Rodeados de cadáveres?

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Por Otaluto, 11.04.2008


La carta de AFS parece un cuidado intento por no caer en los clichés del Internauta Casual y Apenado. Como tal, significa un paso adelante: por lo menos tratarnos con respeto.

No termino de entender, sin embargo, cual es el motivo de la carta. Claramente no obedece al deseo por establecer un dialogo con aquellos que participan en opuslibros. Parece más bien una afirmación frente a terceros no involucrados. Como quien dijera: “Cuidado con el que lea este sitio, ¡hay quien piensa distinto!”. Me pregunto si acaso no se trata de una nueva estrategia de la obra, de esas que se ponen en marcha con una notita a los consejos locales, con expersiones como “procurad que los s. participen...”, “con caridad y firmeza...”, “muy unidos a las intenciones del Padre”, etc. Si es asi, veremos aparecer muchas cartas del mismo tenor.

Una sola palabra para AFS: me encanta que agradezcas por los numerarios “fieles” que atienden tu vida espiritual. Con el tiempo notarás, sin embargo, que las caras de esos numerarios “fieles” van cambiando. Que el que hasta hoy te atendía, es reemplazado por otro, quizás más joven e igual de “fiel” que el anterior. En esa sucesión de nuevos rostros, solamente verás optimismo, alegría y “fidelidad”. No tienes por qué preguntarte que fue de los anteriores, quizás hasta sea de mal espíritu mostrar interés por los que ya no tienen el encargo de atenderte. ¡Qué fácil es todo en la obra, ese maravilloso “Camino dentro de la Iglesia Católica, fundada por Jesucristo”! Es como contemplar un escenario por el que pasan los actores de una comedia, siempre está todo bien. Tu sólo diviértete, y agradece por tantas cosas buenas. Lo que sucede entre bambalinas es asunto de los directores.

AFS, lo que voy a contarte no viene mucho al caso, pero quien sabe. Hace cosa de 30 años, siendo un joven numerario, tuve oportunidad de hablar informalmente con uno de los entonces mayores de casa, catedrático de gran prestigio. Digo “informalmente” por que no fue la “charla” sino una conversación privada. En esa conversación me explicó una cantidad de cosas sobre la crisis sufrida por la Iglesia durante los años del Concilio, que ocasionó deserciones masivas en muchas instituciones. Me decía que la obra, durante esos años, había sido como un avión que sobrevuela una tormenta, mientras observa como otros aviones, menos afortunados, quedan atrapados en ella y terminan por estrellarse. En el avión de la obra uno está feliz y festejando y se dice a si mismo: -somos los únicos que no estamos en crisis, la tormenta jamás nos atrapará- mientras presencia el triste final de los que caen. De pronto, en ese avión que vuela tan tranquilo y aparentemente inmune al peligro de la tormenta, uno empieza a observar a los que le rodean. Están todos sentados muy compuestos en sus butacas, cada uno con su cinturón de seguridad, pero quizás demasiado callados. Uno mira mejor, y de pronto descubre, con espanto ¡que todos están muertos!

Para tu tranquilidad, el numerario con el que hablaba ya no está más en la obra. Se lo merecía, pensarás. Y yo creo que sí, que es un hombre extraordinario y se merecía no estar en la obra. Quizás en esto coincidamos.

El ejemplo, sin embargo, me impresionó mucho entonces, la sola idea de estar rodeado de cadáveres produce cierto vértigo. Con el tiempo fui entendiendo a qué se refería. Quizás tu, con el tiempo, también lo comprendas y volvamos a coincidir en algo.


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