Votos o compromisos en el pensamiento del fundador

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Por Haenobarbo, 17.07.2006


Siguiendo con el tema de los votos o compromisos, he revisado, gracias a unas citas que gentilmente me proporcionó E.B.E., el capítulo VII del Itinerario Jurídico, de donde he tomado algunos textos, que ofrezco a continuación. Las cursivas y las negritas son mías: me ha parecido que facilitaba la lectura resaltar con ellas algunas expresiones por demás sugestivas y significativas, del pensamiento del fundador respecto a este asunto.

"Nos interesan todas las virtudes (...). No nos interesan en cambio las promesas, ni los votos, aunque sean teológicamente dignos de todo respeto, y con mucho respeto los veamos en los demás: si los miembros del Opus Dei personalmente hacen promesas o votos, esos votos y esas promesas son una devoción particular de ellos, cosa de la conciencia de cada uno: la Obra los ignora" (Instrucción, 8-XII-1941, n. 86)...

"Los votos -cuando los hay- son cosa de la devoción privada de cada uno. No son, ni podrán ser jamás, una manifestación jurídica o canónica de nuestra dedicación al servicio de las almas: con toda sinceridad os digo que no los ha querido el Señor para la Obra. Para lograr la perfección cristiana, lo único que el Opus Dei nos pide son virtudes.” (Carta, 14-II-1944, n. 14).

Mas claro no canta un gallo: la Obra ignora los votos o promesas hechas por sus miembros, no sabe que existen, no tiene nada que ver con ellos, y por si fuera poco no podrán ser jamás –entiéndase bien, jamás– manifestación jurídica o canónica de la dedicación de sus miembros al servicio de las almas: así de contundente -como solía serlo– es el fundador en sus expresiones.

Que los votos hubo que admitirlos porque no quedaba mas remedio, es cosa sabida por todos. Y por sabido y machacado hasta es posible que quien los emitiera, lo hiciera como un mero trámite, sin cabal conciencia de lo que eso significaba. Pero veamos esta otra perla que transcriben los redactores del Itinerario Jurídico:

“Sin embargo, con el transcurrir del tiempo y el aumento de la labor, en torno a 1934, algunos de los que habían respondido a la llamada del Fundador fueron inquietados -como señalamos en su momento- por ciertas personas, que les vinieron a decir que su decisión de entrega carecía de valor y que su modo de vivir estaba falto de estabilidad. Las circunstancias, el ambiente, la intromisión de esas personas -algunas de ellas, sacerdotes-, llevaron a Mons. Escrivá a aceptar la conveniencia de que los miembros del Opus Dei hicieran votos privados, sin manifestación externa, como podía hacerlos cualquier cristiano -práctica usual en aquella época-, para facilitar de esa forma "por un motivo psicológico", dirá- que quienes fueran llegando al Opus Dei tomaran más viva conciencia del compromiso asumido (77) . Al mismo tiempo, estableció que la vinculación entre los miembros y el Opus Dei consistiría en la simple manifestación de la decisión de comprometer la vida entera en la búsqueda de la santidad y en el ejercicio del apostolado.” .

El fundador admite que los miembros hagan votos privados –lo cual se opone categóricamente a la idea expresada de que la Obra los ignora- , práctica usual en aquella época, nada menos que para facilitar por un motivo psicológico, que quienes fueran llegando tomaran conciencia del compromiso asumido….!!!!! Empezamos a jugar con la psiquis de las personas… Los votos y las promesas se convierten entonces en un sutil y subliminal modo de coacción psicológica para que la gente no se vaya!!!!!!!!! … realmente sorprendente. Por otro lado el vínculo de unión con el Opus Dei no sería nada mas que una simple manifestación de compromiso: ¿hace falta tanta parafernalia de dispensas, coacciones, amenazas y tiempo, para deshacer una simple manifestación de compromiso?

Y prosiguen los autores del Itinerario:

“cuando el Fundador, (…) presenta la documentación para la aprobación in scriptis, (…) ese vínculo con el Opus Dei se establece con una fórmula sencilla, sin ninguna referencia a votos u otros vínculos sacros, que, por lo demás, no aparecen mencionados en ninguno de los documentos aprobados en esa fecha”.

“Hay, en suma, una clara distinción o separación entre el vínculo con el Opus Dei, (…) y la emisión de unos votos privados, sin manifestación externa, reducidos a la intimidad de cada uno, para ayudar, (…) a que los miembros del Opus Dei (…) tuvieran siempre clara conciencia de que su compromiso con Dios era de plena entrega; esos votos privados -subrayémoslo de nuevo- eran votos que el Opus Dei como tal no recibía e, incluso, ignoraba

Por su parte, Mons. Escrivá de Balaguer escribía en una Carta fechada en 1951:

(…) "Os lo repito, hijos, en la Obra se exigen virtudes; y no votos, que no nos interesan". A continuación -refiriéndose a la etapa anterior a la que estamos situados-, manifestaba que "se emitían votos privadísimos, no reconocidos por la Obra", para agregar (…): "Por eso hube de tratar en nuestro peculiare de votos privados, o sociales, o reconocidos"; "entendía yo -explicaba- que esos compromisos eran conocidos -no aceptados ni recibidos- por la Obra y por eso se llamaban también sociales, palabra inusitada para calificar los votos".

Como podrán ver el Opus Dei ignoraba la existencia de los votos, que desde luego no recibía ni aceptaba –en nombre de la Iglesia se entiende– pero si los conocía….!!!!!!

"Rezad, hijos míos, con el fin de que pronto se abra el camino para volver al principio, sin que en nuestro derecho peculiar se legisle sobre votos, que no debemos emitir y que no nos interesan". Entonces -añadía- "se hablará de incorporación exclusivamente"

El fundador deseaba volver al principio, cuando no se hacía nada, cuando ponía a trabajar a los que se acercaban a sus apostolados, cuando simplemente los incorporaba, sin siquiera hacer ninguna ceremonia de consagración, como consta del texto literal que copio a continuación:

"la vocación al Opus Dei no es otro modo de profesar los consejos evangélicos; por la llamada recibida, el Señor quiere expresamente que mis hijos se esfuercen constantemente en renovar con su conducta -sin hacer ninguna ceremonia de consagración- las promesas del Bautismo.”

“Referiéndose a estos hechos, Mons. Escrivá manifestaría años más tarde en una de sus Cartas: "Pensaba que esos ciudadanos, miembros del Opus Dei, no tuvieran votos ni promesas. Después, las circunstancias me obligaron, no a ceder, sino a conceder -con ánimo de que esta concesión fuese transitoria- que mis hijos hicieran votos privados, privadísimos, sin ninguna manifestación externa: como los puede hacer cualquier fiel". Y en el mismo documento, más adelante, afirmaba: "Esos votos privadísimos, jamás recibidos por los Directores de la Obra, nada quitaban a nuestra secularidad, y dieron a mis hijos en aquellos momentos, en los que yo no quería ni emplear la palabra vocación, un arma psicológica, como os decía antes, interna, para desechar los malos consejos que recibían" (Carta, 29-XII-1947/14-II-1966, nn. 84 y 180).

En otras palabras, el fundador tenía muy claro, porque Dios no los deseaba, que no había ninguna necesidad de votos o promesas para pertenecer al Opus Dei, no obstante les descubrió su utilidad: eran un arma psicológica utilísima para la perseverancia!!!!!

Respecto a la fórmula utilizada desde el principio para la ceremonia de la fidelidad, -no obstante haber afirmado el fundador que no hacia falta ninguna ceremonia– su texto:

"Domine Jesu: suscipe me tibi in servum sempiternum (ancillam sempiternam) Operis Dei, in obsequium et sacrificium laudis perpetuae: voluntarie et in aeternum meipsum (meipsam), cum omnibus viribus et affectibus meis, quanto intimius valeo, offero.

"Et intercedente beata et gloriosa María semper Virgine, cum beato Joseph, beatis Archangelis Michaéle, Gabriele et Raphaele, ac beatis Apostolis tuis Petro, Paulo et Joanne,, et omnibus Angelis Custodibus, da, Domine, pacem in diebus meis: ut ope tuae misericordiae adjutus (adjuta), adimplere possim tuam sanctissimam voluntatem. Amen".

me remite al llamado voto de esclavitud que hizo frecuente en su época (s. XVII) el cardenal Berulle y que luego Grignon de Montfort utilizó como fórmula de consagración de los religiosos Maristas. San Ignacio de Loyola lo recomienda en los Ejercicios Espirituales, a los que no fue ajeno el fundador. Aquí unas muestras:

Oh Madre del Salvador, en este día y para siempre me declaro tu esclavo y como esclavo me entrego a tu poder.

Oh Jesús, por medio de tu santa Madre me ofrezco a ti como perpetuo esclavo.

Me ofrezco a Jesucristo en el estado de esclavitud perpetua, a su Santísima Madre, en honor perpetuo de la Madre y del Hijo en honor de la donación que hizo el Verbo eterno de sí mismo en su calidad de Hijo.


Original