Sobre la posible reforma del Opus Dei

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Por Josef Knecht, 12 de diciembre de 2007


Me ha interesado el artículo de Chispita (3.12.07), tan bien formulado, acerca de la conveniencia de reformar el Opus Dei. Es evidente que esa institución eclesiástica necesita una reforma que elimine los graves errores cometidos en ella y por ella. Y sobre esta cuestión desearía manifestar unas opiniones y propuestas.

Los responsables de promover la reforma han de ser las autoridades eclesiásticas de las que depende la actual prelatura personal del Opus Dei: la Sagrada Congregación para los Obispos, en colaboración con la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y quienes han de llevarla a cabo son los directores del Opus Dei y, en general, todos los que pertenecen a la Obra.

No me parece correcto que quienes se hayan desvinculado de la Obra participen en esa reforma. La aportación de los ex-miembros del Opus Dei, tanto si ahora son creyentes como si son agnósticos, debe limitarse –y no es poco– a dar testimonio de que la “versión oficial” que el Opus Dei da de sí mismo no responde a la realidad interna de lo que de veras se vive en la Obra. En mi opinión, esta denuncia es una seria obligación moral que recae sobre quienes hemos sido víctimas del engaño que en nuestras vidas ha operado el Opus Dei; los ex-miembros que ahora son creyentes realizan esa denuncia pensando en el bien de la Iglesia y de la sociedad entera; quienes ahora no son creyentes, aunque sólo lo hagan pensando en la sociedad civil, también ayudan a la Iglesia, pues la verdad es la misma para todos los efectos. El testimonio de un ex-miembro de la Obra, aunque haya dejado de ser creyente, también tiene validez para la Iglesia, pues es verdadero.

Los testimonios de los ex-miembros de la Obra, en cuanto que son verdaderos, prueban que algo (o mucho) funciona mal en esa institución y así alertan a las autoridades eclesiásticas para que éstas intervengan positivamente en orden a promover una profunda reforma en el Opus Dei. Pero ahí termina la aportación de los ex-miembros. ¿Por qué? Al menos, por dos motivos: 1º) Esa reforma sólo puede ser responsabilidad de quienes perseveran en la Obra; ellos desean vivir allí, y ese es su mundo y su vida; por consiguiente, a ellos corresponde asumir esa responsabilidad y llevarla a cumplimiento, siguiendo las indicaciones que les hagan llegar las autoridades eclesiásticas. 2º) Quienes nos hemos desvinculado de la Obra, tanto si somos creyentes como si somos agnósticos, hemos rehecho nuestra vida en parámetros muy distintos a los opusdeístas, tenemos otros asuntos en qué pensar y ya no estamos moralmente autorizados a intervenir en esa reforma; la Obra se ha convertido para nosotros en casa ajena, y debemos respetar su intimidad. En lo que a mí se refiere, no siento ninguna añoranza de la vida de la Obra, y no se me pasa por la cabeza la ocurrencia de regresar a esa institución por mucho que se reforme. Quien se desvincula de la Obra hace bien en plantearse la nueva etapa de su vida en contextos sociales y humanos ajenos al mundo opusdeístico: esa es mi modesta opinión y ha sido también mi práctica existencial, hasta ahora feliz, a Dios gracias. Esto es lo mejor para todos: para el desvinculado y para la Obra, lo cual no suprime la obligación moral de denunciar los graves errores cometidos –y padecidos personalmente– en el Opus Dei. Esa obligación sigue vigente, pese a habernos desvinculado de la Obra, porque así ayudamos a que otras personas no se dejen atrapar en las redes proselitistas de la Obra y porque así abrimos los ojos a las autoridades eclesiásticas y civiles a que investiguen lo que realmente el Opus Dei es y hace.

Por todo ello, qué aspectos de la Obra deben ser reformados corresponde decidirlo a la autoridad eclesiástica pertinente después de haberse informado y de haber investigado a fondo cómo es realmente la vida interna del Opus Dei. Los miembros del Opus Dei también pueden aportar sugerencias para esa finalidad. Pero los ex-miembros no debemos entrometernos en esa cuestión.

Y, por último, hago otra consideración. Dudo que, bajo el mandato de don Javier Echevarría, actual prelado del Opus Dei, pueda llevarse a cabo ninguna reforma de esa institución. Tal vez sí con su sucesor al frente de la Obra. No conozco mucho a don Javier, pero tengo la impresión de que no sea la persona más apta para reformar nada; parafraseando a Aristóteles, don Javier es un “motor inmóvil”, y con una mentalidad inmovilista no se puede emprender reforma alguna. Un primer paso para impulsar la reforma de la Obra sería destituir a don Javier Echevarría y nombrar al frente del Opus Dei un nuevo prelado; otra posibilidad es esperar a que cese de su cargo o fallezca. Pero, siendo él el prelado del Opus, no hay nada que hacer para reformarlo. Esta es una sugerencia importante.



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