Vida y milagros de Monseñor Escrivá de Balaguer/El secreto y los escaparates

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EL SECRETO Y LOS ESCAPARATES


Sería difícil encontrar otra organización que como el Opus Dei fuese capaz de combinar la más absoluta "discreción", el más estricto secreto, con un sentido tan desarrollado de la publicidad. Uno se encuentra con personas reservadas, íntimas, secretas, que no gustan de pregonar sus sentimientos, sus deseos, ni siquiera sus éxitos. O se encuentra por el contrario con personas que difunden a los cuatro vientos sus grandezas y alardean de sus conquistas y triunfos. Los caracteres, en este como en otros aspectos de la personalidad, no se dan casi nunca, naturalmente, en estado químicamente puro. Entre el callado y el lenguaraz hay una inmensa variedad de matices psicológicos que hacen de la observación de los semejantes un ejercicio apasionante. Lo que no se encuentra tan a menudo es a personas que a la vez y en el mismo grado participen de ambos caracteres opuestos. Este es el caso de la asociación llamada Opus Dei cuya forma de proceder en este aspecto, como en tantos otros, no es más que un reflejo de la personalidad del padre. No olvidemos que se trata de una "gran familia", la familia Escrivá-Albás, ampliada hasta alcanzar proporciones de "clan" al que el jefe impone sus criterios.

Ya hemos visto en el curso de estas páginas la asombrosa coexistencia en el padre Escrivá de rasgos tan encontrados como los que le hacen ser a la vez humilde y soberbio, vanidoso y modesto. No quiero asignar a cada una de las ramas de la familia el origen de los capitales defectos y virtudes que pugnan en el alma del calidoscópico monseñor Escrivá de Balaguer. Sería primario hacerlo así, pero sí se puede decir que en comparación con el modesto, con el humilde, con el resignado empleado de "La Ciudad de Londres", que acepta sin protestar la prueba de la ruina económica que el cielo le ha enviado, el linaje de los Albás me parece mucho más mundano, mucho más comunicativo y también mucho más luchador, mucho más ambicioso que el linaje Escrivá de las pompas y glorias del mundo.

Ya hemos visto a doña Dolores avivar en el alma del hijo los sueños que habrán de devolver con creces a la familia el rango perdido tras la quiebra de la razón social "Escrivá, Mur y Juncosa". Y el biógrafo de monseñor, en el estudio de los orígenes del carácter de su biografiado, debe anotar tanto la encomiable sencillez y resignación del honrado dependiente textil como la atractiva mundología de que hace gala la familia Albás, y concretamente su más destacado miembro, el canónigo arcediano de la Seo zaragozana.

Si fuese correcta la descripción de los caracteres dominantes de una y otra "rama del árbol genealógico" del fundador del Opus Dei, por emplear la frase de su biógrafo oficial, don Florentino Pérez Embid, entonces podríamos decir que su contradictoria personalidad se explica en gran medida por el contraste, por el juego, por la pugna Escrivá "versus" Albás y Albás "versus" Escrivá que se libra en ese campo de batalla que es la conciencia de monseñor. Así, para volver al tema que estábamos analizando, el padre dedica un capítulo entero de Camino a la "Discreción". Dice en la máxima 649:

¡Siempre el espectáculo! Me pides fotografías, gráficos, estadísticas.
No te envío este material, porque -me parece muy respetable la opinión contraria- creería luego que hacía una labor con vistas a encaramarme en la tierra..., y donde quiero encaramarme es en el cielo.

Y, en otras máximas, recomienda al lector "pasar inadvertido", "pasar oculto", "sé discreto", "¡qué fecundo es el silencio!", "¡calla!", y reprocha al discípulo su "espíritu de exhibición". Una famosa máxima, la 294, refleja mediante una metáfora la vida oculta en que el padre desea mantener a la asociación por él creada:

No se veían las plantas cubiertas por la nieve. Y comentó gozoso el labriego dueño del campo: "ahora crecen para adentro".

Monseñor Escrivá imprimió al Opus Dei ese carácter secreto que es su nota dominante cuando se le contempla desde fuera. En el registro de los institutos seculares, pues ésta es la calificación jurídica que el Opus Dei tiene dentro de la Iglesia [Posteriormente, en 1982, logró como he dicho, el status de Prelatura Personal mediante la Constitución Apostólica "Ut sit"] aparecen solamente unos pocos nombres de personas que constituyen el consejo general. Pero en ninguna parte puede encontrarse una lista de las personas pertenecientes a la Obra. Sus nombres se mantienen en secreto. En los últimos años se ha observado, sin embargo, cierto relajamiento en la celosa ocultación que ha venido siendo característica del Opus, al que la chistosa imaginación popular solía denominar hace unos años "Topus". Si antes, los socios de la Obra negaban obstinadamente su pertenencia al Instituto cuando eran preguntados sobre este punto, ahora se limitan a sonreír, sin confirmarlo ni desmentirlo. El padre Escrivá, en una entrevista incluida en el libro "Conversaciones...", a que ya me he referido, decía que a los socios:

Les repugnaría llevar un cartel en la espalda que dijera:
que conste que estoy dedicado al servicio de Dios. Esto no sería laical, ni secular. Pero quienes tratan y conocen a los miembros del Opus Dei, saben que forman parte de la Obra, aunque no lo pregonen, porque tampoco lo ocultan.

La ocultación, a pesar de lo que decía el padre, es en el Opus Dei una necesidad que emana de lo anómalo de su situación jurídica dentro de la Iglesia. No conviene que aparezca claramente la condición de socio del Opus Dei de una determinada persona, sencillamente porque, siendo la Obra un instituto secular jurídicamente hablando, los actos de esa persona obligarían al instituto. El Opus Dei, para eludir las consecuencias de esta situación, ha dado la batalla en dos frentes. En primer lugar, esta institución que lo desmiente todo se ha dedicado también en los últimos años a desmentir, a negar que sea un verdadero instituto secular, a pesar de que la constitución apostólica "Provida Mater Ecclesia" fue promulgada por Pío XII el 2 de febrero de 1947 especialmente para regular la situación jurídica del Opus Dci y, con él, de los institutos seculares. La Obra dice ahora que es "una asociación de fieles" y monseñor afirma que "ninguna autoridad en el mundo me obligará a ser religioso", insistiendo en el carácter laical de su asociación. Por otro lado, los juristas de la Obra --y la creencia general es que ha sido el sacerdote-abogado, mejor dicho, el abogado-sacerdote don Amadeo de Fuenmayor, el verdadero genio jurídico de la Obra-- han creado todo un aparato contractual privado para asegurar sus relaciones con los socios. Un aparato que -es la impresión general- parece funcionar considerablemente mejor en caso de beneficios que en caso de pérdidas.

El tema que, aunque no tan perfectamente como merece, ha sido analizado en otros estudios sobre el Opus Dei, excede claramente al ámbito de una semblanza del fundador. Lo que ahora quería decir es que, si bien la ocultación es en el Opus Dei una acuciante necesidad, y hay que decir que la Obra no tiene en este punto muy buenas perspectivas debido a que en el Vaticano parece sentirse cada vez más la urgencia de clarificar las cosas en este sentido, mi impresión personal es que monseñor, y el Opus Dei con él, dan muestras de una cierta delectación, de un cierto gusto por el secreto, de una diríamos manía por la ocultación. Monseñor es hombre que hace siempre las cosas con rodeos, con enrevesadas circunvoluciones, a menudo impuestas por la "táctica" a que es tan aficionado. Se cuentan a este propósito algunas sabrosas anécdotas. En los años en que el Opus Dei, en su afán de ejercer un control cada vez mayor sobre la universidad española, procuraba apoyar la candidatura de sus socios o de personas situadas "en su órbita", en las oposiciones a cátedras universitarias -lo que hizo surgir el juego de palabra de llamarlas "opusiciones"- una persona cuyo nombre no hace al caso visitó en Roma a monseñor Escrivá a fin de solicitar de él una recomendación para las oposiciones en las que iba a participar. Monseñor, que es muy cuidadoso, sin duda con el ánimo de evitar que nunca pudiera decirse de él que hacía favoritismo tomando parte en el españolísimo juego de las recomendaciones, le contestó que no podía hacer absolutamente nada en su favor, aunque lo sentía en el alma por ser el solicitante persona que siempre había dado muestras de amistad para la Obra y para él mismo. Cuando ya se despedían, sin embargo, monseñor tomó la mano del frustrado visitante y le dijo: "Querido amigo, le voy a pedir un favor. Rece las tres partes del rosario y pida a la Virgen que le ayude a conseguir la cátedra." El opositor salió del palacio de Bruno Buozzi sin muchas esperanzas y se volvió a Madrid. Al mes, un tribunal mayoritariamente compuesto por profesores miembros de la Obra le designaba catedrático.

Más bonita aún, si cabe, es la anécdota que cuenta haber vivido personalmente don Pedro Laín Entralgo. Durante la guerra, estando en Burgos, don Pedro y su esposa se hospedaban en el Hotel Sabadell, un hotel donde vivían numerosos "refugiados" procedentes de la España republicana y entre ellos don José María Escrivá. Tendremos ocasión de decir más adelante que, en una de las habitaciones del Hotel Sabadell se escribieron al menos una parte de las máximas de Camino. Pero lo que ahora nos interesa es que el padre Escrivá comía diariamente con Albareda y otros discípulos suyos precisamente en una mesa que estaba al lado de la que ocupaban don Pedro Laín y su esposa. Durante semanas, Escrivá y Laín, que no se conocían personalmente, estuvieron comiendo uno al lado del otro, sin tener entre sí otra relación que la de saludarse cortésmente al entrar y salir del comedor. Y he aquí que un día don Pedro Laín recibió de un amigo suyo una carta en que le comunicaba que un sacerdote aragonés, don José María Escrivá, deseaba ponerse en contacto con él. Hace falta tener en cuenta el carácter comunicativo de los españoles, que con toda facilidad conversan con los vecinos de mesa, para calibrar el alcance de la anécdota. Dice don Pedro Laín que leyó la carta de su amigo mientras estaba esperando la comida, pues la había recogido en el casillero antes de entrar en el comedor. Y no tuvo más trabajo que levantarse y saludar al que durante semanas había sido su vecino, cuya forma de ser quedaba tan gráficamente plasmada en el retorcidísimo expediente que había seguido para conocerle.

En relación con ésta que hemos llamado manía del secreto en el Opus Dei hay un interesante tema al que los opusdeiólogos aluden sólo de pasada, como no podría ser de otra manera, teniendo en cuenta los escasos datos que se nos ofrecen para su estudio. Me refiero a la cuestión de si el padre Escrivá, que comparte con muchos otros sacerdotes de su tiempo la abominación por la masonería y las sociedades secretas, pudo acaso pensar en adoptar algunos de los que él creía los métodos de esas sociedades con la intención de combatirlas en su propio terreno. Sugiere algo de esto una máxima de Camino, la 833, que transcribo a continuación porque en ella parece hacerse una velada propuesta de utilizar "para el bien" métodos que al mismo tiempo se condenan:

¡Caudillos!... Viriliza tu voluntad para que Dios te haga caudillo. ¿No ves cómo proceden las malditas sociedades secretas? Nunca han ganado a las masas. En sus antros forman unos cuantos hombres-demonios que se agitan y revuelven a las muchedumbres, alocándolas, para hacerlas ir tras ellos, al precipicio de todos los desórdenes... y al infierno. Ellos llevan una simiente maldecida.

Si tú quieres... llevarás la palabra de Dios, bendita mil y mil veces, que no puede faltar. Si eres generoso... si correspondes con tu santificación personal, obtendrás la de los demás: el reinado de Cristo: que "omnes cum Petro ad Jesum per Mariam".

La máxima es lo suficientemente ambigua como para poder interpretarse en algún otro sentido, pero no cabe duda que esa misma ambigüedad sugiere que el padre Escrivá, en su propósito de formar ¡caudillos! invita a sus discípulos a ver cómo proceden las sociedades secretas. Niega que hayan ganado nunca a las masas, pero acto seguido dice que sus hombres-demonios revuelven a las muchedumbres, alocándolas y luego deja caer que "si tú quieres..." A algunos ha parecido significativo el hecho de que entre los miembros de esta Obra que entre nosotros ha sido calificada de "masonería blanca" se usen numerosos símbolos, contraseñas y signos. Si, por poner un ejemplo que el lector ya conoce, se encuentra uno en una reunión y una persona que acaba de llegar dice al ser presentada: "Pax", no hay que interpretar que esa persona se haya vuelto loca. Significa que es del Opus Dei y que lanza su santo y seña para que, si hay en el grupo otra persona perteneciente a la Obra se identifique diciendo: "In aeternum". Algunos intérpretes se han preguntado si el número nueve tiene alguna especial significación en el Opus Dei. Camino tiene, precisamente, 999 máximas, y en la sobrecubierta de la primera edición, publicada en Valencia en 1939, aparece este signo del 9 dibujado con trazos rectilíneos, es decir, con un cuadrado del que sale un trazo vertical rematado por otro horizontal que sirve de base. Un sacerdote amigo de Escrivá me explicó que el padre le había dicho en una ocasión, hace muchos años, que este signo es un anagrama de la palabra OPUS DEI, cuyas letras escritas con trazos rectilíneos pueden efectivamente obtenerse descomponiendo el signo [El biógrafo Andrés Vázquez de Prada desmiente esta interpretación y dice que este número 999 de las máximas de Camino era simplemente expresión de la devoción del autor a la Santísima Trinidad. También cuenta que este número y otros signos que había en el altar del oratorio de la casa de la calle Jenner de Madrid así como el oratorio en forma elíptica de la casa Diego de León fueron interpretados por los enemigos del Opus como signos cabalísticos].

De estos aspectos ocultistas de la Obra no tendremos información fehaciente hasta que alguna de las personas que pertenecieron al Opus en los primeros tiempos se decidan a contar sus experiencias. Un hecho es cierto, sin embargo: que el tema de la masonería constituyó una intensa preocupación para los católicos españoles en los años en que Escrivá, recién ordenado sacerdote, se trasladó a Madrid e inició su acción pastoral. Andando el tiempo, durante la guerra y en los años siguientes, el nacional-catolicismo emprendió una verdadera caza de brujas contra los sospechosos de pertenecer a "sectas y sociedades secretas" mediante lo que se conoció con el pintoresco nombre de "Tribunal para la represión de la Masonería y el Comunismo" [En los años cuarenta se presentó una denuncia ante este Tribunal acusando a la Obra de ser una "secta judaica en relación con los masones". Vázquez de Prada dice que el general Saliquet, presidente del Tribunal dio por sobreseído el asunto cuando se enteró de que los miembros de la Obra eran personas de vida casta. "No hay que preocuparse; si viven la castidad, no son masones. No conozco masones que sean castos", dijo el general]. El padre Escrivá, hombre de su época, debió estar obsesionado también con los odiados masones. En su gruesa apreciación de cura provinciano debió calificar de "sociedades secretas", como lo habían hecho otros católicos contemporáneos suyos, a entidades tan eximias como la Institución Libre de Enseñanza, cuyos fines y procedimientos, o lo que él consideraba como tales, procuró adoptar en su programa apostólico, como hemos de ver al referirnos a las influencias intelectuales que pueden apreciarse en su formación durante la década de su estancia en Madrid antes de la guerra.

Pero, a fin de volver ahora al análisis del claroscuro que siempre ofrece la personalidad de este hombre contradictorio es preciso que anotemos nuestra perplejidad ante el hecho de que el discreto padre Escrivá y el oculto Instituto que él funda no sientan empacho en compaginar esta "pasión por el secreto" con un asombroso sentido de la publicidad y la propaganda. La Obra se ha preocupado de crear una serie de "escaparates" como puedan serlo los centros de formación profesional obrera, Tajamar en Madrid, Xaloc en Hospitalet o el Centro Elis en el Tiburtino romano. O bien los centros culturales, como el famoso Strathmore College de Nairobi, el Nairana Cultural Center en Sydney, el Hontanar en Bogotá o la universidad impropiamente llamada de Navarra porque no es Navarra sino el Opus Dei quien la administra y dirige. O bien, algunos centros misionales como el establecido en el Perú con instituciones asistenciales y escuelas de formación obrera y campesina. Es importante señalar aquí que no todos los centros creados y regidos por el Opus Dei constituyen "escaparates" de la Obra en el sentido a que aquí nos referimos. Hace mucho tiempo por ejemplo que se ha dejado de pregonar que tal o cual residencia de estudiantes pertenece a la Obra. La creciente impopularidad del Opus Dei entre los estudiantes, no sólo de España, sino de todo el mundo, como lo sugiere el ejemplo del fracaso sufrido por la Obra entre los estudiantes de Friburgo, en Suiza, que cuenta Yvon Le Vaillant en su libro, ha recomendado emprender una "desopustización" de estas "realizaciones" universitarias del Instituto. No se advierte a los estudiantes que la residencia sea del Opus Dei aunque luego se les somete al bombardeo ideológico y religioso propio de la Obra y al estricto control y vigilancia característicos de esta "gran familia" paternalista.

Tampoco se suelen airear, al menos en estos últimos años, centros tales como los de enseñanza de "hogar y cultura" como los que la sección femenina del Opus Dei tiene establecidos en varios países. El paradigma de estos centros es el llamado Los Tilos, fundado en Madrid hace ya años, de donde es fama que salen las mejores "empleadas del hogar" que puedan encontrarse en España, eufemismo este de particular invención de la Obra. Los Tilos y otras escuelas han constituido no sólo un excelente negocio que podríamos denominar de "agencia de colocación perfeccionada", sino también un sistema para meter numerarias del Opus Dei en las casas de la clase dirigente española. Hace unos años, todo el servicio de la nunciatura apostólica de Madrid estaba compuesto por personas procedentes de Los Tilos y otras escuelas, hasta el punto de que el entonces nuncio, monseñor Riberi, cuyo enfrentamiento con el Opus hizo época, afirmaba que se sentía rigurosamente vigilado y que no podía hacer ni decir nada sin que el Opus se enterara. El hecho de que todo el personal de servicio fuese del Opus Dei hizo surgir el chiste de llamar a la casa del nuncio, la "Nunciatura Opustólica"... [Actualmente, las mujeres miembros del Opus Dei que se dedican al servicio doméstico en el centro de la Obra se llaman "numerarias auxiliares". Según testimonio de personas que tuvieron con el fundador un trato continuo, el Padre solía llamarlas "sirvientas". En vida del fundador, y no me consta que esta situación haya variado en nuestros días, las "sirvientas" eran objeto de una serie de discriminaciones. Toda su ropa estaba marcada con la palabra "servicio" y comían con cubiertos de aluminio, y no de plata o alpaca como los demás numerarios. A las que eran analfabetas no se las enseñaba a leer y escribir. Y no por simple descuido o inadvertencia sino porque así se cumplía el principio fundamental del Opus Dei según el cual cada persona debe permanecer en el sitio que Dios le ha asignado y santificar su trabajo. Manteniéndolas en el analfabetismo, estas mujeres seguirían siendo "sirvientas". Las "numerarias auxiliares" tenían que salir a la calle vestidas de uniforme y Monseñor se enfurecía si alguna directora disponía lo contrario. Cuando recibían visitas de sus familiares, éstos no tenían el derecho de sentarse en sillas sino que se colocaban bancos en la sala de visitas para marcar la distancia con los familiares de las otras numerarias. Una persona que fue directora de la casa de la sección femenina en la calle Zurbarán de Madrid me explicó que, cuando Monseñor visitó esta casa, dispuso que las sirvientas plancharan la ropa al aire libre, en el patio, incluso durante el invierno. La directora se opuso a ello y entonces Escrivá se enfureció y le dijo: "Si tienes piedad con el servicio te quito de directora". Y añadió: "Las sirvientas son sirvientas porque son torpes. Sí no, serían catedráticas".]

La Obra ha elegido para su masiva propaganda aquellas "realizaciones" que le han parecido más acordes con el signo de los tiempos. En España se ha hecho, por ejemplo, una publicidad machacona del centro obrero de Tajamar. En las revistas de la Obra se han publicado numerosos reportajes sobre este centro que iba a suponer poco menos que la redención social del barrio de Vallecas, donde está situado. Constantemente, la secretaría del Opus Dei en Madrid ha invitado a periodistas españoles y extranjeros a visitarlo. En los folletos sobre este centro aparecen fotografías de obreros y aprendices manejando tornos o pulidoras, vestidos con un mono muy nuevo y con una cara de "sana alegría" y de espíritu de trabajo tales que uno piensa que... otro gallo les cantara a las relaciones entre el capital y el trabajo si se confiara al Opus Dei la formación de la clase obrera. Por poner otro ejemplo, elegido esta vez fuera de España, en las fotografías que la Obra difunde en su propaganda sobre el "Centro Interracial" de Strathmore College de Nairobi, aparecen siempre estudiantes blancos mezclados con estudiantes de color jugando cristianamente al criquet. En las fotos de la Universidad de Navarra se destaca también la gozosa coexistencia en las aulas de todas las razas del mundo. En una de las más divulgadas el fotógrafo "sorprendió" en primer plano de la clase a dos negros, un japonés y una muchacha con aspecto de indonesia, dando así representación gráfica al universalismo de la Obra.

La Universidad del Opus en Pamplona ha sido objeto de una intensa propaganda por parte de la Obra. Se han organizado magnas concentraciones como la de los "Amigos de la Universidad de Navarra", a que ya me he referido, con asistencia del padre rodeado de gran aparato carismático. Esta asamblea y otras concentraciones realizadas en Pamplona han dado lugar a la edición de numerosos folletos y también voluminosos libros distribuidos después profusamente. Un buen ejemplo del tipo de propaganda que realiza el Opus Dei es un libro de 350 páginas editado después de los actos de proclamación como universidad del preexistente Estudio General de Navarra en octubre de 1960. El volumen recoge los discursos pronunciados por los dignatarios oficiales y por monseñor Escrivá de Balaguer, así como la biografía de este último escrita por don Florentino Pérez Embíd y publicada después en la colección "Forjadores del mundo contemporáneo", de Editorial Planeta. Pero la mayor parte del libro está constituida por las crónicas de los periodistas del Opus sobre los actos de Pamplona y por la repetición, página tras página, de prácticamente el mismo telegrama de agencia publicado en los distintos periódicos españoles [Quizá la manifestación más clara de la "pasión propagandística" del Opus Dei ha sido el deseo que siempre ha mostrado por controlar medios informativos. El fundador había expresado más de una vez su aspiración a tener periódicos en todos los países donde la Obra ejercía su apostolado. En la España de la Dictadura franquista el Opus fundó y controló diversos medios de información, tales como "El Alcázar", que después pasó a la Hemandad del Alcázar de Toledo, "Nuevo Diario", varios periódicos de provincias y revistas como "La Actualidad Española", "La Actualidad Económica", la revista agrícola "Tria", la revista femenina "Telva" y "Mundo Cristiano", la de ideología más integrista. También la agencia de prensa "Europa Press" estaba y está aún, ligada al Opus Dei. Un caso muy especial fue el del diario "Madrid", controlado por Rafael Calvo Serer y dirigido por Antonio Fontán, uno y otro miembros de la Obra. La actitud liberal del Madrid y sus críticas al régimen franquista, que culminaron en un famoso artículo de Calvo Serer, condujeron al cierre del periódico por parte del gobierno en 1971.].

Objeto de especial predilección para la publicidad opusdeísta son algunos rasgos de la personalidad y de la vida del padre Escrivá. Mientras, como ya hemos visto, se ocultan importantes datos de su biografía y se escamotean informaciones de gran significación para el enjuiciamiento de la Obra por él fundada, se agrandan los detalles de prestigio. Por ejemplo, en las minúsculas biografías del fundador que se incluyen en las ediciones de Camino, lo mismo españolas que en otras lenguas, se mencionan exhaustivamente los títulos universitarios y eclesiásticos de monseñor: doctor en teología, doctor honoris causa, consultor de la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades, etc. Mientras tanto, no se hace referencia alguna al hecho de que Camino fuese escrito en Burgos durante la guerra civil. La nota biográfica salta desde 1928, año de la fundación del Opus Dei, a 1947, fecha de la aprobación del Instituto por la Santa Sede, pasando así por alto un elemento importantísimo para la comprensión de esta Obra que se organizó al calor del nacional-catolicismo imperante en la época de la guerra y se desarrolló gracias al propicio clima que encontró en la España surgida de la contienda civil.