Viaje a México del prelado. La historia se repite

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Por Fueraborda, 27.07.2009


De la historia "oficial":

“Del 16 al 24 de mayo de 1970, San Josemaría vino a México a hacer una Novena a la Villa de Guadalupe. Le movía su deseo de pedir por la Iglesia, que estaba pasando por tiempos difíciles, después del Concilio Vaticano II. En esa ocasión comentó a sus hijos mexicanos: “Me ha traído a México mi amor a la Virgen de Guadalupe; y después, el deseo de ver a todos mis hijos”.
Durante nueve días visitó este Santuario Mariano y cada día rezó las tres partes del Rosario –acompañado de otros hijos suyos– y tuvo, en efecto, oportunidad de tener largos ratos de conversación íntima y confiada con la Virgen de Guadalupe. Le decía: “He tenido que venir a México para repetirte, con la boca y el alma llenas de confianza, que estamos muy seguros de Ti y de todo lo que nos has dado. (…) No admitimos más ambición que la de servir a tu Hijo Jesucristo y, por Él y con tu ayuda, a todas las almas. Ahora sí que te digo con el corazón encendido: “¡Muestra que eres mi Madre!”. (http://www.opusdei.org.mx/art.php?p=34071)

De la historia real (gracias Trinity):

“Como han transcurrido casi 40 años, la mayoría de l@s fieles de la Prelatura desconocerán lo que sucedía en aquellos momentos. Al acabar el Concilio Vaticano II, la Santa Sede pidió a las distintas instituciones de la Iglesia que revisaran sus constituciones para renovarse y ponerse al día. El Opus Dei, que se había mostrado renuente a realizar ese proceso de aggiornamento -aduciendo que aún estaba vivo su Fundador- y que había recibido varias negativas de Pablo VI a su pretensión de convertirse en una estructura jerárquica, empezó a ser investigado por una comisión vaticana: momento en que nuestro Fundador viajó a Guadalupe para conjurar lo que él entendía como una conspiración contra su Obra desde dentro de la misma Iglesia”.

O sea, que tenemos réplica del año 70, está claro.

No servía otra Virgen, no.

No servía una Virgen que saliera más barata, ninguna de las preciosas imágenes de Roma, ni las pintadas por sus hijos… no; ninguna es suficientemente digna, ni milagrosa.

Hay que ir a México, y además, con toda la parafernalia, con todo su coste. Es igual: se gasta lo que se deba, aunque se deba lo que se gaste.

Tiene que ser México, porque a México fue nuestro santo fundador cuando El Va.

Y nunca en la vida, su Javi querido ha hecho otra cosa más que seguir sus pisadas: ya le advirtió el bueno de Don Alvaro, como nos advirtió a todos, que si no, el cielo nos confundiría.

Hay una foto de Escrivá en “Noticias” (publicación interna para mujeres de la Obra), supongo que también en "Crónica" (publicación interna para hombres de la Obra), por las calles de México, en 1970, y a Javi detrás pisar por donde él pisaba. El fundador parece que tiene prisa por llegar, tanta, que parece llevar ya la agenda abierta, con sus peticiones. Javi, por una vez, parece un poco despistadillo: tal vez fulminando con la mirada a los curiosos que los observan en sus calles. Al otro lado de la acera, una mujer de la obra, (se la reconoce por la obligada mantilla en aquellos años), “haciendo ambiente”. Muy secular todo.

En otra imagen en se ve al fundador y sus custodes rezando ante la Guadalupana. (Para ello, despojaron a la multitud del templo, y pudieron estar solos, a puerta cerrada). Y allí fue donde rezó en alto.

Intuimos la intención de la oración actual: Por el Santo Padre y sus colaboradores, que están preocupados por lo que sucede en la Obra.

Lo necesitaban entonces, y lo necesitan ahora. Hoy, como ayer, la historia se repite.

Existe un cuadro de Escrivá al lado de la Virgen de Guadalupe, rodeado de rosas. Quizá soñó el santo que la Virgen se las entregaba. En su momento, ya se encargó de crear todo un misterio alrededor de la rosa de RIALP. Y también encargó una pintura recibiendo la flor de manos de la Virgen. Y como nadie le llamó demagogo, ni mentiroso, ni iluminado… pues se atrevió con la segunda.

Lo que no sabe el actual prelado, y ahí está el suspense, es que la Guadalupana no se anda con chiquitas y, quizá, esta vez no haya motivo para inmortalizar la visita.




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