Sobre la admirable forma que tiene la obra de tratar a los ex

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Por Dionisio, 8.06.2007


El lunes 4 de junio apareció en este escenario un comentario que quiso ser muy positivo sobre lo bien que han tratado los del opus a un exnumerario. Así en frío, dicho comentario me sonó a ciencia ficción o a la propaganda mentirosa habitual del opus. Pensé que era preferible no contestar a esa provocación, pero después me he puesto a pensar que puede ser cierto tal testimonio. Aunque, como ya ha pasado en otras ocasiones, nos dicen solo una parte de la historia, con la intención de confundir a los que no estén ya curtidos en las maniobras del lado oscuro.

Los elementos, que no nos han revelado, para que pudiera ser cierto el mentado testimonio, no son difíciles de descubrir...

Son aquellos que hacen que los directores en cuestión hagan un análisis de costo de la decisión. Maltratar al exnumerario significaba correr unos riesgos que no eran aceptables, como por ejemplo, que alguno de sus parientes numerarios (al menos tres hermanas) pudiera escandalizarse y, a su vez, largarse del lado oscuro. Sus padres, creo recordar que escribió, son supernumerarios ancianos, no sabemos su posición social, quizá no sean muy pobres y quizá estén dando una sabrosa aportación al opus. Ese hipotético dinero (poderoso caballero) podría ser otra razón por la cual valiera la pena aparentar humanidad con el exnumerario. Luego está el tema de que la ancianidad no dura para siempre y cuando la gente se muere sus bienes pasan a manos de otros, oportunidad que el opus valora extraordinariamente y suele aprovechar muy bien. Esa pareja de supernumerarios probablemente tenga alguna propiedad, quizá un modesto pisito al menos, que ha de valer muchos miles de euros. No va el opus a perder la oportunidad de darle un buen bocado a esa herencia por no haber dado unas migajas a un exnumerario. Posiblemente, la razón no sea ninguna de las expuestas en este párrafo, pero lo que es seguro es que hay truco en algún lado. El opus no da nada (apostolado de no dar) si no es por alguna razón muy poderosa. Pese a que algunos les suponen una bondad superior, en la dirección del opus hay muchos malos bichos, que serán malos, pero no son tontos y el dinero les gusta con locura.

De todas formas, y por si alguien quiere hacer una colección de historias positivas de cómo el opus trata a los que se van, voy a contar mi historia personal, porque es muy edificante, y si no la copian en la web oficial de la Prelatura del Opus Dei será solamente por humildad, para que la gente no sepa lo buenos que son, para que la mano izquierda no se entere de lo que hace la otra mano.

Cuando me largué, luego de casi treinta años de hacer el pendejo, di por supuesto que perdía mi trabajo en la obra corporativa en la que estaba, eso lo tenía asumido. Además mi marcha fue una fuga, con lo cual no tengo nada que objetar. Ahora la historia se complica un poco. Durante mucho tiempo, varias veces al año una obra corporativa de otro país me llamaba para colaborar con ellos en temas en los que yo soy especialista y en los que tenía carencias la dicha obra corporativa. Por supuesto también di por asumido que nunca más me volverían a invitar. Sin embargo, ocurrió algo interesante, que da pie para contar este edificante episodio. Un buen amigo, que no es del opus, y que también era invitado a colaborar de cuando en cuando en esa obra corporativa, me dijo que iba a hablar con un jefecillo de allá para que me invitaran otra vez y cobrar unos honorarios nada despreciables, cosa que no me vendría nada mal en los primeros duros meses después de la salida.

Yo, después de treinta años, ya sabía como son las cosas y le dije a mi amigo que gracias, pero que no se molestara, ya que lo único que iba a conseguir iba a ser que se enemistaran con él. No me hizo caso, así son los amigos, y habló con el jefecillo, Carlos, sobre volver a invitarme. ¡Oh, sorpresa! Carlos me invitó a volver. ¡Qué injustamente había desconfiado! Yo pensé que al final no son tan malos en el lado oscuro, y que, como era otro país, supuestamente, se evitaba toda posibilidad de escándalo a las ovejas del redil. Todo perfecto, fui para allá, estuve una semana trabajando, me hospedaron en un buen hotel y me pagaron un muy buen dinero. A cambio traté de hacer mi trabajo mejor que nunca y jamás abrí mi boca para decir cosa alguna que contrariase aunque levemente a los prelaturators del entorno. Regresé a mi casa, mantuve durante un cierto tiempo contacto telefónico y epistolar con Carlos, de colega a colega, todo iba bien. Hasta que empezamos a planear el siguiente viaje. Entonces, me dijo que nones, que los jefes (numerarios) le habían echado una bronca de las buenas por haberme invitado antes y que se acabó. No hubo más contactos. Fue demasiado bonito para ser cierto. Sin embargo comprendo que yo era un virus nocivo para aquella obra corporativa tan santa y llena de gracias sobrenaturales y humanas. Además castigando a Dionisio, cabía la posibilidad de que el muy infeliz recapacitara sobre su error y se arrepintiera, aunque ya no podría enmendarlo, ni con una vida de severa penitencia. Aprendí la lección.

Aún tengo otro episodio conmovedor. Mi novia de entonces, hoy mi esposa, trabajaba también en una obra corporativa del opus. En este trabajo habia obtenido una licencia temporal para aprovechar una beca que le concedía una institución extranjera. Así de tranquila estaba estudiando en otro país, cuando un día le llegó un e-mail de quien era su jefe en la obra corporativa para preguntarle si era cierto el chisme que le había llegado de que era la novia de Dionisio (yo) y que nos íbamos a casar. Cuando la luz de mis ojos respondió afirmativamente, el otro le dijo que la licencia temporal se la podía tomar definitiva y que no volviera. También le recomendó que pensara cuidadosamente eso de casarse conmigo. Yo soy confiado por naturaleza y no lo creo, pero hay gente que cree que con eso intentó disuadirla de cometer la locura de casarse con Dionisio. Menos mal que la madre de mis hijos no le hizo caso. Por parte del opus es, hay que reconocer, un bonito detalle para confirmar cuánto hacen por el bien de estos pobres infelices que somos los ex. A unos les buscan novia, a otros, presuntamente, se la quieren quitar. Y todo para mayor gloria de Dios y bien de las almas.

Sobre la atención espiritual también puedo aportar algo positivo para la buena imagen del opus. Fue que el cura de mi último centro, hombre con el que compartí muchos años y muchos intereses comunes, con el que hasta podría llegar a decir que había algo cercano a una amistad particular, hombre que cuando me fui quedó devastado, según me contaron otros, y que juró que nunca me abandonaría y haría lo que fuera necesario para que mi vida cristiana no se perdiese y pudiera ir al cielo; hombre afable y dulce, cariñoso. Pues a este pastor de almas, le envié, la primera Navidad que estuve fuera del lado oscuro, una cariñosa felicitación navideña. A ese gesto respondió tarde y secamente. Me pareció un poco chocante, pero uno nunca sabe. La consecuencia fue que yo no le volví a escribir esperando que fuera él quien diera el siguiente paso, por ejemplo una felicitación la Navidad siguiente, o el día de mi cumpleaños, que nunca se le olvidaba. Nada, todavía estoy esperando. ¿Por qué? No lo sé, solo doy el dato, cada uno que lo analice como quiera. Pero ¿verdad que son todos bonitos y nobles gestos de cómo trata la madre guapa la obra a los hijos que se van?

Pues nada, que Dios nos cuide a todos y nos mantenga lejos del lado oscuro.

Besos y abrazos a discreción.

Dionisio, que llora de la emoción cada vez que se acuerda de cuanto le quieren en el opus.



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