Vaticano Conection

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Por Satur, 28 de enero de 2008


Bien, parece que dos visitadores van a investigar a la opus dei y tratar de aclararse sobre la naturaleza y actividades de la institución. Tela. Arduo encargo éste de entender el opus dei. Si ya los que están dentro no saben qué es lo que son, no quiero pensar un italiano y un español que no pertenezcan a la prelatura. Más liado que diez kilos de fideos.

Con la obra pasa un poco como con algunos inventos que se han hecho y que han funcionado, pero que no sabemos por qué, no se han aplicado en otras cosas. Por ejemplo, se han fabricado cigarrillos con sabores a fresa, a vainilla, a coco; se han elaborado cremas de labios con todo tipo de sabores; se han inventado gomas de borrar que huelen de maravilla; se han hecho helados con sabor a lechazo, a seta y a Giorgio Armani. Inclusamente se venden preservativos con sabores… pues, bien, ¿por qué no se han conseguido todavía que el adhesivo para pegar los sobres no sepa a culo?. Y para demostrarlo basta salir a la calle y observar la cara de algunas secretarias y secretarios.

A la obra le falla algo, y para demostrarlo basta salir a la calle y observar la cara de algunos y algunas, sobre todo a partir de ciertas edades. No hay sabor, no hay perfume, no hay alegría, no hay buen humor, no hay ese algo que se le supone a alguien que busca la santidad y el servicio a los demás.

Algo no anda bien allá dentro. Y es cierto que los grandes ideales son principios válidos, y que lo serán siempre, pero “que a veces se desbocan en realizaciones avasallantes, deshumanizadoras, lesivas y, finalmente inviables, transformando el carisma en burocracia, el ideal en rutina y el heroísmo en mezquindad” (Jacinto Choza). Y no sé yo si estos visitadores le hincarán el diente al asunto de la dirección espiritual y de la maraña de criterios, costumbres y normas que dejan la azotea hecha unos zorros y el espíritu pasado de frenada.

Y la obra sabe mucho de cómo tratar a las visitas. Recuerdo que nos visitó el obispo de una pequeña ciudad de provincias, un hombre con bastantes prejuicios contra la opus. Se llamaba Don Ramón. El hombre salió tolay, flasheado, abrazándonos efusivamente e impartiendo la bendición hasta la afoto de Tía Carmen (el buen obispo debió preguntarse quién coño era ese bellezón de señora, y qué hacía su foto en esa casa de varones). Y es que nos habíamos enterado de cuál era su comida favorita, su bebida favorita (no la de Tía Carmen,¿eh?; la del obispo)… nos marcamos la visita al Santísimo con una unción paranormal,… luego, en la tertulia, le contamos unas anéldotas que ponían los pelos como escarpias, incluso los de los dedos de los pies, le cantamos unas canciones… el de aquí era un prestigioso médico en la ciudad, el de allá un arquitecto, otro le cuenta la conversión de un empresario… y hubo quien le dijo “ yo rezo por usted todos los días la oración “Stet et pascat, in fortitudine tua, Domine, in sublimitatenominis tui. y, claro, el tío, que no había visto gente tan principal y preparada en ninguna de las visitas apostólicas a sus parroquias estaba muy alterado.

Allí está el peligro, amigos, que al italiano y al español les engatusen con todo tipo de fuegos de artificio y malabarismos ascéticos. Presentar un buen racimo de tipos doctos, alegres, deportistas, piadosos, apostólicos, con buena pinta y encantadores. Y ya se sabe que todo depende desde qué perspectiva se contemple la vida las personas juzgan de manera muy distinta: que un rico con pistola es un hombre precavido, y un pobre con pistola es un delincuente; un rico con manicura es un playboy, mientras que un pobre con manicura es un maricón; o que un rico leyendo el periódico es un intelectual y no así un pobre leyendo el mismo periódico, que es alguien que busca trabajo, un colgado; y es sabido que cuando un rico se rasca es que tiene alergia… y el pobre cuando se rasca lo que tiene es sarna.

El rico cuando se cansa tiene stress, y el pobre es un flojo de cojones.

Y puede suceder que caigan en la seducción de la aristocracia de la inteligencia, de la ascesis y de la “riqueza interior”.

Hombre, a lo mejor tenemos la suerte de que se encuentren por un pasillo con Nicole, por ejemplo, entonces allí la cosa puede cambiar y, bueno, yo creo que destruyen el opus dei con un decretazo de Benedicto en plan “¡a la a ver, que voy voy!”. Porque encontrarte con gente como Nicole en un pasillo debe de ser tan excitante como cuando te invita un mago a subir al escenario. A mi me sacó una vez un mago y sales acojonadico… “¿qué hará éste conmigo?”… ¿a que se cachondea de mi todo el rato y hace todos los chistes a mi costa?”… y te dice “coge una carta… ¡¡¡NOOOOOO, ESA NOOOOOOOO!!!”… y te mete un susto que la gente se despiporra del bote que has dado y el careto que tienes.

Con Nicole, y unos cuantos bastantes que andan por esos mundos de Dios dando el cante, puede suceder algo parecido. Pero no caerá esa breva.

Esperemos que les vaya bien al dúo dinámico. Es cuestión de que no fijen su atención en las personas, al fin y al cabo todos somos buena gente, aunque en la obra proliferan mucho los que sólo quieren que se les identifiquen por sus virtudes (sin embargo, los que no consiguen mantener el engaño acaban siendo identificados por entero por sus pecados), y pongan el foco en los textos de Spíritu, y la patulea de costumbres que aquí y allá jalonan la prelatura, en poner luz en rincones oscuros de la dirección espiritual y en dar cera a los modos de vida de algunos santos que viven como mangutas.

Gracias a todos aquellos que han comprado La Recomposición de la Crisma: a los dos que lo han comprado. Prometo dedicatoria y encomiendo sus intenciones… por cierto, el próximo libro recopilatorio de artículos de opuslibros se titulará “Encomienda a Encomiendo”.Yo a mi gato, y no es coña, le llamo “Encomiendo”, y mi gata se llama “Tíacarmen”, y luego dicen de uno…



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