Denuncia pública por la retención de mi hijo

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Por Miguel M., 13 de noviembre de 2009

Nota de Agustina: he omitido los apellidos de las personas citadas y del firmante, pero constan en mi poder en el documento original. He hablado personalmente con él y con su esposa antes de publicar su testimonio.


Amigos lectores, me presento: me llamo Miguel, resido en Girona, tengo 55 años. Estoy casado desde los 22 con mi esposa María del Pilar y tenemos tres hijos.

Actualmente ni mi esposa ni yo no trabajamos pues estamos delicados de salud y los dos tenemos una invalidez, pero hasta hace tres años éramos profesores de bachillerato, en las materias de Matemáticas (mi esposa) y Biología (un servidor), aunque he dado multitud de asignaturas en todos los niveles: matemáticas, Ciencias de la Tierra y del medio ambiente, Geología, Estadística, Laboratorio de Biología y de Geología, Religión, etc...

Nuestro matrimonio tuvo lugar casi al mismo tiempo de la entrada en el Opus Dei. Hubo quién nos quería alejar del matrimonio en vigilias de celebrarse, tanto conmigo como con mi esposa, pero ya veis, nuestro amor es muy firme y el Señor no permitió que nuestra vocación matrimonial se acabara antes de empezar.

Es curioso porque ha pasado mucho tiempo, pero todavía resuenan en mis oídos las palabras de un sacerdote en un club juvenil diciéndome: "yo también quería casarme, pero, mira, aquí me tienes...", "todavía estás a tiempo...".

Esto ocurría por el mes de mayo-junio y en agosto nos casamos. Con mi esposa fueron algo más "crueles" y pido perdón por la palabra, pero en una "convivencia de estudios" le dijeron: "cuando venga tu novio a buscarte, tú ni te acerques, ni un beso, ni le des la mano, porque es pecado". Efectivamente, cuando fui a buscarla al final de la convivencia, yo estaba como en otro planeta: ¿Qué había pasado? ¿Por qué no me daba un beso como siempre? ¿Por qué no podía cogerla de la mano? ¡Santa inocencia!...

De recién casados fuimos del Opus Dei durante unos cinco años, como supernumerarios (miembros casados). Tuvimos una primera hija, Anna María con algún problema en el embarazo de mi esposa, pero nació a tiempo y bien. Tuvimos nuestro segundo hijo algo apremiados por las indicaciones (no exactamente órdenes) de nuestros respectivos directores para que tuviéramos más hijos, argumentando la paternidad responsable y la generosidad para con Dios. Tampoco, a su parecer (el de una persona célibe), existía causa grave alguna como para no tener en seguida más hijos. Así nació a los seis meses de gestación, Josepmaria. Dejamos la Obra por diversos motivos. Entre ellos se encuentra el de haber tenido este segundo hijo prematuro de 6 meses de gestación, el cual padece una sordera bilateral severa. ¡Nuestros directores de la Obra nos dijeron que nos absorbía mucho tiempo! Al año de haber nacido descubrimos su sordera y, por este motivo, nos trasladamos de domicilio, pues en aquel entonces trabajábamos en dos colegios de Institución Familiar de Educación (Fomento en el resto de España) en Ig. (Barcelona). En esta población no había ningún servicio para atender a un niño sordo.

Hicimos, pues, por volver a nuestra tierra, Girona. Yo pedí una plaza como profesor en el Colegio Bll del P. (Obra corporativa del Opus Dei). Cuando ya tenía el sí del director y me habían dicho qué asignaturas impartiría en el curso siguiente, una llamada del Presidente de la Institución Familiar de Educación al director de Bll del P., hizo cambiar el giro de las cosas, de modo que tuvimos que permanecer más tiempo en Ig. (Barcelona). Una vez en Girona, seguíamos aún en la Obra, pero nos dijeron nuestros respectivos directores que este segundo hijo acaparaba mucho de nuestro tiempo y que nuestro grado de dedicación hacia él era excesivo. Nosotros sabíamos que requería todo nuestro esfuerzo, pues había que hacer que aprendiera lenguaje oral, empresa difícil para un bebé sordo. Nos repitieron que por más que nos dedicáramos, nuestro hijo hablaría sólo si Dios quería y que, por tanto, no valía la pena tanto esfuerzo por nuestra parte. Según ellos, debíamos llevar a este hijo a un centro para sordos en Valencia. Allí los niños eran educados en el habla en un régimen de internado, liberando así a los padres. Nosotros: "debíamos ignorar a este hijo y tener más hijos..." (Indicación textual de nuestros directores: prefiero en este punto no citar nombres).

Nunca nos negamos a tener más hijos, pero aquel no era precisamente el momento más adecuado. El propósito de nuestros respectivos directores era, pues, que ignoráramos al pequeño, que tuviéramos más hijos y que dedicáramos más tiempo a labores de apoyo-apostolado en los clubes de la Obra de Gabriel, dando clases de diversas materias (fotografía, pesebrismo, Scalextric, etc...). Como sea que no obedecimos estas indicaciones, un buen día en el círculo semanal el director, gritando, dijo: ¡¡¡Aquí las cosas se dicen para que se obedezcan, y si a alguien lo le gusta, allí está la puerta...!!!

Evidentemente, el siguiente 19 de marzo no renovamos.

Hoy, este hijo sordo tiene 31 años, tiene un lenguaje hablado casi normal en castellano y catalán. Es fisioterapeuta. Buen hijo, buen profesional y mejor católico.

Tiene una hermana 9 meses mayor, hoy recién casada, con 32 años, abogada y que vive en E. (Francia).

Efectivamente tuvimos un tercer hijo, que cuenta hoy 20 años. Un hijo con una infancia alegre, criado en gran parte por su abuela materna. Chico tremendamente hogareño, entregado al estudio. Amante de la geografía, los viajes, la meteorología.

Este hijo pidió la admisión (pitó) a los 15 años (casi 16). Supongo que preguntarán cómo es eso. Lo primero que me viene a la cabeza para responder es que el hombre es el único animal que tropieza dos veces (e incluso más) en la misma piedra.

Nosotros no tuvimos más contacto con la Obra. Nuestros hijos no fueron educados en ningún colegio de la Obra, pues nuestro trabajo era en otros centros privados católicos, pero sin ningún contacto con el Opus Dei. Nuestra hija mayor fue perseguida durante un tiempo por alguna "niña de San Rafael"[1] pero supo ella sola seguir otro camino.

Cuando nació el pequeño, Albert, llevamos a los mayores a un club de la Obra, pero fueron sólo un par de meses, pues justo por entonces enfermó y murió el padre de mi esposa. Como no dábamos a basto con la situación, por eso, a la hora de los deberes, fueron cada uno a un club en Girona. El hijo pequeño, al igual que los otros salvando la excepción explicada, no pisó nunca un club.

Pero un verano decidimos llevarle a perfeccionar su inglés al Reino Unido y nos dieron buenas referencias de una Organización que se dedicaba a eso con garantías de que hablaría sólo inglés, etc.... bla, bla, bla... Tuvimos una entrevista. Sabíamos que los organizadores eran de la Obra pero no vimos nada malo para un mes escaso. Bien, pues el hijo pequeño volvió de Londres ya pitado. Con 15 años. La labor de los directores en 20 días fue espectacular, todo hay que decirlo. Al principio creíamos que una oposición frontal sería mucho peor y optamos por no decir nada. Pero llegó el momento de ir al centro de estudios en Barcelona. Accedimos.

En septiembre de 2008 (hace algo más de 1 año) tuvimos una entrevista con el director del Colegio Mayor Centro de Estudios Monterols en Barcelona. Les pedimos a sus directores que al acabar el segundo año no lo llevaran fuera de esta ciudad. Nos prometieron que no lo harían. Sin embargo, llegado el mes de mayo, nuestro hijo nos hizo una visita sorpresa además de relámpago (en todo el curso pasado sólo vino una vez a casa: el día de San Esteban). Nuestra inquietud subió varios grados... Nos dijo que para este curso 2009-2010 lo habían destinado a Valencia (a 500Km de casa). Evidentemente, esto requería un cambio en la universidad, un cambio en el plan de estudios, etc... Él nos dijo que era libre para aceptar y evidentemente había aceptado, pues hacía poco que había escrito una carta al "Padre" mostrándole su disponibilidad para ir dónde le mandaran, e incluso eligiendo alejarse de Cataluña. [2]

Nos pilló contra las cuerdas. Al cabo de un mes se casaba su hermana mayor. Vino a la boda pero no se integró en ella. Durmió en casa la noche anterior porque su madre insistió hasta la amenaza, pero se exacerbó con algunas escenas de la vida familiar normal y cotidiana. Durante la boda se ausentó diversas veces para realizar las normas de su plan de vida, dejándonos a todos boquiabiertos. Al día siguiente ya tuvo que dormir en el club de Girona. A estas alturas había pasado varios episodios de ataques de angustia, vómitos, náuseas, temblores, dolor de estómago, nudo gástrico, cefaleas, necesidad de tomar algún tranquilizante flojo... Su mirada estaba perdida en el espacio. Ojos tristes, córnea amarillenta, piel amarilla y síntomas de ictericia dérmica. Adelgazamiento de más de 10 kilos.

Mi esposa llamó a la delegación de la Obra en Barcelona. Habló con el Sacerdote Secretario (el que está por debajo del vicario para la delegación de Cataluña), el cual le dijo que el hecho de irse a Valencia no indicaba que no nos quisiese como padres. Mi mujer insistió varias veces diciendo lo que nos habían prometido meses antes: que se quedaría en Barcelona, dado nuestro estado de salud. Respuesta del sacerdote: ustedes no están tan mal. Tienen otro hijo y si su marido se muere ¡ya llevaremos a Albert más cerca de casa! Y añadió: ocurre que ustedes han educado demasiado responsablemente a sus hijos. Tanto insistió mi esposa que el sacerdote un buen día le contestó: ¡no tengo tiempo para escuchar a madres histéricas!

Yo mismo llamé entonces a un sacerdote amigo nuestro de la Obra, el cual prometió ayudarme yendo a visitar a Albert al día siguiente. Pasadas unas horas le llamé para concretar la hora de salida y su respuesta fue: no puedo venir porque justamente mañana viene a visitarme el Sacerdote Secretario de la Delegación (el mismo con quién había hablado mi esposa) y como comprenderás no puedo dejarlo plantado. Además: tú tienes un problema que no es tu hijo, es tu esposa que está enferma de la cabeza, pues es demasiado exagerada como madre.

Todo esto lo hemos tragado con amargo sabor. Pero lo hemos ofrecido para la veracidad de la vocación de nuestro hijo, del cúal nunca hemos dudado en cuanto a honestidad y sinceridad de vocación.

Desde septiembre hasta hoy las cosas se han agravado hasta llegar a colgarnos el teléfono, decirnos que ya no somos su primera familia... que gracias a su familia actual (la Obra) ha mejorado en muchas cosas como su carácter, etc... Decidimos no subvencionar económicamente su estancia en Valencia, pues no sólo nos pedia el dinero para la residencia (Colegio Mayor) sino una cantidad mensual para sus gastos y en previsión de los gastos que comportarían los cursos de retiro, convivencias, etc.

A día de hoy y después de una visita forzada que provoqué mediante una llamada a la delegación, apenas nos habla. No admite razón externa alguna. Se niega a hablar con nadie que no sea de la Obra (sacerdotes, seglares, médicos). Se niega a visitar un médico para solucionar su estado de salud precario si este médico no es de la Obra. Se niega a cualquier analítica sanguínea. Nos dice que queremos que su vocación tambalee. Nosotros le hablamos de la posibilidad de que hable con personas que han pasado por la Obra y lo han dejado y que escuche las razones. Nada que hacer. Lo hemos probado con ex-numerarios, con sacerdotes que no tienen que ver con el Opus Dei, etc... Nada. Nos acusa de querer destrozar su vocación, de que ya no somos sus padres, de que nos han cambiado a nosotros. Le decimos que quien ha cambiado es él, pero no lo admite. Nos dice que cuando le decimos que está adoctrinado y manipulado le estamos diciendo "tonto", pues él se cree suficientemente inteligente como para no dejarse "pillar". Lo único que hemos conseguido en tono positivo es: “¿Si sabíais eso... por qué no me lo decíais antes?”. Le contestamos que no creíamos que se llegara a este extremo de arrinconar a su propia familia.

Denuncia pública al colegio mayor universitario ALBALAT por la retención de Albert

Noviembre 09 del 2009.

Sr. Director del Col•legi Major Universitari Albalat de Valencia

Av. guida. Primado Reig 167/opus dei CP: 46020

Los padres de Albert, residente del Colegio Mayor Universitario Albalat de Valencia durante el curso académico 2009-2010, María del Pilar, Miquel y su hermano Josep María, relatan y escriben:

1.- Que visitaron a su hijo en Valencia del día 28 de Octubre al día 1 de Noviembre.

2.- Que durante los días 28 al 31 de dicho mes, las relaciones familiares entre nuestro hijo Albert y nosotros fueron cordiales. Fueron igualmente cordiales con nuestro hijo Josepmaría, que visitaba a su hermano con nosotros. Igualmente describimos como cordiales las relaciones entre el director y demás miembros del Colegio Mayor: sacerdote, subdirectores y residentes, y nosotros, padres. Hay que destacar, sin embargo, que el trato hacia los padres, nosotros, fue siempre de una extralimitada libertad, dado que, a pesar de la diferencia de edad entre nosotros y el personal del Colegio, siempre nos trataron de tú, sin antes pedir permiso sobre la conveniencia de hacerlo a los propios interesados. Hecho éste que nos sorprendió por la excesiva confianza, que rozaba una familiaridad no permitida, dado el desconocimiento entre nosotros.

Agradecemos la invitación del director a la comida que tuvo lugar el viernes 30.

3.- El sábado 31, nuestro hijo Albert padeció un episodio de vómitos, náuseas y diarreas, con mareos, pérdidas de equilibrio, fiebre, etc. (Ver informe médico adjunto, elaborado por los facultativos de urgencias del Hospital Clínico Quirón).

Decidimos llevarlo a un servicio de urgencias al ser sábado. Nuestra Mutua de Salud no cubriría los gastos. El director y el sacerdote del centro (médico también además de sacerdote) desestimaron nuestra petición diciendo que no era necesario: que lo que tenía no era nada grave, opinión ésta compartida por el director, subdirector y otros residentes. Medida su temperatura comprobamos que presentaba fiebre moderada. Visto que Albert presentaba 37,2 grados de fiebre, insistimos en llevarlo al servicio de urgencias. Muy amablemente nos acompañó un numerario del Colegio Mayor y subdirector. En el servicio de urgencias estuvo siempre a nuestro lado otro numerario estudiante y también residente en el Colegio Mayor.

Después de unas tres horas de ingreso en el hospital de día salió Albert con su madre. El informe médico elaborado por el facultativo Ezequiel M., en la Clínica Quirón de V., en el apartado ANAMNESIS, consta, entre otros síntomas:

- Astenia desde hace semanas

En el apartado EVOLUCIÓN:

- Tratamiento a domicilio con recomendación de seguimiento en consulta externa

En el apartado de TRATAMIENTO:

- Reposo en casa por 7 días. Recomienda acudir a valorar por médico de cabecera o urgencias.

De vuelta al Colegio Mayor, nuestro hijo se puso en cama con signos marcados de fiebre alta, mareos, vómitos etc. Nos preocupó observar varias anomalías en su analítica sanguínea. El director del centro me pidió el informe y los análisis. Presuntamente los envió a un médico conocido suyo, el cual habló conmigo telefónicamente sin que nunca se identificara como médico. Nos dijo que ningún parámetro de la analítica revestía mayor importancia. Este presunto médico, al que tuve acceso por vía telefónica, demostró no tener mucha idea de los parámetros de la analítica sanguínea, pues lejos de profundizar en las causa, se limitó a tirar pelotas fuera quitando importancia a una leucocitosis elevada (19.900/l) a una tasa de bilirrubina doble a la normal (2,20 mg/dl) y a una glucemia de (135 mg/dl).

Entramos y salimos varias veces del Colegio Mayor. Siempre que volvíamos, Albert se encontraba acompañado, lo cual nos pareció un hecho positivo en principio. En una de las visitas, el sacerdote me llamó y me dijo textualmente que cuidara a mi esposa pues no estaba bien de la cabeza ya que llamaba mucho a su hijo y le decía cosas contrarias al espíritu de la Obra. Me dijo que nuestro hijo quedaba trasbalsado siempre que llamaba mi esposa. Que conmigo no pasaba en tan alto grado. Intenté contarle a este sacerdote el trato que habíamos recibido del Sacerdote Secretario de la delegación de Barcelona. Le quitó toda importancia rompiendo el argumento e hilo de la conversación y, apelando al amor de Dios, me instó a disculpar toda actitud de este sacerdote y de otros numerarios de la delegación de Barcelona, llegando a decir que en Cataluña y Barcelona la Obra es demasiado rígida.

Salimos a comer fuera del centro. De vuelta, el estado físico de Albert seguía igual, con empeoramiento en el aspecto térmico (37,6 grados). Había logrado ingerir pequeñas cantidades de una bebida isotónica sin que se provocara el vómito. Albert había estado acompañado por distintos residentes durante nuestra ausencia. Indicamos nuestra voluntad de permanecer con nuestro hijo por la noche, dado su estado con momentos de falta de conciencia real. Este hecho se produjo también durante el tiempo de permanencia en el servicio de urgencias, estando con su madre, quien pudo constatar que padecía momentos de ausencia de la realidad referidos a la pertenencia a su familia parental, confundiéndola con su “familia” (compañeros) de residencia.

Nos instaron a abandonar el Colegio. Como fuera que aquel día no habíamos aún asistido a la Sta. Misa, fuimos a ella. A la vuelta, nuestro hijo estaba con muchas personas en la habitación. Su estado era poco menos que aceptable. Pedimos por favor que nos dejaran a solas con él para poder hablar de temas familiares. Se nos negó esta petición argumentando que nadie se tenía que ir de su propia casa. Su madre insistió en hablar a solas con su hijo y poder, además, pasar la noche a su lado.

La dirección no se opuso pero lo vio con malos ojos diciendo que ellos también se quedarían. Yo, por mi parte, con los nervios algo desgastados, pedí insistentemente que nos dejaran solos. Como no lo conseguía, apelé a la buena educación. Nuestro hijo se levantó de la cama y, gritando a su madre, la hizo salir de la habitación. A mí me empujó con fuerza y también me instó a abandonar la residencia ya que él estaba en “su casa” “con su familia”. El director del Colegio me advirtió varias veces de que lo estaba insultando, cuando lo único que le dije es que era un “mal educado” (cosa que yo no considero insulto).

El sacerdote. D. Javier, hablando conmigo, me indicó que el Director D. Jesús, había perdido la compostura y había adoptado una actitud violenta pues estaba nervioso ante la inminente visita con sus padres, a la cual no llegaba puntual por haber querido atendernos a nosotros. Le contesté que esto no tenía importancia. El Sacerdote me indicó de nuevo que la actitud de mi esposa hacia nuestro hijo Albert no era la de una madre normal y que su amor materno estaba fuera de lugar y no obedecía a los parámetros normales, cosa que, junto con las llamadas realizadas por ella y por mí mismo, ponían a Albert en un estado de angustia. Le dije que nunca unos padres habían angustiado a su hijo por decirle la verdad.

Urgimos a una persona presente en la habitación a que la abandonara unos instantes para poder dialogar a solas con nuestro hijo.

Nuestro propio hijo se negó a ello. Se personó el Director, el cual, con tono impertinente, nos indicó que abandonáramos la residencia pues no respetábamos la libertad de Albert, que no quería que permaneciéramos a su lado.

En aquel momento nuestra reacción, pensando en que nuestro hijo debía venir con nosotros a nuestro domicilio para ser tratado, fue la de recoger todas sus pertenencias en maletas. [3]

El lenguaje burlesco se perpetuó con el trato indignante a mi esposa y a mí, al que apelamos dejaran de tener, pero que siguió igual o más. Ante mi respuesta de ser una persona mal educada, el director me acusó de haberle insultado. Se siguieron una serie de conversaciones a cual más burlescas e irónicas que intentaron atraer nuestra atención durante unos 30 minutos. En ellas intervinieron distintos miembros del Colegio, tales como el Director, D. Jesús, el subdirector Juan, el secretario Jesús, etc.

Cuando salimos de la habitación, fuera estaban varias personas que en tono burlón y amenazador nos dijeron que Albert se había marchado. Exigimos hablar con él. Nos dijeron que no sabían dónde estaba. Pero al poco apareció una de estas personas (J de la LL) con un teléfono móvil en el cual estaba en línea nuestro hijo. Intentamos hablar con él pero colgó el teléfono, a mí y a su madre.

Salimos del Colegio Mayor y nos fuimos al hotel.

A la mañana siguiente tuve que ingresar a mi esposa por un cuadro de dolor generalizado que afectó a su ya existente enfermedad de fibromialgia. Le administraron un calmante con el que pudo realizar el viaje de vuelta a Girona.

Entre tanto, nuestro hijo Josepmaria intentó que se le recibiera en el Colegio Mayor y visitar a su hermano, pero le fue prohibida la entrada con expresiones tales como:

- “Tu hermano no está”.... ”tú podrías hablar con él, si él quisiese... pero tus padres no podrán hablar”...

Nuestro hijo Josepmaria intentó que se le dejara a Albert venir al domicilio familiar. Le fue negado. Les explicó que si realmente su hermano tenía esta vocación y ésta no era fruto del adoctrinamiento y la coacción, volvería a Valencia con todas las garantías.

De vuelta en nuestro domicilio de Girona hemos intentado llamar varias veces. Unas nos han colgado el teléfono, otras se ha puesto el director y ha dicho cosas incoherentes: “no está”, “no sabemos dónde está”, “no se quiere poner”.

A día de hoy, mi esposa ha llamado porque a nuestro hijo, gracias a la analítica sanguínea practicada en Valencia, nuestro médico de cabecera internista ha descubierto en él una enfermedad genética metabólica. En sí no es grave, no tiene tratamiento específico, pero se debe valorar, controlar periódicamente y se puede aliviar aplicando unos sistemas de vida preferentemente no estresantes: buen descanso, comida abundante y equilibrada, poco ejercicio físico pues aparece cansancio prematuro, no someter al cuerpo a prácticas como el ayuno o la mortificación física, no adelgazar, cuidar las infecciones, etc.

Es decir: una vida totalmente contraria a la que está llevando nuestro hijo.

Hemos pedido por escrito que pueda venir al domicilio para ser tratado pero, de momento, no tenemos respuesta, aunque mi esposa dejó recado al director que la llamara al recibir el burofax enviado. Éste no la llamó. Tuvo que ser ella quien lo llamara. La respuesta del director fueron evasivas, amagos de amenazas, etc.

Nuestra familia está desunida. Nuestros hijos mayores nos acusan de haber sido malos padres, aunque ellos tampoco saben qué hacer. Esta acusación se basa en la reacción que, como padres, tuvimos en el Colegio Mayor Albalat, pues les parece desproporcionada. Aún así ellos, nuestros hijos mayores, no pueden aportar otra solución.

Mi esposa hace más de dos años que les decía a los directores de Barcelona que hicieran una analítica a Albert pues sus síntomas físicos denotaban algo anormal. Nunca le hicieron caso. Dudamos de que esta forma de proceder sea realmente cristiana.

Piensen, terminando ya, que nosotros entregamos de corazón a Albert al Señor, sin reservas, y que si en algo hemos sido contrarios es porque lo entregamos, sano, alegre, con 13 o 14 kilos más que ahora, con una sonrisa de oreja a oreja, con un interés enorme en los estudios y en el buen rendimiento académico (siempre ha sacado sobresalientes y matrículas de honor), con una salud física inmejorable, con una salud mental sin escrúpulos y con gran sencillez. Ahora, con sinceridad espartana, no le vemos así, sino totalmente obnubilado, anonadado y enfermo. Con un rendimiento académico mucho más bajo, sin salud, triste, pensativo, repitiendo frases hechas, sin razonamiento propio.

4.- Cabe destacar que al día siguiente nuestro hijo Josep María se personó en el Colegio al cual no le fue permitida la entrada ni le fue permitida la visita a su hermano. No sabíamos que unos directores de colegio podían impedir la visita de un familiar de primer grado.

5.- A la llegada a Girona llamé al Colegio Mayor. Después de preguntar por mi hijo, me colgaron el teléfono.

6.- Toda nuestra preocupación se basa en el estado físico de salud de Albert. El informe médico señala muy claramente la necesidad de reposo en el domicilio. Para nosotros nuestro hijo sólo tiene un domicilio que es el familiar, al cual el médico alude en su informe y recomienda permanecer por espacio de, al menos, una semana.

7.- Las constantes vitales de Albert están en un claro desequilibrio, al que no han prestado la atención debida los miembros del Colegio Albalat, por lo cual, como padres del interesado, y ante la negativa a una atención más eficaz de los miembros del Colegio, nos sentimos obligados a llevar a nuestro hijo a nuestro domicilio. Por ello recogimos la mayor parte de sus pertenencias, no por otro motivo. Nuestra idea clara era llevar a Albert al domicilio familiar y procurar la asistencia médica que se merece en contra de la pasividad de la dirección del Colegio.

8.- Nuestra preocupación se extiende aún más al considerar que Albert presenta síntomas que no obedecen a la normalidad, tales como somnolencia profunda y súbita sin ningún origen determinado. Exacerbación en el habla y cierta violencia física hacia sus progenitores. Distanciamiento familiar, distanciamiento con sus hermanos. Burlas hacia ellos con tono de superioridad.

Bajada espectacular en el rendimiento académico. (Nos preguntamos: ¿en el Opus dei. se les da, con el alimento, algún fármaco o producto químico para relajarlos? ¿para inhibir la libido?, etc.)

9.- Ante la imposibilidad de poder acceder a una conversación oral con nuestro hijo, hacemos uso de este comunicado esperando poder restablecer los cauces de comunicación oral.

Actualmente Albert aun sigue en la institución, intervenido sin dejarlo ver de sus padres. Continúa asumiendo que él ya tiene otra familia. Parece más que probable que le han suministrado varias drogas como el Valium u otras benzodiazepinas que, según sus directores espirituales sacerdotes, es para bajar la líbido, más otras supuestas drogas que se le dan a ingerir para la depresión. Sospechamos este hecho porque, llamado el Sacerdote Secretario de la Delegación de Barcelona, D. J.P. no negó que se les dieran fármacos sin permiso a los numerarios.

Si la situación continúa como hasta ahora, la próxima semana enviaremos la denuncia S.S. Benedicto XVI, a varios dicasterios de la curia Vaticana y a la Conferencia Episcopal Española.

Atentamente

Miguel




  1. Curiosamente San Rafael es nombre que significa de Aquel que Dios a curado" o "Dios ha sanado" y nada tiene que ver con las juventudes masculinas y femeninas a quien la Obra atribuye un cierto patronaje.
  2. Este dato lo hemos sabido después por medio de dos matrimonios de supernumerarios de Girona que han hablado con los sacerdotes de la Delegación. O sea, que saben más de nuestro hijo las otras familias que nosotros mismos.
  3. Las maletas le fueron devueltas el lunes siguiente día 2 de noviembre.


Original