Diecisiete años en el Opus Dei

From Opus Dei info

Autor: ex numerario norteamericano -2004-


Contents

Introducción

Soy católico practicante y el objetivo de mi relato es prevenir tanto a los católicos como a los no católicos acerca del Opus Dei, ya que estos últimos pueden ser cooperadores de esa institución. Fui miembro del Opus Dei durante 17 años, y vi hacer cosas que repugnan a la conciencia de las personas decentes y honestas; ellos continuarán con estas prácticas mientras no se les plante cara públicamente y se les pidan cuentas por esas acciones.

El Opus Dei, el nombre en latín de "obra de Dios" (o simplemente la Obra), es una Prelatura Personal de la Iglesia Católica que pretende enseñar a los laicos cómo ofrecer su vida profesional, social, cultural, espiritual y familiar a Dios, con el fin de convertir esos entornos y trabajos en un instrumento de santificación personal y poder acercar a las demás personas a Dios.

Sin duda se trata de unos fines nobles. Al Opus Dei pertenecen muchas personas buenas que hacen un innegable bien. Sin embargo, el Opus Dei es una organización con una estructura muy rígida y un nivel muy elevado de control sobre sus miembros. Muchos de ellos llevan años en la organización y todavía no conocen cómo se actúa a nivel de sus máximos responsables. En palabras del Evangelio, "aquellos que tengan oídos para oír que oigan" (Mateo 13,43). Antes de involucrarse a fondo con esta institución, necesitas considerar si el Opus Dei realmente responde a la vocación que crees tener.


Mi historia

Captación y los primeros años

Fui reclutado por el Opus Dei en 1969 cuando fui a Boston a estudiar física como aspirante a entrar en el M.I.T. El Opus Dei había convertido una antigua casa de la calle Marlborough en el vecindario de Back Bay en una residencia de estudiantes llamada Trimont House. Esa casa se cerró uno o dos años después, y la labor apostólica se trasladó a un centro llamado Elmbrook en la calle Follen, justo detrás de Harvard, en Cambridge. El Opus Dei pone en marcha centros en ciudades universitarias para contactar gente joven competente, que unas décadas después ocuparán posiciones preeminentes en la sociedad.

El Opus Dei también usa la táctica de la célula, como la habían usado los comunistas. Las personas son agrupadas en células o círculos en base a su profesión y entorno social, y uno no suele hablar ni se reúne con otros miembros, a no ser que se trabaje en proyectos o apostolados similares.

El Opus Dei averigua qué estudiantes provienen de escuelas católicas, y se presentan en nuestras casas durante la semana previa al curso, cuando muchas residencias invitan a los futuros universitarios a visitar sus instalaciones para captar residentes.

Yo no estaba especialmente interesado en su residencia, pero era católico y quería convivir con otros católicos. Para mí estaba claro que algunos de ellos (los directores y los curas) estaban comprometidos de por vida a llevar una vida de celibato dentro de la organización. El director del centro nos explicó en qué consistía su compromiso. Cuando le pregunté si podía dejarlo, él sonrió y dijo que sí, que podía irse, pero inmediatamente recurrió a un argumento muy del Opus Dei, que utiliza la culpabilidad personal. Dijo que podía dejar el Opus Dei, pero que debería dar cuenta de ello ante Dios en el Juicio final.

Habiendo crecido en un entorno católico, el ambiente de una Universidad secular produjo un shock en mi fe, y la capellanía universitaria no me ayudó demasiado en ese sentido. Me preocupaba mantener y alimentar mi fe, de modo que seguí visitando el centro. Además de los miembros que era obvio que estaban "comprometidos" y que más tarde supe que se llaman "numerarios", había otros miembros jóvenes, estudiantes amigables de todo el mundo, que tenían sus planes profesionales y tenían previsto volver a su casa y formar una familia una vez terminada su formación. Tras unos pocos meses, mi amigo y mentor, que era uno de esos estudiantes proveniente del Brasil, me pidió que me incorporara a la obra. Me había dicho que su compromiso era completamente laico, sin nada que ver con una orden religiosa, y sin votos; él simplemente vivía la vocación cristiana que todos estamos llamados a vivir. Decidí aceptar e incorporarme, de la misma forma que me había incorporado al club católico de la Universidad. Me sorprendió que tuviera que escribir a un cura de Nueva York, del que no había oído hablar nunca. También se me requirió que solicitara un tipo determinado de pertenencia cuyo significado desconocía. Todo aquel proceso me pareció un poco irregular y en cualquier otra situación en ese punto lo habría dejado. Pero el Opus Dei decía que tenía todas las aprobaciones de la Iglesia Católica, y sus curas se dejaban ver continuamente en todas partes para demostrarlo. Fiándome de la Iglesia, me hice miembro.

Se me dijo de pedir la admisión como miembro "supernumerario". Mi amigo me dijo que eran los miembros que habitualmente se casaban. Los directivos, en cambio, provienen de los numerarios. Más adelante fui aceptado como miembro numerario. El contraste entre las dos categorías es muy marcado. El fundador del Opus Dei escribió en Camino (punto 28): "El matrimonio es para la clase de tropa y no para el estado mayor de Cristo". Esto se debe tener en cuenta al evaluar la información sobre la Obra que los supernumerarios colocan en internet y en las entrevistas de prensa que dan. Se supone que los supernumerarios forman el grupo más numeroso dentro de la obra, y a menudo son la gente "para enseñar" del Opus Dei - los que representan la imagen de la sal en la tierra con sus familias numerosas católicas. Los supernumerarios no se enteran de lo que sucede en el Opus Dei. Si quieres enterarte de la composición de un ejército y de a dónde se dirige, tienes que decidir si vas a preguntar a los soldados o a los generales.

Antes de incorporarte al Opus Dei, eres presentado a un sacerdote, el cuál empieza a "pescarte" y a explorar tu manera de ser en el contexto de la dirección espiritual. En la formación recibida se aprende que para crecer en vida interior es preciso abrirse -en confidencia- a un director espiritual experimentado. Con el sacerdote, eso se hace fácilmente bajo el "secreto de confesión" (cara a cara), y siguiendo un proceso gradual te acostumbras a desnudar tu alma a una persona que conoces. Al incorporarte al Opus Dei, se te asigna un director espiritual laico, y el proceso se traslada del "secreto" (de confesión) al ámbito de la "confidencia" con el director espiritual laico. Todavía no te han explicado muchas cosas sobre el Opus Dei. Se trata de un proceso en el que te examinan para llegar a conocer qué pueden sacar de tí y poner a prueba tu temple.

Al acercarse el final de mi primer año, y prepararme para regresar a mi casa en California, a tres mil millas de distancia, me dieron la "buena noticia" de que en San Francisco había un centro del Opus Dei, a una hora en coche de mi casa. En retrospectiva, me doy cuenta de que se fijaron en mí para ayudar en la expansión del Opus Dei en la Costa Oeste.

En otoño volví a la residencia. El Opus Dei había dejado muy claro que no éramos una organización religiosa, y que nuestra obediencia sólo era aplicable a nuestra vida espiritual y al apostolado. Se suponía que todos teníamos nuestra profesión, y el carisma peculiar del Opus Dei como organización laica consistía en que debíamos santificarnos por medio de esa profesión ofreciendo un trabajo bien hecho a Dios y haciendo apostolado para edificar el Reino de Dios en este mundo. Se suponía que escogíamos nuestra profesión y la ejercíamos libremente de acuerdo con nuestra conciencia y con los estándares profesionales más elevados. No sólo se daba por supuesto que fuéramos económicamente independientes, sino que trabajáramos duro para conseguir dinero extra para sostener la Obra y sus apostolados.

A mitad de camino para el fin de curso, mi director me dijo que se estaba organizando una convivencia de fin de semana con un grupo de gente, para hablar de apostolado y hacer planes para ese año, y que estaba invitado. De hecho, era ya muy tarde para hacer planes para ese año, ya que el semestre estaba tan avanzado que ya estábamos en medio de los exámenes parciales. El lunes tenía un examen importante y necesitaba estudiar, y desde un punto de vista profesional, no podía irme el fin de semana para estar en una convivencia de la que se me había avisado con tan poco tiempo. Mi director se mostró extraordinariamente decepcionado pero me dijo que no fuera. Cuando -a la semana siguiente- acudí a la dirección espiritual, me dejó claro que los directores llevan la pesada responsabilidad de las almas y que planean esos fines de semana de formación con mucho cuidado. El que no asistiera se consideraba una desobediencia formal, y yo había provocado un retroceso importante en el apostolado de ese año. Fue entonces cuando empezaron a explicarme la primera cláusula en "letra pequeña" (de mi contrato como miembro): el apostolado debe anteponerse a las necesidades profesionales - y, como al final pude comprobar- a todo lo demás.

Le manifesté a mi director que no pensaba que mi negativa a asistir fuera un gran problema, y que en cualquier caso dejaría el Opus Dei cuando me graduara y volviera a California. Entonces fue cuando el director me explicó la segunda cláusula en "letra pequeña" y me dijo que todos se incorporan al Opus Dei de por vida… Sí… ¡para toda la vida! A posteriori, no puedo dejar de pensar en que mí reclutamiento se precipitó, de modo que mi amigo -que también era una vocación reciente- pudiera alcanzar su cuota apostólica. Sabía que no se me podía retener en base a una decisión tomada sin suficiente conocimiento del compromiso. De todos modos se hace duro tomar esa decisión cuando te empiezan a hablar de la autoridad de la Iglesia, de Dios y de la vocación. Había empleado los seis meses previos tratando de crecer en vida interior. No me sentía amenazado por el Opus Dei, pero oír esas cosas fue un shock para mí. Trabajamos ese pequeño problema. Mis directores me dijeron que todavía debía escribir "otra carta", pero que no iba a interferir si todavía deseaba seguir su programa de formación espiritual. Finalmente, escribí la carta de admisión dos años y medio después. En los años siguientes se me fueron explicando más cosas sobre la estructura del Opus Dei. Al final sabes que hay que escribir varias cartas antes de llegar a ser miembro. La primera que escribí se llama "pitar" y no tiene ninguna relevancia o validez en el derecho de la Iglesia. Se trata de una carta solicitando entrar en un periodo de prueba secreto. Uso la palabra "secreto" porque pides ser miembro, y se te dice que tu carta ha sido aceptada. Por tanto, como he explicado, aunque técnicamente hablando uno no es miembro, te dicen que lo eres y empiezan en ti el proceso de disciplina en la obediencia a los directores.

La segunda carta, llamada formalmente de admisión, en derecho canónico no se le da un carácter vinculante, porque de acuerdo con sus estatutos el miembro puede irse en cualquier momento sin castigo y sin pedir permiso, pero los directores nunca te informan de esto. Te enteras años más tarde cuando empiezas la formación para ser director.

Traslado a Australia

Al acercarse el final de la carrera y empezar a hacer planes profesionales, mis directores me pidieron que me fuera a Australia a trabajar y a ayudar en el comienzo de una obra corporativa de apostolado, Warrane College, una residencia masculina de 200 estudiantes en el campus de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Sydney, Australia, que se encontraba en su tercer año de funcionamiento. En Australia, un "college" es una residencia que posee un estatus oficial con la Universidad. Debido a mis experiencias previas, nos sentamos para hablar en profundidad de esta petición. Estuvieron de acuerdo en que se trataba de una simple petición no sometida a obediencia, pero me dijeron que sería bueno y haría méritos para el cielo si iba y ayudaba a expandir la Obra de Dios.

Me fui a Australia asumiendo el coste del viaje y realicé las gestiones pertinentes para realizar estudios de postgrado. No se trataba de mi primera elección para esos estudios, pero por el bien del apostolado, escogí libremente trasladarme mientras seguía bajo el "hechizo" del Opus Dei.

Esta residencia de estudiantes era un nuevo apostolado del Opus Dei. Era mayor que otras que tenían en otras ciudades universitarias y no era totalmente privada. El edificio fue construido en el campus de la Universidad con participación económica del gobierno y poseía el reconocimiento oficial de la Universidad como residencia afiliada. El gobierno australiano era el titular y administrador de todas las universidades y no seguía la regla Americana de la separación Iglesia-Estado. Reconocían a Dios todopoderoso, Creador del universo, y eran favorables a trabajar con organizaciones religiosas para promover el bien común en la comunidad. La Universidad quería promover valores morales rectos para lo cual llegaba a acuerdos con los Judíos, Protestantes y Católicos, para que se hicieran cargo de residencias con un alto grado de autonomía. Como resultado, los estudiantes llegaban a la ciudad a estudiar en la Universidad y solicitaban la admisión en Warrane College para vivir en la residencia católica. Sólo tras empezar a vivir en la misma se enteraban de que pertenecía al Opus Dei.

Para mi sorpresa existía una fuerte oposición a la presencia del Opus Dei regentando una residencia exclusivamente masculina en un campus secular. No cabe duda de que buena parte de la oposición se debía al hecho de que las chicas no eran aceptadas en esa residencia, en contraste con la gran mayoría de las otras residencias en Australia, que recientemente habían pasado a ser mixtas. Como católico con un profundo respeto y amor al don de la sexualidad, me sentía seguro apoyando esa política del Opus Dei.

Había un buen número de otras reglas -escritas y no escritas- referentes a los invitados, vestimenta, horario de limpieza, comidas y silencio de la noche, que no eran claramente explicadas durante el proceso de admisión, y que provocaban mucha inquietud en los estudiantes al enterarse de ellas una vez ya vivían en la residencia. El Opus Dei intentaba dirigir esa residencia y controlar el ambiente de la misma manera que lo hacía en sus residencias privadas como Trimount House en Boston. Como miembro, se me pidió que apoyara esas reglas, y empecé a darme cuenta de por qué necesitaban miembros del otro lado del mundo que les apoyaran. La regla más difícil era que incluso los visitantes masculinos no podían pasar más allá de la zona de visitas en la planta baja. Mis directores habían empleado cuatro años en explicarme (y yo los mismos explicándoselo a otros) que nuestra espiritualidad era laica; y aquí estaban intentando convertir esa residencia universitaria en un convento.

En 1970, el año en que abrió sus puertas Warrane, la unión de estudiantes universitarios se manifestó en contra de esa residencia de estudiantes exclusivamente masculina. La manifestación degeneró en violencia callejera, con cristales rotos, policía, quema de retratos y gases lacrimógenos. Como consecuencia, la Universidad declaró que la política de restringir el acceso a los visitantes masculinos iba más allá de lo razonable, por lo que exigía que se permitiera su acceso. Sin embargo continuaron con una política no reconocida de tratar de impedir y limitar esas visitas.

Llegué en 1974, cuatro años después de la "revuelta". Todavía había mucha tensión en la residencia respecto a las reglas internas. Se suponía que debíamos hacer constantemente apostolado con los residentes, invitándoles a las meditaciones del sacerdote, a la dirección espiritual, la Misa de los domingos y los círculos de formación que daban nuestros directores. Los directores eran muy exigentes y nos enseñaron a que un "no" nunca era una respuesta cuando invitábamos a alguien a los medios de formación. La obediencia es necesaria en la vida espiritual y en el apostolado. Hacía todo lo que podía para ser justo y honesto con la gente, pero la presión para alcanzar las metas apostólicas motivó una gran tensión en todas mis relaciones.

Entonces empecé a tener reservas respecto a una serie de cosas que veía. El Opus Dei afirma que su apostolado se basa en la amistad, pero también se basa en el prestigio profesional, en el status público y en la presión a los compañeros. Uno de los directores era un cubano que se había formado en España. Era un estudiante graduado en física y uno de los tutores senior de la residencia. Se comportaba con un aire arrogante atribuido a su graduación y demandaba de los estudiantes noveles que le trataran con la deferencia que merecía. Personalmente me sentí ofendido por su actitud y modo de tratar a los estudiantes. El ingles no era su lengua maternal, e intentaba poner en un aprieto a los estudiantes mostrándoles lo maleducados que eran usando palabras cultas que había aprendido en inglés. Observé cómo los insultaba y atacaba sus creencias, y cuando ellos le contestaban atacando las suyas, entonces se defendía invocando la autoridad de la Iglesia. Los estudiantes venían a verme para quejarse de él, pero como miembro del Opus Dei, se suponía que debía estar a su lado y animar a los estudiantes a que lo respetaran y a que siguieran sus consejos e indicaciones. En el Opus Dei, un miembro nunca corrige a otro miembro (o lo amonesta por su comportamiento) sin seguir un proceso formal denominado "corrección fraterna", supervisado por el director. Intenté un par de ocasiones hacerle la corrección fraterna. Se me decía que esa persona ponía a prueba a los estudiantes para ver si tenían las cualidades necesarias para la vocación, y por tanto no le pude corregir. Continuó poniendo a prueba la vocación de los estudiantes hasta que un día un estudiante le insultó. Se irritó sobremanera y dio un puñetazo al estudiante. A todos los de la Obra se les dijo que no hablaran del incidente con nadie ni hicieran comentarios al respecto si alguien les preguntaba por lo sucedido. Los directores no nos explicaron lo sucedido y se limitaron a afirmar que el estudiante le había provocado injustamente. Se nos prohibió preguntar a los testigos por lo sucedido, de modo que a día de hoy, todavía no sé exactamente cual fue el insulto. Con el tiempo el incidente fue olvidado.

Un par de años después, ese director marchó de la residencia para empezar un centro del Opus Dei en el distrito de Roseville. Se le llamó Centro de Estudios Dartbrooke en Oliver Road. Después de un acto espiritual que tuvo lugar allí, la gente se quedó charlando en la entrada, despidiéndose y preparándose para marchar a su casa. Vi a ese director dando una bofetada en la cara a un joven aspirante, que fue cogido totalmente por sorpresa. Entonces empezó a cerrar el puño y a levantar el brazo. El director dio un paso atrás, señaló los pies del estudiante y le dijo que no se atreviera a devolver el golpe -dijo que era el director de la casa y que debía ser respetado-. En ese instante intervino el cura. Se interpuso en medio de los dos, dio un abrazo al chico, y dijo que la gente no debía pegarle porque era un buen chico. Realmente no estaba reprendiendo o corrigiendo al director. Vi eso más como un juego de "el director bueno y el director malo". El chico siguió acudiendo a las charlas durante un tiempo, pero nunca se hizo de la Obra. Secretamente, me alegré de su "huída".

Una de las tácticas del Opus Dei consiste en nombrar a personas jóvenes para los cargos de dirección espiritual y de gobierno. Se nos dijo desde el principio que esperáramos esto. Entre otras cosas, se trata de un método de control de las personas y los acontecimientos, ya que los mayores deben obedecer a esos jóvenes sin tener en cuenta su experiencia o comportamiento. Finalmente fui asignado a un director que estaba siendo formado en la dirección espiritual. Esa persona llegó a ser conocida por sus rabietas cuando las cosas no iban cómo él esperaba. Había terminado un curso de teología, pero no sabía absolutamente nada de dirección espiritual. A pesar de ello se sentía muy confiado en sus habilidades al respecto. Había sido nombrado para un cargo en la Comisión Regional y un día nos dijo una cosa extraña. Nos explicó que el comienzo del Opus Dei en un nuevo país era un tiempo crítico, y que sólo los mejores podían recibir encargos de gobierno.

Este director tenía una visión muy profunda de mi alma, y empezó a encontrar faltas imaginarias en mi carácter respecto al aprovechamiento del tiempo. El "aprovechamiento del tiempo" es una virtud a la que se da mucha importancia en el Opus Dei. Como se supone que santificamos nuestras vidas con el trabajo profesional, es una falta grave desperdiciar el tiempo que Dios nos ha concedido. Se castiga continuamente a las personas por no hacer un buen uso de tiempo. Cuando pedí ayuda para identificar y arrancar de raíz esos males, él dedujo que yo tenía mala voluntad al no querer admitirlos. Como castigo, me impuso el silencio y me prohibió hacer preguntas en la dirección espiritual. Cuando intenté objetar a ese modo de tratarme, se enojó muchísimo y me dio una larga charla sobre lo que significaba para él dirigir mi alma; me dijo que tenía la solemne responsabilidad ante Dios de corregir mis faltas dentro de la estructura llamada Opus Dei, sacada adelante por nuestro santo fundador que había sufrido y había cruzado Los Pirineos con gran peligro en invierno durante la Guerra civil española para hacer posible esa realidad; yo tenía la solemne obligación de obedecer y tenía que arrepentirme por mi gran falta de agradecimiento. Eso se repitió durante varias semanas hasta que aprendí a asentir a todo lo que decía. Cuando más tarde intenté quejarme por su modo de actuar, el director a quien presenté mi queja solo se sonrió con desdén y no admitió que hubiera nada malo en su actuación. Por el contrario, incluso me dijo que todos obedecemos siempre a los directores. Este sistema de dirección espiritual, en sí mismo, era una pérdida de tiempo, pero lo que me enseñó fue que los directores pretendían tenerlo siempre todo controlado. No iban a tolerar ninguna oposición. Y me quedé, para el resto de mi "vocación" bajo la continua amenaza del silencio formal.

Un extraño podría preguntarse cómo es posible que sucedan esas cosas. Ocurren porque los miembros y directores son empujados continuamente a alcanzar las metas apostólicas, indicándose que tienen la asistencia y bendición de Dios, por lo cual se llega a niveles muy elevados de fanatismo. Por ejemplo, el Opus Dei declara oficialmente que su fundador, san Josemaría Escrivá, falleció el 26 de junio de 1975. Sin embargo, ese director nos dijo a un grupo de nosotros que san Escrivá falleció de un coma diabético el 27 de abril de 1954, y que entonces fue resucitado milagrosamente para completar la fundación del Opus Dei antes de su segunda muerte en 1975. Esa revelación se la había confiado uno de los primeros miembros del Opus Dei en un pasillo apartado de la sede central en Roma. Ese miembro lo había visto y tocado cuando se produjo el acontecimiento. Varios dijimos que aquello era ridículo. Volvió a tener un ataque de cólera y nos conminó a guardar silencio. Nos insistió en que no debíamos poner en duda su autoridad cuando nos estaba transmitiendo las tradiciones verbales de nuestra familia. Ese modo de actuar, era sin duda muy poco ortodoxo, sin embargo aprendí a obedecer primero y preguntar después.

El fundador reivindicaba para el Opus Dei el carisma del sacramento de la confesión. Como ayuda para vivir ese carisma, nombró al cura de Ars, san Juan Mª Vianney (quien vivió en Francia de 1786 a 1859) como intercesor del Opus Dei. San Juan Vianney poseía una gracia especial para el discernimiento y podía ver en el interior del alma del penitente y a menudo les recordaba pecados que habían olvidado mencionar, de modo que con todo el autobombo y la excitación causados por un fundador bendecido con tantos milagros y privilegios, inclusive apariciones de la Virgen, es fácil comprender cómo ese joven director podía reclamar y atribuirse esos dones de discernimiento (rozando lo mágico) en el contexto de una estructura de poder absoluto que siempre cierra filas alrededor de sus dirigentes.

Uno de mis primeros encargos apostólicos consistió en escribir cartas a la gente pidiendo dinero. Se me dijo que debía hacerlo mensualmente. Mi lista de direcciones se basaba en un conjunto de fichas de donaciones en las que constaba el nombre y la dirección, y había varias opciones para elegir a los candidatos. Casi todas las fichas se referían a una única donación pero mi director me comunicó que habían prometido hacer contribuciones de un modo regular. Nunca recibí respuesta a mis cartas, y empecé a darme cuenta de que el espacio destinado a contribuciones regulares estaba en blanco en las fichas, lo cual me pareció curioso.

El Opus Dei afirma, oficialmente, que solo pide cosas en un contexto de amistad. Cuando estás en el Opus Dei, sólo se oyen anécdotas del éxito de un miembro que fue perseverante en perseguir a un potencial candidato hasta que logró su incorporación a la Obra. Desde que dejé el Opus Dei, he leído muchas quejas y críticas hacia el Opus Dei en internet por parte de gente que afirma haber sufrido presiones y persecución por parte del Opus Dei mucho después de dejar claro que no deseaban implicarse. Después de lo que he visto en la Obra y de las cuotas o metas impuestas a los miembros, me creo las quejas de esas personas.

Mi nombramiento como director

El gobierno del Opus Dei esta muy centralizado, y protegido por una confidencialidad absoluta llamada "discreción". Los centros son dirigidos por un consejo local, bajo la supervisión de un director. Cada consejo local informa a una comisión regional (delegación) y éstas a una comisión nacional donde manda un consiliario que es sacerdote. Este gobierno nacional está sometido a un Consejo General en Roma, bajo la más absoluta autoridad del Prelado (llamado "el Padre"). A los socios se les informa sobre quiénes son nombrados como directores para que les conozcan y les obedezcan. No obstante, se da muy poca información sobre cuales son las responsabilidades concretas de un director. Hay cierta ambigüedad sobre sus funciones y sus atribuciones. Después de 17 años de pertenencia a la obra, todavía no tenía una idea clara sobre el trabajo de determinados directores.

Llegó el momento en que los directores ya me consideraban preparado para un cargo de gobierno. Me nombraron Tesorero de Warrane college. Era el administrador del Colegio. Tenía tres colaboradores a quienes supervisaba: un responsable de mantenimiento, un administrativo, y un director para la oficina. Mis responsabilidades eran principalmente llevar el día a día del colegio mayor, además de los presupuestos, el mantenimiento, la dirección financiera externa de la residencia, y la interna del centro para nuestra labor apostólica. También me nombraron del consejo local de Warrane, pero poco podía aportar porque yo era el que menos experiencia de gobierno tenía de los 5 directores del centro.

Durante muchos años me habían enseñado que el Opus Dei no tenía "una escuela de pensamiento" por ser su principal característica la secularidad. No existía en el Opus Dei un posicionamiento en asuntos mundanales, porque solo tenía fines espirituales. Me enseñaron que nunca se nos indicaría cómo debíamos realizar nuestra labor profesional o cómo resolver los problemas cotidianos de nuestro trabajo. Estas eran cuestiones para resolver con nuestra "bendita" libertad personal en tanto que éramos personas laicas en medio del mundo y socios de una organización laical. El criterio para nuestra labor profesional era que había que hacer el trabajo con el mejor nivel profesional posible. Yo me creía esto y lo había enseñado a los demás durante 9 años. Pero el día que me nombraron a un cargo de gobierno, mi director me llamó aparte, y me dijo que en contra de lo que me habían enseñado, había excepciones. Me explicó que no siempre cumplían con las normas contables preceptivas porque eran demasiado legalistas y hacían perder el tiempo. Dijo que era más importante hacer apostolado y llevar almas a Dios. Empezaba a descubrir que hay muchas excepciones en el Opus Dei.

Lo primero que descubrí era que había desaparecido dinero. El Colegio mayor había estado presentando auditorias falsificadas durante años. Los directores habían logrado convencer al auditor de que éramos un grupo católico muy religioso, y éste se avino a firmar las auditorias sin verificarlas. Cuando intenté corregir estas practicas abusivas, mis directores me reprendieron verbalmente y me dijeron que estaba desobedeciendo, y que no "empleaba bien el tiempo". Para que yo pudiera preparar las cuentas me dejaron uno plazo de tiempo muy ajustado que era completamente irreal. Los directores, en palabras del fundador, "son el único criterio sobre la obediencia (o desobediencia)". Según esta definición les desobedecí, porque durante los 10 meses que tuve la responsabilidad de la auditoria, no presenté un solo balance a tiempo.

Cuando los directores me nombraron para el cargo se quitaron de encima a las dos únicas personas cualificadas que trabajaban en ello. Se trataba de dos supernumerarios que eran contables. Yo no sabía que esto estaba sucediendo, y me dijeron que no me inmiscuyera. Los contables explicaron que no les habían dejado hacer su trabajo de manera profesional. Su criterio profesional y su experiencia habían estado sometidos a "indicaciones" de obediencia. Ahora me incorporaban a mí y esto sirvió de pretexto para sacarlos de ese trabajo. En aquella época no tenía ninguna experiencia en contabilidad, pero en dos meses aprendí y me di cuenta de lo que estaba ocurriendo. El Opus Dei usa el método de "divide y vencerás". Me dijeron que no hablara con estos contables (supernumerarios) porque estaban pasando por "problemas personales". El colegio mayor estaba encabezado por una Junta de Administración que representaba oficialmente y legalmente al Colegio mayor. Pero este consejo no era más que una tapadera oficial para las directrices de la comisión. Me dijeron que no podía hablar con los miembros del consejo de administración basándose en distintas razones. Pude observar que cada uno de ellos también estaba presionado, intimidado, y manipulado como los contables. El consejo de administración "libremente" aprobaba las directrices que los superiores del Opus Dei les "indicaban". Una de estas personas trabajaba como profesor de contabilidad en la universidad, y se nos indicó que cierta información no debíamos dársela. Había cuentas que inclusive yo, que era el Tesorero, no tenía autorización o poderes para ver. Descubrí que esta limitación de poderes era también extensiva a algunos miembros de la comisión regional y que existía información que les era retenida. Realmente el Opus Dei es una organización secreta. Ahora puedo afirmarlo con la perspectiva del tiempo. En aquellos momentos, cuando me encontraba en la situación de un director joven, sólo veía lo que me pasaba por delante; ignoraba lo que pasaba por detrás o por la derecha o por la izquierda de los asuntos que trataba. Apenas pude procurar entender lo que estaba pasando, cumplir con mis responsabilidades diarias, y evitar las sanciones por desobediencia.

Hoy en día todavía no conozco lo que realmente está pasando, porque en el Opus Dei se sigue la política de "dar a conocer sólo lo que se necesita saber". Es decir, uno no descubre las cosas hasta que le hacen responsable y está directamente involucrado en ellas con su trabajo. Y solamente se puede comentar y recibir consejo a través de la cadena de mando. Encima tuve que aguantar que los directores me echaran las culpas, y me indicaran que dejara de perder el tiempo que Dios me había concedido para santificar mi alma.

Aquella contabilidad estaba en una situación de descuadre y de caos absoluto. Parecía que estábamos "lavando dinero" para otra entidad, nuestra entidad cabecera, que era una organización sin ánimo de lucro con fines educativos. Se hacían transferencias de dinero sin explicaciones claras. (Años mas tarde, descubrí que traspasábamos las deducciones fiscales que nos sobraban, a favor de ciertos benefactores quienes nos pedían estas deducciones fiscales. Aunque debo decir que nunca lo vi directamente). Había muchos directores incompetentes y ellos encubrían sus equivocaciones mediante órdenes fuera de lugar invocando al silencio y a la obediencia. Los directores parecía que sostenían una guerra particular entre ellos para conseguir el presupuesto de su respectiva labor apostólica. Me dijeron que intentásemos aflorar un beneficio contable, aunque se estuviera perdiendo dinero. Esto se hacía para que el vicario pudiera ir al banco y pedir un préstamo de mayor importe. Tengo la impresión que los directores intentaban engañar a los socios hablándoles de necesidades deficitarias que eran falsas. Se hacía para que nos esforzásemos aún más en recaudar fondos. Se suponía que nuestras labores apostólicas no debían ser deficitarias y ciertos directores procuraban que algunas personas no llegaran a tener conocimiento de estos déficits.

Lo que he explicado, desde el punto de vista de quien dirige una gran empresa o un órgano gubernamental, puede parecer una situación problemática o irregular, pero no manifiesta y formalmente mala. Por tanto, deseo aclarar lo que claramente estaba mal. Yo tenía la responsabilidad de gestionar los recursos financieros de la residencia. En el curso de las operaciones se contraían obligaciones financieras y se debía dinero, y a su vez, había gente que nos debía dinero. Pero el procedimiento contable estaba tan apañado por los directores, que ninguno de nosotros podía llevar a cabo la gestión de los recursos de forma razonable. Se esperaba de mí como tesorero que pagase los recibos que había que pagar, pero yo no podía saber cuánto dinero teníamos en la cuenta bancaria. Estoy hablando de temas muy básicos. Teníamos dos cuentas bancarias. Nuestra contabilidad interna mostraba un saldo negativo en una de las cuentas. A veces se me autorizaba para ver el extracto de esa cuenta, y sin embargo, siempre había dinero. El saldo contable de la "caja en casa" era negativo, sin embargo, siempre había dinero en la caja. Estos saldos contables eran negativos, pero no se guardaba ninguna indicación de cómo el dinero había desaparecido, y esto significa que no se controlaba la caja. La cuenta de clientes por cobrar indicaba que la caja llegaría a estar en descubierto, en negativo. No era fácil de ver la causa de un saldo negativo contable en esos momentos. Pero más adelante cuando se hacía la reconciliación de las cuentas se podía observar que el saldo negativo era provocado por unas deudas ficticias. Estas deudas ficticias se utilizaban para mostrar un aparente beneficio contable en los momentos oportunos. La cuenta de proveedores también estaba sin conciliar y tenía el mismo efecto.

Durante muchos años me enseñaron (y yo a su vez enseñé a otros) que el carisma fundamental del Opus Dei -el medio para lograr nuestra salvación eterna- era la santificación del trabajo profesional. Nuestra razón de ser y posición en la Iglesia era enseñar al mundo como convertir el trabajo profesional en oración. Y mediante este trabajo profesional convertido en oración se participaba en la creación comenzada por Dios y a través de El realizada. Mi experiencia es que como Tesorero de la residencia, los directores pusieron sobre mis espaldas un trabajo profesional que no podía santificarse.

Todo era muy confuso. Y yo me encontraba en medio de todo ello. Hubo un hecho que quiero destacar como ejemplo de las rarezas que ocurrían en general. Nos indicaron que se hiciera un cheque de varios miles de dólares y el cheque se entregó a la comisión regional. Mas adelante, el secretario de la comisión perdió el cheque (nos explicaron). Pero no descubrió que le faltaba el cheque hasta pasado un año entero. Cuando se dio cuenta nos indicaron que preparásemos otro nuevo cheque. Pero no hubo manera de poder averiguar si el primer cheque se había cobrado o no.

Era una época muy estresante para mi, y tenia dificultades para dormir. En un momento dado, los directores querían que tomara unos sedantes que les iba a proporcionar uno de nuestros médicos. Esto era algo abominable. Era una carencia de todo lo que es espiritual. Resulta que los directores que decían que tenían un don de Dios para llevar a cabo sus responsabilidades sobrenaturales, sugerían que cubriese con sedantes los efectos que en mi producían sus falsas acusaciones de desobediencia, su falta de experiencia y su mal carácter, y sus esfuerzos por hacerme ocultar y silenciar las cosas de mi trabajo profesional. Esto era espantoso, tenía miedo, y me negué. Debo decir, a su favor, que no utilizaron la obediencia para obligarme a tomar los sedantes.

Hacia finales de aquel año, murió el auditor que había estado certificando nuestra contabilidad sin mirarla. Esto nos obligó a buscar un nuevo auditor. Este se encerró en la oficina durante tres meses para averiguar lo que estaba pasando. Al final de los tres meses, dijo que los directores eran culpables de una gran negligencia porque habían nombrado a una persona sin experiencia -refiriéndose a mí- para el cargo de Tesorero. La verdad es que yo había averiguado que las cosas estaban mal y había aprendido a corregirlas. Pero mis directores habían intervenido y habían interpuesto barreras y filtros que me impidieron hacer los cambios necesarios. No querían que quedase constancia documental de las transacciones. Cuando se presentaron los resultados de la auditoria al consejo de administración de la residencia, me exigieron bajo obediencia que no hablase con nadie. El resultado de la auditoria se guardó en sobre cerrado y esa información sólo se entregó al consejo de administración. Esta auditoria se realizó en 1979 para la residencia "Warrane College" y para nuestra empresa matriz "Educational Development Association" (Asociación para el Desarrollo Educativo).

Más adelante se decidió tener una reunión para reestructurar la contabilidad y para proponer unas nuevas cuentas contables. Yo había preparado unos apuntes para la reunión, pero antes de entrar en la misma, mi director se reunió conmigo y me dijo que mis poderes habían sido revocados. No me dejaron asistir a la reunión. Toda la reestructuración se hizo a puerta cerrada y poco después me cesaron del cargo. De esta forma, lograron que yo fuese el chivo expiatorio de la situación. Era evidente que los problemas de las cuentas y las políticas internas existían antes de que yo comenzase como Tesorero en el cargo, pero eso no importaba. La firma que hizo la auditoria era:

Young, Barnsdall y Cía,
L18 MLC Center, 19 Martin Place
Sydney, N.S.W. 2000 Australia.

El auditor encargado era uno de los socios de esta empresa. Mi impresión de él es de una persona con integridad. Yo me hubiera quedado tranquilo si hubiera podido hablar con él, y saber si le permitieron analizar todas las cuentas. Pero todo se hizo a puerta cerrada, y me enteré después, de que los directores le habían convencido para que se limitase a auditar solamente determinadas cuentas de la residencia. Es decir, sólo un tercio de nuestras operaciones.

Creo que le explicaron la misma historia que le habían dicho al primer auditor. Las transacciones de la mayoría de las cuentas las realizaban las mujeres encargadas de la administración. Muchas de ellas no sabían demasiado inglés (o se pretendía que no lo sabían). El Opus Dei esta dividido en dos secciones, una para varones y otra para mujeres. Yo nunca tuve posibilidad de ver las cuentas gestionadas por las mujeres. La única comunicación que teníamos se hacía a través de un teléfono o mediante documentos oficiales. El Opus Dei necesita a sus sacerdotes por este motivo específico. Para hacer la conexión entre las dos secciones. Hay sacerdotes en cargos de gobierno cuyo trabajo consiste en salvar las carencias que se ocasionan por el hecho de tener dos secciones independientes. Aún así, el Opus Dei insiste en que es una organización completamente laical. La sección femenina administraba grandes cantidades de dinero para las compras y el pago de proveedores y de salarios. Es posible que el auditor diese como bueno un resumen de estos gastos presentado por la sección femenina. Pero yo tenía conocimiento de que hubo una serie de transacciones realizadas por la sección femenina a través de cuentas bancarias anónimas, que nunca aparecieron en nuestro balance.

Una de las cosas que me molestaba en mi trabajo como Tesorero era que abusábamos de los pequeños proveedores en la medida que era posible. Siendo un Instituto secular de la Iglesia Católica, (en aquel entonces, no éramos todavía una Prelatura personal), me molestaba. Alegando que teníamos que "ser astutos" en los negocios, abusábamos de la confianza de los proveedores en cuanto se podía. Nos dimos cuenta de que algunos proveedores no eran muy competentes en el seguimiento de sus cuentas por cobrar, y que por tanto podíamos demorar el pago e incluso dejar de pagarles nuestras compras. Esto fue verificado por la auditoria, y los auditores nos dijeron que teníamos que terminar con esta práctica de demorar y no pagar.

Hubo otro acontecimiento que demuestra lo "libres" que son los socios para hacer lo que les piden los directores. Algunos de los estudiantes de la residencia abrían las puertas de la salida emergencia y se disparaba la alarma de incendios. Los directores sospecharon que de esta forma los residentes estaban dejando entrar a chicas dentro de la residencia y cerraron todas las salidas de incendio. Era una residencia de 8 pisos con 200 dormitorios. Nos dijeron que era mejor que se quemasen todos en esta vida a que se quemaran unos cuantos en el infierno. Un director dijo que si se diese el caso de un incendio su Ángel Custodio le despertaría y que él saldría por la puerta principal y que desde fuera abriría las salidas de emergencia. Pasaron varios días y alguien informó a la Universidad sobre las puertas cerradas. La Universidad nos dijo que esta política era inaceptable, y que se debían abrir las puertas de emergencia. Se hizo de la siguiente forma. Públicamente se anunció lo agradecidos que estábamos de que la Universidad se hubiera dado cuenta de este descuido nuestro, y se agradecía a la Universidad su apoyo en procurar un entorno más seguro para los estudiantes. Pero hecho esto, los directores cerraron las salidas de emergencia de nuevo. Un profesor de la Universidad que era miembro de la Obra, y que "libremente" había accedido a colaborar en la Junta de Gobierno, no se creía que las puertas permanecían abiertas. Decidió inspeccionarlo por su cuenta. Al día siguiente, la Universidad nos envió una directriz de que las salidas de incendios no deberían permanecer cerradas, y que permanentemente había que tenerlas sin cerrojo. Los directores regionales nos dijeron que este profesor -miembro del Opus Dei- no tenía porque haber dudado de la palabra de un director del Opus Dei. También que éste miembro no tenía autoridad sobre ese director que decidió cerrar las puertas. Nos dijeron que los directores sólo respondían ante Dios de sus actos. Y que los miembros han de emplear su tiempo haciendo apostolado, y que no han de estar comprobando las acciones de los directores.

Como ya no trabajaba de Tesorero en la residencia, reanudé mis estudios en la universidad y completé mi doctorado en física de polímeros. Aproveché una beca del gobierno para hacer un estudio sobre la comercialización de la lana. Posteriormente hice un post grado en espectroscopia con resonancia magnética. También hice un trabajo sobre la medicina de la imagen y terminé más estudios de post grado en física médica.

Podría contar muchas más cosas pero no quiero repetirme en algunos temas. Es más fácil darse cuenta y explicar estos hechos con el paso del tiempo y es muy difícil analizar todo cuando está ocurriendo en ese momento. Uno está en desventaja cuando los directores están muy encima de ti, acusándote de desobediencia y prohibiéndote que veas ciertas cosas y que hables con determinadas personas.

Existen aspectos del Opus Dei que podría comentar en el plano teórico, pero este relato se haría inacabable. Por ejemplo, el Opus Dei dice que sus miembros no hacen votos. Esto es un tecnicismo legal, porque en el Opus Dei te exigen que hagas una promesa solemne "por el honor de una persona (hombre o mujer) cristiana". Esta promesa es tan vinculante como si fuese un voto, y bajo pena de pecado. Comento algunas de estas cuestiones al final.

Comencé a despejar las dudas que tenía un día que el defensor regional, el segundo en el mando, nos comentó que hacer trampas no era malo mientras se hiciese por Dios, por la Iglesia y por el Opus Dei. Afirmó que él había copiado en sus exámenes de medicina para salir adelante. Unos días después, el vicario -el primero en el mando-, se me acercó para cerciorarse de que yo había comprendido esta cuestión.

En el Opus Dei no debíamos tener amistades particulares. Un día uno de los miembros que vivía conmigo tuvo un ataque de nervios; intentó hablar conmigo, pero el director intervino impidiéndolo y me pidió que me ocupara de mis asuntos y al otro le dijo que se callase. La condición de esa persona era tan frágil que no podía quedarse sola. Estuvo continuamente supervisada por el director durante las tres semanas siguientes hasta que encontraron a alguien para sacarla del país. Yo le veía cada día en el desayuno y en la cena, pero ya no volvió a intentar hablar conmigo. Me acuerdo de una vocación joven que trabajaba en mi oficina. Un día me lo encontré llorando en el oratorio. En menos de una semana, le pusieron en un avión para que se fuera del país. Después de ver algunos de estos hechos, empecé a hablar en cuanto percibía que algo no estaba bien y me negué a quedarme callado.

Con cierta regularidad, en el Opus Dei un enviado del Padre hace una visita oficial desde Roma. Puede hablar con él cualquiera que lo solicite. Explicaré lo ocurrido cuando hablé con él. El día que nos lo presentaron, lo primero que dijo fue que teníamos que crecer en la vida espiritual silenciosamente, como los champiñones que crecen en la oscuridad de una cueva sin ser molestadas por el mundo exterior. Alguien debió decirle que este ejemplo era muy malo, porque no volvió a utilizarlo. Supongo que él no conocía que en el mundo anglosajón se hacen bromas de esto: se dice que los directores de empresa tratan a los trabajadores como a los champiñones, porque les conservan vivos "en la oscuridad" y les dan de comer el estiércol. (Nota del traductor: quiere decir que no les mantienen informados y además les pagan mal). Vuelvo sobre mi charla con el enviado del padre. Me dejó explicarle varios temas durante una hora. Pasado ese tiempo, me dirigió una mirada de frustración y aburrimiento, y ya no me dejo seguir hablando. Mirándome directamente a los ojos me dijo que las cosas de las que me quejaba simplemente no ocurren en el Opus Dei y me dirigió a la puerta.

Vuelta a los Estados Unidos y mi salida de la obra

Seguía quejándome en cuanto veía cosas raras, sobre todo motivado por una cuestión de conciencia. También hablaba cuando sentía que se manipulaba a la gente. Me devolvieron a los Estados Unidos a finales de 1986 y un año después fui expulsado de la organización. Resumo brevemente como fue. Al llegar a USA me destinaron a una parte del país donde no tenía familia ni conocía a nadie, y entonces me dijeron que me fuese. No me permitieron hablar con ninguno de los directores que había tenido anteriormente. Les pregunté si como miembro de pleno derecho con muchos años en la obra, podía consultarlo al Vaticano. Me contestaron que éramos una organización completamente laical (el primer instituto secular y posteriormente la primer prelatura personal) y que los estatutos -que se mantenían ocultos- autorizaban a expulsar a un miembro sin la intervención del Vaticano. Los estatutos del Opus Dei se guardan con la máxima discreción y se usan en función de las circunstancias. Cuando quieren mostrar lo abiertos que son, en el Opus Dei se dice que dan copias de los estatutos a todos los Obispos de las diócesis donde la obra se establece. Más adelante pedí a algunos obispos que me mostrasen los estatutos, pero no me los enseñaron. Afortunadamente, y gracias a ODAN, he podido ver recientemente una copia. El nº 32 de los estatutos dice que un miembro tiene derecho de apelar al Vaticano si es expulsado. El Opus Dei sigue insistiendo en que no hay secretos.

Desde que me fui del Opus Dei, las situaciones que viví durante mi vocación supusieron una carga de conciencia para mí. He comentado los hechos que viví con sacerdotes diocesanos y me han confirmado que muchas de aquellas cosas estaban mal. En cambio, los sacerdotes del Opus Dei siempre me dijeron que debía creer y obedecer a los directores. Cuando estaba en la Obra en un par de ocasiones un sacerdote de la obra me dio consejos que me podrían haber ayudado, pero en cuanto se enteraban los directores, anulaban la sugerencia. Me decían que el Opus Dei era una organización laical, y que tenía que obedecer a mis directores laicos.

En una ocasión confesándome con un sacerdote de la obra, le comentaba sobre las cargas y conflictos que sentía. Necesitaba que me diera un criterio moral. Me estaba cansando de esta ambigüedad moral que vivía, y le pregunté al sacerdote porqué estaba callado sin decir nada. Me miró durante unos segundos y me dijo que si no tenía pecados para comentarle, daba por acabada la confesión, y se marchó del confesionario.

Unos años más tarde me encontraba en Roma y ya no tenía el vínculo de la obediencia. Sentía que -por fin- podía hablar claramente sin que me silenciaran. Me dirigí a la oficina central del Opus Dei con la intención de hablar con uno de los directores que me había mentido. Primero quise ir a la capilla para rezar al fundador ya fallecido. El Opus Dei lo tiene todo organizado para aprovecharse de la situación del "fundador muerto". En la cripta hay acompañantes con la misión de preparar el ambiente adecuado para propiciar el "planteamiento de la vocación". Antes de la visita a la cripta me entrevistó una mujer preguntándome acerca de mi visita y de cómo había llegado a conocer al fundador. Le dije la verdad, aunque respondiéndole en general y sin entrar en detalles. Contesté a sus preguntas sin decirle nada que pudiera utilizar. Entonces me preguntó si quería ir a confesarme. Me explicó que el fundador había inspirado a muchas personas a vivir una vida santa, y que muchos visitantes deseaban confesarse en la capilla donde estaba enterrado. Le contesté "no, gracias". Me acompañó por las escaleras hacia la capilla donde estaba la cripta, y cuando pasábamos por el confesionario un sacerdote entró para escuchar confesiones. Me vio y me preguntó si quería confesarme. Le contesté que no, pero le pregunté dónde podía encontrar al director que quería ver. El sacerdote comentó que no podíamos hablar en la capilla porque molestaríamos a la gente que estaba rezando. Me sugirió que hablásemos privadamente en el confesionario. Le pregunté de nuevo dónde podría ver al director en cuestión. Me dijo que no lo sabía, y que podía preguntar en otra de las entradas, pero dado que estábamos en el confesionario me preguntó porque no me quería confesar. Desde mi punto de vista, el Opus Dei está tan obsesionado por su visión de la santidad que prescinde de la realidad. Había ido hasta Roma a la casa central. Estaba dispuesto a acusar a uno de sus principales directores de un comportamiento malo y gravemente erróneo, y en cambio lo primero que esperaban de mi -antes que nada- era que me arrodillara delante de uno de sus sacerdotes y que me confesase!

Una de los modos que tiene el Opus Dei para controlar una situación es mediante el control de con quien se habla. Tal como he explicado, me expulsaron de la organización y no me permitieron hablar con los directores que había tenido previamente. Después de pasar varios años para "recomponerme a mi mismo", ayudado por la oración y un mayor discernimiento, llamé a quien había sido mi director espiritual. Se trataba del Vicario que me había propuesto ir a Australia. Me contestaron que se había trasladado a otra parte del país. Entonces llamé al centro donde había vivido preguntado por él y me dijeron donde podía contactar con él. Para mí, tenía sentido que estas personas escucharan mi historia y conocieran las consecuencias de sus actos para que en el futuro pudieran tomar decisiones de carácter moral plenamente informados. Me interesaba que conocieran los hechos porque lo entendía como una cuestión de dignidad personal y de conciencia. Llamé por teléfono a dos directores para explicárselo. Ambos me contestaron que sólo eran responsables de obedecer a sus respectivos directores, y que no sentían ninguna responsabilidad por lo ocurrido ni tampoco hacia mí en adelante. Ambos me colgaron el teléfono.

El final de mi historia personal

Este es el final de mi historia. Ha supuesto un verdadero peso en mi conciencia descubrir la verdadera naturaleza del Opus Dei, después de haber dedicado recursos y muchos años de mi vida a esa organización. Al principio, aprendí a rezar, estudié teología y comencé a vivir una vida espiritual, y quise que otros disfrutaran esos mismos beneficios espirituales. Entonces mi condición de miembro del Opus Dei se volvió una espada de dos filos porque tenía que ahogar la voz de mi conciencia, ya que el vehículo para transmitir esos beneficios al mundo estaba controlado por un grupo que creía que los milagros fundacionales del Opus Dei les colocaba por encima de la moral básica y de la responsabilidad ante cualquier autoridad en la tierra, incluida la Iglesia. Esa espada me hirió en las partes más profundas de mi ser. Al principio encontré algunas personas admirables por su capacidad de auto-sacrificio, que habían entregado muchas cosas, tanto de sus aspiraciones personales como de sus pertenencias. Sin embargo, vi esa misma gente manipulada por una ciega obediencia para participar en un movimiento social que era falso. El Opus Dei les presionaba para que se metieran en mi vida. Me dijeron que tenía una vocación que Dios me había dado y estaba aprobada por la Iglesia. Ahora, después de sufrir la devastación de ver esa vocación triturada ante mis propios ojos, he experimentado el sentido de libertad y de misión, acusando en un foro público al Opus Dei por sus acciones.


Para una discusión posterior

Para los que quieren entender un poco mejor cómo puede actuar así el Opus Dei, quizá sea valiosa la siguiente discusión desde un análisis más estructurado.

En estos párrafos, haré referencia a los Estatutos de 1982 que establecieron al Opus Dei como una Prelatura Personal. Anteriormente tenía una aprobación como Instituto Secular, bajo los Estatutos de 1950. El documento de 1982 establece que todo lo que estaba en el documento de 1950, y no ha sido directamente abrogado o reemplazado, sigue vigente.

Credibilidad frente a una audiencia diversa

Parte de la dificultad para discutir sobre el Opus Dei estriba en la complejidad de su naturaleza. Otra dificultad es que estoy escribiendo para una audiencia diversa de lectores desconocidos. He vivido una compleja experiencia como miembro del Opus Dei. Me he encontrado con personas muy diferentes y con circunstancias muy diversas. El mundo está compuesto por muchos tipos diferentes de personalidad procedentes de la inmensa diversidad creativa de Dios, por eso habrá gente que pueda dedicarse a los trabajos más ordinarios que requiere la sociedad, igual que habrá idealistas y pensadores que dirigirán e inspirarán la sociedad para hacer el bien y solucionar problemas sociales. Hay gente pobre para los cuales el precio de una botella de leche para bebés tiene una enorme importancia; y hay gente poderosa que sabe cuánto se desperdicia en la vida pública y no tienen empacho de gastar miles de dólares en gastos intranscendentes. Ya se ha hablado mucho de quiénes son objetivo del Opus Dei. El Opus Dei apunta a todos, pero sabe que el método más eficiente para llegar a todos es atraer primero a la élite de la sociedad. Los demás seguirán fácilmente a la élite. Yo trato de escribir para todos.

Mucha gente que tiene una posición influyente en el mundo no tendrá objeción alguna al marketing suave, estrechamente controlado, que practica el Opus Dei. El escenario mundial donde intenta jugar el Opus Dei son las clases altas. Muchos líderes empresariales, políticos y militares conocen las reglas de este juego y las usan para controlar la sociedad. El Opus Dei no se queda atrás y es un ejemplo de una gran organización de ventas con todo lo bueno y lo malo que ello implica. Es un mundo en el que siempre hay que intentar hacer las cosas lo mejor posible, hasta el extremo de intentar ganarle la partida al contrario; un mundo en el que se juega con la imagen del prestigio, y en el que no se duda en cruzar la barrera de la integridad cuando aparece una oportunidad apetitosa. Aplican todas las técnicas de presión usadas por los vendedores estrella, sus rituales y ventas piramidales para arrastrarte adentro.

Hoy, en muchas partes del mundo, los individuos tienen la oportunidad de jugar arriesgadamente con su carrera, sus finanzas o su prestigio. La gente necesita desarrollar su propio instinto y decidir cuánto quieren arriesgar. Si una persona se empieza a involucrar en algo, se da cuenta que se le empuja a meterse más de lo que esperaba y quiere salirse del juego, el mundo tiene sus propios métodos para tratar con una persona así. Algunos de estos métodos son honestos y algunos no. El problema con el Opus Dei es que ellos vienen a buscarte, te atrapan bajo el falso pretexto de que lo hacen en nombre de la Iglesia y entonces te presionan usando el nombre de Dios para que aceptes unas responsabilidades muy definidas bajo sus propias condiciones. Cuando intentas frenar y reducir la velocidad, haces ciertas preguntas y ejercitas tu libertad como cualquier ser humano, entonces reprimen tus quejas en nombre de la Iglesia y te amenazan con terribles consecuencias morales y eternas.

La canonización de Josemaría Escrivá

Josemaría Escrivá fue canonizado por el Papa el 6 de octubre del 2002. Como fiel católico no protestaré por esta canonización. El 90 % de mis quejas se refieren a las actividades de los líderes no canonizados que dejó tras de sí en este mundo. El otro 10 % tiene que ver con fuertes núcleos de extremismo incontrolado que existían y parecían prosperar antes de que él muriese.

Los directores del Opus Dei no paran de hablar y llenarse la boca con el "espíritu del Opus Dei" como si fuera algún tipo de realidad mística trascendente. Es una técnica de relaciones públicas hablar de lo que el Opus Dei debería ser en teoría, en lugar de lo que es en realidad actualmente. Sobre el papel, nadie encontraría motivos de queja sobre el Opus Dei. Cuando la gente pregunta sobre determinadas prácticas ofensivas o se presentan quejas, los representantes del Opus Dei siempre dicen que esas cosas no pueden pasar porque el "espíritu" dice otra cosa. Si tú estás dentro, en la medida en que estás envuelto en ciertas actividades, te llevan aparte y te dicen que hay ciertas excepciones al "espíritu" que se permiten para "el mayor bien de las almas". Se te pide que no hables de esto con otros miembros.

Durante el proceso de proselitismo y en sus declaraciones públicas, los miembros del Opus Dei dicen que son simplemente un grupo de laicos unidos para santificar su trabajo profesional y hacer apostolado. Los estatutos hablan sobre la importancia de la obediencia. El número 31, párrafo 3, de la versión de 1950 dice: "siempre que estén dos miembros del Instituto, para que no se vean privados de la obediencia, se observará siempre una cierta subordinación, en la cual uno es súbdito del otro de acuerdo al orden de precedencia, excepto que exista una especial delegación de parte de los superiores, siempre salvaguardando la dependencia de cada uno hacia su respectivo superior." Esto no encaja con mi definición de un grupo de laicos.

Ellos también dicen que son una organización totalmente laical que supuestamente es algo especial, una nueva característica que les hace diferentes de las organizaciones "religiosas" de la Iglesia. Sin embargo, el número 31 de los estatutos de 1950 describe el orden de precedencia entre los que tienen el poder de gobernar y el párrafo 2 dice: "Sin embargo, los sacerdotes y clérigos siempre presiden a los laicos, quienes no ejercen el poder de gobernar, y a ellos, todos les deben rendir el mayor honor y reverencia".

Los directores del Opus Dei hacen mucha propaganda sobre la corrección fraterna. Dicen que su espíritu es de inspiración divina, que fue definido por el Fundador, y cualquier infracción es corregida inmediatamente. Cuando una persona hace la Fidelidad, que es como se llama a los compromisos perpetuos con la organización, después de 7 años de haber ingresado, esa persona promete hacer correcciones fraternas a todos y cada uno de los miembros, especialmente a los directores. Como dije antes, hay algunas excepciones especiales y extrañas en el Opus Dei. El proceso de la corrección fraterna es un método que usan los directores para hacer que los miembros les digan que otros miembros no están siguiendo las reglas. Cuando intenté hacer correcciones fraternas a los directores, una vez se me dijo que no podía hacerla porque tenía mala intención; otra vez me dijeron que ciertas cosas no me correspondía a mí corregir; y en otra ocasión se me dijo que era impropio de mí acusar a mis directores de esa conducta que quería corregir.

En teoría, el Opus Dei es una organización aprobada por la Iglesia Católica; pero en la práctica, utiliza los métodos y técnicas de las sectas. El Opus Dei es como una secta porque crea una atemorizante imagen de organización perfecta divinamente revelada a su Fundador como instrumento para invitarte a tí y a mí personalmente al cielo. En la práctica, esta revelación está muy lejos de ser completa y perfecta. Se han sucedido numerosas arrancadas fallidas y se ha experimentado con personas humanas. Una vez un director dijo, sobre la historia del Opus Dei, que nadie está autorizado a cuestionarla aunque haya oído otras versiones diferentes de la oficial o aunque sepa que la historia ha sido corregida.

El Opus Dei se parece a una secta en que usa a sus miembros más jóvenes y atrayentes para hacer proselitismo. En cuanto ingresan los nuevos, se les traspasa a un director más experimentado. Al miembro que sirvió como gancho se le dice que no hable nada personal o de vocación con el recién incorporado y que su relación de amistad con el nuevo recluta ha sido absorbida por la institución Opus Dei.

El ejemplo común que se nos daba en la formación sobre este aspecto era el de un joven miembro que madrugaba cada mañana para jugar a tenis (o cualquier otro deporte) con un potencial candidato. Una vez que ya había sido captado por el Opus Dei, a la mañana siguiente, el nuevo iba a despertar a su reclutador para el juego habitual, a lo que este respondía que se volviera a la cama y le dejara dormir. Solo había estado jugando con la idea de convencerle a que entrara en el Opus Dei. Cuando se contaba esta historia todo el mundo reía y entendía, se suponía que el nuevo miembro amaba tanto su vocación que estaría agradecido por los sacrificios matutinos hechos por el encargado de captarle.

El Opus Dei se parece a una secta en que el Fundador y sus sucesores son idolatrados en diversos grados. Yo vi la fuerza de la auténtica cara del fanatismo en 1970 cuando algunos miembros regresaron de un viaje a Roma para la Semana Santa y hablaban sobre el Fundador, que todavía vivía, como si fuera un dios. Esto era una preocupación para mí y resolví no participar en ello.

Obediencia

La obediencia en el Opus Dei se edifica alrededor del concepto de identificarse con la mente del Padre. La palabra se refiere ambiguamente tanto a Dios Padre como al Prelado, puesto que el Prelado habla básicamente como la voz de Dios para el Opus Dei. De manera similar, esto recuerda un elemento clave en la vida de Jesucristo, cuando El ora en el Huerto: "Padre... no se haga mi voluntad sino la tuya." (Lucas 22,42)

La obediencia está ligada con el concepto de Unidad. La unidad con el Padre y sus directores es una de las tres pasiones dominantes definidas para todos los miembros del Opus Dei (las otras dos son dar doctrina católica y dirigir almas). Con el argumento de la Unidad, nadie habla nunca en público contra la Obra o sus directores. Si tienes una queja se supone que debes hablar en privado con tu director inmediato y confiar que eso basta para que se resuelva satisfactoriamente. Si alguien rompe esta Unidad, los miembros han sido instruidos para no escucharle, reportar el suceso al director y corregirle. Cuando uno hace la Fidelidad, hace una promesa solemne de vivir la Unidad durante el resto de su vida.

El Opus Dei usa un proceso gradualista para meterte en las redes de la obediencia. Al principio te dicen que en el Opus Dei hay libertad humana y profesional. Cuando empiezas a confiar en ellos, te van apretando más explicando que la verdadera libertad consiste en escuchar a Dios y seguir su voluntad en tu vida espiritual y en el apostolado. Como Dios rara vez te habla directamente, el director que el Opus Dei te asigna se convierte en la voz de Dios para ti. Así llegas a aprender que la obediencia no está limitada por las directrices que explícitamente te de el director, sino que una completa obediencia es el deseo de responder al gran amor de Dios tratando de discernir lo que el director quiere y hacerlo antes de que él tenga que decirlo. Uno va aprendiendo mediante prueba y error a buscar e identificar los indicios y pistas que te señalan ese tipo de obediencia. Este proceso con frecuencia deja a las personas en un estado de incertidumbre por no saber cuándo tienen que obedecer, pero se aprende que uno debería tener la generosidad de espíritu para dar siempre al director el beneficio de la duda. Entonces, en los momentos de sensatez , un director se mete en los terrenos que yo llamo de superstición, cuando dice que si tu no obedeces en todos los detalles, no estás cumpliendo y transmitiendo a otros fielmente las tradiciones vivas del Espíritu del Opus Dei que fue infaliblemente revelado a nuestro santo Fundador, quien sufrió tanto para fundar el Opus Dei, como cuando cruzó los Pirineos durante la guerra civil española teniendo puesto precio a su cabeza sacerdotal, en medio del invierno, en el frío, con zapatos inapropiados, comiendo alimentos en mal estado, etc., etc., etc.

También aprendes que la verdadera obediencia no pone condiciones, y que cuando eliges obedecer a las "indicaciones" del director, debes responsabilizarte personalmente por ello. Es una violación a los fundamentos del espíritu del Opus Dei y una grave falta responsabilizar a un director por algo que se te dijo que hicieras. Es una estructura obediencial montada de tal manera que hace posible que se pueda negar que existe como tal. Se espera que los miembros muestren su voluntad para ofrecerse a si mismos en obediencia a Jesucristo en innumerables detalles que cada uno comenta con su director cuando tiene la dirección espiritual semanal, llamada "charla" o "confidencia". A continuación se exponen algunos ejemplos de cosas que se suponen que yo debía interiorizar con espíritu de obediencia y unidad:

  • No debía sentarme en la cama para ponerme los zapatos; en lugar de eso debía hacerlo sentado en una silla;
  • Durante un tiempo, se me pidió hacer la cama cada mañana después de remover antes todas las sábanas porque esa era la "manera profesional" de hacerlo según mi director había visto en un hospital;
  • Se me pidió que no caminara directamente a la puerta principal de nuestra casa, sino que diera una vuelta e hiciera una ruta más larga a través del jardín;
  • Se me dijo exactamente como debía cambiar mi caligrafía cuando escribía los ítems de ciertas cuentas que yo manejaba;
  • Se me dijo que nunca cerrara una puerta empujándola, la forma correcta tenía que ser girando la cerradura;
  • Había una puerta a la que me estaba prohibido mirar; nunca compré mi ropa sin la compañía de un director que aprobase el gasto, supervisara que era lo más económico, lo más adecuado a mi estatus y lo más apropiado para mis actividades apostólicas;
  • Me dijeron que el domingo por la mañana no era el momento adecuado para cortarme las uñas.

Se puede ver por qué el Opus Dei necesita sus propios sacerdotes, quienes entienden el "espíritu" del Opus Dei y ayudan a controlar a la gente sujetándoles estrechamente en el sacramento de la confesión.

Una vez que el Opus Dei te ha atrapado, las posibilidades de liberarse se encuentran seriamente limitadas. Todos regularmente asisten a un círculo -una clase de formación dirigida-moderada por un director que explica constantemente el "espíritu de la Obra", de forma que todos aprenden la manera oficial de explicar y hacer las cosas. Para los numerarios, el círculo es semanal. La continua indoctrinación verbal enfatiza los siguientes puntos sobre la obediencia:

  • En la obediencia no hay cosas pequeñas;
  • No hay opciones en la obediencia; toda desobediencia tiene el mismo valor;
  • Hay que confesarse de las desobediencias porque son pecados graves;
  • Los directores son el único criterio para decidir lo que es obediencia o desobediencia;
  • El mandato más fuerte en el Opus Dei es "por favor" (pero si el director dice "por favor" y tu no haces lo que dice, desobedeces);
  • Si el director grita en lugar de pedir "por favor" la culpa es tuya por ser tan estúpido o tan testarudo de no reconocer tus obligaciones;
  • Uno siempre debe obedecer al director, incluso si pide algo que va contra otras normas o el espíritu del Opus Dei (por ejemplo, siempre obedece primero y pregunta después);
  • Toda obediencia viene de Dios. Estatutos de 1950, n. 154, dice, "Nuestra obediencia tiene que ser universal; tiene que ser pronta; tiene que ser alegre; no sabe distinguir entre Superiores mayores y menores; no tiene otro poder que el que viene de Dios. Por eso, cualquiera que obedece al más bajo Superior, se somete a sí mismo al gobierno de Dios."

El Fundador escribió en su librito Camino, (n. 625) "Tu obediencia no merece ese nombre si no estás decidido a echar por tierra tu labor personal más floreciente, cuando quien puede lo disponga así." En otro punto escribió (n. 620) "Si la obediencia no te da paz, es que eres un soberbio."

El Fundador enseñó que los miembros debían tener absoluta confianza en su director y uno no debería estar preocupado si siente que está dividido en partes, como si su cabeza estuviera en el alféizar de la ventana, sus manos bajo la cama y un pie colgando de la lámpara. Los directores constantemente echan mano al clásico espiritual que habla de "la noche oscura del alma" -que se aplica a la oscuridad de seguir ciegamente las indicaciones de tus directores. Uno de los más famosos sermones del Fundador citado cada año en la fiesta de la Epifanía, adoctrina a los miembros sobre cómo los Tres Magos, aunque dejaron de ver a su estrella, viajaron a ciegas, perseveraron buscando al Niño Jesús en Belén y por ello fueron premiados.

Dirección y gobierno

Uno aprende el significado de "personal" en la Prelatura Personal. Al Opus Dei le gustaría que la gente entendiera que el alcance de la Prelatura está definido por las personas que son miembros y no por un territorio, como sucede con una diócesis. Según mi experiencia, eso también significa que está basada en la autoridad de una persona, el Padre, y la absoluta lealtad a él. Todos los directores actúan en su nombre. La dirección es dada en persona y toda la formación es verbal -lo que significa que no hay registros o testigos. Esta estructura deja al individuo en una posición de completa vulnerabilidad. Cuando tu pides la admisión, lo debes hacer por escrito, pero la respuesta es siempre verbal. Cuando yo fui finalmente dado de baja del Opus Dei se me comunicó verbalmente, aunque yo había escrito varias cartas de quejas que ellos retuvieron. Tras 17 años en el Opus Dei, no tengo nada que pruebe que yo fui un miembro.

Mi experiencia es que los directores te mentirán si no pueden encontrar una forma más satisfactoria de evitar tus preguntas. En la formación que recibí se nos enseñaba a mentir cuando fuera necesario para defender el Opus Dei. Se nos ponía como ejemplo que un buen hijo siempre defiende a su madre aunque ella sea una prostituta.

El Opus Dei dice que en una familia los padres y los hermanos mayores no siempre cuentan todo a los niños pequeños. Usando este argumento justifican que los directores no digan toda la verdad a los miembros. Ciertamente es difícil contradecir tal argumento, los niños pequeños no siempre tienen derechos individuales reconocidos por la ley ni son completamente independientes de sus padres, material o emocionalmente. Tampoco tienen responsabilidades morales o fiduciarias en la sociedad y antes del uso de razón no tienen ningún tipo de responsabilidad. A medida que crecen, los niños van adquiriendo responsabilidades y necesitan tener el conocimiento adecuado para tomar decisiones morales. Además, cualquier hijo adulto que trabaja en un negocio familiar tiene el derecho y la responsabilidad de conocer lo que pasa en el negocio.

Otra diferencia entre una familia natural y el Opus Dei está en que los hijos hablan familiarmente con su padre. No necesitan hacer una cita con él una vez a la semana, como hacen los miembros del Opus Dei con su director. Tampoco se les pide que desnuden su alma ante su padre aunque algunos padres puedan ser muy exigentes e intimidantes.

El Fundador, mientras vivía, era la infalible fuente e intérprete del espíritu del Opus Dei, una nueva estructura organizacional en la Iglesia Católica. Aunque la gente fuera nombrada para estar en un consejo de gobierno o en un directorio en el cual supuestamente ejercerían su libre criterio profesional, con frecuencia se les exigía hacer las cosas de una determinada forma porque ese era el espíritu de la Obra. Tras la muerte del Fundador, esta estructura autoritaria ha continuado bajo su sucesor y ahora el siguiente sucesor, quien ha repetido la enseñanza de que ellos tienen un camino seguro señalado por Dios. Si alguien tiene una duda sobre cómo hacer algo o cómo resolver un problema, solo necesita preguntar qué habría hecho el Padre, y hacer lo mismo. Esos precedentes históricos siempre condicionarán la libertad y el criterio profesional de los que toman decisiones en el Opus Dei.

Cuando yo estaba en pleno conflicto entre mi conciencia y la vocación, escudriñé las Escrituras, libros de teología y los documentos internos de la Obra para tener una idea más clara de la lealtad como virtud. La única cosa que encontré fue una cita del Fundador en la cual pedía por favor a la gente que fuera leal al pobre pecador que él era.

Conclusión

He terminado. Te agradezco que hayas tenido la paciencia de leer hasta el final. Ya que me has dedicado tu atención, estoy dispuesto a decirte quién soy. Mi nombre está abajo, con equis insertadas entre las letras en mayúscula. La razón para obrar así es que tengo un cargo de responsabilidad y un lugar en mi comunidad. Mi permanencia en el Opus Dei por tan largo tiempo puede que no sea comprendida por ciertas personas. No quisiera que un curioso o alguien que pudiera darme un empleo tecleen mi nombre en un buscador de internet y encuentren mi historia sin que les importe nada el Opus Dei. Entiendo que mi nombre ya está ligado a comentarios sobre el Opus Dei. Simplemente quiero poner barreras a los curiosos.

Algunos amigos me han insinuado que soy ingenuo. Es posible. Es difícil discernir el significado del Evangelio en la vida de uno, cuando tienes que ir más allá del pensamiento racional y la experiencia. La experiencia de uno en el Opus Dei es tan privada y personal que tardas años en poder hablar de ella en un foro abierto -pero, si otros y yo no hablamos, el Opus Dei continuará haciendo las mismas cosas a otras personas.

Rezo para que todos alcancemos la vida eterna y para que pueda encontrarme y regocijarme contigo, los ángeles, Nuestra Señora y los otros santos en el último día.

Dios les bendiga a todos,


DENNIS DUBRO


Apéndices

Para los que se fueron

Para aquellos lectores que han sido miembros del Opus Dei y lo dejaron, permitidme recomendar algunos libros que han sido muy útiles. Si has estado en el Opus Dei el tiempo suficiente como para aprender a hacer oración contemplativa, el libro "El y yo", escrito por Gabrielle Bossis es una gran fuente de alimento espiritual. Ella fue una laica francesa, que vivió en la misma época en que se fundó el Opus Dei, pero no tiene ninguna relación con él. Escribió un diario donde recoge las inspiraciones espirituales que Dios le reveló sobre su vocación laical.

Otro buen libro es "Abandono en la Divina Providencia", un clásico espiritual escrito por un jesuita que fue director espiritual a comienzos del siglo dieciocho, Jean-Pierre de Caussade, S.J. El Opus Dei ha fomentado la creencia de que la dirección espiritual (especialmente a la manera de ellos) es necesaria para todos aquellos que quieran alcanzar la vida eterna. De Caussade plantea la pregunta de qué pasaba en los primeros años de la Iglesia, o en tiempos, más antiguos, antes de que hubiera sistemas y teorías sobre la dirección espiritual (mucho antes del Opus Dei). Él pregunta, en particular, ¿quién dirigió a María y a San José? Responde, con mucho frescor, que Dios siempre ha dirigido a las almas por sí mismo y continúa haciéndolo así en los tiempo actuales. (N. Del T.: Se puede encontrar una versión on-line en castellano)

Un tercer libro recomendable es "Alone with the Alone" escrito por un jesuita contemporáneo, maestro de ejercicios, P. George Maloney, S.J.

Quejas

Yo recomiendo que dirijas tus quejas sobre el Opus Dei a la Iglesia. El lugar apropiado para quejarse es la Congregación para los Obispos en Roma. La dirección es:

Cardenal Prefecto
Congregazione per i Vescovi
Piazza Pio XII, 10
Ciudad del Vaticano
Europa 00120

Envía tus quejas por correo certificado para tener prueba de la entrega. Aunque no tengan ninguna autoridad, por favor, quéjate a tus sacerdotes, obispos y al Nuncio Apostólico en la capital de tu país. Cuando reúnan suficientes quejas comenzarán a entender lo que es el Opus Dei, y pueden sentir la obligación de tramitar sus propios quejas.

La primera vez que me quejé a un obispo, me dijo que no entendía cuál era el problema. Él pensaba que la relación de una persona con una prelatura laical dependía puramente del mutuo acuerdo, y que una persona podía dejarlo cuando quisiera.


21 de septiembre del 2004



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