Soy supernumeraria desde hace casi tres lustros

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Por Flor en el Atico, 14.04.2008


Quiero confesar que la primera vez que "caí" en opus libros me escandalicé y me enojé. Después he reflexionado y en realidad me parece muy bién que exista un lugar donde las personas puedan expresar todos los sentimientos, conflictos y dolores que les ha hecho pasar su salida del opus Dei.

Yo les entiéndo a todos perfectamente, aunque no lo crean, he tenido mis crisis en las que he querido mandar todo por un tubo y dejar de aguantar las "torturas morales" a las que todos los miembros tarde o temprano hemos sido sometidos.

Sigo siendo miembro de la Obra, principalmente porque aunque podría parecer "de mal espíritu", he aprendido a dejar que manejen mi vida hasta donde yo lo permito. Estoy demasiado conciente de que las directoras son completamente humanas, y que se pueden equivocar con toda la facilidad del mundo. Lo de la "gracia de estado" que tanto predican es muy subjetiva. En todo caso, yo tengo la "gracia de estado" de ser mamá, y he metido toda la pata muchas veces con mis hijos. Lo justo sería pensar que los numerarios y numerarias generalmente entran a la Obra demasiado tiernitos; en mi caso no se de ningun@ que haya pitado de numerari@ ya grandecito, por esto mismo crecen y maduran en un mundo un tanto cuanto irreal, y por muy preparados que estén (o que se sientan estar), pues tienen una percepción del mundo digamos que un poco fantasiosa.

Finalmente, Dios a cada persona le dió el don del disciernimiento, entiéndo que los que han tomado la valiente decisión de "despitar", irse de casa o como le quieran llamar, en algún momento de su vida hicieron uso de ese don, y prefirieron dejar la vocación al Opus Dei por la paz. Aquí lo grave, y en lo que nunca he podido estar de acuerdo con las directoras es que todo el asunto de irse conlleva un drama espantoso, con mucho llanto, mucho aspaviénto y mucho rasgarse las vestiduras por parte de las direcciones. El o la que se va, se lo hace sin nada, algunas veces hasta sin dignidad y encima de todo con el cargo de conciencia de que ha hecho algo malísimo.

A mi forma de ver, lo único que tenemos realmente inviolable los seres humanos es el libre albedrío. Dios nos lo dió, y El Mismo lo respeta a toda costa. No puedo comprender cómo los seres humanos algunas veces nos sentimos más que Dios y queremos interferir en el libre albedrío de los demás. Dejar de ser del Opus Dei, o dejar de ser fraile o monja, incluso sacerdote no es un delito. La Iglesia no lo castiga. Quien deja de serlo sigue siéndo hijo de Dios con todas las obligaciones y prerrogativas que esto implica. El problema es que los que están alrededor quieren hacer sentir que quien no comparte sus convicciones está completamente equivocado y hasta merecería el infierno. ¡Que pena!, creo que el mundo sería mucho mejor, si respetáramos a cada persona que pasa por nuestro lado, finalmente si Dios nos quiere tal y como somos, sería hermoso que nosotros hiciéramos lo mismo.

De verdad me da mucha pena todo el sufrimiento (innecesario) que han tenido que soportar todos los que han dejado la Obra. Estoy convencida de que tuvieron las suficientes razones para hacerlo, que no lo hicieron por darle la lata a la Obra y mucho menos por tener mal espíritu, que en algunos casos perdieron muchísimo más de lo que ganaron, y que algunos arrastran todavía un gran pesar. ¡Animo!, la vida continúa y ya demostraron todos los que se fueron que tienen un valor superior, la vida a todos nos depara cosas buenas y ustedes se merecen todo lo bueno que la vida puede dar.

Por mi parte, a todos ustedes les pido que recen por mi, y por todos esos directores y directoras que les amargaron la vida. Ell@s van a tener que responder allá arriba de todas las calamidades que ocasionaron en las almas, y Dios tomará en cuenta el sufrimiento de quienes las padecieron.

Un beso para todos, con todo mi cariño



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