Viajar es vivir!!! Pero... no siendo del Opus Dei

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Por Armando, 18.04.2007


Efectivamente, viajar es vivir pero no siendo del Opus Dei, especialmente cuando eres agregado y en principio, debíamos – y deben los que siguen dentro- ser mas sedentarios que un mueble en un hogar.

Hablando con Carmen Charo de todo un poco en “vuela libre”, surgió el tema de los viajes lo cual me hizo recordar muchas cosas que ahora comparto con todos vosotros.

En primer lugar por pobreza, ni un agregado ni un numerario pueden costearse un viaje, por lo que siempre tenía que lograr que lo pagaran todo él o los que me invitaban a un congreso o lo que fuera. Ahora bien, solo en caso de estricta necesidad y porque fuera bien para la labor apostólica, podías pedir a caja el dinero necesario para realizarlo. De este último caso hice un viaje nada más, no me costearon todo, solo una parte que saque de caja para tener algo y también, complementar el costo del billete de avión...

Dependiendo en la región que estuvieras así era el procedimiento a seguir, no obstante existía un modelo básico que se vivía escrupulosamente, bueno, eso pensaba en aquel momento, ahora me entero que no, pero eso es otra historia. En fin, si se tenía la suerte que el director de turno fuera alguien pensante y con amplitud de miras, el trámite de solicitar el "visado" o "pasaporte" interno podía ser fácil, pero si te tocaba uno "prelator" como los llama Satur, aquello se convertía en algo más doloroso que llevar todo el santo día con su respectiva noche el cilicio por un mes completo.

De todos los viajes que hice saliendo desde una región concreta, solo uno fue muy fácil, tan fácil que ni yo me creía que iba en la expedición. Claro, al volver me cayó una reprimenda porque según los directores de la Comisión, había timado al director local. Pero los otros fueron de llorar sangre, porque empezaba a moverse todo el aparato burocrático el cual es excesivamente lento dentro. Entonces vivía una tensión horrible, porque primero se debía hacer una nota en la cual se indicaban los objetivos del viaje, garantizabas que no saldría ni un céntimo de caja, se adjuntaba el plan de cómo dejarías cubiertas las actividades apostólicas que tenías como encargo. Los objetivos propiamente apostólicos que merecieran la pena para desplazarse, a qué hotel irías y si era en condiciones para un agregado, si ibas al centro respectivo asegurar que lo pagaría sin problema alguno. Asimismo había que adjuntar nombre del evento, del organizador del mismo, dirección de la organización, teléfono del lugar al que ibas etc. En caso de tratarse de un seminario, congreso, etc., que requiriera de exponer una ponencia o comunicación, la misma debía ser leída antes internamente para evitar que tuviera algo fuera de lugar. Como puede apreciarse, aquello era de nunca acabar.

Aún con todo esto, se terminaba de redactar el informe en el cual no se pedía permiso, porque si colocabas esa palabra, te lo hacían repetir. Debías decir que consultabas un viaje, esa era la palabreja, porque en principio lo hacía libremente y me decían que era lógico, porque si me hubiera casado, lo consultaría con mi esposa. La consulta escrita se entregaba al cl vía dirección. El cl lo veía, daba su dictamen y lo remitía a la Comisión Regional. En el caso estuvieras en una Delegación, esta daba su opinión y lo remitía a la Comisión Regional.

Como comprenderéis, en el momento de recibir la invitación para participar como ponente en un evento, hay que dar el si cuanto antes, esto por cuestiones de logística en la organización del mismo como: presupuesto, viáticos, envío de billete o el dinero para su compra, visados si el país lo requería -en mi caso no se hizo necesario, pero en fin-, asimismo para hacer el programa donde figura el nombre de los conferenciantes. Entonces, por un lado la lenta burocracia opusina y por el otro, la presión de los organizadores pidiendo una respuesta.

En este caso, cuando yo pedía información al director del centro sobre el trámite que había iniciado hacia muchos días, con una dulce risa forzada me decía que lo estaban viendo en Comisión. Que no debía agobiarme porque eso demuestra falta de buen espíritu y que como estamos en las manos de Dios, debíamos dejar que los directores dispusieran en forma tranquila, que no los podíamos presionar.

Esta situación se repitio muchas veces en mi vida profesional estando dentro. Una vez fue tal la demora que decidí entrar en dirección y decirle claramente al director "yo ya he dicho que si a los organizadores del congreso X porque me han llamado constantemente desde el extranjero para preguntarme si asistiré o no. El billete de avión está en las oficinas de la línea aérea, yo iré por él mañana mismo porque vuelo por la tarde. Si la respuesta afirmativa de mi consulta viene después de eso, guárdenla para mi vuelta, si es no, pues preparen una buena cof. Adios".

Di un portazo y me fui a casa. A la media hora de haber llegado a casa me llama el director y me dice "mira, ha venido la nota de Comisión, puedes viajar". Ese día estaba que hubiera querido regresar al centro para decirle unas cuantas cosas al director, pero me contuve, le di las buenas noches y seguí haciendo la maleta.

Pero a la vuelta sufrí un interrogatorio tremendo por parte del director y el cura, cada uno quería saber por qué mi reacción tan hepática ante la demora de la respuesta de Comisión, que no era demora sino que era una prueba para ver que tan disponible estaba para el querer de Dios. En fin, era salir de dirección para ir al despacho del cura, de ahí al oratorio porque tenía que ver por qué había actuado así, yo sin ver nada y vuelta al mismo recorrido. Para que al final pontificaron que tenía problemas de pureza.

Por otra parte, escrutaban todo mi ser al volver de cualquier viaje, ya sabía yo la batería de preguntas que vendrían, por lo que las horas en el avión eran solo pensar en lo que me esperaba al llegar al centro. Efectivamente, empezaba un interrogatorio sutil, este se daba en el despacho de dirección, en la del cura, en la merienda, en las comidas -cuando hacia comidas en el centro-, en un paseo, etc. Así una semana o semana y media, hasta que se habían asegurado que no había hecho nada ilícito. Tal presión te hacia soltar cosas consideradas inadecuadas.

Por ejemplo la mayoría de eventos a los que fui, eran organizados por colegas de las ciencias sociales de clara tendencia de izquierda, asimismo gente normal, de la calle, que al final de cada sesión organizaban una salida de marcha. Como es lógico, no iba a decir "perdonad, pero es el tiempo de la noche, nos vemos mañana". De haberlo hecho, al otro día hubieran surgido voluntarios como setas para llevarme al aeropuerto en calidad de bicho raro. Entonces lo que hacía era contemporizar, iba a tomar algo con mis colegas, hablar, trasnochar de lo lindo y era increíble, talvez un tema no avanzaba durante las reuniones oficiales, pero en esos encuentros informales se superaban los obstáculos y lográbamos avances en lo que tratábamos.

Cuando los viajes era saliendo de otra región en la que viví, todo el incordio que he relatado se mitigaba en parte, pero aún con tanta amabilidad, seguía siendo una pesadilla el decir o consultar que viajaría a uno u otro lugar. Esto no aplicaba dentro del territorio de aquel país, menos mal, pero para el resto del continente y el mundo si. En esta última región era más enérgico el tema que ni un duro para gastos de viaje, porque en la anterior región me daban algo para no irme sin nada, en esta si el dinero no llegaba por parte de los organizadores, me iba tal cual. Entonces pedía a algún amigo dinero que le devolvería a la vuelta.

El procedimiento del interrogatorio era análogo. Esto no aplicaba en los Univ, porque las reprimendas las recibía "in situ". No obstante, muchas veces, no solo me ganaba sendos rapapolvos en el Univ, sino al llegar a la región o delegación en la que estuviera adscrito, era otra vuelta de tuerca para reafirmar lo que ya me habían dicho.

Pero eso se debía a que era un guía de manga ancha en los Univ. Por eso a la mayoría llevaba como polluelos al rededor mío, no los mareaba con que "aprovechemos que vamos andando para rezar una parte del Rosario". O "paremos aquí porque hay que hacer la oración". Cuántas veces a los que me habían confiado llegaron tarde o no llegaron a Villa Tevere a venerar los sagrados restos del fundador!!!! Muchas veces. Y por la noche "oye, tienes unos minutos".

Cómo epílogo a este relato quiero añadir mis últimos días dentro. En la “negociación” para que no me fuera, surgió el tema de los viajes y me ofrecieron que ya no sería necesario hacer la consulta por escrito, que con decirle al director del centro sería suficiente, igual como lo hacía con mis padres para que supieran donde estaba. Aunque el liberarme de tal procedimiento era tentador, opté por lo mejor, empezar mi vida fuera de cauces burocráticos que no son propios de personas comunes y corrientes.



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