Un numerario enamorado

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Por Nicanor, 30 de agosto de 2010


Dejar el correo electrónico dentro de estos escritos facilita la conversación con algunos numerarios que pasan por periodos de incertidumbre. Este fue el caso de un señor que, "casualidad" de la vida, se reencontró con su ex-enamorada. Varios años atrás la dejó al ir por ese "plano inclinado" en el proselitismo de Escrivá, "sentir" el llamado de Dios y solicitar su admisión como el "beso" divino en la frente.

Así pues, empezó una linda relación de reencuentro que acabó por renovar el amor que siempre había sentido por ella pero... ¿Un numerario, un "hombre corriente", puede enamorarse de una mujer en su compromiso de estado célibe? La incertidumbre entre si estaba experimentando una visión diabólica con rostro de la mujer que amaba o aquello que el cristianismo denomina "la noche oscura del alma" lo tenía de cabeza...

El asunto se hizo más complejo cuando se puso en contacto la enamorada. Por un lado me encontraba con la perplejidad de ella en el intento de comprender lo incomprensible - el Opus Dei y la forma de pensar de los numerarios - y, por otra parte, dialogar con el numerario acerca de conducta tan anormal como enamorarse de una mujer.

Dentro de la Dirección Espiritual creada por Escrivá, la visión de la Persona será asumida de modo descuartizado. Por un lado el alma, el corazón, el cuerpo, la razón, los afectos... De tal suerte que este numerario podía decirme: "mi cuerpo me pide estar con ella y mi razón me indica lo contrario". No me cabe duda que Escrivá ha creado la forma perfecta para ensamblar modernos "Frankesteins" sobre los cuales cabe ajustar tuercas y tornillos e intercambiar cerebros, corazones y miembros.

A pesar de todo ambos mantenían una relación telefónica a "ocultas". Sin embargo, como todos los numerarios estamos obligados, había que destapar el asunto en la "Charla Fraterna" al pasar al ítem "pureza". El numerario contó sobre su relación y, obviamente, su "hermano" Director, le solicitó cambie de número móvil, deje la lista de contraseñas de sus correos y cancele toda comunicación con ella. Ni qué decir que para ambos fue un sufrimiento mayúsculo pero, como decía Escrivá, "Un Amor, bien vale un amor", distinguiendo la mayúscula con la minúscula entre el amor divino y el humano. Otra descuartización.

Violentar de este modo la Persona en cuanto ser íntegro provocó la reacción adversa. Nuevamente entraron en contacto. Él siempre repleto de dudas y temores. Ella intentando entender porqué se hacía todo tan cuesta arriba.

Correos de ida y vuelta intentando hacerle comprender al numerario que el vínculo contractual con la Prelatura, dada la variación en la circunstancia por la que venía atravesando, siendo él quien "contrata" al Opus Dei como uno de los "caminos para alcanzar la santidad", podía solicitar con toda paz una dispensa de "vida en familia" para tomarse un tiempo y calibrar las cosas con calma. La verdad es que estaba al borde de la locura rezando para que Dios le quitase la vida.

Anoto el dilema acerca de la "fidelidad" concebida por Escrivá y grabada a fuego en el alma de sus hijas e hijos como un concepto de predestinación. Estaba siempre en la cabeza de este chico que Dios le tenía predestinado para el Opus porque su encuentro adolescente con esta Institución no había sido "casual" sino Providencial. Entonces... ¿El encuentro con su ex enamorada no era también casual? Todo un misterio de la Providencia.

Evaluaba los pros y contras. Dentro del Opus se sentía seguro y cómodo mientras que, con su enamorada - habiendo ya tenido encuentros con ella -, le hacía trastabillar pero le llenaba de una alegría inaudita.

El lector, como quien escribe, vemos el asunto muy claro. La situación no se presenta como el esposo infiel o José del Antiguo Testamento provocado por la esposa del Rey o del Rey David enamorado de la esposa de uno de sus vasallos. Al contrario, la situación totalmente normal de un "hombre de la corriente" que ahora decide tomar otro camino para ser santo a través del noviazgo y matrimonio.

Pero no, nada más anormal en el carisma del Opus Dei buscar la felicidad de sus fieles sino mantenerlos dentro a costa de sus vidas. "Si quieres marcharte, márchate porque eres infeliz" le aconsejó el cura que se nos asignan como confesores. El consejo es impresionante ¿Qué es pues la "felicidad"? Interesante hubiera sido que el numerario le haya respondido "Y, ¿Usted es feliz?". Obviamente que el cura le respondería afirmativamente aunque así no lo fuese, pero ni el Aquinate (Tomás de Aquino) se atrevería a dar una definición completa de algo "que ni ojo vio, ni oído oyó...." de esto que se puede denominar "felicidad". Le escribí que la respuesta más a la misteriosa pregunta por la "felicidad" es un "ni". Claramente él estaba en un "no" rotundo.

Con todo, le destaparon el asunto en la "Charla Fraterna". Sus conversaciones de madrugada, correos, etc. Cercado, lo contó todo. Nuevamente fue imperado a "cortar definitivamente" esa relación totalmente impropia y salvaje de un hombre entregado a Dios sin haber hecho "ni votos, botas o botines" de vida consagrada o religiosa. Decidió cortar. Sí le aconsejé que debía hacerlo cara a cara con ella. El plan que le proponían era "huir" y listo pero... ¿Qué pasaba con la otra persona que le amaba y ama con locura? No. Si hubiera salido con varias rameras cabría dejar ese vicio. Pero este no era el caso.

Por lo menos se puso tozudo para que le diesen permiso a ir a verla y decirle - libremente - lo indicado: que lo que hubo entre ellos fue un error y lo lamentaba profundamente.

Escoltado por otro numerario fue a verla. Ella quedó horrorizada al verlo, no solamente por el rostro demacrado e ido de su pareja, sino por estar bajo custodia. Se le asignó un par de horas para resolver el asunto. Ella le imploró no le soltase razonamientos divinos. Transcurrieron las dos horas llorando amargamente tomados de la mano, asunto que no pudo evitar su "hermano". A las dos horas le timbró el cura. Arrojó el móvil al suelo con violencia y el móvil del custodio empezó a timbrar. Sólo repetía en voz baja: "Dios, dame fuerzas". Se marcharon. Menos mal que ya había advertido meses antes a su pareja en no destruir su vida al amar a un numerario sumamente dócil "como barro en manos del alfarero".

Tras este inefable suceso le escribí. Ya el hecho de rezar a Dios que le quite la vida me hizo suponer que podía ahora llevarlo a cabo. Pasados unos días recibí respuesta y alivio. "Estoy desmoronado pero bien. Jamás he pasado momento tan doloroso, veía en ella a la Virgen y yo como el Hijo muerto bajado de la Cruz". La extraña interpretación teológica al asunto para consolar la violación a sus derechos elementales me llenó de tristeza. La amaría ahora como a la Virgen.

Acabé por responderle que este tipo de asuntos no tiene solución por medio de consideraciones trastocadas o empleo asiduo de cilicio y látigo. Recorté y copié la frase de su "hermano cura": "Si quieres marcharte, márchate porque eres infeliz"... ¿Eres feliz?



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