Una Revolución en los Colegios de la Opus

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Por Satur, 14.11.2005


Ana Azanza me cita en su última correspondencia y deseo aclarar varias cosas.

Es cierto que he señalado las contradicciones de los colegios de la opus, que las tiene. Y es cierto que son elitistas, que estando concertados son los más caros con diferencia respecto a cualquier otro concertado. Inclusamente continúan pidiendo pasta sólo por inscribirte, o te endilgan una de extraescolares que es un misterio saber en qué concepto se gasta eso… o, por dar otro ejemplo, para ir a la manifestación clavan más que nadie en los autobuses –sé de algunos que han ido con otros colegios con precios más baratos, o de gratis con un partido político…

Es cierto que allí no ves ni negros, ni rumanos, ni peruanos, ni gitanos, ni kosovares, ni burkina fasos, ni nada que desdiga del cargo y posición que ocupan. Hay excepciones, pero son muy pocas: en veintisiete años conocí tres negritos – parientes de un profesor -, y algún japonudo adoptado...

En colegios donde se cruzaban mentalidades distintas – rurales agrícola-ganaderas y urbanas liberales burguesas-, no era infrecuente que los pijillos se quejaran del tono asilvestrado de los primeros, y de la mala influencia que éstos causaban en sus hijos. Recuerdo una charla para padres donde un profe con aires de Marqués de Chupamelagorri hablaba de “hacer a los niños piadosos”. Y el tío con el “piadosos” por aquí, “piadosos” por allá, “ piadosos” por acullá, dando la brasa. Y uno de esos asilvestrado, con una melón enorme, que no se sabía si compraba pelo o vendía cabeza, unos dedos como chopers, interrumpe y dice con acento del Aragón profundo.

- Oiga, ¿ me pué explicar que es eso de piadosos?, que es que lo repite mucho.

La miradas de decenas de cacatúas se cruzaban con un “oiiiight” de reprobación y de vergüenza ajena.

- ¿Hein? – dijo el Marqués de Chupamelagorri.
- Lo de piadosos, que no me entero, oiga.
- Pues piadosos es que aman y tratan a Jesucristo de modo habitual con confianza.

Y el tío se gira mirando a la concurrencia y dice.

- Mecagüen la puuuta, y yo que creía que era que le dieran de comer a las gallinas… por lo de “pia” de “piadosos”.

La cara que el Marqués puso en ese instante hubiese sido un buen póster de Hemoal. Muy piadosa.

Pues si eso pasaba por tonterías, ¿cómo sería con un Isra Heredia Cagancho en clase?, ¿o con Mustafá Benameá Yusuf?, o con Yaneth Fernández Washinton, hija de Heliodoro, divorciado de cincuenta y cinco años y seis hijos, campesino de Villanueva de Campaspero, y de Yanet Washinton, colombiana en posesión de dos pepinos como el lanza misiles del portaviones John Fitzerald Kennedy. De traca.

Es cierto eso y mucho más, pero de allí a dar un salto y afirmar que esa “ libertad” es la que quieren los demás, pues no, porque los colegios de la opus son muy pocos si se compara a toda la red de todo tipo y pelaje, concertados y privados, que aquí coexisten. Y hay de todo: hay de muy bueno, de muy malo, y de muy regular. El que estés por una educación pública y laica está muy bien. Tendrás tus argumentos y estás en tu derecho. Pero también está en su derecho y tiene sus argumentos quien piensa que deben de tener una libertad para elegir un tipo de educación para sus hijos.

Y no hablo aquí de la “libertad” de los colegios del opus a hacer lo que les pete. No es ése el tema. Allí es donde mezclas churras y merinas. La opus, que es muy pequeña e insignificante, se diluye en una masa de familias de clase media que sí están preocupadas por la educación de sus hijos. La opus chupa del bote y se apunta a caballo ganador. Pero no todos los que asistieron a esa manifestación son de la opus, ni siquiera una mayoría.

Brevemente, si la educación es realmente el asunto de mayor relevancia, que lo es, entonces con toda seguridad el hogar, la vida doméstica, es la de mayor relevancia. Y de eso no habla nadie, ni se legisla, ni se encauza. No es el colegio, ni el instituto, ni los profesores, ni los distintos planes de enseñanza, por muy completos que sean, los que pautan la educación. ¿Y cómo se hace eso si no hay manera de estar en casa porque vivimos en sistema ferozmente capitalista que nos obliga a estar muy poco en las cosas de verdad nuestras, como cuidar de los hijos o, sencillamente, crecer juntos?. Atrapados por el consumismo, por las putas hipotecas, por horarios ideados por prósperos ricachones y negociantes sin escrúpulos, millones de pelsonas cuerpos viven sin tiempo para nada, ni para nadie.

Se pretende sustituir eso que siempre se ha llamado familia por un sistema más o menos completo que abarque todos los aspectos de la educación de los hijos. Valiente estupidez.

La idea de un sustituto de los padres es sencillamente una ilusión de la riqueza. Pero ricos, lo que se dice ricos, hay muy pocos. En la opus hay bastantes, y esos no tendrán problemas de conciertos, ni de gaitas. La señora rica – de izquierdas y de derechas - llevará a su hijas a un colegio de ricos, la dejará en un club de niñas bien, la apuntará a un curso de inglés en Idaho, irá a una escuela de golf, tendrá una institutriz rusa, y todo con la seguridad de que en uno y otros aspectos la inteligencia de la niña se desarrolla mientras que ella, la madre, aparece como doña Ocupada la Importante.

Y la gente más pobre, esa clase media, no puede tener más que un maestro por cada treinta niños, ir a la parroquia a hacer la catequesis de la primera comunión, apuntarlo al fulbito y soltar las riendas a los catorce o quince años. Mientras, mamá y papá curran como bestias de cargas para tener una vida más o menos “de nuevo rico”.

No veo tan claro que el asunto esté entre la privada y la pública. Al menos no es la primera solución. Ni siquiera un millonario puede estar seguro de que todo lo tiene atado y bien atado en la educación de su hija… es posible que un día, viendo el desastre de hija que ha educado, eche de menos no si sabe inglés, juega a golf de maravilla y tiene un Management School of economist en Repollé University, sino un código moral lleno de sentido común o una visión general de la vida.

En el caso de la gente normalita y del montón – que es el caso de la mayoría de la humanidad – hay que dar la responsabilidad a los padres. Toda la responsabilidad. El que exagera la educación debe exagerar el poder de los padres en ella. Si los chavales siempre tienen la razón y pueden hacer lo que les peta, muy bien, estupendo: alegrémonos todos, viejos y jóvenes, y quedémonos sin responsabilidad alguna. Si nuestros empolvados e ilustrados legisladores han decidido que la educación sea cosa de ellos, fantástico. Que no vengan luego con eso de “la importancia de la Educación” cuando nadie tiene autoridad alguna para educar a nadie. Deciden que se quiere una educación sin límites junto a una emancipación sin límites y eso es, sencillamente imposible: no se pueden tener las dos cosas al mismo tiempo.

Y como la página es sobre la opus, pues sí diré que hay evidencias dentro de los más tercos supernumerarios pata negra de volver a la realidad respecto a los colegios que llevan a sus hijos. Caen en la cuenta de lo contradictorio que es llevar a sus hijos a colegios caros y no tan buenos como prometen con “la excelencia educativa“ (¡¡¡qué gilipollez!!!), que están a decenas de kilómetros, de horarios que no hay manera de compaginar educación, dedicación, tiempo con la familia, de traslados de aquí para allá con la Voyaguer a tope de niños que salen del club a horas que como que no, descubren que no hay manera de ahorrar nada porque cuando no es el colegio, es una convivencia de esquí, o un donativo para el polideportivo del cole, o apuntarlo a una academia de inglés porque el colegio bilingüe de bilingüe tiene el español y el argentino, por ejemplo, o que el niño se le está contagiando de los pijeras de su clase y va pisando moqueta y exigiendo su Tomy Hilfiger super super.

Y el pringado del padre, y la pringada de la madre, venga, a echarle horas para mantener un nivel que te rilas… y un día descubren que hay un colegio de monjas cerca de su casa y que, mira oye, resulta que lo hacen muy bien, inclusamente que dan una formación muy tal y que, encima, es muchísimo más barato que el Montechuli. Y, bueno, que comen todos juntos, que se ahorran el autobús, la comida, los Tomy Hilfiger, y que los niños llegan a casa piano piano a las cinco y media, y meriendan y todo –más ahorro. Y que los niños de ese colegio son tan imbéciles como los del Montechuli, y tan listos, y, aunque algo más feos, parecen majetes.

Y se lo piensan bien, y cambian a sus hijos al colegio de monjas.Y va, y funciona.

Esto está pasando, y no son pocos. Esa sí es una revolución desde dentro del sistema.


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