Restos de serie

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Por Books, 2.09.2009


Estar sin estar. Permanecer. Depender.

Acostumbramiento. Rutina. Astío. Apatía. Indiferencia.

Números. Objetos.

Gente que se levanta y que se acuesta y que no ha vivido. Gente que vive porque respira y nada más. Cerebros oxidados, mentes vacías. Gente que probablemente un día sintió. Gente que hoy sólo siente el frío y el calor.

Gente que saluda sin mirar. Gente que camina sin levantar la mirada del suelo, que no sabe a donde va y que no busca nada.

Plantas marchitas que no reviven aunque sea mucha la lluvia que cae sobre ellas.

Quizá hubo un tiempo en el que buscaron gente a la que acercar, gente que engrosaran las filas de ingenuos, de ilusos, de soñadores. Quizá hubo un tiempo en el que se creían felices. Sonreían, reían, disfrutaban.

Pero poco a poco, lentamente y sin darse cuenta, aquellos momentos fueron quedándose atrás. Quedaron muy lejos, tan lejos, que daba la impresión de que nada de aquello ocurrió.

Gente que se encuentra en un estado en el que no puede añorar, ni siquiera recordar.

Y ahí están, ahí siguen y seguirán. Y no se irán. Permanecen porque no se plantean otra cosa, no son capaces de pensar. No hay otra opción. Van y vienen, comen y duermen. Ocupan un lugar.

Ni siquiera rezan. Repiten palabras, frases vacías, como niños que en un tiempo recitaban la tabla de multiplicar.

!Qué pena! Causan tristeza, hacen sentir la impotencia, claro, a quien es capaz de asumir que para notar que se está vivo hacen falta los sentimientos.

¿Es posible la felicidad cuando solo se utilizan "la cabeza", las manos y los pies para ir por la vida? ¿Es posible que la cabeza funcione si el corazón se para? ¿Es posible disfrutar de una puesta de sol teniendo el corazón guardado bajo siete cerrojos? ¿Y qué ocurre una vez que estos cerrojos se han oxidado? ¿Y qué ocurre si el carcelero destruyo la llave con la que encerró aquel corazón?

El producto de todo este disparate es un resto de serie.

Aquellos que una vez fueron personas, son hoy restos de serie. Por sus venas corren hoy los posos oxidados de aquellos cerrojos que le encarcelaron el corazón.

Escribo ésto pensando en tí. La última vez que me crucé contigo, no hace mucho, quise que me miraras a los ojos, pero tu mirada estaba perdida. Te pregunté si estabas bien, y me dijiste que sí. Las dos sabemos que no es verdad.



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