Cuadernos 12: Apostolado de la opinión pública/El valor de cada alma

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EL VALOR DE CADA ALMA


Cuando nos planteamos objetivos en el ámbito de la opinión pública, hemos de considerar ante todo qué podemos hacer en el plano estrictamente personal. Nuestro Padre nos proponía el ejemplo de los primeros cristianos: Estaban penetrados de un espíritu, de una concepción de la vida y del mundo, que no podía dejar de tener consecuencias en la sociedad en la que se movían.

Con un apostolado personal semejante al nuestro, fueron haciendo prosélitos y, durante su cautividad, ya enviaba Pablo a las iglesias los saludos de los cristianos que vivían en la casa del César (Philip. IV, 22) 1.


Amistad auténtica

El Padre no deja de recordarnos cómo, siguiendo el ejemplo del Señor, el Beato Josemaría nos enseña a dar a la amistad su más alto contenido: servir de cauce para que el Amor de Dios penetre en las almas de nuestros amigos 2. Y nos hace preguntas incisivas: ¿Aprovechas tú, hija mía, hijo mío, las variadas posibilidades que tu situación profesional y social te ofrecen para hacerte

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nuevos amigos o amigas? ¿Cultivas el trato con quienes el Señor pone junto a ti? 3

El apostolado personal es prenda de nuestra coherencia cristiana. Nuestra amistad abrirá los modos de que el Señor se adentre hasta el interior más profundo de esas almas, porque es lógico que los amigos se comuniquen entre sí todos sus bienes, y el tesoro mayor que posee un cristiano es precisamente la vida de Cristo 4.

Cuando se vive vida de fe, las posibles dificultades, más o menos objetivas, no son un obstáculo. Al contrario, sabemos que, con la gracia de Dios y nuestro buen ejemplo, muchas personas, también las que están aparentemente más alejadas de Dios o de la Iglesia, verán nuestra alegría cristiana y nuestro cariño lleno de amistad. Saborearán la autenticidad del afecto con que les queremos.

De hecho, conviene llegar siempre a esa gente difícil, con la convicción de que, si la gracia divina les convierte, serán luego apóstoles eficacísimos. También en el apostolado de la opinión pública aplicamos el consejo de nuestro Padre cuando nos animaba a intensificar el trato de los chicos más revoltosos, para ganarnos su vitalidad y transformarla al servicio de Dios.

En los ambientes de la comunicación

Esa actitud es también consecuencia de la apertura propia del espíritu de la Obra, que nos lleva a los lugares donde se reúne la gente, nuestros iguales, para llegar a los que nos puedan entender -muchos o pocos- en cada sitio. Por nuestra parte, no dejaremos de darnos generosamente, de tender lazos de unión, de subrayar lo que nos une, de cultivar una amistad sincera, para atraerlos a Cristo. No importa si, al principio o du-

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rante mucho tiempo, no comparten nuestra fe.

La labor de los fieles del Opus Dei es un apostolado capilar. Hemos de vivir ese espíritu también entre quienes trabajan en los medios de comunicación, con el afán de convertir a todos. Confiamos por completo en la gracia de Dios. Y mediante nuestro trato personal continuo, constante, perseverante, de amistad y confidencia, procuramos contribuir a superar los obstáculos que puedan existir.

Nuestro deber es dar doctrina siempre, en todas partes y con todos los medios 5, repitió muchas veces nuestro Padre. Por tanto, nos ha de preocupar particularmente la formación de quienes trabajan en los medios informativos. Deseamos con especial empeño despertar o avivar en ellos la vida cristiana, o al menos -en quienes no tienen fe- la rectitud moral, de modo que esté en la raíz y en el núcleo de su trabajo, que tanta repercusión tiene en la vida de los demás.

Cada uno debe realizar, según sus posibilidades, una amplia e intensa labor con profesionales de la comunicación -periodistas o empresarios, técnicos de radio o televisión, encargados de relaciones públicas y comunicación, fotógrafos, vendedores, distribuidores de prensa...-, así como con escritores y figuras de prestigio en los ambientes intelectuales, culturales y científicos. Y para esto no es necesario trabajar profesionalmente en los medios informativos: también quienes desempeñan otras actividades pueden tratar apostólicamente a esas personas.

Apostolado de la inteligencia

Desde el primer momento, nuestro Padre subrayó esta faceta del apostolado de la opinión pública: procurar que se trate -haciendo amistad- a los periodistas más importantes,

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así como a las personalidades más representativas de la vida pública, cultural, etc., del país, para que se haga con esas personas una honda labor de San Gabriel, a la vez que les damos a conocer -loquimini veritatem, unusquisque cum proximo suo (Ephes. IV, 25)- la verdadera naturaleza de nuestra Obra, rectificando las posibles informaciones erróneas.

De esta manera, a todos se les enseñará a valorar, en lo humano y en lo sobrenatural, la importancia de su quehacer profesional, y se les ayudará eficazmente a cumplir con los deberes propios de su oficio; no serán pocos los que recibirán la gracia de la vocación, y la mayor parte -también los que queden sólo como amigos- serán instrumentos valiosos, que colaborarán en este eficaz apostolado de la opinión pública 6.

También, a propósito de los Cooperadores, sugería nuestro Fundador: Búsquense estos amigos entre personas rectas y de talento, que puedan con sus ideas promover la gloria divina; de influencia, que por su familia, por suposición o por sus relaciones, tengan fuerza social (...); entre personas que tienen tiempo, cosa importante para muchos trabajos de apostolado; o que tienen el don de la palabra, que sepan hablar, explicar, entusiasmar (...); entre aquellos que ejercen profesiones, intelectuales o no, desde las cuales se influye habitualmente en gran número de personas 7. Y comentaba don Álvaro: «¡Cuánto bien pueden hacer los Cooperadores que tienen una pluma fácil y bien rasgada!» 8.

En definitiva, dentro de ese trabajo personal de amistad y confidencia, ofrece particular importancia el apostolado de la inteligencia: el trato personal con los intelectuales, con las personas capaces de forjar el futuro de naciones o colectividades: escritores, ensayistas, profesores, artistas, profesionales de la información y de la publicidad.

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Metas ambiciosas

En 1994, nos hacía ver una vez más el Padre cómo la cultura constituye un campo apostólico fundamental, que ocupa un lugar privilegiado en el corazón y en las intenciones del Papa: Bien comprensible es que sea así, porque los hombres y las mujeres que trabajan en la ciencia y el arte, en la literatura y la filosofía, en el derecho y la política, son los modeladores de la sociedad civil, los que están en condiciones de influir profundamente en los modos de pensar y de vivir de las generaciones futuras 9. En ese contexto, recordaba que nuestro Fundador tenía en su alma desde muy joven la necesidad del apostolado con los intelectuales, porque son como las cumbres con nieve: cuando ésta se deshace, baja el agua que hace fructificar los valles 10.

Añadía el Padre que los intelectuales pueden prestar un gran servicio a la humanidad, si se abren a la gracia de Dios. Por eso, el apostolado de la inteligencia, vital para la Iglesia, está en la entraña del Opus Dei: sin abandonar a nadie, justamente porque queremos llegar a gentes de todos los niveles de la sociedad.

Hemos de soñar con objetivos ambiciosos: proponernos que no queden científicos, escritores, periodistas, hombres y mujeres de cultura, políticos, eclesiásticos, personas dé valía en cualquier campo, que nos puedan entender, con los que no se mantenga trato apostólico. Hemos de soñar con que no haya revistas, editoriales, iniciativas de enseñanza, científicas, culturales, sociales..., de buen criterio -o que admitan colaboraciones bien orientadas-, sin que algún cristiano bien formado esté allí presente de algún modo, procurando vivificar con el espíritu de Cristo esas tareas y aprovecharlas como instrumen­to para difundir buena doctrina.

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Como uno de los frutos de esta labor, moveremos a muchos intelectuales de relieve, bien orientados o respetuosos hacia la Iglesia, a que salgan a la palestra, perdiendo cualquier miedo o respeto humano a intervenir en los medios de comunicación, sin abandonar este campo decisivo en manos de quienes no comparten o son enemigos de los intereses de Cristo en la vida social y en la cultura.

Promover actividades idóneas

Para apoyar el apostolado personal, la experiencia muestra el interés de organizar actividades culturales varias: ciclos y cursos monográficos; iniciativas literarias, musicales y artísticas; programas de orientación profesional. De modo particular, nuestro Padre nos animaba a organizar tertulias periódicas con amigos y compañeros de trabajo, con idea también de dar criterio cristiano sobre cuestiones de actualidad, y precisaba: son especialmente interesantes las tertulias con profesionales de los medios de opinión pública 11.

Desde luego, muchas de estas actividades podrán ser promovidas por las obras de apostolado corporativo. Cada una de ellas debe ser fermento que actúe vigorosamente en una intensa labor de formación diaria y, además, a través de actividades de calidad y altura -congresos, seminarios, ciclos de conferencias, mesas redondas...-, debe difundir la buena doctrina y aglutinar a su alrededor a numerosas personas de sólido prestigio y recto criterio. Algunas labores apostólicas -por ejemplo, las iniciativas en el ámbito de la enseñanza universitaria- están en condiciones privilegiadas de realizar una honda labor: saben a qué personas conviene tratar más intensamente y se

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pueden convertir en foros idóneos para llevar adelante un trato incisivo y profundo con personas que destacan en las ciencias y la cultura.

En los Centros de San Rafael se puede hacer mucho: no sólo despertar entre chicos valiosos la afición por las profesiones de mayor repercusión apostólica; sino aprovechar las múltiples actividades auxiliares para tratar a personas influyentes y tocar temas sobre los que urge dar a conocer la luz de Cristo.

Lógicamente, tienen especial interés las iniciativas dirigidas inmediatamente a profesionales de los medios de comunicación: Siempre, junto a la formación humana, cultural y profesional, nos proponemos profundizar de modo adecuado en puntos doctrinales de actualidad. Se les hace llegar la enseñanza de Cristo y de la Iglesia, para que brote luego de modo espontáneo en su vida, en su pensamiento, en su trabajo diario.

Nuestro Padre describía en 1946 algunas facetas de la labor de apostolado en el campo de la opinión pública, organizados en Residencias de estudiantes, como actividades auxiliares de la obra de San Rafael: Queda claro, pues, que nuestras obras corporativas -las residencias universitarias, los centros culturales, las casas de retiros y convivencias, etc.- podrán y deberán organizar reuniones, ciclos de conferencias, convivencias de profesionales de estos medios de información, y cuantas actividades tiendan a orientar con sentido cristiano esta labor 12.

Además, el carácter sobrenatural y el tono humano de esas actividades atraerá, como dije, a muchas personas, dispuestas a colaborar en las formas más diversas, dando así origen a una auténtica labor de San Rafael y de San Gabriel, para acercarles al espíritu de nuestra Obra y ayudarles a mejorar su vida interior 13.

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Dar tiempo al tiempo

Pero no olvidemos que el apostolado requiere paciencia. Muchos profesionales de la información llegan rápidamente a comprender y a querer a la Obra, y se deciden a remozar su vida cristiana; pero con otros hay que saber ir despacio, sin intentar quemar etapas. No es tiempo perdido el que se emplea en estar con ellos y en mantener una relación que aparentemente es sólo propia del trato social. Puede incluso suceder que, en las primeras conversaciones, alguno exprese auténticas falsedades, por ligereza o por falta de información sobre la Iglesia o sobre la Prelatura.

Hay que saber esperar, y fortalecer la confianza mutua propia de los amigos, como explicó tantas veces don Álvaro: La amistad comporta intereses comunes y cariño a las personas, y esto lleva a quererles como son, a dedicarles tiempo, a comprenderles, a no abandonar el trato, aunque parezca que no responden o que lo hacen lentamente 14

Don Álvaro animaba a derrochar cariño, a saber ceder gustosamente en lo personal: Acoged a todos con una sonrisa, sacrificaos por ellos, sabed pasar por alto las pequeñeces de la convivencia diaria, sin concederles demasiada importancia. Buscad lo que une, no lo que separa. Sed positivos. Y siempre -solía puntualizar-, con garbo humano, sin hacerlo notar, con delicadeza 15. De esta manera, los demás podrán acudir a vosotros para recuperar el entusiasmo, después de una derrota, porque se sienten comprendidos, estimulados, ¡queridos! 16.

1. De nuestro Padre, Carta 9-I-1959, n. 22.
2. Del Padre, Carta, 1-IV-1997.
3. Ibid.
4. Ibid.
5. De nuestro Padre, Carta 30-IV-1946, n. 43.
6. Ibid. n. 52.
7. De nuestro Padre, Instrucción, mayo-1935, 14-IX-1950, n. 153.
8. Instrucción, mayo-1935, 14-IX-1950, nota 255.
9. Del Padre, Carta, 1-V-1994, n. 5.
10. De nuestro Padre, Crónica, 1977, pp. 1253-1255.
11. De nuestro Padre, Carta 9-I-1959, n. 46.
12. De nuestro Padre, Carta 30-IV-1946, n. 53.
13. Ibid. n. 67.
14. Don Álvaro, Cartas de familia (1), n. 251.
15. Ibid. n. 263.
16. Ibid. n. 264.