Supernumerarias. Hijos en la Obra

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Por Blanc, 22.01.2007


Esta semana he leído varios escritos que hacían referencia al tema de las familias numerosas, lo que me ha hecho recordar... Haré referencia a las supernumerarias que es lo que me ha tocado vivir de cerca, no se me ofendan los super de la sección de varones porque hay 5.000 km. de distancia, y ya se sabe que marido y mujer no han de comentar nada en cuanto a las directrices que se les indican respecto de apostolados, encargos apostólicos, mucho menos de la dirección espiritual, por lo tanto ignoro ese terreno.

Bien, he pasado por grupos (denominación en la que se agrupa a las super para recibir los medios de formación, y porque como hermanas han de ayudarse, corregirse... para lo que se utilizan los medios del puchero que según nos repiten son los mismos para todas las vocaciones) de jóvenes y mayores. Cuando comenzó mi época de rebeldía, según me indicaba mi Directora y el Consejo Local, se me pasó a un grupo de sexagenarias y octogenarias que me dio la posibilidad de conocer aspectos que de lo contrario nunca hubiera llegado a enterarme. En la última época recuerdo que durante el círculo semanal, observaba sus rostros que mostraban la preocupación, cansancio, y tristeza a veces por cuestiones como la boda civil de un hijo, que a cualquier otra mujer no le hubiera supuesto la vergüenza, preocupación y desespero de que su hijo/a se iba a ir derechito al Infierno, no digamos si la hija/o vivía en concubinato, o el colmo de la desgracia había abandonado la Obra, recordemos que todos hemos pedido al Señor “antes morir que traicionar”...

A cualquier miembro de la Obra se le exige que tenga un Currículo alucinante, así una super perfecta será en este orden:

  1. Familia numerosa (hijos los que Dios quiera, pero cuando Dios no quiere, se le insiste para que vaya al médico, se hacen rogativas especiales por el grupo, se le atosiga preguntándole).
  2. Si es joven, licenciatura, trabajo, incluso se acuñó un término que suponía una categoría especial “profesional”, aquí se incluía con orgullo tanto a super como numes.
  3. Hay que estar guapa, somos pocos, por ello, hay que brillar en la Sociedad. Imaginemos profesional que va a impartir una conferencia se le pregunta hasta el modelito que se va a poner, si se va a cualquier acto social lo mismo. Eso sí, sobriedad, nada de Prety Woman (ropa que por ajustada no se debía poner), faja cuando una tenía más de 40, maquillaje sin excesos, pero obligatorio que no somos monjas... Prohibidísimo ser una mujer bombón, no es elegante y va en contra de la dignidad de una hija de Dios y puede ser ocasión de pecado. El estilo era clásico y elegante. Cuando vi el video de amo a Laura, reconocí el estilo. http://www.youtube.com/watch?v=nuchodZMEps
  4. Hubo un momento en que todas vestíamos igual, teníamos el mismo aspecto, hubo indicaciones al respecto, por aquello de la diversidad, pero no se consiguió.
  5. Sonrisa profiden, vivir la alegría, una puede estar rota de tristeza que cuando alguien pregunta, salvo directora o cura, responderá con su mejor sonrisa muy bien. Los hijos pueden estar llenos de suspensos o con alguna de las secuelas que hemos leído y a las que me remito en la página, pero contestará: “de maravilla”.

Con todo esto hay una imagen pública: madre joven, profesional, familia numerosa, trabajo de responsabilidad, siempre arreglada y alegre, la envidia del vecindario. Pero ¿qué hay detrás de esa perfección que parece la mujer 10? No quiero generalizar, pero lo que yo he visto es: mujer rota de trabajo, que hace milagros en la economía doméstica, que raciona la comida, que muchas veces comen sólo primer plato, que no se permite nada para ella, porque no llega a final de mes. Eso sí, luego su Directora le hablará de la dignidad, del señorío, en resumen de que su aspecto desdice... Y la pobre supernumeraria que muchas veces se encuentra en tratamiento psiquiátrico, porque tiene problemas con el marido (harto de que cada vez que se acerca a su mujercita le viene un niño, incluso sé de alguno que abandonó la Obra por este motivo) problemas en el trabajo, porque está tan cansada que no se entera y permanentemente embarazada, que debe ir a la Convivencia por encima de todo, que debe llegar a pagar los Colegios carísimos (aunque parte de sus hijos estén becados), los Clubes, las convivencias de sus hijos, la aportación mensual, el encargo apostólico... Y la pobre se dice, claro que me gustaría ser tan distinguida y elegante como la Reina, Covadonga Oshea, su hermana Paloma, o Esperanza Aguirre... El Ranking de mejor vestidas en la Obra no lo ocupan ni Jennifer López, ni Penélope Cruz, ni siquiera la Preisler... Pero realmente hay milagros, porque Dios es bueno y se apiada de su pobre hija y hace de hada madrina, y le presta el señorío que muchas marquesas querrían y está guapa, y exquisita. Aunque sigue cansada hasta la extenuación, y a veces también enferma, pero sonríe hasta que le duelen las mejillas, y no es broma.

Ahora unas anécdotas para ilustrar lo anterior.

  1. Conocí a una de estas super estrellas que la Obra muestra como el ideal de mujer, y que suponen un espejo en el que se han de mirar el resto de las mujeres. De cara a la galería tenía todo: hijos preciosos, un marido, bueno, guapo, y bien situado. Ella tenía un trabajo de responsabilidad e influencia, era buena, inteligente, guapa y divertida. Recuerdo una noche que me llamó para pedirme consejo, no podía ir a la Convivencia, su marido se oponía y por las imposiciones de la Obra tenía problemas con él. Su médico le había indicado que tenía los nervios rotos, le había aconsejado que no acudiese... Además de con quien dejaba a sus hijos pequeños, el embarazo no estaba siendo bueno... Le dije que no fuera, intenté tranquilizarla, porque lloraba amargamente. Al día siguiente llamé a mi Directora que era la del Centro, para comentarle el problema, recibo bronca increíble, porque mi sugerencia de que no acudiera había sido en contra de la decisión del Consejo local. Como me rebelé, me colgó el teléfono.
  2. Ahora para desengrasar algo más leve. En aquel momento estaba en un grupo de super solteras jóvenes, yo era la mayor y la celadora (la hermana mayor); así que como una de las niñas iba a contraer matrimonio, me informa la Directora del Centro -que también era la mía- que tenía que hablarle del uso del matrimonio y acompañarla a comprar la ropa interior, porque con la tele y el ambiente, no fuera a adquirir algo que no fuera adecuado. Aclaro para los que no hayan frecuentado la Obra que sólo se refería a lencería procaz. Así que me entró un no se qué, porque me decía yo a mí misma: ¿y qué le cuento yo a esta niña?. Después se resolvió en una agradable tarde de compras con chocolate y bizcochos incluido; la niña se compró ropa en tonos blanco y pastel llena de lacitos y puntillitas, pero nos recorrimos toda la ciudad buscando que no fuera transparente.



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