Sobre la Lealtad en el opusdei

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Por Agustina López de los Mozos, 26.11.2007


Quisiera dar mi opinión sobre el tema de la lealtad con el que comienza la carta de Morgana refiriéndose a la mía del pasado 14-XI. Yo la escribí a raíz de los consejos o apreciaciones que Morgana, el día 12, le daba a Mmz tras su salida de la obra. Pero el tema va más allá y no quiero personalizar, sólo quiero dejar en la web mi punto de vista a las directoras y directores que nos leen o tienen el encargo apostólico de "seguir" OpusLibros.

El sentido de la lealtad es un sentimiento o una correspondencia entre dos y debe ser recíproca. Yo soy leal a los amigos, sean o no de la obra, que se demuestran y se han demostrado leales conmigo, y viceversa. A quienes han pretendido ser amigos pero se han guardado cartas o ases bajo la manga, podría decir que les fui leal hasta que conocí sus verdaderas intenciones, y viceversa.

Analicemos cómo es la lealtad en la obra. Existe un chiste o una broma que bien puede hacer entender lo que quiero decir. Contaba uno:

-Tengo un amigo que dice que se le aparece Dios todos los viernes por la tarde.

Y otro le responde:

- ¿Pero cómo vas a confiar en un tipo que dice semejante tontería?

- ¡¡Pues confío en él porque se le aparece Dios todos los viernes por la tarde!!...

Me pregunto si la obra es leal con las personas y mi respuesta es NO, sin paliativos ni paños calientes: NO. Si la obra fuera leal con los aspirantes (menores de edad) les diría que no tienen ninguna vinculación jurídica ni ningún otro tipo de vinculación espiritual, que se puede ir cuando “lo vean” o cuando quieran porque no existe compromiso. Si a partir de la mayoría de edad les dijera que la figura del contrato es un vínculo que no se contempla el Código de Derecho Canónico, que un contrato, en el Derecho Civil, obliga a las dos partes por igual y ninguna de ellas tiene autoridad sobre la otra parte, la obra estaría siendo legal. La obra debería aclarar, para ser leal, por qué cuando ella quiere rescindir el contrato -porque decide que alguien ya no tiene vocación y se lo manifiesta a través de sus directores a la "victima" u otra parte-, ¿por qué hay que verlo como "voluntad de Dios"?. Debería explicar por qué, cuando ocurre lo contrario -cuando es la otra parte la que quiere irse-, no acepta que esa sea igualmente la voluntad de Dios sino que le amedrente y coaccione con: "no estás haciendo la voluntad de Dios", "te vas a ir al infierno", "nadie que se ha ido de la obra ha sido feliz"... etc. El elenco de frases sobre las desgracias futuras que caerán sobre quien decide rescindir un contrato dan para otro tomo de las Meditaciones internas.

La obra sería leal con los padres de los aspirantes hablando directamente con ellos y no ocultándose. En cambio les dicen a los aspirantes que lo escondan o lo nieguen; el mismo fundador pone como ejemplo de mentir a los padres a Jesucristo: “'¿No sabíais que debo emplearme en las cosas que miran al servicio de mi Padre? ¿Será esto despego? No: es, sencillamente, colocar a la familia en el plano que le corresponde. En la Obra, que es evidentemente evangélica, que se nutre de la doctrina y ejemplo de Jesús, habrá de suceder lo mismo. Y así hemos de afirmar: el que no coloca a su familia de la tierra en un segundo plano, no conoce el espíritu de la Obra (“El Niño perdido y hallado en el templo”, meditación de José María Escrivá en el libro “interno” Crecer para adentro”). Sería leal si les dieran a leer, a los padres y a los hijos, algunos documentos internos, por ejemplo los Estatutos y el “Del Espíritu y de las Costumbres”. No es mucho pedir dada la gran cantidad de documentos internos&secretos que tiene la obra. Y eso que el fundador decía: "...para predicar y enseñar esta doctrina, no he necesitado nunca de ningún secreto. Los socios de la Obra abominan del secreto..." (Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 34). ¿Qué hubiera sido de nosotros si de verdad hubiera necesitado del secreto?...

La obra sería leal con su propia doctrina si no enseñara una cosa que luego se practica de forma contraria: "Somos cristianos corrientes y no sacamos a nadie de su sitio", “las puertas para salir están abiertas de par en par”, “me fío más de un hijo mío que de cien notarios juntos"... Quien haya estado o esté en la obra, sabe que eso es mentira. Si la obra fuera leal, si no tuviera varias caras según convenga y con quién, si no intentara hacer vivir a las personas lo contrario de lo que se les dice en charlas, meditaciones, círculos, criterios, praxis, experiencias, vademecums, glosas, etc., no existirían tantos enfermos psíquicos, ni tantas enfermedades psicosomáticas ni tanta pastilla en el plan de vida. Me temo que tomarse las pastillas no tardará en incluirse en [Plan de vida|la hoja de normas]] aunque de hecho ya sea una costumbre más. Si la obra fuera leal no existiría esa disfunción entre "la voluntad de Dios" que es según la obra la que viene de los directores y esas otras realidades que Dios ha puesto en cada ser humano: el raciocinio, la conciencia, la libertad, la verdad, la honestidad... también el ansia de rebelarse contra la mentira y la justicia.

La obra sería leal con los Obispos si les recordara a ellos y a los “fieles de la prelatura” que dependen de su jurisdicción y no de la del Prelado del Opus Dei. (Ver última edición del Catecismo de la Obra).

La obra sería leal con la Iglesia haciéndole llegar a la Sagrada Congregación de la Fe, el documento interno “Experiencias sobre el modo de llevar charlas fraternas” ya que la dirección espiritual, según el Magisterio de la Iglesia Católica, depende de los sacerdotes elegidos libremente, (en contraposición del impresentable: "El buen pastor" que es lo que se practica dentro). La obra sería leal con la Iglesia y con sus miembros y simpatizantes, si los sacerdotes de la obra no estuvieran sometidos ni obligados a ningún consejo local para seguir las directrices de lo que indique ese consejo local sobre un alma (ver Vademecum sobre sacerdotes, en concreto su pág. 19): “Ante todo, se esmeran siempre en el ejercicio de la virtud de la obediencia, tanto en la conducta personal como en el desarrollo de su labor: realizan su trabajo sacerdotal en conformidad plena con los Directores correspondientes, teniendo en cuenta que también —y quizá especialmente— su tarea ha de ser un apostolado personal dirigido. Para la atención ministerial de los apostolados de las mujeres de la Prelatura, el Consiliario y el Sacerdote Secretario Regional determinan el modo concreto de hacer efectiva esa dirección”. La obra sería leal si ningún prelado se arrogara facultad alguna para contradecir al Derecho Canónico ni mucho menos al Papa y no digamos ya al Evangelio. Si las cosas se hicieran bien, nunca se podría decir que la obra es una iglesia dentro de la Iglesia ni que normalmente funciona más bien como una iglesia al margen de la Iglesia.

La obra sería leal y legal cumpliendo la leyes laborales y fiscales que en cualquier país mínimamente desarrollado son obligadas: dar de alta en la Seguridad Social por parte de quien contrata: el Opus Dei que es para quien trabajan y no por una sociedad interpuesta que sólo es una tapadera de una sofisticada ingeniería financiera). Sería leal con sus hijos/empleados (¿qué son si no, los que se dedican por indicaciones de los directores a las labores internas?), y les permitiera tener derecho a una pensión de jubilación el día de mañana o al subsidio de desempleo, sigan o no sigan siendo de la obra. Así no tendríamos nosotros que hacer lo que no quiere hacer la obra: intentar remediar y ofrecerles una ayuda para salir adelante. Se pueden morir de hambre si se van de la obra ¿a la obra qué más le da? ¿Qué más da que desde esta web, recientemente, un amigo que se llama Luis, pudiera sacar de apuros a una numeraria auxiliar tras casi 40 años dentro, enferma de cáncer, a la que la obra envió o devolvió a vivir con su madre anciana, sin apenas medios materiales, y que tiene que trabajar de asistenta por horas? ¿Qué más da que un numerario del que la institución se quedó su herencia y todo su sueldo durante más de 30 años, se le pague una habitación en un piso donde está realquilado, malviviendo e intentado salir adelante con su carrera universitaria que nunca llegó a ejercer porque siempre estuvo dedicado a las labores internas? Y tantos casos que en Opuslibros sabemos y que gracias a los amigos y amigas que estamos fuera –incluso hay una numeraria que le envió una importante ayuda económica a una ex auxiliar suramericana-, que deberían hacer pensar a la obra y a sus directores si dejar en la calle a alguien que lo ha dado todo a las arcas de la institución, es lealtad.

Si la obra fuera leal con los que están dentro, habría posibilidad de que el opusdei reconociera todo lo que hace mal, rectificara e intentara hacer las cosas bien. Me parece que no es el caso.

Una persona es hija de Dios por el sacramento del Bautismo. No es hijo de Dios por ser del opusdei. Con lo cual, todos los términos que se quieran utilizar y se han utilizado en diversas épocas según "convenía": socios, fieles, miembros, cooperadores orgánicos e inorgánicos, diáconos, presbíteros, monseñores, obispos auxiliares agregados, sus dos cardenales, numerarios/as que vivís en pisos dispensados de la vida de familia, agregados que ya os dispensaron de la vida de familia sin preguntaros, numerarias auxiliares que ni os preguntaron, sólo atendieron a vuestra clase social, supernumerarios que no os enteráis (salvo honrosas excepciones) de qué va la cosa... preguntaros por la lealtad que tiene la prelatura con vosotros. ¿Es recíproca? Vuestras confidencias llegan a Roma, Vía Bruno Buozzi 75, donde decenas de burócratas (antes pasan por la delegación correspondiente donde se retoca lo que envían los directores/directoras; luego se “perfecciona” en las asesorías/comisiones) tienen por "santificación" la de poneros la etiqueta correspondiente y archivar vuestra vida interior.

Podría describir hasta el infinito todos los tipos de “lealtades” que incumple el opusdei pero de sobra los sabemos los que estamos fueran y los saben o intuyen los que están dentro.

No es ningún secreto que yo personalmente creo que la institución está viciada desde su raíz, como escribió Flavia. Es muy fácil echar las culpas a las personas, a determinados directores/as y “salvar” a la institución. Esos directores/as, si no hubiera sido por lo que han oído, aprendido, asimilado, asumido y se han cuadriculado “gracias” a los medios de de-formación, es decir, si no hubieran tenido la desgracia de ser “formadas” por el opusdei, hoy tendrían más posibilidades de ser personas leales con un corazón de carne. Es cierto que no todo el mundo sirve para director/a porque muchos se sublevan cuando están en su primer consejo local, pero los que sobreviven a ese cotilleo, es que tienen una personalidad rara que tendrían que hacerse estudiar en lugar de enviar a sus dirigidos al psiquiatra. ¿Quién necesita el psiquiatra? Directores y directoras: llevadlo a la oración.

Me preguntaba no hace mucho una numeraria en crisis: “¿Cómo es la numeraria perfecta? Yo quiero serlo”. Y le respondí: No es la que tiene vida interior, ni la que más se desvive por sus hermanas, ni la que se pone en el lugar de la otra para escucharla y consolarla. No. La numeraria perfecta es la que no piensa, la que no da problemas, la que no pregunta, la que parece que no duda, la que dice a todo que sí, la que funciona autómatamente, la que no tiene orgullo ni implora justicia, la que se consuela con el “menos mal que hay cielo”, la que anhela morir por la noche y no despertarse al día siguiente, la que por pertenecer a la prelatura, sólo tiene razones para morir y no para vivir.

Y termino con una anécdota personal. Era el curso 73/74. Estaba yo en una tertulia con el fundador en su viaje “multitudinario” a España, Madrid, y que posteriormente le llevaría a Hispanoamérica. Me dieron el micrófono para hacerle mi pregunta y se la hice, con toda la buena intención del mundo y con mucho cariño:

- ¡Padre!!! ¿Qué nos dice a los que hace poco tiempo hemos pedido la admisión en el opusdei?

Y él me respondió igualmente con cariño, no se enfadó ni me dejó en ridículo. ¿Tendría un mal día?. Su respuesta tras unos breves consejos de que obedeciera a mis directoras, mirándome a los ojos, concluyó: “Hija mía, yo sé que tú vas a ser muy fiel”.

Muchas veces he considerado cómo se dirigió a mí el fundador y a esas sus palabras finales. Y lo tengo claro: yo no he sido fiel al opusdei, pero sí he sido leal. Y para que se entienda mejor esto último, me remito al escrito de Bolturina en el que diferencia la fidelidad de la lealtad.



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