Sobre detalles de caridad

From Opus Dei info
Jump to navigationJump to search

Por Guttemberg, 8.04.2005


Es interesante el tema sobre el que hace unos días han escrito, entre otras, Elena, Isabel Nath y Ana Azanza. El modo de vivir la caridad cristiana dentro del Opus, especialmente en la “vida de familia”. Recuerdo los esfuerzos que hacíamos todos por vivir bien esa virtud (sobre todo en el centro de estudios), por sonreír al pesado (y la larga lista de detalles que aparece en el famoso punto de Camino), poner buena cara ante las caritativas bromas de nuestros hermanos (puñaladas traperas que muchas veces escondían veladamente que esa persona nos caía mal), ese “dar caña con cariño”, dejar el apetitoso filete en la fuente para tomarme el que más nervio tenía (me recuerda al anuncio de Coca-Cola: qué genios). He de decir al respecto que a lo largo de todos mis años dentro llegué a saber cómo tomaban el café todas las personas de los diferentes centros por los que pasé, me tuve que aprender en un semestre las iniciales de todos los que lo hacíamos ya que tenía el encargo de distribuir las bolsas de la ropa a todas las habitaciones del colegio de Fermento en el que hacíamos dicho curso, ya que no había administración y se llevaban a una lavandería de la ciudad todas las semanas. Como veis todo esto está muy bien, pero detrás de ello está la intención con la que se vivía. Por mucho que supiera todo eso, no quería más a “mis hermanos”. Se hacían verdaderos esfuerzos por cumplir todos esos protocolos. Pura artificialidad dentro de un mundo más artificial aún. ¿Quién de nosotros ha de poner esfuerzo en condiciones normales para vivir la caridad, el amor, el cariño con cualquiera de nuestros hermanos de sangre, con nuestra madre, con nuestro padre (el de verdad), con los hijos, con la mujer, con la novia, e incluso con los buenos amigos? Nadie. Todo eso era un montaje para que en los centros no saltaran chispas, no hubiera rifirafes, normales por otro lado entre personas de tan distinta índole cultural y personal, si bien, bajo la apariencia del “hacer más agradable la vida a los demás”.

Esta y no otra es la forma en la que se vive la caridad cristiana en los centros del Opus. Puede haber muchos detalles forzados de cariño, no son más que eso, formas. Ante los chicos de San Rafael y toda la gente que desde fuera se acerca a la Obra, hay que mantener las formas, hay que aparentar que nos queremos y que vivimos en un ambiente de continuo amor fraternal. Hay que desvivirse por los chicos nuevos cuando llegan para que se encuentren como en casa, para que ese ambiente les atraiga y sea más fácil después el acercarlos a la posible vocación. Pero después se descuidan las normas más elementales con los que ya están dentro, a veces, de forma tan sibilina que parece que se está viviendo una verdadera caridad. No es así, todo es forzado. Hay que acompañar a comer al que llega el último no por caridad y cariño, sino porque así lo dispuso el fundador. Hay que hacer corrección fraterna, con caridad y cariño porque así lo exige el buen espíritu. Hay que gastarse bromas, eso sí, siempre con cariño, porque así se hace la vida más agradable al resto (menos al que recibe las bromas, que siempre solía ser el mismo). Hay que escuchar lo que otros dicen en las tertulias, más por respeto que por caridad. Siempre hay detrás un motivo distinto al del sentimiento sincero y verdadero de afecto y cariño para hacer esas cosas.

En fin, la caridad, como otras muchas cosas dentro del opus, no es más que algo artificioso, un cúmulo de normas de comportamiento recubiertas por el barniz de los lazos sobrenaturales (más grandes que los de la sangre). A mi familia de sangre y a mis amigos (los de verdad) yo los quiero sin pararme a calcular las consecuencias.

Y a todos los que hacéis y leéis esta página, también se os quiere.



Original