Una opinión a modo general

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Por Santiago, 16.07.2007


Reciban todos/as un cordial saludo. He revisado ampliamente su web y sobre todos muchos de los escritos de ex-miembros de la Obra (en adelante OD) y me he decidido a aportar mi opinión.

Conoco bien el OD y fuí adscrito entre 1983 y 1985; me marché de "motu propio" y en oposición al consejo de los numerarios que me trataban, aunque he de decir que pasados unos meses de mi salida no tuve ni he vuelto a tener problema alguno con el trato con ellos, tanto los que siguen como los que después se fueron. Agradezco bastante todo lo que el OD me ha aportado, y ello no me impide tener mi visión crítica sobre algunos aspectos de su "praxis pastoral" (en temas tales como la separación de sexos y la forma de llevar la dirección espiritual) lo cual he manifestado con toda claridad a sacerdotes del OD que conozco y que han aceptado mi comentario sin problema alguno (aunque claro está que mantienen la postura oficial del OD). Actualmente soy seminarista diocesano y con mi edad, 38, creo que tengo perspectiva suficiente para expresarme sobre el particular.

Primero de todo recojo y siento mucho el dolor manifestado por muchas personas que han revelado sus experiencias traumáticas en el OD, como consecuencia de una vocación frustrada o quizás equivocada o quizás mal planteada. De todas formas quisiera puntualizar que:

  1. Cuando se critica que en el OD se ofrece solo información parcial a los recién llegados, yo pregunto ¿es que eso no es lo habitual en el resto de las instituciones religiosas, ya sean seglares o regulares?. Creo lógico y normal que toda la información se vaya recibiendo en la misma medida que se va madurando el camino de la vocación.
  2. Cuando se alude a la "información dividida", ¿es que no es prudente que en toda organización humana la información esté segmentada en relación a la posición de sus miembros? Vease caso de partidos políticos, fuerzas armadas, empresas de cualquier índole, y por supuesto cualquier grupo o asociación cristiana.
  3. Conozco casos de depresiones, inquilinos de la famosa cuarta planta de Navarra, hasta se de un suicidio. Y a renglón seguido digo que también conozco casos similares en órdenes religiosas y seminarios. De hecho en cada dócesis hay un psiquiatra, más o menos oficial, pues desde el Concilio Vaticano II la Iglesia demuestra su interés por abordar a fondo todas las facetas de la vida humana. Además hoy en Occidente vivimos la cultura de la atención psicológica, y los porcentajes de personas con consulta habitual de estos especialistas son elevadísimos (en New York creo que una sexta parte de la población, al menos). El ritmo frenético de vida moderna, el stress, y otros factores hacen que cualquier persona normal de hoy sea víctima potencial de un desarreglo mental parcial o crónico.
  4. Hablemos de crisis vocacional, que la hay, y es muy grave en el OD (eso creo), ¿no la hay acaso en casi todas las órdenes y desde luego en los seminarios diocesanos? La crisis vocacional es un fenómeno extensivo a toda la Iglesia Católica en Occidente, y las causas son tema de una reflexión no ceñida al OD sino al impresionante abismo existente entre la propuesta evangélica y el modo de vida que propone y casi impone la posmodernidad y su visión laicista.
  5. Sobre el pitaje a los 14 años y medio, 15 o 16. Cierto que no seré yo el más indicado en defenderlo, dada mi experiencia de vocacionado "tardío", pero desde mi perspectiva vital creo que, en la mayoría de los casos, es la edad más idónea para plantearse una entrega total al compromiso cristiano. Y más aún tratándose de una vocación de tanta exigencia como la del numerario/a. A esa edad uno vive aún con ilusiones utópicas, idealistas, que podrán racionalizarse en la medida que uno vaya madurando humanamente a la vez que espiritualmente. Luego la vida a uno lo cambia mucho, se endurece uno a nivel espiritual y ya es muy difícil plantearse esa opción fundamental. Esa ilusión tan especial del adolescente que quiere comerse el mundo, es una baza muy buena para comenzar el camino, igual que lo es el enamoramiento apasionado del novio/a por su pareja en los inicios (pasión que luego pasa, pero que sirvió para lanzarse a una vocación no menos exigente como el matrimonio y la familia).

Comprendo que esta carta mía no va de la mano dela mayoría de los comentarios expuestos en la web. Pero aludo al talante liberal de ustedes, los coordinadores de la misma, para que no censuren su publicación ni recorten su contenido, cosa que les agradezco por adelantado.

Mi nombre es SANTIAGO.



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