Testimonio de mi salida de la Obra

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Por Daniel M., 25.06.2007


Nacho Fernández, un nuevo rostro en “opuslibros”. Y no tan nuevo, porque tras ver su foto, y sus colaboraciones de estas últimas semanas, me animé a leer algunos de sus escritos anteriores. Un largo listado de cartas. En una de ellas (“se van sin tiros”), nos habla de su salida, y explica el 11 de marzo de 2005 que “La baja me la dieron mes y medio más tarde, pero se me comunicó sólo oralmente, sin prueba por escrito”. Esto fue en el año 2000. Después de 34 años en el Opus Dei, ni le contestaron por escrito a su carta de dimisión.

Veo que es una "costumbre" más de la Prelatura (¿quizás una "norma"?). Fue también mi caso, después de más de 14 años. Con fecha 1 de diciembre de 2006 remití mi carta de dimisión como supernumerario en la que rescindía mi vinculación contractual con la Prelatura, liberándoles de todas sus obligaciones respecto a mí. Esta carta fue recibida en la dirección de la delegación el día 5 de diciembre. Lo sé porque la dirigí por correo certificado y con acuse de recibo. ¿Por qué la presenté?...

Porque el viernes 24 de noviembre de 2006, a las 18:10 horas salí de un centro de la Prelatura en la que el numerario que me dirigía J.S.S, me había indicado que no renovara el siguiente 19 de marzo. Hacía unos 10 días que me había dicho que teníamos que quedar, que era algo importante, pero que no había prisa. Y al fin, quedamos ese día, y me soltó lo que tenía preparado desde hacía tiempo.

Me dijo que veía que me daba tensión el plan de vida, que hacía 3 años le había extrañado lo que le había contado, y que había pensado que lo superaría, pero que no había sido así. En fin, que aunque no había muchas manos para ayudar, lo mejor para mí era que no renovara. Que siguiera los meses que quedaban hasta el 19 de marzo yendo a los medios de formación, con el plan de vida, aunque no hubiera más charlas y que, luego, podía ser cooperador de la prelatura. Que no pensara que había sido tiempo perdido.

Cuando salí de aquel piso, apenas caminé unos pasos y cerca de un centro comercial, me dije que era yo quien salía y que no iba a dejar que me echaran ellos. Decidí que ese acto de decirme que no siguiera era mi terminación con el Opus Dei, a las 18:10 pm, hora que salía del centro ese mismo día. Aunque era cierto que ellos me echaban; pues no había otra alternativa a aquella conversación. Era solo el “ordeno y mando” típico de la Obra, de esa manera tan "cordial" pero que no cabe más opción que obedecer y acatar. Recuerdo que esa tarde me confesé con un joven cura jesuita. Le conté lo que me había pasado. La verdad es que supo consolarme. Estaba hecho polvo.

Al día siguiente, sábado por la mañana, pensé -me vino a la mente- aquella frase de Jesús “lo que tengas que hacer, hazlo pronto”. Es cierto que Jesús se lo dice a Judas, conociendo su traición, para que se fuera de su presencia y a la vez, para tapar su honor delante de los otros apóstoles. Pero había una enseñanza en esa frase, y era sobre la diligencia, la prontitud en hacer las cosas. Así que decidí irme yo, y cuanto antes, por medio de una carta de rescisión de la vinculación contractual, en la que pondría como fecha de baja el 24 de noviembre de 2006.

Tardé casi una semana en escribir la carta de dimisión. La hacía un día, y otro la rehacía. Me venían demasiados recuerdos, y oscilaba su contenido entre la queja y la indignación. No encontraba la forma de redactarla. Al final conseguí enviarla por correo. Me llamó unos días después el celador, para quedar al círculo. Él no sabía nada ni de la conversación con el numerario ni tampoco de mi carta de dimisión -aún no les había llegado-. Le dije que no iría porque ya no pertenecía al Opus Dei. Se quedó asombrado. Dos días después me llamó el numerario J.S.S, evidentemente había hablado con aquel celador, y se había quedado sorprendido de lo que le había contado este. Pensó que yo no le había entendido, y él había supuesto que yo seguiría hasta el 19 de marzo y luego no renovaría. Le solté lo de la frase de Jesucristo: “lo que has de hacer, hazlo pronto”, lo cual le hizo algo de gracia, claro que inmediatamente le expliqué cómo lo aplicaba yo, en su sentido de enseñanza directa.

Para mí, y hoy en día, ese tipo de orden sin discusión posible, de disponer que alguien se vaya, sin que éste se entere de lo que se cuece -sea con el numerario que nunca le dijo lo que pensaba, o con el cura que se lo calla y no se lo dice al miembro, o sea el consejo local-; todo esto es la misma escena en la que Jesús le dice a Judas que se vaya. Pero cambiados los roles, siendo en este caso Judas quien (o quienes) determinan que uno se vaya, sin que el interesado esté mínimamente informado de nada ni sospeche lo que se avecina. Y siendo Jesús el miembro al que se le echa en cuanto no [les] sirve. Pues sigue vigente lo que será el Juicio Universal: "lo que hicieréis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mi me lo hacéis".

Unos días después de la conversación con el numerario me despedía del sacerdote Don AdM P, por correo electrónico, ya que no pensaba pisar jamás aquel centro. Parece ser que no tenía mucha idea de mi despedida tan rápida… ¿pensaba que sería el 19 de marzo, en silencio, sin renovar? Imagino que luego hablaría con el numerario. Coincidiendo con todo esto, supongo que a partir del día 5 de diciembre, debieron tener alguna llamada de la delegación, ya que habrían recibido mi carta. Y ambos, numerario y cura, debieron enterarse de su contenido.

Con el numerario ya no volví a hablar más de nada espiritual, sólo tomé café una vez con él. No sé porque lo hice, hablamos de temas banales. Pensaría que le llamaría algún día. Pero no lo he hecho.

En cuanto el cura, quiso quedar conmigo. ¿Por qué? Porque en mi carta, solicitaba contestación por escrito a mi comunicación de rescisión de vinculación contractual. Y les pedía que me confirmaran que de acuerdo con la Ley de Protección de Datos, eliminarían cualquier dato personal o informe elaborado por el numerario J.S.S (u otros) que pudieran tener sobre mí.

En una entrevista de diciembre, el cura me dijo que no pidiera esa contestación por escrito que “podía fastidiar bastante” (palabras literales). Y que él estaba entre el amor a la Obra, y a mí. Ya. Así que por correo electrónico le confirmé que bueno, que no hacía falta que contestaran por escrito ya que tanto insistía. Al final, a la vuelta de un viaje que tuvo que hacer, este cura pudo reunirse conmigo para comunicarme la dispensa oralmente, tras decirme que yo tenía que reconocer que había un procedimiento. A eso me callé, porque ya no me interesaba nada ese tema, sólo le informe que en el año 2000 yo ya había presentado una carta en que proponía ser cooperador (estaba ya quemado por entonces) y aquella vez se me dijo que siguiera. Así que esta vez, ya no quería ser cooperador ni ir por sus centros y que por eso mi carta era tan "cortante".

Pero citaba al comienzo de este testimonio la carta de Nacho Fernández. Por lo que se ve, el procedimiento acostumbrado es el de la Prelatura, (contra-legem) no les vale que el cristiano rescinda “el contrato” como hice yo citando el código de derecho canónico. En derecho siempre cabe rescindir un contrato por cualquiera de las partes (con los debidos requisitos formales). Y el Código de Derecho Canónico -superior a cualquier norma estatutaria que se le oponga- dice que la vinculación de un laico con la Prelatura personal es de carácter contractual, por "acuerdo" o "convenio". Y por lo tanto, el cristiano laico puede rescindirlo comunicándolo a la Prelatura.

Pero el Opus Dei, en un rasgo típico de falta de humildad eclesial, no acepta que el miembro pueda ser parte en ese contrato, ni que remotamente sea equiparado a la otra parte que es la Prelatura. Según el nuevo catecismo de la Prelatura, el acto es contractual pero la vinculación es jurisdiccional. Según ellos, que no según la ley de la Iglesia Católica.

Por eso no podían aceptar mi carta, no como me dijo el cura porque la Prelatura no era un organismo público o corporación industrial. No, no se podía aceptar porque la humildad y el sometimiento a las normas canónicas no va con ellos. Así que el procedimiento es el suyo, lo “oral”. Sin constancia alguna y sin pruebas, y sin que haya seguridad jurídica. Así fue la dispensa de “mis compromisos” el 26 de enero de 2007.

¿En que se resume todo esto? En que el procedimiento se reduce a hacer siempre lo que ellos quieren y cómo quieren. Hasta pasando por encima del código de derecho canónico. Poniendo sus "costumbres" (¿estatutos?) por encima de la ley de la Iglesia y por encima del hijo de Dios que es cada cristiano/a. Sólo les preocupa que haya “escándalo”. Para ello, y lo mejor, es que no quede constancia de que uno estuvo en la Obra, que nunca existió. La “familia”, la “Casa”, no era tal.

Ha pasado algún tiempo. A veces me tropiezo con algunos antiguos compañeros de círculo, suele ser en Misa. Algunos me saludan, aunque no da tiempo a pararse a hablar. Hubo uno que ni me miró aunque se cruzó por delante de mi en una iglesia. Sigo yendo a Misa todos los días, me confieso casi semanalmente, aunque ahora evito a los curas de la Obra. Sólo dos o tres veces me confesé con uno, su iglesia me caía cerca de casa, de mi verdadera casa. Y como éste me hablaba del Opus Dei, le dije que había sido de la Obra. Lo que me agradeció que le confiara –se ve que tenía en mente alguna posible vocación más y así ya sabía a que atenerse.

En fin. Hace unas semanas, en la oración, vi –porque sí, los laicos también tenemos vocación y también “vemos”, que Dios no lo es sólo para el santo fundador y sus “hijos espirituales”-; vi en la oración que la decisión de ingresar en el Opus Dei fue un error mío. Realmente, fue una comunicación espiritual. Y es que Dios se sigue comunicando –a su manera- con sus hijos, incluso con los que se fueron del Opus Dei si estos le siguen amando, por más que alguno de la Prelatura cambie la cara para otro lado y no te reconozca incluso dentro de una iglesia. Dios sigue siendo Padre, aunque ellos dejen de ser “hermanos”.

Dije que ví en la oración que el error fue mío. Y es verdad, lo fue. Pero cuando no te dan información de nada, ni la tienes porque nadie nace con ciencia infusa, y en mi caso era un recién converso al catolicismo; es casi imposible que la decisión de ingresar no sea errónea. Y si tienes esa desinformación durante años, es también imposible que no te equivoques cada vez que renuevas. Y que la permanencia en la Institución suponga sufrimiento innecesario. Pero esto es lo que hay, pues así es el Opus Dei y así permite que lo sea nuestros obispos de la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana.

¿Porqué lo permite el Señor? La libertad humana, de la que Él se sirve para sus fines. A veces, como purificación, otras, para crecer espiritualmente. Eso lo sabremos al cruzar el umbral de la vida futura.



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