Reforma o aburguesamiento?

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Por Elena Longo, 21 de marzo de 2007


Con referencia a la intervención de Pacifica (I y II) y a unas cuantas noticias que, de forma distinta, me van llegando de actuaciones y modales de personas que actualmente aún se encuentran en el Opus Dei, quiero comentar que yo, desde el exterior, percibo estas noticias más como un aburguesamiento que como una puesta al día.

No es que uno encuentra en todo caso que criticar: cuando el OD no cambia y cuando cambia. Es que hay cambios que se dan tan sólo cuando ya no hay más remedio que cambiar, ob torto collo, a regañadientes; y otros que quieren ser serios intentos de corregir lo que se vio que estaba equivocado, cuando se quiere rectificar, y entonces sí se puede hablar de una reforma.

¿Cual es el caso presente? Unos cuantos, dentro de la Opus Dei, contestan a nuestras criticas afirmando que algunas cosas ya no se viven como antes (que las numerarias visten pantalones, que las cartas personales ya no se entregan abiertas, que se va a celebraciones de la “familia de sangre”, que se puede utilizar tarjeta de credito y movil personal, y un largo etcetera). Ahora bien, si la Obra se pusiera seriamente a analizar, después de tres cuartos de siglos de experiencias y de reflexiones, cuales son las formas autenticamente laicales de santificarse en medio del mundo por medio del trabajo (por ej. con referencia a la justicia social, a la atención a los más debiles, a la responsabilidad fiscal y con atención al bien común, etc.) y a raíz de esta reflexión formulara unos cambios dentro de una praxis ascetica y doctrinal verdaderamente profetica y exigente, entonces realmente podriamos hablar de reformas y de conversión. Pero mientras la “puesta al día” del Opus Dei se reduce a “conceder” cuando ya no logra “exigir” a sus miembros, no creo que pueda hablarse ni de reformas ni de puesta al día.

Me causa perplejidad cada vez que leo que “ya no se vive” algún detalle extraño y pintoresco, como si los que pasamos en el OD en los años ’70 y ’80, o aún anteriores, pertenecieramos a siglos lejanos y obscuros. Las cosas que extrañan ahora son las mismas que extrañaban antes, por ser contrarias e hasta incompatibles con una vida autenticamente laical (que significa, como sabemos, suelta de ataduras) y secular (o sea: en el tiempo concreto que nos toca vivir, en la historia). No puedo creer que sea el espesor temporal de unos veinte, treinta años lo que justifica que el OD esté perdiendo en el camino constumbres que nos fueron presentadas y explicadas como exigencias de una donación que, en el medio del mundo, quería ser más exigente y absoluta de la de una monja de clausura (a mí de esta forma me la explicaron al entregarme los instrumentos de penitencia corporal).

Por lo que veo, sólo hay dos alternativas: o se reconoce que ya desde los comienzos estas costumbres no podían ayudar a santificarse específicamente como laicos en el medio del mundo –y entonces haría falta una reforma de todo el espiritu y la praxis del Opus Dei, además que admitir que teoria y praxis del OD son criticables y reformables-, o, en cambio, estos cambios son concesiones que responden a la evidencia que ya es imposible continuar exigiendo actuaciones tan totalizantes y extravagantes, y entonces baja la exigencia y se va hacia el aburguesamiento.

Como, por la experiencia que tenemos, es dificil imaginar que vaya a ocurrir lo primero, me temo mucho que con el aburguesamiento haya empezado la fase final de la historia de la institución.



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