Sobre los informes, el sigilo sacramental y lo que me pasó en el Vicariato de Munich

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Por Heidi Berger, 10 de diciembre de 2007


Quizá le resulte extraño a Otaluto, pero en los 18 años que estuve yo en la opusdedei nadie nunca sintió la necesidad de justicia??? de confianza reciproca??? de sinceridad salvaje??? y me explico que lo que decía yo en la charla, lo que comentaba "de vez en cuando" a la directora, lo que hablaba con el sacerdote, lo que se veía de mí en la vida de familia (o dejaba de verse, mira tú el tamaño del iceberg que terminó con el Titanic) y alguna vez (quiero creer que fue solo "alguna vez") aquellas cosas "gordas"J) de las que me confesaba, se registraba, escribía, era "llevado a la oración" por el resto del consejo local de mi centro y se informaba a "instancias superiores", aquí, a la asesoría, ya que a causas de la poca densidad de población no hay delegaciones. De mi -y eso que fui una bastante pringada- tengo constancia de que por lo menos en un caso concreto se llegó con el informe a Roma.

Vayamos por partes. Se me tachará de inocentona, soy de las que se acercó a la obra siendo una niña y me creí la película del cariño auténtico, de la vida de familia y que Dios quería todo aquello para mi! A medida que pasaban los años crecía en mí el descontento, la sensación de llevar una vida muy vacía y sin sentido...

Me sentía muy hipócrita: queria ser santa y estaba allí, "perdiendo el tiempo" ante Dios y antes mis hermanos los hombres (me refiero a la raza humana, y no a la panda opus) En fin, daría para otro escrito pero si yo por voluntad divina tenia que santificarme en el cumplimiento de mi trabajo profesional, estaba haciendo bien pero bien el ridículo. Curiosamente no aprendí a trabajar con nivel en el opusdei, aprendí a moverme de un lado para otro, a sacar varias cosas adelante al mismo tiempo y a tapar con elegancia las que no hacia... pero con sentido profesional poco tenia que ver todo aquello. Cuidado: no le estoy echando la culpa solo a la institución, claro que somos responsables de nuestros actos, pero yo había entregado mi vida, confiaba en que me ayudarían a ser santa (visto ahora, qué estafa y qué risa) y quizá me hayan ayudado en mucho, quién sabe, por lo pronto puedo afirmar rotundamente que no me ayudaron a ser buena profesional. Pero esto da para otro correo. Los que me conocen saben el salto profesional que di al dejar la obra, y eso que por mi allí no dan ni un céntimo.

Decía que con el paso de los años crecía el descontento a la par de que cada vez más perdía la confianza en la directoras (a todos los niveles) porque si bien intentaba ser "sinceramente salvaje" y aquel "no pasa nada...." a medida que pasaban cosas sí que notaba reacciones, respuestas, conductas que me hicieron intuir que había "gato encerrado". Fue cuando descubrí, por ejemplo, que las que pertenecían al consejo local hacían la lectura y llevaban escritos a la oración (Glosas y Vademecunes que están en los documentos internos) a los que yo no tenía acceso. Recuerdo que comenté a la directora mi disgusto por esta norma, ya que poco antes había echo la fidelidad y me había comprometido a vivir con mucha lealtad el espíritu de la obra y fomentar la unión con las directoras... En fin, otro chasco. Además argumentaba, si somos una familia y si se nos repite machaconamente que todas llevamos la misma responsabilidad en los hombros por "sacar la obra adelante" y que daba igual si acabábamos de escribir la carta, si habíamos estado en Roma o lo que sea... en teoría de todas se pedía y esperaba lo mismo. La directora me contestó que ella tampoco tenia acceso a papeles y legajos que yo utilizaba diariamente en la empresa X en la que trabajaba. Cuando dije que mi unión con la empresa era "contractual" (en el sentido, yo trabajaba allí y ellos a fin de mes me pagaban) y que si la obra era mi familia, y supuestamente la misma familia en la que vivía la directora, entonces, por que no comíamos todas del mismo puchero? Nunca obtuve respuesta.

También para ser justa a los hechos históricos tengo que comentar que poco después se cambio a la directora de mi centro por una que llegaba "fresquita" de Roma a la que conocía yo hacia años y le tenia mucha confianza. Volví a sacar el tema. Y ella me dio la razón, e incluso me comento que estando en Roma lo había consultado con la mismisima Qüiqüimg.... pero que lo sentía mucho, las cosas eran así. Mi falta de crítica madura a normas sin sentido y la sinceridad de esta directora me tranquilizaron en el sentido que me di por vencida, deje de cuestionarlo y pase el tema "ad acta".

Peeeero, nuestro corazón muchas veces sabe más y en mi caso reaccionó más sanamente que mi cabeza. Si bien me habían dado un "argumento" (que poco ambicioso de mi parte, verdad?) yo palpaba que aquello de la sinceridad salvaje no era recíproco, yo podía decir o no decir las cosas, confesarme de no haber sido sincera en esto y aquello y correr a la directora a decirle que... en fin, que todo el juego de la sinceridad era una camino de ida de mi parte, pero sin regreso por parte de las directoras. Y empecé a dudar seriamente de todo lo que se movía "detras del telón" Hasta ese momento solo lo intuía.

Creo que para tranquilizarme, para darme la sensación de que se me tomaba en serio o quien sabe por qué, el asunto es que poco después de esta crisis se me pidió formar parte del consejo local durante un curso anual de numerarias. Como detalle "gracioso" comentar que los primeros días del curso anual me empaché de glosas y vademecunes, quería saber que era todo aquello y saciar mi sana curiosidad (era mi familia, el espíritu que yo creía emanado por Dios para ser santa!).

En ese curso anual vi confirmado aquello que intuía. En las conversaciones diarias que llevábamos en el consejo local me enteré de aquello que fulanita hizo hace 20 años, de lo mal que reaccionó zutanita hace X años cuando se le pidió esto y aquello.... quedé horrorizada. Comencé a comprender por qué algunas "mayores", que habían llevado durante años cargos de gobierno y ahora estaban en standby eran cínicas, desconfiadas con las demás, bordes en la vida de familia... Claro! Perdón el tono pero habían rajado años sobre sus hermanas-clientas y sabían mejor que nadie qué es lo que pasaba en dirección cuando se cerraba la puerta del despacho y nos reuníamos! Estaba claro que Dios "perdona y olvida" pero la obra y sus órganos de dirección ¡jamás!

Quizá para cerrar este tema comentar que un tiempo después en el consejo local de agregadas del que formaba parte tuve que leer un informe sobre la falta de aptitud de una candidata para hacer la fidelidad. Si bien estaba convencida yo de que la obra no era su sitio, en aquel informe no dejábamos nada bien parado. Recuerdo una sensación de malestar interior por el contenido del escrito. Y recuerdo también qué ridículo me pareció en aquel momento lo que se nos decía constantemente referido a estos temas, que había que escribir informes de tal manera que si la interesada los leía se quedaría llena de agradecimiento (!!!????) Esta mujer no tenia nada que agradecernos de haber leído su informe. Y también pensé, si se escribe así de ella, en algún sitio habrá algo similar de mí...


Sobre el sigilo sacramental solo comentar que poco después de irme se pidió a las directoras "rezar por mi, ya que no vivía los mandamientos" Si bien es verdad que hasta el día de hoy sigo sin saber concretamente a lo que se referían, esta frasecita demuestra que en la praxis de la obra la confesión es un camino más para obtener información de la gente. Y que se la manosea bastante, porque dando esta información, aunque no se decía de que tema concreto se trataba (rejalgar? ;-) se daba entender que era licito gobernar con "materia" del sacramento. Y repito que tengo la conciencia muy tranquila y no sé a qué se referían, ya que con el sacerdote del centro no me confesaba hacía meses: visitaba a otro sacerdote de la obra que oía confesiones en una parroquia y poco después -los ultimos meses de mi vida en la obra- comencé a confesarme y a pedir consejo a un jesuita de una parroquia muy conocida de Munich.


Y qué pasó en la diócesis? Ya hacia unos años que había dejado yo la obra. Se me pidió declarar como testigo en el proceso de nulidad de una persona a la que yo conocía. Y allí fui. Quedé impresionada con la delicadeza que se trataban temas muy personales. Yo conocía otra praxis de lo que creía "una partecica de la Iglesia" Durante la conversación el juez canónico notaba que yo sabía qué era aquello del "previo consentimiento", de la validez del vinculo, conocía el código de derecho canónico... En fin, el buen hombre estaba un podo mosca y me preguntó "de dónde sabe ud todo esto? es que es raro que una mujer, joven y de carrera de "números" estuviese tan informada. Contesté que había sido "algunos" años del opusdei y que allí estudiábamos estas cosas. Quedó pálido. Apagó la grabadora y me dijo "podemos hablar de la obra cuando terminemos con el proceso?" Y así lo hicimos. Como este sacerdote sabía castellano le mostré cómo entrar a los documentos internos publicados en la web, desconocidos por el obispo, la diócesis y el Vaticano. Y hablamos mucho -el tenía mucha información, sabía bastante de la obra y sus "malas costumbres" y quería saber si en la praxis aquello era verdad. No quiero extenderme más, pero al hablar de los abusos en la dirección espiritual y mientras me explicaba cómo esta praxis está reglamentada en la Iglesia Católica me dijo "típico de la gente del opusdei: se pasan los veranos estudiando dogmática, teología sacramentaria y una larga lista de etc y desconocen los derechos y deberes mas fundamentales en la Iglesia" Fue la primera vez que oí que yo tenía "debers" con la Iglesia, y que también se resguardaba por mis "derechos", aunque todavía se cante en las tertulias lo de "tener el derecho de no tener ya ningún derecho". De esta conversación me quedó claro que una cosa es la obra y una muy distinta la Iglesia. Y también me consta que la información obtenida llegó a Roma mas rápido que los conocidos tentáculos -no quiero dar mas pistas, hace ya unos años de lo que relato, y todo está donde tiene que estar.



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