Sobre las mentiras del prelado en su carta de octubre 2011

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Por Simple-mente, 19.10.2011


Me gustaría aportar mi pequeña experiencia como supernumerario en el poco tiempo que estuve en la obra, en relación con los comentarios del prelado en su carta de octubre sobre que en el opus dei no coincide en la misma persona labores de dirección espiritual y labores de gobierno.

En mi caso, desde la admisión (hace hoy algo más de dos años), todo el proceso de formación que recibí del director del centro se dirigía fundamentalmente a entender que mi obligación era obedecer, y que esa obediencia se concretaba en la práctica en obedecerle a él, que era el director del centro. Por supuesto esa formación estaba astutamente adornada de apariencia de doctrina católica, valores humanos, espiritualidad, etc., pero la realidad es que el plano inclinado llevaba poco a poco hacia la obediencia ciega al director. Recuerdo un símil que utilizó un día al explicarme la obediencia en la obra, refiriéndose a la obediencia de un empleado a un jefe en una empresa...

También me instruyó en que una vez a la semana, él mismo sería el encargado de recibir la charla fraterna, donde comentaríamos mi situación espiritual. Las charlas semanales comenzaban repasando mi estado del alma con el esquema fe, pureza y vocación. No obstante sí que me di cuenta de que para este director esta parte espiritual era un mero medio para pasar en seguida al tema de gobierno como "qué tal fulanito, podías llamarle", "cómo va lo de menganito". En los últimos meses incluso me llamaba por teléfono a la oficina a media mañana, en pleno trabajo, diciéndome "oye, que estaba pensando que por qué no llamas a zutanito, el que vive en tu barrio". ¡Y llevaba sólo un año y medio en la obra! No quiero imaginarme cómo hubiese sido si hubiera estado muchos más años.

Un buen día me llegó un e-mail del director con el asunto "Encargo". En este e-mail decía de forma muy seca "recuérdame cuando estés aquí que te hable de un encargo que tengo para ti". Cuando llegué al centro, cuál fue mi sorpresa que el encargo que tenía para mí era realizar, totalmente gratis, un proyecto por el que yo cobro en el mercado. La manera de pedirme este encargo fue de manera seca, rápida y con cara de cierto desdén, como remarcando indirectamente que se trataba de una orden. No contento con eso me puso de plazo ese mismo fin de semana, a lo que le dije "hombre, tanto como para el fin de semana". Noté que este comentario le molestó, pero se salió por la tangente. En la siguiente charla semanal me di cuenta que de manera indirecta me echaba una reprimenda de como en la obra es muy importante que cuando se hace un encargo se ponga buena cara y no excusas... ¡y sólo por decir "hombre, tanto como para el fin de semana"!

Un tiempo más tarde me dijo que tenía que hacer la oblación. Yo pensaba que ya había entrado en la obra completamente y no tenía ni idea de que me quedaba un paso más. Me dijo sin más que tenía que hacer la oblación, sin explicarme ni en qué consistía ni nada. Así que me vi obligado a decirle que me enseñara antes qué es lo que iba a firmar (pensaba que habría que firmar un contrato, no tenía ni idea de que fuese verbal). Si no le digo que me lo enseñe antes, me hubiese ido a hacer la oblación sin saber ni el texto que iba a decir ni a qué me comprometía. Me dijo que podía enseñarme el texto de la oblación, pero que lo podía leer en el oratorio, que no me podía llevar el papel a casa (qué ridiculez por cierto).

Del texto me llamó la atención que decía que me comprometía a:

"Estar bajo la jurisdicción del Prelado y de las demás autoridades competentes de la Prelatura para dedicarme fielmente a todo aquello que se refiera al fin peculiar de la Prelatura".

Al salir del oratorio quise aclarar con el director esta frase y al preguntarle en qué se concretaba "estar bajo la jurisdicción del Prelado y de las demás autoridades competentes de la Prelatura" intentó engañarme saliéndose por la tangente diciendo que quería decir que para temas formales de doctrina había que actuar de acuerdo con las costumbres de la obra y no de otros movimientos de la Iglesia, por ejemplo comulgar en la boca y no en la mano. Cuando le dije que en esa frase no decía nada de eso, me volvió a intentar engañar diciéndome que se refería a que tenía que hacer todo en este centro y que no podía, por ejemplo, ir a un círculo a un centro distinto. Como le volví a insistir que en esa frase no decía eso, finalmente me dijo que "las demás autoridades competentes de la Prelatura", se refería a él mismo, el director del centro, al que tenía que obedecer en temas apostólicos.

Así que en mi caso concreto la labor de gobierno y de dirección espiritual coincidió totalmente en la misma persona. A día de hoy entiendo que esto se hace en la obra de manera intencionada porque el arma que tienen para que el dirigido obedezca es que la persona que ordena encargos sea la misma que realiza la dirección espiritual. Al conocer información íntima, se tiene más control emocional sobre el dirigido. Por otro lado se produce un sentimiento de culpa en el dirigido que facilita la obediencia.



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