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Hacer lo mismo que los demás nunca ha sido un criterio admisible ("¿A dónde va Vicente? A donde va la gente"). Hacer lo contrario que los demás tampoco es un criterio ("El señor yo-me-opongo"). ¿Cuál sería entonces ese criterio admisible? Que cada uno haga lo que le parezca bien y juzgar por los resultados. Ya hemos visto muchas idas y venidas en el campo educativo para mantener dogmas a estas alturas: Educación igualitaria vs potenciar las diferencias; memoria vs desmemoria; autoridad vs igualitarismo y vuelta (que se lo pregunten a los maestros que ahora se muestran más autoritarios y vengativos que nunca).

Ayer me contaba una de mis nueras (maestra) una anécdota increible: Le tocó hacer una sustitución en un curso especialmente malo. Entró en la clase "ladrando" desde el primer momento, pero observó que los chicos/as se portaban bien. Sin embargo en cuanto que ella aflojaba y se mostraba tal como es en realidad -enórmemente bondadosa- los alumnos se portaban mal. Un día se dirigió a ellos y trató de dialogar sobre esta cuestión: Por qué necesitaban que les tratasen mal para portarse bien. Un gitanillo le contestó: "Por que tú no sabes tratarnos". Continuó la charla y sin que ella se diera cuenta el gitano había ido situándose a sus espaldas; a continuación tomó una regla de madera y dió un golpe fuertísimo con ella en la mesa de la profesora. "Creí que se me había caido el colegio encima" -nos contaba ella. Se dió cuenta de lo que había pasado y completamente exaltada, con las venas del cuello hinchadas, gritó al niño que se fuera del aula. El chico salió y cerró la puerta detrás de si; pero a continuación la volvió a abrir, asomó la cabeza y le dijo a la profesora: "Es así como tienes que tratarnos". Desde ese momento, añadió mi nuera, el gitanito no volvió a portarse mal en clase. Naturalmente hay que ser muy joven para aguantar esos "cambios de ritmo" en clase. Si además de eso tienes un hijo enfermo, andas mal de dinero o te ha dejado tu marido, la que abandona el aula es la profesora y no vuelve más.

Después de este ejemplo de la vida real animo a cualquiera a que elabore teorías sobre si es mejor la enseñanza mixta, diferenciada, en inglés o en sueco. Es mejor la que mejor resulta en cada caso concreto.

Recuerdo la primera vez, la segunda más bien, que trabajé en un club de niños: les daba capones desde que entraba por la puerta hasta que me iba -en buen plan, claro está-. En el fondo lo hacía porque me daba miedo la situación y quería tenerla controlada. Funcionábamos muy bien. Años más adelante yo ya era más mayor y volví a otro club. Ya no había capones sino respetabilidad. El que se portaba bien lo hacía, el que era un bestia también lo demostraba, pero a estos últimos ya los daba por perdidos. Eran así y no iban a cambiar. En este caso el supuesto respeto a su forma de ser no escondía más que indiferencia.

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