Triduo de Navidad

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Por Dionisio, 20.12.2006



Me gustaría hablaros del triduo de Navidad. Para los que no lo sepan es una actividad que dura los dias 22, 23 y 24 de diciembre que está dirigida a los padres de los numerarios y agregados. Cada uno de esos dias se les invita a ir a algún centro en donde un cura dirige una meditacion relacionada con la Navidad y la “vocación” de sus hijos. Al terminar se invita a ir a la sala de estar para cantar unos villancicos y compartir algun rato supuestamente agradable. El 24 termina con la misa del gallo y después se invita a los presentes a tomar algo apropiado.

Cuando uno ha sido reclutado recientemente el triduo suele hacerse en el mismo centro en donde está adscrito. De esta forma los padres del jovencito neófito muchas veces empiezan a conocer a esa gente tan rara que se relaciona con su hijo. Miran con cierto recelo a los numerarios de sonrisa Colgate y observan de reojo a las otras familias para tartar de no quedar mal y entender de que va la cosa. Mis padres, cuando ya estaba en el lado luminoso, me contaron sus impresiones sobre esos primeros encuentros. La verdad es que la situación era en parte grotesca, en parte cómica. Cuando el opus me llevó a vivir muy lejos, cada Navidad siguieron invitando a mis padres a ir al triduo, pero ellos ya no quisieron volver, bastante mosqueados estaban de que yo no pudiera volver para estar en Navidad.

Más tarde era yo el numerario de sonrisa Colgate que trataba de impresionar bien a los padres de los nuevos numerarios. Si para ello había que tocar la guitarra, cantar, contar chistes o lo que fuera, se hacía ya que la oportunidad era única para mejorar las relaciones con las familias. Habitualmente al triduo en nuestro centro les correspondía venir apenas a dos o tres familias, ya que eran pocos los que pitaban y menos los que permanecían algunas navidades. Para que el triduo no se viera tan triste con apenas cuatro gatos empezamos a invitar a algunas familias de supernumerarios, para que dieran ambiente e hicieran bulto. Todo esto daba lugar a situaciones un tanto folclóricas, como por ejemplo cuando alguien preguntaba porqué no habia vuelto a venir aquella pareja tan simpática que cantaba villancicos en francés. La respuesta nunca era porque su hijo ya no es del opus. Se buscaban excusan más cómodas. También estaban las protestas de otros supernumerarios que no habían sido invitados y que se consideraban con tanto derecho como los demás. Difícil decisión. Algunos cortaban por lo sano y en el triduo siguiente se autoinvitaban sin más. Luego estaba el caso del que pitaba como numerario, llevaba a sus padres al triduo, pero poco después “quedaba” como supernumerario y entonces ya no se le invitaba al triduo. En fin que la vida de los “Colgate” tampoco es tan fácil como la apariencias podrían indicar. ¡Uuuuuuuf! Gracias a Dios que nos fuimos.

Ahora es otra cosa, como me decía un amigo, que le explicaba a sus hijos cómo fue la primera Navidad y las preguntas de los angelitos sobre porqué la Sagrada Familia no fue a un hotel, porqué necesitaban lo que les llevaron los pastores habiendo tantos supermercados y finalmente porqué San José no tenía coche, tarjeta de crédito y móbil. No ha de ser fácil para un mocoso de estos tiempos entender las circunstancias en las que nuestro Salvador vino al mundo. Sin embargo, para los que estuvimos en el lado oscuro, resolver esas dificultades es mucho más gratificante que todos los triduos en los que estuvimos.



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