Vida cotidiana de una numeraria del Opus Dei/El año

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EL AÑO

Sería larguísimo enumerar y describir todas las citas anuales de una numeraria: consagraciones, costumbres unidas a alguna fiesta, y muchos otros eventos del estilo. Me limito a indicar los acontecimientos alrededor de los que gravitan intereses que requieren una preparación adecuada y dejan consecuencias que inciden en el día a día de una numeraria.


Curso anual

Una vez al año, a menudo pero no necesariamente en verano, las numerarias participan en un medio de formación que reúne las características de las vacaciones, de la formación ascética y de la formación doctrinal: el curso anual[1].

Los cursos anuales los organiza la asesoría para toda la región de su competencia. Siempre que resulta posible, se realizan en alguna casa de retiro especialmente equipada para que esos periodos sean ana auténtica pausa de reposo y de recarga para las participantes. Son centros provistos de una administración ordinaria, que provee a todos los aspectos de la vida doméstica. En lo posible las habitaciones son individuales, frecuentemente cada una con cuarto de baño individual. Hay salas y aulas adecuadas para que allí se puedan tener clases doctrinales, medios de formación, tertulias. La casa está rodeada por un jardín, o incluso por un parque, y a menudo provista de piscina. La mayor parte de estas casas de retiro están provistas de un pabellón más espartano, con dormitorios múltiples y con servicios más juveniles. En estas dependencias, a menudo al mismo tiempo que un curso anual de numerarias mayores, se desarrollan los cursos anuales de las vocaciones recientes, que así pueden disfrutar de la ventaja de tener al lado y disponibles muchas personas generalmente felices de poderles dar charlas ascéticas, participar en tertulias edificantes, en definitiva, de echar una mano de todos los modos posibles. Otras veces, en estas dependencias más austeras, se organizan al mismo tiempo cursos anuales de numerarias auxiliares, o de agregadas, o convivencias de supernumerarias jóvenes, más breves que los cursos anuales.

Los objetivos de todo curso anual son ascéticos, doctrinales, de vida de familia y de reposo para cada una de las asistentes. Los consejos locales son nombrados por la asesoría y suelen estar compuestos por personas bien formadas y con buena capacidad de dirección. Participando en un curso anual, todas tienen la ocasión de salir de una routine diaria a menudo pesada, de evadirse, incluso, de alguna convivencia a veces penosa e irritante, de cambiar la persona con quien se hace la charla y el sacerdote con quien se confiesa, de disponer de alguna hora al día de tiempo libre y de profundizar en la propia formación doctrinal. En un curso anual se reúnen personas que vienen de centros y delegaciones distintas, a menudo alguna viene incluso de alguna región limítrofe, y este intercambio reanima y despierta generosidad y deseos de entrega. Por el contrario, la convivencia con tanta gente y tan distinta de la habitual, a menudo puede provocar en alguna cierto cansancio o una cierta desorientación. El número de participantes está condicionado por la capacidad de la casa de retiros y por la posibilidad de turnarse de las personas que viven en los diferentes centros; puede haber desde un mínimo de una docena de personas hasta un máximo de treinta o treinta y cinco, pero estas cifras no están establecidas.

Cada día, durante el curso anual, la meditación de la mañana la predica el sacerdote[2]. Después del desayuno suele haber una o más clases sobre algún tema doctrinal, generalmente asignaturas de teología que se refieran a los estudios internos que cada asociada realiza del mismo modo que los numerarios que se preparan para el sacerdocio, pero sin reconocimiento externo, a pesar de tener que hacer y aprobar un examen para cada asignatura. Antes del almuerzo hay un poco de tiempo dedicado al descanso y al deporte: se da algún paseo si el curso anual se realiza en la montaña, o se baja a la piscina, se dedica una a su encargo personal o se hace o se recibe la charla semanal.

La tertulia está especialmente cuidada durante el curso anual: es tarea del consejo local programarla esmeradamente de tal modo que surjan relatos apostólicos y proselitistas, recuerdos de los primeros tiempos de la Obra o narraciones edificantes de alguna manera. Si es el cumpleaños de alguna, este aniversario se celebra con especial atención, ya que hay más tiempo y más gente disponible para preparar una tertulia divertida o un espectáculo.

Por la tarde se vive naturalmente el tiempo de trabajo: las primeras horas están dedicadas a otros medios de formación: charlas ascéticas, cuyo desarrollo se confía por turno a alguna de las que participan en el curso anual, charlas sobre el espíritu o sobre el catecismo interno de la Obra, el círculo breve semanal que se hace divididas en subgrupos menos numerosos, etc. La merienda interrumpe este ritmo de formación, que a veces continúa luego, a veces termina del todo para un nuevo periodo de tiempo libre y de descanso hasta la hora de la cena.

Cuando se habla de “tiempo libre” no hay que dejarse impresionar mucho: la cantidad de este tiempo libre, en los días normales del curso anual, puede variar de las dos a las tres horas en total entre mañana y tarde. Pero es oportuno tener presente que este tiempo libre es el que cada una tiene disponible para realizar sus encargos, para cumplir alguna norma (la lectura espiritual, a veces el rosario) que no está previsto hacer en común, para hacer o recibir la charla fraterna, para escribir cartas apostólicas a las amigas que se tratan apostólicamente de forma más asidua... En todo caso, respecto a los ritmos de vida habituales, esta mayor disponibilidad de tiempo se nota y es vivida con agradecimiento.

Durante el curso anual se intenta cuidar mejor también las horas de sueño y, normalmente, al vivir en una casa de retiros abierta a todos, las numerarias durante ese periodo duermen en un colchón normal.

Además en este periodo de formación más intensa, precisamente porque se intenta vivir con particular fidelidad todos los aspectos del espíritu de la Obra, además de un día dedicado al retiro mensual, hay siempre otro día dedicado a la excursión mensual. Se puede elegir un sitio común, quizás alquilando un autobús para ir allí, o mejor, porque se pasa más inadvertida, se organizan en el mismo día excursiones distintas a sitios diferentes, y cada una se apunta a la que más se le apetece.

Curso de retiro

Una vez al año todas las numerarias dejan sus actividades normales para dedicar cinco días completos al curso de retiro anual[3]. Normalmente también para esta actividad se usan las casas de retiro, a las que llegan para la ocasión numerarias de centros y delegaciones distintas. Habitualmente se llaga por la noche, se cena normalmente, aprovechando la ocasión para ver y saludar a personas conocidas y con las que quizás se ha vivido anteriormente durante mucho tiempo, se suele tener la tertulia, después se reúnen en el oratorio para la meditación predicada por el sacerdote que da comienzo al curso de retiro, que continuará después en un profundo silencio en los cinco días posteriores.

Cada día se prevén cuatro meditaciones, sobre los temas habituales, predicadas por el sacerdote, una charla ascética desarrollada por turno por algunas de las participantes, algunas normas del plan de vida realizadas en común, como el rosario. Antes del almuerzo, además del examen particular, las asistentes se reúnen en el oratorio para un examen que se desarrolla sobre los temas que ese día caracterizan a las meditaciones y charlas mediante preguntas apropiadas, que quien tiene el turno de oración lee en voz alta, como ya hemos visto que ocurre en el retiro mensual. Es de buen espíritu rezar, en estos días, las tres partes del rosario completas, y hacer el vía crucis, aunque esta última devoción es preferible no hacerla comunitariamente, sino divididas en pequeños grupos. A pesar de la cantidad de tareas, queda mucho tiempo libre que transcurre en parte en el oratorio, meditando y reflexionando sobre los temas tratados en los medios de formación y sobre los aspectos de la propia vida interior en los que cada una desea profundizar, a menudo por indicación de la directora que recibe habitualmente su charla; en parte se reflexiona y se reza en contacto con la naturaleza, aprovechando el hecho de que las casas de retiro están dotadas, como ya he dicho, de jardines o de parques.

Durante las comidas, para mantener el silencio y el recogimiento, se lee habitualmente en vol alta. Hasta la muerte del fundador, los textos seleccionados para este tipo de lecturas en voz alta eran generalmente biografías edificantes, como la de santa Bernadette, los pastorcillos de Fátima o el cura de Ars; después, con la proliferación de textos que recogían la vida y virtudes de monseñor Escrivá, se difundió la costumbre de utilizar estos textos. Siempre por fidelidad al buen espíritu, cada asistente al curso de retiro pasa al confesionario para hablar personalmente con el sacerdote encargado del curso, para concretar los propósitos hechos y recibir orientaciones al respecto.

Romería

Cada año, durante el mes de mayo, toda numeraria está obligada a hacer al menos una romería[4], es decir una visita a una iglesia o mejor a un santuario de la Virgen, en la que se rezan las tres partes del rosario: en la iglesia la parte del día completada con la Salve Regina y las letanías lauretanas, y en el camino de ida y en el de regreso -que se hacen a pie al menos en parte- las otras dos partes.

Si bien en muchos casos estas romerías se hacen entre miembros de la Obra, esta costumbre es exquisitamente apostólica, y cada una se las ingenia para organizar muchas durante todo el mes de mayo, y en su mayor parte acompañada por chicas de san Rafael o señoras de la labor de san Gabriel, preferiblemente si estás próximas a pedir la admisión en la Obra. El trayecto hacia el santuario, a menudo es más largo del necesario para rezar las tres partes del rosario previstas, eso permite afrontar conversaciones apostólicas y proselitistas.

Lista de san José

La víspera de la fiesta de san José se vive en los centros de la Obra la costumbre de la llamada lista de san José. Todo miembro del Opus Dei pone bajo la protección del cabeza de la familia de Nazareth a tres personas que quiere llevar a la vocación a la Obra dentro del año. En una reunión de familia, se escriben en una hoja de papel, que luego se guardará en sobre cerrado, los nombres que cada numeraria indica, después de haberlo consultado con su directora respecto a la conveniencia de su elección. El año siguiente, antes de escribir los nuevos nombres, se abre el sobre del año anterior y se leen los anteriores nombres verificando quién ha conseguido la meta que se había prefijado. A veces ocurre que alguna vocación reciente asistiendo a la apertura de ese sobre, oye decir su propio nombre, alguna otra, que había participado a la lista ya no pertenece a la institución, o bien algún nombre que se había escrito corresponde a una persona que había pitado, pero lo dejó pronto. En estos casos se prefiere no insistir sobre el asunto considerado lamentable, y se sigue sin darle mayor importancia a los hechos.


Referencias

  1. “Los cursos anuales son una ocasión de descanso y, sobre todo, un medio de formación necesario. Por tanto, no se deja de acudir por estar enfermo, salvo que la enfermedad sea grave. Y, si no parece posible que alguno asista al Curso anual, se cursa la oportuna petición de dispensa a la Comisión Regional. Si surgen dificultades con motivo del trabajo profesional, sería preferible, en caso necesario, renunciar al sueldo por esa temporada. Cuando se presenta la posibilidad -también como descanso- de acudir a congresos, reuniones internacionales, etc., se evita que impidan asistir al proprio Curso anual” (Glosas sobre la obra de San Miguel, Roma, 29-IX-87, I. Medios de formación).
  2. “Durante los Cursos anuales, el sacerdote dirige la meditación todos los días” (Glosas sobre la obra de San Miguel, Roma, 29-IX-87, I. Medios de formación).
  3. “Ordinariamente, los cursos de retiro para los numerarios y para los agregados duran cinco días completos. Como ya es costumbre, se da una meditación preparatoria la noche anterior al primer día de retiro, y se tiene la meditación final, antes de la Misa, en la mañana que sigue el último día. Se guarda silencio hasta después de celebrada esa Misa” (Glosas sobre la obra de San Miguel, Roma, 29-IX-87, I. Medios de formación).
  4. “La romería conserva plenamente los rasgos que han caracterizado esta devoción a lo largo de los siglos: es una visita a la Virgen, impregnada de espíritu de oración y de penitencia. Por este motivo, se ofrecen gustosamente a Santa María pequeñas mortificaciones por las necesidades de la Iglesia, por las intenciones del Padre, por la vocación de los amigos: hacer a pie el recorrido de la romería, o al menos la última parte del trayecto; aceptar con alegría las pequeñas incomodidades del camino o las inclemencias del tiempo; privarse del pequeño refrigerio o merienda, que sería normal en un paseo o excursión, etc.
    “Se rezan las tres partes del Rosario: una, en el camino de ida; otra -que suelen ser los misterios correspondientes al día de la semana, con las letanías-, en el santuario o ante la imagen de Nuestra Señora; y la tercera, en el camino de regreso. La romería se hace siempre en mayo, incluso en aquellos países donde el mes dedicado a la Virgen sea otro” (De spiritu et de piis servandis consuetudinibus, Roma 1990, 92, nota 46).


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