Cristianos comunes y corrientes?

From Opus Dei info

Por Sancho1964, 22 de febrero de 2012


He leído el Reglamento del Opus Dei como Pía Unión (1941) y me he quedado frio... Cuando decidí pedir la admisión como numerario yo tenía 14 años...

Practicaba el siguiente “plan de vida”: ofrecimiento de obras, misa 3 dias a la semana, 10 minutos de oración todos los dias, rezar el ángelus, tres avemarias en la noche y confesarme cada 15 dias... No recuerdo que hiciera algo más ni en mi mente visualizaba que me comprometía a mucho más de lo que hacía (con 14 años uno no ve mucho más allá de sus propias narices...). Desconocía que me obligaba a vivir todas las normas y costumbres del opusdei (ya hice un listado aquí alguna vez con el titulo de “Normas y Costumbres”), no sabía que debería ir a vivir al centro a los 15 años ni que debería cambiar de ciudad para hacer el centro de estudios a los 18, no sabía que debía entregar todo mi dinero, no podría asistir a espectáculos públicos, ni que debería dormir en el suelo una vez por semana, asistir a círculos, retiros mensuales, anuales..., no sabía que debía conseguir 2 o 3 vocaciones cada año o tener cargo de conciencia por tibieza, ni vivir todos esos enfermisos criterios de trato con el sexo opuesto... Esta lista es interminable. Desde luego que yo no conocí los reglamentos que me regirían de por vida (ni nadie que pertenece actualmente al opusdei los conoció antes de pedir la admisión...¿o sí? ¿Me equivoco?) Pero lo que sí sé es que en otras instituciones se esmeran en explicar –y que se viva- la totalidad de su espiritualidad por los aspirantes antes de ingresar a la institución, como los Jesuitas que cuentan, desde luego, con todo el tema del discernimiento ignaciano. (Me pregunto porqué en mi paso por la obra nunca escuché la palabra discernimiento y la he venido a comprender años después de mi paso por la institución...)

¿Como termina una persona haciendo algo así, tomando la decisión tan absurda de entregar la vida entera con tan pocos datos y a tan corta edad? Hace tiempo leí sobre un experimento (¿alguién lo habra hecho en verdad?): Si hervimos agua y arrojamos a una rana en ella, saltará inmediatamente salvandose de la chamuscada; pero si metemos a la rana en un recipiente con agua tibia y la comenzamos a calentar poco a poco hasta que hierva, la rana morirá sin saber qué, cómo o cuándo pasó. Así sucede en el opusdei: es el famoso plano inclinado que no es otra cosa que dosificar la información para que el futuro candidato no descubra en lo que se esté metiendo y no brinque, escapando de algo que consideraría, al menos, extraño. Cuando menos se dé cuenta, vivirá dentro de una esfera -con grilletes- y ni siquiera lo sabrá.

Como comenté, leí los reglamentos del opusdei de 1941 y, acto seguido, busqué la ‘Regla de San Benito’, la ‘Regla de San Francisco’, ‘Estatutos de los Cartujos...’ Lo primero que me encuentro es que todos estos documentos se consiguen con presionar cinco teclas. Lo siguiente es que parece que todas las reglas tienen algo en común: son reglamentos que rigen la vida en común de personas con ideas, metas o inquietudes afines. El reglamento del opusdei es una regla –!reglamento!- y en este caso una regla religiosa y, por lo que entiendo, los religiosos se denominan así por regirse por una regla religiosa entre otras cosas, a diferencia de los laicos que no lo hacen. Para profundizar se puede acudir al código de derecho canónico (Cann. 607–709), pero me encontré esta definición: Las Órdenes Religiosas son organizaciones reconocidas por la Iglesia Católica, cuyos miembros (comúnmente conocidos como "religiosos") desean lograr el objetivo común de dedicar formalmente su vida a Dios. Dichos miembros viven unidos por una regla establecida por el fundador de dicha orden o por la Iglesia.

No encuentro diferencia sustancial entre la regla de San Benito y los reglamentos -regla- de San Josemaría que, como nos recuerda Doserra, dicen: «La santificación de sus miembros por el ejercicio de los consejos evangélicos y la observancia de las propias constituciones»... ¡Y yo que me creía cristiano corriente en medio del mundo...! ¿Por qué nos insistían tanto en decirnos que éramos “fieles cristianos comunes y corrientes”? ¿No será que ser “fiel cristiano común y corriente” no es lo mismo que simple y llanamente “fiel cristiano”? Así como el oro “blanco” no es puro, fiel cristiano “común y corriente” pareciera que tampoco lo es...

Ahora con más dificultad encuentro la diferencia entre mi tía monja -a la que quiero mucho y es realmente edificante-, que se dedica a la educación de las personas dedicadas al servicio doméstico y que va y viene por la ciudad sin parar, y mi hemana numeraria, que se dedica a la administración (limpieza y alimentación... de centros de numerarios), a la que más que admirar, me entristece... La única diferencia notable es que una tiene hábito y la otra no, ya que las dos viven en comunidad y se rigen por un reglamento o regla. La diferencia importante es que una sabe que es religiosa y la otra no lo sabe...

¿Cómo puede alguien decir que es un cristiano comun y corriente si vive el Reglamento, Régimen, Ordo, Costumbres, Espíritu y Ceremonial del opusdei? Podrán no llamarse religiosos, incluso ‘legalmente’ no serlo... Pero si conocemos lo que es una pera y tenemos enfrente algo con forma de pera, que huele a pera, s name="_GoBack"abe a pera (y se comporta como pera...), y nos dicen que es una manzana... ¿a quién le creo?




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