Comment:Un error teológico del Opus Dei: Confusión de las normas ascéticas con las jurídicas (2)

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He leído varias veces el artículo de Josef Knecht sobre identificación de lo ascético y lo jurídico en el Opus Dei. Hay en él algo que suena a falso, pero no es fácil de identificar porque el artículo está bien armado.

Ya resulta peculiar que nosotros, que nos dedicamos mayormente a tocar el violón, queramos corregir a aquellos que no vivieron más que para cumplir la voluntad de Dios. No obstante esta mañana me venía a la cabeza un frase que escuché a don Sabino Gabiola, Director espiritual del Colegio Romano y profesor de Teología Moral. Decía así: “Nuestros padres no iban a Misa todos los días, pero eran muy santos por el trabajo”.

Me es fácil imaginar al padre de don Sabino, en el Bilbao de la postguerra, con varios hijos para sacar adelante como entonces era lo normal, la madre en casa, y me pregunto en qué trabajaría. Sí, es fácil suponer que fuera santo.
Dice nuestro Señor Jesucristo: “No todo el que dice ¡Señor, Señor! entrará en el Reino de los Cielos sino el que cumple la voluntad de mi Padre” (Mt. 7,21). Las normas del plan de vida equivalen a ese “¡Señor, Señor!” y por lo tanto no bastan. Es preciso cumplir la voluntad de Dios en nuestras vidas.

Es cierto que algunos (yo, por lo menos), cuando llegamos al Opus Dei lo primero que pensamos fue en cumplir todas las normas como los “mayores” y en irlas tachando en una hojita. Era una actitud infantil. Bien pronto pudimos darnos cuenta que aquello no nos daba la paz, que no nos hacía felices. Abríamos constantes paréntesis donde escondíamos nuestra desilusión y nuestro aparente fracaso disfrazado de perseverancia.

Sin embargo no era un problema de identificación entre las normas ascéticas y jurídicas, sino de madurez. En nosotros se cumplía lo que dice San Pablo sobre la ley de Moisés: “Aquel mandamiento que debía servir para darme la vida ha servido para darme la muerte” (Rom. 7, 10 y ss).

Muchas, muchas veces en mi vida me he acordado de la parábola del sembrador (“Exiit seminator seminare semem suam…”) y he sentido como la piedra que había dentro de mí no permitía arraigar la semilla. Por mucho que cumpliera las normas.

No. Esas frases que citas de San Josemaría y de Don Álvaro no están dichas para ti ni para mí, sino para otro tipo de gente. Para nosotros están dichas las palabras de San Pablo: “Infelix ego homo ¿quis me liberavit de corpore mortis huius?”

Termino con una anécdota que no está mal del todo. Cuenta en el libro de don Samuel Valero “Yauyos. Una aventura en los Andes” que, a los sacerdotes que salían para Yauyos, en Perú, nuestro Padre les pidió: “Hijos míos afeitaros todos los días; no os abandonéis”. La recomendación de afeitarse todos los días ¿es una norma ascética o jurídica? Ninguna de las dos cosas; es un buen consejo para cumplir mejor la voluntad de Dios en la vida de un sacerdote en el extremo del mundo. Siguiéndolo demuestra ser humilde y se santifica, pero afeitarse todos los días no supone tener vocación sacerdotal; no significa nada si no tiene previamente un sentido. Igual pasa con el cumplimiento de las normas que, dicho sea de paso, no tienen nada de jurídicas.

JUAN

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