Un viaje a Tierra Santa

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Por Carocha, 20.12.2006


Al leer los correos de los últimos días, pensé en un episodio del que me he acordado a veces a lo largo de los años, porque me parece que resume ejemplarmente el ambiente de increíble libertad, alegría y convivencia agradabilísima de la Firma.

Una vez, en una “tertulia”, una numeraria auxiliar muy mayor y queridísima contaba cosas de una estadía suya en Roma (una de esas “tertulias”...). Entre otras anécdotas, contó ingenuamente que había dicho a una de las amables romanas “directoras” que le gustaría mucho ir a la Tierra Santa (pobrezinha: à Terra Santa!...) Respuesta de la “directora”: “Olvídese usted de eso, que nunca irá”. Ella nos contaba lo que había entendido: y estaba realmente agradecida porque le había sido dispensado el “criterio” correcto... Uma, abrutalhada, a outra, apatetada: el maravilloso cotidiano de la Firma...

La vida de las numerarias auxiliares y de las numerarias que trabajan en las administraciones es increíblemente inhumana, dura, restricta, artificial, - es probablemente lo mejor de lo mejor de todas las extrañas “visiones” del fundador; y, como resalta de muchos escritos publicados en esta red, el ambiente de los centros de numerarias auxiliares es algo de tal modo claustrofóbico que no hay como describirlo: hay que vivirlo, y vale el esfuerzo, porque allí se ve con entera crudeza la verdadera cara de la Firma, sin posibilidad de maquillajes, porque el público allí no va mucho con teorías. Si tuviese tiempo para algo, probablemente se tumbaría en una cama, con o sin colchón - una cama! - para dormir, dormir y dormir, de pura exaustión animal. Nunca me he sentido tan completamente cansada como en una administración, ni siquiera cuando todos mis hijos eran bebes. Es más que cansancio, es embrutecimiento. Pasan los días, las semanas, los meses, y de pronto realizas que en mucho tiempo no has leído ni una línea, porque no hay tiempo, y te entran dos ideas obsesivas: Será que mi cabeza todavía funciona? Cuando podré dormir a la medida de mi sueño?

Decía otra sentenciosa “directora” (hay tantas!) a las numerarias de una administración, en un tono insoportable de paternalismo (era un personaje tristemente vacío, con la que era imposible hablar, porque desconocía todo y no se interesaba de nada que no fuese relacionado con la Firma: una especie de catalogo de “criterios” con piernas) : “Debéis cuidar especialmente vuestra formación humana, - yaikkkkksss !!!! - de contrario os transformareis en vegetales”.

Y las meditaciones en que los sacerdotes hablaban del trabajo de las administraciones como “la espina dorsal” de la Firma y bla bla, y, al mismo tiempo, como de una cosa de chicas, de la que no entendían ni pretendían entender nada, de la que era posible tratar en tono de chiste simpático... A uno le oí decir calmamente que no entendía por que razón a las numerarias y a las auxiliares no les gustaba - “por lo que oigo” - hacer limpieza. Y se dejaba servir.

Yo fui numeraria, y probablemente no me quede muy bien decir esto, pero entre las numerarias auxiliares, como entre cualquier grupo de gente, hay bueno y malo – hay de todo. Sufren en la Firma de una particularmente absurda e injusta forma de explotación – además de la que todos nosotros sufrimos, sufren la de ser mujeres y trabajadoras manuales – nunca oí hablar de la aristocracia de la manualidad - con una especie de destino de casta: eso las hace extremadamente vulnerables, conmovedoras y merecedoras de respeto, y la salida de la Firma les es inimaginablemente dolorosa. Pero hay de todo: no sé muy bien si hace sentido decir esto, no será muy importante, pero me parece que las idealizaciones – y las demonizaciones - son una actitud muy de la Firma (y de firmas semejantes) que raramente corresponde a la vida real: tiene antes que ver con las conveniencias de la triste y perversa microdoxia en que viven atollados y con la que se auto-excitan constantemente.

Yo he visto a numerarias y a numerarias auxiliares dormir en zonas de pasaje, dividir entre seis y más un solo armario y un solo baño, no tener siquiera armario y tener que guardar la ropa en un sótano, colgada en perchas de las vigas de la casa, compartir el mismo edificio, durante años y años, con una casa de prostitución situada dos plantas abajo (el edificio solo tenía un elevador y, por las mañanas, cuando todas salían a trabajar, la mayoría utilizaba las escaleras y todos los días se cruzaba con los clientes del burdel. Un encanto.)

Todavía a propósito de los últimos correos, no dejan de sorprenderme los efectos extrañísimos de los célebres miles de km de distancia... No eran miles de km: eran y son distintos ordenes de ideas, y siguen educando a los jóvenes numerarios como han sido educados por el fundador: y ellos se dejan educar, claro. Ellas, por su parte, se afirman contentísimas de ser “madres y hermanas”, desempeños totalmente inofensivos, por supuesto: lamento, pero todo esto parece un guión de comedia de engaños ( por usar la versión más suave): personajes equívocos en un ambiente ridículo, falso y claustrofóbico – que no hace reír.

Cuando escribo esto me sucede exactamente como a Agustina, que dice que leer los papeles de la Firma para publicarlos en la web le causa intoxicación. Es una reacción física, totalmente primaria y no mejora con el tiempo.


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