Un apunte gramatical acerca del “sociolecto” del Opus Dei

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El empleo del adjetivo demostrativo “ese” como artículo determinado.

Por Giovanna Reale, 1.09.2008


En el Opus Dei nos enseñaron que ni el diablo ni san Josemaría Escrivá se tomaban vacaciones. En cambio, yo sí me las he tomado en este verano y por eso he estado desconectada varias semanas de la lectura de la página web Opuslibros.

Al reencontrarme con ella a mi regreso vacacional, he disfrutado leyendo el excelente trabajo de Castalio titulado El enmarañado lenguaje de los numerarios del Opus Dei y publicado el 25 de julio de este año. Le doy a Castalio mi más sincera enhorabuena por su magnífico estudio, que no tiene desperdicio...

Como él mismo afirma, no desea ser exhaustivo en la enumeración y análisis de los vocablos y giros lingüísticos empleados en el “sociolecto” del Opus Dei. Eso explica que no haya mencionado el campo semántico reservado a las adversidades que san Josemaría y la Obra entera padecieron en su período fundacional y también posteriormente. Me refiero a la “contradicción de los buenos” y a las numerosas trabas que “los de siempre” han ido poniendo a lo largo de la historia de la Obra en contra del desarrollo institucional y jurídico del Opus Dei. ¿A quiénes se refiere el eufemismo “los de siempre”? A los jesuitas, es decir, a las gestiones que algunos miembros de la Compañía de Jesús emprendieron en numerosas ocasiones para fastidiar los planes sobrenaturales del santo fundador de la Obra de Dios. Es preciso advertir que “los de siempre” no entran dentro del concepto de “la contradicción de los buenos”, ya que “los buenos” son normalmente eclesiásticos que critican a la Obra sin malicia a consecuencia de una mala información y que, por consiguiente, “no nos entienden”; en cambio, “los de siempre” son siempre malos, ya que atacan a la Obra con el deseo explícito y consciente de impedir o desmontar lo que san Josemaría y sus sucesores han planificado. De estas arduas cuestiones históricas no se suele hablar en las tertulias oficiales de los miembros de la Obra, pero sí excepcionalmente en “las tertulias pirata”, las cuales nacieron precisamente para dar a conocer a la gente del Opus Dei lo malos que son “los de siempre” en contra de los intereses de la Obra; en esas “tertulias pirata” también se informaba de las equivocaciones del papa Pablo VI, según nos ha recordado TomásR en su escrito Lo que el opus decía de Pablo VI (29.08.2008); por cierto, en la jerga del Opus se calificaba a Pablo VI de “jesuitón”, adjetivo que san Josemaría Escrivá aplicaba expresamente a ese papa.

Pero yo no quisiera detenerme ahora en aspectos semánticos del sociolecto del Opus, sino en un aspecto gramatical que muchas veces me llamaba la atención cuando escuchaba charlas y meditaciones impartidas por directoras y sacerdotes de la Obra. Me resultaba curioso constatar que con cierta frecuencia usaban el adjetivo demostrativo “ese” en lugar del artículo determinado “el”. Por ejemplo, en vez de decir “el vaso de agua que no me voy a tomar como mortificación”, decían y dicen “ese vaso de agua que no me voy a tomar como mortificación”. Este empleo articular del adjetivo demostrativo “ese/esa/esos/esas” es ciertamente un rasgo del sociolecto del Opus Dei, ya que la sustitución de “el” por “ese” enfatiza que “eso” que hago u omito se refiere a un aspecto más o menos relevante de mis compromisos como miembro del Opus Dei y de mi lucha ascética.

Unas veces, el empleo articular del adjetivo demostrativo “ese” se centra en aspectos negativos o en pecados que no se deberían cometer: “esa soberbia que no me deja en paz”, “ese espíritu crítico”, “esa ironía malhiriente”, “esos comentarios improcedentes”, etcétera. Otras veces, en cambio, alude a virtudes y a aspectos positivos del buen espíritu: “esa alegría de la fraternidad”, “ese espíritu de sacrificio”, “esa entrega desinteresada”, “esa fuente de la gracia que es la confesión”, “esas normas del plan de vida que me cuesta cumplir”, etcétera.

Es posible que el origen de este peculiar empleo del adjetivo “ese” se encuentre en el comienzo del punto 173 de Camino, que dice: «Esa palabra acertada, el chiste que no salió de tu boca; la sonrisa amable para quien te molesta; aquel silencio ante la acusación injusta; tu bondadosa conversación con los cargantes y los inoportunos; el pasar por alto cada día, a las personas que conviven contigo, un detalle y otro fastidiosos e impertinentes... Esto, con perseverancia, sí que es sólida mortificación interior». Puede perfectamente haber sucedido que, a base de repetir miles de veces el punto 173 de Camino en las meditaciones y charlas acerca de la mortificación, el comienzo de ese punto («Esa palabra acertada») se haya fijado en la memoria personal y en la conciencia colectiva de los miembros de la Obra hasta el extremo de extrapolar ese modismo a todos los aspectos relevantes de la lucha ascética y de los compromisos propios de la vida interna del Opus.

Al mismo tiempo, conviene saber un dato que enseña la Filología Románica, es decir, la ciencia que estudia las lenguas derivadas del latín. La gran mayoría de las lenguas neolatinas han hecho derivar el actual artículo determinado (en castellano: el/la/los/las/lo) del adjetivo demostrativo latino ille/illa/illud; sin embargo, en la lengua sarda, hablada en la isla de Cerdeña, y también en los dialectos del catalán hablados en las islas Baleares, el artículo determinado deriva del adjetivo demostrativo ipse/ipsa/ipsum, del que en las demás lenguas románicas proceden el adjetivo-pronombre demostrativo “ese/esa/esos/esas” y el pronombre demostrativo neutro “eso”. Así, por ejemplo, en Cerdeña, para denominar “la vivienda-fortaleza” de los pueblos primitivos que habitaron la isla, se emplea la expresión “su nuraghe”, siendo “su” el artículo determinado, derivado del latín ipsum. Igualmente, en las Baleares se dice habitualmente “sa casa” para referirse a “la casa”, siendo “sa” el artículo determinado, derivado del latín ipsam (por cierto, no hay que confundir la expresión balear “sa casa” [“la casa”] con la valenciana “sa casa” [“su casa”], ya que en este último caso nos encontramos ante el adjetivo posesivo “sa”, del latín suam, y no ante el artículo determinado; en valenciano se puede decir o “sa casa” o “la seua casa”).

No cabe duda de que el empleo articular que los miembros del Opus Dei hacen del demostrativo “ese” es una pedantería que resalta, en el contexto de su sociolecto interno, el talante sectario de su actuación. Pero, al mismo tiempo, hay que reconocer que tal empleo hunde sus raíces en la estructura gramatical profunda de las lenguas románicas, ya que éstas no sólo hacen derivar de ille/illa/illud el actual artículo determinado, sino también a veces –en menor medida e intensidad– de ipse/ipsa/ipsum.



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