Vosotros también sois gilipollas

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Por Satur, 09.12.2005


Una frase que repite mucho la gente de la Obra de Dios que nos quiere bien es esa de “Dios no olvidará tus años de entrega generosa”, o “toda esa generosidad que tuviste con Jesús, los frutos que conseguiste, el Señor las valora mucho”. Josu lo explica mejor que yo cuando escribe “tengo el convencimiento de que los malos o malísimos o bien horribles momentos que se hayan podido pasar dentro de 'la Obra' nos ayudarán a ir al Cielo”. O cuando afirma, el mismo Josu, “Pero pensad que hemos aprendido y que esas situaciones podían entrar en el plan de Dios para cada uno de nosotros. "Señor, tu me sondeas y me conoces: me conoces cuando me siento o me levanto" (salmo 139). Hay que pensar en la frase de Jesús: "Tened ánimo, yo estoy con vosotros".

Josu insiste en otra correspondencia y da más cera: “Muchos decís: perdí los mejores años de mi vida en 'la Obra... Qué' hubiérais hecho en otras circunstancias es una hipótesis irreal que nunca se podrá saber. Yo lo pasé muy bien y muy mal, pero os digo la verdad ¡no me arrepiento de haber estado 20 años y lo volvería a hacer!. Ánimo colegas "diligentibus Deum omnia cooperantur in bonum" -para los que aman a Dios todo es para bien-. disfrutad de la vida y mirad hacia delante “. ¡Joder con Josu : vaya chute!. Eso pasa por limpiar las teclas de ordenata con pegamento líquido y, claro, luego va uno dale que te pego a la tecla “¡¡¡coleguís, paisas, acordaos de la Inmaculada hija de Joaco y Anna, y que nos alcance de su amantísimo Hijo las gracias que necesitamos para salvarnos, troncos, notas, que sois unos notasssss!!!”...

Esas frases están muy bien para un recordatorio de la primera Comunión, para una charlita del nivel cuatro del club, o para una agregada viuda de ochenta y nueve años que tiene una hija que se ha separado, un hijo sacerdote que colgó los hábitos y se ha liado con un chino que trabajaba en un Todo a Cien, otro hijo ex numerario que ha salido en el Diario de Patricia contando su historia y, encima, a la pobre se le han muerto tres de su grupo. Y la señora llora desconsolada por sus hijos Montse, Josemaría y Álvaro, y el Josu de turno le dice “diligentibus Deum omnia cooperantur in bonum”. Y ella “¡ay, pues de menos mal!”. Y el otro le toma de las manos y le dice “¡¡¡TALITA CUMI!!!”.

Sabe mal que alguien -con toda su buena intención- divida tu vida en dos: cuando eras de la opus y después de ser de la opus. Y sabe peor cuando sólo se refiere a la primera como la única que de verdad tiene peso y medida en nuestra vida: Dios no olvidará esa generosidad… ¿Y qué sucede con la segunda?. Callan y rezan: Satur, Satur, que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a ti: ¡cuántas veces quise juntarte, como las gallinas sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste!.

Y la verdad es que, al menos un servidor, no ve ninguna diferencia entre sus años en la opus y sus años fuera. No veo ninguna ruptura interior, y sí madurez. No digo más amor de Dios porque no me fío ya más de mi, ni necesito saberlo. Él sabrá.

Últimamente son varios los que escriben en un tono muy apasionado – Josu, Nemrod (como sea un nick de Nemesio Rodríguez va listo, después de lo que ha escrito). Algunos los tachan de infantiles y como que se pasan bastantes pueblos. Hay algo que chirría en sus consejos, un celo que les consume y que les hace pelín extraños a ojos de gente que ya no andamos por caminos de instituciones, de consignas, de criterios de grupo o de sentimientos de pertenencia a una tribu.

Ser apasionado –que es lo que les sucede a estos- está bien, y es mejor ser apasionado que no un murrias que no se exalta ni por la belleza de las cosas, ni de las personas, ni por las injusticias, ni por el amor. Pero ser apasionado no significa que se esté en la verdad, ni siquiera que le guíe la verdad… no actúa por valores. Lo que le mueve es su propio egoísmo: una persona apasionada se afinca en el lugar de las cosas. Desfigura las proporciones en que deben de ser contempladas. Y por eso es tan difícil, sobretodo en temas de religión o de ideologías, que uno se dé cuenta de que no tiene razón o, al menos, toda la razón.

Un apasionado tiene algo que es superior a sí mismo.

La pasión aparta cualquier obstáculo que le separa de su objeto. No quiere saber más, no quiere que nada ni nadie se interponga. Se pega a su apasionamiento como un tentáculo a su presa. Por eso es tan ciega, porque para ver un objeto hay que ponerse a cierta distancia.

Cuando uno ve a ciertos políticos con un brillo de locura en sus ojos, con un convencimiento que hipnotiza y arrastra, con una seguridad que enciende las sombras en las que viven las masas… Cuando uno ve un hombre que remueve las conciencias de miles de personas con un verbo incendiario y con su dedo marca caminos sin titubear… Cuando alguien cree estar enamorado y en su obsesión rompe con todo sin importarle presentes y futuros, haciendo daño a terceros, y ciego al sentido común… Cuando alguien habla en nombre de Jesucristo, conociéndole hasta tal punto que se sabe su testigo y su enviado, y te endilga una del Evangelio de San Juan sin temblarle el pulso… Cuando eso pasa estamos delante de un tipo apasionado, una de esas personas que, como decía una actriz de cine, “yo cuando me enamoro, lo hago como una perra”.

Hay pasiones que son fáciles de detectar con el tiempo, por ejemplo, cuando se te ha pasado el entusiasmo, cuando descubres que las promesas no eran tales, cuando ves que todo era unión de egoísmos e intereses, cuando te dices “pero yo, ¿qué coño hago aquí?” o, sencillamente, cuando no das palo al agua y la vida misma te hace ver que eso no es lo tuyo. Pero otras son dificilísimas de erradicar porque todos necesitamos creer en algo, aunque sea creer en nada.

Uno es bastante apasionado. En algunas cosas, muy apasionado. En la opus fui exaltantemente apasionado: he dicho cosas en charlas, y en mi trato con personas que, a mi lado, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés o San Juan Bautista eran unos pardillos. He removido almas y he despertado a la vida de la gracia a cienes y cienes de personas, por mi boca son decenas los que han decidido dar su vida a Dios, y he hecho correr unos cuantos litros de lágrimas arrepentidas por casas de retiro y oratorios de la Península. Y, sin embargo, espero que Dios no me lo tenga en cuenta -lo escribo sinceramente-, porque lo veo todo tan lejos del amor: ¡cuánta mentira!, ¡cuánto cuento chino!, ¡cuánta estupidez!, ¡cuánto acostumbramiento!, ¡cuánta “carta de profesionalidad!” (en frase de San Josemaría ), ¡cuánta histeria!.

Sí, muchachos del tronco fácil y de la misericordia divina, espero que Dios tenga en cuenta que hace cuatro años y medio intenté de verdad, y por primera vez, dejar de ser un “farol” encendido y buscar un amor que me hiciera bueno.

Ha pasado el tiempo y hay situaciones, cosas que a uno le suceden, que hace unos años me volvían literalmente loco: no vivía más que por conseguir esa presa, ya fuese apostólica, o un plan de montaña, una mujer, una película, o qué sé yo. Tengo un amiguete que es bastante golfo y cuando sale a pasear por la ciudad me dice “Satur, me voy a dar un paseo y que te quede claro que a mi edad todo lo que cae en la red, es pescado”. Pues eso: todo lo que caía en la red era pescado.

Ahora, y a eso me refería al escribir unas líneas más arriba que no veía ruptura interior entre mis años en la opus y hoy, uno se toma la vida de otra manera. Desconozco si Dios está en ese cambio, o es la edad, o la Piedra, o que ya estoy de vuelta, o todo a la vez. No lo sé.

No soy quién para dar consejos a Nemrod, ni a Josu, ni a todos aquellos que leen Orejas a escondidas, pero tengo mis quince minutos de charlita también para ellos. Alguien me endosa una charlita, pues allá va la mía. Y es que el antídoto de la pasión –esa que nos hace ver las cosas y las personas demasiado cerca, a la altura de los dientes-, es la contemplación: para ver cualquier situación en esta vida es necesario tener cierta distancia. Eso hace la contemplación, se pone a esa distancia que permite darse cuenta de que las putas no son tan putas, los ricos no son tan ricos, los malos no son tan malos, los santos no son tan santos, los feos no son tan feos, los guapos no son tan guapos, los listos no son tan listos, los directores no son tan directores, los tontos no son tan tontos… y Dios tiene su cara amable, y todos somos pelín gilipollas.

Vosotros también.

Algunos de vosotros, mucho. Muchísimo.


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