro del curso de estudios, al estar cursando la carrera de periodismo, recibí el encargo de ser el fotógrafo. Como había fallado el fotógrafo oficial de la primera misa de Soichiro Niita, me encargaron de la tarea de realizar fotografías de la celebración. Eso sirvió para que viera de cerca al hermano del fundador y a su esposa. La impresión que saqué es que era una persona que representaba poca cosa: era bajo de estatura, muy feo y con gafas. Su esposa me dió la impresión de que se daba mucha importancia, como también Vicente Mortes (ya fallecido), que luego fue presidente de la Fundación Tajamar. Era 'vox pópuli' en toda España que este hombre era supernumerario del opus dei. Luego me he enterado que él estuvo de residente en la llamada 'Residencia Jenner', antecedente inmediato del Colegio Mayor Moncloa, en el periodo posterior a la Guerra Civil española. No se cuándo pitaría, pero luego fue de los primeros supernumerarios. El matrimonio no tenía hijos.

Recuerdo también que durante toda la misa estuve haciendo fotografías, lo mejor que pude. Como corresponde a los padrinos 'Tio Santiago' y su esposa, en el momento del lavabo de las manos del ofertorio, ofrecieron la jarra para el agua y la toalla. Eso lo reflejé en mis fotografías. Luego seguí observándoles otros momentos de la misa. Confiaba que todo saliera bien y así poder tener en mi colección algunas fotografías de aquellos a los que entonces consideraba mi familia.

Una vez terminada la ceremonia me dijeron que al día siguiente fuera a Madrid y entregara a un fotógrafo, llamado Portillo (puede ser familiar de Don Alvaro), en la plaza del Angel, cercana a la céntrica Puerta del Sol y la Plaza de Santa Ana, el carrete de la ceremonia. Luego me pregunté qué habría sido de aquel carrete de fotografías. Un día le eché valentía y acudí al fotógrafo 'Portillo' para interesarme por aquellas fotografías. La respuesta fue clara: no sabían qué había pasado con tales instantáneas. Siempre me he quedado con la duda si salieron bien o si se las quedó el fundador como recuerdo. No recibí más explicación.

Para mí, 'Tio Santiago' y su esposa 'Fefa' eran unas personas que guardaban mucho la compostura y eran distantes. Me da la impresión que no le gustábamos mucho los de la obra, pues me llegaron anécdotas de cuando era pequeño que preguntaba a su hermano qué se llevaba de la casa para su nido. Desde luego, visto aquello, no guardo un grato recuerdo de la experiencia. Siempre me pareció excesiva la veneración que se profesaba dentro de la obra hacia la familia de su fundador y, visto este caso, me ratifiqué en mi convicción. Por cierto, luego he sabido que este señor tenía ocho hijos. Uno de ellos, llamado entonces José María en honor de su tío, llegó a pitar, pero, a pesar del enorme cuidado dentro de la obra, abandonó lo que ellos llaman su vocación. Sin embargo me he enterado que uno de sus yernos, llamado Josep Manola, perteneciente a la embajada de Austria en Madrid, es de la obra como supernumerario.

Hinchar el pecho

Ante todo una consideración. Escribo este artículo conmovido por el estupendo que ha escrito Javier, un sacerdote diocesano que fue agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz durante unos cuantos años, que ahora nos sorprende con ese cariño que profesa por todos los que tenemos la consideración de ex. Los que quedan dentro de la obra se permiten el lujo de despreciarnos o de no dirigirnos la palabra cuando se encuentran con nosotros por la calle. Gracias por tu artículo. Yo ahora te escribo desde mi experiencia de casi 34 años como agregado en el opus Dei y más de 31 como redactor de información religiosa en un medio de comunicación de información nacional en España...

Una primera consideración: hincha el pecho, eres grande y siéntete orgulloso como hijo de Dios de ser sacerdote diocesano, que no es ningún grado menor dentro de la Iglesia, aunque algunos numerarios os parezcan mirar por encima del hombro. No eres menos que esos que a tí y a mí nos han influido negativamente para no continuar en una institución que se proclamaba nuestra familia y en verdad no lo era. Decían que en el opus Dei (escribo la primera palabra con minúscula de manera voluntaria, pues lo han empequeñecido) todos participaban del mismo puchero, pero con los hechos demostraban que eso no era cierto. Algunos de ellos (numerarios) podían estar en cualquier sitio, mientras que los agregados teníamos que estar como ayudantes de ellos, una especie de hermanos legos de las antiguas órdenes y congregaciones religiosas, aunque en la obra se dijera que no eran religiosos o frailes o monjas.

Me atrevo a decir que para la mayor parte de vosotros, los sacerdotes diocesanos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz (sss+), érais personas que no os enterábais del espíritu de la obra, pues --aseguraban-- teníais una "formación clerical" que hacía que no os enterárais. Incluso achacaban a los jesuitas, que, según ellos, controlaban la formación de la mayor parte de los seminarios. Esas mismas personas se sentían como una "iglesia paralela", sin que comprendieran que en el mundo existen muchos caminos para llegr a Dios. Hablaban una cosa que con los hechos desmentían. Ellos se sentían "laicos" y no les gustaba hablar de "seglares", aunque sí de "espiritu secular". Si conectaban con alguien de otro grupo apostólico, procuraban acercarle a ellos e incluso que se hiciera cooperador. Con eso, lo único que vivían es el único camino dentro de la Iglesia.

Unos pocos, solo unos pocos, según estas mismas personas, eran los sacerdotes de la sss+ que entendían a fondo la obra. Siempre se citaba a Lucas Mateo Seco, José Antonio Abad, y algún profesor de la facultad de Teología de Pamplona, cuyo nombre no recuerdo. Ellos que se decían en el mundo, parecían apartarse del mundo, pues el mundo tenía que amoldarse a lo que ellos querían y no existía otra interpretación que la de sus "laboratorios". Recuerdo perfectamente que durante unos pocos años en los centros de agregados contábamos con sacerdotes agregados de la sss+ para que confesaran, dieran meditaciones o predicaran los retiros mensuales. No olvido los nombres de Don Aurelio, un sacerdote asturiano que luego tuvo altos cargos en la diócesis de Oviedo, y don Alejandro, que luego fue canónigo de la catedral compostelana. Uno y otro estuvieron en Madrid y se aprovechó su estancia para realizar sus funciones sacerdotales en centros de agregados.

Cuando dejé la obra en 1998, los agregados solo teníamos relación con los sacerdotes diocesanos de la sss+ cuando deseábamos confesarnos con urgencia y era difícil acercanos al centro de la obra. No hay que olvidar que, dentro de la prelatura, se nos decía que teníamos libertad para confesarnos con cualquier sacerdote, pero se nos aconsejaba los de la obra y en especial el asignado en el centro. No digo nombres, pero el algún momento tuve más facilidad de confesarme con el de la sss+ de la parroquia que con el del centro, aunque existían otros sacerdotes residentes en el centro de numerarios, que sí nos atendían. Esto es totalmente cierto. Gracias tengo que dar a los que fueron tus compañeros.

Pienso que algunas personas en la obra solo se servían de los sacerdotes agregados o supernumerarios de la sss+ para eso, para confesar y, si acaso, exigían que vosotros aportárais vocaciones de numerarios, agregados y supernumerarios. Unos pocos, en un exceso de generosidad, admitían que enviárais alumnos a los seminarios diocesanos, si es que antes no se había visto la posibilidad de que tuvieran vocación al opus Dei. ¡Qué pena! Yo, que hacía información religiosa desde 1973, no entendía que alguien se pitorreara en las tertulias del centro de agregados del trabajo que hacía no solo con los obispos y sacerdotes diocesanos, sino con los religiosos y religiosas así como con personas de otras confesiones religiosas. Lo más que entendían es que esas personas pudieran llegar a ser "cooperadores" --se citaba siempre a las monjas de clausura-- o incluso "cooperadores acatólicos", a los que se podía tratar para convertirlos.

En mi empresa trabajó un sacerdote agregado de la sss+. Alguna vez me hizo ver la falta de "entendederas" que existía en la obra con relación a los que eran iguales a él. Me quedó claro que su superior jerárquico era el obispo, y solo recibía dirección espiritual de la obra. Un día contaré más detalles de lo que sucedió entonces, pero hoy no es el momento. En 1977 fue llamado por su arzobispo a una ciudad gallega, dejó el periodismo y acometió la tarea de construir una nueva parroquia. Luego le he perdido el rastro.

Javier, decías que se estaban yendo muchos sacerdotes diocesanos de la sss+. Otro artículo mío reflejaba #La sangría de los agregados. Así es. Aunque exista una página web de un agregado que sigue dentro que da nombres de los que continúan, os diré que se ha olvidado de muchos otros que se han ido de la prelatura, tras haber estado entre los primeros pitajes del Instituto Tajamar. Esa página no se puede hacer sin "la censura" de la obra. Tu puedes también escribir mucho de lo vivido dentro del opus Dei. Algunos ex me han pedido que escriba lo vivido como agregado, pues existen pocos testimonios y la mayoría son de numerarios o supernumerarios. Puedes marcar un camino. ¡Qué cosa más buena! Será sin rencor, aunque, como me ha sucedido a mí, me duela esa parte de mi vida, en la que entregué todo mi ser y luego otros se aprovecharon.

Mi primer artículo se titulaba "El 'Buen' Pastor" y ponía 'Buen' entre palos, puesto que el que tuve como director no fue mi buen pastor. No me auxilió cuando me hizo falta. Yo tenía dudas de si debía continuar. Fue como hablar con la pared. No me hizo caso. Al cabo de seis meses de mi marcha, a traves de un tercero, dijo que quería hablar conmigo. Javier, tu sí que puedes ser un "Buen Pastor" dentro de la Iglesia. No tengas complejo de los numerarios, que muchos de ellos van a su bola. Hincha el pecho, que ser sacerdote diocesano merece la pena.

Los ricos accionistas

Se ha repetido muchas veces en estas páginas que cuando te vas de la obra lo haces con una mano delante y otra detrás. Todos los que hemos vivido esa situación sabemos hasta qué extremo esto es cierto. Los que fuimos agregados lo podemos testificar, pero mucho más los numerarios que, en muchos casos, hasta han entregado a la prelatura el dinero, casas y acciones que les habían dejado sus padres. Los que voy a escribir, me ha venido a la mente tras leer el artículo de Luis Vallecas, que, con toda generosidad, dirmó la liquidación de sua acciones, que tenían un valor de 6.000 euros (un millón de las antiguas pesetas)...

Desde que me hice de la obra en 1965 entregué todo el dinero que gané o me dieron mis padres para mis caprichos. Por ello, salí con una mano delante y otra detrás, pero con una diferencia. Mi padre, que era muy listo, observó que no me quedaba nada para mis caprichos. Sospechó que se lo entregaba al opus, como el decía y ahora digo yo. En consecuencia, empezó a cobrarme una cantidad de dinero en concepto de contribuir a los gastos del domicilio familiar y la comida.

Mi padre fijó una cantidad simbólica en concepto de contribuir al sostenimiento de la casa. Lo dije en el centro de la obra y me lo aceptaron. Desde ese momento, mensualmente entregaba ese dinero en mi domicilio. Mi progenitor que era muy listo, decidió voluntariamente invertir a mi nombre ese dinero en acciones de una importante empresa española de telecomunicaciones. Menos mal que no se enteraron en la obra. No lo hubieran permitido.

Cuando salí de la obra en octubre de 1998, una de las primeras cosas que me planteé fue buscar un apartamento en un lugar que me gustara para cuando llegara la jubilación profesional. Así lo hice. Pensé que una localidad de la costa del Mar Mediterráneo podía ser buena y escogí La Manga del Mar Menor. Hice balance del dinero del que disponía de mis padres. Fijé la cantidad y, mira por donde se cumplió el deseo. Tenía vistas al mar, la mayor parte del año gozaba de buena temperatura, debajo existía un garaje para aparcar y, además con ascesor, lo que era muy conveniente para mi madre, que entonces ya contaba 83 años. Lo mejor de todo era que disponía de suficiente dinero.

Todo el dinero que obtuve por el ejercicio de mi profesión periodística había ido a parar a la obra. Claro que tenía la suerte de la vista que tuvo mi padre, al invertirme en una compañía de telecomunicaciones. Fuera de lo que entregaba a mis padres y lo que sacaba para mis gastos corrientes (gasolina de coche, comidas, periódico, ropa y locomoción), no me quedé nada. Calculo que dos terceras partes de mi salario mensual se lo "comía" la prelatura. Ese dinero que entregaba en el centro de la obra se destinaba, en algunos casos, a "empresas de la obra que no tienen beneficios". Así se me indicaba anualmente a la hora de hacer la declaración de la renta de las personas físicas al Estado. Por ello, se me insistiía, no debía figurar en tal declaración.

La sorpresa vino cuando dejé la obra. No debieron enterarse en tales empresas y me citaron a una "reunión de accionistas" en un despacho de abogados --todos pertenecientes al opus, por supuesto-- para hacer balance del año anterior, que siempre resultaba negativo. Pues bien, en el papel de citación para la junta de accionistas se me indicaba que yo disponía de tantas acciones de inmobiliaria tal, y tantas de tal empresa y tantas de una casa de retiros que figuraba con otro nombre. No revelo los nombres, pero tengo guardado tal documento en una caja fuerte.

El valor de todo lo que tenía en acciones era --pasmaos-- 12 millones de las antiguas pesetas, hoy euros. Haced un cálculo si queréis, a 166,366 pesetas cada euro... Era rico, un rico accionista, también en el dinero que había entregado a la obra. ¡Qué iluso! El tiempo me hizo pisar más firme en la tierra. Al cabo de dos años de dejar de ir por el centro de la obra, no me han vuelto a citar a "la junta de accionistas". Eso sí, cuando era de la obra, anualmente se pedía mi firma para que alguien me representara en la "junta de accionistas". De un manera mecánica yo estampaba mi firma en aquel papel que me presentaba uno de los miembros del consejo local del centro. Después, miau, miau, que diría un gato. Cuando firmé la baja definitiva en la obra, el 20 de enero de 2000, el encargado de agregados de la delegación de Madrid Oeste, me anunció que me iba a llamar otro día para que firmara la liquidación de "mis acciones". Cada vez que me llamó posteriormente le salí con evasivas. No me ha vuelto a insistir. ¿Qué hubiera pasado si hubiera reclamado esos 12 millones de pesetas? ¿Me los hubiera dado la obra? Me inclino por decir que no me lo hubieran entregado, alegando miles de motivos, que sabemos que tienen. No he vueto a saber más. Os garantizo que no he vuelto a ser citado a "una junta de accionistas de inmobiliaria.. de X, Y o Z".

Cuando alguien de una congregación religiosa abandona le ayudan para salir adelante, durante un tiempo. No sé de nadie que haya dejado la obra y le hayan ayudado con dinero. Todo lo contrario. Pero el opus no es una congregación religiosa y, en consecuencia, no da dinero a nadie pues es una prelatura. Así sales de la obra con una mano delante y otra detrás. Eso sí, un "amigo" que así se decía me preguntó de dónde había salido mi dinero de la casa de La Manga del Mar Menor. Le respondí lo de mi padre que os he narrado. No me había quedado ningún dinero de la obra. Sin embargo, en los papeles figuraba "12 millones de pesetas". Vamos, "un rico accionista"... de las empresas de... Decid quién es el propietario.

Usar y tirar

Ayer 15 de julio de 1943 fallecía en el Sanatorio San Francisco de Asís de Madrid Isidoro Zorzano, el segundo que se hizo de la obra, un joven ingeniero nacido en Argentina, antiguo compañero de estudios de san Josemaría en Logroño. que pidió la admisión en la obra en agosto de 1930, según dice la web oficial de la prelatura.

Como podrá observarse, he entrado en la web oficial de la prelatura esperando encontrar algo que recordara a este ingeniero, cuyos restos reposan en un nicho en la zona llamada de 'Los Héroes de Cuba', con el letrero 'In pace', al igual que otros muertos de la prelatura, y las fechas de 13 IX 1902 y 15 VII 1943. No aparece ningún letrero que diga que es Isidoro Zorzano...

Pues la página oficial del opus ni cita ese aniversario del 15 del julio... Y eso que han pasado 61 años. Ellos que son tan detallistas, han descuidado este detalle, teniendo en cuenta que se ha hablado recientemente de él en opuslibros.com. ¡Qué se le va a hacer! Como es verano y hace calor, la próxima vez llevaré flores de plástico para imitar a los del opus que me han precedido en ese cometido. Es lo más moderno y lo que gusta mucho a algunos/as.

Ya sabemos que Isidoro, así se le conoce dentro de la obra, fue el primero de la obra al que se abrió un proceso de beatificación en fase diocesana. Incluso últimamente hubo un tímido intento de volver a hacer una hoja sobre su vida y virtudes.

Una de las primeras medidas que tomaron en la obra cuando me fui consistió en dejarme de enviar las diferentes "hojas" sobre la vida y virtudes de los posibles santos. Por lo menos eso es a lo que aspiran ellos. También se me dejó de enviar convocatorias de los muchos actos que promueven los seguidores de Josemaría. No sé a quién dirigen sus escritos, pero a mí no. ¡Qué descarado lo hacen! Al principio, protestaba oficialmente a los responsables de la oficina de información del opus Dei en España, pero no servía para nada. He bajado la cabeza ante semejante "sordera" y los he dejado por imposibles.

El caso de Isidoro Zorzano es semejante al mío, solo que yo todavía no he muerto. Somos, como dice el anuncio, de "Usar y tirar". Como los guantes, como las toallitas para quitarse la crema que nos protege la piel del sol, como el tubo de la pasta de dientes cuando se acaba. ¡Qué fatal destino tenemos! Así se sirven de nosotros en el opus. Una vez que no convenimos a sus intereses, prescinden de nosotros.

He pasado un buen rato leyendo la página oficial. No me podía creer aquello. Isidoro Zorzano era ignorado. Lo más que dice la web del opus es, dentro de la biografía del fundador, que Isidoro Zorzano les mantenía contacto con el exterior a un grupo de seguidores de Josemaría durante la estancia en el consulado de Honduras en plena Guerra Civil española en 1937. He querido encontrar esa fecha de fallecimiento y no la he encontrado. Opuslibros está más al día que la página oficial.

La web oficial de la obra no narra nada de la vida de Isidoro Zorzano. Debo ser torpe porque no lo he encontrado. Mira que he buscado. Alguno de los seguidores que entran en la página pueden ayudarme o confirmar el hecho. Claro que dentro del opus hay un santo que ya está en el altar y los demás todavía no han merecido subir a los altares.

Por eso, cuando en el apartado de opuslibros se habla de libros silenciados nos podríamos incorporar muchas personas, no solo Isidoro Z, sino todos los que nos creímos lo que ellos predicaban y también hemos sido silenciados. Se ha repetido el anuncio de "usar y tirar".

Los ojos de los directores

Algunos cuadros antiguos representaban a Dios en un triángulo. Dios todo lo veía y nada se escapaba a su mirada. Pues en la obra es exactamente igual. Ha muchos medios de controlar a los "fieles" de la prelatura: la confidencia, la corrección fraterna, la dirección espiritual, el comentario del Evangelio, las tertulias y el diario que se lleva diariamente en cade centro. Todo ello se plasma, en muchos casos, en un informe que primero llega al consejo local o al director espiritual laico --no quiero pensar en el sacerdote--y, si es grave, a la delegación, a la comisión, al consejo general y.. hasta el mismísimo prelado, que yo ya no llamo padre. Perdonad las que me leéis, pero no domino el vocabulario de las que dicen que están "a mil kilómetros de distancia"...

En mis últimos tiempos en la obra tuve oportunidad de comprobar algunas de estas afirmaciones que realizo en este escrito. Me voy a ceñir al diario de cada convivencia anual. Como soy periodista, habitualmente se me encomendaba este encargo. Alguna vez se me pidió el texto, lo leyó el director de la convivencia y, finalmente, decidió que aquello no estaba bien y había que cambiarlo. Al estar acostumbrado en la redacción profesional, eso no me suponía gran esfuerzo. Lo que se reflejaba en el diario de cada convivencia eran los temas tratados en las tertulias, las conversaciones entre nosotros, las excursiones que hacíamos, las asignaturas que cursábamos y tantos y tantos hechos. Era el diario de una "familia", pero menos. El cuadernillo del diario era como el de un alumno de estudios primarios. Tenía renglones. Se pretendía que todas las palabras estuvieran en la misma línea. Aparentemente era normal, pero, con el tiempo, he visto que no tanto. Los ojos de los directores nos contemplaban desde lejos y, aunque estuvieran en otro lugar geográfico, en realidad estaban allí cerca.

Cada año que terminaba la convivencia, debía entregar el cuadernillo en dirección. No se qué paso un año. Tuve que ir hasta la delegación del Madrid Oeste (así se divide la capital de España y la otra es el Madrid Este). Allí dejé lo que había escrito sobre la conivencia. En algún momento el director de aquellos días me había recordado la necesidad de tener el diario al día. Alguna vez se me retrasó, pero lo corregí en poco tiempo.

En la vida, las cosas no ocurren porque sí. En la obra, mucho menos. Todo está cuidadosamente estudiado. El diario es un caso de éstos. Cuando ha pasado el tiempo, me he dado cuenta que si se hubiera contado algo menos conveniente para los participantes en la convivencia anualmente allí hubiera quedado reflejado. Era como el ojo de los cuadros antiguos. Dios todo lo veía. En este caso, los directores todo lo veían y tenían una especie de 'chivato' en el redactor del diario. Bastante esfuerzo hace el "fiel" de la prelatura al que se le encarga esta tarea. Los que somos periodistas estamos acostumbrados a contar todo lo que pasa. Por si había poco control, algunos de las convivencias, con toda su buena fe, narran hechos o sucedidos de esos días que oyen mientras eperan a recibir los platos de la comida en el comedor. Algunos tienen mucha gracia y así queda reflejado, pero, en otros casos, el "chivato" descubre algo que el otro no quisiera que se supiera.

En el último año del Colegio Mayor Ayete de San Sebastián, ya no tuve el encargo de redactar el diario. Duré solo once días, pues tuve que ir a atender a mi madre, que ya necesitaba mi presencia en su casa del pueblo. Existen sucedidos que se te quedan clavados y, aunque hayas dejado la obra, ya no los puedes olvidar. Este es el caso de la pregunta de un agregado sacerdote que me aseguró que iba a hacer una buena excursión, a lo que yo asentí y revelé que me iba por necesidades de fuerza mayor y que la excursión era larga.

Un hecho difícilmente reflejable en el diario fue la presencia de don Francisco Vives, creo que entonces director espiritual de la obra, en una tertulia en el Colegio Mayor Ayete. Fue el año anterior al de mi marcha. Estaba descansando en una casa cercana a nuestro lugar de estudios y descanso. ¿Qué reflejaba yo en el diario de la convivencia de aquella tertulia? Os aclaro. A cada uno se nos nota la profesión a la que pertenecemos. Yo, que no me callo nunca, se me ocurrió preguntar con un poco de salsa periodística. No le gustó nada. Me miró de arriba a abajo y no me acuerdo lo que me contestó. Me había clavado la mirada y os digo que tuve miedo, a pesar de mis muchos años en la obra. Eso es lo que tengo de recuerdo, que me clavó su mirada. Por lo visto, no se podía preguntar a lo periodista.

Se me ocurrió que la solución estaba en tratar de reflejar lo mejor posible lo que nos había aconsejado. ¿Por qué serán tan serios en la obra? ¿Por qué siempre están dando consejitos? Y todos debemos copiar en la agenda de nuestra vida interior para enviárselo a otros. Eso sí, el año que yo estuve de redactor del diario de la convivencia decidí dar un poco de jabón y de halagar para no tener problemas. Ya estaba yo con un pie fuera del opus. Se notaba y yo no caía en este detalle.

Un hecho curioso sucedió cuando una vez estuvo don Alvaro del Portillo en la Universidad de Navarra. Estaba pasando el verano en una casa a la que nos hacían llamarla todos 'Romanía'. Por supusto que ese no era su nombre, pero como había que guardar un poco de secreto, ese era entonces el apelativo de tal inmueble. Fui como uno más a la tertulia y tomé notas. Quedó todo reflejado en el diario. Me ceñí en la redacción a una línea oficial del opus. Si hace falta, los periodistas nos disfrazamos de lo que sea. Lo que no esperaban los ojos de los directores es que la tertulia de Don Alvaro en la universidad de Navarra iba a ser inmediatamente enviada a Paco Navarro, el primer agregado de la historia de la obra, que llevaba mi dirección espiritual en aquellos tiempos. Al tener yo hecha la fidelidad desde hacía mucho tiempo y Paco ser el primer agregado, los directores se confiaron.

Al llegar a Madrid, mi escrito a Paco Navarro se había extendido por toda la delegación de Madrid Oeste. Hasta los directores de la delegación lo citaban, Ya se sabe la manía que existe de solo hablar del padre. Pasado el tiempo, mis papeles fueron anulados. Se hizo una versión oficial que no coincidía en muchos puntos con la mía. Para colmo debía de llevar a la oración de la tarde "la versión auténtica" (la de los directores, vamos) en el centro de le delegación de la obra por donde iba. Conclusión: nada es inofensivo. El diario de las convivencias, el cuadernillo sobre los hechos que allí suceden, tiene como fin prolongar los ojos de los directores que todo lo ven. También eso sucedía en regímenes que no conviene recordar.

Nota: Nota del oreja: gracias al de sacerdotes que hemos colocado hoy, sabemos exactamente a cuántos kilómetros (¿mil, cinco mil, diez mil...?) tiene que estar la sección de varones de la de mujeres: a cincuenta mil, pág. 53

Quiero ser monseñor

No me he vuelto loco. Soy laico, relaico y requetelaico. No me ha entrado envidia con el arzobispado de Tarragona, para el que ha sido nombrado un sacerdote numerario, y con el de Burgos, para el que fue nombrado un sacerdote agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.. Si decía el fundador que el opus estaba en la Iglesia para servir... como la Iglesia deseaba ser servida. Que sea verdad...

He entrado, una vez más, en la página web de la preltura y, dentro de ella, en el boletín 'Romana', que da a conocer distintos aspectos de la vida de la Iglesia y de la obra. Una de las cosas interesantes de las que informa es que el Papa ha nombrado cinco prelados de honor de clero de la obra y 25 (!!!!!!) capellanes de Su Santidad a otros tantos sacerdotes numerarios. Esto sí que es ir poniendo un pie donde conviene. No es frecuente que tantos miembros de una institución reciban distinciones como las citadas. Entre los prelados de honor figura monseñor Fernando Ocáriz Braña, considerado el número dos de la prelatura y con muchas posibilidades a suceder a monseñor Javier Echevarría al frente de la prelatura del opus dei, si se produjera un fallecimiento en estos momentos. No hay que olvidar que es un teólogo estrechamente relacionado con el prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Joseph Ratzinger.

Lo que mucho le costó al fundador, obtener el título de monseñor, que luego aireó por todo el mundo, hasta el mundo de que algunos creían que era obispo, ahora a treinta de sus hijos les ha sido concedido de un plumazo. Pensar que el "santo de lo ordinario", San Josemaría, como le llaman en la página web de la prelatura, siendo solo monseñor, utilizó una vez vestimenta de color fucsia para ir a una recepción, y eso que solo era monseñor. Como sus hijos sigan el mismo ejemplo "ordinario", se va a ir al presupuesto del año en vestimentas especiales de seda para los treinta monseñores del opus. Que no nieguen esto en la prelatura que lo que digo ha salido oficialmente en 'Crónica' , la publicación interna de los hombres del opus.

Ahora, los nuevos prelados, a animarse, a vivir lo "ordinario" como el fundador, en cumplimiento de los derechos que se tienen, como es el de utilizar una sotana y acompañamientos de color fucsia. No se si eso va a servir en Roma, ciudad llena de "monseñorinos". Desde luego aquí, si se visten así, va a ser de carcajada. Por cierto, la palabra "monseñorinos" equivale en España a monseñores en pequeño. Traducido: "monseñoritos". Mi amigo de al lado me dice: "No pongas monseñoritos, que suena a señoritos". Me quedo pensando y llego a la conclusión, que si no son "monseñoritos" o "señoritos", sí tienen en casa "numerarias auxiliares" o doncellas que les sirven la comida con cofia todos los días. Y eso vale para todos ellos, que todos tienen cargos en el opus.

Estoy seguro que no utilizarán la sotana color fucsia de los obispos. Eso queda para la historia del "santo de lo ordinario", el que era uno más. Cuando los demás sacerdotes irán a las recepciones oficiales en traje de clergyman, ellos llevarán sotanas con fajín y los colores de las mangas serán de color obispo.

Se por experiencia que a cualquier sacerdote le cuesta sudar una fila de influencias para alcanzar el título de monseñor. Por lo que se ve, en el opus tienen una puerta abierta de modo especial. Ellos pueden conseguir lo que se propongan y los demás lo tienen muy difícil. Ejemplo: uno de los personajes con más peso en el Arzobispado de Madrid ha sido un sacerdote que ha trepado por diversos cargos. Al final no ha llegado ni a obispo, pero le han concedido el tíitulo de monseñor, con lo que, según se dice en el mundo eclesiástico, ya no trepará mas.

Una de las cosas que oí cuando pertenecí a la prelatura fue que los religiosos no podían ser nunca monseñores o prelados, salvo cuando fueran mombrados obispos. Los de la obra decían que sus sacerdotes, como eran diocesanos, sí lo podían acceder al "monseñoriado", si es que existe esta escala, que creo que no, pero me la invento. Bueno no solo han conseguido 30 monseñores prelados de una vez, sino que también han obtenido una vieja aspiración: la de tener obispos de su clero en España, en la persona de los arzobispos de Tarragona, el numerario don (para utilizar el vocabulario interno del opus) Joan Pujol y Burgos, el diocesano agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, don Francisco Gil Hellín.

Dulcísimo precepto

En un pueblo de España, cuyo nombre prefiero no citar, vivía un matrimonio, ya de edad avanzada. Dios había dispuesto que los últimos días de su vida, siendo ya mayores, los pasaran juntos. Qué felices fueron. Sus hijos, un varón y una mujer, habían abandonado el pueblo y pertenecían al opus dei como numerarios.

Claro los hijos casi no venían por el pueblo. Uno día y otro el matrimonio mayor insistía para que vinieran a estar unos días con ellos, pero eran palabras no atendidas. No venían. La enfermedad del padre debió ser llevada mayormente por la madre, sin que los hijos, numerario y numeraria, apenas vinieran...

Un día, el padre falleció. Era el momento en que los hijos vinieran al pueblo y acompañaran a la madre. Ésta pensó: vendrán a estar conmigo, estaremos juntos en el entierro y, por fin, podré estar con ellos. Se emocionaba por ello. ¡Qué momento más deseado!

Gran noticia, los hijos vinieron a estar con la madre, tan pronto como como supieron la muerte del padre. Abrazaron a la madre. Ella estaba emocionada. Le hicieron compañía durante aquel día. Parecía que habían vuelto los tiempos cuando los hijos eran pequeños.

Llegó la noche. El hijo varón dijo que no se podía quedar, pues debía viajar a la capital de provincia. La hija utilizó una excusa parecida. "¿Pero no os quedáis?", preguntaba la madre una y otra vez. Ellos insistían que no podían quedarse. Finalmente se fueron.

Cayó la noche. A la casa familiar le faltaba el padre. La madre se quedaba sola. Los parientes y amigos acompañaron a la madre hasta altas horas. Los hijos, numerarios del opus dei, ya se habían ido. Incluso algunas vecinas se ofrecieron a estar con ella aquella noche. Sin embargo la madre respondió: "Déjame que debo adaptarme a mi nueva situación".

Me lo ha contado uno del pueblo. Esto es real. Podría dar nombres y apellidos de los dos hijos numerarios. Este es el ejemplo que dejan algunos en sus familias y en las personas que les querían de pequeños pero, que visto un caso como éste, ya no son de la misma opinión.

Si el fundador del opus dei decía que los de la prelatura debían vivir con sus padres el dulcísimo precepto, este no es un ejemplo de esos cuidados filiales.

Yo era agregado. Cuando pedí más tiempo para dejar de dar charlas a supernumerarios mayores y poder atender a mi madre, que ya tenía 83 años, uno del centro me invitó a recurrir a mi hermano, pero, como podía contar poco con él, me aconsejó enviarla a una residencia.

Ya lo he contado en otra ocasión. Encontré una solución intermedia. Contraté a una señora que pudiera estar atendiendo a mi madre, hasta que yo regresara del trabajo. Cuando dije en el centro de la obra que iba a entregar menos dinero de mi sueldo, se me respondió que el salario de la señora se lo gastara mi madre de sus ahorros. Mostré mi extrañeza por tal actitud y se me respondió: "Si te va a dar lo mismo. La vas a heredar". Eso sí que es vivir el dulciiiiiiísimo precepto.

Dulces y cilicio

Hasta hace poco tiempo, algunos conventos de monjas de clausura suministraban cilicios a los numerarios y agregados del opus dei que lo necesitaban. Esta situación era frecuente, sobre todo, en los cursos y convivencias anuales que, sobre todo en el hemisferio norte, tienen lugar en estos días.

De acuerdo con las normas de la obra. Está previsto que numerarios y agregados del opus dei se pongan el cilicio en la la parte alta de la pierna para vivir lo que ellos llaman la mortificación corporal. Esto no se produce cuando es uno de los días de fiesta del calendario de la obra o un domingo...

Los días de fiesta en la obra son los de los santos patronos e intercesores; los apóstoles; las grandes fiestas de la Iglesia (Corpus Christi, Navidad, Anunciación) y, por supuesto las fechas de nacimiento y fallecimiento del fundador. Cuando yo me fui de la prelatura estaba incluida en el calendario de no ponerse el cilicio la fecha del pitaje (incorporación) de Don Alvaro del Portillo, el 7 de julio. Se puede decir que son muchas las fiestas en que uno se "libra" de utilizar el cilicio o las disciplinas (látigo de cuerdas). Estas últimas deben aplicarse en las nalgas el tiempo que dura una oración elegida por el autoflagelador.

Pues bien, hasta hace poco tiempo eran las monjas de conventos de clausura las que facilitaban esos instrumentos (cilicio y disciplinas) a los de la obra. Cuando yo me fui ya era la administración de los centros la que los facilitaba.

Una vez estaba yo en Córdoba asistiendo a un curso anual en los denominados Colegios Mayores de las Cajas de Ahorro, que se alquilaban durante el verano y que luego se han abandonado, debido al elevado precio. En aquella convivencia yo era el encargado de tienda. Era como un recadero. Recuerdo que recibí solicitudes de adquirir cilicios o disciplinas para los que participaban en el citado medio anual de formación.

Los de la zona que participaban en el curso anual indicaron un convento de monjas de clausura, cuyo nombre no recuerdo, para que adquiriera los cilicios y las disciplinas o látigos de cuerdas. Al llegar a la residencia religiosa, la conversación pudo ser más o menos la siguiente, delante del torno:

--NachoF: Ave María Purísima.

--Monja tras el torno: Sin pecado concebida. ¿Qué desea?

--NachoF: Deseaba adquirir dos cilicios.

--Monja: ¿De qué tipo y para qué los necesita?

--Nachof: Soy del opus dei. Me lo han encargado dos de la convivencia anual en la que participo. Los necesito de brazo (son los más pequeños).

--Monja: Ah, bien. Un momento. Nosotras somos cooperadoras (personas en este caso que rezan por la obra).

Al rato se oía girar el torno de las monjas, y se presentaban dos cilicios en un sobre. A través del torno se podía oir. Son tantas pesetas. Lo agradecí y seguí con la lista de compras de la tienda.

Estas mismas monjas que suministraban los cilicios a los de la obra, vendían a la vez dulces y vinos. Sabido es que los conventos de clausura suelen tener productos de alta calidad, que, naturalmente, no se pueden comparar con los cilicios. Seguro.

El Opus pierde anualmente 500 personas por fallecimiento

La prelatura del opus dei pierde anualmente más de 500 personas en los diversos tipos de entregas que existen dentro de esta institucióin religiosa, según se deduce de los datos publicados en su boletín 'Romana' que recoge datos de los dos últimos años, aunque del 2003 solo se publican datos del primer semestre.

El Opus Dei no es muy amigo de las estadísticas. Sin embargo, 'Romana' publica una lista de los fallecidos en el primer semestre de 2003, que fueron los siguientes: 249 numerarios, agregados y supernumerarios y 15 de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, vinculada al Opus Dei y formada por sacerdotes diocesanos en su mayoría. Todo ello hace un total de 264 fallecimientos de personas pertenecientes a esta institución...

Sumando datos de anteriores boletines de 'Romana', en el primer semestre de 2002 fallecieron 259 personas del Opus Dei, de los que 15 pertenecían a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, y 244 eran numerarios, agregados o supernumerarios de la Prelatura. En el segundo semestre de 2002, hubo 295 fallecimientos, de los que 27 eran sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y 268 eran numerarios, agregados o supernumerarios de la Prelatura. El número total de fallecimientos en 2002 fue de 554 personas.

Esta cifra de fallecimientos es muy elevada y representa una de las más altas de una institución de la Iglesia Católica. Tiene menos importancia, teniendo en cuenta que es una de las más numerosas. Sin embargo, las cifras oficiales de la prelatura indican que en 1991 el Opus Dei contaba con 74.710 fieles, con 1.385 sacerdotes, lo que hacía que hubiera 53 fieles por sacerdote. En 2001, el Opus Dei contaba con 82.715 fieles y 1.788 sacerdotes, con 46 fieles por sacerdote. En 2002 había 82.765 fieles, 1.819 sacerdotes y 45 fieles por sacerdote, y en 2003, había 83.641 fieles, 1.850 sacerdotes y 45 fieles por sacerdote.

El número de obispos con los que cuenta actualmente el Opus Dei, sin incluir los pertenecientes a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, pues no aparecen en las estadísticas oficiales de la prelatura, es de 19, incluido el arzobispo electo de Tarragona, monseñor Jaume Pujol Balcells. También cuenta con dos cardenales: Juan Luis Cipriani y Julián Herranz Casado. En Perú existen varios obispos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y en España, el arzobispo de Burgos, monseñor Francisco Gil Hellín. Recientemente monseñor Klaus Küng, obispo perteneciente al Opus Dei que rige una diócesis austriaca, fue nombrado por la Santa Sede visitador de un seminario en el que se han denunciado unos casos de pederastia y de relaciones sexuales entre profesores y alumnos.

En las estadísticas oficiales de la prelatura no se incluyen datos de bajas de las personas que, una vez se han incorporado, deciden abandonar la prelatura. Sin embargo en la página web 'opuslibros.com' se incluyen numerosos testimonios de personas que han dejado al Opus Dei despues de muchos años de entrega. En la citada web es frecuente encontrar testimonios de personas que se han ido después de 15, 20 y 30 años de entrega, que aportan su punto de vista a lo que ha sucedido dentro y cuál ha sido la causa de su marcha después de tantos años. Algunos incluso reconocen que han ocupado cargos importantes dentro del Opus Dei en varios países. Otros han sido directores de centros o se han encargado de grupos de personas.

Teniendo en cuenta el elevado número de personas fallecidas, se hace difícil entender que el Opus Dei siga aumentando. Las estadísticas oficiales de esta prelatura personal no señalan la edad media de los fieles de la prelatura. Es frecuente en instituciones de la Iglesia que la edad media del clero sea muy elevada, cercana a los 66 años. No parece ser esa la circunstancia de esta institución que ha aumentado en casi 10.000 personas desde 1991, a pesar del elevado número de personas fallecidas.

Los catecismos agotados

Ser informador religioso ha tenido muchas ventajas en mi vida. Puedo hablar de la vida de la Conferencia Episcopal en España desde el 14 de mayo de 1973, fecha en que me incorporé al medio de comunicación en el que trabajo actualmente y que no he interrumpido en todo este tiempo, aunque a más de un agregado, cuyo nombre prefiero no decir, le hubiera gustado, por deformación --naturalmente-- que no me hubiera dedicado profesionalmente a informar de la Jerarquía de la Iglesia Católica en España. Digo esto porque en las tertulias semanales a las que asistía era objeto de frecuentes bromas, que maldita la gracia que tenían. Al final, ellos querían demostrar que eran "más laicos". Cuando salí del opus, me encontré a uno de estos, y me pidió perdón por aquellos hechos. Eso le ha honrado...

Mi vida cercana a la Conferencia Episcopal Española ha hecho que, en muchos momentos, viviera lo que pensaban en la obra sobre ciertos obispos y que otras personas que ocupan cargos me informaran de algunos hechos que sucedían en las comisiones de lo que era antes de la calle Alfonso XI (allí está hoy la cadena de emisoras de las diócesis españolas) y hoy la calle Añastro, 1. Así, me he enterado de hechos que en la obra no se me informaba. Naturalmente me callaba, pues una cosa era mi actividad profesional y otra la de agregado del opus dei...

En un determinado momento de la vida de la obra, el fundador, San Josemaría, "el santo de lo ordinario", como le llaman en la página oficial de la prelatura, advirtió contra la doctrina dañina que se estaban infiltrando en la Iglesia a través de los libros y los catecismos. Incluso "el santo de lo ordinario" levantaba el índice de su mano y advertía que cuando dentro de la Iglesia se había suprimido el "Indice de libros prohibidos", él levantaba otro. Así de claro queda expresado en las películas oficiales de la prelatura. No me lo invento. Espero que no lo hayan suprimido.

Pues bien todo ese esmero para evitar "los virus" procedentes del modernismo y de la heterodoxia católica llevó a los directores (jefes) del opus dei a establecer que en los cursos anuales y convivencias de numerarios, agregados y supernumerarios los asistentes prinmeramente tuvieran que volver a estudiar el llamado "Catecismo del Padre Astete" en edición de una editorial en la que trabajaban algunos de los que entonces se decían "socios" del opus dei, terminología hoy abandonada, pues prefieren ser denominados, por consejo de los directores, "fieles" de la prelatura.

Paralelamente, apareció en la prensa una noticia en la que se indicaba que, según un estudio en el que habían colaborado varios de la obra, los catecismos oficiales y documentos de obispados, tenían un elevado tanto por ciento de errores doctrinales. Esto provocó un gran malestar en el Episcopado Español, que entonces estaba presidido por el cardenal Tarancón, y era vicepresidente el arzobispo de Sevilla, cardenal José María Bueno Monreal, uno de los que dieron clases a los tres primeros sacerdotes numerarios de la obra: Don Alvaro del Portillo, Don José María Hernández Garnica y Don José Luis Muzquiiz. Curiosamente era amigo del hoy llamado "santo de lo ordinario".

Algunas personas cercanas a la Conferencia Episcopal volvieron a hablar de que el opus dei era "una iglesia paralela", como ya se había dicho anteriormente en distintas ocasiones.

El catecismo del padre Astete ya no lo estudiaba nadie. Los directores de la obra "consideraron conveniente" (muy de su terminología) estudiar en los cursos anuales y convivencias un catecismo que había sido elaborado por la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, pero que había sido superado por uno posterior.

Sin ermbargo, en la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, se les estaban agotando los ejemplares de los catecismos antiguos que iban dirigidos a los párvulos y niños, en los que se estudiaban los aspectos más fundamentales de la doctrina cristiana. Pues sí, se agotaron, pero no por los colegios, sino --creo que no lo sabían los obispos--, porque eran empleados por los de la obra. Por lo visto, en el alto mando del opus desconfiaban de aquella doctrina que contaba con el visto bueno de la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede. ¡Qué cosas!

Un buen día se dejó de usar en los cursos anuales y convivencias de la obra ese catecismo de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, para estudiar el siguiente. Como siempre, el opus se había resistido a los nuevos textos de la Iglesia. En un artículo anterior, titulado #Resistirse a la reforma litúrgica ya contaba un caso parecido a este. Total, que primero usaron el catecismo del padre Astete y luego el de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.

Las cosas no quedan ahí. Durante mucho tiempo, en los centros de la obra se estuvo leyendo la edición de los Evangelios de Nacar Colunga. Un determinado día, los responsables de la obra desaconsejaron tal edición. Solo permitían en los centros las ediciones anteriores a 1969, estoy casi seguro. Yo salvé de la "hoguera" un ejemplar de Nacar Colunga que había adquirido por esos años.

Para suplir tal "desaconsejamiento", un grupo de profesores de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra comenzó a traducir los Evangelios en edición que fuera verdaderamente una traducción que ellos consideraban correcta suelen contar con la visto bueno del gobierno central de la obra) de los textos evangélicos más antiguos que se conocen. Para colmo, dentro de la Conferencia Episcopal, un día se produjo una duda sobre cuál era la traducción correcta en un caso que se trató. Un obispo, cuya diócesis hoy no cito, señaló que su traducción era la de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Se da la circunstancia de que tenía un secretario que era sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Puestos a analizar una y otra versión, al final se le dio la razón al obispo citado. Menudo tanto que se apuntó aquel día el opus.

Despues no he vuelto a tener noticias de este tipo. Quizá sea que ahora los obispos "largan" (revelan) menos cosas del interior de las asambleas plenarias que tienen lugar dos veces al año.

El opus ha terminado su versión de los Evangelios, que primero vendió en libros sislados, luego ha hecho ediciones y, al final, todo ha sido un negocio, eso sí, con el pretexto de guardar la buena doctrina.

El hermano extraño

En la obra, se suele recurrir mucho al psiquiatra para tratar a las personas que desean irse, pues no aguantan más con tanta presión. Ya sabemos, por artículos como el de Alberto Moncada, las supuestas "maravillas" que hace la cuarta planta de la Clínica Universitaria de Navarra. Eso es muy fuerte y nadie ha desmentido que se produzcan esas prácticas.

Aquí en Madrid existe también algún psiquiatra que trabaja en la Clínica Salvia que ha determinado que una persona perteneciente a la prelatura estaba loca...

Luego, acompañado de su director, el supuesto enfermo acudió al dictamen de un médico de la Seguridad Social, que determinó que no había ninguna base para dar tal pronóstico. Sin embargo, la persona que llevaba la charla del supuesto loco, siguió insistiendo que estaba enfermo, aunque existía un dictamen de uno que no pertenecía a la institución (otros le llaman la cosa). ¡Cuántas veces se ha utilizado este sistema de la supuesta locura! Yo ya conozco varios casos. ¿Tantos hay? ¿Cuál es la causa? ¿No será que se está abusando del "truco" del psiquiatra? ¿Por qué hay tantos supuestos locos en la obra?

Lo que sí me parece de psiquiatra es lo que voy a contar hoy. Eran dos hermanos y los dos habían pitado como numerarios en el opus dei. A uno de ellos lo conocí aquí en Madrid cuando este vivía en un centro que había en la calle Eduardo Dato, y que luego se abandonó, ante la oposición de los vecinos, que no querían que los niños del Club Dato estuvieran allí. Con el tiempo se trasladaron a los que hoy se llama 'Club Llambria'.

Pero me he desviado. Ese que residía en Madrid en el centro de la calle Eduardo Dato con el tiempo se ordenó como sacerdote. Todo iba bien. Sin embargo, un buen día, por una serie de acontecimientos, no uno solo, el sacerdote numerario del opus dei decidió dejar el opus. Al otro hermano, que seguía y sigue siendo numerario, no le gustó mucho. Por esa supuesta fidelidad, sustituyó "la sangre que tira", que se refiere a la unión entre hermanos, por la de "el que tira sangre". Vamos que ignoraba e ignora a su hermano de sangre.

Los sacerdotes del opus dei, si abandonan la prelatura, saben que no tienen seguridad social a la que acogerse. Se quedan a la intemperie. Si para cualquiera nos ha resultado dura la marcha, para ellos (los sacerdotes) es mucho más, sobre todo si se han pasado toda su vida entregados a tareas internas de la obra: primero como numerarios liberados y luego sacerdotes para todo (misas, meditaciones, dirección espiritual con gente de San Rafael o de San Gabriel o cooperadores, etc, etc).

Nuestro amigo ex residente de la calle Eduardo Dato tomó esa decisión ya mayor. Un matrimonio amigo le acogió --señores del opus, esto sí que es caridad--, le dejó su casa en un pueblo de Castilla y le pasó una pensión mensual de 600 euros (las antiguas 100.000 pesetas), cantidad con la que sobrevive.

Ahí no quedaron las cosas. Nuestro querido amigo --un ex, nombre con el que se nos conoce en la obra, si es que se nos menciona-- sufrió un infarto de miocardio. La situación pudo descubrirse gracias a que uno de los empleados del matrimonio antes citado se enteró. Acudieron algunos de sus amigos (entre ellos alguno ex, que sí le daba cariño). Su hermano de sangre fue advertido de la situación, pero no le ha visitado.

El sacerdote ex opus lo ha pasado mal. La herida es muy honda, no solo para el corazón, sino también para el otro corazón, el que va acompañado de cariño, que eso es lo que sucede en las familias bien avenidas. Sin embargo, las razones de la obra ha pesado más que las de ser hermano de sangre. Este fiel que sigue en la prelatura no es un hermano de sangre, sino un hermano extraño, pues así se ha portado.

Otros casos parecidos llegan. Se del caso de uno de la obra e hijo de supernumerarios que cuando decidió abandonar la prelatura después de muchos años en su casa no le acogieron. Y eso que eran sus padres. Luego decía el fundador, el llamado "santo de lo ordinario", que el opus unía a las familias...

El santo polivalente

Dice el Diccionario de la Real Academia Española que "polivalente" es el que vale para muchas cosas. También se aplica a lo que está dotado de varias valencias o eficacias. Pues bien, he descubierto que los responsables de la prelatura a San Josemaría, el Santo de lo Ordinario, le aplican no solo ésta función de "santo de lo ordinario" sino también la de participante del Camino de Santiago...

En efecto, la página web oficial de la prelatura nos ha hecho un descubrimiento en una noticia titulada "San Josémaría, en el Camino de Santiago". La información dice: "Desde el pasado 21 de julio un relieve en bronce de San Josémaría, junto a los de otras 19 personas relacionadas con el itinerario jacobeo da la bienvenida a los peregrinos que, por el Camino francés, enfilan la entrada a la meta de Santiago de Compostela". El conjunto es obra de Cándido Pazos y forma una puerta denominada 'Porta itineris Sancti Jacobi'. Chapeau por la manera de hacer historia.

La cosa no queda ahí. Los personajes que figuran, junto a San Josemaría, en la "Porta itineris..." son, entre otros: Juan Pablo II, Santo Domingo de la Calzada, el Papa Calixto II, Diego Gelmírez, Isabel de Portugal o Jan Van Eyck. Para que el impacto no sea tan grande, aparece en la "puerta" Isabel de Lucerna, una peregrina que falleció antes de llegar a Santiago, como un recuerdo de las vicisitudes que sufrían los caminantes. La perelatura justifica su postura en el hecho de que "San Josémaría estuvo allí en 1938, ganó el Jubileo y puso una dedicatoria", para mí como muchos de los que van. La "polivalencia" no conoce límites. Aprended.

Hasta que el hoy cardenal Antonio María Rouco Varela fue designado arzobispo de Santiago de Compostela el camino de Santiago era conocido, pero no tenía la importancia que tiene hoy. A él se debe el auge de este itinerario. Ahora que son muchas las personas que hacen el recorrido, el opus se ha apuntado a que Josemaría esté en la parte más fácil del recorrido: la entrada de Santiago por el llamado "Camino francés" que es el más frecuentado por los peregrinos.

En la línea de la "polivalencia" propongo que San Josemaría sea llamado "el Santo Marqués de Peralta". Entra en lo lógico. Ya en vida solicitó y obtuvo tal marquesado, que luego cedió a su hermano Santiago. Vamos un modelo de generosidad y de "santo de lo ordinario".

Mi vecino de al lado me dice: "Mira Nachof es un título o denominación aún no estrenado que puede usar. Recuerda que San Francisco de Borja, uno de los mucos santos jesuitas, era llamado 'el santo Duque de Gandía'. Existen santos reyes (Fernando III y Luis de Francia), santas reinas (Isabel de Hungría), santo duque (Francisco de Borja) y faltaba un santo marqués, que puede ser el de Peralta. Condes no recuerdo".

Respondo a mi amigo: "Mira X --no quiere que se conozca su nombre, pues es ruboroso-- es un nuevo título para la polivalencia y hay que estrenarlo. No se te olvide que es un nuevo título de sangre azul que llega a los altares". Propongo a la prelatura que le una este título. Hablo en serio.

Sin embargo, existe una cosa que no me acaba de convencer. San Francisco de Borja, que tenía el título antes de hacerse jesuita, renunció a esta distinción para entregarse a Dios. San Josemaría fue al revés: no tenía el título, lo solicitó, lo consiguió y, al cabo de un tiempo, se lo cedió a su hermano, que por ciento no consiguió el título de Barón al que aspiraba. Lo justificó -solicitar el marquesado- en base a los derechos que tenía su familia.

Miedo a los directores

Dentro de la obra se nos solía decir que una de las peores tentaciones que podíamos tener era la del miedo a los directores. La afirmación se basaba en frases del fundador y se nos aseguraba que en el opus todo tenía arreglo, cosa que, pasado el tiempo, no tenía ninguna base.

Desde que comencé a escribir en opuslibros.com, toda mi vida se ha revuelto. Me explico, he pensado una y otra vez en lo que he vivido durante los casi 34 años dentro de la obra y he llegado a la conclusión de que los directores no querían nuestro bien, sino sacarnos todo el partido posible en lo económico, dominar nuestra mente, separarnos de nuestras familias y cortar con los que fueron nuestros amigos desde la infancia y primeros estudios para sustituirlos por esa que se decía "nuestra familia", que de esto tenía poco, y de "los auténticos amigos", a los que se añadía el calificativo de "hermanos", que es totalmente falso. No hay más que ver que, una vez que te vas, miran para otra parte o para el cielo para no encontrarse contigo.

El otro día tuve una reunión con un grupo de "ahora realmente amigos", a los que invité a cenar. En un determinado momento, uno de ellos exclamó: "Esto es lo que hubiéramos hecho en la obra si nos hubiera tratado con el mismo cariño de los primeros momentos". Sin darnos cuenta, la conversación se había prolongado hasta la una y media de la mañana. Señal de que estábamos a gusto.

Cuando entras en la obra todo es muy agradable. Existe un ji jí y un ja ja. Percibes que estás en el sitio que había soñado desde que eras pequeño. Yo pité con 20 años recién cumplidos, cuando estudiaba la carrera de Derecho. ¡Qué bien se respiraba en la conversación con Martincho el director del centro de General Oráa, 5 por el que iba en 1965! Qué alegría que en la misma noche del 19 de marzo de ese mismo año se hiciera de la obra otro de mi curso, que ahora firma en esta web con el seudónimo de "Harto", señal de que también lo ha dejado. Volverle a encontrar ha sido una de las grandes satisfacciones en mi vida de estos últimos años. ¿Verdad que sí compañero?

Fue un espejismo. Esa satisfacción me duró poco. Pronto descubrí que la obra no era un camino de rosas, sino de muchos intereses, en los que los directores tenían una parte importante de protagonismo. No obstante, yo perseveré, pues había dado una palabra a Dios y no estaba dispuesto a que por mí se rompiera a la primeras de cambio.

En efecto, una serie de directores que tuve después de Martincho me desmostraron que muchos de ellos tenían poco corazón y lo justificaban invitándome a gobernarme más por la cabeza, cuando en realidad trataban de autojustificarse. Por cierto, durante mi estancia en el centro Vitrubio,3 en la temporada 1965-66 coincidí con Alberto Moncada, que era un residente más y aún no se había ido del entonces instituto secular, aunque al fundador no le gustaba esta denominación.

Los casos más clamorosos de ejemplo de "miedo a los directores" me ocurrieron, sobre todo, con Paco y Oscar, director y secretario del centro Recoletos, 5, el primero que tuve cuando pasé de numerario a oblato (hoy agregado) en el curso 1966-67. Aquella temporada tuve miedo de Paco y así lo comenté en la charla fraterna. Nos daba gritos como señal de autoridad. Se me argumentaba que él era así, pero yo argumentaba para mis adentros que el "miedo a los directores" tenía una base real.

No se me puede olvidar. Aquella temporada el que llevaba mi charla era Oscar, otro "personaje" a incluir en los de "miedo a los directores". En una convivencia anual de la obra en la residencia de ingenieros del pantano de la Fuensanta, entre las provincias españolas de Albacete y Murcia, se me ocurrió gastarle una broma junto con otros de los participantes en el curso. La respuesta fue insultarnos y decirnos que "éramos como novicias". No se me ha olvidado la frase. Claro, era el director y se lo podía permitir. Yo tragaba, pensando que iba a desaparecer del centro, como así sucedió. Con el paso de los años, he visto que mi "miedo al director" era cierto. Estando un verano de la década de los noventa para comenzar un curso anual en el Colegio Mayor Ayete de San Sebastián, no me había dado cuenta que estaba aquel Oscar como director. Por supuesto que el no saludó. Y cuando yo lo hice, no tuvo ni un detalle de cariño. Muy bien. Muy bien.

El tiempo que pasé dentro de la obra me hace recordar a uno de los máximos responsables de la obra en España durante las décadas de los años sesenta, setenta y ochenta. Tanto duró. No eran frecuentes las tertulias con este director, pero cuando venía te quedaba recuerdo para rato. No es una expresión metafórica, puesto que una de sus bromas especiales eran unos tortazos. Era una broma, pensabas para tus adentros. No podías ser susceptible. Lo malo de todo es que este "personaje" pocas sonrisas soltaba. Que Dios le perdone. Un ejemplo de "miedo al director".

Algunas veces yo era tan ingenuo que pensaba que los directores tenían una gracia especial para conocernos. Acertaban plenamente en los consejos que te daban, y, sin darte cuenta, hasta atribuías sus palabras a una ayuda del Espíritu Santo. Como que no hacían informes sobre tu vida, hecho sobre el que ahora me rebelo. No se paraban en utilizar toda clase de artes con tal de descubrir todas tus intimidades.

No tenían corazón. Lo demostraron los directores cuando una y otra vez yo les entregaba mensualmente casi todo mi sueldo (unos dos tercios) y ellos en cambio, cada vez que pedía un dinero para poder arreglar las cosas de la casa donde vivía, ellos me negaban cualquier cantidad, bueno no me negaban, siempre utilizaban cualquier pretexto para retrasar la petición, que al final no se cumplía. Mi interior se estaba convirtiendo en una caldera a punto de explotar ante tales hechos. Eso sí, ellos arreglaban y requetearreglaban su casa cada año, mientras no se nos concedía a los demás. Pasado el tiempo he visto que se basaban en el hecho de que mi familia gozaba de una situación de clase media. Por ello, decidí que no me volvían a engañar, como así ha sucedido, al haberme ido de la obra.

Existían meditaciones u charlas de los sacerdotes en las que se nos invitaba a los que entonces éramos de la obra a vivir la sinceridad salvaje y no ocultar nada. No se me olvidarán los paseos que, en algunas ocasiones, daba con los sacerdotes de los cursos anuales y éste me preguntaba con todo descaro por la sexualidad. Otro caso de "miedo a los directores". ¿Qué pretendían? En la obra dicen que el sexto mandamiento es el sexto, pero, una vez vivida la experiencia, he llegado a la conlusión de que para ellos sino es el primero, está muy cercano a ser el primero.

Las sombras dolientes

En el opus dei existen una serie de personas que llevan su dolor con dignidad y que, sin embargo, los que les rodean saben muy poco de ellos, aunque se les note el sufrimiento en la cara. Cuando los de la calle les ven, comentan: "este sufre mucho". Hoy voy a narrar tres casos, de los que dos los he vivido y el tercero, aparece en los "libros silenciados" de OpusLibros...

Ya he comentado alguna vez que llevo haciendo información religiosa desde el 14 de mayo de 1973. Por ello, he conocido la actividad de la Conferencia Episcopal Española y los que trabajan en sus dependencias. Uno de ellos fue --ya no vive-- don Alfredo García Suárez, que era director espiritual de la obra en España cuando pité el 19 de marzo de 1965. Yo le profesaba un gran cariño, pero pocas veces pude dialogar con él.

Los últimos años de la vida de Don Alfredo García Suárez trascurrieron en gran parte en las oficinas de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis del Episcopado español, donde era uno de los expertos que allí trabajaban. Le veía muchas mañanas, cuando me acercaba a informar como periodista, paseando por los pasillos mientras rezaba el rosario muy concentrado en lo que tenía entre sus manos. Otro empleado de la Casa de la Iglesia me comentó: "Cuánto sufre ese sacerdote. Se le nota"

Don Alfredo no vivía en una residencia de numerarios del Opus Dei, sino con el obispo emérito de Segovia, monseñor Antonio Palenzuela, que, en su día, fue presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis. Se notaba que sufría. Yo tenía contactos con directores de la Obra tanto de la Comisión Regional, la Delegación del Madrid Oeste o en mi centro. Nadie me dio ninguna pista sobre lo que le sucedía. Solo se veía que estaba solo.

Esa no residencia en un centro de la obra no fue obstáculo para que, a su muerte, algunos periódicos españoles de tirada nacional incluyeran grandes esquelas firmadas por la vicaría regional del Opus Dei en España en las que se anunciaban los funerales en iglesias regentadas por sacerdotes la prelatura. Había muerto, por lo visto, dentro de la obra. Me han quedado muchas preguntas sobre su vida y por qué vivía fuera de un centro, siendo como era sacerdote numerario. Yo creí que no me conocía y alguna vez me dijo: "Hola Nacho". Luego no hubo más conversación. Eso es lo máximo que recuerdo.

Preparando este artículo, he encontrado en el boletín 'Romana' del primer semestre de 2000, una reseña sobre el fallecimiento de Don Antonio Ruíz Retegui, algunos de cuyos libros se encuentran silenciados, aunque se reproduzcan en el apartado correspondiente de OpusLibros. Me he enterado que nació en San Fernando (Cádiz, España) el 7 de septiembre de 1945. Por lo tanto he tenido la suerte de nacer en ese mismo año. Yo también soy de 1945.

La reseña de 'Romana' dice que acabó sus estudios de Física en 1967, año en que se trasladó a Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología. Recibió la ordenación sacerdotal el 15 de agosto de 1971. Se añade que durante años trabajó como profesor y capellán en la Universidad de Navarra y profesor de Teología Dogmática en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (en aquella época no tenía este rango) en Roma. En 1990 se trasladó a Madrid atendió "una ingente labor pastoral". Sus funerales fueron oficiados por el vicario regional (en vocabulario interno consiliario) de la obra en España.

Sin embargo, el texto de la prelatura no habla de las diferencias que tuvo Ruiz Retegui dentro de la obra. Así queda puesto de manifiesto en un artículo en opuslibros.com de Jacinto Choza, ex profesor de la Universidad de Navarra y compañero de tertulia de don Antonio Ruiz Retegui. Por lo que se ve, no pasaba nada. Sus funerales fueron oficiados por el vicario regional (en vocabulario interno consiliario) de la obra en España. Sí señor, muy bien cubiertas las apariencias.

Por circunstancias de la vida, tuve la ocasión de tratar a Agustín Thomas Moreno, un supernumerario del Opus Dei que conoció al fundador, hoy San Josemaría, el Santo de lo Ordinario y el que llamo "Santo Polivalente" y "Santo Marqués de Peralta", en 1935. En diversas ocasiones, Agustín me contó cosas de aquellos primeros años, cuando la obra tenía una residencia en la calle Ferraz, antes de trasladarse a otra en la misma calle, que fue destruida durante los primeros momentos del asalto al Cuartel de la Montaña de Madrid, en los primeros años de la Guerra Civil en 1936.

Agustín Thomas --no sé si vive-- había llegado al fundador de la Obra aconsejado por su entonces confesor, don Blas Romero, en 1935. Insistí varias veces en el centro del Opus Dei para que se le tomara narración de lo vivido, pero nadie me hizo caso. No le he visto tampoco citado en ninguna publicación oficial. Era un caballero. No se daba importancia y lo llevaba con dignidad. Debo aclarar que Agustín visitó varias veces al fundador y perdió todo contacto, hasta que volvió en 1975 y escribió la carta de admisión como supernumerario.

Son tres casos de lo que se pueden llamar "sombras dolientes". ¿Se dan cuenta los directores de la obra la cantidad de personas que sufren en silencio las incomprensiones de otros cercanos, a los que llaman "hermanos"? Aquí he citado tres casos. Seguro que existen muchos más.

Atraer a los populares

El 'Santo Marqués de Peralta', San Josemaría, solía decir que había llevar a Cristo a la cima de todas las actividades humanas. De ahí que insistiera una y otra vez en la importancia de "tratar" apostólicamente a personas que tuviera un peso específico en la vida pública, como son los actores, los que participan del mundo cinematográfico, los toreros, los futbolistas, los escritores y las personas que intervienen en programas de televisión...

Por experiencia sé que lo que diga un personaje popular sobre algo tiene un gran impacto en la opinión pública. Durante mi pertenencia a la obra, alguna vez se me dijo que eso era tan apostolado de la opinión pública como el de los periodistas.

Esto, en parte, se ha cumplido en algunos momentos de la historia de la obra, pero no siempre con los resultados que hubieran deseado los directores de la hoy prelatura o de las personas que quisieron "tratar" a esos populares. Citemos algunos casos de los que tengo constancia.

En un determinado momento 'Crónica', revista de los hombres del opus dei, publicó un artículo titulado 'Primera división', en el que se refería a un momento del Club de Futbol Betis Balompié de Sevilla, en el que se llegaron a juntar dos supernumerarios, un agregado (entonces denominado oblato) y un sacerdote capellán, durante el final de los años sesenta.

Uno de los que participaban de ese grupo era un defensa que llegó a jugar en la selección nacional de fútbol. Era un jugador brusco en sus movimientos que con el tiempo pasó a otro gran club, el Valencia, en el que jugó como defensa izquierdo, tras ser traspasado por una elevada suma de dinero. Al poco tiempo de llegar a este club abandonó la obra y se casó. ¿Quién recibió el dinero del traspaso? Es un asunto que siempre m he preguntado. No tengo respuesta. Quien entienda de fútbol sabrá que me estoy refiriendo a Antón. También es conocida la relación que han tenido con el opus dei los ex presidentes del Club de Fútbol Barcelona Josep Lluis Núñez y Joan Gaspar. Ambos han sido cooperadores.

Uno los toreros que mayor importancia ha tenido en la España del siglo XX fue Antonio Mejías, conocido como 'Antonio Bienvenida', y que debía esta apellido a ser el apodo de toda su familia. Murió a consecuencia de un golpe dado por una vaquilla durante una tienta de reses. Era supernumerario del opus dei, lo mismo que Alvaro Domecq Díez, uno de los grandes rejoneadores o toreros a caballo, que aún vive y hoy posee una importante ganadería de toros bravos denominada 'Torrestrella'. A Alvaro Domecq Díez, cabeza de una familia de rejoneadores, se debe la finca 'Pozoalbero', casa de retiros espirituales y de convivencias de la obra en las cercanías de Jerez de la Frontera, pues está construida en unos antiguos terrenos suyos. En esta finca estuvo el fundador de la obra durante sus dos meses de catequesis en 1972.

La revista 'Crónica' informó en otro momento que se había celebrado una convivencia para toreros, en la que en una de las fotografías podía verse a Antonio Ordóñez, uno de los grandes toreros de todos los tiempos, que no llegó a hacerse de la obra, junto a Alvaro Domecq Díez y algún banderillero, que luego no perseveró. No se me olvida que durante la segunda reunión de la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra, celebrada en septiembre de 1967, se celebró una corrida de toros en la plaza de toros de Pamplona, con el fn de recaudar fondos. Actuaron algunas de las principales figuras de aquel momento. El hecho se difundió en la prensa nacional y algunas revistas.

Una de las grandes figuras del atletismo español de todos los tiempos fue el saltador de longitud y de triple salto Luis Felipe Areta Sampériz, hoy sacerdote numerario, que participó en los Juegos Olímpicos de Roma. En su época de secretario del Centro Vitrubio intentó atraer a algunos atletas, de los que solo uno se hizo de la obra, pero abandonó al poco tiempo.

En el mundo del atletismo, existe Jesús Angel García Bragado, un condecorado atleta de 50 kilómetros marcha, que fue agregado y hoy no pertenece a la obra. Lo curioso de su centro, me comentó otro ex, fue que durante un tiempo se hablaba en las tertulias de sus conquistas deportivas. En el momento que se fue, pasó a ser ignorado.

Una de las primeras películas que se hicieron del Intituto Tajamar en los años sesenta estuvo dirigida por Antonio Mercero, que entonces era de la obra. Con el tiempo la abandonó y ha realizado series televisivas de gran éxito, junto a algunas películas de gran acogida en las salas de cines comerciales.

En televisión española hubo en los años setenta un presentador de programas musicales que llegó a Madrid procedente de Sevilla. Era agregado. Al poco tiempo de llegar a la capital de España, abandonó.

Una actriz de gran éxito en los años cuarenta y cincuenta fue Catalina Bárcena, que se confesaba con sacerdotes de la Basílica Pontificia de San Miguel, regentada por el opus dei. Uno de sus herederos explicó hace poco, al presentar sus cartas con el literato Gregorio Martínez Sierra, que los referidos clérigos le habían aconsejado destruir la correspondencia, pues aquel estaba casado. Sin embargo, Catalina Bárcena se negó. Con el tiempo estos escritos se han publicado.

Vocación de segunda

Desde que llegué al opus dei se me enseñó que en la obra existía un solo puchero, del que todos (numerarios, agregados, supernumerarios y sociedad sacerdotal de la Santa Cruz) sacaban provecho. Era, se nos decía, una única vocación. Todas tenían un origen divino. Sin embargo, despues de haber vivido intensamente mi entrega durante casi 34 años, he llegado a la conclusión de que tal frase es mera teoría y los hechos demuestran que no es el mismo trato para unos que para otros...

El director del centro donde pité como numerario en un principio, al que ya me refería en otro de mis artículos, me comentaba entonces que los numerarios era los que gobernaban el opus dei e incluso, tras una pregunta mía, aseguró que eran como la sangre para cualquier cuerpo. Pienso que eso no lo hubiera afirmado tan tajantemente si se hubiera enterado que posteriormente yo iba a pasar a ser agregado (entonces la denominación era la de oblato).

Una vez más, me he entretenido leyendo el boletín 'Romana' de la prelatura. De los ejemplares que figuran en Internet se llega a la conclusión de que existe una iglesia pública de primera para las ordenaciones sacerdotales de los numerarios y otras de otro tipo para los agregados.

Los hechos son los siguientes: el 6 de septiembre de 1998 el prelado, monseñor Echevrría, ordena 3 agregados en la parroquia de San Alberto Magno, cercana al Instituto Tajamar de Madrid, y 31 numerarios, el 13 de septiembre, en la Basílica de San Eugenio de Roma, regalada por la capital italiana al Papa Pio XII.

En 1999, 11 numerarios son ordenados sacerdotes en San Eugenio de Roma el 6 de enero; 2 agregados en la Basílica de San Miguel de Madrid, el 6 de septiembre y 24 numerarios en San Eugenio el 12 del mismo mes. En la misma basílica, se ordenan diáconos 11 numerarios el 11 de diciembre.

Los 11 diáconos numerarios son ordenados sacerdotes en San Eugenio el 28 de marzo de 2000. Este mismo año, el 2 de septiembre, en la Basílica de San Miguel de Madrid se ordenan sacerdotes 3 agregados, y el 9 de septiembre, 18 numerarios, en San Eugenio.

La Basílica de San Eugenio de Roma es el lugar habitual de las ordenaciones de sacerdotes numerarios. Así sucede el 2 de junio de 2001 (10 numerarios); el 6 de octubre del mismo año (24 numerarios) y el 31 de mayo de 2003. La excepción tuvo lugar el 1 de septiembre de 2002 con 37 numerarios ordenados en Torreciudad. Ese año los agregados fueron ordenados en la Parroquia de San Miguel de Pamplona.

Lo que acabo de escribir es un detalle más del clasismo que existe dentro de la obra. ¿No se decía que había un solo puchero y que todos eran iguales? En un artículo publicado en opuslibros.com, firmado por Amapola, se decía que las numerarias auxiliares debían tratar a las numerarias como señoritas. Vamos que en el mismo sistema clasista que existía en la España de 1950. Claro en el opus se evoluciona muchísimo. Están al día.

Es frecuente que si un agregado se encuentra en su centro en el que existe una residencia de numerarios tenga que ir a la calle si es que desea tomar un café o una bebida refrescante a media tarde. En mis casi 34 años dentro de la Prelatura contadas veces se me invitó a merendar con los "hermanos" numerarios o se me ofreció la posibilidad de acercarme al comedor de ellos. De ahí que se produzcan casos como los que describí en un artículo anterior mío en el Colegio Mayor Ayete de San Sebastián, donde para ir a la piscina, no se podía ir en línea recta, pues había que atravesar una residencia de numerarios. Había que salir al jardín y hacer un recorrido de curva.

Las personas que suelen servir habitualmente los aperitivos o las meriendas en los centros de agregados suelen ser precisamente los designados por el consejo local entre los mismos agregados que frecuentan el apeadero. Un caso clamoroso se suele producir los 2 de octubre, fiesta de la fundación del opus. En el centro Amaniel al que pertenecí yo hasta el 28 de octubre de 1998, se solía traer una bandeja llena de langostinos, que al final terminaban sobrando. A ello se unía la buena voluntad del correspondiente encargado que, algunas veces, traía cosas hechas en su domicilio familiar.

Los centros de numerarios --no sé si siguen igual-- eran diferentes. La Administración del centro tenía un equipo de numerarias auxiliares que dejaba primero un carrito con las bebidas --nada de alcohol, fuera de la cerveza-- y unos aperitivos, muchas veces elaborados especialmente. De ahí que cuando habitualmente un agregado va a una convivencia en un centro con Administración de la obra, lo pasa especialmente bien en las comidas. El nivel baja mucho si el lugar del curso anual o curso de retiro es en una casa sin Administración de la obra.

Los centros de numerarios disponen de un armario con las publicaciones internas. Un agregado no dispone de un adelanto como el que he citado y debe ir al centro de numerarios, si es que desea leer ´'Crónica' u 'Obras', las dos publicaciones internas, o leer los diversos tomos de Meditaciones internas de la obra. La mayor parte de los centros de agregados no disponen de sagrario con el Señor.

Un caso especialmente de relieve me sucedió un año durante una convivencia en la casa de Retiros de La Pililla, cercana a Piedralaves (Ávila, España). Aquel mes de julio pasé tanto calor que yo, que habitaba en la habitación denominada con la letra 'Ñ' , me puse malo. En el techo de mi habitación se enontraba el tejado de la casa, por lo que al dar el sol se convertía en un horno. El médico aconsejó que dejara aquel lugar y pasara a una habitación más fresca con cama con dosel y un cuarto de baño propio que se encontraba vacía. Así lo hice, pero una vez que me curé se me invitó a volver al primitivo lugar. La habitación de la cama con dosel siguió quedando vacía, naturalmente.

Existen muchos más datos que puedo narrar. Igual los cuento otro día. Solo dejo constancia que el tiempo que permanecí en la obra lo hice en una "vocación de segunda".

La cabeza y el corazón

Se suele decir en la obra que los que perseveran son los que tienen la cabeza asentada en la prelatura. Se desprecia a los que tienen corazón y se indica a la gente que solo por el corazón no se puede permanecer en una institución como ésta. Pues bien, vista la experiencia que he tenido despues de casi 34 años dentro, puedo decir que yo me fui con el corazón mucho antes que por la cabeza...

Los primeros veinte años en el opus fueron muy felices, salvo escenas dolorosas como el mal trato que recibíamos los agregados por parte de los directores de los centros en que estaba entonces. Uno de ellos, presumía de ser pariente de Don Alvaro, con todo el respeto para el número 2 del 'Santo Marqués de Peralta' y el 'Santo Polivalente' y guardaba la correspondiente distancia con nostros, pues parecía de otra raza. Aquella era la época en que, para perseverar, tocaba renovar en público los votos de pobreza, castidad y obediencia en la misa del día 19 de marzo, nos dábamos cuenta de los que se iban fuera del opus. Al final, de 80 agregados universitarios que en los años sesenta del pasado siglo estábamos en Recoletos 5, hoy en día son poco más de 5 los que continuan, y a ello hay que añadir el sacerdote, que también se fue, acompañado de otros 8 no solo de nuestro centro sino de otro, como es el llamado Cuatro Caminos por encontrarse en la Glorieta del mismo nombre de Madrid.

Algunas de las intervenciones de los directores del centro de la calle Recoletos 5 nos dolían a todos. Recuerdo que por aquel tiempo tanto el sacerdote, don Ricardo, como José Luis, el celador más veterano --que también se fue-- trataban de quitarnos preocupaciones ante aquellas embestidas, que así se podían llamar. Yo estaba muy unido a otros del centro y eso me bastaba. Cuando salíamos de estudiar de aquel piso íbamos charlando muy alegremente sobre nuestras cosas. Recuerdo la alegría de Miguel, un jovencito de 16 años que había pitado de agregado en el centro de numerarios denominado 'Argüelles'. Cuando escribo esto, la tengo dentro de mi mente. Éramos muy felices. Miguel también tardó en irse, como yo.

Yo luchaba una y otra vez para que mi cabeza fuera lo que predominara en la obra y no el corazón. Sin embargo, pienso que, como seres humanos, es una auténtica barbaridad que no haya corazón entre los del opus. Dentro de la prelatura se lucha contra lo que se denominan "amistades particulares". Así me pasó lo que me pasó. La última tarde de mi estancia en un centro de la obra había unas cuantas "amistades particulares" y los demás éramos hojas sueltas de un gran libro, en el que no había encuadernación.

Aquel cariño que tenía por los del centro Recoletos, 5 con el tiempo pasó a un grupo de supernumerarios con edades superiores a los 65 años, a muchos de los cuales casi vi morir. Así fueron 27 años seguidos. A muchos de ellos aún los recuerdo hasta con las circunstncias de su muerte. Por eso me dolió tremendamente la muerte de uno de ellos, soltero de 82 años, que vivía con sus hermanas, al que nunca los directores de Lima habían hecho el menor caso, pero que cuando murió, el director de Lima me preguntó en el funeral quiénes eran sus hermanas con ánimo de dialogar para obtener el piso en que vivían en una importante calle de Madrid. Lo dije anteriormente en otro escrito y lo vuelvo a decir: ¡Qué buitre! Era un especialista en herencias de viudas y señores y señoras mayores.

La amistad que podía existir entre los agregados se podía hacer a través del llamado "paseo semanal" o el diálogo fuera del centro, pero eso nunca sucedía. Solo nos reuníamos por el llamado 'círculo breve', norma semanal, o las tertulias en las que invariablemente se hablaba una y otra vez del llamado 'padre', nombre interno con el que se denominaba al primero presidente y después prelado del opus dei. Lo más que conseguí fue sacar a pasear a uno de la comisión regional, que salía poco de la sede de Diego de León, 14 de Madrid. Con éste sí hubo amistad y conocí a su madre y a su hermana. Con otros del centro esto no sucedía, pues la mayor parte de ellos, incluido el director --menudo 'buen pastor'-- no conocían a mi familia. En el centro nos metían mucho rollo, que ellos llamaban doctrina, igual que sucede en una academia de estudios donde se procura impartir un programa oficial, sin más calor por las personas.

Un amigo mío me decía hace poco que él se fue por el corazón. Nadie le echó una mano para salir de la falta de cariño que notaba. Lo había anunciado oficialmente que se iba. Nadie procuró animarle y le ignoraron. Ellos que tanto hablaban de evitar el "cumpli-miento', cumplo y miento, lo vivían hasta extremos inconcebibles. Yo también lo anuncié en las Navidades de 1997 cuando un día me reuní con el "buen pastor", que para mí no lo fue. Le dije que rezara por mí, porque me estaba planteando irme. Le indiqué una serie de puntos que fallaban en el centro 'Amaniel'. No me hizo caso. El último día tuve conciencia clara, me iba.

Ya han pasado casi seis años de mi última visita al centro al que pertenecí. No me arrepiento de haberme ido. Desde el primer momento de mi marcha, la mayor parte de los "hermanos" del opus (un 80 por ciento, aproximadamente) no me saludaron por la calle. Yo no tenía intención de escribir esta serie de artículos, pero ha sucedido tantas veces eso de no saludar, que me han provocado a contar todo esto que he vivido.

Lo que fue salir por el corazón con el tiempo se ha convertido en salir también por la cabeza. Cada día tengo más claro que me trataban de controlar por la cabeza, a través de la dirección espiritual con el laico. ¡Qué cosas! Le llaman "confidencia" a lo que es abrir tu alma para que otros se enteren de todas cosas íntimas y luego se corre entre los directores y más arriba. Por ello, me reafirmo en mi marcha del opus dei, aunque haya supuesto volver a partir de cero en amigos, vida personal y en todo. Ha sido duro, pero, cuando estoy a punto de cumplir sesenta años, noto que estoy en una nueva juventud, la de hacer lo que yo quiero y disfrutar de una vida que durante mi estancia en la obra me negaron.

Las velas de Torreciudad

En el santuario de Torreciudad, obra corporativa del opus dei, existe, junto a la explanada, una zona en la que se suelen depositar velas de distintos tamaños como homenaje a la Virgen. Lo que pocas personas saben es que esas velas, cuando cae la tarde y se cierra el santuario, se apagan, pasan a un contenedor y bien ese mismo día o al siguiente, son recogidas por empresas especializadas en la fabricación de estos productos y pasan a reciclarse. Esta práctica sobre los cirios que se ponen en honor de la Virgen se vive también en otros grandes santuarios marianos, como los de Lourdes o Fátima...

A lo largo de mi vida dentro de la obra como agregado hice curso de retiro dos o tres veces en algunas de las casas que existen en Torreciudad. Existe una casa especial que solo habitan los directores de la obra o los responsables del santuario y dos para los que no tienen esa cualificación dentro de la prelatura, denominadas éstas últimas 'La Masada' y 'La Solana'. Claro hablo de las que utilizan los hombres del opus, pero no a las de las mujeres, que ignoro totalmente, en virtud de la distancia que existe entre unos y otras, en virtud de lo establecido por el fundador.

Cada día, cuando se cierran las puertas del santuario a los visitantes, los que están haciendo un curso de retiro en esos momentos, suelen salir para dar una vuelta por la explanada y meditar sobre las palabras de las meditaciones del sacerdote o la charla del director del curso de retiro. Ese es el momento en que yo descubrí que se apagaban las velas dejadas por los visitantes y se tiraban en un contenedor, que lo suelen recoger los empleados de una empresa especializada. Se me indicó que el calor de tales velas no lo aguantaban las edificaciones. Jamás me enteré cuánto dinero representaba eso para el opus. No creo que sea mucho, aunque sí ayudará algo.

No cabe duda que el santuario de Torrecudad es un edificio singular con una buena arquitectura. Una vez que estás dentro te das cuenta de que el fundador de la obra transmitió al arquitecto una idea en la que mezclaba lo divino y lo humano. Está claro que lo divino queda plasmado en las escenas de la vida de la Virgen. Lo humano es lo que aparece en los escudos que aparecen en el retablo y que, junto a patronos e intercesores de la obra, existen escudos nobiliarios, como corresponden a la llamada "sangre azul" del fundador, que lo demuestra su solicitud del Marquesado de Peralta, que le fue concedido.

Cuando escribí el artículo titulado El Santo Polivalente ya propuse que, al igual que San Francisco de Borja fue denominado "el Santo Duque de Gandía", San Josemaría fuera denominado "el Santo Marqués de Peralta". La diferencia es que aquel renunció a sus títulos nobiliarios para servir a Cristo, mientras que el fundador del opus, en nombre de ejercer sus derechos para su familia, cuando estaba entregado a Dios --el opus es Dei, dicen sus responsables-- solicitó tal rango nobiliario, que luego, una vez concedido por el Ministerio de Justicia de España, y pasados unos pocos años, cedió a su hermano Santiago, que tenía un buen número de hijos. Por cierto, me ha ayudado amablemente alguno de mi lectores. Cuando escribí mi artículo sobre "Tio Santiago" dije que su mujer se llamaba de otra manera. Lo correcto es "Yoya".

Había nacido el "Santo Polivalente" en Barbastro en el seno de una familia, en la que el padre fue una persona arruinada. Ello le provocó que tuviera que emigrar a otra ciudad y colocarse de empleado en una empresa para poder sacar adelante a su familia. De ahí que no entienda ahora por qué esos escudos nobiliarios que aparecen en el retablo de la Virgen de Torreciudad. Se hace difícil pensar que tal señor, denominado internamente "el abuelo", aspirara a ser marqués.

En algunos lugares he leído que en un primer momento "Josemaría" se llamaba "José María", se apellidaba 'Escriba" (sin acento y con b) y no añadía la coletilla de "de Balaguer", ni tampoco el "y Albás", cuando en su juventud era conocido como Jose María Escriba Albás. Podemos decir con toda propiedad, con lo que acabo de escribir que era "el Santo de lo Ordinario", como se le llama en una de las páginas web de la prelatura.

El "Santo de lo Ordinario", pero que tenía delirios de grandeza, digo yo. Pienso que pocas personas habrán cultivado tanto el "yo" suyo y de su familia como este "monseñor". Así le conocí yo en el año 1965. Era monseñor Escrivá (con acento y con la letra v), de Balaguer. Igual era que ese Escrivá tenía que sonar como el "Escrivá de Romaní" de algunos nobles de la época. Parece que algo de esto influyó en su coletilla "de Balaguer".

El que empezó tratando a duquesas, marquesas y condesas en el Madrid de los años treinta del siglo XX, eso sí junto "a las barriadas más pobres" donde dio formación a miles de chiquillos, con el tiempo se convirtió en uno más de "sangre azul". San Josemaría se arrimó tanto a la realidad doliente, a la de la sangre roja, como vio que las venas por fuera eran azules, él se convirtió en uno de "sangre azul". Me gustaría que algunos de esos miles de chavalillos que fueron atendidos por el fundador hiciera ahora declaraciones a los periodistas y confirmara los hechos que se atribuyen al "Santo Marqués de Peralta". Pocos testimonios de este tipo se conocen. Por supuesto que esos chiquillos hoy serán muy abuelos y muchos habrán fallecido.

Ya sé que el fundador decía que las fuentes de Torreciudad debían tener letreros que dijeran "agua natural potable" para evitar las llamadas "aguas milagrosas". En el fondo, era una crítica a otros santuarios como Lourdes o Fátima, que el "Santo Polivalente" visitó. Esas botellas cuestan un dinero en los referidos santuarios. Me pregunto entonces por qué en un determinado momento se habló de la llamada "ruta mariana" entre la Basílica del Pilar, el santuario de Torreciudad y Lourdes. Otra vez la polivalencia o el aprovecharse del nombre. Perfecto. Qué listos.

El control anual de la mente

Cuando llega el verano parece que proliferan unos "aspirantes de periodistas" que envían artículos a los periódicos en los que se defiende la familia, la libertad de la Iglesia para pronunciarse sobre los temas que ellos consideran propios o para regañar a alguien por haber lanzado una fuerte crítica contra el matrimonio o la familia o haber atacado a la obra. Así, si se leen las páginas dedicadas a publicar la opinión de los lectores de los periódicos abundan este tipo de opiniones, que muchas veces tienen un origen muy determinado: los cursos y las convivencias anuales que organiza el opus en distintas casas de convivencias, hoteles y colegios de toda España...

En el organigrama de todos los cursos y convivencias anuales existen charlas fijas, de las que una de ellas es la llamada del "apostolado de la opinión pública" y se dice que cualquier ciudadano --y más si es un fiel cristiano, como son los del opus-- puede colaborar en la marcha de la sociedad por medio de las cartas a los periódicos. El hecho de que se publique un texto ya es un éxito y su autor piensa para sus adentros: "Ya he escrito mi primer artículo". Con el primer ímpetu, algunos de esos "espontáneos" luego continúan durante el resto del año, pero no suele ser lo corriente.

Lo que estoy describiendo tiene un origen más hondo. Se suele preguntar a los participantes en las convivencias y cursos anuales si han entendido la citada charla y con cuántas cartas han colaborado. El resultado se lleva a una estadística que se controla desde la alta dirección de la obra, a efectos de lograr tener un mayor peso en la sociedad. No es frecuente, pero, si por casualidad, la carta del escribiente aparece en otra sección más importante del periódico se puede llegar a producir una felicitación por parte de los directores regionales o de delegación.

Pero los cursos anuales o convivencias no solo tratan de aspectos relacionados con el llamado "apostolado de la opinión pública". Existen otros guiones sobre otros temas doctrinales y morales actuales que sirven para dar "el buen alimento". Así lo ha llamado internamente alguno de la obra. Desde que me hice de la obra hasta que salí, un año y otro estuve escuchando que en el curso anual o en la convivencia disponíamos de más tiempo para hacer una "charla fraterna", también llamada "confidencia", a fondo. Se suele decir que los de la obra "no han de tener miedo a que les metan los dedos por la boca hasta el fondo", aludiendo con ello a la necesidad de "descubrir aquello que no queremos que se sepa" (son frases habituales) y que "deben saber los directores", porque "son los que nos pueden orientar". Está claro que viviendo esa "sinceridad salvaje" la persona que abre su corazón se encuentra totalmente atada y controlada no solo por aquel "hermano" o "hermana" al que se lo ha contado, sino desde más arriba: consejo local, delegación, comisión e incluso consejo general, ya que todo es una pirámide.

Confieso que sobre alguna cosa íntima que había contado en la charla fraterna o "confidencia" luego me sorprendí en algún momento, porque lo sabían los directores. Vaya control. Ya lo he dicho otra vez, en ningún caso cabe atribuírselo a una inspiración del Espíritu Santo, puesto que se hace informes de todos los participantes en lo que ellos denominan norma anual. La situación que estoy comentando en los cursos y convivencias anuales se puede aplicar también a los llamados 'cursos de retiro', especie de ejercicios espirituales que viven los de la obra, aunque en un principio sí se denominaban "ejercicios espirituales", que así los denominó quien los escribió, mi santo tocayo Ignacio de Loyola que, por cierto, no era un Santo Polivalente.

Durante los 'cursos de retiro' se suele invitar a los participantes a hablar con el sacerdote que los predica. Así se puede producir la situación de "meter los dedos hasta el fondo" de la persona. Existe una diferencia en los cursos y convivencias anuales con respecto a los cursos de retiro. En los primeros se puede producir un mayor control de la persona, debido a que interviene el laico encargado de la dirección espiritual, mientras que en el segundo, al intervenir solo el sacerdote, éste suele aconsejar a los laicos que digan las cosas fuera de confesión o le digan las "cosas descubiertas en el sagrario" a la persona del centro que lleva su charla.

Estos días, alguien ha dicho en la correspondencia de opuslibros que esto que decimos los que escribimos aquí es falso. Os puedo decir que todo lo que yo he escrito desde que comencé a colaborar es rigurosamente cierto y lo he vivido en mis propias carnes. Después de haberlo experimentado varias veces, te resistes a entrar en ese juego. Así me sucedió en los últimos años de mi vida en la prelatura. Por eso, al gozar de mayor libertad, ahora soy más feliz y no me controlan.

Un efímero cumpleaños a los 40

En la obra se celebran pocas fiestas fuera de las establecidas con motivo de los patronos o intercesores o del fundador o el pitaje de don Alvaro. Supongo que cuando me fui hace cinco años se habrá añadido otra relacionada con el actual prelado. Una de esas celebraciones que no se incluían era la de cumplir 40 años de edad, que se celebraba a bombo y platillo, como si fuera el programa "Reina por un día", que se emitía por televisión española en los años sesenta y no sé si a los setenta. Creo que en otros países sucedió algo parecido...

El origen de la fiesta de los 40 años es porque en un determinado momento de la obra se consideró que esta edad es la de la madurez y, a partir de ese momento, la vida estaba mucho más asentada. Sin embargo, la realidad es muy diferente. Yo me fui del opus con 53 años, sé de otros que se han ido con 60. Un amigo mío, que había celebrado los 40 años como numerario en la obra, seis meses más tarde, se le aconsejó que la dejara, con el truco de buscarse un nuevo domicilio para vivir. Como se sabe, lo establecido para los numerarios es que vivan en residencia.

Como salía de la obra con 53 años, una edad ya talludita, puedo hablar de cómo fue la celebración de mis 40 años. Ese día, uno del mes de febrero de 1985, los de la comisión, la delegación y el centro "me quisieron demostrar cuánto me querían": mucho, muchísimo. Días antes hablaron comn mi madre --antes apenas lo habían hecho-- para pedirle fotos de mi album familiar y de mis correrías por la vida. ¡Cuánto me querían! Luego todas las fotos seleccionadas pasaron a formar parte de una exposición, una especie de esta es su vida, con la que se decoró parte del centro donde estaba.

Qué fiesta más bonita. Solo era para los del centro y los que Nacho Fernández hubiera invitado. Así aparecieron en la celebración personas a las que yo había ayudado a pitar, antiguos compañeros del centro Recoletos 5 y algunos de la comisión y de la delegación. Quise que ese día algunos directores de la obra fueran a almorzar a mi casa y así mi madre, con la que vivía solo desde cuatro años antes, pudiera participar de la alegria. Fue estupendo. No lo olvidaré.

El día de la celebración en el centro Lima (yo pertenecía al apeadero General Yagüe 11, 5 K), fueron tambiien direectores de la comisión y la delegación. Jaime, un pintor de primera categoría en España me pintó un cuadro al óleo, que representaba un burro, con la leyenda 'Nacho es mucho Nacho'. Fue un gran recuerdo de ese día. Todo se acompañó con los últimos acontecimientos de la vida de la obra a cargo de Antonio, secretario de la comisión, canciones de la obra y de las otras, pero con "mensaje", que dirían en algunos ambientes religiosos.

Y pasó aquel día. La realidad se hizo presente. Había vivido en una nube. Yo vivía en el cielo, pero se me olvidaba que era todo un sueño. Mi 40 cumpleaños había sido un espejismo. La realidad se imponía. El cuánto me querían era una frase que sin contenido. No se podía tener cariño con nadie, ya que podía ser interpretado como una "amistad particular" y eso está prohibido en la obra. La realidad era más cruda. En Lima, centro del que dependía el apeadero, no se me dejaba entrar en cualquier habitación, pues, según dos numerarios, llamados Rafael (sacerdote) y Jose María (el director), más conocido como Chema, no se podía estar en ella. Eso sí, otros numerarios como Fernando (también sacerdote) no quería que yo me quedara en el hall de entrada. Hasta el susodicho Rafael me invitó a volver a la sala de estar donde me había echado, cosa que rechacé.

Cuando salí de la obra comprobé la realidad. Jaime, el pintor, que había abandonado también la obra, me llamó un día para preguntarme si seguía teniendo el cuadro del burro de mi 40 cumpleaños. Le dije que sí. Fue a su estudio y me ofreció la posibilidad de cambiarlo por otro. Así lo hice. Hoy tengo uno más actual y, sobre todo, menos que recuerde al opus. Ahora es uno de los cuadros de mi dormitorio.

Los que tanto querían a mi madre se olvidaron cuando ésta murió, no solo en el entierro, sino también en los funerales que fueron oficiados por el secretario de la Conferencia Episcopal. Ya lo he contado otra vez. Lo sabían tres personas de la obra, pero ninguna de ellas se lo comunicaron a los demás. Prefirieron dejarme solo, pues ya no pertenecía a los que ellos llamaban"su familia", que está por encima de la de sangre. Eso sí, don Tomás, el consiliario, me escribió una carta de pésame, con un tratamiento muy duro, por no habérselo dicho. Lo mismo hicieron otros del opus, algunos de los cuales habían mirado para otra parte cuando antes me los había encontrado por la calle.

Para los que dicen que somos unos murmuradores y dicen que estamos haciendo daño prefiero contar la realidad. Así es como quieren en el opus. Lo de mi 40 cumpleaños había sido efímero, como un espejismo. Por ello, propongo a los que nos critican les invito a que piensen que esta es la realidad que una persona ha vivido durante casi 34 años, aunque en algunas etapas me haya visto ciego por lo que se me presentaba.

Como las bolas de jugar

Cuando sales de la obra existe un peligro: que te utilicen como esas pequeñas bolas que utilizan los niños para jugar. Ellos hacen un agujero en tierra que cuando yo era pequeño, hace ya muchos años, denominábamos "guá" en España. Utilizando un símil podemos decir que el que sale del opus es la bola y la obra es un agujero, donde unos consiguen salir y otros no. Los que consiguen salir de la prelatura tienen el peligro de que un viento les haga volver al primitivo sitio. Eso es lo que estos días está quedando reflejado en opiniones publicadas en opuslibros...

El primer paso que se da cuando sales de la obra es que los directores te invitan a hacerte cooperador y seguir en contacto con la prelatura. Esta regla no es fija, puesto que a mí ni siquiera se me invitó, puesto que el director de agregados de la delegación de la obra en Madrid Oeste aseguró que tenía noticias de que a mí no me interesaba. No se de dónde había sacado tal opinión este "hermano que me acompañaba hasta la puerta de salida" de la institución.

Si sigues en contacto con la obra --porque eres cooperador y aportas dinero o porque rezas por lo fundado por el Santo marqués de Peralta--, ya estás enganchado con alfileres. Te encuentras cerca del "guá" y tienes muchas posibilidades de que vuelvas a caer en el agujero. Por ello, si has salido de la obra y no quieres volver a caer en la trampa lo mejor es cortar todo contacto. Ya se encargarán muchos de ellos en no saludarte por calle o en olvidarse de tus cumpleaños o santo, como hacían antes. Calculo que el 80 por ciento de lo que fueron "mis hermanos" durante los casi 34 años que estuve en la obra, nunca saluda. De ahí que yo ahora no quiera contacto con nadie de los que antes tu les saludaban con la palabra "¡Pax!" y ellos respondían "¡In aeternum!".

Los que eran "mis amigos" cuando me fui de la obra pueden haber sido los que revelaron las conversaciones que tuvieron conmigo y así el director de agregados de la Delegación de Madrid Oeste tuvo una opinión que venían de uno de ellos. No se de dónde lo sacaron, pues no tengo conciencia de haber dicho eso, que no quería ser cooperador.

Cuando sales de la obra te dan ni el dinero de calderilla para tomar un autobús de vuelta a tu casa. En mi caso, el director de agregados, que parecía saber tanto, ignoraba que un mes antes me había tocado el segundo premio de la Lotería Nacional de Navidad. Cuando se lo dije, al irme, me contestó: "Enhorabuena. Ya conozco a alguien que dice que le ha tocado". Eso sí, mi inbterlocutor me recordó que tenía que firmar un papel de liquidación de mis acciones en obras corporativas o instituciones relacionadas con el opus dei. No lo firmé y lo dejé para más adelante. Por ello, dudo qué habrán hecho con mi firma. Que aprenda el opus de otras instituciuones de la IGlesia que sí ayudan a los que se salen.

La obra ha sido tan generosa conmigo que en los casi 34 años que estuve dentro nunca me dieron dinero para contribuir a los gastos extraordinarios de mi casa, donde yo era uno más. Esto no son mentiras y falsedades que nos inventamos. Es la pura realidad. En mi caso, lo más que conseguí fue que pagaran la mitad de mi último automóvil --por supuesto utilitario--, que aún uso y eso, después que me puse muy serio, pues no querían dar nada. Qué cosas, los que no tenían dinero, en 24 horas consiguieron un millón de pesetas.

La obra es tan generosa que hasta una vez que solicité aumentar la cuota para el sostenimiento de mi domicilio familiar, el director cogió papel y bolígrafo y empezó a hacer cálculo de lo que percibía, para llegar a la conclusión de que no me hacía falta. ¡Qué generosidad! Por lo visto, tenía que vivir de gorra de mis padres. ¡Vaya cara!

Al hacer la incorporación definitiva como agregado a la obra debes hacer testamento ológrafo. La única salida a tu deseo es dejar todo lo que posees a la Universidad de Navarra, al Colegio Mayor Moncloa o al colegio Tajamar, por decir tres obras de las que se denominan corporativas. Por si hubiera alguna duda, te dan una lista de veinte numerarios del opus dei para que los designes como albaceas que interpreten tu testamento, en el caso de que fallezcas. A tus padres, hermanos o instituiones de caridad fuera de la obra no les queda ni las sobras de la comida.

No entiendo cómo alguien que ha vivido esto y ha sido director --así se dicen algunos que siguen cantando las excelencias de la prelatura del Santo Marqués de Peralta-- puede decir que todo esto que afirmamos es mentira. Pienso que no ha estado ciego, puesto que por sus manos han pasado muchos testamentos de agregados o numerarios. Como se sabe, los supernumerarios no tienen obligación de hacer testamento cuando hacen la fidelidad.

Estos queridos "escribientes" (seguidores de Escriba, de joven, pues luego se cambió a Escrivá y añadió de Balaguer) cerca de volver a entrar en el "guá". Los que dicen que mentimos es o porque les queda poco para que le empujen con un soplo o porque son numerarios, agregados o supernumerarios que escriben al dictado de sus directores (jefes). A los que están casados les felicito por tener mujer e hijos que colman sus ansias de felicidad. Si han salido, ¿por qué no se quedaron dentro? ¿No dicen ellos que fuera de la obra existe el infierno y no se garantiza la felicidad eterna?

Supuestos pecadores graves

El fundador de la obra, el Santo Marqués de Peralta, solía decir que cuando uno se iba de la prelatura y "abandonaba su vocación", no excusaba de pecado grave a los demás que habían convivido con él y no le habían ayudado.

Yo, que estuve casi 34 años en la institución, padecí de ese sistema de no ayudar al que se lo estaba pensando. El consejo local, a través del director, estaba avisado desde diez meses antes y no pusieron los medios para evitar mi marcha...

En ningún momento me sentí acompañado. Por ello, llego a la conclusión de que los que estuvieron a mi lado son "supuestos pecadores graves". Y lo mismo cabrá decir de los "hermanos" que acompañaron a otros que participan de opuslibros.com.

Estas palabras del fundador son muy graves. Pienso que dentro del opus se trata de quitarles toda la carga importante que tienen. Por lo menos, a mí en los dos años que permanecí en el centro Amaniel nadie me acompañó a dar el paseo semanal, a hacer la excursión mensual o irnos a tomar una cerveza en un bar. No había amistad con los demás y en todo momento me tuvieron abandonado. Eso sí, en la "emendatio" (breve acusación de una falta) de los círculos breves semanales se oían expresiones como "no haber vivido la fraternidad con los demás de la obra" o cosas parecidas.

El opus es un creador de pecados. Los directores de la obra suelen decir que numerarios y agregados (célibes) no pueden ir a una playa "donde se sabe que se ofende a Cristo". Incluso se dice que el que se salta este consejo cae en pecado grave, sin que exista parvedad de materia. Por lo tanto, hay que acusarse de él en la confesión y el que ha caido en él no puede comulgar, puesto que se encuentra en pecado grave.

Me encuentro pasando mis vacaciones de verano en La Manga del Mar Menor. A diario voy a la playa y, siguiendo lo que se dice en el opus, me encuentro en pecado grave. Me estoy bañando en el mar donde existen personas que, en algunos casos, se encuentran desnudos. Entienden que lo más sano es que la madre naturaleza (el sol, el agua de mar y la playa salvaje) les invada por todos sus poros. ¡Qué imagen de salud dan! Los de la obra no saben lo que se pierden.

Recuerdo que una vez, durante un curso anual en el colegio mayor Ayete de San Sebastián, un grupo de asistentes decidió que iban a ir a una playa que se encontraba aislada y a la que solo se accedía por vía marítima. La sorpresa fue mayúscula cuando, al llegar, observaron que allí había personas desnudas. ¡Vaya escándalo! Inmediatamente decidieron dar marcha atrás e irse a un lugar rocoso o solitario, donde no pudieran ponerse en ocasión de pecado y luego confesarse de un pecado grave. Vamos, que huyeron de la tentación de la carne.

A los supernumerarios se les avisa con tiempo de que planifiquen sus vacaciones, para no ir a lugares de playa, donde se cometen tantos pecados. Si tienen hijos que pueden incorporarse a la obra, se les advierte de los efectos funestos de acudir a tale sitios. Esto no lo saben la mayor parte de los supernumerarios.

Ya he dicho que el opus teoriza o "fabrica" pecados en los que caen los hombres. Este es el caso de los televisores en los centros de la obra. Este electrodoméstico se encuentra aislado y el acceso se encuentra cerrado por una cerradura, cuya lleve solo tiene el director. Cuando yo me fui, solo se podían ver los telediarios y, en algunos casos, en pleno programa informativo de noticias, se apagaba, puesto que había salido una escena menos conveniente --una mujer en bikini-- que podía hacer caer en pecado grave. Ah, se me olvidaba, las veces que vino el Papa a España siempre se pudo ver la televisión. Claro, no había ocasión de pecado grave. Incluso en la última, el director espiritual de la delegación de Madrid Oeste participó como comentarista en la retransmisión televisiva. Así llegábamos al cielo directamente.

Está claro que los de la obra, sobre todo numerarios y agregados, "están en medio del mundo". Sí, como en una burbuja. No participan de las inquietudes de los demás y, casi ninguno de ellos salvo excepciones, van a los locales comerciales cinematográficos. Pueden caer en tentación. Yo, cuando dejé la obra el 28 de octubre de 1998, pude volver al cine, cosa que no hacía desde el 19 de marzo de 1965. Sí es cierto. Se me olvidaba que numerarios y agregados ven películas en video en los centros. Eso sí, convenientemente censuradas. Y si se produce un beso entre los protagonistas, se apaga momentáneamente la película. Tal censura ha sido establecida previamente por el director y el sacerdote que han tenido una proyección privada. No estoy hablando de 1965, sino de 1998. Esto lo ocultan esa "pandilla" que de vez en cuando nos obsequian con sus lindezas, diciendo que todo es mentira.

La semana pasada se ordenó el nuevo arzobispo de Tarragona, el sacerdote numerario Jaume Pujol. Existen muchas experiencias con los "supuestos pecados" que crea el opus. Espero que su doctrina no se traslade a los fieles de la calle. Yo me he confesado fuera de la obra de cosas que decía a los sacerdotes de la prelatura y me han dicho que eso no era ni grave ni pecado. Por ello, temo que la doctrina que imparta sea como la que acabo de describir y cunda entre la población española. Vamos, que tiemblo.

El gheto de los agregados viudos

He sido agregado durante casi 34 años y, contadas veces, tuve contacto con los llamados "agregados viudos", que se presentaba dentro de la obra como un caso curioso y que para mi fue un gheto, como lo son tantas cosas dentro del opus.

En la obra se suele decir que existe un solo puchero, del que cada uno saca lo que mejor le viene. Parece que es una gran familia en la que todos son muy amigos y hermanos de todos, pero la realidad es que contadas veces un compartimento determinado se relaciona con los demás. Así puede suceder, como a mÍ me ocurrió, que uno de la obra desconozca completamente a alguno de los numerarios de su centro. Así sucedió en Amaniel, Lima, y Monte Esquinza, los últimos centros a los que pertenecí...

Pero lo que es más grave es el caso de los llamados 'agregados viudos', unos padres de familia que, después de haber perdido a su mujer, luego deciden -no sé si a instancia de los directores- hacerse agregados. Si el Santo Marqués de Peralta hacía unos elogios tan grandes de la vocación matrimonial, ¿por qué este cambio? Su situación peculiar -padres con hijos que educar y sacar adelante- hizo que en Madrid existiera un único centro para los "agregados viudos". Antes el nombre era todavía más feo, "oblatos viudos". ¿Verdad que suena mal?

Ese centro de los "agregados viudos" se denominaba Villanueva, por estar en la calle del mismo nombre, y en él residieron algunos numerarios que pueden ser considerados "pesos pesados" dentro de la obra, como don Francisco Botella o el pintor Fernando Delapuente, cuyos cuadros existen algunos centros de la prelatura. Por cierto, este artista cedió a su muerte un piso de su familia en la ciudad de Toledo, inmueble que fue la residencia del gran inquisidor en momentos en los que la Inquisición existía en España. Pues bien, con el tiempo, ese piso fue el lugar de la labor de la obra en la citada ciudad castellana. Para colmo, el sacerdote que lo atendía era don Evencio Cófreces, agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y deán de la catedral toledana, hasta su fallecimiento hace dos años, aproximadamente.

Me he desviado un poco del primitivo lugar. El centro de "agregados viudos" contaba con miembros distinguidos: el teniente general Rafael Carrasco, el catedrático Rafael Balbín (padre del sacerdote numerario Rafael María Balbín) y Chechu (José María) Tejerizo, un anticuario de Madrid. En todo el tiempo que estuve dentro de la obra esos fueron los nombres que me llegaron. Chechu era un frecuente invitado de tertulias. Sabíamos que había enviudado a los pocos meses de contraer matrimonio.

Cuando pregunté dentro de la obra por qué siendo agregados los demás no los conocíamos, siempre se me respondió que tenían sus situaciones peculiares. Claro como la mayor parte de los agregados éramos célibes, su situación era distinta. Nosotros no íbamos a ver películas en salas comerciales. Ellos sí. Claro, tenían que educar a sus hijos. La entrega de todo el sueldo en la caja del centro no creo que se produjera entre los agregados viudos, por ser por así decirlo "contra natura".

Lo que se había conseguido dentro de la prelatura era una especie de gheto. Eran célibes distintos a los demás. A los agregados se nos pedía entrega total, siempre adaptada a las circunstancias de cada uno. Las circunstancias de los viudos eran esas. Que yo recuerde, salvo las exóticas (perdón si ofendo) tertulias de Chechu Tejerizo, solo vimos a algunos de ellos en foto.

Por utilizar un vocabulario infantil, se puede decir que los numerarios se juntaban con los numerarios o con los agregados si estaban en consejo local, o con los supernumerarios, si estaban en consejo local o llevaban las charlas de los supernumerarios. Los agregados (antes oblatos) nos juntábamos con los agregados, salvo ser del consejo local de supernumerarios o llevar sus charlas fraternas. Y de los supernumerarios ya está todo descrito. Todo son ghetos. La barrera de los no sé cuántos kilómetros con las mujeres es otro caso. Por más que intento poner buena voluntad solo me viene a la mente que los "agregados viudos" (Chechu Tejerizo era una excepción) solo se juntaban entre ellos, pues no llevaban charlas de otros.

Últimamente la televisión suele hablar de "especies en peligro de extinción". No se si habrá cambiado la situación dentro de la obra, pero me da la impresión que los "agregados viudos" son una "especie en peligro de extinción". Una de las últimas cosas que recuerdo de la institución fueron unas palabras dichas por un agregado que había pitado en 1956 que se preguntaba: "¿Es que ahora no pitan obreros?". Se le respondió que en España la situación económica había evolucionado y ahora han cursado hasta la enseñanza previa a la universidad. No me valen esas razones, pues las huelgas de obreros siguen existiendo y tienen tantos derechos como todos los demás hijos de Dios.

Una última consideración. ¿Son los agregados obreros otra especie a extinguir dentro de la prelatura? En Madrid, el Instituto Tajamar supuso dar carrera a personas que estaban destinadas a ser obreros. Algunos de ellos son hoy catedráticos de universidad, después de haber sido agregados u oblatos del opus dei. Otro día seguiré.

La travesía del desierto

Existe una etapa en la historia de la obra que puede ser denominada de 'La travesía del desierto'. Es la que se refiere al tiempo en que los entonces asociados rezaban por algo que no se sabía, que estaba rodeado de gran misterio y que denominaba 'la intención especial', sin que ningún director se atreviera a revelar en qué consistía exactamente. Muchas personas sospechaban, pero a los que estábamos dentro no nos revelaban detalles.

Yo pité el 19 de marzo de 1965. Creo que ya entonces estaba vigente "la intención especial". Solo nos decían que rezáramos por ella. Incluso en la obra nos pedían que invitáramos a los enfermos que conocíamos a rezar por esa intención, que era la de su fundador. Luego supimos que era la solución jurídica de la obra, lo que es hoy la prelatura personal y que solo una institución de la Iglesia tiene hoy esta denominación, aunque no me extrañaría que se incorporara el llamado Camino Neocatecumenal, fundado por el español Kiko Argüello.

Como se sabe, la solución jurídica de la obra fue aprobada por la Santa Sede el 30 de noviembre de 1982, bajo el pontificado del Papa Juan Pablo II. El día de Santa María Reina, a finales de agosto de ese mismo año, en España, ya corrió el cava por algunos centros de la obra, como señal de que había acabado, por así decirlo, "la travesía del desierto". Joaquín Navarro Valls, numerario del opus dei y portavoz de la Santa Sede, confirmó a los periodistas que estaba en marcha la solución jurídica de la institución fundada por el Santo Marqués de Peralta. El hecho se confirmó poco tiempo después, a finales de noviembre.

Este nombre de "la travesía del desierto" no es mío. Se lo oí decir a don José Montañés, sacerdote numerario del opus dei, hoy fallecido, uno de los primeros que se incorporaron a la obra en Valencia y que, durante algún tiempo, trabajó en la oficina que se encargaba de administrar los bienes de la obra. Era un hombre todo corazón que allá donde iba conquistaba a todos por su simpatía, pero a la vez era muy listo. Tuve la suerte de que durante algunos años fue el sacerdote del centro donde estuve, denominado 'Monte Esquinza', situado en el número 22 de la calle del mismo nombre, muy cercano a la plaza de Colón de Madrid. Todavía le estoy viendo cuando decía que "en la obra no somos tontos" y ponía un dedo junto a sus ojos. Fue elector de Don Alvaro del Portillo como presidente del Opus Dei cuando falleció el fundador. Hasta su muerte tuvo esta condición de elector.

Don José Montañés, que tenía un hermano supernumerario y una sobrina numeraria, solía comparar la marcha de la obra hacia "la tierra prometida" con "la travesía de los israelitas a través del desierto para llegar al lugar que Dios les había prometido". Antes tuvieron que pasar penalidades y eso mismo es lo que sucedió en la obra.

Mis primeros años en la obra, sobre todo en los finales de los años sesenta y principios de los setenta del siglo XX, fueron de absoluto desconocimiento sobre lo que pasaba a mi alrededor. Con mucho misterio se nos decía de vez en cuando que el Papa Pablo VI había recibido en audiencia privada a Don Alvaro, entonces secretario general del opus dei, que se presentaba como asociación internacional de fieles que busca la santificación del trabajo ordinario y en los deberes ordinarios del cristiano. Con esas palabras lo aprendí yo y todavía las recuerdo. Se nos aventuraba que Pablo VI no entendía la obra. A uno de los que se culpaba de la situación era a monseñor Giovanni Benelli, sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano.

Eran los tiempos en que la obra disponía de una serie de personas que se presentaban como obreros ante las autoridades eclesiásticas para decir que en el opus había personas que se dedicaban también a esas actividades que en la sociedad figuraban como no universitarias. Así, lo tengo confirmado, había, entre otros, dos o tres agregdos que eran mineros en Asturias. En la primera reunión de la asociación de amigos de la Universidad de Navarra, en noviembre de 1964 --yo entonces empecé a entrar en contacto con el opus-- dos aparecieron con lámparas de las minas de carbón para ponerse a los pies de su fundador, que afirmaba que amaba todas las entregas de la obra, pero si Dios le hubiera dado a elegir, el escogía la "vocación" de oblato (hoy agregado), por ser humilde. Esto enorgullecía a los que eran como yo. Por cierto, con el tiempo, esos "mineros" se fueron de la obra. Uno de ellos se llamaba Luciano. No se lo que ha sido del centro al que pertenecían, "Peñavera". Me han dicho que ha cambiado.

Todo era misterio dentro de la obra. Sabíamos que al fundador no le gustaba eso de que "otros", otras instituciones de la Iglesia se hubierabn incorporado al carro de los institutos seculares, de los que el primero de ellos aprobado fue el propio opus dei. Les acusaba de tener formas más bien de religiosos, órdenes y congregaciones, que del "medio del mundo", como le gustaba decir. No se me olvidan las misas de la fiesta de San José en el centro que estaba en la calle (no el paseo) Recoletos, 5 de Madrid. Por entonces, en esa fiesta los oblatos (hoy agregados) que habían hecho la oblación y no se habían incorporado definitivamente a la obra a través de la fidelidad debían expresar en alto los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, a lo que se añadía "según el espíritu del opus dei". El momento de hacerlo era después de la consagración de la misa. Ellos, que se decían tan laicales, hacían votos. Nunca me pareció bien. Al producirse la aprobación de 1982, en la obra no ha vuelto a existir lo de los votos. Eso sí aconsejó vivir "las virtudes propias del cristiano", entre las que se encuentran la pobreza, la castidad y la obediencia, pero no hacer votos.

Ese tiempo de 1982 vino acompañado por algunas acusaciones internas del opus dei contra otras instituciuones de la Iglesia, como son los denominados "Legionarios de Cristo" que, según ellos decían en privado a los que éramos veteranos, habían escrito a los obispos de todo el mundo para que se mostraran en contra de la aprobación de la prelatura personal de la institución de Escrivá.

Recuerdo que, una vez aprobada la obra como primera prelatura personal por parte de la Santa Sede, me aconsejaron que acercara a la institución a un agregado que se había ido del opus en Bilbao (había sido expulsado de un colegio tras permanecer años y luego supe de otros casos parecidos), con la fidelidad hecha, y fue localizado en Madrid, que necesitaba cambiar los votos de pobreza, castidad y obediencia por lo que dentro denominan "el contrato" que vincula a los fieles con el grupo fundado por Escrivá. Yo así lo hice, pero no sirvió para nada, pues poco después Txomin (Domingo), que así se llamaba, hizo una tímida marcha atrás que luego no se confirmó. Esta misma táctica que emplearon, luego la hicieron con el que esto escribe cuando me marché. No sirvió para nada. Es la forma de utilizar a alguien que no ha chocado con la persona, pero que tampoco ha tenido gran confianza con ella. Eso sí, me le encontré algunas veces a la salida de la misa del domingo en la iglesia a la que iba con mi madre.

Como se ve, todo tiene relación. Las cosas no ocurren porque sí. Siempre existe alguien que maneja los hilos y que se sirve de otros. En la obra --se nos decía-- estamos para obedecer y el mandato más fuerte es "por favor". Yo he contado mis vivencias. Fueron años de misterio. No sabíamos qué pasaba. Luego nos hemos enterado lo que sucedió. Precisamente Don Álvaro del Portillo, primer prelado del opus dei, lo explicó en una carta a los fieles que tenía encomendados. Supongo que esa carta se filtrará algún día.

El beso

Una de las primeras experiencias que tuve cuando me hice de la obra en 1965 fue que se indicó que solo podía besar a mi madre y a mis hermanas, en el caso de que tuviera hermanas, que no las tengo. Por ello, quedaron excluidas mis tías y, por supuesto, mis primas. Así pasé a ser un "bicho raro" dentro de la familia. Todas ellas comentaban: "Qué raro se ha vuelto Nacho!". Y tenían toda la razón...

A mí siempre me pareció que lo de no besar a mis tías y primas era una cosa rara. No se me prohibía besar a una miss, una reina de la belleza, sino a una persona que tenía mi misma sangre. Eso lo hubiera entendido. No obstante, por obediencia, acepté las indicaciones que se me hicieron y las viví escrupulosamente. Nunca tuve una doble vida, la de la obra y la de la relación con mi familia, con la que trataba frecuentemente, pues la vida de un agregado tiene más posibilidades que la de un numerario (los dos célibes) de relacionarse con estas personas, que por algo Dios nos ha puesto a nuestro lado.

No creo que el corazón se vaya porque bese a una hermana o a una prima de mi madre o de mi padre. En 1965 ya era frecuente que cualquier persona de la calle --en la obra se dice que se santifican en medio del mundo-- se besara con sus tías. De ahí que durante mucho tiempo fui "el raro de la familia", porque no besaba, entre otras cosas. El Santo Marqués de Peralta, fundador de la institución, señalaba que teníamos que "ser del mundo sin ser mundanos". No creo (verbo que le gustaba emplear poco al autor de 'Camino') que por besar a la hermana o a la prima de mi madre pudiera ser considerado "mundano". Lo demás son escrúpulos que nos meten por la cabeza.

El hecho de no besar me alejó de ellas. Cuando una amistad se resquebraja luego es difícil de reparar. Este era uno de los puntos en los que me consideraban raro. Los otros eran no ir al cine con ellos, no acudir a las reuniones familiares, salir solo con mi madre, etc. Tenían toda la razón en sus apreciaciones.

Quiero puntualizar una cosa. En la mayor parte de España existe costumbre de besarse entre personas de familia cercana. De ahí que la orientación del opus de no besarse para "guardar el corazón" supusiera alejarse de ese mundo que el fundador decía que había que santificar.

También me pareció raro que, a la vez que se me indicaba que no besara a mis tías, sí se me aconsejara besar al fundador. Curiosamente este señor que ahora se encuentra en los altares solo besaba a sus hijos (los hombres), pero no a sus hijas. En mi domicilio familiar contadas veces besé a mi padre. Era un nuevo contraste. Sin embargo besaba a otros tios míos, hombres de pro, y eso nunca significó que se me pudiera acusar de homosexual. No era "no guardar el corazón", ni ser menos hombre.

Cuando he salido de la obra se ha resucitado todo. Eso se ha me producido también al escribir en opuslibros y leer los magníficos escritos y cartas que se publican. Algunas hermanas y tías me lo han recordado ahora. Tienen toda la razón, como las tienen mis primas.

En un viaje profesional de hace pocos años, cuando no había dejado el opus, tuve la suerte de conocer Helsinki, capital de Finlandia, país que tiene bajas temperaturas en invierno y gran parte del año. Era finales del mes de agosto. Pregunté a uno de la obra que residía allí cómo se hacía apostolado en invierno. El me respondió que uno de los sitios frecuentes de reunirse eran las saunas públicas. Allí los de la obra, totalmente desnudos --así se está en la sauna--, hablaban con los aspirantes a hacerse de la institución. Me aconsejó que esto no lo contara en España, pues aquí se entiende mal. Con el tiempo, lo he comparado con los besos que se me prohibieron desde el primer momento. Puede que lo que se permite en un sitio no se permita en otro.

Soy de la opinión que muchos de la obra, aunque se haya prohibido, siguen besando a sus tías. No es una vez que se escapa, sino un hecho frecuente. Yo seguí lo que se me dijo y, ya veis, he sido considerado "raro".

Medallero

EL verano pasado se celebraron las Olimpiadas en Atenas. Los periodistas como yo que les gusta tanto las estadísticas hablaron con mucha frecuencia de que tal país figuraba en tal puesto en el "ranking" de medallas por los triunfos conseguidos y así unos ocupaban puestos más altos que otros. Pues bien en el opus dei (con minúscula) existen algunas personas que son como esos países, ocupan altos puestos en el "medallero", por el número de vocaciones (si es que lo son) que han perdido y no ha puesto los medios para evitarlo...

Con anterioridad hablé de la fuga de agregados e incluso daba nombres. Algunos de ellos me han escrito, al haber aparecido con sus nombres y sin sus apellidos. Los artículos están sirviendo para recuperar amigos, que sí lo son, pues con la disculpa de que no se pueden tener amistades particulares los del opus se están cargando cualquier signo de humanidad entre los supuestos "hermanos", que no lo son.

Todo este comentario mío viene como consecuencia del magnífico artículo titulado Estadísticas: ¿importan en el Opus Dei? que ha escrito Yoha el día 20 de octubre de este año en opuslibros. El articulista sugiere a los directores que cuiden la labor de agregados, pues los directores los descuidan. Ana Azanza también metió el dedo en la llaga, al denunciar el trato que se daba a las agregadas.

A la apreciación de Yoha yo añadiría que los directores deben de cuidar tanto la labor de agregados como la de numerarios. Se trata de ser humanos, de tener corazón y de pensar con la cabeza. En el centro Amaniel donde yo estuve hasta que lo dejé el 28 de octubre de 1998, nos fuimos cuatro agregados de más de treinta años en la prelatura y uno que procedía de otro centro y que se puede considerar que "ya vino tocado", o con el planteamiento de irse. Todos éramos "cofundadores" y, por lo tanto unas viejas glorias del opus dei. El que consiguió la "medalla" de que nos fuéramos o de pasar de nosotros era el que encabeza mi serie de artículos, que he denominado "¿El Buen Pastor?". Gracias a su actuación y a otros que miraron al cielo cuando me vieron por la calle comenzaron a publicarse mis artículos.

Me he enterado que este "forjador de bajas o de ex" sigue plenamente en activo. En los años en que estuve en el centro Amaniel (1996-1998) logró o casi logró el difícil récord de que se fueran también cinco numerarios (uno o dos fueron poco antes). Le debíamos nombrar "entrenador" de los que escribirán en el futuro en opuslibros.org. Por ello, me dirijo a las Orejas de Guardia para decirle que le sigan, que es un "forjador de ex". Enhorabuena, si me leen los de la prelatura.

Pero existen otros centros en los que suceden cosas parecidas. Incluso algunos, en los que se gobierna la obra en España o en una delegación, han permitido que se vayan directores. Recuerdo que en la delegación de Madrid Oeste hubo un director llamado Manolo que, de repente, desapareció. No voy a dar pistas de su profesión, porque inmediatamente se le localiza, y prefiero guardar su intimidad. Cuando pregunté dentro de la obra qué pasaba con él, se me indicó que una antigua novia suya le había estado persiguiendo hasta que lo consiguió "cazar". Muy buena explicación, sí señor. Como que los del opus no hacen "pesca submarina".

Hubo otro director de agregados de la misma delegación, llamado Juanjo (para la gente joven entonces don Juan José) que también se fue. También desapareció sin que internamente se supiera la causa, aunque la sospechábamos. Lo que somos periodistas y leemos todo, hasta los ecos de sociedad, un día nos enteramos que se había casado en la Basílica Pontificia de San Miguel de Madrid, encomendada a los sacerdotes de la prelatura o de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, que es práctiamente lo mismo y les había casado un sacerdote numerario que atiende por el nombre de don Luis. Si ha sido así, supongo que será cooperador. El hermano del citado me le encontré en asuntos periodísticos y también se había ido.

En Diego de León, 14 , donde está el gobierno de la obra en España también se han producido casos de abandono, como por ejemplo el de Angel, que fue director de agregados durante poco tiempo. No recuerdo exactamente la explicación que se nos dio.

Cada uno de los que aquí colaboramos puede aportar su experiencia. Es bueno que lo haga para descubrir la historia real del opus dei, no la que escriben los que siguen en libros almibarados, que han pasado varias censuras (llegan hasta Roma) antes de ser publicados la mayor parte de ellos en la Editorial Rialp, que reconocen que está vinculada a la prelatura. Vaya si está vinculada que hasta aparece como escudo del grupo la rosa estofada de Rialp que aparece en los altares de los centros del opus y que la institución deja ver que fue un hecho extraordinario que le sucedió al que llamo el Santo Marqués de Peralta y que tuvo este título nobiliario por petición propia.

Aquí en estas páginas en las que colaboramos habitualmente algunos reconocen que han desempeñado tareas de responsabilidad. Luis reconoce que dejó la obra tras haber sido un director en la delegación de Madrid Este, cuya sede está en la calle Hortensias. Bastante valentía tuvo de irse.

Malas notas

El día 24 de octubre, Vitruvius publicó una colaboración en la que se podía ver una hoja de normas de las que utilizan numerarios y agregados cuando se hacen de la obra. Una vez observada y teniendo en cuenta la experiencia de casi 34 años, llego a la conclusión de que "pitar", hacerse de la obra, influye en el rendimiento académico de esos chicos y chicas que van con toda su buena fe a entregarse a Dios y a quien se entregan es a los caprichos y órdenes de los máximos dirigentes de la prelatura, eso sí sacrificando su futuro profesional en muchos casos. Eso fue lo que me sucedió a mí...

Cuando yo me hice de la obra, estudiaba tercero de la carrera de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. Hasta ese momento, estudiando en casa de mis padres, había superado todos los cursos sin repetir ninguno. El segundo año me habían quedado dos asignaturas muy fuertes para el verano y en septiembre las superé.

Pasados unos meses cambió notablemente la situación. Empecé a ir por un centro de la obra que había en la calle General Oráa, 5 de Madrid, que pertenecía a la familia de Don Fernando Valenciano, uno de los máximos directores del entonces denominado Consejo General de este instituto secular, aunque al fundador, el Santo Marqués de Peralta, no le gustaba esta denominación. Cuando comencé a frecuentar ese lugar era el mes de noviembre de 1964. Rápidamente fueron a por mí y el 19 de marzo de 1965 escribía la carta de incorporación al Padre (entonces el fundador) en una noche, en la que también escribió un compañero de opuslibros: el que firma "Harto". Hoy gracias a la web he recuperado su amistad pues los dos nos fuimos, el con 12 años dentro y yo con casi 34. "Gracias a Dios que nos fuimos", aunque yo tardé bastante más.

La llamada "Hoja de normas" que publica Vitruvius da razón de todas las oraciones y actos religiosos que practica un joven que se incorpora al opus dei.

A continuación paso a dar cuenta del tiempo medio que se emplea en cada una de ellas: ofrecimiento de obras, unos dos minutos; oración, media hora por la mañana y otra media por la tarde; Santa Misa, cuarenta minutos; Sagrada Comunión, está incluida en la anterior; Angelus o Regina Coeli, cinco minutos; visita al Santísimo Sacramento, cinco minutos; Santo Rosario, veinte minutos, si se reza solo una de las partes, y si se hacen las otras tres partes restantes, quince minutos más por cada una; lectura espiritual y lectura del Evangelio, quince minutos; preces, cinco minutos; examen particular, unos dos o tres minutos; examen general, otros dos o tres minutos; mortificación por el Padre, en numerarios y agregados suele ser la ducha de agua fría en invierno o en verano, que da lo mismo; tres avemarías de la pureza, dos minutos; agua bendita, un segundo; confesión, cinco minutos a la semana; charla fraterna (antes se denominaba confidencia), veinte minutos a la semana; mortificación semanal, no cuenta; Salve los sábados, dos minutos; Salmo 2, otros dos minutos los martes; retiro mensual, si se es numerario, desde las once de la mañana hasta las cinco y media de la terde de los domingos; si se es agregado, la tarde de los sábados, desde las cuatro y media hasta las 9 de la noche, o la mañana de los domingos, desde las 9 de la mañana a las dos de la tarde; cuenta de gastos, es una cosa que se hace mecánicamente durante un minuto, aproximadamente; cartas al Padre, una vez al mes, aproximadamente unos veinte minutos, según la facilidad de escritura de cada uno.

Estos son algunos de los datos que nos incluía la "Hoja de Normas" que nos facilitó Vitruvius. Pues bien, a todo esto hay que añadir que existen semestres de invierno, en los que los de la obra, si son estudiantes, deben compatibilizar los estudios en la universidad con los internos de la obra (Filosofía y Teología); semestres de verano, también estudios internos durante otros 25 días. Hay que aprobar las asignaturas internas con notable o sobresaliente (magna cum laude o summa cum laude), las otras da igual.

Si a todo esto añades que, en muchos casos, los numerarios y agregados, desde que se incorporan a la obra deben asistir a un llamado círculo de San Rafael (otros cuarenta minutos semanales), un círculo breve para los ya incorporados (otros cuarenta minutos) y recibir charlas o llevar amigos a las labores, lo que supone otro gasto considerable de tiempo.

Lo he padecido en mis carnes y lo comento. Una vez que me hice de la obra en el centro de General Oráa, 5, todos los días iba a estudiar al centro, lo que suponía una media hora de ida y otra media hora de vuelta. Cuando me ponía a estudiar, se me encargaba que abriera la puerta por medio de una especie de mando, que, en muchos casos requería acercarse hasta la puerta de entrada.

Cuando escribo esto me acuerdo fundamentalmente de los padres que tienen hijos que van por los centros de la obra. Han de saber que estos jóvenes gastan lo que acabo de decir. Si se incorporan como supernumerarios a la obra, cosa no frecuente, el gasto de tiempo disminuye considerablemente, pues es más ligero.

Después de presentar todos estos datos, llego a una conclusión: el hecho de pitar e incorporarse a la obra supone un empeoramiento de las notas para ese buen chaval o joven que lo hace con toda su buena fe. ¿Nos damos cuenta de todo el tiempo que gasta? En el mejor de los casos, estos datos son correctos, si no se ha producido una situación de acoso sobre una posible vocación.

No es necesario aclarar que yo repetí curso. Había que ser un genio para aprobar todo --se nos pedían las mejores notas-- y salir adelante. Mi padre y mi madre se quejaban de mi situación y llegaban a la conclusión de que la obra había influido en mis malas notas. Hay casos dentro de la obra que son la excepción a lo que comento. Por eso, ahora lo revelo para abrir los ojos a los padres cuyos hijos van por centros (también les llaman clubs) de la obra. Que no les quede ninguna duda: si sus hijos sacan malas notas es "en nombre de la santidad y de llevar a Cristo a la cumbre de todas las actividades humanas".

Intención sine die

Existe una etapa larga en la obra, desde principios de los años sesenta del siglo XX hasta finales de los setenta, en la que la institución quiere quitarse de encima el supuesto sambenito de que estaba vinculada al régimen del general Franco. Eran años en que España no gozaba de libertad y en la que, si bien una parte de la jerarquía de la Iglesia y grupos de creyentes católicos se habían desvinculado del llamado Movimiento, sin embargo otra parte colaboraba. Este es el caso de algunas personas vinculadas al opus dei...

Por aquel entonces, los que pertenecimos al opus dei teníamos una consigna, la denominada primero "intención mensual" y luego "intención mensual sine die", porque no había fecha de terminación, y que establecía que los entonces asociados al instituto secular debían extender la opinión de que los de la obra tenían libertad de opinión en lo político y no estaba vinculada al régimen del general Franco.

Han pasado los años. Todo aquello que traté de extender se ha demostrado que era falso. La carta del hoy Santo Marqués de Peralta al general Franco de 23 de mayo de 1958 demuestra la base en que se asentaba la opinión de la vinculación del opus dei con el anterior jefe de Estado de España. La carta fue enviada por el fundador con motivo de la promulgación de los llamados Principios Fundamentales del Movimiento.

La carta de Escrivá decía, entre otras cosas: "Con la perspectiva que se adquiere en esta Roma Eterna he podido ver mejor que nunca la hermosura de esa hija predilecta de la Iglesia que es mi Patria, de la que el Señor se ha servido en tantas ocasiones como instrumento para la defensa y propagación de la Santa Fe Católica en el mundo".

El hoy Santo Marqués de Peralta se alegra como sacerdote y como español de que la voz autorizada del Jefe del Estado proclame que "la Nación española considere como timbre de honor el acatamiento de la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única y verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación".

La "intención mensual sine die" establecía que los de la obra debíamos extender que el opus no estaba vinculado al régimen del general Franco. Si se lee atentamente lo que acabo de escribir, se llega a la conclusión de que había que seguir al "Papa Franco".

Todos los meses se nos leía en uno de los círculos breves que existía libertad política entre los miembros del opus dei, pues el entonces instituto secular no estaba vinculado al régimen del general Franco. Por si existía poca base legal, Escrivá había predicado unos ejercicios espirituales ( no se si entonces el opus habría cambiado el nombre por el de curso de retiro) al entonces jefe del Estado.

El general Franco no solo tenía la bendición de una parte de la jerarquía de la Iglesia Católica sino también del propio fundador del opus dei. Así lo demuestra la carta que posee la hija del Generalísimo, duquesa de Franco.

No hace mucho he vuelto a encontrar un amigo de mi primera etapa en la obra. El se fue en los años sesenta. Me decía que cuando en la obra se hablaba de la libertad política de los asociados (entonces se denominaba a sí misma "asociación católica internacional de fieles") y de estar abiertos a todos los grupos, sin embargo él veía que no era cierto. Por eso y por tener posturas de izquierda se fue.

En una de las conversaciones que tuve cuando me fui de la obra ahora hace seis años defendí ante uno de los directores de la obra en España que la prelatura estaba llena de lo que se denominan "fachas". El me respondió que en la obra había pluralismo y libertad política. Pocas veces observé esto sino bien lo contrario.

Algunos de los que entonces fueron mis compañeros --ellos los denominan "hermanos"-- son hoy dirigentes de distintos partidos políticos. Incluso uno de ellos fue clasificado no hace mucho como el "ideólogo" del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y también presidente de una fundación ideológica. Cuando me lo he encontrado en alguna información periodística no se acordaba de mí. Mejor olvidar esa etapa política y la de la "intención mensual sine die". Pero es bueno que esto se sepa.

Por sus estampas los conoceréis

Jesucristo decía refiriéndose a los discípulos que por sus frutos los conoceréis. Pues bien, he llegado a la conclusión de que a la gente de la obra, después de la muerte de su fundador, el Santo Marqués de Peralta, se le puede decir: "Por sus estampas los conoceréis". Veamos un caso.

Hoy fiesta de Todos los Santos he acudido al Cementerio de la Almudena de Madrid a rezar ante la tumba de mis padres y mis abuelos y depositar unas flores encima de la lápida...

En un artículo anterior mío titulado #Flores de plástico para Isidoro decía que el nicho de este compañero del fundador y uno de los primeros del opus se encontraba eso, flores de plástico, lo que no me parecía bien, pues en la prelatura, siempre que existe una fiesta interna o de la Iglesia se ponen flores frescas.

En mi visita matutina he pasado por este lugar. Seguía habiendo flores de plástico, pero esta vez se encontraba depositado un ramo de flores (pocos claveles y margaritas principalmente y otro ramo de margaritas, flor que no figura entre las más caras de las floristerías y de los puestos de venta que se instalan en estos días). Recordaréis que en la tumba del fundador en Roma había flores de un rojo especial que se cambiaban cada día y que luego se mandaban liofilizadas a los centros de mando del opus en todos los países.

Existía una novedad en el nicho. Junto al anonimato de la inscripción de "In pace" y la fecha del nacimiento y la muerte de Isidoro Zorzano (no se dice su nombre para nada), habían sido colocados una esponja, seguramente para ayudar a que las flores frescas duraran más, y una estampa para la devoción privada, con un retrato del aspirante a ser venerado en los altares, realizado de una manera muy relamida, como todos los que se hacen en la obra, que para eso tienen el mismo gusto que el fundador. Es una broma..

La estampa, solo una, estaba cuidadosamente preparada para la ocasión. Se encontraba dentro de una bolsa de plástico. De este modo, si llueve, no se moja y dura más. Pero he captado otro mensaje. Al anonimato de la tumba --solo la inscripción "In Pace" y la fecha de nacimiento y de la muerte de Isidoro Zorzano-- se añade que, si alguien desea saber quién se encuentra ahí dentro, tendrá que tomar la estampa plastificada y llegará a la conclusión de que puede ser el antiguo compañero de estudios del hoy Santo Marqués de Peralta.

No creo que el visitante del Cementerio de Nuestra Señora de la Almundena llegue tan lejos, que tome la estampa y sea un prodigio de ingenio, asegurando que ahí se encuentran depositados los restos de un señor que perteneció al opus dei y que ahora su situación es en proceso de beatificación y canonización, aunque el proceso está parado desde hace mucho tiempo. Eso sí se le ha hecho un retrato tan relamido, como los crucifijos que denunciaba Escrivá y que decían que eran de pasta, por lo que no deseaba que se instalaran en los centros de su institución.

Por lo que se ve, el posible santo no tiene nombre, pero sí estampa. Podían haber puesto más de una y así la difusión de la devoción privada era más grande. Con proliferación de estampas se está difundiendo la vida y milagros del fundador y de su primer sucesor al frente del opus: Alvaro del Portillo. Claro que Isidoro Zorzano no ha sido presidente general, ni prelado y en el mundo eclesiástico --de eso sé mucho-- existen dudas sobre la viabilidad de que llegue a los altares el antiguo compañero de Escrivá. Todo es cosa que monseñor Echevarría se lo proponga.

El año pasado viajé a Viena por razones de trabajo de periodista. Aproveché la ocasión para visitar una ciudad tan bonita como ésta, que es la capital de Austria desde hace muchos años. Pues bien, descubrí una iglesia encomendada al opus, San Peter, por las estampas y por existir un retrato del Santo Marqués en una de sus capillas. Luego observé que en la lista de los sacerdotes que confesaban allí se encontraba Juan Bautista Torelló, uno de los hombres más citados en las tertulias a las que asistí dentro de la obra. Se suele decir que verde y con asas es un cesto. Pues bien en el opus una de sus características es ahora que "por sus estampas los conoceréis".

Paralelismos

Ayer asistií a la presentación en Madrid del libro "Los documentos secretos de los Legionarios de Cristo", que ha escrito el periodista José Martínez de Velasco, experto en temas religiosos de la Agencia EFE. Pues bien, cuando estaba oyendo las características del citado grupo religioso fundado por el sacerdote mexicano Marcial Maciel Degollado me parecía estar viendo todo lo que viví en el Opus Dei...

Una de las últimas notas que se me leyó en la obra antes de irme advertía acerca de los llamados Legionarios de Cristo. De ello no se podía hacer ningún comentario. Esa nota ya no estaba a disposición de la gente veterana en la prelatura. Un caso parecido sucedió con la Compañía de Jesús a la que durante bastante tiempo se les conocía internamente con la expresión "los de siempre", y que aludía al hecho de las advertencias que estos religiosos hicieron a "las familias de los nuestros" --así decían-- para que hicieran todo lo posible para que sus hijos abandonaran la institución fundada por Escrivá. De la misma manera se advertía, según me explicaron responsables del opus, de que "podían ir al infierno" si entraban por ese camino.

En el caso concreto de los Legionarios de Cristo se les atribuye dentro del Opus Dei que hicieron una campaña mundial de cartas a los obispos para que escribieran a la Santa Sede y pidieran que no se transformara en prelatura personal, como así ha sucedido. Como es de suponer, esto dentro de la institución del Santo Marqués de Peralta no se perdona. En países como México, los seguidores del padre Maciel, muchas veces abren casas enfrente de las que acaba de poner en marcha la prelatura. Es como una carrera de rivales.

Durante la presentación del libro de Martínez de Velasco escuché que los legionarios tienen unos estatutos y unos documentos que no pueden salir de sus casas. Tampoco en el opus. Sus documentos son secretos y solo pueden ser utilizados por grupos muy específicos. En la obra de Escrivá sucede lo mismo. Lo bueno de todo es que ahora nos podemos enterar de esos documentos secretos y los de la obra gracias a los 'libros silenciados' de opuslibros.org. Quienes han conseguido los documentos de uno y de otro se han marcado un buen tanto. Eso lo sabemos muy bien los periodistas. Enhorabuena.

El "quien obedece a los directores nunca se equivoca" es una frase casi repetida en uno y otro grupo religioso a los que me estoy refiriendo. Incluso oí muchas veces la expresión que seguir los mandatos de los directores en el o.d. es seguir la voluntad de Dios, que se nos manifiesta de modos muy diversos. Sin embargo, cuando se produce un fallo los directores nunca asumen sus palabras y encuentran miles de disculpas para echarle la culpa a quien ha obedecido. ¡Cuánta soberbia existe al manifestar que lo que dicen los directores es la voluntad de Dios! Pero la voluntad de Dios no es solo la de Escrivá o alguno de sus sucesores (Alvaro del Portillo y Javier Echevarría), sino que llega a los grupos más bajos: vicario regional y su equipo de gobierno en cada país; director de la delegación y su equipo que gobierna una zona del país; director del centro y otros miembros del consejo local al que pertenecen los fieles; y, el colmo, a quien lleva la charla del seguidor. Insisto, mucha soberbia.

Por lo que se ve, en los legionarios sucede algo parecido, pero el colmo está en Maciel, quien ha escrito miles de cartas y documentos -también Escrivá-, ha enviado muebles a las distintas casas suyas que se conservan como si fueran reliquias de santos --idem el Santo Marqués--, ha "protagonizado películas" y se le han grabado sus palabras en magnetofón, lo mismo que ocurría con su competidor hasta el 26 de junio de 1975, fecha en que abandonó este mundo, lo que todavía no ha sucedido con el citado sacerdote mexicano. Un dato, quien grababa las palabras de Escrivá era su ayudante, Alvaro del Portillo, que disponía de un aparato especializado encima de su cuerpo.

Una de las cosas que quedó clara en la presentación fue que los Legionarios de Cristo no respetan la correspondencia de sus seguidores --existen miles de testimonios que pueden atestiguarlo--, incluso aunque sean las que les dirigen sus familiares más cercanos. Yo cerraba los ojos y me parecía la presentación de algo que se refería a la obra del Santo Marqués de Peralta. Es frecuente que los numerarios del opus dei visiten a sus familias contadas veces. Incluso si van a visitar el domicilio de sus padres no pasen la noche con sus progenitores, sino que lo hagan en una residencia de la obra cercana al lugar. Esto en los legionarios es todavía más fuerte. Dentro de la obra se suele decir que hay que vivir "el dulcísimo precepto" con los padres y ayudarles. ¿Es esta la manera correcta?

Dentro de la obra se suele afirmar en pequeños grupos ya veteranos que los legionarios copiaron al opus. Puede ser. Escrivá es conocido por "nuestro Padre" (se escribía la letra 'p' con mayúscula) y Maciel es también conocido por "nuestro padre" (supongo que también con mayúscula). En muchos casos, las frases de unos y otros son prácticamente idénticas. Algunas veces oí en el opus que alguien de Maciel había ido a copiar hasta las medidas de los oratorios u otros detalles de una residencia o colegio mayor.

Estos son solo algunos de los casos que me acuerdo. Pero entre una y otra institución existen muchos paralelismos. Dentro de la obra se vivieron los votos hasta la aprobación de la prelatura en 1982. Los seguidores de Maciel siguen teniendo votos y son una congregación religiosa que depende de la Sagrada Congregación de Religiosos de la Santa Sede. Afortunadamente el opus es prelatura personal que depende de la Sagrada Congregación de Obispos, lo que le da un carácter más secular. ¿Dónde terminará esta competencia entre los dos?

El ombligo del mundo

Tengo la sensación de que el opus dei se cree el ombligo del mundo y su fundador es el santo más grande que ha dado la Iglesia Católica a lo largo de sus veinte siglos de historia. Eso me dijo uno de los primeros agregados, aue aún viven y que trabajan actualmente en la sede del gobierno de la obra en España, en la calle Diego de León, 14 de Madrid. Mis 34 años dentro confirman esa tesis. Ese fanatismo no es que haya sido una salida de tono de mi ex "hermano" agregado sino que lo he visto en más gente de la prelatura, que, para mí, son unos ignorantes o no quieren ver lo que está claro...

Ese fanatismo me recuerda a lo que pasa a los niños cuando son pequeños: van al colegio y cuando se encuentran a un compañero que tiene más fuerza o les domina dicen que "ya verás cuando venga mi papá, que es mucho más listo y fuerte que tu". Luego, si hablan de sus profesores a los amigos del barrio resaltan que son los más listos de España. Así, a base de repetir, se lo creen realmente.

Pues bien, cuando me hice del opus dei, el 19 de marzo de 1965, el Concilio Vaticano II estaba muy adelantado. Terminó a finales de ese año. Yo entonces casi no leía los periódicos. De ahí que mi mente estaba virgen para recibir todos los mensajes que dirigieran los directores que sí tenían la mente más clara que yo.

Uno de esos mensajes que aún me perdura es que el fundador había sido un adelantado a su tiempo al proclamar la llamada universal a la santidad, desde que fundó el opus dei. Como el entonces instituto secular tenía tanta gente en el Concilio Vaticano II --don Alvaro del Portillo , don Ignacio Orbegozo y poco más-- se tuvieron muy en cuenta sus tesis. Solo se tuvieron en cuenta las tesis predicadas por Escrivá. Vamos que eran "el obligo del mundo".

Para aparentar esa falta de presencia en el Concilio Vaticano II, recuerdo que se nos indicaba que "el Padre" (con mayúscula se le llamaba al fundador dentro de la institución) había recibido durante las sesiones a numerosos obispos, que habían ido a consultarle lo que iban a hablar en las sesiones. Yo dejo constancia del hecho. Cada uno que piense lo que quiera. Lo que está claro, y lo se por experiencia como informador religioso, es que la obra suele tender sus tentáculos cada vez que existe una reunión a alto nivel eclesial. Así sucede cuando existe una asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal española, en que cada día un obispo español es invitado a almorzar a la sede del gobierno del opus en España. Puedo decir, con terminología habitualmente empleada dentro del Episcopado, que la mayor parte de los que van a almorzar son de tesis "de derechas" o de la ortodoxia católica, aunque en España no puede decirse que exista alguno que destaque por su heterodoxia.

Terminó el Concilio Vaticano II. Los directores nos insistieron una y otra vez --prueba de ello es que se me ha quedado dentro la canción-- que "el opus dei había sido un adelantado a las tesis del Concilio Vaticano II". Pero en la aplicación de lo acordado en esta reunión vino la primera tragedia para la obra. Los directores de la obra amortiguaban el goipe asegurando que el hecho de que se produjeran excesos era seguir lo ocurrido en otros concilios.

Durante los "Dos Meses de Catequesis" --asi se llama internamente el viaje que realizó monseñor Escrivá en 1972 por toda España--, el fundador insistió frecuentemente en la necesidad de guardar la ortodoxia y de aprender los viejos catecismos. Al final de las tertulias se pedía "por el Papa y los obispos en comunión con el Papa". Por lo que se ve no habían triundado tanto las tesis del llamémosle "adelantado" al Concilio.

Recuerdo que el fundador de la obra nos dirigió una carta con ataques fuertes contra la falta de ortodxia en la liturgia. Esa carta se llamaba internamente "la tercera campanada" y Escrivá comparaba la situación con esas circunstancias en que el los pueblos se utiliza el campanario de las iglesias para llamar a los fieles ante una situación difícil. En tertulias en pequeños grupos de la obra se dirigían los ataques contra el autor de la reforma, monseñor Annibale Bugnini, que luego el Vaticano nombró nuncio en Irán y que estaba allí cuando fue derrocado el sha Rezza Pahlevi. Este hecho se vio casi como un caso de castigo divino, no a nivel de los directores, sino en pequeñas tertulias de sacerdotes y directores locales.

Como las tesis del opus dei eran las correctas y eran el ombligo del mundo, son las que hoy "imperan en la liturgia". Escrivá se agarró al clavo ardiendo del Concilio de Trento y siguió diciendo la misa de San Pio V, que no es cara al pueblo. Eso sí decía públicamente que Don Alvaro del Portillo le había conseguido una autorización para seguir con la fórmula antigua. Cuando en la calle se decía la misa cara al pueblo en lengua de cada país, en el opus se decía la misa en latín, que se considera una lengua que debe ser conservada, lo que no dejan de tener razón. En fin, ya lo conté en el artículo titulado "Resistirse a la reforma litúrgica". Como agregado que fui puedo asegurar que había una distancia considerable entre la misa que celebraban en las iglesias públicas y la que se decía en el opus dei. Cuando yo me fui en 1998, se seguían diciendo las preces de la obra en lugar de las de los fieles que se recitaban en las templos abiertos al público. Por ello las mismas preces se recitaban prácticamente íntegras en los centros de la obra.

¡Qué frustración la mía! Me creía que eran el ombligo del mundo y no lo eran. He visto la triste realidad cuando se me ha caido la venda de los ojos al salir de la institución. ¿Y pensar que aún existe gente dentro del opus que de buena fe siguen pensando lo que yo pensaba cuando me sali en 1998?

Nota: Los orejas que estuvieron ayer en tu casa, te mandan un abrazo y te dan la enhorabuena como anfitrión. Y saludan, de paso a todos los comensales que estaban presentes. ¡Eso sí que fue una comida y una larga sobremesa llena de afecto, de confianza y de verdaderos amigos! Un abrazo.

El magnetofón del florero

En estos días han salido a la luz algunos artículos que se refieren a la mala relación que existe entre entre el Opus Dei y la Compañía de Jesús, dos instituciones de la Iglesia que debían de llevarse bien, pero que no se llevan. Así queda claro en los artículos de Dionisio, César, Tapatio y Frida. No es que en un calentón de uno de ellos hayan salido a relucir unos trapos sucios que han sido inventados. Son totalmente ciertos y así lo pueden confirmar personas que lo han vivido.

Dionisio, refiriéndose a la tradición oral de la prelatura, hace alusión a una visita de monseñor Escrivá, fundador del Opus Dei, al padre Pedro Arrupe en el edificio de la curia generalicia de la Compañía de Jesús. En esa reunión --dice--se encontró un magnetofón dentro de un mueble. No especifica el tipo de mueble. Pues bien, a mi me llegó en versión de un magnetofón dentro de un florero. Es de película truculenta. Esto lo he oido por varios lugares...

Como en el Opus son tan amantes de la Iglesia en general y de los religiosos, cuando participa un opusino en un hecho él siempre queda como bueno y los demás son malos. La versión que me llegó dentro de la obra sobre ese hecho es que el fundador expresó su malestar por estar controlado en la conversación. Se ve que en la obra de Escrivá no se controla lo que se dice y, al final de las entrevistas con personajes principalmente de la Iglesia, hay que escribir una reseña sobre los temas tratados. Claro que como era el fundador y mandaba, él no lo escribiría y sí su ayudante del momento. Eso sí corregido hasta el extremo por el Santo Marqués de Peralta.

Esta es una de las lindezas que se oían dentro de la Obra sobre los jesuitas. Más de uno podrá ratificar mi versión. También se me comentó que cuando el Padre Arrupe fue a visitar al fundador de la obra, quedó claro que en la sede central del entonces instituto secular (el opus) las mujeres del servicio iban con cofia y en traje de gala para servir a la mesa, mientras que en la Compañía no había esa limpieza que se observaba en Villa Tevere y que hacía que algunos eclesiásticos dijeran que el domicilio de Escrivá estaba hecho con mármoles, cuando la verdad, según ellos, era que estaba más limpio y con mayor cantidad de cera que lo hiciera más brillante.

Algunas veces he leído aquí comentarios del "mucho cariño" que demostraba Escrivá por los miembros de órdenes y congregaciones religiosas, a las que a veces comparó a niñas de colegio. Para decir que eran buenos, aseguraban que contaban con algunos religioso/as contemplativo/as y unos poco/as de vida activa que eran cooperadores del O.D.

A los pocos años de fundar la obra, Escrivá tuvo como confesor al padre Valentín Sánchez Ruiz. Con el tiempo cambió de confesor, pues el citado jesuita, según lo que decían en la obra, le daba plantones por indicación de los superiores de la Compañía de Jesús.

No se me olvida la anécdota que se contaba en el Opus de aquella religiosa que se encontraba en un centro sanitario que manifestaba que en su congregación se le trataba con "caridad" y ella deseaba ser tratada con "cariño". El siguiente razonamiento es que en la obra se nos trataba con cariño. En los casi 34 años que pertenecí a la obra pocas veces se me trató con cariño. Luego se trata de un caso de "autobombo" y de soberbia, que puede ser hasta considerada colectiva.

Pero la animadversión de la Obra contra los jesuitas iba más allá. Se decía que en los años posteriores a la terminación de la Guerra Civil, el fundador tenía prohibido visitar Barcelona, lo que le hizo cambiar de nombre en el documento de identidad. Se acusaba a la Compañía de Jesús de haber promovido tal acoso, tras haberse hecho de la obra algunos de los que formaban su congregación, llamada de "los Luises". El gran defensor de la obra en aquellos momentos fue Alfonso Balcells, que luego se hizo numerario y que ya ha fallecido, según comprobé cuando hice el estudio sobre la gente que fallece en la prelatura. El boletín "Romana" publica los nombres de los fallecidos. Claro que en estos momentos lleva un considerable retraso, al llegar solo hasta junio de 2003, por lo que la demora es de casi año y medio.

Era tal la animadversión que había contra la Compañía de Jesús que yo oí muchas veces que era la culpable de toda la crisis que ha vivido la Iglesia Católica tras la celebración del Concilio Vaticano II. A ello se añadió que en España no había obispos pertenecientes a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, vinculada al Opus Dei, por lo que los culpables, según ellos, eran los jesuitas.

Todos estos hechos han provocado que en mi interior hayan existido reservas hacia la Compañía de Jesús. Si es otra institución de la Iglesia Católica que a lo largo de la historia ha dado muchos santos, ¿por qué se le va a mirar mal?

Irse sin nada

Durante los casi 34 años que estuve en el Opus Dei se me habló por activa y por pasiva que la pobreza era total. Siempre se me regateó todo lo que pedí para arreglar mi casa e incluso uno que llevaba mi charla, hoy fallecido, con papel y bólígrafo, llegó a decir que era mucho el dinero que sacaba del sueldo mensual que ingresaba en caja, procedente de mi sueldo como periodista. Ninguno de mis compañeros de profesión vivía tan ajustado como yo y eso que, como se nos decía dentro de la institución, "nos nos diferenciamos en nada de los demás". Pues bien, cuando te vas, si eras pobre dentro, eres más pobre fuera...

La mayor parte de los que se van de la obra habiendo dedicado la mayor parte de su vida a tareas internas, su dificutad es todavía mayor. Casi ninguno tiene seguridad social, pues no ha cotizado, y tampoco poseen planes de pensiones, ya que no tienen ingresos propios con los que sufragarlos. Aún así, existen valientes que se atreven a afrontar esa aventura --que lo es-- y prefieren vivir más de acuerdo con su libertad. Me descubro ante ellos. Son unos fuera de serie.

Si los de la obra no son como los miembros de órdenes y congregaciones religiosas, por qué se les aplica el espíritu de ellos. Un amigo mío que impartió clases en un colegio durante dieciseis años, que era obra corporativa, fue echado de su puesto de trabajo. Recurrió a la Magistratura de Trabajo. Durante la celebración del juicio se descubrió que el colegio del opus no le había pagado la Seguridad Social durante ese tiempo. Ahora, ya mayor, casi no tiene pensión del Estado y malvive como puede. Esta es la justicia social cristiana que en algunos casos se practica en el seno de la única prelatura personal que existe en la Iglesia Católica.

Los sacerdotes numerarios son una especie especial. Muchos de ellos se han ordenado de jóvenes y no han ejercido la profesión a la que aspiraban a santificar. Cuando deciden irse y empezar de nuevo, sobre todo si se tienen más de cuarenta años, lo que hacen es algo parecido a lo que se siente cuando uno se lanza al vacío con un paracaídas defectuoso. Se pueden dar la gran torta o también, "suena la flauta", uno entre mil casos, y encuentran algo.

Las numerarias y las numerarias auxiliares tienen también mucho mérito. En opuslibros han salido casos de los estudios de ciencias domésticas, que es un título interno que fuera no vale para nada. Si lo presentan para obtener algún puesto de trabajo les dirán que tienen que presentar títulos que valgan. Por ello, se encuentran cogidas por las garras del opus y es una dificultad para irse.

Los que hemos sido agregados sabemos de las veces que hemos debido poner buena cara ante la negativa a hacer un gasto para solucionar un problema de primera necesidad en nuestro domicilio familiar. Estábamos "en medio del mundo", pero no vivíamos como "en medio del mundo". Para lo que convenía éramos de una manera y para lo que no convenía, de otra. No podíamos ser mundanos y dejarnos llevar del "espíritu consumista" actual. Eso decían nuestros directores

Me costó mucho tomar la decisión de irme de la obra. Era romper el impulso de 34 años dentro. Afortunadamente jamás tuve que depender del opus en mi trabajo profesional. Por eso, me arriesgué. No tenía nada ahorrado. Mis padres habían sido previsores y gracias a ellos estoy donde estoy, recién jubilado con 59 años y disfrutando de la vida.

Si en otros organismos de la Iglesia Católica a los que no quiere parecerse el Opus Dei se entregan cantidades a los que se van para que puedan salir adelante, ¿por qué en esta prelatura no se hace lo mismo para bien? Pienso que las fugas de "fieles" iban a ser masivas. Por eso llego a una conclusión: el opus pide mucho y no da nada. Algunos de los que se van incluso han cedido su herencia familiar y ahora no tienen ni eso.

El misterio de la embarazada

"El misterio de la embarazada" no es el título de una novela policiaca de Agatha Christie, ni de Simenon, sino que corresponde a algo que pertenece a la práctica habitual de esa institución fundada por una de las personas que fue beatificada y canonizada en menos tiempo en la historia de la Iglesia Católica...

El fundador del opus dei, el Santo Marqués de Peralta, solía decir en las tertulias que él aborrecía los misterios en su institución y, para salvar el escollo del misterio que rodeaba a cualquier pitaje, lo comparaba al de una mujer embarazada, que por fuera se nota, aunque pasan unos meses en que solo lo sabe ella, su esposo o pareja y su familia.

Cuando me hice del opus dei el 19 de marzo de 1965 inmediatamente se me aconsejó que no se lo comunicara a mi familia y, durante unos días, tampoco se me permitió comunicárselo a otros del centro donde me encontraba, en la calle General Oraa, 5 de Madrid. Se trata de un centro hoy ya desaparecido. Todo tenía un misterio y se me insistió que el opus no era una institución -- entonces instituto secular-- secreto. Pude comprobarlo que eso era cierto.

Mi padre, que era muy listo, se dio cuenta inmediatamente. Antes de las veinticuatro horas me aconsejó que "deshiciera lo que había hecho". Pues bien, fui a Martincho, el entonces director de General Oráa, 5, y le dije que quería romper la carta al fundador, debido a la situación en mi familia. Lo que son las cosas, luego estuve hasta el 28 de octubre de 1998, aunque la comunicación de la baja definitiva no se produjo hasta el 21 de enero de 2000.

El entonces director del centro me aconsejó que negara en mi familia mi incorporación al opus dei. Así lo hice. Qué cosa más buena hubiera sido que ya no continuara en la institución. Han sido muchos años de felicidad, pero también otros muchos de humillaciones y de malos ratos, en algunas ocasiones. Pensar que yo creí que me incorporaba a una familia en la que, según el Santo Marqués de Peralta, había lazos más fuertes que los de la sangre... Puedo decir que en mi caso concreto eso no ha sido cierto.

Pues bien, al llegar el verano, se me indicó que yo debía acudir a un curso anual que se daba en el Colegio Mayor La Estila de Santiago de Compostela. Debía ir allí en el mes de julio de 1965. mi "embarazo" ya era de tres meses. Mis padres no me dieron dinero para que acudiera. Como no ganaba dinero, era un contratiempo. Vaya si mis progenitores se daban cuenta de la situación.

Mientras tanto, mis directores en la obra no me autorizaban a dar a conocer a mis padres que yo me había incorporado a la obra. Los de la obra que desde Bilbao venían a un pueblo de la provincia de Santander (hoy Cantabria) se me presentaban en mi casa como "amigos". Mis padres mostraban su extrañeza por ver a unos señores que se decían mis "amigos" y que no conocían. Incluso el sacerdote, don Jaime, se subía a los árboles y vestía de paisano con una camisa blanca y un pantalón de campo. Cuando regresé a Madrid, nuevo intento de hacer una convivencia en una casa que entonces se denominaba internamente "kilómetro 12", por estar situada en este lugar de la carretera de La Coruña. Tampoco lo consiguieron los de la obra.

¿Qué hubiera costado hablar abiertamente? Ya sé que se confirmaba lo del "misterio de la embarazada". Pero si la obra no tenía misterios, por qué los directores nos decían que los viviéramos. Era una contradicción. La explicación era sencilla. Igual que la embarazada tiene que cuidarse mucho al principio, la vocación reciente también tenía que ser cuidada al principio para evitar perderla.

Uno de los que me cuidaron en aquellos momentos, José Ignacio, aún sigue en la obra y es director de un centro de numerarios y otro de agregados. Pues bien, ahora puedo decir que ha sido uno de los últimos causantes de que yo escriba esta serie de artículos, al mirar al cielo al encontrarse conmigo en una calle estrecha de Madrid y no saludar.

Como ya no hay "embarazada" se ve que ya no hay misterio y, por lo tanto, se actua como si no existieras. Ahora se oculta de otra manera, ignorándote. Un buen ejemplo.

NACHO FERNÁNDEZ


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