Comment:Salarios e indemnizaciones (1)

From Opus Dei info

El escrito de Fueraborda es muy dramático. Nada que objetar a ello. Es característico de un buen abogado saber presentar así sus tesis. Mezcla sin embargo dos cuestiones y me gustaría ponerlo de relieve.


1. Me encontraba yo en Roma cuando hubo un pequeño alboroto y conato de huelga entre los empleados del Vaticano. El sacerdote que nos explicaba Moral comentó: “El Magisterio de la Iglesia reconoce el derecho de los trabajadores a una jubilación digna y resulta que los que trabajan en el Vaticano no la tienen”. El asunto se resolvió, según creo, dotando la Santa Sede un Fondo de pensiones para sus empleados.
Igual ocurría en España con el clero diocesano. Eran tiempos más felices y la Conferencia Episcopal hizo una aportación única a la Tesorería de la Seguridad Social por las cantidades no cotizadas hasta la fecha, para que los sacerdotes y religiosos que trabajaban para las Diócesis pudieran estar de alta y tener derecho a una jubilación.

Lo que es válido para la cabeza lo es para todo el cuerpo. También por justicia y secularidad estos principios debían aplicarse en el Opus Dei. No se trata de cambiar nada, sino de poner en práctica el mismo texto que cita Fueraborda tomado de los Estatutos: “Todos los fieles de la Prelatura deben disponer de los seguros y previsiones que indican las leyes civiles para casos de invalidez, incapacidad para trabajar, enfermedad, vejez, etc”. Este “etc” es muy sugerente ya que debería incluir el derecho a tener un contrato de trabajo para aquellos que se dediquen a labores internas y una indemnización proporcional a los años trabajados, en los casos de abandono o despido. En realidad no se trata de nada nuevo, sino de poner por obra lo que decía el Fundador cuando afirma –creo que es en “Conversaciones”- que el Opus Dei trabaja en cada país sometiéndose a las leyes. ¿Qué hasta ahora no se podían implementar ciertos extremos? Bueno pues posiblemente ya haya llegado la hora.


2. Pero Fueraborda plantea una cuestión mucho más de fondo que los derechos laborales. Propone exigir la retribución de los años trabajados y la devolución de las cantidades económicas aportadas. Pone para ello como ejemplo el caso de la ruptura de la sociedad de gananciales y el reparto de los bienes en el caso de disolución matrimonial. Razona de la siguiente forma: Es así que cualquier socio (no me sale lo de “fiel”) durante su permanencia en la Obra ha aportado económicamente más de lo que ha recibido en bienes, servicios o metálico, luego tiene derecho a retirar esa cantidad cuando deja el Opus Dei. Sería algo así como un Fondo de inversión, sistema que no puede ser aplicado a una entidad sin ánimo de lucro.

Imaginemos que el que se va del Opus Dei preguntase cuánto le corresponde por los bienes totales generados durante su periodo de permanencia, ¿con qué le pagaríamos? ¿quizá con una participación en la Universidad de Navarra o de Los Andes? ¿O en el edificio de un Colegio Mayor, casa de retiros o de formación? Porque ahí han ido las aportaciones que hizo en su momento. No digo que no fuera simbólico e incluso justo indemnizarles con participaciones en las obras corporativas, porque es a ellas a las que han dedicado su dinero y su vida.

También les correspondería una participación en las almas y en la formación de sus hermanos y de tanta gente que no pertenece a la Obra. Pero, dado que las almas son indivisibles y ya tienen dueño, podría suplirse con un diploma que así lo reconociera: “Fulanito de tal, entre los años 2000 y 2008, con su trabajo, oración y mortificación ha colaborado a la formación y salvación de las almas. Y para que así conste…”.


3. Hablemos claro. En la vida no existe el retorno a la casilla de salida. No hay posibilidad de indemnizar diez, veinte o treinta años porque el sujeto se sienta defraudado o haya cambiado de idea. En otro lugar de esta web alguien reclama por un útero que no ha parido, dado que se le ha pasado la edad mientras estaba en el Opus Dei. Todo en la vida requiere decisiones y no vale la pena lamentarse por ellas. Lo hecho hecho está.


4. Fueraborda parte de una ficción: que todo lo que hizo el sujeto en el Opus Dei lo hizo mediante engaño o por obediencia, nunca por su propia voluntad. Sin embargo sabemos que no es así. Todos tenemos experiencia de que en un momento dado pudimos (e incluso debimos) negarnos a escribir la carta, otros lo hicieron pero nosotros no. Durante cinco años como mínimo pudimos negarnos a hacer la renovación anual, otros lo hicieron pero nosotros no. Yo pude haberme negado a ir a Roma, pero en cambio solicité ir.

Otra cosa es la libertad psicológica y la madurez que tuviéramos al dar esos pasos. Las decisiones jurídicas son anulables por falta de madurez o engaño, pero las decisiones de hecho, tales como ir a Roma o a otro país, casarse o no casarse, trabajar en labores internas o no hacerlo quedan ahí para la eternidad. No tienen marcha atrás.


5. Pero volvamos al dinero que parece ser un elemento importante. Cualquier decisión que tomemos en la vida tiene unas consecuencias económicas. Si yo me caso y tengo hijos sé que mi familia va a comer, se va a vestir, va a tener que alojarse, etc. Si mi familia se deshace, por las razones que sean, no puedo decir: “Y ahora devolverme toda la comida que habéis comido, los pantalones que habéis gastado, los cuadernos que emborronasteis y las medicinas que os di para curaros”. Hay un principio de gratuidad en determinados ámbitos como son el familiar o el religioso. Si me voy me iré con las manos vacías y si son ellos los que se marchan no se pararán a indemnizarme. Así es la vida. Los espermatozoides no vuelven a su lugar de origen por más que yo me arrepienta de haberme casado y de haber tenido hijos; o lo haya hecho por engaño o inmadurez.

Nadie me va a indemnizar por haber estudiado una carrera que no era la adecuada para mí o por desempeñar un trabajo que no me interesaba. Si voy al cine y no me gusta la película no puedo pedir a la salida que me devuelvan el dinero. Todo en la vida son decisiones y sus resultados nos vinculan, también económicamente.


6. Y los buenos momentos ¿los vas a devolver? La permanencia en el Opus Dei es una cuestión compleja que no puede reducirse a la variable económica.

Antes los clubs de futbol, a los futbolistas que habían salido de la cantera y querían marchar a otro club les cobraban lo que llamaban “derechos de formación”. ¿Estás seguro de que no has aprendido nada en el tiempo en el que has pertenecido al Opus Dei? Yo sé que he aprendido muchas cosas útiles para esta vida y para la eternidad, y me he sentido obligado a dar dinero durante años a la Fundación del Centro Académico Romano por los años que estuve en Roma estudiando por cuenta del Opus Dei.

Y las horas que te han dedicado ¿no tienen ningún valor? Has hablado con tu “director” como mínimo una vez cada quince días, con el sacerdote de vez en cuando, has asistido a un círculo semanal y a un retiro mensual. Eso ¿no vale dinero? ¿Sabes lo que pago yo al psiquiatra cada vez que voy a verlo? Más vale que no lo sepas. Pues cualquiera de los que te han atendido durante tantos años, en ocasiones desplazándose hasta donde estabas tú, son tan profesionales como un psiquiatra.

Después de tres años de catequesis mis hijos mayores hicieron la Primera Comunión. Entonces entregué al Párroco y al Coadjutor veinte mil pesetas a cada uno. Me parecía justo por una dedicación de varios años. A ellos les pareció una extravagancia. Estamos acostumbrados a pensar que las cosas de Dios no valen nada. Que los que nos hablan de Dios sólo merecen palos. Así nos va. Así van de compromiso los cristianos españoles.

Hablas de las cosas que podías haber hecho y no hiciste por pertenecer al Opus Dei ¿Y no habrá también cosas malas que podrías haber hecho y no hiciste, precisamente por estar en el Opus Dei? Yo no tengo la menor duda de que permanecer en la Obra entre los veinte y los treinta me libró de hacer muchas estupideces. Entre otras cosas me ha permitido conservar la fe, si es que eso tiene algún valor.

Recuerdo a un supernumerario que me decía: “Yo, durante el tiempo que estuve en Barcelona estudiando la carrera, si no llega a ser por Don Fulano (su director espiritual del Opus Dei) me hubiera perdido”. Pues ya tienes dos personas a las que ha beneficiado estar en el Opus Dei una serie de años, incluso económicamente.


7. Me llama la atención lo que escribes acerca de los sacerdotes que han abandonado la Prelatura y se incardinan en las Diócesis “sin tener experiencia del mundo eclesial”. ¿Acaso no sabían decir Misa o confesar? ¿No estaban preparados para tratar a las almas? Tú lo que quieres decir es que pasaron por un duro periodo de adaptación, como tantas veces en la vida. Ahí está “la madre del cordero”. No es posible suprimir el sufrimiento en la vida humana.


8. ¿Tú piensas que esa sensación de vértigo ante la posibilidad de haber malbaratado una vida, se produce por primera vez en la historia con algunas personas que han abandonado el Opus Dei? Pues vas a ser que no.

Cuenta el Evangelio de San Lucas (estamos hablando de religión y no debería extrañarte que citase el Evangelio), que una vez que el joven rico se apartó de Jesús, Pedro se acercó a Él para decirle: “Pues bien ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido ¿cuál va a ser nuestra recompensa?” Detrás de esa pregunta se adivina la angustia, la incertidumbre del futuro. A ello respondió Jesús: “Todo el que dejare hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o campos por amor de mi nombre recibirá el céntuplo y heredará la vida eterna”. No es una promesa condicionada sino absoluta; y San Pablo añade que “las promesas de Dios son sin arrepentimiento”.

¿Podía yo esperar a los treinta años sacar una oposición, casarme y tener hijos? Te aseguro que no; pero así fue. Siempre he tenido el convencimiento de que se lo debo al Señor. “Dios no se deja ganar en generosidad”- nos decía San Josemaría.

Nosotros hemos abandonado aquel camino y vocación que seguíamos y tuvimos nuestras razones para ello. Precisamente por eso no podemos permitirnos el lujo de renunciar a las promesas de Jesús. Los hijos que no tuviste, la casa que no compraste, aquella carrera tan prometedora que te esperaba, la lejanía en la que has vivido de tus padres y hermanos te hace acreedor de una recompensa y ¿vas a renunciar a ella? Tú que un día te entregaste de buena fe y diste todo lo que tenías ¿piensas que Dios no te lo va a tener en cuenta incluso en esta vida? Jesús te está diciendo que eres heredero de la vida eterna, ¿vas a renunciar a ella por falta de fe? “Cum persecutionibus”, añade el Evangelio. Es decir, con contradicciones y dolores. Eso no nos lo quita nadie.

No vayamos a ser como Judas que quiso resarcirse de los años pasados junto a Jesús porque ya no creía en Él. Los valoró en treinta monedas; a diez por año; y luego lo lamentó. No pretendamos –como dice San Juan que hacía Judas- meter la mano en la bolsa de los pobres, no sea que perdamos la mano y todo lo demás.


9. Fueraborda nos informa de la situación lamentable en que han quedado algunos y algunas después de largos años de servicio al Opus Dei. Digamos lo de siempre: “Qui iudicat Dominus est”. No obstante de ese 95% de numerarios que afirma que abandonan el Opus Dei, la mayoría lo hace antes de los treinta años, por lo que conservan intactas sus posibilidades. Todos hemos sido testigos de personas que han dejado el Opus Dei y les ha ido “de cine”; porque era gente que valía mucho. Hace un par de días me hablaban de un numerario que había dejado la Obra y ahora ocupa un puesto directivo en una multinacional. En este caso yo diría que le va demasiado bien para su propio interés. No me cambiaría yo por él.


10. Conclusión: a) Derechos de tipo civil y laboral para los socios del Opus Dei todos. Por justicia y por mentalidad laical. b) La indemnización por los servicios prestados dejémosela a Dios, ya que a Él hemos servido y Él nos la ha prometido. c) Tengamos la gallardía de reconocer que lo que hemos hecho en el Opus Dei lo hemos hecho por propia voluntad; mejor o peor asesorados, con más gusto o menos gusto, pero lo hicimos mientras que otros se negaron. d) El dolor y el sufrimiento son inherentes a la vida humana dentro y fuera del Opus Dei, dentro y fuera de la Iglesia. No ser conscientes de ello es desconocer la realidad natural y sobrenatural. No dejemos que ello nos quite la paz. e) No queramos meter la mano en la caja a fin de indemnizarnos a nosotros mismos por los sufrimientos pasados; puede ser peligroso y perder más de lo que vamos a ganar.

Con todo afecto

JUAN

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