Teoría de los dos hemisferios cerebrales

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Por Savonarola, 1.12.2008


Hola a todos. Es la primera vez que escribo aquí, pero os leo con cierta asiduidad desde hace casi un año (más meses dentro que fuera…). En este primer escrito querría exponer una idea que podríamos llamar “teoría de los dos hemisferios cerebrales”, que recuerda un poco la famosa teoría de la doble de verdad que, al parecer, algunos (¿Averroes, Siger de Brabante?) defendieron en la Edad Media, y que, por supuesto, es criticada -y con razón- desde la teología católica.

Llevo un tiempo reflexionando sobre ello. Por supuesto, como casi todas las teorías que pretenden ilustrar fenómenos humanos, es una explicación orientativa, que ayuda a entender cosas pero no puede ser tomada como si de un teorema matemático se tratase. Consiste en lo siguiente. Pienso que la formación y el ambiente que se vive en la Obra va forjando en el “cerebro” de sus miembros como dos “hemisferios independientes” por así decir: aquel con el que uno razona de modo natural, con sentido común (y hasta sentido sobrenatural), y aquel que razona a partir de principios y criterios internos (internos, por supuesto, quiere decir “de dentro de la Obra”, de dónde si no…) que van consolidándose, casi imperceptiblemente. Creo que algunos ejemplos ayudarán a entender lo que quiero decir...

La primacía de la persona
Siguiendo la filosofía personalista y el pensamiento cristiano, que concuerda muy bien con ella, la realidad radical es la persona, cada persona. Es la única realidad provista de un valor y dignidad absolutos. A ella ha de ir dirigido cualquier esfuerzo, cualquier apostolado. El bien de cada persona es EL Bien. (sin olvidar cuestiones como que amar a cada persona sea amar a Dios, que Dios es un ser personal, que el mayor bien de la persona sea amar y por tanto amar a Dios, etc, etc). El caso es que esto, que cualquier fiel de la Prelatura defendería con pasión, ¿forma parte de la praxis habitual de la Obra? Desgraciadamente no. Muchísimas veces se actúa anteponiendo otras cosas. Es el caso de las “campañas apostólicas”. Lo que es subrayado es que se haga un plan apostólico diario (ahora que viene la novena imagino que serán dos o tres diarios), que se hable de pitar a n personas, de dirección espiritual a 2n personas, de confesión a 3n personas, y que se duplique el número de los asistentes a las meditaciones, a los circulos, que se tengan n conversaciones a la semana con los que frecuentan los medios de formación, etc, etc, etc. Para ello habrá que hablar con 4n, 5n o 10n personas. Lo decisivo es el resultado final. Y si uno le dedica demasiado tiempo a un amigo está mal visto, porque entorpece los objetivos. Y se funciona con el otro hemisferio cerebral. Tienen que pitar 500, ¡eso es lo importante! Uno de dentro me diría: “¡hombre, una cosa no es incompatible con la otra!” Pero todos hemos experimentado que, desgraciadamente sí que acaba siéndolo. No digamos ya cuando se trate del honor de un simple fiel en comparación con quien ostenta un cargo de representación de la institución. La institución nunca debe quedar mal, porque está por encima de las personas. Esa es la razón por la que la Obra nunca reconoce errores. In genere sí, por supuesto (todos cometemos errores, bla, bla, bla) pero en concreto, ¿se ha reconocido alguna vez algún error?
La filiación divina
Ya sabemos que no es privativa del Opus Dei, pero la mayoría de nosotros lo hemos aprendido ahí: la filiación divina como fundamento de la vida cristiana. Pase lo que pase, somos hijos de Dios, Dios es un Padre misericordioso, etc. Nunca pasa nada, y si pasa qué importa, y si importa qué pasa. Bien, pues esto parece que deja de ser cierto cuando se trata de cosas como la no perseverancia. Entonces opera el otro hemisferio: pasa algo, que además importa, y mucho. La misericordia de Dios parece volverse limitada y su paternidad poco menos que la de un padrastro (de los malos, claro).
Actitud hacia los que se van
De cien almas, nos interesan las cien. Cuánto más las de aquellos que “fueron nuestros hermanos” (ya no lo somos, al parecer). No se debe juzgar a nadie… pero si alguien se fue… ya sabemos lo que se piensa de él. Y no se va a hacer gran cosa por preocuparse de él (lo importante es cada persona, ya se sabe). Si a uno se le ocurre “¿que será de fulanito?”, lo más que hará será preguntarle al director (lo importante es vivir los criterios institucionales) para ver si es “conveniente” llamarle o no. O uno piensa “ya habrá un encargado de tratarle”. Como si hubiera encargados de amar al prójimo.

Lo curioso es que uno es capaz de convivir con los dos hemisferios durante años sin mayor problema, con una especie de esquizofrenia que, curiosamente, sería inaceptable con los criterios de unidad de vida que se predican en la Obra. Lo cual es un hecho que confirma la teoría: por un lado se critica la teoría de la doble verdad y por otro lado se practica abundantemente.

Me interesa y preocupa entender cómo se ha llegado a eso en el Opus Dei. Es decir, ¿cómo es posible que se dé ese fenómeno tan contradictorio? Cualquiera de dentro, con un poco de formación, rechazaría de plano ese modo de funcionar y, sin embargo, creo que funciona con él. ¿Cómo es eso posible?

Lo dejaré aquí porque para ser un primer escrito me ha salido un poco largo. Sorry.



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