Un testigo principal para beatificar al fundador era su confesor

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Autor: Javier Pérez Pellón, Especial para El Mundo. 1992


“No sería constructivo ofrecer como modelo de virtud a un sujeto tan problemático en ciertos aspectos”. El hecho de que los críticos de Escrivá sean numerosos y estén todavía vivos “hace absolutamente desaconsejable su beatificación”. Palabra de uno de los nueve jueces canónicos eclesiásticos, relatores de la causa de beatificación de José María Escrivá de Balaguer, marqués de Peralta.

Palabra de monseñor Luigi De Magistris, que junto con otro relator de la causa, el español D. Justo Fernández, rector de la Iglesia de Montserrat en Roma, -iglesia donde están sepultados los dos papas de la familia Borgia (italianización del apellido español Borja, originario de Játiva), Calixto III y Alejandro VI, a los que se negó la sepultura en el Vaticano-, han sido los dos jueces que se han opuesto a la beatificación del fundador del Opus Dei en el proceso que se ha seguido para su elevación a los altares.

En los procesos normales de canonización que se desarrollan en la Congregación para la Causa de los Santos, basta un voto contrario dentro del colegio de jueces que examinan la causa en cuestión, para que se abra de nuevo todo el proceso instructorio. Algo que no parece haber sido válido para el tan discutido monseñor español y próximo beato del santoral de la Iglesia.

Monseñor Luigi De Magistris basa su oposición a la beatificación de Escrivá en los datos “lagunosos y tendenciosos” recogidos como pruebas en el proceso. “Se ha llamado como testigo princeps –argumenta De Magistris–, a aquél que por 31 años ha sido su confesor habitual”, es decir a Alvaro del Portillo, el actual presidente del Opus Dei, el sucesor del Fundador a la cabeza de la Obra, aquél al que con el militaresco estilo de jerarquía de cuartel muchos de sus adeptos llaman “jefe”.

Según mi opinión –dice el juez italiano que se opone a la beatificación–, este testimonio debería haber quedado anulado”, porque, en efecto, hasta hace poco tiempo, y por razones obvias, el testimonio del confesor estaba expresamente prohibido por el Derecho Canónico. Por el contrario “se han excluido los testimonios de todos los oponentes a la causa de monseñor Escrivá, no sólo los de aquéllos que han abandonado el Opus Dei, sino algún que otro testigo ex officio honeste e inteligente que podía aportar la contribución dialéctica de la crítica” como por ejemplo los testimonios de varios jesuitas, orden con la cual Balaguer se enfrentó en muchas ocasiones en Roma.


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