Tertulia pirata en la red

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Por Ludwik d'Alancourt, 4 de marzo de 2005


Introducción

- Shssssssssssss! No armeis tanto follón que nos van a oir!

Enciendo un cigarro. No debería de fumar. Es un vicio adquirido hace unos años que no me hace ningún bien en el fondo. Miro a mi audiencia la cual me observa expectante.

La verdad es que no me apetece mucho recordar esas viejas historias... estaban ahí en el baúl de los recuerdos y me prometí a mí mismo que sólo se las dejaría a mis hijos para que conocieran algo de lo que le pasó a su padre años atrás, pero resulta que no tengo hijos todavía, y me siento en deuda con los Orejas leyendo los aportes de tanta gente.

-Shssssssssssss! Venga vamos a hacer un poquito de silencio.

Tomo en vaso de Coca Cola, y comienzo a relatar, espero que no les de sueño...

En algún lugar de España-Comienzos de la década de los 70

Edad de los protagonistas: alrededor de los 40
Tipo de ubicación: Centro de San Gabriel


La salita casi estaba en la penumbra. Apenas una pequeña lámpara que no debía de tener una bombilla de más de 40 vatios iluminaba la estancia. De repente entró apresurado, casi corriendo, un señor pequeñito, calvo y barrigón y su cara era una mezcla a la vez de excitación, miedo, sorpresa y alegría, y casi resoplando, se dirigió al joven ingeniero rubio con gafas de pasta, el cual estaba sentado de forma muy recta en un sillón de piel, como si tuviese miedo de que el mismo se estropeara:

-“Le he puesto dos cojones y lo he hecho. He escrito la carta al Padre.”...

- El ingeniero se levantó con una leve sonrisa en la boca, casi forzada se podría haber dicho, y con un suspiro, que delataba, más que su alegría, su miedo por algo que podría haber pasado, comentó en voz baja:

-“Felicidades, Eustaquio, hoy has dado un gran paso, y te puedo asegurar que estás a punto a comenzar un aventura increíble... Dios te quiere mucho, y El Padre también”

-“Joder, Miguel, no te creas, que estoy acojonado por haber dado el paso, cuando viví en Sudamérica, nos decían que ser del Opus era más difícil que ser masón...”

-“Hay!, Eustaquio!, tantas son las cosas que debes de aprender como miembro casado del Instituto..., pero pronto estarás debidamente formado, y tú y toda tu familia seréis un baluarte de esta obra de Dios...”

-“Miguel, no sueñes tanto, si ni siquiera hemos podido tener hijos después de tantos años de casados.”

-“Precisamente por eso, debes de pedirle mucho a la Virgen que te ayude, y ofrecer muchas oraciones para que tu primogénito sea numerario...”

-“Pues eso, pues eso, lo que tu digas, que sea numerario...”

-“Te veo incrédulo, mira Eustaquio, vamos a hacer una apuesta, apostemos una cena a que tu hijo mayor, el día que lo tengas será numerario”

-“Pues, venga, como tú digas Miguel...”

De todo este escrito, la escena anterior es la única que no viví directamente, porque, como puede imaginar el lector, todavía no había nacido. Ójala esa conversación nunca hubiese existido, ojalá nunca mi padre hubiese escrito esa fatídica carta, y sobre todo, ¿quien le mandó al numerario de turno ponerle en la cabeza a este pobre señor que su hijo debía de ser numerario?

Para colmo de males, Eustaquio nunca fue un perdedor, definitivamente que no, y no se iba a dejar ganar esa apuesta.

Y es así como comienza la primera anécdota.

En alguna ciudad de provincia en España. Principios de los años 80

Si quereis jugar... os vais al parque
Edad de los protagonistas: alrededor de los 13-14
Tipo de ubicación: Apeadero de bachilleres

Quiero hablar en esta anécdota de las actividades de formación y en especial de los círculos de San Rafael en el Club YZW. La verdad es que los círculos al principio fueron muy populares. La Obra se encargó de mandar a unos auténticos “showmans” donde los viernes organizaban tremendas actividades entre ellas una llamada “círculo”.

Empezaban estos viernes a las 6.00 de la tarde con una opípara merienda, básicamente a base de donuts, bollicaos y palmeras de chocolate. Después llegaba el cura de no se sabe qué oscuro lugar y se encerraba en un cuartillo horrible (digo que era horrible porque daba grima; tenía unos sillones de vinil blanco como un hospital, todos los muebles eran blancos, las paredes eran blancas, la luz era muy tenue y el cura evidentemente, vestía de negro haciendo un contraste terrible). El individuo iba literalmente pescando a la gente, y los invitaba en tono de cachondeo a pasar por el cuartillo en cuestión.

- Ven pecador! (y hacía el ruido de un látigo chasqueando)

Nadie sabía el criterio que utilizaba pero estaba claro que tenía una agenda oculta mediante la cual iba llamando a la gente. Lo más interesante del caso es que los chavales no eran tontos. Sabían que si habían hablado con el cura la semana pasada, esta semana estaban seguros de que no les tocaría y podían disfrutar sin que les dieran la brasa ese viernes en la tarde. Si hacía varios viernes que el cura no les llamaba, merendaban y salían zumbando para su casa, para evitar ese desagradable encuentro con las fuerzas del bien.

A continuación, y después de darle al cura un margen de 1 hora para que pescara a sus anchas, a las 7.00 era el famoso circulo. Los muy habilidosos “showmans” habían logrado darle a esa charla un cierto halo de exclusividad y sólo podían ir unos pocos del club (vamos los pitables para que nos vamos a engañar), mientras los demás eran convenientemente entretenidos por preceptores de menor nivel en estupideces del tipo “Club De La Fotografía”, “Aeromodelismo”, “Periodismo”, “Electrónica”, “Biología” y vaya usted saber qué más chorradas de este tipo, donde nunca se fabricó ningún tipo de aparato que sirviera.

La atracción principal de la noche estaba en el club de la historias de miedo. Empezaba a las 8.00 y todo el mundo se juntaba en la sala de estar para oír esos cuentos fantásticos que gustaban a todos.

A las 9.00 se iban todos a su casa, bueno no exactamente, había 2 o 3 tíos que no se iban sino que se podían quedar a cenar. Estos eran los recién pitados que tenían ese privilegio, pero nadie sabía del porqué podían quedarse, y la verdad es que a la gente no le interesaba.

Durante unos meses el sistema les funcionó de maravilla, el club vivía lleno, todo el mundo parecía feliz... pero parece que nadie pasaba al otro lado, el lado de los preceptores...

Sin embargo, un viernes misteriosamente desapareció todo ese aparataje, incluyendo el cura que fue convenientemente sustituido por uno traído de “Wespoint” o de algún lugar similar, y surgieron de la nada otro grupo de preceptores que eran literalmente los tíos más aburridos y necios del mundo.

El primer viernes ocurrió algo inesperado. Estábamos todos los chavales jugando a un divertido deporte que alguien había inventado, era el famoso “fútbol de un toque” en la inmensa terraza de la casa, cuando de repente llegó el numerario de turno, y a grito pelado preguntó qué era aquel escándalo. Alguien le respondió que estábamos jugando, y su respuesta fue: “ A JUGAR... AL PARQUE”. Al club se venía a estudiar, a rezar , y a hablar con el cura (que plan tan bueno nos proponía para un viernes por la tarde, vaya.)

Este individuo el solito en unos pocos segundos, cavó la tumba de ese maravilloso club. La gran mayoría se fueron y no volvieron nunca más (que suerte !). Ójalá hubiese podido estar en ese grupo. Pero lamentablemente yo formaba parte del exclusivo grupo de ovejitas hijos de supernumerarios, que íbamos a estudiar, a rezar y a hablar con el cura. Por lo menos en mi caso... no me quedaba más remedio.

EDUCACIÓN SEXUAL 101

Edad de los protagonistas: alrededor de los 13-14
Tipo de ubicación: Apeadero de bachilleres

Ir a hablar con el cura en el Club era una auténtica tortura. El pobre Don Teobaldo De La Brasa era un especialista en la materia de las cosas de cintura para abajo. Recuerdo una de las primeras charlas con él.

-“Dime Alancourt, cual es tu defecto dominante”

Me quedé a cuadros con esa pregunta, mi defecto dominante,”pues la verdad es que no tengo ni idea...”

-“Venga Alancourt, tienes que tener alguno” me dijo

-“Que no Don Teobaldo, no se me ocurre ninguno...”

Se empezó a cabrear:

-“Venga, qué pasa que eres santo en vida?, algo malo tendrás...”

Había que salir de este tío rápidamente, y entonces le dije algo, que como me di cuenta después, fue un craso error:

-“Bueno, ahora que lo dice, la verdad es que tengo problemas de pereza...”

Para qué dije eso... al tío se le infló el pecho, y aparentando a un futbolista cuando va a realizar una jugada de estrategia ensayada durante muchos entrenamientos:

-“Pues no, ese no es tu defecto dominante...”

Aja, pensé yo, este tío me está tomando el pelo, primero quiere que se lo diga, y ahora dice que no, que ese no es ese mi defecto,

-“Tu defecto dominante es la pureza”.

Cojonudo pensé yo, y qué era eso de la pureza????

-“Y qué es eso? pregunté ingenuamente”

-“Venga no te hagas el tonto que aquí todos sabemos a que has venido...”

“Joder, he venido porque usted me sacó del partido de “fútbol de un toque” que estábamos jugando para que hablara con usted...”.

Lo más divertido del caso es que el hombre tenía claro que debía de limpiar al pitable de todas las inmundicias sexuales que tenía en la cabeza. Por cierto, en aquella época de tierno adolescente reconozco que no tenía ningún tipo de problemas de pureza gracias a la fantástica burbuja urdida por mis padres, y por lo tanto no tenía el más mínimo conocimiento de temas sexuales salvo algunas notas teóricas aprendidas en el “Pequeño Larousse Ilustrado”.

Pasaban los días y los temas que tocaba el cura iban subiendo de tono, y yo sin saber de que me hablaba aquél salvaje que insistía que había que ser sincero, y además afirmaba que sin ningún tipo de duda yo no estaba en gracia de Dios. Aquello era genial... le tomé un asco espectacular. Todavía al día de hoy me pongo extrañamente nervioso cuando cualquier persona me dice que quiere hablar conmigo en privado.

En todo este tema había un grave inconveniente, y era la gravedad de los delitos. Me explico. Si el cura me preguntaba “le has visto el trasero a alguna chavala?”, evidentemente mi respuesta era que sí. Bronca. Luego la semana siguiente te preguntaba si habías mirado el trasero a una chavala. Como la semana anterior te había echado la bronca, entonces le decías que no. Bronca de vuelta por decir mentiras. Llegaba un punto donde de verdad acababas loco con estas conversaciones absurdas. Sin embargo las mejores conversaciones tenían que ver con la televisión.

Este cura era un autentico maestro de la programación televisiva, y yo y mis amigos le llamábamos entre nosotros “Teleindiscreta” como la revista, porque el tío era todo un especialista en el género. Recuerdo que eran los años donde la televisión se estaba poniendo cada vez más caliente. Eran los años 80, donde Sabrina, la que cantaba “Boys, Boys, Boys”, enseñó una tetilla en un especial de noche vieja. El concurso “Un Dos Tres” estaba en pleno apogeo (con sus afamadas modelos en trajes de baño) y algunos viernes por la noche daban el famoso “Cine de Medianoche” con temas altamente peligrosos. Todos estos eran datos muy importantes para un chaval de nuestra edad, y Don Teobaldo De La Brasa se los conocía al dedillo, y el muy ruin iba directamente al grano:

-Viste el viernes pasado el “Un Dos Tres” dedicado a las fallas valencianas????

-Viste la pelicula “Bilbao” de Bigas Luna que pasaron por “Cine de Medianoche” (joder el tío te indicaba hasta el director y todo, qué salvaje!)

-Has visto el ultimo videoclip de Samantha Fox??? (Samatha quién?????)

Realmente fascinante, sobre todo porque el hombre te daba más información que el mejor de tus amigos, y por lo tanto te crecía una curiosidad terrible de ver todo aquello.

Otro tema muy interesante eran el de los pensamientos impuros, al cual una vez creces se le dicen “fantasías sexuales”, pero con 14 años siguen siendo pensamientos impuros... ya me entienden vamos.

En mi caso, mis pensamientos impuros no daban para mucho, principalmente por la falta de medios para alimentar mi cerebro, pero este señor terminaba abriéndote todo un nuevo horizonte en estos temas,

-“Háblame de tus pensamientos impuros...”

-“Que le hable de qué??”

-“Venga no seas cobarde y dime que piensas cuando te acuestas...”

-“Pues la verdad que en nada...”

-“Te crees que soy tonto... eh, yo también tuve tu edad sabes,... y sé lo que hacen las hormonas,... venga dime que te sueñas con chicas...”

-“Pues qué le voy a decir, soñar no sueño mucho con ellas, no..., la verdad es que no conozco a muchas que digamos.”

-“Eres el protagonista de esos pensamientos????”

-“Pero de qué hablamos de sueños, de pensamientos, etc....”

-“Son grupos de gente que intervienen?...” (vamos que le preguntaba a un pobre chaval de 14 años si soñaba con orgías... así como quien no quiere la cosa)

En fin la conversación podría seguir hasta infinito.

Acorralar al perro

Edad de los protagonistas: alrededor de los 14-15
Tipo de ubicación: Bellísima casa de retiros

Lo del cura en el cuartillo dando la brasa era una cosa. Un aislamiento total durante un fin de semana en el puente De La Inmaculada, era otra.

Es el sistema que yo bauticé como “Acorrarlar al perro” a raíz de un juego que suelo desarrollar con la perrita de mi casa. El juego consiste en que le grito “Ven aquí”, y ella se escapa, y yo la persigo. Ella, cuando uno la va a atrapar empieza a moverse a derecha e izquierda, hasta que logra un hueco y se escapa, así hasta que uno de los dos se rinde, normalmente el perseguidor (es que la edad no perdona).

Llega un momento, cuando de verdad es necesario capturar a la perrita, ya sea para bañarla o para encerrarla, que es necesario aplicar el llamado “Acorralar al perro”. Dado que es muy rápida, se necesitan dos personas. Cada uno ataca por un lado, uno a la izquierda, otra a la derecha, hasta que se siente arrinconada, y entonces la perrita se rinde, se tumba en el suelo y se deja capturar plácidamente. La primera vez que usamos el sistema pensé “Oh, se vino abajo como un pitable bajo la presión sicológica que le aplicamos” (explicación lógica: si le atacan por la izquierda y por la derecha, y por detrás de ella tiene la pared, sólo se puede escapar por adelante, y a nada que corra un poco puede pasar el cerco. Lo mismo que un pitable, si se para a pensar puede fácilmente escaparse (y seguro que muchos lo hacen, por otros como yo se rinden ante la presión).

Recuerdo como me engañaron vulgarmente para ir a aquella fatídica convivencia. El directo del círculo me anunció que había una convivencia chulísima que se desarrollaría en uno de los muchos puentes de fin de semana que había en aquellos días. Me dijo que iban fulanito, menganito, zutanito, en fin, que iba medio club. Yo, emocionado, llegué a mi casa y pedí permiso para ir. Evidentemente me lo dieron.

El jueves en cuestión en horas de la tarde llegué al club. Allí no estaban ni fulanito, ni menganito, ni zutanito, sólo yo y el director del círculo. Cuando le pregunté donde estaban los demás, el hombre me dijo que se habían acabado las plazas y como había sido el primero, había tenido la suerte de conseguir la última disponible (tremendo cuento, pero qué le íbamos a hacer).

El motivo de la convivencia era bastante misterioso. Era una convivencia de estudio. Cuando estás en 1º de BUP, el estudio no es que sea una gran prioridad. Me llevé unos pocos libros. Tomamos un autobús y tras un par de horas de viaje llegamos al lugar, después tomamos un taxi, y llegamos al imponente recinto donde se desarrollaba la convivencia.

Llegamos a la tertulia de la noche. Lo primero que me llamó la atención es que todo el mundo era muy mayor. Eran todos universitarios, por lo que me sentía “como un pulpo en un garaje”. Aquellos si que iban a estudiar, y a pitar claro, yo sólo iba a lo segundo.

Lo segundo que me extrañó era que el director del círculo me dijo que Chomin venía a hablar conmigo. Yo todavía no lo conocía, y de hecho, lo vi muy pocas veces después de aquello. Eso si que era raro. Aquello sonaba a feo muy feo, sólo faltaba que dijeran que el cura también venía para que aquello se terminara de joder.

Primer Round... no pasa nada

Esa noche me dejaron dormir tranquilo. Lo más curioso del caso es que el director del círculo me dijo que no me acostara hasta que llegara Chomin, que lo esperara, y que él se tenía que ir. Vaya, más cosas raras (nunca más volví a ver al director del círculo. El tío se esfumó para siempre, y de eso han pasado muchos años).

Se iba haciendo tarde. La mayor parte de la gente se había acostado, y Chomin no aparecía. Bueno, pensé yo en ese momento: esto es absurdo. Y fui y me acosté. Y así me gané la primera bronca pre – pitaje que tenía que haber encendido todas mis alarmas. Lo de la bronca fue lo mejor. Por la mañana, me llamó un tío que luego me enteré que era de la Delegación.

-Mira, tienes un momento ??...

-Pues si, tengo todos los que usted quiera, estoy bastante aburrido de hecho (y tenía que haber añadido... en esta convivencia de la PORRA, pero no lo hice)

-Oye, a ti no te dijeron que tenías que esperar a Chomin anoche ????...

Les respondí con cierta sorna adolescente:

-“Me acosté a pasadas las 12.00 de la noche... y no llegaba Chomin...”

-“Tienes que ser consciente, él ha venido de muy lejos a verte, y tú eres un maleducado porque no lo has esperado.”

Ahora viene el momento álgido de la conversación:

-“Lo siento pero el maleducado es él, que llegó a la hora que se le puso en los cojones”

-“Mira, primero no debes decir tacos... y segundo cómo te atreves a decir que Chomin, el Director del Centro Cultural Cacana es un maleducado???”

Lo miré a los ojos, y con mucho cariño le dije: “que te den dos duros, tío”, y me fui de su presencia.

Vamos, esto era increíble, no había pitado todavía y ya llevaba una bronca. Lo curioso del caso es que esta escena se repitió muchas veces en mi vida, véase la de mandar a los directores a freír espárragos. Tal vez sea de las pocas cosas que de verdad me pongan a millón, y es cuando alguien viene a abusar de su poder atendiendo a que uno no es nadie. Bueno, yo aguanté mis broncas, y ellos tuvieron que aguantar otras tantas respuestas mías.

Lo lógico en aquella situación hubiese sido irme para mi casa. Pero, estaba aislado con 14 años en una ciudad que no conocía. La pelea que duró 10 años, estaba a punto de comenzar.

Segundo round: el pitable se resiste

Chomin apareció por fin. Era un individuo alto, elegante, impecablemente vestido. Su aspecto era el de un intelectual especializado en alguna disciplina rara. Tenía unos finos bigotes que ocultaban parcialmente su cara, y unas formas extremadamente delicadas para un hombre normal.

Se reunió conmigo con un entusiasmo descomunal para la ocasión. Definitivamente era un especialista en su trabajo. Un auténtico maestro.

Recuerdo que nos sentamos en un banco situado en un lugar alto y apartado con vistas a la ciudad. Su misión estaba clara. Había que cumplir una meta, y lo iba a lograr. Se veía seguro de si mismo.

-“Dime qué te parece todo esto...”

-“Bueno la casa es impresionante. La comida esta buenísima y el comedor y las señores con su uniforme son como en las películas antiguas...”

Chomín sonrió.

-“No me refería a eso, me refiero a la vida en la Obra, a entregarte al Señor para siempre...”

-“Es algo muy bueno, ni digo que no, pero eso no es para mi...”

Silencio por parte de Chomin. Algo está fallando, hay que cambiar la estrategia.

-“Sabes que tus padres están muy ilusionados con tu vocación...”

Vaya, pensé, ahora yo tengo problemas. Esta atacando de forma dura.

-“Mira Chomin, es verdad es que todo esto está muy bien, pero es que yo no sé bien como es esto...”

-“Bueno, es normal que no estés claro, mira, vete al oratorio y léete el primer capítulo de Camino. Ya verás como tu dudas se resuelven...”

Me levanté zumbando. Tenía que acabar con aquella conversación de forma rápida o iba a terminar agotado.

-“Vale, Chomin, déjame irme al oratorio.”

Me fui al oratorio, busqué un lugar escondido y me clavé literalmente. Ahí mismo lo decidí. De ahí no me movía nadie. Ni Camino, ni leches, dejé el libro a un lado y empecé a hacer cálculos. Era viernes, aquello se terminaba el domingo a las 3 de la tarde. Tenía que aguantar... unas 52 horas... demasiado tiempo....

El estómago sin embargo me empezó a crujir. Estaba claro que no podía durar casi dos días metido en un oratorio.

Tercer round... empezamos con las excusas

La hora de la comida pasó tranquila. Excesivamente tranquila a mi modo de ver. Sin duda alguna parece que todos estábamos en lo mismo. Ahí nadie había ido a estudiar. Aquello era un trampa para todos. Aquello era o pitabas o pitabas, y todos habíamos pasado los primeros rounds.

La tertulia pasó igual de tranquila, y luego vino el rosario. Unos estaban sentados, otros paseaban, y empezé a cavilar como podría ganar tiempo. Mi cabeza generó un solución rápida. Aquella finca era enorme, y me empezé a alejar cada vez en mis paseillos, y finalmente terminé en una zona bastante desierta de la finca. Jajaja ! eso creía yo. De repente empecé a encontrarme gente por todas las esquinas. Un cura le daba la tabarra a uno, Chomín, "Oh sorpresa" estaba sentado con otro chaval en una zona muy remota.

Aquello era una auténtica zona de guerra. Todos atacaban. Según paseaba, rosario en mano, y podía ver la cara de todos aquellos muchachos, y eran auténticos poemas de dolor.

Chomín me vio, me saludó y me dijo, que suerte ! precisamente quería hablar contigo. Antes le dijo al que estaba con él, recuerda siéntate tranquilo y lee Camino.

Coño, había que hacer fila hasta para que te hablaran de pitar, esto era la leche!.

Chomin me agarró cariñosamente, y me dijo que fuéramos al banco de por la mañana. Se alegraba mucho por verme de nuevo en tan poco tiempo.

-"Bueno, entonces leiste Camino..."

-"Un poco..."

-"Camino, no se lee un poco, Camino es para meditarlo y saborearlo... es una auténtica joya espiritual, pero eso lo aprenderás con el tiempo..."

-"Dime entonces vas escribir la carta?"

Vaya hombre, ahora hay que escribir una carta...

-"Una carta para qué?"

-"Una carta para pedir la admisión"

-"No sabía que había que escribir una carta..."

"Pues ahora ya lo sabes..."

-"Entonces, ya lo tienes claro."

La cosa se estaba poniendo fea, había que inventar algo rápido, yo no quería nada de eso.

-"Pues la verdad es que no lo tengo muy claro, Camino en vez de abrirme la mente, me la ha cerrado más..."

-"Ya, bueno no tenemos mucho tiempo, tienes que escribir la carta ya..."

-"Es que no quiero hacerlo..."

-"Mira es la voluntad de Dios que lo hagas, que le vamos a hacer, te vas a enfrentar a Dios?"

Joder... aquello estaba que ardía.

-"Es que tengo que pensarlo..."

-"Bueno, lo mejor es que lo consultes con la almohada, y mañana temprano escribes la cartita..."

-"Está bien entonces, lo consultaré con la almohada (que consejito tan bueno)

Ese día no cené y me fui a la cama. Me encerré en mi cuarto y lloré. Los niños no lloran me repetía a mi mismo, mientras las lágrimas me salían a borbotones. La verdad es que no fueron ni las primeras lágrimas que eché en el Opus ni las últimas. Me sentía impotente. Era un prisionero. Me quedaban demasiadas horas por delante, y Chomin estaba claro que no pensaba ceder.

Veríamos que pasaba mañana.......

Cuarto Round: de numerario aquí y ahora

Me desperté de madrugada lleno de sudor. Aquello no podía estar pasando (todavía hoy me despierto a mitad de las noches asustado, la presión me agobiaba). Fui al baño común. Las luces estaban apagadas. Sin embargo, se veía que la zona de habitaciones estaba en plena actividad. Volviendo del baño, oí varias frases entrecortadas del tipo:

- "Paco, que no coño, que no doy para esto..."

Otro que decía:

- "Mi novia me va a matar y mi padre también si se entera..."

En fin, me consoló el saber que no era el único que las estaba pasando canutas.

Era sábado en la mañana. El dia estaba espléndido, y empecé a creer que podía llegar a tener un rayo de esperanza de poder escabullirme. Qué equivocado estaba.

Chomín me agarró poco después de desayunar, y volvimos al banquito famoso con vistas a la ciudad.

-"Mira, Ludwik, hace muchos años yo también estuve sentado en este banco, donde tu estás ahora, y al final me decidí a tomar la decisión del gran paso de mi vida..."

-"No, si verdad que la vocación es una cosa muy importante... y lo he pensado, y creéme estoy dispuesto a escribir la carta pero de supernumerario" (después de todo no hubiese sido tan mal hacerlo de esta manera pensaba yo en el momento).

-"Huy que alegría me das... pero no puede ser."

-"Y por qué?"

-"Mira, la Voluntad Divina es que lo hagas de numerario, y que te entregues de forma total... el matrimonio está muy bien, si no existiese tú y yo no estaríamos aquí, es verdad pero eso es para la clase de tropa como dice Camino"

-"Chomin, la verdad es que a mí no me importa ser clase de tropa, no tengo mucho interés en dirigir ejércitos..."

-"Ludwik, dejémos de perder el tiempo, tienes que pitar de numerario aquí y ahora... y punto"

-"Pero es que..."

Chomin estaba visiblemente molesto. Y me dio la impresión que o pitaba, o este tío me iba a dar una samanta de palos ahí mismo.

-"Nada, nada, agarra vete donde Ramón, el director de la convivencia, y dile que quieres pitar inmediatamente de numerario, venga."

Acojonado, me levanté como si tuviera un muelle en el culo. Me dí la vuelta, y me fui a buscar al tal Ramón el cual no sabía quien era. Eran apenas las doce del día.

Llegó la hora de la comida y el tal Ramón va y me espeta en el comedor:

-"Te estoy esperando para escribir la carta"

Qué manía le tomé! y qué manía le tuve durante 10 años (y le siguo teniendo)

-"Es que tengo que comer"...

-"Escribir la carta es más importante!", de que terminemos te vienes conmigo y se acabó!

-"Pues vale..." (qué remedio)

Al lado mío en el comedor se sentó un tío de la Delegación. Me dijo:

-"Qué suerte tienes... vas a ser el primer numerario de la convivencia !"

-Y por qué?

-"Bueno, han pitado varios, pero de supers..."

-Pues qué raro, porque me dijeron que no podía hacerlo de supernumerario"

El hombre habló bajito y me dijo:

-"Mira, lo que pasa es que a los chavales como tú, el Señor les pide todo, a estos tíos mayores, que tienen todos historias tristes, el Señor les pide otra cosa..."

-"Pero yo también tengo historias tristes..."

-"No te preocupes, las tuyas no son suficientemente tristes"

Terminamos de comer, y Ramón se me acercó y firmemente me dijo:

-"Te espero AHORA MISMO, en mi habitación"

Bueno...

Apago el cigarro.


Original