Sobre los agregados, ¿por qué siempre tan insultados?

From Opus Dei info
Jump to navigation Jump to search

Por Armando, 29.08.2008


Muy sugerentes los artículos que se han publicado referente a los agregados, suscitados por el comentario de alguien que los descalificó de entrada. Todos son de resaltar pero especialmente el de Heavy que puso la guinda a la tarta y Nachof, quien nos narra hechos sumamente interesantes y que cuando uno está dentro, no tiene conocimiento alguno de los mismos.

Yo fui agregado durante 19 años, por circunstancias laborales me tocó conocer algunos centros de agregados en varios países del mundo, asimismo ir a países donde eran los auténticos desconocidos. Me viene el recuerdo de una vez que estando en Cracovia, fui presentado a un nutrido grupo de supernumerarios como “el agregado”, ante los ojos de asombro de los que terminaban en ese momento, su retiro mensual.

Previamente “el agregado” que era su servidor en aquel entonces, había estado en la meditación, repartido los folletitos para los cantos y ayudado en la bendición. En otros lugares recibía los medios de formación segregado, porque al ser agregado no podía entrar al círculo con los numerarios, pero oh sorpresa, ellos sí podían acudir a los nuestros.

Estuve adscrito a un centro en el que llegamos a ser tres los agregados con doctorado, dos por universidades públicas españolas y el otro por la Universidad de Navarra. Obviamente los tres con publicaciones en revistas nacionales e internacionales sobre los respectivos temas de la especialidad, con una actividad académica ingente y aún con todo, relegados a un segundo plano en el centro porque era a la vez, un centro de numerarios.

En este lugar que os comento la mentalidad para con el agregado era como el que se tenía para con las numerarias auxiliares; nunca podíamos ir solos a nada, siempre acompañados por un numerario, muchas veces recién pitado y con apenas dos asignaturas aprobadas en la universidad. Esto último no lo digo despectivamente sino para tener un contraste que nos permita apreciar la disparidad señalada en uno de los artículos recientes.

Pero recuerdo con particular cariño al grupo de agregados mayores al que estuve adscrito por casi cinco años. Entre ellos habían profesionales con carreras terminadas y ejerciendo su profesión, otros jubilados que no por ello dejaban de trabajar, personas de 70 u 80 años a quienes enviaban a los lugares más recónditos de la delegación, sitios que no eran apetecidos por los numerarios, ni siquiera por los de a pie. Estos agregados son gente entregada, con un espíritu de servicio impresionante pero sobre todo, con un conocimiento de la realidad tanto interna como externa, asombrosa.

Me conmovía ver la forma en que vivían: solos, sin un momento de respiro, en pisos un tanto descuidados, apoyándose mutuamente en la mejor forma que podían. De ellos solo puedo hablar cosas positivas, porque hicieron que pasara los mejores años de mi vida en el opus dei. Jamás llegaría a pensar que fueran unos “catetos” como lo afirmó el autor de un texto de marras publicado acá, sino todo lo contario, personas nobles, recias, que creían en el ideal a pesar del desprecio al que eran sometidos una y otra vez.

En el centro al que estábamos adscritos todos, había una guerra interna porque los agregados nos comíamos la merienda de los numerarios. No olvidaré el día que acompañado de uno de los mayores, nos dirigíamos al comedor para merendar y escuchar que un numerario iracundo dijo que los agregados no deberíamos merendar en el centro, porque ni sabíamos comer y que no respetábamos que era comida para los numerarios. Este agregado mayor con mucha discreción me invitó a merendar fuera.

Así podría seguir con anécdotas que ilustran de una manera gráfica la vida de un agregado que, como se ha comentado en uno de los artículos, nadie sabe realmente que son y por qué están dentro de la obra. Ante la falta de un criterio unificado, la forma de vida y de la formación que se les imparte varía de un lugar a otro. En algunos sitios las excursiones eran yendo todo el grupo al mismo sitio, siempre en caravana y ningún coche podía salirse del itinerario previsto. En otros hay opciones para elegir el destino y cada quien llega a su aire. Así también el criterio en cuanto a ver películas y televisión.

En este aspecto puedo señalar que mientras en unos lugares no podías ver nada si no era en compañía del numerario de turno, en otros, los agregados podíamos gozar de más autonomía tal es el caso del grupo de agregados mayores que he comentado. En este último grupo, hasta un salón para nuestro uso exclusivo existía en la casa y las tertulias que tuvimos fueron impresionantes, unos debates de política tanto nacional como internacional de altura, hasta con pasión diría yo, esto mientras mirábamos el “informe semanal” .

En lo que si encontré unificación de criterio fue con los regalos de Navidad o Reyes, según fuera la celebración que se resaltara en el país respectivo. En uno como en el otro la norma era un regalo de broma y dos serios, el monto a invertir en los mismos era menor que lo invertido para los numerarios, la calidad era inferior y así, para dejar claro que no podía ser que un agregado recibiera un regalo del Niño Dios o de los Reyes Magos superior al de un numerario.

Concluyo con un agradecimiento a todos aquellos que han escrito sobre los agregados acá, porque son –fuimos- los grandes desconocidos, los relegados, los que siempre estábamos en calidad de “añadidos” en las labores.


Original